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Los siete hábitos de una vida consagrada a Dios – Dr. Charles Stanley

Ministerios En Contacto28:32

Transcription

[Música]

Una relación estrecha con Dios es hablar con Él. Dios le escucha y usted a Él lo obedece, y Él le guía. Hay una gran comunión con Dios en la vida de quien confía en Él.

[Música]

Hace cuatro décadas fundamos Ministerios en Contacto para guiar a todo creyente a cultivar una relación más estrecha con Jesucristo. Con los años hemos visto la grandeza de Dios, su amor y su bendición de formas tan maravillosas que queremos que todo el mundo conozca al Señor.

Así que abramos la palabra de Dios y busquemos lo juntos hoy en el programa En Contacto. Los siete hábitos de una vida consagrada a Dios. Este mensaje se titula: Los siete hábitos de una vida consagrada. Dios debería escribir cada uno de ellos y preguntarse: ¿Soy una persona consagrada a Dios?

En primer lugar, veamos un par de definiciones. Comencemos con qué es un hábito. Un hábito es un patrón de comportamiento, a menudo inconsciente, que se adquiere por repetición frecuente. Ese es un hábito, algo que hacemos una y otra y otra vez. Desde luego, la segunda definición es que es una vida consagrada a Dios. ¿Qué es consagrada? Es una vida que ya no busca satisfacción propia mediante un estilo de vida pecaminoso, sino que se ha entregado a Dios y a su voluntad en su vida. En otras palabras, diríamos que eso es una vida santificada. No perfecta, no quiere decir que nunca peque, si no significa una vida rendida por completo a Dios.

Así pues, deseo darle siete hábitos que todo creyente debe hacer parte de su vida. Y el primero es este: el primer hábito es una vida de oración. Uno de mis pasajes favoritos, muy sencillo, está en Marcos capítulo 1. Cuando los discípulos nunca entendieron esto del todo, pero dice la Biblia en Marcos 1:35: "Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba". Y le buscó Simón y los que con él estaban. Y hallando le, dijeron: "Todos te buscan". Eso es típico en cuanto a la forma de actuar de algunas personas. El Señor estaba haciendo lo más importante en la vida y no lo entendían. Y asimismo, por ejemplo, en Lucas capítulo 4:542: "Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto, y la gente le buscaba; y llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos. Pero él les dijo: Es necesario que anuncie el evangelio, etc.".

Ahora, una vida de oración no se refiere a orar de vez en cuando. Se refiere a sentir cada día la necesidad, el deseo, el gozo y el gran poder que viene de orar. Hablar con el Padre. Es decir, debe ser un hábito, algo que recurre en nuestra vida, no solo cuando estamos en aprietos, en necesidad, sino porque amamos a Dios y estamos agradecidos por quién es Él y lo que hace en nuestra vida. Por ejemplo, en Lucas capítulo 11, los discípulos vienen al Señor Jesucristo y le pidieron: "Enséñanos a orar, como enseñó Juan el Bautista a sus discípulos". Así que habían visto algo distinto en la oración del Señor. No se trataba de algún ritual que se acostumbrara en aquel tiempo, pues sentían que le hablaba personalmente al Padre celestial.

Al ver esos versículos, piénselo. La verdad es que no se puede tener una vida consagrada sin tener una vida de oración. No se puede. Todos vivimos en un mundo de tentación, pruebas, penas, cargas y pecados, y a donde vayamos, allí está. No podemos tener una vida consagrada a Dios, y no he dicho sin pecado, sino consagrada, y ya definimos lo que eso significa. No se puede tener una vida consagrada sin una vida de oración, porque esta nos conecta a Dios Todopoderoso y nos hace sensibles a su voluntad, propósito y plan para nuestra vida. Sin orar, no habrá una vida consagrada. Si lo piensa, es la actividad más importante de nuestra vida. Necesitamos tener una vida de oración.

Luego, el segundo hábito es tener fe o confianza en Dios. La palabra que mejor le guste. Me encanta el Salmo 103:19. Dice la Biblia: "Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos". Pensemos en lo que significa ese versículo. Si Dios Todopoderoso ha establecido su trono en los cielos, preste mucha atención, su soberanía, o sea, su poder divino, sobrenatural, omnisciente, domina sobre todo. ¿Qué hace eso? Nos da una gran base para creer en Él. Al saber que Dios está a cargo, no importa lo que suceda, ni cómo, ni mediante quién, ni por la razón que sea, sé que Dios tiene las riendas y puedo confiar en Él para lo que sea que permita en la vida. Creo que es un versículo muy importante, porque si no confiamos en Dios, si no confiamos, no oraremos. Debemos hacernos la pregunta: Pues, ¿dónde está la confianza en mi vida espiritual? "Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas". Si tú... ese versículo muy a menudo, porque es fundamental.

Cuando confiamos en Dios, ¿qué sucede? Se afianza nuestra comunión con Dios, lo que significa que tenemos una relación con Él. No tengo que presentarme. Una relación estrecha con alguien significa cercanía, no solo en afecto, sino en mentalidad, la forma de pensar, lo que siente. Una relación tan cercana es la que debería tener todo matrimonio todos sus días. Una relación estrecha con Dios es hablar con Él. Dios le escucha y usted a Él lo obedece, y Él le guía. Hay una gran comunión con Dios en la vida de quien confía en Dios. Si usted quiere saber si confía o no en Dios, hágase la siguiente pregunta: ¿Qué está preocupándome? Si puede ver a su alrededor y decir: "No me preocupa nada", es porque está confiando en Dios. Lo que sea que le preocupe es lo que Dios le señala y dice: "No me has confiado este aspecto de tu vida". Una vida consagrada es una vida de fe.

El tercer hábito de esta vida maravillosa es el hábito de meditar en la palabra de Dios. No sé cómo usted describiría la importancia de eso, pero dicen las Escrituras. Veámoslo por un momento. Dice el salmista en el Salmo 63:6: "Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche. Porque ha sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido". ¿Qué significa meditar? Significa leerla, pensar en lo que dice, examinar mi corazón a la luz de lo que Dios dice, hacerle cualquier pregunta que tengamos, rendirle lo que sea que nos traiga la mente. Al meditar en Dios, pasa lo siguiente: la meditación es como verse en un espejo, pero también es ver más allá del espejo. Es decir, veo lo que ve Dios y veo más allá, y lo veo a Él. Mi atención se centra en Dios.

Cuando nos concentramos en Dios, sucede esto: las preocupaciones desvanecen, los problemas se disipan, nuestra mente ya no está contaminada con toda clase de asuntos que no nos hacen bien. La meditación es parte esencial de una vida consagrada a Dios. Donde no hay meditación, no habrá consagración a Dios. No es posible. Piense en la mañana al despertar, cuánto del mundo embarga su mente. Tiene que vestirse, claro, desayunar, y al auto y manejar por la autopista o donde sea, llegar al trabajo. Tan pronto lo haga, corre o parrote o todo el día, el teclado vuela todo el día, y su mente se llena. Luego tiene que volver a su auto, volver a la autopista, a batallar en el tráfico otra vez hasta llegar a casa. Al llegar, se cambia de ropa, medio se relaja, y luego la cena. Puedo llenar su día sin siquiera conocerle, porque eso es lo que hacemos. ¿Y dónde está Dios? ¿Dónde está su tiempo a solas con Dios? Lo que lleva a una vida consagrada es el tiempo a solas con Dios, anhelar lo, meditar en Él, pensar en Él.

Luego hay un cuarto hábito, uno muy importante, y el que me escucha mencionar siempre: obedecer a Dios. Y quisiera leer en Deuteronomio 27, en el Antiguo Testamento, porque lo dice tan claro. En el capítulo 27, versículo 10: Dios habla mediante Moisés a su pueblo, y esto fue lo que declaró: "Oirás pues la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos que yo te ordeno hoy". Luego, en el capítulo 28, versículo 1: "Acontecerá, escuche esto, que si hoy eres atentamente..." ¿Qué significa eso? Con cuidado, atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te escribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra". Hablaba de Israel. Pongámonos en esa situación.

Cuando obedecemos a Dios, piense en esto: andamos a un nivel más alto. Piense en cómo vive el mundo, con toda clase de pensamientos viles, ocupado y atareado, sin tiempo para Dios. Hemos decidido seguir a Cristo, y seguirlo significa vivir a un nivel más alto. No significa menospreciar a otros, solo quiere decir que hemos decidido regirnos por una norma más alta que la del mundo. No significa que seamos mejores que nadie, pero quiere decir que nuestro estilo de vida es mejor que el del mundo.

Pregúntese: ¿En realidad tengo un hábito de orar, confiar y meditar en la palabra de Dios? ¿Acaso sería considerado un hijo obediente de Dios? ¿Cuántas veces lo ha dicho? Y puedo decirlo: la forma más sabia de vivir es: obedezcamos a Dios y dejemos las consecuencias en sus manos. Eso lo haré solo si tengo una vida de oración, solo si confío en Dios, solo si medito en Él. Es la única forma de hacerlo. Estos son hábitos sencillos que hacen que nuestra vida sea lo que Dios quiere que sea. No hay nada que pueda impedir que obedezcamos y practiquemos estos siete hábitos. Nada, salvo que tomemos esa decisión.

Mire, tenemos que decidir ciertas cosas. Tenemos que escoger entre seguir a otros o a Dios, tener esto o a Dios, esta senda o la de Dios. La razón por la que menciono siete hábitos es porque recuerde lo que dije: un hábito es un patrón de comportamiento, a menudo inconsciente, que se adquiere por repetición frecuente, algo que hagamos de forma continua. Y todo lo que he mencionado, podemos hacerlo. La razón por la que no lo hacemos es por pensar que no es importante. Mire, la razón por la cual no tenemos hábitos sagrados, maravillosos e impactantes, edificantes, es porque escogimos la senda del mundo. No importa quién sea, ni cuándo está, don, ni con adinerado, ni con sabios se crea, ni cuánta educación tenga, no puede tener una vida consagrada, la mejor vida, sin poner en práctica estos siete hábitos.

Ahora, ¿cuál es el quinto? El quinto hábito es depender del Espíritu Santo. Alguien dirá: ¿Qué significa eso? Quiere decir rendir nuestra vida a la presencia residente del Espíritu Santo. Recuerda lo que les dijo Jesús a sus discípulos: "Siéntense a esperar en Jerusalén hasta que sean investidos", o sea, hasta que el Espíritu Santo venga a sus vidas, y al hacerlo, estarán listos para hacer lo que les he encomendado. Así que le he dado varios pasajes, algunos ya los conoces, quizás otros no, pero en Efesios 5, recordará lo que dice la Biblia en este pasaje en particular. Veamos el versículo 18: "Dice así: No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien, sed llenos del Espíritu". Mire, si tomara una jarra con un cuarto de litro, la colocara aquí y la llenara de agua hasta la mitad, diría que solo está medio llena. Solo estaría llena cuando llegue al tope, hasta el borde. El verbo que usa aquí el original griego, "se llenó", significa algo continuo en la vida. En la mañana, al despertar, en medio de nuestra oración, o al meditar, aún antes de levantarnos, deberíamos decir: "Señor, quiero que me llenes de tu Espíritu hoy".

Eso significa. Jesucristo les dijo a sus discípulos en Lucas que antes de que hicieran lo que les había encomendado, que esperaran en la ciudad de Jerusalén hasta que fueran investidos, hasta que viniera sobre ellos el Espíritu Santo, por la sencilla razón de que no están preparados para hacer lo que les ha encomendado sin la presencia del Espíritu Santo, quien les dará poder y les facultará, les enseñará, les dará guía y dirección para cumplir el llamado que les ha dado. Ahora, la mayoría de la gente no tiene ni idea de quién es el Espíritu Santo. Como seguidores de Cristo, creyentes en Cristo, lo aceptamos para recibir salvación. Somos morada de la tercera persona de la Trinidad, que es el Espíritu Santo. Cuando decidimos desobedecer a Dios, decidimos pecar contra el Espíritu Santo, quien mora en nosotros, a quien Dios envió a nuestras vidas para ayudarnos a hacer, a llevar a cabo, a lograr lo que sea que Dios nos tenga reservado en la vida. Nunca estamos solos. Somos morada de Dios, del Espíritu Santo, quien nos faculta, nos ayuda, nos alienta, nos fortalece, nos sana, y más. Está allí porque necesitamos a Dios en nuestra vida, y Él lo sabía.

Desde luego, hay un sexto: estará Dios y a otros. Es el sexto capítulo de Lucas, es un capítulo muy conocido. Recordemos lo que dice: "Dad, y se os dará; medida buena, escuche lo que dice, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, volverán a medir". Cuando pienso en dar a Dios, mi ejemplo favorito es este, y estaba recordando lo anoche. Mi primera maestra de escuela dominical, y quizás tendría tres o cuatro años, porque comencé la escuela a los cinco, estaba muy pequeño, nunca me puse al día, pero iba a la escuela dominical todos los domingos. Y recuerdo las sillas de varios colores: verde, rojo, amarillo, azul, etc. La maestra de la escuela dominical, no recuerdo su estatura, pero en aquel entonces me parecía de tres metros. Cuando estaba sentado, tenía el cabello negro, una voz dulce y maravillosa. Y llegó el momento de recoger la ofrenda. Recuerdo que mi madre siempre me daba unos cuantos centavos para darlos. Nunca me dejaba ir sin nada que dar. Así que antes de saber contar, mi madre me enseñó a darle a Dios. En mi primer empleo, repartidor de periódicos, ganaba cuatro dólares a la semana. Estaba agradecido a Dios y pensaba: "No puedo darle monedas". Le di un dólar, que era el 25 por ciento. Nunca pensé en eso, solo pensaba en lo que recibiría de Dios. Después de eso, tuve una ruta de periódicos que pagaba 16 dólares a la semana y le daba a Dios más del diezmo. Luego, toda mi vida, nunca he dado solo el diezmo, nunca, por la sencilla razón que aprendí desde muy joven que no podemos superar a Dios en generosidad. Segundo, mucha atención, ni siquiera podemos predecir lo que necesitaremos. Y si no podemos predecir lo, ¿cómo pues nos encargaremos de todo eso? Si ofrendamos a Dios y confiamos en que hará justo lo que prometió. Le dio un sencillo ejemplo que muchos han escuchado antes, porque fue algo que impactó mucho mi vida. Así que debemos preguntarnos: ¿Será este uno de los hábitos en mi vida? La Biblia dice que Dios ama al dador alegre. Si Él ama al dador alegre, ¿qué de aquellos que son avaros, quienes nos dan a Dios? Le diré por qué eso no agrada a Dios, porque dice: "Puedo hacerlo sin Dios, puedo encargarme, puedo manejarlo, no necesito que Dios maneje mi dinero". Piense en cuán insensato es eso. Su dinero podría quemarse de la noche a la mañana. La situación podría ser que lo pierdas todo en un día. Pero presta mucha atención, nunca estará en una situación en la que no tenga nada, porque tiene a Dios dentro de usted y todo lo que necesita. Dios ha prometido proveer. Un hábito maravilloso en nuestra vida.

Luego, le daré un séptimo hábito, y es uno muy importante: es el hábito de perdonar a otros. Un pasaje muy claro está en Efesios capítulo 4. Muchos lo hemos leído antes, pero es la verdad y lo leemos una y otra vez. Escuche lo que dice la Biblia: "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestros enojos, ni deis lugar al diablo". Un pasaje muy importante. Luego dice en el versículo 30: "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención". Luego en el 31: "Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo". No siempre es fácil. No, a veces es difícil perdonar a otras personas que nos hayan hecho ciertas cosas. Creo que una de las peores situaciones es ser traicionado, cuando uno ha confiado en verdad en alguien, se ha esmerado en ayudarle y luego le traiciona. Hacen lo último que uno habría imaginado que harían en la vida. Pero debemos perdonar.

Ahora, estos son siete hábitos. Preste mucha atención. Pude haberlo hecho de muchas formas, pero quería que viera cada versículo y darle todos los siete hábitos para que cada persona que entienda por completo los siete hábitos que llevan a una vida consagrada, que será bendecida una y otra y otra vez de muchísimas maneras. Pero la decisión es suya. Y le sugeriría que tomara una decisión ahora mismo. En breve, oraremos y en esta oración le pediremos a Dios que le dé sabiduría para decirle: "Señor, quiero estos siete hábitos en mi vida, y hoy comenzaré a ejercerlos en mi vida". Es un proceso continuo en nuestra vida. Los practicará cada uno a diario. Pero haga lo siguiente: pida a Dios que le perdone. Muéstrenme por qué tropiezo con esto, Señor, y reafirmamos nuestros deseos de perdonar a otros. O lo que sea. Señor, estaba muy ocupado esta mañana, salí de prisa. Perdóname por no haberme detenido a meditar en tu palabra, rendir mi vida a ti, entregarme a ti. Perdóname, Señor. No quiero volver a hacerlo. ¿No cree que Dios corregirá eso? Claro que sí. Él le corregirá. Le inquietará lo suficiente una mañana después que haya salido sin tomarlo en cuenta. Que no lo olvidará. Mire, sabe que es porque nos ama. Piénselo. Toda la Biblia está llena de verdad, pero creo que estos siete hábitos transformarán por completo su vida y le llevarán a lograr más de lo que su corazón podría haber anhelado.

Ahora, si hoy está aquí y no es creyente, no es salvo, no ha aceptado a Cristo como su salvador, entiendo que quizás no se aplique esto a su caso, pero permítame decirle esto: nunca podrá entender ni disfrutar la vida plenitud hasta que no se entregue a Cristo, porque nunca podemos perder al entregarnos a Cristo. Nunca. Dirá: "Pues, ¿qué tengo que hacer?". Debe pedirle al Señor que perdone su pecado, no porque lo merezca, sino porque Él fue a la cruz, murió en la cruz, dio su sangre por usted, pagó toda su deuda de pecado. Dice la Biblia, y al pedirle perdón a Dios por lo que ha hecho por usted, pagó su deuda, Dios le perdona y le hace uno de sus hijos. Luego comenzará a practicar estos siete hábitos. ¡Qué vida tan maravillosa tiene por delante! Y espero que lo haga.

Padre, te amamos, te alabamos y te agradecemos por tu palabra, desde Génesis hasta el último versículo de Apocalipsis. Hoy te pedimos que nos des sabiduría para reconocer que con estos siete hábitos, todo lo demás cobrará sentido, que abramos la puerta a tus mejores bendiciones. Te pido hoy por alguien que no es salvo, que no te ha aceptado como su salvador, que esté dispuesto a pedirte perdón por sus pecados, a creer que Cristo fue a la cruz y pagó toda nuestra deuda, al confiar en su muerte en el Calvario, al derramar su sangre, esa confesión y arrepentimiento trae salvación. Después de la salvación, que desarrollemos estos siete hábitos transformadores en nuestra vida. Señor, te pido por todos nosotros y por alguien hoy aquí que aún no es salvo, que esté dispuesto a pedirte que le perdones y que limpie su corazón y rinda su vida a ti ahora mismo.

[Música]

Te damos gracias en el nombre de Jesús.

Si este programa ha sido de bendición para usted, por favor visite en contacto punto org.

Estas casi listo. Si, papá. No te olvides de llamarnos cuando llegues. No, papá. Tengo algo más que quiero que te lleves, hijo. Esto es lo más importante que puedo darte. Yo solo quiero lo mejor para ti. Que pase el tiempo con Él todos los días. Se lo prometo. Estoy muy orgulloso de ti.

[Música]

El Señor dice: "Quiero que me enseñes el camino en que debes andar". Aprende a escuchar, seguir y obedecer el plan perfecto de Dios. Dios nos ama tanto que ese amor nos mantiene en el camino correcto. Correrlo. Si usted escucha las mentiras de Satanás, él siempre elegirá este es el triste, fácil. El asunto es: ¿cuál es la mejor decisión? ¿Qué elección es la más sabia? Él nos ama tanto que hace que nos enfoquemos en lo que es real, verdadero y genuino. En Contacto, estimulamos a todo creyente a cultivar una relación más estrecha con el Señor Jesucristo y apoyamos la labor de la iglesia local. Este programa es patrocinado por Ministerios en Contacto. La difusión de estos programas se hace posible por la gracia de Dios y por las oraciones y donativos de personas como usted.