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Evangelio día Viernes 17/07/26 - Padre Luis Gaspar - Mateo 12, 1-8 - Espigas arrancadas en sábado.

Cooperadores de la Verdad (Católico)17:57

Transcription

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo atravesó Jesús en sábado un sembrado. Los discípulos que tenían hambre empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos al verlo le dijeron, "Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitido en sábado." Les replicó, "¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de los propósitos, cosa que no les estaba permitido ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes. Y no han leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa. Pues les digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendieran lo que significa quiero misericordia y no sacrificio, no condenarían a los inocentes, porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado."

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

El evangelio que acabamos de escuchar, queridos hermanos, nos invita nuevamente a interpelarnos, a cuestionarnos y siempre viene bien porque no somos robots, no somos mascotas, tenemos inteligencia, capacidad para conocer. Tenemos voluntad, capacidad para amar, limitado, pero tenemos porque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Y también tenemos libertad para elegir lo que nuestra inteligencia nos muestra, el bien o el mal. Y en ese sentido tenemos la libertad de los hijos de Dios. Muchas veces les he exhortado diciéndoles, "Sean honestos y asuman la responsabilidad de sus actos y no le echen la culpa a Dios porque tenemos la libertad para elegir el bien o el mal." Y Dios nos ha dejado la conciencia que su voz está en nosotros para elegir siempre el bien. Pero sin embargo, por las heridas del pecado, la carne, el cuerpo tiende al mundo y ahí hay una lucha interior. Y para vencer al pecado y a las tentaciones está en nosotros la fuerza de Dios que lo alimentamos como hoy con la Santa Misa, con nuestras oraciones diarias, con la lectura de la Biblia, por ejemplo, con los bienes espirituales.

La escena de hoy, el contexto es el siguiente, queridos hermanos, los fariseos, [resoplido] los fariseos son muy escrupulosos, podríamos decirlo, en vigilar que se cumpla la ley, la norma. Pero para empezar, ellos mismos ni cumplen la ley, pero sí exigen a los demás, al pueblo. Y aquí hay una escena, hay una ley en tiempos de Jesús que los sábados es sagrado, no se trabaja, no se hace esfuerzo humano, lo mínimo de lo mínimo, pero en casa. Y resulta aquí que Jesús está con sus apóstoles y está cruzando un campo de trigo y empiezan arrancar las espigas, no por mala gente, no por destrozar el sembrío, tenían hambre y querían alimentarse de las espigas. Y aquí nos encontramos con los fariseos, el dedo acusador. ¿Por qué si en sábado está prohibido hacer esfuerzo? Y ahí el Señor les da el siguiente mensaje. Resumiríamos en tres cosas. Primero, el sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado. Lo segundo, aquí hay uno más grande que el templo, Jesús, nuestro Señor. Y la tercera idea que el Señor responde a los fariseos diciéndoles, "Misericordia quiero y no sacrificios."

¿Qué significa el sábado para el hombre y no el hombre para el sábado? Pues que lo esencial, queridos hermanos, es Dios. Y el descanso Dios lo ha dado para que el hombre viva, no para asficiarlo, no para encuadrarlo, sino para que viva. Y estas leyes como esta, la del sábado, lo está asficiando a las personas. Cuántas veces también a nosotros nos pasa igual. Estamos hablando de los fariseos, pero hoy también puede haber aquí fariseos. La ley, ¿no? La ley para los demás y para ti lo informal. En nuestra familia nos llenamos de reglas, ¿no? Continuamente hay que hacer. Haz esto a tus hijos o a tu esposa o a tu esposo, incluso a tus vecinos. Incluso en tu parroquia. Cuántas veces no me he encontrado yo con feligreses, pero padre, ¿por qué usted no hace esto o por qué ha hecho lo otro? No. Y al final resulta que somos más papistas que el papa, como los fariseos. Y aquí se nos olvida algo esencial, ¿no? La ley sola, fariseo. Lo esencial es el amor. El amor. Ley sin amor es algo muerto. La fe, hermanos, no es cumplir por cumplir. Como robots, no somos títeres de Dios. La fe es vivir. Vivir en el amor a Dios, en el amor al prójimo. Y si hay leyes, normas como las que tenemos en la iglesia, porque también es una sociedad espiritual, es por nuestro bien para llegar a la meta que es el cielo. Pero esa ley tiene misericordia, tiene amor.

Y Jesús dice también, "Aquí hay uno más grande que el templo." Jesús se presenta como el Señor del sábado. Él es el nuevo templo. Él es el templo de Dios visible. Por eso, hermanos, donde está Jesús, ahí está Dios. Y donde está Dios, pues hay vida, hay sanación, hay pan para el hambriento. Los discípulos tenían hambre y comieron. Dios prefiere un corazón necesitado que se acerca antes que una observancia de una ley que no tiene amor, que está vacía. Y finalmente dice el Señor, "Misericordia quiero y no sacrificio." Esta es la clave del evangelio de hoy, esta frase, "Misericordia quiero y no sacrificios." ¿De qué nos sirve venir hoy a misa o todos los días o cada domingo o tener un turno en la capilla de adoración eucarística o ser devoto al Divino Niño o a la Virgen del Carmen? O rezar todos los días el Santo Rosario. ¿De qué nos sirve si no hay amor? ¿De qué nos sirve si salimos de misa? Si salimos de la capilla, si después de rezar el Santo Rosario o de mostrar nuestro amor a la Madre de Dios, a nuestros santos, si no hay amor de nada.

Misericordia quiero y no sacrificio. Quiere nuestro Señor misericordia y hoy también nosotros pues apliquémoslo a nuestra vida con el Hijo que se equivoca. Misericordia. Con el esposo cansado, misericordia. Con ese vecino difícil, misericordia. Quiere nuestro Señor que antes de juzgar preguntémonos, ¿esta persona necesita ayuda? Tal vez por eso te está soltando palabras malentes. A lo mejor necesita ayuda a tu hijo porque está llevando su procesión interior y no te está comentando. En vez que le des órdenes, en vez que lo juzgues, pregúntate, ¿qué necesita esta persona? A lo mejor una ayuda. El sacrificio sin misericordia, hermanos, se vuelve piedra, duro, frío, calculador. La misericordia sin fe se pierde. Tienen que ir las dos juntas. Son el corazón de Jesús. No solo la ley y no solo la misericordia. Porque puede haber solo misericordia sin ley, eso también es una injusticia. De la mano, la ley con la fe, la ley con el amor, la misericordia con las normas, con las reglas, que es para nuestro bien.

Pues bien, queridos hermanos, le decimos a Jesús, nuestro Señor, enséñanos que tú eres más importante que cualquier norma. Danos un corazón misericordioso como el tuyo.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Rezamos hoy viernes al Sagrado Corazón de Jesús, una piedad cristiana antigua cada día de la semana dedicarla una advocación y hoy viernes al Sagrado Corazón de Jesús.

Letanías al Sagrado Corazón de Jesús. Repetir cada invocación.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, óyenos.

Jesucristo, escúchanos.

Jesucristo, escúchanos.

Después de cada invocación responder: Ten misericordia de nosotros.

Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Después de cada invocación, responder: Ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen, Madre, por el Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, templo del Santo de Dios, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, en quien mora toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos nosotros hemos recibido, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, deseo de los collados eternos, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, paciente y muy misericordioso, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, liberal con todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús colmado de oprobios, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, desgarrado por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús traspasado por una lanza, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, víctima por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.

Jesús manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Oremos.

Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el corazón de tu amadísimo Hijo y las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te tributa y concede aplacado el perdón a estos que piden tu misericordia, en el nombre de tu mismo Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Este día, al iniciar pedimos su amparo, su auxilio, su socorro de nuestra madre, la Virgen del Carmen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Ave María purísima, sin pecado concebida.

El Señor esté con ustedes.

Y con su espíritu.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Amén.

Glorifiquen al Señor con sus vidas. Pueden ir en paz.

Gracias.