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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.
[canto] En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente, diciendo, "El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga, apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo, "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo, "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntan, "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió, "No, que recoger la cizaña pueden arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega. Y cuando llegue la siega, diré a los cegadores, [carraspeo] arranquen primero la cizaña y átenle gavillas para quemarla. y el trigo almacénlo en mi granero."
Les propuso otra parábola. El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo. Aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas. Se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola. El reino de los cielos se parece a la levadura. Una mujer la masa con tres medidas de harina hasta que todo fermenta.
[carraspeo] Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas. [carraspeo] No les hablaba nada para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta. Abriré mi boca diciendo parábolas. anunciaré los secretos desde la fundación del mundo.
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle, "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo." Él les contestó, "El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo. La buena semilla son los ciudadanos del reino. La cizaña son los partidarios del maligno. El enemigo que la siembra es el La cosecha es al final de los tiempos y los cegadores, los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa el fuego. Así será. Al final de los tiempos, el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad y los arrojarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos que oiga."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Hoy es la final del Mundial y hay un cuento sobre el fútbol que conecta con el evangelio de hoy. Algunas veces lo he compartido en la misa con los niños. Dice este cuento que llegaron a la final elefant los insectos. Y los elefantes estaban ganando 99 a0 y faltaban 5 minutos para acabar el partido, pero todo cambió cuando entró el 100 pies. Al final ganaron los insectos 100 contra 99. Y cuando le dijeron al 100 pies, "¿Por qué te demoraste en entrar?" Dijo, "Porque estaba amarrándome los chimpunes."
Hermanos, ustedes dirán, "¿Qué tiene que ver eso con el evangelio?" Mucho, porque si vemos el mundo, nos damos cuenta que parece que el mal está ganándole al bien. Parece, pero Jesús con esta parábola del trigo y de la cizaña nos habla que al final habrá juicio final. [carraspeo] Dios va a separar el trigo de la cizaña. De Dios nadie se burla. Al final será el triunfo del bien, de la verdad, del amor.
Esta parábola que hemos escuchado, el trigo y la cizaña, se aplica a tres realidades: a nuestro corazón, a la iglesia y al mundo. Repito, esta parábola que hemos escuchado todos, que es la parábola del trigo y la cizaña, se aplica a nuestro corazón, a la iglesia y al mundo.
En primer lugar, [carraspeo] la parábola del trigo y la cizaña se aplica a nuestro corazón, hermanos. Todos nosotros quitando a la santísima Virgen María, nuestra madre, tenemos cizaña en nuestro corazón porque somos pecadores. Detectemos con sinceridad cuál es la cizaña que tenemos en nuestro corazón. Veamos nuestro corazón. En nuestro corazón hay trigo y cizaña. Hay trigo porque tenemos cosas buenas, tenemos virtudes y ese trigo que detectamos es para dar gracias a Dios y servir al prójimo. Pero también en nuestro corazón hay cizaña. Y esa cizaña es todo un paquete, egoísmo, soberbia, lujuria. impurezas, celos, envidias, etcétera, etcétera. Y hay que hacer examen de conciencia, hermanos. Hagamos un buen examen de conciencia invocando al Espíritu Santo. Qué bonito lo que nos ha dicho San Pablo en la segunda lectura. El Espíritu Santo viene en auxilio de nuestra debilidad. [resoplido] Pidamos luces al Espíritu Santo para ver nuestros corazones y detectar la cizaña que tenemos y hacer una buena confesión. Mientras estamos vivos, siempre el Espíritu Santo nos va a iluminar para detectar la cizaña que todos tenemos. Yo el primero, porque cuando viene la muerte se acabó el tiempo de merecer.
Cuando era seminarista leí un libro, La mano de Dios. No es Maradona, por si acaso. Era la vida de un doctor llamado el rey del aborto, Bernard Nathanson, abortista. Él mismo cuenta que había participado en más de 60,000 abortos, pero se convirtió, se encontró con Jesucristo. Él era judío, se hizo católico y se convirtió en defensor de la vida. Dejó de ser cizaña, comenzó a ser trigo. Hermanos, todos tenemos que convertirnos. Todos miremos nuestro corazón, hagamos examen de conciencia, pidámosle al Espíritu Santo que nos haga ver qué cizaña hay en nosotros y acudamos al confesionario. La parábola del tribu y la cizaña en primer lugar se aplica a nuestro corazón.
En segundo lugar, a la iglesia, hermanos, en la iglesia hay trigo y cizaña. Pero quiero aclarar, ¿la santa por nosotros o por Jesucristo? Por Jesucristo. ¿Quién es la cabeza de la iglesia? Jesucristo. Él no falla. A él tenemos que mirar. Él es el trigo limpio. Nosotros somos pecadores y hacemos daño a la iglesia cuando no somos coherentes. Porque hay católicos coherentes y católicos incoherentes. Hay católicos que practican su fe y hay católicos que nunca practican su fe. Hay católicos que viven el evangelio y hay católicos seducidos por las ideologías. Por ejemplo, los progresistas. Hermanos, en la iglesia hay de todo, pero tenemos que mirar siempre a Jesús. Seguimos a Jesús. ¿Y quiénes han sido en la iglesia Trigo Limpio? Los santos. Por eso lo mejor que podemos hacer por la iglesia esforzarnos todos los días por nuestra santidad. Cada uno de nosotros, miembros de la Iglesia Católica, tenemos que ser trigo limpio, lo cual es una lucha de todos los días, un esfuerzo de todos los días por acoger la gracia de Dios que nos transforma.
La iglesia en su caminar ha tenido momentos de profunda crisis. ¿Y quiénes han sacado adelante a la iglesia? Los santos. ¿Quieres un ejemplo? Vamos al siglo X. ¿Le suena Lutero? ¿En qué equipo de fútbol jugaba? No juzguen. Lutero vio que había cosas malas en la iglesia. En el siglo XV la iglesia estaba pasando por una profunda crisis. No habían papas ejemplares, no habían obispos ejemplares, no habían sacerdotes ejemplares, había excepciones, ciertamente, pero la solución no es salirse de la iglesia. Lutero se equivocó porque así como Lutero se sale de la iglesia, lo cual está muy mal, en el siglo XV surgen muchos santos. San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Felipe Neri, San Cayetano, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Pedro de Alcántara, Santo Torido de Morovejo y así podría seguir. Hermanos, lo mejor que podemos hacer por la iglesia esforzarnos cada día por nuestra santidad. Y ser santos, quiero aclarar, no consiste en hacer cosas raras. La santidad, les pregunto, ¿está en lo extraordinario o en lo ordinario? En lo ordinario, lo de cada día. Vive con fidelidad tu vocación. Si eres casado, vive santamente tu matrimonio. Educa bien a tus hijos. refleja a Cristo en tu casa. Ahí está la santidad. Los santos muestran el verdadero rostro de la Iglesia. Tenemos que ser católicos coherentes, que practican su fe, que viven con radicalidad el evangelio.
La parábola del trigo y la cizaña se aplica a nuestro corazón, a la iglesia y al mundo. En el mundo hay trigo y cizaña y da la impresión, como les he dicho al inicio, que hay más cizaña que trigo. Cuántas guerras vemos hoy. Ya nos hemos acostumbrado a las guerras, hermanos. Por si acaso se siguen matando niños, ancianos, mujeres en las guerras que hay hoy. Cuántos abortos. Vemos con dolor y tristeza que la ideología de género gana terreno, confundiendo a niños, adolescentes y jóvenes en su sexualidad. Vemos que el mundo anda mal. Pero nos vamos a deprimir, se van a deprimir. Al final, ¿quién va a vencer? El bien, Jesucristo. Pero mientras tanto, cada uno de nosotros tiene que colaborar con la gracia de Dios para construir un mundo mejor.
Hermanos, nuestro querido Papa León XIV ha publicado su primera encíclica. ¿Sabían cómo se llama? Magnífica humanitas. Y ahí el Papa nos pide a nosotros los católicos y a todas las personas de buena voluntad construir un mundo mejor. Frente a la cultura de la muerte. Tenemos que construir la cultura de la vida frente a la cultura del descarte que aplasta a los más pobres y débiles. Tenemos que construir, dice el Papa, la civilización del amor y tenemos que defender la dignidad de la persona humana, sea quien sea. Y aquí no es una cuestión de religión, es una cuestión de humanidad. [grito] Y nosotros como miembros de la iglesia estamos llamados a construir un mundo mejor, cada uno en su sitio. Y esto me lleva también a los santos. La madre Teresa de Calcuta no solamente mostró el verdadero rostro de la iglesia, mostró que sí es posible construir un mundo mejor. Ella quería atender a los pobres, a los menesterosos, sin interesarle su religión. Se fue a un lugar a atender a los pobres y encontró un lugar abandonado. Era un antiguo templo de una divinidad de la India, un templo abandonado de una divinidad de la India. Comenzó a atender ahí a los pobres, a los menesterosos y los vecinos, fíjense cómo es la maldad, la denunciaron. y trajeron a las autoridades para desalojarla. Las autoridades vieron lo que estaba haciendo la madre Teresa Calcuta. Se quedaron sorprendidos y le dijeron a los vecinos, "Cuando ustedes hagan lo que hace esa mujer, la sacamos. Se queda." Hermanos, los santos nos han enseñado a hacer un mundo mejor.
Queridos hermanos, yo les pregunto de las tres realidades y con esto ya termino. [carraspeo] ¿Dónde empieza la lucha? En el mundo, ¿no? En la iglesia, no. ¿En dónde? En nuestro corazón. Hagamos examen de conciencia. Decía San José María, santo sacerdote, si tú y yo nos portamos bien, hay dos sinvergüenza menos en el mundo. Y es verdad, la lucha empieza en nuestro corazón. Pidámosle a la santísima Virgen María que nos ayude a hacer trigo limpio, a reflejar a Cristo y así mostraremos el verdadero rostro de la Iglesia. Que así sea.
Queridos hermanos, hemos escuchado la parábola del trigo y la cizaña, que se aplica a tres realidades. Número uno, nuestro corazón. Número dos, la iglesia. Número tres, el mundo. ¿Y dónde empieza la lucha? En nuestro corazón. Detectemos qué trigo tenemos, las cosas buenas que tenemos para dar gracias a Dios, para servir al prójimo, pero también detectemos qué cizaña tenemos. Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine para hacer un buen examen de conciencia. ¿Cuál es la cizaña que yo tengo? celos, envidias, lujuria, gula, pereza, soberbia, etcétera, etcétera. Detectando la cizaña, haremos una buena confesión.
En segundo lugar, tenemos a la iglesia. En la iglesia, hermanos, hay de todo, pero hay alguien que no falla, que es nuestro modelo. ¿Quién es Jesús? Él es el trigo limpio. Aprendamos los santos a mostrar el verdadero rostro en la iglesia. Los santos han sido trigo limpio, han reflejado a Cristo, no han sido cizaña. Y cada uno de nosotros está llamado la santidad y nunca nos van a faltar las gracias del cielo para ser santos.
Y en tercer lugar tenemos el mundo. Nuestro querido Papa León XIV nos ha escrito una encíclica magnífica humanitas y nos pide construir la civilización del amor, construir un mundo mejor, la cultura de la vida, la cultura de la paz, una cultura donde se respete la dignidad de cada persona humana, sea quien sea, cada uno de nosotros tiene que colaborar con Dios y construir un mundo mejor.
Pidamos a la Virgen, nuestra madre que nos ayude a hacer trigo limpio, a reflejar a Cristo Jesús.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús con Dulce Corazón de María, sea la salvación del alma. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.
Pueden ir en paz. Gracias a Dios. Que tengan un bonito domingo en familia y una bonita semana.
[música]