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El Señor esté con ustedes. No. Lectura del Santo Evangelio según San Juan.
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No se angustien. Crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, les habría dicho que voy a prepararles sitio. Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y a donde yo voy, ya saben el camino". Tomás le dice: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?". Jesús le responde: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí".
Palabra del Señor.
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Queridos hermanos, si yo les pregunto qué significa la buena noticia, ¿qué me dirían ustedes? La buena noticia tiene un rostro, la buena noticia tiene un corazón, la buena noticia tiene un nombre: Jesús. La buena noticia es una persona viva que se llama Jesús, y la buena noticia tiene que marcar toda nuestra vida. La predicación de la Iglesia es la buena noticia, es anunciar a Jesús. Lo que hace Pablo en Antioquía de Vigilia, Pablo señala el centro de la fe: Cristo. Y el centro de nuestra vida tiene que ser Cristo.
Vamos a fijarnos en tres palabras que hoy Jesús pronuncia en el Evangelio. Nos vamos a fijar en Juan 14, 6. Jesús dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Tres palabras: camino, verdad y vida. Cada palabra nos lleva a un verbo y a una existencia.
Jesús es el camino. Jesús es el único camino a la casa del Padre. Hemos escuchado como Jesús nos dice: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas; voy a prepararles un lugar para que donde yo esté, estén también ustedes". ¿Quién es el único camino a la casa del Padre? Jesús. Y entonces viene un verbo: seguir. Si Jesús es el camino, hay que seguir a Jesús. Y seguirlo en la buena y en las malas, estando sanos o enfermos, completos o sin plata, en todo momento de nuestra vida, hay que seguir a Cristo. Él es el único camino.
Y aquí viene una exigencia concreta: la oración diaria. ¿Quieres seguir a Cristo? Tienes que rezar todos los días. Queridos hermanos, es imposible seguir a Cristo sin la oración. Por eso, todos los días hay que reservar un momento para la oración, para conversar con Jesús. Y cuando nosotros conversamos con Jesús, podemos seguirle y hacer que los demás también lo sigan. Había una persona que tenía mucha eficacia en su apostolado y cuando le preguntaban: "¿Por qué tú tienes tanta eficacia cuando hablas de Jesús a los demás?", decía: "Porque hago lo siguiente: por cada palabra que hablo con la gente, hablo sin palabras con Jesús". ¿Me han entendido, queridos hermanos? Hay que cuidar esta conversación diaria con Jesús.
Jesús es el camino, hay que seguirle. Y para seguir a Jesús, hay que rezar todos los días. Por lo tanto, aquí tenemos un primer punto para que Jesús sea el centro de nuestra vida: la oración.
La segunda palabra es la palabra verdad. Jesús es la verdad. Porque si yo... Dios es la verdad, ¿quién es el padre de la mentira? El... Nosotros tenemos un referente: Cristo, que es la verdad. Y entonces viene un segundo verbo: imitar. Si Cristo es la verdad, es decir, el modelo, el referente, viene aquí el verbo imitar. Jesús es la verdad, hay que imitar a Jesús. Y para imitar a Jesús, tenemos la segunda exigencia, queridos hermanos. Si nosotros tenemos que imitar a Jesús, eso implica conocer a Jesús. Yo no puedo imitar lo que no conozco.
¿Y para conocer a Jesús, qué es lo que yo tengo que hacer? ¿Qué tengo que leer? Como Condorito, tengo que leer los Evangelios. Santa Teresita de Lisieux decía: "En cuanto abro los Evangelios, respiro el perfume de la vida de Jesús y sé hacia dónde tengo que correr". Para imitar a Jesús, hay que leer los Evangelios. Y cuando hablo de leer los Evangelios, estoy hablando de meditar la vida de Cristo. Padre Carlos, ¿ha leído diez veces los Evangelios? Pues sigue leyendo, porque cada vez vas a encontrar más tesoros cuando leas la vida de Cristo.
Queridos hermanos, si queremos imitar a Cristo, que es la verdad, necesitamos ir a los Evangelios. Ya decía San Jerónimo: "Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo". Por lo tanto, aquí tenemos un segundo punto para que Jesús sea el centro de nuestra vida: meditar los Evangelios.
¿Cuál es la tercera palabra? Vida. Jesús es la vida, es la plenitud de la vida. Se nos ha dicho: "Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia". Jesús es la vida, porque es Dios. Dios es plenitud de vida. Y aquí viene un tercer verbo: recibir. Hay que recibir a Cristo en nuestra vida para tener la verdadera vida. Y para recibir a Cristo en nuestra vida, para participar de la vida de Cristo, necesitamos de los sacramentos. Es imposible que Jesús sea el centro de nuestras vidas si no frecuentamos los sacramentos. Sabemos el primer sacramento es el Bautismo. Gracias al Bautismo, comenzamos a tener en nosotros la vida de Cristo. Pero no hasta quedarnos con el Bautismo. Necesitamos de la confesión frecuente y de la Eucaristía frecuente. Por lo tanto, aquí aparece el tercer punto para centrar nuestra vida: Jesús, los sacramentos.
Queridos hermanos, Jesús es el camino, hay que rezar. Jesús es la verdad, hay que meditar los Evangelios. Jesús es la vida, hay que frecuentar los sacramentos. La oración, los Evangelios y los sacramentos harán que centremos nuestra vida en Jesús.
Sin embargo, estaría incompleto que yo me quede aquí, porque no he mencionado a alguien que es muy importante. ¿Quién es? La Virgen María. ¡Qué alegría saber que en la Iglesia tenemos una Mamá que centra nuestra vida en Jesús! Una de las imágenes más bonitas que hay sobre la Virgen María, por lo menos es una de las imágenes que a mí más me gusta, es la imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
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La Virgen con una mano sostiene al Niño, y con la otra mano toca el corazón del Niño Jesús. Y Jesús, con una mano nos bendice, y con la otra mano toca el corazón de María, su Madre. Es una imagen muy ilustrativa. Jesús nos bendice con una mano porque Jesús es quien bendice, y con su otra mano nos está diciendo: "Anda, mi mamá, toca el corazón de su Madre". Y la Virgen, con una mano nos presenta a Jesús, porque la Virgen es la primera que nos lleva a Jesús. Y además, con su otra mano toca el corazón de su Hijo y nos está diciendo: "Métete en el corazón de mi Hijo".
La Virgen, en esta imagen, nos está diciendo: Jesús mismo es el camino, síguelo. Reza para todos los días.
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La Virgen nos está diciendo: Jesús, mi Hijo, es la verdad. Imítalo. Medita todos los días los Evangelios. Y la Virgen nos está diciendo: Jesús, mi Hijo, es la vida. Recíbelo en tu vida. Confiesa te y comulga.
Queridos hermanos, ahí está la fórmula de la santidad. Vamos a pedirle a María Santísima, nuestra Madre, que nos ayude a centrar nuestra vida en Jesús. Él es el camino, la verdad y la vida. Y así será.
Queridos hermanos, en Juan 14, 6 tenemos como Jesús nos dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Es el Evangelio de hoy. Jesús es el camino, hay que seguirle. Para ello, orar todos los días. Jesús es la verdad, hay que imitarle. Para ello, tenemos que meditar siempre los Evangelios. No podemos imitar a Jesús si no lo conocemos, y para conocer a Jesús, ir a los Evangelios. Jesús es la vida, hay que recibirle en nuestra vida. Y para ello, los sacramentos, sobre todo la confesión y la comunión.
Y la Virgen nos dice hoy: Jesús es el camino, síguelo. La Virgen nos dice: Jesús es la verdad, imítalo. La Virgen nos dice: Jesús es la vida, recíbelo en tu vida.
Vamos a encomendarnos a nuestra Madre Santísima. Mañana empezamos el mes de Mayo, mes de María. Que la Virgen nos ayude todos los días a centrar nuestra vida en Cristo Jesús, el camino, la verdad.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Jesús, Jesús, Jesús. Dulce Corazón de María, San José, Santa Faustina Kowalska, ruega.