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Qué tal, gente. Gracias por escucharme nuevamente. Gracias por tu recurso más importante y no renovable, que es tu tiempo. Espero que este episodio sea de tu agrado. El día de hoy, tocó un análisis del libro; esto es un libro clásico, seguramente te lo han recomendado en algún punto de tu vida. Se trata de el libro “El hombre en busca de sentido”, de Víctor Frankl. Un libro y un autor que pudiéramos considerar dentro del existencialismo.
Un poco de contexto: el libro, pues bueno, fue escrito con base en las experiencias que Víctor Frankl, un psiquiatra vienés, tuvo mientras fue prisionero en los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial. Es un libro bastante interesante, bastante fuerte, que prácticamente trata sobre la pregunta: ¿qué es lo que hace que una persona decida que su vida sea digna de ser vivida? ¿Cómo podían hacer que estas personas, viviendo las peores condiciones jamás imaginadas, pudieran decidir que su vida seguía siendo digna de ser vivida? Todo esto vamos a tratar de contestarlo en este análisis del libro con Víctor Frankl.
Que es preciso compartir este análisis con alguien; te lo agradecería bastante. Hagamos viral la sabiduría; ese es el propósito de este canal. Espero que lo disfrutes, y si no te has suscrito, te recomiendo—a cual te recomiendo—este es el infinito, más bien, a que le des a suscribir en este momento a este canal, si lo quieres. Preciso, comenzamos.
Como lo mencioné anteriormente, Víctor Frankl fue prisionero por tres años en los campos de concentración de Auschwitz y de acá—o aquí—frente. Ya te imaginarás las condiciones terribles y extremas: trabajos forzados, malnutrición, muchos, muchos problemas, muchas condiciones extremas. No obstante, aún viviendo uno de los sucesos más catastróficos de la historia de la humanidad, tanto Frankl como muchos otros prisioneros decidieron que la vida seguía siendo digna de ser vivida. Y nos preguntaremos: ¿cómo era posible esto? ¿Cómo era posible que, viviendo estas atrocidades, pudieran decidir ello? Frankl se percató de que muchos tenían algo que todavía les faltaba en la vida. Notó que quienes habían encontrado una razón para vivir tenían una mayor probabilidad de seguir vivos, mientras que los que no eran más susceptibles a contraer enfermedades y morir. Decía Frankl que el prisionero que perdía la fe en el futuro, en su futuro, estaba condenado.
Para desarrollar esta idea, Frankl cuenta la historia de un compañero de él; vamos a llamarle Juan M. Y la historia era la siguiente: Juan M. tuvo un sueño en febrero de 1945. En este sueño, una voz le concedió el deseo que Juan tenía de saber cuándo iba a ser liberado del campo de concentración. La voz le contestó: “marzo 30”. Juan realmente guardaba una fuerte esperanza y estaba genuinamente convencido de que su sueño era real. Él realmente creía que iba a salir libre el 30 de marzo. No obstante, cuando la fecha se acercó, la guerra empeoró y la verdad era que la libertad parecía sumamente improbable. ¿Qué fue lo que pasó? Que el 29 de marzo, Juan se enfermó. El 30 de marzo, el día de la supuesta liberación, perdió la conciencia. ¡Qué simbolismo! Y el 31—el 31 de marzo—finalmente, dijo Frankl que la causa última de la muerte de su amigo, de Juan, fue que la liberación esperada no llegó. Esto hizo que la resistencia de su cuerpo contra la infección del tifus disminuyera; su fe en el futuro y su deseo de vivir quedaron paralizados y su cuerpo finalmente cayó enfermo. Después de todo, la voz de su sueño no estaba equivocada. [Música]
Asimismo, uno de los doctores de los campos de concentración—y esto es sumamente interesante—atestiguó un incremento en las muertes de los prisioneros entre la Navidad de 1944 y el año nuevo de 1945. El doctor creía que esto se debía a la esperanza de los prisioneros de que estarían en casa para esas fechas; o sea, para Navidad y para Año Nuevo, que son festividades asociadas con el pasar el tiempo en familia. El problema es que, conforme se acercaba la fecha, muchos perdían la esperanza de poder estar en casa y, como dice Frankl, cuando perdían la esperanza, finalmente morían. Queda claro que, para Frankl, quienes tienen una razón para vivir tienen una mayor voluntad para vivir. Pero ahora surge otra pregunta: ¿qué es lo que dota de sentido la vida?
Para Frankl, existen tres principales fuentes de sentido: la primera, el amor. Según Frankl, el amor es el fin último y la meta más alta a la que puede aspirar el hombre. Para él mismo, fue el amor por su esposa lo que lo mantuvo de pie. Dijo Frankl: “No sabía si mi esposa estaba viva ni tenía cómo saberlo, pero para entonces dejó de importar; no necesitaba saber nada que pudiera alterar la fuerza de mis pensamientos o de la imagen de mi amada”. Incluso profundiza aún más: Frankl dice que si hubiera sabido que su mujer estaba muerta, él pensaba que aún así se entregaría a la contemplación de su imagen y aún, también creía—aún más radical—que su conversación mental con ella hubiera sido tan real y gratificante. Interesante. También para Frankl, el amor tiene que ver con esforzarse por ayudar al otro. El amor es el acto de ver el potencial en las demás personas. El amor es elevar a las personas que te rodean. Una bonita concepción sobre el amor de Frankl. Decía Frankl que cuando más se olvida de sí mismo, entregándose a una causa o a otra persona, más humano.
Una segunda fuente de sentido para Frankl es una tarea inconclusa. Y para esto, Frankl cuenta la historia de un prisionero que contemplaba el suicidio, pero que nunca lo ejecutó porque encontró una razón para terminar los libros científicos que habían comenzado. Ponte a pensar: hay muchas veces en las que nosotros sentimos que tenemos una responsabilidad para conllevar una tarea; pensamos que somos solamente nosotros los que podemos terminarla en la forma en la que nosotros lo podemos hacer, y esto dota de sentido y de responsabilidad, de utilidad. Y con respecto a estas primeras dos fuentes de sentido, Frankl dice que el ser humano que se hace consciente de su responsabilidad ante el ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa no podrá nunca tirar su vida por la borda; conoce el porqué de su existencia y podrá soportar casi cualquier… como me recuerda a la cita de Nietzsche: “Quien tiene un porqué puede soportar casi cualquier cómo”.
Como una tercera fuente de sentido para Frankl: el sacrificio. Frankl decía que el sufrimiento deja de ser, en cierto modo, sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido; y en muchas ocasiones este sentido puede ser el sacrificio. ¿Qué es el sacrificio? Podemos decir: el sacrificio es sacrificarse, asumir un costo para ti, ofreciendo lo por una causa o por otra persona. Y para detallar esto, Frankl cuenta que tuvo un cliente—recordamos que Frankl, el psiquiatra, tuvo un cliente—que no podía superar la pérdida de su esposa. Le preguntó: “¿Qué hubiera sucedido si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?” El paciente contestó, y seguramente para ella hubiera sido terrible; habría sufrido muchísimo. Y a esto Frankl replicó: “Lo ves, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento, pero ahora tienes que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte”. Lo vio como un sacrificio para que su esposa no sufriera cuando él no estuviese; pues mejor es—mejor que él sufra en lugar de su esposa. Es una forma de sacrificarse por ella y es una forma, para Frankl, de darle—de darle sentido a ese sufrimiento.
Así que, en resumen, seis puntos: el amor, una tarea inconclusa o el sacrificio son las principales fuentes de sentido para Frankl. Un segundo punto: aceptando el desafío de sufrir valientemente, la vida tiene sentido hasta el último momento. Tercer punto: cuando ya no somos capaces de cambiar una situación—como en el ejemplo de la muerte de la esposa del cliente—nos enfrentamos al desafío de cambiarnos a nosotros mismos. No puedo cambiar la muerte de mi ser querido; eso no se puede cambiar, pero puedo cambiar la forma en la que respondo a ello; me cambio a mí mismo. Punto cuatro: estamos dispuestos a sufrir a condición de que el sufrimiento tenga sentido. Volvemos a la cita de Nietzsche: “Quien tiene un porqué soporta casi cualquier cómo”. Punto cinco: la vida no se hace insoportable por las circunstancias—lo vemos observado en estas personas que vivían las peores condiciones—sino solamente se hace insoportable por la falta de significado. Y finalmente, el punto seis: el sentido de la vida difiere de una persona a otra y de un momento a otro. Lo que te dota de sentido hoy puede mañana no hacerlo; el día mañana puedes encontrar diferentes fuentes de sentido que no tienen que ser las de hoy. Somos seres en constante movimiento y, por lo tanto, nuestro sentido tampoco es fijo; puede cambiar, está en constante movimiento hasta el último día de nuestra vida.
Muchas gracias por escucharme en este episodio. Espero que te haya gustado este análisis del libro. Déjame tus comentarios: ¿qué piensas tú con respecto al pensamiento de Frankl? ¿Coincides con él? ¿Qué te parece su experiencia? ¿Ya leíste este libro? ¿Hay algo que se me escapó? Comparte; abramos el diálogo en los comentarios; para mí sería muy enriquecedor que así lo fuese. Y sí, que es preciso compartir este análisis y este resumen con otras personas; te lo agradecería bastante. Me parece que este libro tiene mucho que aportarle a muchos de nosotros, así que si piensas en alguien que le pueda servir, ¡compártelo! Sería bastante… ¡hagamos viral la sabiduría! Ese es el objetivo; recuerda: ¡hagamos viral la sabiduría!, porque esto puede ayudarnos en nuestro diario vivir. Muchas gracias, les mando un fuerte abrazo y nos vemos a la próxima. Y no olvides suscribirte; no olvides suscribirte, si no lo has hecho. [Música]