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Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo, "Paz a vosotros." Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado, y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió, "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo." Y dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo, "Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados. A quienes se los retengáis, les quedan retenidos."
Palabra del Señor. Podemos sentar, hermanos. Espero que estés contento. Ojo, contento. Hay un santo, San Alberto Hurtado, chileno. No sé si habéis escuchado hablar de él. Siempre decía una frase, contento, Señor, contento siempre, ¿no? Porque se puede estar contento en medio del sufrimiento o no se puede. ¿Es contrario la alegría al sufrimiento? No, no son contrarios. Lo contrario a la alegría es la tristeza. Por lo tanto, se puede sufrir con alegría. Por eso, a pesar de que todos los que estamos aquí, todos traemos hoy nuestra cruz, traemos hoy nuestras nuestras pobrezas, traemos nuestras angustias, ¿verdad? Pero hoy viene el Espíritu Santo, hermanos, no porque sea hoy Pentecostés, viene siempre en todas las eucaristías, viene cuando te confiesas, viene cuando cuando puedes perdonar a un hermano, viene a ayudarte. Hoy viene el Espíritu Santo a ayudarnos en esta Eucaristía a consolarnos. Dulce consolador, es un consuelo. El Espíritu Santo viene a consolarnos a los que necesitamos hoy el consuelo. Yo estoy muy contento en medio, insisto, del sufrimiento. Espero que tú también estés pues contento.
Ya la Pascua se acaba. No estamos contentos porque se acabe la Pascua, sino porque el Señor ha pasado, que es lo que significa la Pascua, ¿no? El Señor ha resucitado. Espero que que haya resucitado algún aspecto, aunque sea pequeñito, en tu vida. Alguna cosita, al menos que quieras que quieras salvarte. Me impresionaba ahora cuando leía la secuencia de Pentecostés dice, "Salva al que busca salvarse." ¿Tú buscas salvarte? Yo creo que sí, ¿no? Espero que sí. Yo busco salvarme. Yo busco ser feliz, pero la salvación es ser feliz.
Estos días también pensaba un poquito sobre la santidad y reflexionando yo decía, "Mira, si yo si yo me muero sin ser santo, mi vida ha sido un fracaso." Un fracaso. Pues si tú te mueres sin ser santo, tu vida no ha servido para nada. Por más que hayas tenido hijos, nietos, una casa en no sé dónde, un paseo a no sé dónde o lo que quieras, no has servido para nada. Porque el único fin nuestro en nuestra vida es ser santos. Por lo tanto, ser felices, hermanos. Ser felices. Los santos son felices. Y a veces nos han pintado una película ahí de de que los santos son gente muy triste, gente como amargada. No, no, para nada.
Ahora sabéis la noticia de la diócesis de Santander, ¿no? Me imagino que la habéis escuchado. 80 mártires que ha reconocido el Papa León. 14 80 mártires de la guerra civil. La mayoría sacerdotes, creo que unos 70 casi sacerdotes, los ha reconocido el martirio. La diócesis tiene 80 mártires. ¡Qué alegría! Es una alegría, hermanos, porque la sangre de los mártires es semilla de cristianos. Y entonces esto, ¿por qué? Porque iban felices también. Iban felices al martirio. Digo esto porque ojalá el Señor nos conceda el consuelo hoy a través del Espíritu Santo.
Espíritu Santo. Tenemos unas unas concepciones a veces un poco raras. Hm. Hemos creído que el Espíritu Santo es muy delicado, muy delicado, tan delicado que cuando cometemos algún pecado se va. No, hombre, no. Pues vaya, abogado defensor, entonces que nos ha dejado Dios. Dice, "Cuando me vaya os enviaré al abogado, al defensor, el que os va a defender, el que os va a ayudar." El el Espíritu Santo no es esa palomita, me perdonáis, esa palomita que uno va por la calle, le hace así y se va volando. No es esa copita de vidrio que no puedes casi ni mirar, ese cristal de bohemia que se rompe solo con mirarlo. No, no, ese no es el Espíritu Santo.
Espíritu Santo está contigo, te consuela, te ayuda, te defiende y está contigo desde el día del bautismo. El día del bautismo, tú fuiste bautizado con el Espíritu Santo. Es verdad que a veces no le hacemos caso, que a veces le callamos, pero está ahí y te está hablando y es el que te dice, "Te tienes que confesar." Es el que te dice, "Pide perdón a tu mujer porque te has portado muy mal." Es el que te dice, "Sé generoso con ese que está pasando hambre." El Espíritu Santo es el que te dice, "No hagas eso." Tú puedes decir, "Ah, cállate, yo hago lo que quiero." Puedes hacerlo, por supuesto, no nos obliga, pero Espíritu Santo está con nosotros. Y Espíritu Santo viene, hermanos, cuando más lo necesitamos, nos inspira y nos ayuda cuando más lo necesitamos.
Esta secuencia de Pentecostés que os invito a que la busquéis y que la recéis esta semana, cuando tengáis un rato libre, rezadla, rezadla. Esta secuencia mañana domingo la cogéis y la rezáis un poquito. Secuencia de Pentecostés, búscalo en internet en vez de buscar tantas tontadas que buscamos a veces. Fíjate lo que decía, dice, eh, dice, "Riega la tierra en sequía." En sequía. Estoy diciendo que el Espíritu Santo viene cuando más lo necesitamos. No dice, "Riega la tierra que que ya está regada." No, dice, "Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo." Espíritu Santo no viene a nosotros cuando somos maravillosos, hermanos. Viene cuando estamos enfermos, cuando estamos en sequía. Dice, "Lava las manchas cuando tenemos manchas. Infunde calor en el hielo. Cuando somos un hielo, doma el espíritu indómito cuando somos indomables, cuando nadie nos doma, cuando somos unos soberbios, que hacemos lo que nos da la gana, hermanos, que suele ser bastante habitualmente, ¿verdad? Pues que venga el Espíritu ayudarnos. Es allí cuando viene el Espíritu Santo, cuando más lo necesitamos, cuando necesitamos que alguien nos defienda, cuando necesitamos cuando estamos mal, cuando no no sabemos qué hacer con la vida, cuando no sabes qué hacer con tu matrimonio, cuando no sabes cómo estar feliz en la relación con tus hijos, en ese problema que tienes en el trabajo, ahí viene Espíritu Santo, invócalo. Ven, Espíritu, ven, ayúdame. Ayúdame. Y y el Espíritu Santo viene y te ayuda. Por eso esta secuencia a mí me encanta.
Pero hay una cosa, hermanos, que hace el Espíritu Santo en todos nosotros, que es la prueba, es la prueba definitiva de que el Espíritu está obrando en tu vida, de que no lo has callado. Y sabes cuál es, nos lo dice la segunda lectura hoy. Decía, empezaba así, hermanos, dice San Pablo, hermanos, nadie puede decir Jesús es el Señor sino por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos sella en el corazón, en nuestra vida, que Cristo es Señor, que es el Señor. ¿Qué quiere decir que Cristo es el Señor? Que tiene poder. Eso es el Señor que tiene poder sobre lo que tú y yo no tenemos poder, que tiene poder sobre lo que hoy te sobrepasa, que tiene poder sobre esa tristeza que estás viviendo, sobre esa depresión. Tiene Cristo tiene poder. Tiene poder sobre ese egoísmo profundísimo, sobre esa esclavitud que tienes. No lo sé, quizá la sexualidad, quizá ese amor desordenado al dinero, ese amor profundísimo al dinero, quizá quizá no quizás no tiene poder sobre esta esclavitud que tienes de vivir para ti mismo, de mirarte todo el día al ombligo. ¿Te has dado cuenta que lo hacemos habitualmente? Lo hacemos mucho mirándonos a nosotros, mirándonos a nosotros sobre esa ese sobre ese esa actitud que tienes de hablar mal de los demás, de creerte mejor que el otro. Espíritu Santo es humilde. Espíritu Santo nos ayuda. Es este maestro interior que tenemos dentro que nos nos aconseja y que nos sella, hermanos, que Cristo es el Señor. Bastaría que tú tuvieras dentro de ti que Cristo es Señor y tu vida se soluciona. Se solucionarían todos tus problemas. ¿Seguirías casado? Sí. Con el mismo Señor. Sí. No cambia al Señor, cambia tu corazón. No cambia tu señora, cambia tu corazón. No cambian tus hijos, cambia tu corazón. No cambia la situación. Eh, yo soy sacerdote, tú eres viuda, estás casado, lo que sea, no cambia, sigues en lo mismo, pero con alegría.
Por eso, desde el día del bautismo se nos ha dado el mayor regalo, hermanos, este Espíritu Santo. Hoy el día de Pentecostés no es un día para, digamos que hoy no es hoy viene el Espíritu Santo, no, ya lo tenemos. Hoy celebramos que el Espíritu Santo lo ha mandado el Señor para ayudarnos, para dejarnos esta ayuda constante. Eh, me impresionaba. ¿Os habéis fijado lo primero que hacen los discípulos cuando llega el Espíritu Santo? ¿Cómo estaban? Estaban encerrados. Insisto, riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo. Estaban encerrados por miedo. Tenían miedo, estaban ahí asustadísimos. Y llega el Espíritu Santo ahí en ese momento. No llega el Espíritu Santo cuando salen a evangelizar. No, no llega antes. ¿Para qué? Para que salgan. Lo que hace el Espíritu Santo en ellos es que salgan de sus miedos, que puedan arriesgar su vida y todos van a morir mártires, prácticamente todos. Espíritu Santo le lleva esto y y fijaros lo que comentaba todo el mundo. Decía, "¿Cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?" Esto se llama el don de lenguas, pero el don de lenguas lo hemos interpretado muchas veces muy mal. Creemos que es que todo el mundo habla todas las lenguas, incluso lenguas inventadas o lenguas nuevas. No, no, no, espera, espera. No es eso. La traducción literal de la palabra de Dios dice que todos les entendían. Todas las naciones entendían su idioma. ¿Cuál es el idioma universal? El amor, el Espíritu Santo te lleva a amar, te lleva a amar, a perdonar, a comprender, a tener paciencia con el otro. Paciencia es un fruto del Espíritu Santo. ¿Sabéis los dones del Espíritu Santo? ¿Los sabéis? ¿Los repasamos? A ver, volvamos a la clase de catequesis de primera comunión. Los dones del Espíritu Santo, sabiduría, inteligencia, no prudencia no es un don del Espíritu Santo. Sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor del Señor. Siete, no, ¿no te acordabas ya, eh? ¿No te acordabas? Y los frutos, búscalos en internet. Los frutos, ¿cuáles son los frutos? Los frutos son 10. Entonces, a ver, paciencia, ahí está, longanimidad, benignidad, bondad, amor. El amor es la más importante y y otros los buscáis. El amor es el más importante porque es el amor el idioma que entiende todo el mundo. Es el amor el idioma que está esperando tu hijo que no viene a misa, que está esperando a entender de ti. Tu esposo que no quiere ni acercarse por esa puerta está esperando ese amor, está esperando que tú hables ese idioma nuevo. Es nuevo para él. Es nuevo para ella, para tus hijos, para tus nietos. No, no, no les, no les hables mucho de Dios, ámales, porque Dios es amor y si tú amas, lo estás evangelizando. Ese es el idioma, hermanos. Eso es lo que el Señor nos quiere dar en este día de Pentecostés.
Que el Señor nos ayude. El Señor nos trae la paz. El Señor nos da su Espíritu Santo. No importa cómo hayas venido hoy. Lo que os quiero decir hoy que no importa, no importa los pecados que tengas, no importa cuántas cosas, cuántas cosas raras eh tienes en tu vida, qué caos está en tu, no te preocupes, Espíritu Santo, va poniendo todo en orden, va colocando todo. Tú solamente déjate llevar, déjate hacer, déjate hacer. Espíritu Santo lo hará. No enjaules al Espíritu Santo, que a veces lo enjaulamos, como es un pajarito, lo metemos en una jaula, ¿eh? Y ya está. Y y le decimos, "Tú calla, tú cállate." No, deja que vuele. Espíritu Santo es originalísimo, es muy original y nos trae unos dones preciosos a todos. Y a uno le da un don, a otro le da otro don. El que Dios quiere. El que Dios quiere. Esto no es como una caja de bombones que uno elige el que quiere, ¿no? Ah, yo quiero el don de sabiduría, no, yo quiero el don de inteligencia, yo quiero el don de eh consejo. No, no. Señor te da el que quiere, eh, ¿qué quiere? A unos les da un poquito más, a otros menos, da igual, pero siempre el Señor nos da los dones que necesitamos para poder amar al que tenemos al lado. Quizás para poder amar al que tienes al lado necesitas la paciencia. Pues el Señor te da a través del Espíritu Santo el fruto de la paciencia. Quizá necesitas la bondad, pues te la da. No lo sé, hermanos.
Mucho, mucho, mucho ánimo. Yo quiero que que hoy estéis verdaderamente contentos y termino con esto. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados. Espíritu Santo nos da el poder perdonar pecados. No solo a los curas. Tú también puedes perdonar pecados. ¿A quién? Al que ha pecado contra ti. Perdona. Perdona al que te ha ofendido. No lo decimos en el Padre Nuestro. Perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Tú puedes perdonarlos o retenerlos. Tú verás, un cristiano perdona los pecados.
Que el Señor nos ayude a hacerlo verdaderamente. Que así sea, hermanos.