📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

La Ética de Aristóteles FÁCIL (Felicidad, virtudes éticas y dianoéticas, justo medio)

Daniel Ramírez-Matehuala7:57

Transcription

Hola a todos, bienvenidos a un nuevo vídeo. En esta ocasión, vamos a hablar de un tema muy importante, que es la ética aristotélica. Pero antes, un poco de contexto.

Aristóteles nace en el año 383 antes de Cristo en Estagira, una ciudad parte de la antigua Grecia. Llega a Atenas a los 18 años, ingresando casi enseguida a la Academia Platónica, escuela que deja al morir Platón para ir a Asia. Fue maestro de Alejandro Magno cuando éste era un adolescente. Por ahí del año 335, regresa a Atenas para fundar el Liceo, su escuela.

No está de más decir que el pensamiento de Aristóteles es uno de los más influyentes en la historia del pensamiento. Y aunque muchos insisten en realizarlo con Platón, la realidad es que puede verse una influencia de fondo entre Aristóteles y su maestro.

Lo primero que hay que decir acerca de la ética es que ésta pertenece, junto con la política, a las llamadas ciencias prácticas. No hay que olvidar que Aristóteles organizó el saber en tres grandes grupos: las ciencias teóricas, que son las que buscan el saber por sí mismo (aquí está la metafísica, la física y las matemáticas); las ciencias creadoras, cuyo propósito es el diseño y producción de objetos; y las ciencias prácticas, que son las que buscan la virtud y el perfeccionamiento de la moral. Que, como dije hace un momento, a este grupo pertenecen la ética y la política.

Esta inquietud de Aristóteles por la ética nace de una pregunta que él se hace y que lo lleva a desarrollar un estudio bastante original acerca del tema. La pregunta es: ¿cuál es la finalidad del hombre como individuo? Él se da cuenta de que todo lo que hacemos tiene una finalidad: comer, viajar, estudiar, dormir, trabajar, ahorrar, lo que ustedes se imaginen. Por ejemplo, comemos para satisfacer la necesidad que tiene nuestro cuerpo de recibir alimentos. Estudiamos para aprender a pensar, para especializarnos en alguna actividad o profesión. Trabajamos para obtener ingresos que nos permitan comprar cosas. Todos estos fines, dice Aristóteles, tienden a beneficiarnos de una manera u otra, pero no de manera plena.

El reto entonces es buscar cuál es el fin supremo que subordina a todos los demás, el que le da sentido a nuestra vida. Él llega a la conclusión de que ese fin último es la felicidad. La felicidad es, por lo tanto, el bien supremo que une y subordina a todos los fines de nuestra existencia.

Lo que sí ahora es descubrir dónde está la felicidad. La mayoría diría que la felicidad está en el placer y el gozo. Sin embargo, la vida que se consagra a la mera satisfacción de necesidades hace del hombre un vil esclavo de su propio cuerpo y solo es digna de los animales. Algunos dirán que la felicidad está en el honor, que para nuestro tiempo se traduciría en tener prestigio, éxito. Pero el honor depende más de la imagen que los demás tienen de nosotros que de nosotros mismos. Es decir, lo que para ti es un hombre exitoso, para mí pudiera no serlo. Para otros, la felicidad está en acumular riquezas. Aristóteles dice que esta última es la más absurda, porque la riqueza no es un fin en sí mismo, es solo un medio para conseguir cosas. Por lo tanto, las tres opiniones más populares acerca de lo que es la felicidad quedan descartadas por nuestro filósofo.

Entonces, para hallar el bien supremo, se tendrá que llegar hasta la naturaleza misma del hombre. Aristóteles se pregunta: ¿qué es aquello que lo distingue de los otros seres vivos? ¿Qué es aquello que hace al hombre ser hombre? La respuesta es sencilla: el razonamiento. Por lo tanto, si un hombre quiere una vida buena y feliz, tendrá que vivir de acuerdo con lo que la razón le dicta, pues la razón hará que el hombre se perfecciona a sí mismo. Esto es bien importante: Aristóteles nos dice que es tu conciencia y tu inteligencia las que harán una mejor versión de ti mismo.

Pero él es consciente de que la cosa no acaba, que tan fácil, ni que todo es tan bonito. El hombre es más complejo que eso. Sí, el hombre razona, pero no solo es razón. Hay una parte de nuestra alma que se opone a ella: nuestros apetitos y nuestros deseos. Hay en el hombre un deseo muy profundo de tener, y entre más tiene, más quiere. Siendo así las cosas, es muy importante someter nuestros apetitos a lo que la razón nos dicta, al acto de poner por encima de nuestros deseos a nuestra razón. Aristóteles la llamó virtud ética.

Pero como dijimos, es más común que el hombre se deje llevar por sus apetitos que por su razón. ¿Cómo resuelve la cuestión? Practicando. Para poder ser hombres éticos, hay que practicar ser hombres éticos. Por ejemplo, para llegar a ser una persona fiel, hay que practicar la fidelidad. De ese modo es como nosotros podemos fortalecer nuestra conciencia y que no ceda a nuestros deseos.

Pero, ¿por qué es importante que la razón controle los apetitos? Porque los apetitos tienden a polarizar nuestras acciones y nos pueden llevar ya sea al exceso o al defecto, es decir, al demasiado o a la precariedad. Y una vida marcada, ya sea por los excesos o por las carencias, es una vida infeliz y sin propósito. La razón es la que nos debe indicar cuál es la justa medida de todas las cosas: el justo medio.

Con esto llegamos al punto central de la ética aristotélica. Para Aristóteles, una vida buena es aquella que encuentra el equilibrio en sus acciones, el justo en medio de todas las cosas. Él no pretende que nos volvamos monjes. Reconoce que las cosas materiales son necesarias, siempre dándole su correcta proporción. Aristóteles no quiere que te mates 10, 12 horas al día trabajando solo para pagar tu iPhone, tu automóvil o tu pantalla de 65 pulgadas. No quiere que gastes tu vida trabajando para pagar cosas que no necesariamente necesitas.

El punto medio constituye la rectitud. La virtud tiende constantemente hacia el punto medio. Es posible ahorrar de muchos modos, pero obra rectamente solo es posible de un modo y por tales razones. El exceso y el defecto son propios del vicio, mientras que el medio es propio de la virtud. Se es bueno de un único modo, pero malo de diversas maneras. Y así como el hombre tiene muchos apetitos, también tiene muchas virtudes éticas a su alcance para contenerlos.

Para Aristóteles, la virtud ética más importante es la justicia, que se encarga de darle la justa medida en la distribución de los bienes, las ventajas, las ganancias y sus contrarios.

Después de revisar las virtudes éticas, lo que hace ahora Aristóteles es presentarnos las virtudes ya no éticas, que son las encargadas de perfeccionar a la razón. Estas virtudes son dos: la prudencia y la sabiduría. La prudencia se encarga de dirigir de un modo correcto la vida del hombre. La prudencia le dirá a nuestra razón lo que es bueno y malo para nosotros. La sabiduría, en cambio, es el conocimiento de aquellas realidades que están por encima del hombre. Este conocimiento son las ciencias teóricas, en especial la metafísica.

Es a través de la actividad contemplativa, que es así como Aristóteles llama al ejercicio de la sabiduría, que el hombre alcanza la mayor felicidad y llega a rozar lo divino. La actividad de Dios es contemplativa, por consiguiente, la actividad humana que él resulte más afín será la que le produzca una mayor felicidad. En el mismo grado en que haya contemplación, en ese mismo grado habrá felicidad.

Como conclusión, es tu razón la que te puede ayudar a cambiar aquellos aspectos negativos en tu vida que te impiden ser feliz. A medida en que la educas, escuchas y pones en práctica lo que te dice, serás un hombre ético. Sabrás darle la correcta proporción a todas las cosas, hallarás el equilibrio y le darás a tu vida un propósito, una finalidad. La decisión es tuya. Espero que les haya gustado este vídeo. Nos vemos en la próxima.