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Mis amigos queridos, les invito a trazar sobre nosotros la señal de la salvación, allí donde fue adquirida nuestra libertad, allí donde el demonio fue derrotado, allí donde el perdón tuvo su triunfo. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Hace unas cuantas semanas hablábamos sobre lo compleja que es la realidad de la maternidad en nuestro tiempo. Y la verdad es que lo femenino está desapareciendo y lo masculino está desapareciendo en nuestra sociedad. ¿A qué me refiero? A que cada vez más se le envía a la mujer un mensaje, y el mensaje es: tendrás más derechos en la medida en que conquistes los espacios que antes eran solo para los hombres. En términos, por ejemplo, de la Iglesia Católica, eso significa: es necesario que te centres en lograr ser sacerdotisa en la ordenación sacerdotal, puesto que el sacerdocio ha sido un espacio vetado para la mujer. Entonces, para lograr tus derechos, tú tienes que conquistar ese espacio. Es el lenguaje. Se le ha dicho a muchas mujeres, y a veces sucede de una manera que es más o menos inocente, como por ejemplo, un campeonato mundial de fútbol femenino, más o menos inocente. Otras veces sucede de una manera bastante agresiva y se presenta entonces bajo el lema de que todo tiene que ser 50% y 50%. Eso, pues evidentemente, crea una presión en las mujeres, sobre todo en las mujeres que van creciendo, sobre todo en las mujeres jóvenes. Va creando esa esa presión. Es la desaparición de lo de lo femenino o la confusión con respecto a lo femenino.
Luego, luego tenemos que con respecto a los varones sucede algo parecido. El hombre tiene que ser lo menos masculino posible. El hombre tiene que ser lo más lo más suave, lo más bello posible. El hombre tiene que ser completamente acomplejado, porque cualquier actitud fuerte inmediatamente es considerada como una agresividad, es considerada como un ataque, como una imposición, como un resurgir o un querer imponerse lo que se ha llamado el patriarcado. Estas confusiones, estas confusiones de de roles tienen un impacto muy grande. Ha producido que, por ejemplo, en los últimos 12, 15 años, en un país como Estados Unidos, se ha cuadruplicado, es decir, se ha multiplicado por un 400% o por un 500% el número de personas que se consideran bisexuales o que se consideran "estoy en el cuerpo equivocado" o cosas parecidas. Es es bastante, es bastante serio esto, porque la tendencia sigue creciendo. En algunos lugares de Estados Unidos, un 30% de los jóvenes consideran que no tienen un género definido. 30%. Eso significa que en una familia con tres hijos, pues muy probablemente ya uno de los hijos está viviendo esta situación. Y por supuesto, si uno no está de acuerdo, inmediatamente lo presentan como opresor, perseguidor, transfobo, homófobo, en todas esas palabras que finalmente lo que quieren es cancelar la discusión e imponer una auténtica ingeniería social, empezando por los niños.
Esto se nota todavía más en las películas infantiles. Los que somos un poco mayores todavía podemos recordar lo que era Disney, por ejemplo, hace 20 años, hace 30 años. En este momento, a ningún papá, a ninguna mamá le recomendaría ver a Magic Kingdom, ver Disneyland, jamás. Películas de Disney, jamás. Y lo lo interesante y lo un poco dramático de esto es que estas empresas, las empresas que están optando por esa cultura que a veces se llama cultura Woke, W O K E, las empresas que están optando por la cultura Woke están perdiendo miles de millones de dólares, miles de millones de dólares. Y sin embargo, insisten en sus políticas. Y esto es interesante porque nos obliga a preguntarnos, ¿por qué lo hacen? Pues les cuento que he recopilado bastante material y he leído bastante material al respecto, y solo hay una explicación posible, y es una explicación escalofriante. La razón por la que siguen produciendo películas que nadie les está pidiendo, porque los niños de seis años no están pidiendo que haya princesas machorras, ni que haya príncipes homosexuales, ni están pidiendo besos homosexuales. Los niños no están pidiendo eso. Los papás no están pidiendo eso. La gente no está viendo estas películas. ¿Por qué las siguen produciendo? ¿Por qué siguen imponiendo eso? Solo hay una respuesta posible, y esa respuesta se llama inversión a largo plazo. Es decir, ellos están convencidos de que si aquí mi amiga, yo tengo una amiguita que se llama Simona, que hoy me está visitando, nos está visitando, si Simona se acostumbra a ver este tipo de películas, pues Simona no va a tener siempre la edad que tiene ahora. Entonces, la idea es que cuando Simona ya no tenga la edad que tiene, sino tenga, por ejemplo, 14 o 15, Simona va a ser cliente fidelísima, cliente número uno de toda esta cultura que, por supuesto, reporta inmensas ganancias. Es decir, nos están inyectando por los ojos, por los oídos, por todas partes, nos están inyectando este tipo de cultura con el propósito de que nosotros nos volvamos primero inseguros, inseguros de los géneros, inseguros de la propia sexualidad, inseguros de la propia identidad, para luego volvernos convencidos de que la única cultura posible es esa. Y entonces obtengamos lo que el marketing, aunque yo no soy especialista en marketing, creo que se llama fidelización. Es decir, están trabajando en que Simona ya sea fiel a eso. Están trabajando en que nuestros adolescentes, en que los chicos que estudian en este colegio. Dios bendiga este colegio, Dios bendiga. Lo digo en público al padre Javier, que no he hecho sino apoyarnos. Él es el rector de este colegio, Jordán de Sajonia. Dios lo bendiga. Pues ellos están trabajando para que estos niños sean así. Una empresa de estas está perdiendo del orden, ustedes pueden ver las cifras, son públicas. Una empresa de estas puede perder del orden de 50 mil millones de dólares en un año. Mil millones de dólares es una cifra que a mí no me cabe en la cabeza, simplemente. Si yo multiplico 50 mil millones, lo multiplico, por ejemplo, por 10 años, pues obviamente da 500 mil millones de dólares, o como dicen en el lenguaje anglosajón, 500 billones de dólares. Pero después de perder 500 billones de dólares, van a tener dos o tres mil millones, perdón que siga usando tu nombre, no tengo ninguna intención. Van a tener alrededor de 2000 o 3000 millones de Simonas que son absolutamente fieles a la cultura. O sea, están haciendo un negocio de ese tamaño. Muchos padres de familia no caen en cuenta de esto. Muchos jóvenes ya cayeron en la trampa. Muchos jóvenes creen que esto les hace progresistas, que esto les hace tolerantes. Y por el contrario, sienten que un lenguaje claro, que un lenguaje robusto, que un lenguaje definido, pues significa intolerancia. No se dan cuenta que ellos, que estos muchachos, que estas chicas, son el experimento. Y yo les digo desde aquí a los jóvenes que están en este momento en Familia Espiritual, y les digo a todos los jóvenes que puedan ver después estas palabras: yo les quiero decir esto: ustedes son el experimento. En ustedes están trabajando. Y la idea de ese trabajo es solamente una. La idea de ese trabajo es que ustedes sean los clientes más fieles.
Bueno, ese es como el primer punto. Y ustedes se preguntarán, pues, ¿dónde entra María Santísima en toda esta historia? Pues entra de muchas maneras, porque resulta que ha habido toda una guerra contra la Virgen María en muchos frentes. Cuando yo era más joven, las personas que más se oponían a la Virgen María, a veces con agresividad, con grosería, eran los protestantes, no católicos, evangélicos, pentecostales, etcétera. Y en algunos lugares de Brasil, pues sabemos los videos que se vieron, era el espectáculo de tomar una imagen, por ejemplo, de María Auxiliadora, reventarla contra el piso, decir: "Aquí se acaban los ídolos". Ese tipo de cosas. Eso era la imagen que yo tenía de, llamémoslo así, de ataque a la Virgen María. Los protestantes actuales no suelen ser así de agresivos. Es una estrategia que no reporta muchos beneficios actualmente. El protestante actual suele ser mucho más respetuoso. Pero en cambio, sí hay gente precisamente del ala progresista, de la que he hablado en la primera parte de esta charla, que es tremendamente agresiva contra la Virgen María, porque ven en la Virgen María el modelo de una sumisión al patriarcado, ven en la Virgen María el modelo de disminución, de disminución, no se dice, de achicamiento de lo femenino, de podríamos decir, de esclavitud de lo femenino, que para ellas las feministas, y también hay feministas hombres, para ellas y para ellos, los feministas, es la imagen de la derrota.
Hace unas semanas, una señora que tiene bastante audiencia aquí en Colombia, que se llama Margarita Rosa de Francisco, ella publicó, pues, toda una arenga hablando en contra no solo de la religión en general, sino muy en particular en contra de la Virgen María. Y el disgusto de ella no es solo por la sumisión, por la esclavitud, por por ese disminuir a la mujer frente al hombre, sino por el hecho mismo de la virginidad. La virginidad es absolutamente detestable para este colectivo, porque se supone que el primer empoderamiento de la mujer dentro de la lógica feminista extrema, el primer empoderamiento es: aduéñate de tu cuerpo. Y el dueñarte de tu cuerpo es: tú haces con tu cuerpo lo que a ti se te dé la gana. Eso es empoderarte. Entonces, hay una gran agresividad. Y por eso ya ustedes se daban dando cuenta para dónde va esta predicación. Por una parte, tenemos toda esta cultura Woke, toda esta cultura progresista que tiene una agenda que es capaz de invertir 500 billones de dólares. Por lo visto, estamos hablando de Bad Light, estamos hablando de Disney, y estamos hablando de Netflix, estamos hablando de una cantidad de de canales de entretenimiento que son perfectamente capaces de invertir 500 mil millones de dólares a ese tipo de negocio, con tal de lograr la fidelización de los adolescentes actuales y de los niños actuales. Y por otra parte, estamos viendo que la Virgen María, entre otras cosas, es el gran estorbo, porque en la medida en que nosotros, tanto los hombres como las mujeres, empezamos a descubrir quién es María, en la medida en que nosotros empezamos a descubrir qué clase le dio María a su llamado, cuando empezamos a ver el poder de la fe de María, cuando empezamos a ver qué es lo que ella hace, entonces evidentemente el lenguaje progresista no entra, porque el lenguaje progresista no puede con el lenguaje de pureza que nos va a presentar María. El lenguaje progresista no puede con el lenguaje de humildad, que no es complejo, que no es abajamiento, sino que tiene su propia fuerza, como se canta en el cántico de la Virgen María en el Magnificat. Y no se nos debe olvidar que uno de los grandes predicadores del cántico de la Virgen María fue Martín Lutero. Eso no se nos debe olvidar. Uno de los comentarios exegéticos más interesantes es el fundador de todo el protestantismo, Martín Lutero, escribió un comentario muy bueno, muy bueno. Yo conozco partes, reconozco que no lo he leído completo, pero conozco partes, muy bueno, porque era que los protestantes no sentían que tenían que distanciarse de la Virgen María para, pues, para afirmar lo que ellos querían afirmar.
Entonces ya nos damos cuenta para dónde va esta predicación. Nos vamos dando cuenta que frente a la cultura Woke y frente a toda esta cultura progresista y frente a toda esta especie de necesidad de mantener confundida a la gente, que es un modo de dominación, frente a todo eso, María tiene una gran respuesta. Es más, ella misma es una respuesta, y una respuesta increíblemente fascinante. Bueno, amigos, ahí termina la introducción. ¿Qué hemos dicho en la introducción? Hemos recordado cuál es el propósito de la cultura Woke que nos está invadiendo por todas partes, cultura progresista. Y por otra parte, hemos visto que mucho más que los protestantes actuales, esa misma cultura detesta a la Virgen María. Y la detesta porque claramente la sumisión de María frente a Dios, la fe de María, la confianza de María, la pureza de María, todo, absolutamente todo, rechina en contra de ese modelo que quieren imponer a todos, empezando por niños y jóvenes. Ahí termina la introducción. Pasemos a una segunda parte, que en buena proporción es una especie de recordatorio de lo que hemos hablado en algunas otras conferencias. Conviene aquí recordar entonces cuáles son algunos de esos tesoros, de esos grandes tesoros que Dios ha puesto en la mente y en el corazón de la mujer. Y lo que a mí más me va a llamar la atención, lo que más me va a impresionar en este momento, es el contraste entre el modo típico como nosotros los varones muchas veces queremos resolver las cosas y el modo típico como la mujer aborda las situaciones, los problemas, los dolores. Y les quiero confesar algo: en el convento donde yo vivo, hay dos sacerdotes que tienen más de 90 años, por supuesto, con una salud no terrible, no en crisis, pero delicada. Dos sacerdotes de más de 90 años y cuatro sacerdotes de más de 80 años. Son personas que, por supuesto, necesitan cuidado, necesitan atención. Y hace unos cuantos meses, unos pocos meses, se tomó la decisión en comunidad de que hubiera una enfermera prácticamente permanente en el convento para que pudiera estar cerca de estos hermanos nuestros, los padresitos de más de 80, los padresitos de más de 90. Y para allá vamos, ya algunos vamos que corremos, algunos de los que estamos de los otros frailes que estamos aquí. Bueno, como no le he pedido permiso a ella, no voy a decir aquí su nombre. Esta enfermera es una persona, pues, que obviamente está cotidianamente con nosotros. Yo miro la manera como ella obra, como ella trata, como ella escucha, miro la manera como ella acoge, escucha, persuade a estos padres, muchos de los cuales han sido grandes personajes. Es decir, estamos hablando aquí de ex provinciales, estamos hablando aquí de ex rectores generales de la universidad, estamos hablando de ex rectores. Gente que ha tenido, digamos, ciertos cargos, cierta relevancia de lo que eso signifique socialmente. Y usted sabe que cuando una persona ha tenido todos esos cargos, se acostumbra mucho a tener su criterio y su voluntad. Y eso no significa que todos seamos tercos. Por ejemplo, yo no soy terco, pero a veces, a veces, solo algunas veces, se presentan episodios de terquedad en algunos frailes. Bueno, yo me he puesto a mirar esta mujer, porque además de ser muy profesional, es muy, muy femenina, lo cual significa que ya sabe ser amiga y que, en buena parte, usted sabe la palabra que voy a decir, sabe ser como mamá. Sabe ser mamá. Pero aquí es donde yo voy a tomar lo que he visto en esta mujer y, por supuesto, en muchas otras mujeres, incluyendo mi propia madre, para destacar ciertas cualidades que son mucho más frecuentes y son mucho más intensas en la mayoría de las mujeres. Son verbos como los siguientes, para quienes están tomando apuntes, las seis personas que están tomando apuntes, son verbos como los siguientes: el verbo acoger, el verbo acoger, el verbo escuchar. El otro día estaba compartiendo el desayuno con uno de los padresitos, nadie diga nombres, por favor, no digan nombres, con uno de los padresitos, pero así bien especial, un padre, pero bien, bien especial. Él y este padresito súper especial, pues es de esos que son así bien delicados y como a veces decimos, bien, el mismo, no viene el mismo, bien en su criterio. Yo miraba la manera, siempre muy respetuosa, porque vaya mujer absolutamente correcta, nomás faltaba, pero con un respeto, con un cariño. Entonces, mire los verbos. Atención a esta lista de verbos que es clave: acoger, escuchar, persuadir, cuidar, acompañar. [Música] Sanar. Son verbos muy típicos. Y si tú miras qué es lo que tienen en común todos esos verbos: acoger, escuchar, persuadir, sanar, cuidar, acompañar. Todos esos verbos tienen que ver con una realidad muy, muy profunda, que esa le encanta a mi hermano, y el nombre, si lo puedo decir, y me siento muy orgulloso de él, mi hermano Saulo. Y esa realidad es la vida. Dios, en su plan, y eso está en el libro del Génesis, Dios, en su plan, ha querido que la mujer sea ministra de la vida. Y en toda la Biblia, nadie destaca más que dos mujeres: Eva, que es llamada por la Sagrada Escritura la madre de todos los vivientes, y María, que es la madre del Redentor y, por consiguiente, la madre de la nueva creación, porque todo en Cristo vuelve a empezar, todo se renueva en Cristo. En Cristo se cumple la palabra que dijo el Señor por sus profetas: "Ahora hago nuevas todas las cosas", o como dice Isaías: "Algo nuevo está surgiendo, ¿no lo notáis?". Pues no hay novedad más grande, ninguna novedad se compara, nada, nada está ni de cerca frente al milagro de Dios mismo, Dios mismo en el vientre de una mujer, y esa mujer se llama María. No hay más. No hay mayor importancia que podamos encontrar en la Biblia que la que tiene Eva, la importancia que tiene Eva, la madre de todos los vivientes, la que tiene María, decía Nuestra Señora de Guadalupe, "Madre del Dios por quien se vive", "Madre de Dios por quien se vive". Entonces, observemos cómo estas dos mujeres son absolutamente fundamentales.
Entonces, ¿cuál es el vínculo? ¿Cuál es el centro para que entendamos también qué es lo que se está atacando en la mujer? Hay un video que a mí me ha salido varias veces en Twitter, pero ustedes saben que Twitter, según su algoritmo, le presenta uno, pues, lo que uno ve más. Twitter nos trata más o menos por salones separados, lo mismo que otras redes sociales, Facebook, tienen la misma estrategia. Eso significa que si tú eres de izquierda, Twitter te analiza y dice: "Este es un izquierdoso", entonces te pone todos los tweets que te van a gustar que son izquierdosos. Si tú eres de derecha, entonces te va a poner todos los tweets, todos los mensajes que son más bien de derecha. Esa es la manera de mantenernos contentos a todos. O sea, que hay un sesgo en lo que les estoy diciendo. Pero es posible que algunos de ustedes, si están cercanos a Twitter, hayan visto un video donde una muchacha dice: "Si te dejaste embarazar, corre al laboratorio". Así, tal cual, tú lo viste también, ¿no? "Si te dejaste embarazar, corre al laboratorio". Es decir, como ya lo denunciaba San Juan Pablo II, la mentalidad anticoncepcionista en el fondo es una mentalidad abortista, que se nota en el lenguaje de las chicas. Uno habla con las chicas, entonces dos amiguitas están hablando y una dice: "Ay, amiga, yo no sé, yo no sé si quedé embarazada". Y la otra le responde, pero así, amiga súper solidaria, súper solidaria, me dice: "Pero tú no te estabas cuidando". ¡Ojo al verbo! "No te estabas cuidando". Y la pregunta que yo hago es: ¿cuidándote de quién? Porque uno se cuida de una amenaza. Uno se cuida de una amenaza. Siempre doy el mismo ejemplo: viene un perro bravo, yo me cuido del perro. Viene una deuda terrible, yo me cuido de la deuda. Viene un desastre económico, yo me cuido del desastre. ¿Cuál es el lenguaje que están utilizando a las chicas? Las chicas con sus anticonceptivos, con sus parches, con sus pastillas, con las campañas de preservativo. ¿Qué es lo que hay detrás de eso? Detrás de eso, la gran campaña es: el bebé es tu enemigo, tu hijo es tu enemigo. Cuídate de él como te cuidas de un perro, como te cuidas de un león, como te cuidas de una deuda, como te cuidas de un edificio que está colapsando. Cuídate del bebé, cuídate del niño, cuídate, cuídate. El niño es tu enemigo. Entonces, desde el principio, la campaña anticoncepcionista, que lleva décadas, décadas, la campaña anticoncepcionista lo que quiere es desconectar a la mujer del misterio de la vida. Por eso la campaña anticoncepcionista es desde el principio una guerra, una auténtica guerra contra el plan de Dios. Por supuesto, Dios no quiere procreación irresponsable, por supuesto, pero ¿quién ha dicho que la procreación para ser responsable tiene que partir del presupuesto de que un niño es un enemigo?
Entonces, ¿qué es lo que estamos aprendiendo aquí? ¿Qué hay en esta segunda parte en nuestra charla? Que hay una serie de hermosos verbos que son muy propios de la mujer. Son los verbos que yo veo casi todos los días. Yo los veo en este convento donde yo vivo. Y yo los veo en la manera como no solamente esta señora, sino también otras personas, como tratan a mis hermanos mayores. Y por qué destaco esto, porque cuando uno tiene su salud, y cuando uno se siente fuerte, y cuando uno tiene capacidades, y cuando uno tiene su dinero, y uno tiene su trabajo, y tiene sus amigos, y tiene su cuerpo que le funciona, y tiene su placer cuando lo quiere, uno se siente autónomo e independiente. Pero cuando llega la enfermedad, cuando llega la fragilidad, cuando tu cuerpo ya no es el de antes, cuando ya tuviste un accidente cerebrovascular como uno de los nuestros, y empiezas a caminar así, cuando ya eso te sucede, entonces tú necesitas a alguien que te ayude a sostener la vida. Y el gran misterio, el grande y hermoso misterio de la mujer, es que Dios la quiso ministra de la vida. Ministra de la vida. Y por eso, en mi predicación, prácticamente con todas las personas, bueno, con todas las mujeres, porque nos estamos refiriendo a las mujeres, la predicación con la mujer, siempre en mi caso, siempre es la misma: y tu fecundidad, ¿qué? Y es que la fecundidad es para todos, para todos y para todas. No es en cambio para todos, pero para todos y para todas. La fecundidad es indispensable, porque Dios nos quiere fecundos. Pero es que la fecundidad de la mujer pasa por el misterio de la vida. Entonces, todos los verbos que antes mencioné: acoger, escuchar (que es una forma amorosa de acoger), acoger, escuchar, cuidar, persuadir, acompañar, todos son verbos que tienen que ver con la vida.
He conocido el caso de varias mujeres muy valientes, muy hermosas, que han estado en las huestes del feminismo, sobre todo ese feminismo extremo, que cada vez es más difícil encontrar feministas que no sean feministas extremas. Que han estado en las huestes del feminismo extremo y han salido de ahí. Y yo recuerdo especialmente una amiga que era así, fue súper, súper feminista, súper convencida. Ella estaba así, pues, metida hasta el fondo en eso. Y ella quedó embarazada. El lenguaje que ella escuchaba siempre en el grupo feminista era de: "Nosotras somos poderosas unidas". Es decir, nosotras somos un colectivo, nosotras somos compactas, nosotras nos apoyamos, como quien dice, las mosqueteras, una para todas, todas para una, como las mosqueteras. Nosotras. Bueno, pues esta que quedó en embarazo les cuenta a sus amigas feministas que quedó en embarazo. La primera sugerencia, obviamente, es: aborto. La primera sugerencia: "Tienes que abortar". Y entonces ella dice: "Es que yo no quiero abortar, es que yo quiero tener mi bebé". Se le acabaron las amigas feministas, se le acabó el apoyo. Todo ese grupo tan compacto, tan solidario, tan unido, se acabó apenas ella dijo: "Soy provida". Apenas ella dijo: "Yo no voy a matar a mi bebé". Apenas ella dijo: "Tiene derecho a nacer". Apenas ella dijo eso, se les acabaron, se le acabó la amistad, se le acabaron las mosqueteras. Entonces, amigos, ahí estamos. Ese es el, esa es la segunda parte. La segunda parte es las cualidades de lo femenino y cómo las cualidades de lo femenino son tan atacadas hoy, especialmente a través de la mentalidad anticoncepcionista. Lo que a mí más me duele, y sé que esto es terriblemente impopular decirles en muchos ambientes, espero que no tanto aquí, pero lo que más me duele es que para muchas mamás es un gran consejo, gran consejo, enseñarle a las hijas: "Ya saben que que tienen que cuidarse, tienes que cuidarte", porque parten de la base de que, de todas maneras, lo va a hacer. Entonces, mejor que se cuide. Pero que se cuide, ¿qué significa? Significa, pues, que destruya lo más íntimo de su ser. Ustedes, tal vez, sobre todo quienes son intensamente provida, que sé que son muchos de los que están aquí, ustedes se preguntarán: ¿cómo es posible que una mujer llegue a eso? ¿Cómo es que una mujer puede llegar a eso, a eliminar su propio hijo? ¿Cómo puede llegar a eso? Las razones son muchas, y aquí no se trata de encerrarnos a culpabilizarlas, porque como bien ha notado el Papa Francisco, como bien lo ha dicho San Juan Pablo II, como bien lo ha dicho Benedicto, esa decisión ha sido terrible y desgarradora para muchas mujeres, terrible y desgarradora. Y normalmente parte de la falta de apoyo. Y en ese sentido, nosotros como sociedad no podemos considerarnos inocentes. El que deja sin apoyo a una mujer embarazada, haya sido cual haya sido la circunstancia en que quedó embarazada, se convierte en cómplice de un aborto, indudablemente. Pero a lo que yo voy con esto es que ya tenemos claro que hay unos verbos, unos verbos importantísimos sobre los cuales espero en un futuro poder hacer algún video en este formato o en otro formato, porque son los verbos que más están descuidados hoy. Y si ustedes miran la enseñanza del Papa Francisco, verbos que él repite son precisamente los verbos femeninos. Miren, no hay papa en la historia de la Iglesia, no hay papa que haya enseñado tanto la importancia del verbo acoger como el Papa Francisco. No hay papa que haya enseñado tanto la importancia de escuchar como el Papa Francisco. No hay papa que haya insistido tanto en la importancia de la ternura. Él es varón, nos habla hombres y mujeres, pero nos recuerda: "La ternura hace falta, cuiden la ternura". Otro verbo que dijimos: acompañar. No hay papa que haya hablado tanto de la necesidad de acompañar, de hacer camino, de hacer proceso con las personas, nadie tanto como este Papa. O sea, que ustedes ven lo que tenemos en esta segunda parte. Sigamos recapitulando, especialmente para quienes hacen sus esquemas ahí en sus apuntes, y vamos recapitulando. El primer punto era la cultura Woke y su enemistad o su guerra contra la Virgen María. El segundo punto es las cualidades de lo femenino. Yo les digo una cosa: si ustedes quieren hacer prestarle un servicio de infinito valor a una chica, a una jovencita, una niña, enséñale la alegría de estas cualidades que brillan de un modo espontáneo, de un modo suave, de un modo natural, de un modo bello en la mujer, porque es que resulta que el cuerpo mismo de la mujer, el cuerpo mismo de la mujer está preparado exactamente para estos verbos. En cierto sentido, nosotros los varones tenemos que aprenderlos de ustedes las mujeres. Bueno, ahí terminamos la segunda parte. La segunda parte era los verbos propios de la mujer. Esos verbos propios de la mujer, obviamente, son vistos como debilidad, son vistos como sumisión, son vistos como esclavitud, son vistos como subdesarrollo, son vistos como rendirse ante el patriarcado, etcétera. Pero esos verbos los necesitamos, y los necesitamos todos, y no solo los necesitamos, sino que los vamos a seguir necesitando. Nosotros vamos a seguir necesitando estos verbos y cada vez más. Yo les estoy predicando ahora aquí, pero les digo una cosa: yo no estoy tan lejos ni de los 80 ni de los 90. Yo estoy bastante más cerca de los 80 que de los 20. Esas son cuentas que hay que hacer. Así como una vez hicieron las cuentas que Cleopatra, la famosa Reina de Egipto, Cleopatra Reina de Egipto, está más cerca del Apolo 11 que de las pirámides. Uno abre los ojos, Cleopatra está más cerca del Apolo 11 que de las pirámides. Pues así les digo yo: yo estoy más cerca de la enfermera. Claro, yo estoy más cerca de la enfermera que de mis 20. Eso es así. Yo, por estos meses, estoy cumpliendo una fecha que significa que he pasado dos terceras partes de mi vida fuera de mi casa y una tercera parte en mi casa. Yo duré 19 años y seis meses, siete meses, digamos, seis meses, 19 años seis meses con mi familia. Pero usted hace cuentas, los años que llevo fuera de mi familia es el doble. Bueno, pero por qué estoy contando esto, porque todos estos verbos, todos, los vamos a necesitar. Entonces, ¿en qué se convierte esta es una pregunta muy interesante? ¿En qué se convierte la humanidad si desaparecen estos verbos que son los verbos maternales, que son los verbos femeninos, que son los verbos que la mujer entiende de un modo tan espontáneo? Es que es impresionante la manera como muchas mujeres entienden esto, tanto que si uno trata de explicarlo mucho, yo creo que sienten porque repite tanto, porque lo entienden inmediatamente, porque entienden que es necesario escuchar, acoger, consentir, comprender, acompañar, cuidar, sanar. Lo entienden. ¿Cuántas, por decirte una cifra, por darte un ejemplo, cuántas comunidades religiosas femeninas están dedicadas a cuidar, cuidar niños, cuidar ancianos, cuidar leprosos, cuidar pobres, cuidar abandonados, cuidar sacerdotes? Ahora hagamos cuentas, ¿cuántas comunidades masculinas hay para ello? Creo que me sobran dedos en una mano. Uno conoce los Hospitalarios de San Juan de Dios, uno conoce los Padres Camilos, y hay unos de fundados aquí en Colombia, y los de Ray Samba, los Hermanos de la Divina Providencia. Hay unos tres o cuatro, por lo menos, que estén así más cerca de nosotros. Por eso te digo, esto es muy natural en la mujer. Pero ¿qué va a pasar cuando terminen de matar a la mujer? ¿Qué va a pasar cuando terminen de esterilizar el corazón de las mujeres? ¿Qué va a pasar cuando todas las chicas piensen que lo más importante para su vida es su cuerpo, su felicidad, sus metas, su trabajo? Y cuidado que les digas algo contrario. Cuidado que se lo digas, porque si se lo dices, tú eres el opresor, tú eres el, ¿cómo se llama este que odia a las mujeres? Misógino. Tú eres el misógino. Pero resulta que es que no es solo que nosotros queremos que ustedes y yo, se los digo como varón y además varón agradecido con Dios porque así me quiso él, así como tú seguramente estarás agradecida de ser mujer, yo como varón te lo digo y se lo digo a todas las mujeres: no solamente quiero que tú vivas tu feminidad, no solamente quiero eso, sino que te voy a decir más: yo quiero aprender de tu feminidad. Y ese es el mensaje que nos envía el Papa Francisco. Muchos no lo han dicho con esa claridad. Por eso el Papa tiene una respuesta muy inteligente cuando se trata, cuando le plantean el tema, que ya saben que es cada dos entrevistas le plantean el tema del sacerdocio de las mujeres. Y una de las respuestas, él tiene dos o tres respuestas clásicas. La primera respuesta que él da es: "Es más importante la Virgen María que los Apóstoles". Y eso nadie se lo puede refutar. O sea, ¿qué hubieran hecho los Apóstoles en Jesús? A ver, mirémonos, ¿qué dice Judas? Usted, que no hay más o menos. Bartolomé, cuente algo. Es más importante. Esas son las respuestas del Papa. Más importante la Virgen María que los Apóstoles. Segunda respuesta de él: "No definamos a la Iglesia y no definamos a las mujeres por la función, por el trabajo, por el rol". Que es lo que quiere hacer hoy el mundo empresarial con la mujer. Si no eres la gerente, si no tienes el cargo, si lo estás ganando más o por lo menos lo mismo que el hombre, no eres nadie. ¿Y dónde queda el ministerio de la vida para esa mujer? ¿Dónde queda? Entonces, dice el Papa: "No definamos a la mujer por la función y no definamos a la Iglesia por la función". Tiene toda la razón del mundo. Y el tercer argumento del Papa, que yo los tengo bastante estudiados y se los agradezco mucho a él, el tercer argumento del Papa es: ¿Quiénes son las grandes transmisoras de la fe en el mundo entero? Y las grandes transmisoras son las mujeres. Ahora, si el varón se ausenta de la casa, si el varón le deja a la mamá toda la responsabilidad de transmitir la fe, está dañando la obra de la mujer. A ver, Espíritu Santo, ayúdame, porque esta idea, esta idea es controversial y esta idea es fastidiosa para algunos varones, pero hay que decirla. Mire, la mujer es la primera transmisora de la fe, y la mujer es potente para transmitir la fe. Pero si el hombre no apoya, si el hombre no acompaña, no es que el hombre esté fallando simplemente porque deja de transmitir la fe, sino que el hombre que no transmite la fe, el hombre que no es ejemplo de fe, está destruyendo lo que hizo la mamá, está destruyendo lo que hizo su esposa. Y esto se nota muchísimo cuando van creciendo los niños. La mamá transmitiéndole a los hijos, transmitiéndoles, sí, que la oración, la piedad, la misa. Pero muy pronto los niños ya no son niños, ya son adolescentes. Y si el papá no es el primero que dirige la oración, si el papá no es el primero que muestra la alegría de ser convencido y de ser cristiano católico, el papá empieza a destruir. O sea, yo quiero que entendamos la diferencia entre no construir y destruir. Y esto se nota en lo siguiente: en que cuando una mamá, que yo admiro a las mujeres que contra viento y marea han sacado adelante sus familias como viudas, como mujeres separadas, como madres solteras, yo las admiro. No digo que todo haya sido perfecto en la vida de ellas, pero yo admiro a esas mujeres, para mí son heroínas y son un gran ejemplo. Pero yo he comparado, porque tengo mis años, yo he comparado lo que sucede con los hijos de madre soltera y con los hijos de hogares que tienen papá y mamá, la mamá creyente y el papá destruyendo lo que hace la mamá. Y les digo una cosa: le va peor al que tiene papá y mamá cuando el papá destruye lo que está haciendo la mamá, porque en el fondo es como si el papá fuera una burla, es como si el papá le estuviera diciendo, especialmente a los hijos varones: "Tu mamá es que friega mucho", por no decir la otra palabra. "Tu mamá es que friega mucho, pero para ser hombre, tú no necesitas esas cosas". Entonces, la mamá tratando de inculcar: "Oremos el Rosario, la misa, la comunidad, la parroquia, el grupo". Si el papá no apoya, no es que el papá esté no construyendo, es que el papá está destruyendo. Pero la gran transmisora de la fe, y esto lo dice el Papa, además, el Papa Francisco varias veces en audiencias públicas ha recordado que en su propia familia, la gran catequista era una abuelita, la abuelita de él. Él ha contado eso varias veces. La mujer tiene una gran capacidad para inculcar la fe. Y si el papá es verdadero líder de la fe en la casa, hermano, eso vuela. Si el papá no ayuda, quiere decir que el papá está destruyendo. Pero aún así, hay esperanza. No se cansan mujeres, que acuérdense el ejemplo de Santa Mónica. Que el papá no ayudó, papá se llamaba Patricio, ella se llamaba Mónica. El papá Patricio no ayudó, no ayudó. Pero Mónica no se rindió. Mujeres, no se rindan jamás.
Entonces, ¿qué es lo que estamos aprendiendo en esta tercera parte? Estamos aprendiendo que el mundo necesita que las mujeres sean mujeres. Y el mundo necesita que nosotros aprendamos de las mujeres. Soy hombre, les repito, soy varón, y agradezco a Dios que me hizo como quiso hacerme. Y que cada uno agradezca como como Dios lo hizo, hombre o mujer. Yo no tengo conflicto en darle gracias a Dios por ser varón, pero Dios me ha mostrado, pero no ahora, pero es que es desde hace muchos años que yo como hombre tengo muchísimo que aprender de ustedes. Y yo necesito, yo necesito aprender de ustedes. Y es bueno que ustedes sepan que tienen mucho para enseñarle al mundo. Y, por favor, escúchenme, las adolescentes, escúchenme, las jóvenes, sobre todo jóvenes y adolescentes, escúchenme. Nosotros necesitamos, el mundo necesita aprender de ustedes. No las necesitamos compitiendo con nosotros, porque ustedes solo serán hombres de segunda. ¿Me entendieron? Mujeres, si ustedes compiten con nosotros, ustedes van a ser hombres de segunda. Hombres, si compiten con la mujer, se van a convertir en mujeres de segunda, como en esos reinados de belleza donde ahora están coronando a varones. Entonces, entendamos, entendamos lo que está sucediendo. Una mujer que compite con el varón se convierte en un varón de segunda. Y eso es lo que está pasando. Hasta que se cansaron de perder las mujeres y empezaron a decir: Acuérdense lo que está pasando en el mundo del atletismo. Dijeron: "Hey, nosotros no podemos seguir admitiendo las supuestas mujeres trans, las llaman así, no podemos seguir admitiendo mujeres trans en nuestra categoría, porque resulta que las mujeres, las llamadas las mujeres trans, yo no utilizo esa terminología, las llamadas mujeres trans ganan las competencias de levantamiento de pesas, las llamadas mujeres trans ganan las competencias de natación, y el ejemplo que más me gusta por mis estudios de física, pero que me parece dramático, las llamadas mujeres trans ganan todas las competencias de ciclismo". Y tú sabes por qué destaco el ejemplo del ciclismo, porque es que resulta que la biomecánica, ese es el término técnico, la biomecánica de la mujer es distinta de la del hombre, y es distinta de la del hombre porque en la pubertad, pero esto proviene desde el nacimiento y proviene desde los cromosomas XX, en la pubertad la mujer desarrolla una cadera amplia. Esto significa que el ángulo que forma el fémur con la cadera en la mujer es un ángulo que tiene más o menos esta forma, estoy exagerando un poco. Esa forma es la que hace que el cuerpo de la mujer tenga esa figura típica que le resulta tan agradable a la mirada masculina, es decir, la cadera que va bajando hacia las piernas. Pero si la cadera va bajando hacia las piernas, si hay un ángulo, ese ángulo le quita poder al músculo de la mujer en el ciclismo. Si tú miras la cadera del varón, la cadera del varón no tiene esa esa proporción, la cadera del varón baja derecha y, por consiguiente, la fuerza que hace el varón se traduce en un mayor impulso en el pedaleo. El metabolismo, el metabolismo del varón produce mayor masa muscular, y eso no se cambia con dos años de bajo niveles de testosterona, que era la ley antigua que tenía el atletismo para recibir las llamadas mujeres trans en categorías femeninas. Entonces, yo les quiero decir: mujeres, no sean perdedoras. Mujeres, no sean perdedoras. No pretendan ser hombres de segunda. Hombres, no sean perdedores. No pretendan ser mujeres de segunda. Mujeres a las que por compasión se les da una corona de belleza, no sean así por compasión o por agenda política. Sé mujer, sé plenamente mujer, y serás número uno como mujer. Sé varón, sé plenamente varón, y serás número uno como varón. Entonces, ¿qué quiere decir esto? Quiere decir que ellas allá y nosotros acá. No quiere decir que nosotros tenemos que aprender. Pero escribo por ahí, quienes están aprendiendo, las cuatro personas, 12 cansaron las cuatro personas que están escribiendo, escriban: aprender no es repetir. Que yo aprenda de la mujer, por ejemplo, aquí tengo una amiga que tenía muchos días que no veía. Permítame que la salude, Señora Ángela Yolanda. Estoy feliz de verte aquí. Te quiero mucho, Ángela Yolanda. Esa mujer, que además me ha hecho mucho bien, bien que yo cargo para muchos lugares, esta mujer Ángela Yolanda. Yo aprendo de ti. Pero aprender de ti, de tu manera de ser, de tu generosidad, no significa repetirte. Yo no tengo que feminizarme para aprender de ti. Mujeres, ustedes pueden aprender de nosotros. Como uno puede aprender de
Tantas personas el mundo que Dios quiere no es un mundo donde todos los repetimos para lograr un igualitarismo político, económico, sexual, porque eso es lo que quieren imponer un igualitarismo sexual en el que todos somos fluidos. ¿Tú que eres? Soy fluido. ¿Qué significa que eres fluido? Estoy en el flow, fluyo, fluyo infinito. Yo también fluyo. Entonces, esta semana yo soy el hombre y una mujer y la otra semana cambiamos. Vale, entonces todos fluimos, todos fluimos fluidos. En el fondo, ¿qué es lo que quieren? Quieren que todos seamos lo mismo. Pues no. Yo soy hombre, pero hay que evitar dos peligros. Un peligro es lo que ya hemos dicho: si empiezo a feminizarme, a lo sumo seré una mujer de segunda y yo creo que en algunos casos de tercera, de quinta, de décima y de milésima. Y lo mismo la mujer que intenta masculinizarse será su nombre de tercera, de quinta.
Y es que es interesantísimo ver cómo las personas que tratan de vivirlo del otro sexo terminan exagerando tanto algunas cosas. Es que me lo han dicho a mí muchas mujeres, dicen: "Mire, es que es un hombre tan amanerado que las mujeres no gramos así, las mujeres no gesticulamos así". O sea, tratan de moverse como tan especiales, como tan delicados, tan delicados que terminan siendo payasos, no payasos, sino payasos, mujeres de tercera, de quinta. Entonces, hay que evitar el peligro, porque es un peligro. Hay que evitar el peligro de la feminización de los varones, hay que evitar el peligro de la masculinización de las mujeres. Pero que todos tenemos que aprender, todos tenemos que aprender. Y créeme que esto mismo vale para los países, para las culturas, para las razas.
Entonces, si yo voy a una región diferente, la última misión que tuve, he debido pedir más oraciones, pero Dios se glorifica. La última misión que tuve fue en México y estuve en un lugar de México donde yo nunca había estado, el Estado de Tabasco. Estuve en el Estado de Tabasco, me llamó mucho la atención la manera de ser de la gente, son muy diferentes. Yo he estado también en Chihuahua, bueno, en una serie de lugares de México y yo miraba la manera como obran los del norte, tipo Chihuahua, tipo Monterrey, muy diferente como obra Baja California Sur, muy diferente como obra México, el estado de México, como obra Cuernavaca. Bueno, yo nunca había estado en Tabasco, me llevé un mensaje muy lindo de ellos, muy lindo, me llegó al corazón. Yo no soy mexicano, yo soy colombiano, sufro mi Colombia, amo mi Colombia, pero las cosas a los mexicanos y puedo aprenderle cosas a mis amigos, mis nuevos amigos de Tabasco. Yo no tengo que volverme tabasqueño, pero si puedo aprender de los de Tabasco. Yo no tengo que volverme mujer, pero yo sí puedo aprender y debo aprender de la mujer.
Y piensa lo que esto significa en un matrimonio. Piensa en un matrimonio en el que el varón es varón, un varón del que se siente orgullosa esa esposa, feliz de su hombre. Piensa un hombre que se siente feliz de su mujer, que se siente orgulloso, que la mira así como cantaba Leonardo Favio hace unos años. Los jóvenes no saben eso y decía Leonardo Favio: "Sos demasiado para mí y me dan ganas de llorar". Y él dice: "Cuando él abrió a ella, ella quedó plácidamente, claramente es una mujer que no ronca, obviamente". Entonces, ella duerme plácidamente y él se le queda mirando. La mira tan delicada, también hechacita, como decía un amigo mío: "Dios la hizo con pincel, tan bonita". Y así se conmueve y le dan ganas de llorar. "Sos demasiado para mí, sos muy lindo". Un hombre que tiene hombre, una mujer que es mujer.
Pero al mismo tiempo, ahora viene la otra parte, que cada esposo aprenda de su esposa. ¿Qué puede aprender de ella? Porque yo como varón no estoy completo. Fíjese lo que dice: "No estoy completo". En el sentido de que la imagen perfecta de Dios no está en el varón, la imagen perfecta de Dios no está en la mujer. Dice la sagrada escritura: "A imagen suya los creó, varón y hembra los creó". Entonces, esa es la razón teológica profunda por la que los hombres tenemos que aprender de las mujeres. Aprende, aprende tu esposa. Dios te dio una esposa no solamente para que te resuelva unos problemas, que para mí es la peor degradación del machismo y hay que hablar muy duro en contra del machismo, porque la peor degradación del machismo es ver a la mujer como una solución de un problema. "Esta es la mujer que me soluciona mis problemas". Y a veces se le mira simplemente como si fuera una empleada o como si fuera únicamente para solucionar el tema sexual. Por Dios, una mujer es infinitamente más que eso, pero infinitamente más que eso.
Entonces, una mujer no es una solución. Y entre otras cosas, esa es una de las razones por las que a mí me da tanta rabia cuando a veces se habla de esto de de que debe acabarse el celibato en la iglesia. Y siempre por él: "Es que mire los problemas, los escándalos". Y entonces yo me le quedo mirando a la persona que me habla así y le digo: "Espérate un momento, o sea, tú me estás diciendo que la manera de ponerle un parche a un pervertido es darle una mujer". O sea, una mujer es un parche, o sea, una mujer es un remedio, es una terapia. Por Dios, una mujer es infinitamente más que eso. Una mujer, cada mujer ha sido infinitamente amada por ser quien es. La sangre de Cristo se derramó profusa y abundantemente por cada mujer desde que ha sido concebida. Entonces, no puede ser, no puede ser que nosotros lleguemos a ese extremo de convertir a las mujeres simplemente en soluciones.
Pero si tenemos que aprender. Y yo trato de aprender. Y quienes me conocen un poquito más de cerca en familia espiritual, incluso me lo decía hace unos días una persona, me decía: "Fray, noto que estás hablando bastante más de tu mami". Tiene toda la razón. ¿Y sabe por qué estoy hablando más de mi mamá? Para los que no sepa, mi mamá murió hace 13 años. ¿Sabe por qué estoy hablando más de mi mamá? Porque 13 años después, yo sigo aprendiendo de una mujer que Dios me dio. Yo sigo aprendiendo de ella. Y hay que aprender. Soy varón, feliz de ser varón, y estoy aprendiendo de las mujeres. Y hay que aprender, sobre todo los valores que nos cuenta el Papa Francisco, eso, sí, muchos otros, todo lo que tiene que ver con ese cuidar, hacer posible la vida, custodiar la vida.
Y para que te des cuenta que estos no son solo ideas del Papa, mira lo que dice el libro del Génesis en el capítulo cuarto. ¿Qué es lo que pregunta Caín? "¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?". Ahí está la tentación muy masculina, me perdonan varones, ahí está la tentación de desentenderse: "Yo a lo mío y que cada uno haga lo que quiera y lo que pueda como pueda". Dios no quiere que el varón sea eso. Tú eres bien varón, bien XD, bien claro, bien hormonado, bien completo, pero así, así, bien varón y todo. Así, Dios quiere que tú aprendas de la mujer, la mujer que cuida, la mujer que custodia, la mujer que hace posible la vida. Eso quiere Dios.
Nuestra última sección está dedicada a María Santísima. Ahora pensemos esto a la luz de todo lo que hemos dicho desde que empezamos cultura, wow, y todo eso. A la luz de todo eso, hagámonos esta pregunta: si hay tanto que aprender de la mujer, de cada mujer, de cada una, lo que aprender de ti, te voy a aprender de tu hija, tengo que aprender de ti. Si hay tanto que aprender de cada mujer, ¿no habrá mucho que aprender de la bendita entre todas las mujeres, como la llama la escritura? Lucas capítulo uno dice eso. En el libro de Judit aparece una expresión semejante. Cuando en la ciudadela de Betulia estaban cercados por los enemigos, los judíos, una mujer, además de bella, sabia y además de bella y sabia, valiente, llamada Judit, una mujer se plantó frente a los ancianos que eran todos varones, el senado de Betulia. Se plantó frente al senado de Betulia, los judíos aquellos, y les dijo: "Ustedes no son nadie para ponerle condiciones a Dios". Ese es el corazón del mensaje de Judit. Por favor, leer el libro de Judit.
Entonces, Judit se planta y cuando viene la victoria de Dios, la preciosa victoria de Dios, entonces la gente entusiasmada le dice a Judit: "Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres de la Tierra". Eso lo dicen ellos, porque una ciudadela llamada Betulia, que dicho sea de paso, los historiadores, los exégetas, los arqueólogos no terminan de ponerla en el mapa, no está totalmente claro dónde estaba Betulia. O sea, que se pueda decir en tales coordenadas de Google Maps, ahí está Betulia, no se puede decir. Si por salvar la ciudadela de Betulia, si por abrir la puerta a una fe plena en Dios, la mujer llamada Judit fue celebrada como: "Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres de la Tierra". Ese texto está en el libro de Judit. Ahora, dime, ¿qué tenemos que decir de aquella que abrió las puertas de la salvación con un "síguenosito"? Esas son las palabras como la recibió la iglesia por primera vez. Ese es el original griego que no y tomó y que suceda para mí, catato, según lo que tú has pronunciado, según lo que tú has dicho. Lucas capítulo uno. Y con esas palabras, ella se abre radicalmente al plan de salvación. ¿No tendremos algo y mucho que aprender de ella?
Y luego, como dijo bellamente el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud, precisamente invitando a miles y miles de jóvenes y además de ellos a todos nosotros, dice él: "María no se quedó simplemente allá sentadita contemplando, tan bonita yo, tan bonita yo. Ahora toca ver si este bebé me dejará estrías o no". No estaba ella obsesionada por las estrías. Ella tenía una preocupación: "¿Qué va a pasar con Isabel? Isabel está embarazada, Isabel es mayor, ¿quién la va a ayudar?". O sea, María es la imagen de lo que el mismo Papa llama la iglesia en salida. María es la imagen de eso, la persona que no se encierra en su tesoro, sino que sale a servir. ¿Te parece que es muy pasiva? Tal vez simpatizas con el feminismo. ¿Te parece que es muy pasiva la que en las bodas de Caná, antes que cualquiera se da cuenta lo que está sucediendo, interviene? Interviene como tiene que intervenir. "¿No tienen vino?". La respuesta que le da a Jesús no es muy alentadora. Literalmente traducido al griego es: "¿Qué a ti y a mí, mujer?". Eso no es muy alentador, suena más bien brusco, por no decir grosero. Perdóneme, Señor Jesucristo. Esas son las palabras de Jesús. ¿Y ella? ¿Qué? ¿Ella qué dijo en ese momento? Perdón, pues ya no le pueden ni hablar. Ella dijo: "Eso". No, ella obró con infinita sabiduría y como si no hubiera oído nada. Por eso tengo que la mujer tiene su estilo, la mujer tiene su estilo. Llega Jesús y le suelta semejante frase que eso, los exégetas, yo tengo un pedacito, los exégetas hacen malabarismos para explicar. Espere, que es que Jesús, que es que Jesús, tratando de explicar esa frase, y María, como si no hubiera oído, le suelta semejante lapo. Y María se va donde los servidores y le dice: "Miren, hagan lo que él les diga". Mire la sabiduría, mire la delicadeza, mire la pureza de intención, mire cómo se pone en riesgo por otros. Mírela. ¿No tendremos mucho que aprender ahí? Pero mucho. Entonces, eso es grandioso para nosotros.
Luego la vemos de pie junto a la cruz, lo cual ya da para toda una conferencia que no la voy a dar ahora, pero sabes que si te quiero destacar que muchos ya me lo han oído predicar, pero no voy a repetir aquí. De pie junto a la cruz está María, aquí está María Santísima. De pie junto a la cruz está Juan, que estaba más o menos seguro porque era pariente del sumo sacerdote. Y los otros, los otros no estaban al pie de la cruz. Nosotros somos una pandilla de traidores, eso es lo que son. Y Jesús luego dice: "Oren". Ya resucitado, Jesús dice: "Oren para que venga el Espíritu Santo". Y ahí tienes a María junto a los traidores. Miren, yo hay días que estoy tan fervoroso que me salen lágrimas pensando en eso. O sea, ¿qué mamá, qué mujer, mamá se sienta a orar con los traidores? Los mismos que le dieron la espalda a Jesús, los mismos que los mismos que no sirvieron para nada, los mismos que traicionaron, los mismos que abandonaron. Y ahí está ella orando. ¿Y para qué está orando? Para pedir el Espíritu Santo, que es el don por excelencia de Dios. No hay don más grande que el Espíritu Santo. Y ella está orando para pedir el Espíritu Santo para quién, para esos traidores, para esos traidores. O sea, dime de qué tamaño es ese corazón, dime qué está escrito en ese corazón. Por eso siempre que tengo que predicar del Corazón Inmaculado de María, siempre digo la frase de San Lucas: "Ella guardaba todas estas cosas en su corazón". ¿Dónde voy a encontrar una biblioteca mejor? ¿Dónde voy a encontrar a alguien que haya entendido mejor el evangelio desde la A hasta la Z, desde el Alfa hasta la Omega, que es la manera correcta de pronunciar la letra? ¿Dónde voy a encontrar una mujer que lo entienda mejor? No tengo yo mucho que aprender de ella y mucho que recibir de esa oración.
Es curioso que muchos grandes santos de la antigüedad atribuyen el regalo de Pentecostés, entre otras cosas, a la eficacia de la oración de ella. Pero ella no era la única que estaba orando, eso hay que aclararlo inmediatamente. Está orando otras mujeres y estaba orando los mismos apóstoles y seguramente otros discípulos. Entonces, aquí es donde vienen los últimos puntos, un poquito apologéticos, pero es que son necesarios. El libro del Apocalipsis nos dice que las oraciones de los santos suben como incienso en la presencia de Dios. Las oraciones de los santos suben como incienso en la presencia de Dios. Entonces, una pregunta que uno tiene que hacerse es: ¿el amor que nosotros tenemos en esta tierra se destruye cuando nosotros morimos? ¿El amor que nosotros tenemos, el amor que está ahí, eso muere cuando la persona muere? Por supuesto que no, porque la muerte del creyente es la unión definitiva con Cristo. Entonces, ¿cómo va a ser posible que la unión definitiva con Cristo debilita, empobrece o acaba mi oración? Como dicen los gringos, no tiene sentido. O sea, yo en esta tierra, imagínate, es por ti, ¡ánimo muchacho!, ¡ánimo!, no se rinda, ya casi lo logramos, yo estoy orando por ti. En esta tierra, llega mi momento de unirme para siempre con Cristo. [Música] Y mi caridad hacia ti y mi amor en Cristo para contigo se pierde y no seas, no tiene sentido. Esa es la razón profunda por la que nosotros no solamente creemos en el ejemplo que nos da María, sino en la intercesión de María, porque la muerte no va a destruir el amor que está en ti, si la muerte es la entrada en la gloria definitiva. Eso no va a destruir la unión que tú tienes con Dios. A ver, ¿por qué la gente le pedía oraciones a Pablo? ¿Porque Pablo pedía oraciones? Pues por unión con Dios. Pablo oraba a Dios por las comunidades porque Pablo estaba unido con Dios por la fe y la caridad. Esa es la razón para orar. Si esa es la razón para orar, yo te pregunto, ¿esa fe que ahora se ha convertido en plena visión y esa caridad que ahora se ha convertido en plena unión se van a acabar con la muerte? Por eso nosotros creemos en esa intercesión.
Hermanos, hemos llegado al final. Yo quiero contarles que hay un camino grande de sanación, que el mundo necesita un camino muy grande de sanación. Y una gran parte de la enfermedad que tenemos hombres y mujeres es por habernos apartado de los verbos más propios de la mujer. Mujeres, no se dejen embaucar, no se dejen embarcar, no pierdan su ser femenino. Varones, valoren a la mujer. Aprendamos nosotros, varones, de ellas. Ustedes, mujeres, aprendan lo que ven que pueden aprender de nosotros. Pero el mundo está enfermo y es hora de que tomemos el camino que nos muestra la senda de la vida. Y la ministra de la vida es la mujer. Y hay dos mujeres conectadas con la vida: Eva y María. Por supuesto, ya sabemos lo que hizo Eva y ya sabemos lo que hizo María. Les invito a ponernos de pie para cerrar con una oración.
Padre Dios, en medio de las confusiones de este mundo, tú nos has dado claridad sobre cuál es su plan, tu plan para el hombre y tu plan para la mujer. Por eso yo te suplico, trae tu luz, trae tu alegría, trae tu paz y trae tu bendición para cada hombre y para cada mujer que se encuentra en este lugar o que después escuche estas palabras. Trae tu bendición, trae tu amor, Señor. Haz que aprendamos a valorarnos, haz que aprendamos a aprender los hombres de las mujeres, las mujeres de los hombres. Y sobre todo, que recordemos que aprender no es repetir. Te doy gracias por cada mujer, te doy gracias por María Santísima. Y te pido que su suave y eficaz intercesión haga su obra en nuestros corazones para que seamos completamente de Cristo.
Te saludo, María, muy amada, el Señor está contigo. Bendita tú entre las mujeres y bendito Jesús el fruto de tu vientre. Jesús. Les voy a ofrecer la bendición porque termina esta predicación, pero recuerden que la asamblea continúa y que al final tenemos la bendición propia de la asamblea. Que el Señor esté con ustedes. La bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda y permanezca siempre.