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[Música] Marina es una fabricante de zapatillas. Durante la última década, su establecimiento produjo 100 pares de zapatillas por día, trabajando al máximo de su capacidad. Para eso, Marina necesitó emplear a 10 trabajadores.
Pero el último año, la economía de su región viene atravesando una profunda crisis. El desempleo aumenta y las familias destinan sus ingresos a los imprescindibles. Son muy pocos los que piensan en comprarse zapatillas nuevas. Marina estima que ahora le resultará imposible vender los 100 pares que fabrica por día. Por eso, en lugar de trabajar con su fábrica al tope, decide contratar a la mitad de sus empleados y producir solo 50 pares diarios.
Aunque los salarios de los trabajadores bajen, Marina no contratará a más trabajadores porque está convencida de que ya no encontrará interesados que puedan comprarle 100 pares de zapatillas todos los días. Como los empresarios de la región tienen las mismas expectativas que ella, todos dejarán trabajadores en la calle, lo que agravará el desempleo.
[Música] Cuando finaliza la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos se erige como la nueva gran potencia mundial, amenazando la hegemonía británica. Con sus fábricas trabajando al tope, el clima de euforia contagia a los norteamericanos y los convence de que ese crecimiento será imparable. Estamos en los felices años 20, en los años locos.
Este optimismo desenfrenado empuja a gran parte de la población de los Estados Unidos a comprar acciones en la bolsa. Hacia fines de la década del 20, grandes y pequeños ahorristas adquieren gran parte de las empresas, convencidos de que ganarán mucho dinero gracias a ese fabuloso crecimiento que se da por descontado. Como muchos eligen ahorrar en acciones, su precio y con él el valor de las empresas crece enormemente.
Todo marcha bien hasta que surgen preocupantes señales de que esta ola de optimismo ha llevado a las empresas a producir muy por encima de las cantidades demandadas. Exceso que las obliga a detener la producción, acumular stock de mercaderías y expulsar mano de obra. Esto hace que el valor de las empresas caiga a pique y empobrezca todos los que habían elegido ahorrar en acciones.
El 29 de octubre de 1929 pasa la historia como el jueves negro. Ese día se produce el famoso crack en la bolsa de Nueva York. Esta quiebra financiera tiene un impacto notable. La crisis arrastra todos los sectores económicos y lleva a la ruina a numerosos bancos. En poco tiempo, millones de hombres y mujeres pierden sus trabajos, sus ahorros y, en ocasiones, sus viviendas.
En virtud del peso que había adquirido Estados Unidos en la economía mundial, la crisis se generaliza. La producción y el comercio de occidente se contraen. Las fuerzas del mercado son insuficientes para actuar libremente, acomodar los desajustes y restablecer el equilibrio. Los países industrializados imponen barreras proteccionistas y reducen el precio de las materias primas y los productos agrícolas, lo que afecta especialmente a los países exportadores como la Argentina.
Las ganancias capitalistas se reducen y los trabajadores pasan a vivir en la miseria. Las profecías marxistas parecen cumplirse. El capitalismo muestra su gran debilidad, al tiempo que la Unión Soviética desarrolla un sistema colectivista fuertemente aislado y logra sortear la crisis mundial sin grandes contratiempos. El fantasma del comunismo genera un gran temor en los países industrializados, empeñados en salvar al sistema capitalista. Un grupo de economistas proponen abandonar los viejos preceptos dominantes y adoptar una nueva receta. A la cabeza de ese grupo se encuentra John Maynard Keynes.
[Música] John Maynard Keynes es uno de los grandes críticos de la teoría económica clásica y marginalista. Nace en Inglaterra en 1883 y estudia en la Universidad de Cambridge. Es alumno de Alfred Marshall, principal exponente del marginalismo. Marshall lo exhorta a que abandone su interés por la filosofía y las matemáticas y lo introduce en el estudio de la economía.
Como funcionario de Hacienda del Reino Unido, que se ocupa en 1915 del estudio de las indemnizaciones que debe pagar la derrotada Alemania al concluir la Primera Guerra Mundial, renuncia a su cargo porque entiende que la humillación impuesta al pueblo alemán en el Tratado de Versalles plantará la semilla de un nuevo conflicto bélico.
A pesar de formarse con los grandes profesores marginalistas de su tiempo, Keynes se aleja de las ideas dominantes para explicar la recesión y el desempleo prolongado de su tiempo. En 1936 publica su obra fundamental, "La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero", donde hace una descripción completamente nueva del sistema capitalista y recomienda una fuerte intervención del Estado en los mercados para superar la crisis.
[Música] Según el razonamiento marginalista, el desempleo puede ser voluntario o involuntario. Es involuntario o no deseado por dificultades momentáneas de la economía, por el tiempo que demoran los trabajadores en encontrar un nuevo empleo o por el tiempo que necesitan los jóvenes para acceder a su primer empleo. Es decir, para los marginalistas, el desempleo involuntario es originado por motivos menores y fundamentalmente pasajeros, transitorios. El resto del desempleo es siempre voluntario, por voluntad de los propios trabajadores que prefieren el ocio al empleo o por las regulaciones que traban el funcionamiento del mercado.
Estas regulaciones pueden ser los convenios colectivos de trabajo o el salario mínimo. Según el pensamiento marginalista, si los trabajadores organizados en sindicatos y el Estado no interfieran en el mercado laboral, los salarios podrían bajar libremente hasta el punto en el que desaparecería el desempleo, ya que a un salario menor los empresarios estarían siempre dispuestos a contratar más trabajadores.
Keynes se opone a esta tesis, afirmando que el desempleo involuntario o no deseado puede ser permanente, no solo transitorio. Observa que, a pesar de ofrecer su fuerza de trabajo a salarios más bajos, los obreros de los países azotados por la crisis tampoco consiguen empleo y afirma que esto se debe a que la demanda efectiva es insuficiente.
[Música] Para el pensamiento marginalista, el motor que da movimiento al sistema se encuentra en la oferta de bienes de la economía, en la producción que se realiza en las fábricas. La ley de Say sintetiza ese pensamiento hasta entonces dominante al afirmar que "toda oferta crea su propia demanda". Los empresarios producen en sus plantas, utilizando toda la capacidad de sus instalaciones y contratando los trabajadores necesarios para producir al tope. Los marginalistas aseguran que esta oferta total de bienes está creando también la demanda, y esto funcionaría así: como consecuencia de la actividad productiva, los trabajadores reciben salarios, los propietarios de la tierra reciben la renta y los capitalistas obtienen beneficios. Con estos ingresos, las familias de trabajadores, terratenientes y capitalistas compran bienes, es decir, generan una demanda para la economía.
Keynes invierte la ley de Say y asegura que es la demanda la que crea la oferta. No es cierto que los bienes producidos encuentren siempre quien quiera comprarlos. Es posible que productos no puedan venderse o que la demanda sea persistentemente insuficiente en relación con todos los productos que se ofrecen en el mercado.
La demanda de bienes que se realiza en un país tiene dos motivos: el consumo y la inversión. El consumo depende del ingreso de las familias: los salarios de los trabajadores, los beneficios de los empresarios y las rentas de los propietarios de la tierra. Cuanto más altos sean los ingresos de trabajadores, empresarios y propietarios, cuanto más dinero tengan en sus bolsillos, mayor será su consumo. Pero el conjunto de todas las familias no gasta todo su ingreso en consumo; algunas están en condiciones de destinar una parte importante al ahorro.
La proporción del ingreso que el total de las familias destina al consumo se llama propensión a consumir. Cuando los ingresos de la familia aumentan, el consumo se incrementa, pero la propensión a consumir tiende a ser cada vez menor, pues las familias destinan cada vez mayor proporción de su ingreso al ahorro. En las sociedades en las que la distribución del ingreso es muy desigual, la propensión al consumo es menor que en las sociedades igualitarias, porque la mayor parte de la riqueza se concentra en las clases privilegiadas que destinan al consumo una parte menor que las clases postergadas. Por este motivo, Keynes cree en una política de redistribución del ingreso en beneficio de las clases más postergadas. De esta manera, se impulsa el consumo y, en consecuencia, la demanda efectiva, la producción y el empleo de la economía.
El otro componente de la demanda es la inversión. La inversión no depende de las familias. Los empresarios invierten cuando compran maquinaria e instalaciones para aumentar, mantener o mejorar la producción, y lo hacen dependiendo de cuánto esperen ganar. Si creen que la economía irá bien y sus ventas se incrementarán, esperarán embolsarse abultadas ganancias, por lo tanto, aumentarán su capacidad productiva demandando bienes de inversión y contratando mano de obra. Si los empresarios ven un horizonte gris, optarán por quedarse con el equipamiento existente o dedicarán pocos recursos a la adquisición de uno nuevo.
Como el futuro es incierto, las expectativas de los empresarios son poco predecibles. Los niveles de actividad y empleo dependen de un factor psicológico imponderable, incontrolable e inestable. Keynes llama a estos estados de ánimo los "espíritus animales" de los empresarios. Si los empresarios tienen expectativas negativas sobre el futuro de la economía, la inversión será pequeña y una parte de la oferta quedará siempre sin vender.
Cuando la demanda efectiva se encuentra reducida por la crisis, los empresarios producen menos de lo que podrían si operaran al tope. Por más bajo que sean los salarios, los empresarios no contratarán más trabajadores porque no tienen a quién vender su producción. Ese desempleo provoca que cada vez se consuma menos productos, lo que lleva a un círculo vicioso de estancamiento.
[Música] Viene apuntalando la demanda efectiva. El mercado, por sí solo y espontáneamente, no podrá retornar a su equilibrio y profundizará el estancamiento. Si bien el interés del empresario individual es reducir al máximo los salarios de sus trabajadores, el sistema capitalista en su conjunto necesita que los trabajadores reciban buenos salarios para que puedan consumir y generar demanda. Entonces, la clave para Keynes está en la demanda efectiva: la cantidad de bienes y servicios que los consumidores realmente adquieren en el mercado en un tiempo determinado y a un precio dado.
[Música] El Estado es llamado por Keynes a impulsar la demanda para combatir el desempleo. Keynes sostiene que el Estado debe intervenir incrementando la demanda efectiva. Si la demanda efectiva aumenta, los empresarios estarán dispuestos a aumentar la producción, a utilizar sus plantas al tope y, para ello, deberán contratar cada vez más trabajadores. El Estado cuenta con dos herramientas para aumentar la demanda efectiva: la política fiscal y la política monetaria.
[Música] La política fiscal se traduce en el manejo del gasto público y de los impuestos. Con la realización de importantes obras públicas o de infraestructura, el Estado aumenta el componente inversión de la demanda, complementando o sustituyendo la inversión de los empresarios. Los trabajadores contratados, antes desempleados, disponen ahora de un ingreso que destinarán a aumentar también el consumo. Si se construyera infraestructura destinada al transporte o a la energía, estos trabajadores estarían incluso contribuyendo a la futura inversión privada, porque reducirían los costos como flete y energía.
[Música] El Estado interviene otorgando una asignación a las familias de los trabajadores desempleados y lanzando una serie de obras públicas que emplean a muchos trabajadores. En poco tiempo, las familias ven incrementado sus ingresos y, junto con ello, crece también el consumo. Marina comienza a recibir más pedidos de sus distribuidores. Pronto volverá a contratar a los cinco trabajadores despedidos y producir 100 pares por día. Su ingreso se incrementa y vuelve a destinar una parte importante al ahorro. Marina cree que la demanda crecerá mucho en el futuro, por eso debe ahora decidir si destinará ese dinero disponible a modernizar su planta para incrementar la producción o si le conviene conservarlo en el banco como inversión especulativa.
[Música] La otra herramienta de que dispone el Estado para alentar la demanda efectiva es la política monetaria. Las decisiones de inversión de los empresarios para aumentar la producción no solo tienen en cuenta la rentabilidad que esperan obtener gracias a la adquisición de maquinarias y equipamientos. Los empresarios también comparan las ganancias que lograrán haciendo estas inversiones con la tasa de interés. La tasa de interés les muestra la ganancia que podrían obtener utilizando el dinero disponible para invertir si lo destinaran a inversiones especulativas, como constituir un depósito a plazo fijo. Además, la tasa de interés les muestra a los empresarios el precio que deben pagar al banco para que les otorguen un préstamo destinado a equipar o modernizar su capacidad productiva.
Keynes dice que la tasa de interés tiende a permanecer en un nivel demasiado elevado, compitiendo y atentando contra la inversión productiva, y que ese nivel elevado se debe a la preferencia por la liquidez, la preferencia de los inversores por disponer de todos sus ahorros en efectivo en lugar de realizar inversiones productivas. Este comportamiento, según Keynes, se fundamenta en la incertidumbre que existe en la economía. Entonces, para convencer a los inversores para que realicen plazos fijos, los bancos incrementan la tasa de interés y desalientan, por otro lado, la inversión productiva.
Para alentar la reducción de la tasa de interés, incrementar la inversión productiva y con ella la demanda efectiva y el empleo, Keynes propone que el Estado instrumente una política monetaria expansiva mediante la emisión de billetes y monedas y su volcado en la economía. El Estado logra que la tasa de interés no sea muy elevada. Si hay mucho dinero en la economía, el precio de ese dinero, es decir, la tasa de interés, tiende a caer. Una tasa de interés baja estimulará a los empresarios a endeudarse con los bancos para invertir, lo que aumentará la demanda efectiva, la producción y el empleo.
[Música] La defensa de Keynes de la política monetaria y fiscal y el nuevo rol del Estado son rápidamente aceptados en los ambientes académicos y políticos de los países centrales. La reducción del desempleo y el sostenimiento de la actividad económica pasan a considerarse una responsabilidad de los gobiernos. Antes de la aparición de la obra fundamental de Keynes, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt ya había instrumentado un pacto social llamado "New Deal", caracterizado por una fuerte intervención estatal en la economía y la implementación de políticas sociales activas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la teoría keynesiana se impone masivamente alrededor del planeta. El temor a que el comunismo se extienda lleva a los gobiernos de los países centrales a adoptar políticas keynesianas que mejoran la calidad de vida de los habitantes. Salud, educación, jubilación y acceso al crédito son los componentes de lo que se llama Estado de Bienestar. Este período, conocido también como los "30 años dorados", se extiende desde mediados de la década de los 40 hasta principios de la década de los 70. Fundados en los acuerdos de Bretton Woods, donde se asentó el orden económico internacional entre las potencias vencedoras de la Segunda Guerra, se establecen mecanismos de coordinación institucional internacional para evitar desajustes que hagan peligrar la producción y el empleo. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial son dos instituciones que nacen con ese fin, pero que a partir de la década de los 70 perderán su rol coordinador para convertirse en agentes de la liberalización de los mercados mundiales.
[Música] Lograda una primera reactivación productiva con el incremento del gasto público, el Estado decide ahora instrumentar una política monetaria expansiva. Para eso, emite billetes y monedas y los vuelca en la economía. Las tasas de interés se reducen. Marina y el resto de los empresarios entienden que no les conviene conservar su dinero en plazos fijos; es muy poca la ganancia que obtienen de los bancos y obtendrían mucho más si lograran producir y vender mayor cantidad de bienes y servicios. Como hay mayor cantidad de dinero en manos de las familias, Marina está convencida de que la demanda de sus zapatillas crecerá. Por eso, retira su dinero del banco y, además, pide un préstamo para la compra de nueva maquinaria que le permitirá aumentar la producción a 140 pares. Marina sabe que necesitará también contratar más trabajadores para que manejen esas máquinas nuevas. En consecuencia, se reducirá aún más el desempleo. Las decisiones de política fiscal y monetaria del Estado, basadas en el pensamiento de Keynes, surten el efecto deseado.
[Música] Oh.
[Música]