Transcription
El Señor esté con ustedes. Y tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los 11 discípulos se fueron a Galilea al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron y le adoraron; pero algunos dudaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Siéntense un momentito, queridos hermanos. Si yo les pregunto qué es un misterio, ¿qué me responderían? Por ejemplo, un misterio es que algunos políticos, de la nada, luego sean millonarios. Es un misterio, dice las malas lenguas, que se encomiendan a San Roberto. Un misterio es aquello que nos supera, que no podemos explicar de manera precisa.
Hoy estamos celebrando el misterio de los misterios, el misterio de la Santísima Trinidad. De una manera muy concreta, quisiera que juntos meditáramos sobre este misterio, señalando tres verbos que tienen que ver con la Trinidad: el verbo creer, el verbo adorar y el verbo vivir.
En primer lugar, ¿qué he dicho? Creer. Nuestra fe católica es Trinitaria. Creemos en la Trinidad. Creemos que hay un solo Dios y tres personas divinas. Es el misterio central de nuestra fe. En la primera lectura de hoy hemos escuchado un pasaje del Deuteronomio, donde se nos dice: "Reconoce, pues, que hay un solo Dios en el cielo y en la tierra. No hay otro. Hay un solo Dios". Y Jesús, en el evangelio, ha dado la fórmula del bautismo: "Bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". ¿El Padre es Dios? Sí. ¿El Hijo es Dios? Sí. ¿El Espíritu Santo es Dios? Sí. ¿Saben bastante? No sé por qué estoy predicando. ¿Son tres dioses? No, hay un solo Dios vivo y verdadero. Tres personas distintas, tres personas divinas. Es un misterio, y nosotros creemos firmemente en ese misterio. Siempre nos va a superar el misterio, por eso el mérito de la fe.
¿Cuántos santos han querido explicar de la mejor manera este misterio, pero se han quedado cortos? Decía San Agustín: "El Padre es el que ama, el Hijo el amado, el Espíritu Santo el amor". San Atanasio decía: "El Padre es como la fuente, el Hijo como el río, el Espíritu Santo como el agua". Son formas de hablar, pero siempre nos quedamos cortos. El misterio de la Trinidad nos supera, pero creemos firmemente que Dios es uno y trino.
El segundo verbo que les he dicho, ¿cuál es? Adorar. Se adora solo a Dios. Padre, Hijo y... ¿Qué es adorar? Adorar es el acto por el cual yo reconozco que Dios es máximo, que nadie se compara a Dios. Nosotros los católicos adoramos a la Santísima Trinidad. Adoramos al Padre, adoramos al Hijo, adoramos al Espíritu Santo. La palabra adoración en griego se dice "latría". ¿Cómo se dice? Latría. Y cuando yo desplazo a Dios del primer lugar para colocar a algo o alguien, me vuelvo un idólatra. Repito la palabra: latría, ¿qué significa? Adoración. ¿Y a quién tenemos que adorar? Solo a Dios. Dios tiene que estar en el primer lugar de tu vida. Y si tú desplazas a Dios del primer lugar de tu vida, eres un idólatra.
¿Y cuánta idolatría, hermanos, hay hoy en el mundo? La idolatría del sexo, la idolatría de la plata, la idolatría del poder, la idolatría del fútbol. Primero, siempre Dios. Primero el Padre, primero el Hijo, primero el Espíritu Santo. La Santísima Trinidad tiene que estar en el primer lugar de nuestra vida. Damos gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo. Recordemos que a nuestra Madre Santísima, la Virgen María, la veneramos, y la veneramos más que a los ángeles y más que a los santos, pero primero siempre Dios, uno y trino.
Y el tercer verbo que les he dicho, ¿cuál es? Vivir. No solamente creemos en la Trinidad, no solamente adoramos la Trinidad, hay que vivir con la Trinidad. Y eso me lleva a la segunda lectura de hoy, que es un pasaje precioso para hablar de la Trinidad. A ver, si han estado atentos, la segunda lectura de hoy, ¿qué libro de la Biblia es? Romanos 8, 1 al 17. Tarea para la tarde: abran sus Biblias y qué texto van a buscar: Romanos 8, 14 al 17.
Qué bonito lo que nos ha dicho San Pablo: "El Espíritu Santo viene y nos hace clamar: ¡Abba, Padre! Ya no somos esclavos, somos hijos de Dios, herederos de Dios, coherederos de Cristo". El Espíritu Santo viene a ti, la tercera persona de la Trinidad viene a ti, y clamas: ¡Abba, Padre! ¿Alguien sabe lo que significa Abba? Por si acaso, no es el grupo musical de mis tiempos. Abba está en arameo y significa: papito. Dios es mi papito. Dios, Padre, hermanos, nos ama, nos acoge, nos perdona. Y eso lo sabemos por Jesucristo, el Hijo. Por eso, vivir con la Trinidad significa vivir centrados en Cristo. Es Jesús quien nos lleva al Padre, a nuestro Abba, a nuestro papito Dios. Y es Jesús quien nos unge con el Espíritu Santo. Por eso, vivir con la Trinidad implica vida cristocéntrica. ¿Qué palabra he dicho? Cristocéntrica. Centra tu vida en Jesús. Jesús es el único que te lleva al Padre. Jesús te unge con el Espíritu Santo.
Centremos nuestra vida en Jesús. Decía un santo teólogo, San Simeón el Nuevo Teólogo, así se le llamaba, que "el Padre es como la casa, el Hijo Jesús como la puerta, y el Espíritu Santo como la llave". Es la puerta. Jesús. ¿Quieres entrar en el misterio de la Trinidad? ¿Con quién tienes que vivir? Con Jesús. Centra tu vida en Jesucristo, con todo lo que ello significa. Por ejemplo, vivir bien la Misa, ser eucarísticos, acudir a la confesión, conversar con Jesús y ser Jesús para los demás.
Vivir con la Trinidad trae una exigencia: la unidad y respetar la diversidad. Dios es uno y trino. Hay un solo Dios. Vivamos la unidad, unidad en la verdad, no en la mentira; unidad en el bien, no en el mal. Y respetemos la diversidad. Dios es uno, pero también Dios es trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas divinas, tres personas distintas. Respetemos la legítima diversidad, lo cual no significa aplaudir el pecado o hacer orgullo del pecado. Seamos Cristo para los demás. Esa es la forma de que la Trinidad viva en nosotros.
Santo Tomás de Aquino decía que "la Virgen María es descanso de la Trinidad". En la Virgen descansa la Trinidad. María es hija predilecta de Dios Padre, María es la Madre del Hijo, María es la esposa del Espíritu Santo. Hoy le pedimos a María Santísima, nuestra Madre, que nos ayude a darnos cuenta que la verdad central de nuestra fe es la Trinidad. Que María nos ayude a adorar a la Santísima Trinidad y que la Virgen nos ayude a tener vida Trinitaria, a vivir como verdaderos hijos de Dios Padre, hermanos de Cristo y que nos dejemos guiar siempre por el Espíritu Santo. Que así sea. Amén.
Queridos hermanos, estamos celebrando la solemnidad de la Santísima Trinidad. Y profesamos nuestra fe. El Credo tiene tres partes. ¿Por qué? Primera parte relacionada al Padre, segunda parte al Hijo y la tercera parte al Espíritu Santo. Vamos a profesar nuestra fe:
Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Dios es uno y trino, y nosotros confesamos esta verdad, la verdad central de nuestra fe. Por eso, unidos a Jesucristo, nuestro hermano, nos dirigimos a nuestro Padre Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Estamos celebrando el misterio central de nuestra fe. Les he señalado tres verbos. Primero, creer. Creemos que hay un solo Dios y tres personas divinas. Hay tres personas divinas distintas. Donde está el Padre, está el Hijo y el Espíritu Santo. Donde está el Hijo, está el Padre y el Espíritu Santo. Donde está el Espíritu Santo, está el Padre y el Hijo. No es un trabalenguas, es el misterio de la Trinidad. Creemos en Dios uno y trino, y todo lo que hacemos es entonces en el nombre de la Trinidad. Nos santiguamos en el nombre del Padre y del Hijo del Espíritu Santo. Yo les doy la bendición en el nombre del Padre y del Hijo y Espíritu Santo. Son absueltos en el nombre del Padre y del Hijo del Espíritu Santo. La Trinidad marca nuestra vida.
Segundo verbo: adorar. En griego, ¿cómo se dice? Latría. A ver, repitan: Latría. ¿Y qué pasa cuando yo coloco algo o alguien por encima de Dios? Me vuelvo un idólatra. Y los católicos no somos idólatras. Adoramos solo a Dios: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. A nuestra Madre Santísima la veneramos. Primero Dios, luego de Dios la Virgen, luego los santos y los ángeles.
Y el tercer verbo: vivir. Hay que vivir con la Trinidad. San Pablo nos dice: "El Espíritu Santo viene a nosotros y clamamos: ¡Abba!". ¿Qué significa? Papito. Papito Dios es tu papito. Jesús nos ha enseñado que Dios es nuestro Padre. Centra tu vida en Jesús. Jesús te lleva al Padre. Jesús te unge con el Espíritu Santo. Jesús hace que tengas vida Trinitaria. Somos hijos de Dios Padre, hermanos de Cristo, templos del Espíritu Santo. Tenemos que ser templos del Espíritu Santo, viviendo en gracia, no en pecado.
Que la Virgen nos ayude a vivir siempre con la Santísima Trinidad.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, Dulce Corazón de María, la Salvación. San José, ruega por nosotros.
Les invito a formar parte del grupo de adoradores, amigos de Jesús Eucaristía, apuntándose a una hora de adoración. La Capilla del Santísimo está abierta desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche todos los días, y hay momentos en que Jesús Eucaristía está solo. Así que anímense a hacerle compañía a Jesús Eucaristía. El tiempo que pasamos delante de Jesús nunca es un tiempo perdido. Afuera del templo, hermanos, del grupo de adoradores, estarán inscribiendo.
Voy a darles ahora la bendición.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Tienen sus cabezas. A cada invocación, vamos a decir: Amén.
Dios Padre Todopoderoso los bendiga y los guarde de todo mal. Amén.
Jesucristo, nuestro Señor, nuestro hermano, haga brillar su rostro sobre ustedes y les conceda su favor. Amén.
Y el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, les dé la fuerza para hacer el bien y les haga anunciadores gozosos del Evangelio. Amén.
Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.
Con la alegría de saber que Dios es nuestro Padre, Cristo nuestro hermano y el Espíritu Santo nos unge para hacer el bien, pueden ir en paz. Amén.