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¡Domingo de gozo (GAUDETE)! - Tercer domingo de Adviento - Ciclo A

Tu rostro busco, Señor7:37

Transcription

[Música]

Si bien en este tercer domingo del tiempo de Adviento, el ciclo A, la Navidad está ya casi tocando nuestra puerta, estamos ya muy próximos a celebrar el nacimiento de nuestro Salvador Jesús. Por eso, este tercer domingo de Adviento se le conoce como domingo de Gaudete, es decir, domingo de gozo y de alegría.

El color litúrgico para este domingo no es el morado, es el color rosa, porque dentro de esta preparación del tiempo de Adviento, este tercer domingo nos dice que nuestra preparación debe de ser una preparación gozosa para celebrar la Navidad. Encendemos la vela rosa de nuestra corona de Adviento y las lecturas y las oraciones de la Misa de este domingo precisamente nos invitan al gozo y la alegría de saber que estamos próximos a celebrar la Navidad.

La primera lectura, tomada del capítulo 35 del libro del profeta Isaías, nos describe lo que va a suceder cuando Él venga y que no tiene ninguna comparación con algún otro acontecimiento que haya sucedido en la humanidad. Hasta el desierto va a florecer y el profeta sabe muy bien a lo que se refiere, puesto que Palestina estaba rodeada precisamente de desiertos. Y no solo el desierto va a florecer, sino que cuando Dios venga, los oídos de los sordos se abrirán, nos dice la lectura de hoy, los ojos de los ciegos volverán a ver. Y esto quiere decir que aquellos que por el pecado habían estado imposibilitados para ver y apreciar las maravillas de Dios que obraba en el mundo y en su vida, ahora sí lo volverán a hacer. Podrán experimentar la presencia de Dios que va a su encuentro, que los llama y que los libera de toda esclavitud.

El Evangelio, tomado del capítulo 11 de San Mateo, repite precisamente estos signos de la presencia de Dios, a diferencia de que Jesús lo dice en un tiempo presente, es algo que ya está sucediendo, y que el profeta hablaba en tiempo futuro, algo que apenas iba a suceder. Es importante destacar que Juan el Bautista se encuentra en la cárcel, pero le ha mandado encarcelar precisamente porque Juan el Bautista, con libertad absoluta y de espíritu, proclamaba la venida del Señor. Y entonces, Juan el Bautista manda a sus discípulos a preguntarle a Jesús si Él es el Mesías que ha de venir o tenemos que seguir esperando. La pregunta es muy humana y muy nuestra. ¿Es este Jesús quien nos trae la salvación? Esta pregunta sigue siendo vigente para muchas personas, tanto dentro de nuestra Iglesia como fuera de ella.

Es Jesucristo quien da la respuesta a tantas interrogantes, necesidades, obstáculos que se nos presentan en la vida y que también muchas veces nos tienen encarcelados, porque también vivimos en un mundo tan diversificado que otras falsos mesías y otras realidades ofrecen soluciones a nuestras necesidades. La tecnología, el pensamiento cientificista, la falsa idea de progreso y de bienestar humano nos ofrecen soluciones a veces más prácticas e inmediatas que la atenta espera de la presencia de Dios que viene a nuestra vida.

Y Jesús responde a los discípulos de Juan el Bautista, y no lo hace con un sí o con un no, sino que los remite a que contemplen las obras que Dios ha hecho y que son los signos que los profetas habían anunciado, con los cuales los tiempos mesiánicos iniciarían. Es cuando dejamos a Dios actuar en nuestra vida y en nuestro mundo, cuando no queremos forzar las cosas, recordando siempre las maravillas que ya Dios ha obrado en nuestra historia personal y en nuestra historia comunitaria, cuando tenemos la capacidad de apreciar los tiempos mesiánicos, la salvación que nos trae Dios. Y es así cuando entramos en el tiempo de Dios, cuando comenzamos a experimentar la verdadera alegría que nos trae la salvación.

Por eso, al final, Jesús, después de hacer un elogio por la persona de Juan el Bautista, asegura: "El más pequeño en el Reino de los Cielos es todavía más grande que Juan el Bautista". Y el apóstol Santiago, en la segunda lectura, tomada del capítulo número cinco de su carta, nos da las claves que necesitamos para entrar en este tiempo mesiánico de Dios.

La primera actitud clave que nos da el apóstol es la paciencia. Que no nos invita a tener la paciencia necesaria comparándonos con un agricultor que tiene que esperar la lluvia, ya sea que la lluvia llegue a su tiempo o llegue tarde. Pero esta paciencia es la que a nosotros nos mantiene vigilantes a la presencia de Dios. Esta paciencia vigilante hará que cosechemos los frutos de vida cristiana en el tiempo de Dios.

La segunda actitud clave es la fortaleza, y esto tiene sentido, puesto que quien sabe esperar pacientemente puede aguantar con firmeza las exigencias del tiempo presente, apoyados, por supuesto, en Dios.

Y la tercera actitud clave es el amor por los hermanos, amor por nuestro prójimo, un amor que nos previene de no juzgar ligeramente a los demás, sabiendo que Dios es el único juez que está ya por venir.

En medio de todo ese viento comercial en el cual la sociedad ya nos ha ido apurando para celebrar la Navidad, en medio de materialismo y de consumo, pidamos a Jesús que abra nuestros ojos y nuestros oídos para caminar con una vida nueva, esa vida nueva que Jesús ya trajo al mundo y que sigue trayendo para todos aquellos que esperan en Él.

Yo soy Fray José Leiva y que el Señor te dé la paz. Tu amanecer brillará como sol resplandeciente en la aurora de tu amanecer. Ven, Señor, ilumina el mundo entero con tu luz y con tu amor. Revestido de mal, que está con la mano y no hay más.