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Mira, cuando hablaba hace un momento del diagnóstico, me refiero simplemente a la comprensión de que la mayoría de la gente quiere su sufrimiento, quiere conservarlo y no está dispuesta a mover un dedo por resolver el problema. Y no digo esto porque sí; llevo demasiados años dedicado a esto como para haberlo visto en infinidad de ocasiones. Prácticamente es lo que veo. Entonces, si esto es así, incluso, a ver, no porque yo prefiera que sea así, sino que inevitablemente me he ido dando cuenta de que esto es así.
¿Por qué? Porque ofreciendo herramientas a personas, no ya eh personas que ni siquiera son conscientes de la necesidad que tienen de sanar, sino ofreciendo herramientas a personas que sabían que tenían la necesidad de sanar, el uso que han hecho de estas herramientas eh ha sido eh bastante escaso, bastante poco productivo. Y he visto a tantas personas llegar a límites, a sus propios límites y no pasar más allá de ellos, sino quedarse a este lado, que lo habitual es eso.
Por lo tanto, cuando tú entiendes eso, cuando tú entiendes que la mayoría prefiere la enfermedad a la curación, ya no te extraña nada y tampoco te enredas en este tipo de cuestiones. Ahora dices, "Bueno, mi madre viene diciendo que tiene pesadillas". Si tú vieras a personas como tu madre todos los días durante más de 20 años queriendo conservar intacta su situación mental, ni siquiera te llamaría ya la atención. Dirías: "Bien, mi madre con pesadillas. El otro con obsesiones, el otro con sus adicciones, y está bien, está bien". Te centrarías en todo caso en aquellos pocos casos, valga la redundancia, donde sí hay alguna mínima eh intención de resolverlo.
Por lo tanto, cada uno con lo que pide, y que lo disfrute o lo sufra o haga con ello lo que deba hacer. Pero si tú te involucras en los problemas de otro, sabiendo que probablemente no esté dispuesto a resolverlos, a no ser que haya algo que te muestre lo contrario, quien está en problemas eres tú, tratando de salvar a otro de lo que no quiere ser salvado. No.