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Don Quijote de La Mancha \ Parte 1 \ Capítulo 24

El Látigo Lector5:22

Transcription

[Música]

Suscríbete al canal. Vamos. Resumen de Don Quijote de la Mancha, capítulo 24. Edición cuarentena, encierros, coronavirus. Vamos.

Si fuera tan amable, usted de decirnos quién es y por qué anda por estos lares, viviendo como un animal. Por favor.

Mire, caballero, yo les cuento lo que ustedes quieran, pero antes, sean tan amables de darme algo de comer, que tengo más hambre que el Chavo del Ocho.

Y entonces, estos le dieron de comer cosas que traían en sus alforjas. Y luego, el roto los condujo hasta un prado. Ahí se echaron en el pasto y él les contó. Y les pidió por favor que no interrumpieran, porque cuanto menos preguntas le hicieran, más rápido se iba a llegar al final de su cuento.

Mi nombre es Cardenio. Vengo de Andalucía y soy de familia acaudalada. Vivía en mi tierra una hermosa mujer llamada Lucinda. De pequeños nos amamos los dos, pero su padre nunca le gustó mucho la idea de que yo fuese novio de su hija. Este rechazo hizo que nuestra pasión siguiera aún mucho más. Eventualmente, terminé pidiendo de la mano de su hija. Él me respondió que estando lo correcto sería que mi padre fuese el que le pidiera la mano de su hija a él. Para mí, yo fui a casa a comunicarle esto a mi padre y cuando llegué, mi sorpresa fue grande, porque lo encontré a mi padre leyendo una correspondencia de Duque Ricardo, que me convocaba a mí para hacerle compañía a su hijo mayor. La verdad es que me quedé mudo, me quedé para ti, y eso, me quedé patidifuso, porque mi padre me ordenó que suprimiera el deseo del Duque Ricardo y de esta manera tener que posponer obligadamente mi casamiento con Lucinda. Le comuniqué, todavía enamorada de su padre, les pedí que por favor me esperara unos días por una obligación inesperada y suspendieron el.

Una vez en lo del Duque, ahí me hice muy amigo de su otro hijo, Fernando. Nos hicimos muy confidentes y todos los días él me contaba todos sus secretos. Me contó, entre otras cosas, que estábamos enamorados de una labradora más allá de su padre y que seguiría casada con ella. Yo traté de disuadirlo, porque sabía que esa no era una buena idea, pero él no quiso hacer caso. Entonces, bueno, me vi forzado a contárselo a su padre. El muy astuto de Fernando, al sospechar que yo iba a hacer eso, sugirió que lo mejor que podemos hacer para que él se olvidara de esa labradora era que tanto él como yo volviéramos a casa de mis padres. Yo accedí de inmediato, porque para mí era una oportunidad de oro para ver a mi amada Lucinda. Lo que yo no sabía era que Fernando ya se había cepillado a esa labradora y él ya no tenía más interés en ella. Entonces nos fuimos a mi ciudad, a casa de mis padres, y yo empecé a contarle a Fernando todo acerca de Lucinda. Jamás, y la pasión con la que yo le comentaba cada detalle acerca de ella, empezó a crecer en él unas ganas de querer conocerla. Un día, inclusive, se la mostré a través de una ventana y él quedó absorto. Y todo el rato él me hablaba de ella a mí y yo empecé a tener celos.

Un buen día, Lucinda me pidió que le prestara un libro. El llamado de Gaula. Como dijo. Para, para, para, para, para. ¿Qué libro dijiste? Pero querido, me lo hubieras dicho antes que ella era aficionada a los libros de caballería. No se hable más. Esa mujer es excepcional. Además de ese libro, usted lo que tendría que haberla enviado era el Don Rogel de Grecia. Le digo más, tal vez un día usted puede abrir a mi casa y le voy a mostrar los más de 300 títulos que tengo, aunque en realidad ya no los tengo más, porque un día viene un encantador y me los hizo desaparecer. Perdón, le pido mil disculpas por la interrupción. Lo que pasa que los libros de caballerías son mi pasión. Sabe, don Cardenio, continúe.

Cardenio, a todo esto, estaba con la mirada clavada en el suelo. Finalmente, Cardenio volvió a retomar la historia y dijo.

Te lo bien de subir otra vez encima, discutiendo le. Y él. Cardenio no aguantó más. Le revolvió una piedra que tenía ojos y se la pegó en el pecho. Y el Quijote se tumbó. De Sancho Panza se le fue encima al roto, pero Cardenio le puso una trompada y lo noqueó. Y después encima le dio en el suelo. Y el camarero le pasó a consignar la falta. Canacar de ti. Cariño y lo tumbó. Y una vez que estaban los tres en el suelo, el mismo y te agarró y se fue despacito. Se volvió a meter en el monte. Sancho se levantó enojado y le empezó a echar la culpa al camarero. Le dijo, usted nos tendrían que haber avisado de que este tipo estaba loco. Y el que abrieron le dije, yo le avisé. Y comenzaron a discutir y casi se van a las manos, pero el Quijote lo separó.

Acto seguido, don Alonso le preguntó al pastor, al cabrero, dónde lo podía ubicar a Cardenio, porque quería terminar de escuchar la historia. Dijo el cabrero, le había dicho que era no saber desierto su humanidad refugio, pero que sea tuviese mucho por aquellos contornos, no dejaría de hallarle. Acordó o loco.

[Música]