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Bienvenidas a la esencia de mi devoción. Cada día es una nueva oportunidad para encontrarnos con Jesús y escuchar su voz en medio de un mundo que quiere distraernos. Recordaremos que la fe verdadera no es emoción pasajera, sino una decisión diaria de seguir a Cristo, de interiorizar en él para que nuestro corazón siga transformándose.
Hoy en este episodio hablaremos de la importancia del discipulado. En Mateo 28 del 18 al 20 dice: "Así que vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes." Una escritura muy conocida.
El discipulado no es un curso, es caminar juntas. Jesús nos llamó a ser discípulos, no a ser consumidores de prédicas. Hoy más que nunca necesitamos relaciones que nos reten, que nos enseñen, que nos impulsen a obedecer. No únicamente relaciones para un paseo, para un viaje, para una fiesta, para reír y recordar cosas de antaño, sino necesitamos personas a nuestro lado que nos inspiren a cada día ser más como Cristo.
Te animo a que busques alguna hermana. Quizá no tienes mucha cercanía, pero búscala, conversa con ella, ora, comparte escrituras, haz un tiempo especial para poder unirte y aprovechar las herramientas que tienes como hija de Dios.
Oremos. Señor bendito y Padre poderoso, en este momento te suplico que me des ese corazón humilde para ser discipulada y un corazón generoso también para ayudar a otras en nuestro caminar cristiano. Gracias, Señor, por tu presencia en nuestras vidas.
Hoy la palabra nos reta vivir en coherencia. Recordemos, nuestra fe no es un accesorio, es nuestra identidad. No hay medias tintas. O seguimos a Cristo o seguimos al mundo. O somos discípulas o no lo somos. Elige bien hoy porque tu decisión marca tu eternidad.
Nos encontramos mañana en un nuevo episodio de la esencia de mi devoción para que podamos regresar y puedas recuperar tu primer amor. Dios te bendiga.
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