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Mario Alonso Puig - ¡Tómate un respiro! Mindfulness | #UNIRmarioalonsopuig

UNIR | La Universidad en Internet59:14

Transcription

Viniendo hacia aquí y pensando en la maravilla de ponente que teníamos hoy, me ha acordado de algo que me contaron la primera vez que estuve en Japón. Me dijeron que un día, un soldado que había perdido a uno de sus mejores amigos en la guerra, y ha pasado el conflicto, se acercó al cementerio en el que estaba enterrado con un ramo de flores para honrarle.

Cuando lo estaba poniendo, se acercó por un lado una japonesita con un cuenco de arroz que depositó, con la delicadeza la típica de los nipones, encima de la lápida de su padre. Entonces, el soldado americano se volvió hacia ella: "Pero, ¿qué te crees? ¿Ya se va a levantar tu padre a comerse el arroz?". Y le dijo ella: "Si en el mismo momento que tu amigo se levante a ver tus errores".

Entonces, aquel día comprendí un poquito más que tenía que enfrentarme a la vida sin juzgar. No, entre otras cosas, porque si no lo hacía así, me perdería un universo entero de posibilidades, un universo entero de oportunidades, un universo entero de ventanas de prosperidad, y de crecimiento, y de virtud.

Y hoy, gracias a nuestro invitado, nos vamos a asomar a una de estas ventanas: al mindfulness. Y como él mismo dice en las primeras páginas del libro, lo tenemos que hacer quitándonos el gorro de juez, sin juzgar, y poniéndonos el de explorador. Él se lo puso hace ya 30 años, un día cuando se lanzó a recorrer, con ese gorro de explorador, la historia hasta los orígenes de esta disciplina. No, hasta las enseñanzas de Buda, que compartió con grandes maestros como Matthieu Ricard, que dicen que es el hombre más feliz del mundo. Tal cual. Tal vez porque se ha dado cuenta de que no necesita nada.

También se puso, aparte del gorro de explorador, la bata de médico para lanzarse a explorar el cerebro por dentro. También, no, con sus grandes maestros, también del otro tipo, de la Universidad de Harvard, aquellos que empezaron pioneros a analizar cuál era la influencia de esta cosa de meditación, mi intangible, que producía dentro de nuestro cerebro. Bien tangible.

Pero lo que, sobre todo, lo que se puso hace ya mucho, mucho tiempo, y no nos ha quitado ni un solo día desde entonces, es esa sonrisa de niño, la que se enfrenta al mundo con admiración, con sorpresa, y que le hace crecer más y más y más y más cada día. Señoras y señores, el doctor Mario Alonso Puig.

[Aplausos]

Bueno, buenas tardes a todos. Qué presentación tan bonita, Andrés. Francamente, entre las flores y el cuenco de arroz, me quedo con un cuenco de arroz. Yo siempre, yo siempre tengo hambre. Lo que bueno, buenas tardes a todos. Muchas gracias por estar aquí. El aumento de muchos, este es una posición más incómoda. Ojalá todos, en este ratito que estemos juntos, pues tengamos una exploración curiosa de algunos de los entresijos fascinantes de la mente humana. Muchas gracias a los organizadores por por invitarme a estar hoy con todos vosotros.

Y vamos a hablar de algo que verdaderamente, cuando yo entré en contacto hace muchos años con una persona que os presentaré, el profesor Gerben Son, no tenía ni idea del punto en el que ocuparía en mi vida, ni tampoco tenía ni idea del mundo del punto en el que ocuparía la sociedad, en la medicina, en la empresa, en la vida en general. Entonces, tal vez algunos de vosotros, algunos de vosotros tengáis ya mucha experiencia en el mindfulness, pero sí creo que es importante que todos comencemos desde el origen, entendiendo qué es esto, de dónde viene, qué no es, para qué sirve, para qué nos sirve. Y de alguna manera, recorramos ese puente fascinante entre la tradición y la ciencia.

Porque tiene un enorme elemento de tradición. Hay que honrar a aquellas personas, verdaderos científicos de la mente, que se atrevieron a profundizar en entresijos, en rincones, para muchas personas no es que fueran complicados, es que eran inexistentes. Pero también hay que honrar a personas que, algunos de ellos maestros míos, que se atrevieron hace muchos años a explorar un campo que desde la medicina y desde la psicología era visto como un poco raro, como un poco extraño, esotérico, o más relacionado con algo de corte budista que con algo que en realidad no abraza por igual a personas creyentes, no creyentes, porque tiene una connotación diferente a lo que es el mundo religioso. Es una connotación que tiene mucho que ver con el ser humano en su dimensión más profunda.

Cuando yo escribí el libro, me planteé que no solamente quería escribir un libro, sino que quería que esta publicación fuera un curso. Un curso para aquellas personas que no sabían nada del mindfulness y querían entrar de una manera amable en lo que es la comprensión de esta ciencia y de este arte. Pero también para personas que tenían muchos años de práctica, pero por no ser del campo en el que estoy yo, el campo de la medicina o el campo de las neurociencias, pues que de alguna manera tampoco tenían esta base científica. Personas que a lo mejor enseñan mindfulness, enseñan yoga, y que bueno, tampoco sabían muy bien cómo transmitir a sus alumnos o cómo transmitir a las personas con las que compartían estas enseñanzas, la manera en la que el mindfulness afecta al cerebro, la manera en la que el mindfulness afecta al cuerpo.

Tener en cuenta que nuestro concepto sobre el cerebro humano ha cambiado radicalmente. Hoy en día sabemos cosas que son meramente sorprendentes. A mí me hace gracia porque me dicen: "A ver, Mario, ¿cuánto es verdad que usamos el 1% del cerebro?". Digo: "Nadie sabe cuál es el 100% del cerebro, ¿cómo vas a saber lo que es el 1% del cerebro?". El cerebro es un órgano extraordinario. No es más extraordinario que el resto del cuerpo, pero sí sabemos, por ejemplo, gracias a algunas tecnologías que os comentaré, que todo lo que es el mindfulness tiene un impacto directo y muy marcado en ciertas estructuras del cerebro.

Entonces, como es un curso, al final puse una serie de grabaciones que hice un estudio muy especial para que haya lo que es un silencio absoluto entre los espacios de voz, porque de alguna manera, el mindfulness lo que te invita es a un espacio de sosiego y calma. Cuando todos nosotros, pues da la sensación que vamos demasiado deprisa, y de alguna manera lo sabemos, pero nos parece que pararnos a encontrar ese respiro, ese espacio de tranquilidad, parece que es una pérdida de tiempo. Eso es como si un leñador, en la época en la que utilizaban hachas en lugar de sierras eléctricas, un leñador considerase que ese tiempo que se para para afilar su hacha es una pérdida de tiempo. No cabe duda que si no afila su hacha, con el tiempo necesitará más para cortar el mismo número de árboles, pues porque su hacha no tiene filo.

Nuestra sociedad, la sociedad de las prisas, no acaba de entender la enorme importancia que tienen espacios de recuperación. Nuestra sociedad no acaba de entender que el ser humano necesita efectivamente momentos de sprint para hacer frente a las dificultades, a los desafíos, a las complejidades, pero necesita también espacios de sosiego. Y cuando los espacios no están, toda la persona sufre, y sufre su entorno, porque somos más irritables, somos más huidizos, estamos más tensos.

Por eso puse unas grabaciones, hay cuatro grabaciones de distintos momentos. Uno de ellos lo aprendí directamente de mi maestro, el doctor Robinson, y el resto lo he aprendido de otros maestros, normalmente personas que han pasado muchísimo tiempo en el Oriente y que están basadas en las metodologías fundamentales que se utilizan en el mindfulness.

Entonces, traigo a Alejandro Magno. Yo os lo describiré. La cabeza "Alejandro Magno", vale. "Alejandro Magno" fue una persona muy sorprendente, claro. No sabemos si lo que yo os voy a contar es historia o leyenda, pero en cualquier caso, viene bastante a colación. En este mapa que veis del mundo antiguo, bueno, "Alejandro Magno", después de unificar todas las ciudades griegas, empieza a invadir más y más territorio y conquista todo Asia Menor. Y llega un momento en el que va a ir más allá de Asia Menor. Y uno de los generales le para y le dice: "Alejandro, no podemos seguir". Alejandro Magno pregunta: "¿Por qué, general?". "Porque aquí se acaban los mapas". Es impresionante. "Aquí se acaban los mapas".

Y la contestación de Alejandro Magno, que sí pega bastante con lo que parece que históricamente fue la contestación de Alejandro, fue la siguiente: "General, los ejércitos medios se quedan dentro de los mapas. Los grandes ejércitos exploran lo que hay fuera de ellos". Lo que estaba más allá de Asia Menor era la India. La India no existía en ninguno de los mapas que manejaban los occidentales.

Esto ha pasado muchísimo con el mindfulness. El mindfulness desafía por completo nuestra mente racional. Y por eso, algunos de mis maestros, cuando decidieron investigar esto, fueron ridiculizados por sus colegas, pensando que era estúpido lo que hacían, que era absurdo asomarse a un sitio donde no había mapa. Pero fueron estos pioneros los que por atreverse descubrieron un nuevo mundo y lo compartieron con nosotros. Y gracias a estas personas, hoy podemos entender que el mundo no se acaba donde nuestros viejos mapas.

Por lo que vamos a explorar hoy juntos es lo que hay más allá de ese mapa. ¿Qué es lo que hay más allá de nuestra forma tradicional de pensar? ¿Qué es lo que hay más allá de esa imagen que vemos reflejada en el espejo?

Cuando yo tenía 17 años, tuve la increíble fortuna de comprarme un libro escrito por un gran médico. Yo no le conocía. Luego fue profesor mío en los cursos de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, donde hice los cursos de doctorado después de acabar la carrera de medicina, por Pedro Laín Entralgo. Y un libro sobre historia de la medicina que se llamaba "La relación médico-enfermo". Fue el primer libro de medicina que leí en mi vida. Tenía 17 años. Hoy tengo 62. Y en aquel libro describían que los médicos griegos de la escuela del famosísimo Hipócrates, tal vez os suene el Juramento Hipocrático, habían hecho un descubrimiento sensacional: habían descubierto que a través de palabras, que a través de la comunicación, habían curado enfermedades.

Esto es verdaderamente rompedor, porque una enfermedad es algo tremendamente físico. Y no entendemos cómo las palabras, que son cosas etéreas, intangibles, cómo es posible que tengan ese impacto. Bueno, lo que ellos descubrieron fue tremendo. Descubrieron la importancia de la cercanía, la importancia de la escucha, la importancia de la pregunta. Trata de la pregunta con deseo profundo de conocer y de comprender. Y cómo esto repercutía en el cuerpo. Esto hace 2500 años, sí, acá en la Grecia de Hipócrates, creador de la escuela de medicina de Epidauro.

Pero digamos que fascinante lo que ocurre en algunos periodos de la historia de la humanidad, donde simultáneamente en distintos sitios se van haciendo descubrimientos. Hipócrates y su escuela de medicina griega descubren que se puede curar a través de las palabras, y que esto sucede, en su opinión, porque hay algo dentro de las personas, de las personas enfermas en este caso, que cuando se activa tiene un poder transformador brutal. Ellos saben que no todos los médicos son capaces de producir este impacto en los enfermos, pero los médicos que a través de la comunicación consiguen generar esta sacudida interior en sus enfermos, consiguen que una fuerza desconocida hasta el momento y que está dentro de sus enfermos se ponga a actuar. Como no es un conocimiento científico, no es algo que la ciencia de la época pueda de alguna manera estudiar o mostrar, le llaman el arte médico, el arte de curar a través de las palabras.

Pues hace 2500 años, en esto, lo que queda de esta ciudad, Kapilavastu, en la India, en el norte de la India, prácticamente en la frontera con Nepal, nace un niño. Ese niño es hijo de unos reyes, los reyes de Sanya. Y este niño, de alguna manera, tiene algo especial. Es un niño que el príncipe Gautama Siddhartha. Y el príncipe Gautama Siddhartha vive muy tranquilo en su palacio. No es fácil que vea el dolor de otros seres humanos, no es fácil que vea la vejez, no es fácil que vea el deterioro. Pero en una ocasión experimenta algo que le impacta mucho: de una persona muerta, de una persona enferma, de una persona muy anciana.

Y aquí es donde viene un punto verdaderamente misterioso. Este hombre se plantea que los seres humanos sufrimos. Y podríamos... eso es evidente. Si no es tan evidente, cuando uno entiende a qué llamaba el príncipe Gautama Siddhartha sufrimiento. Sufrimiento es aquello que se añade al dolor natural. Vamos a imaginar, qué, pues yo tuviera ronquera con un virus, pica con una ronquera y tal cual. Y bueno, físicamente me fastidia porque yo tengo que estar hablando, dando clases o conferencias, lo que sea, y esto es un dolor que es normal, no me gustaría tenerlo, pero lo tengo. El sufrimiento es cuando la mente empieza a generar de esto toda una historia. "Ahora verás, claro, jefe, con esta ronquera no vas a poder ni hablar". O "liberar si lo que hablas en ese tema". Hoy entendéis lo que os quiero decir. Este proceso de rumiación.

Y este joven intuyó que había algo curioso en este proceso, que había algo en el ser humano que dificultaba la superación del dolor, que hacía que la vejez se llevara peor, que la enfermedad fuera peor, que las pérdidas fueran más dolorosas. Pero no sabía lo que era. Es cierto que en el año 3100 aproximadamente se había publicado un libro que celebró, que él conoció, el Bhagavad Gita, que ya hablaba de estos temas, pero no había nadie que los hubiera investigado con profundidad. Fue el príncipe Gautama Siddhartha el que abandonó a su mujer, que acaba de tener a su hijo Rahul, durante 12 años a intentar entender qué nos pasa a las personas. Nosotros reconocemos como el primer despierto, el príncipe Sakyamuni, Buda, en sánscrito, es el despierto, porque cuando descubrió lo que nos pasa, algo cambió en su semblante.

Y una ocasión, saliendo de un bosque, se encontró con un campesino que, al ver a alguien tan especial, le dijo: "Eres un dios". Y él: "Soy el despierto". "¿Qué quiere decir eso?". Pero fijaros si nos vamos, mira qué interesante lo que decía Buda. Os lo voy a leer para los que no podéis verlo, porque este es otro sitio para enseñar a los demás. "Primero es de hacer tú algo muy duro: has de enderezar te a ti mismo". Oye, qué fácil es ver en el otro el problema, qué fácil es ver en el otro el defecto, qué fácil es ver en el otro la falta de atención hacia nosotros. Qué difícil es verlo en uno. Y cuando uno se lo dicen, es que no le gusta nada. Porque a mí me encanta eso cuando decimos: "Dime la verdad". Nadie quiere conocer la verdad, pero hay que conocer la verdad.

Tú te vas a un restaurante y te llega a lo mejor el chef y dice: "¿Le ha gustado?". Y antes que conteste, se ha ido. Yo recuerdo una ocasión en Madrid, en un restaurante de alta cocina, dijo: "¿Le ha gustado?". Yo: "Sí, sí, sí, está muy bueno, de verdad". "¿Le ha gustado?". Y cómo puede ser. "Este quiere conocer la verdad". Sorprendente. Digo: "No, está muy rico, pero de verdad, ¿no hay algo que yo pueda mejorar?". Casi con ganas de abrazarlo, decirle: "A usted que lo clonaran". Bueno, es fácil, no es para sentirse mal, es para tomar conciencia de que es más fácil ver lo que el otro tiene que mejorar que lo que yo tengo que mejorar.

Pero es que fijaros que en China, hace 2500 años, también aparece una persona muy especial. Se llama Lao Tse, de la base, que escribe un texto muy bonito. Es un texto de orden metafísico, se llama el Tao Te Ching. Y fijaros qué cosas dice este hombre hace 2500 años. Voy a leer: "Si estás deprimido, es porque vives en el pasado. Si estás lleno de ansiedad, es porque vives en el futuro. Si estás en paz, es que vives en el presente".

Cuando uno va para atrás, nos da la sensación de que casi siempre es para lamentarse por algo que hizo o dejó de hacer. Y cuando se va al futuro, nos da la sensación de que es para llenarse de ansiedad ante lo que podría pasar. Es increíble. Qué engaño más sutil de nuestra mente. Si nos vamos para atrás para aprender, mentira, te quiere llevar para atrás para que te sientas culpable o avergonzado. Bueno, vamos al futuro, que hay que anticipar, mentira, te va a llevar al futuro para que te preocupes y empieces a sufrir por cosas que todavía no sabes ni siquiera si van a suceder.

El gran reino de Descartes, filósofo, padre de la filosofía racionalista en el siglo XVII, un hombre que no valoraba demasiado las emociones, a punto de morir escribió una carta donde ponía: "Mi vida estuvo llena de desgracias, la mayor parte de las cuales jamás sucedieron". Nos cuesta tanto estar en el que llega la hora. La sensación de que este es un sitio raro es tan apremiante que con facilidad nos vamos para atrás o nos vamos para adelante. Bueno, el mindfulness, y sobre todo en este caso, Lao Tse, lo que nos decía es: "En el presente está la solución". Y nosotros tenemos que entender por qué. Porque esto está en el presente. Oye, mucho, pero ¿qué quiere decir? ¿Qué significa realmente?

Cuando... bueno, la historia de Einstein. A mí este me apasiona. Este es muy conocido, obviamente, como físico, pero es un profundísimo metafísico. Entonces, claro, cuando... tener en cuenta que nosotros somos hijos de una serie de maestros. Somos hijos, filosóficamente, somos hijos de Descartes, de Kant, y somos hijos de Newton desde el punto de vista de la física, la física newtoniana. Y de repente aparecen una serie de personas, Einstein, uno de los primeros, que te habla de un orden distinto de la realidad, de que hay algo más allá del mapa. El mapa que se utilizaba en la física. Hoy sabemos que la física subatómica, la física teórica, la física de las partículas, muestra que hay un comportamiento radicalmente distinto de esas partículas al comportamiento de las piezas de una máquina, de las estructuras más grandes. No es que la física newtoniana desaparezca, es que la física teórica amplía. No es que el mindfulness diga: "Lo anterior no sirve", es que amplía. No es que se diga: "El mapa previo no sirve", es que se amplía el mapa. Se dice: "Hay más cosas que no estaban o que no están en el mapa". Esto se llama un cambio de paradigma. La palabra paradigma viene del griego, "paradeigma", que quiere decir forma de ver. De alguna manera, lo que el mindfulness a lo que el mindfulness invita es a ampliar tu forma de ver. No dice que tu forma de ver anterior no sea correcta, dice que es limitada, y que si quieres ver más opciones en tu vida, es bueno que explores lo que hay, o es deseable que explores lo que hay más allá del mapa.

Este fue mi primer maestro. Yo estaba de cirujano en Boston, y él estaba de cardiólogo en el hospital de enfrente. Me formé con él, me interesé por su vida y le tengo una gran admiración. El doctor Robert Benson, cardiólogo, Ourense, Harvard, y profesor titular de cardiología del hospital Deaconess, que son los hospitales de la Universidad de Harvard. Era un hombre muy preocupado con la hipertensión arterial. Vosotros sabéis que la hipertensión arterial es una cosa muy común, y que la persona que lo padece, si sabe que lo padece, si tiene un poco de cuidado con la sal, se hace un poco de ejercicio, no tiene sobrepeso, etc., desde la y con medicación va bien. Pero claro, el doctor Benson se dio cuenta de que muchos de sus enfermos había momentos en los que se ponían nerviosos, ponían más tensos. ¿Quién no se pondría más tenso? Un problema de circulación o lo que sea, tenían subidas de la tensión arterial que eran peligrosas. Y entonces él decía: "¿Sea posible encontrar una forma para reducir la tensión arterial a cifras normales sin tener que usar cantidades masivas de medicación que tienen efectos secundarios?".

La medicina decía que eso era imposible. Se sabía, obviamente, que cuando una persona está tensa, está estresada, activa una parte del sistema nervioso que se llama sistema nervioso simpático, un sistema nervioso que lo que hace es ponerte en situación de alarma. Y todos nosotros tenemos en los lóbulos temporales del cerebro, a la altura de las orejas, unos núcleos que se llaman amígdalas, y que están en el cerebro porque, en ocasión, se me olvidó decirlo, una persona se le puso súper pálida, yo no sabía qué le pasaba, pero estaba pálida. Y dije: "Algo le pasa a esta persona". "Para hacer cólico". "¿Se encuentra usted bien?". Y dijo: "No, yo creo que le pasa". Dije: "¿Qué le pasa?". "Dice que estoy entendiendo toda mi vida y ya no tiene remedio". Me las quitaron de pequeño. La confusión viene de que amígdala, viene del griego, quiere decir forma de almendra, igual que esta, e igual que estas. Pero en los núcleos en el cerebro, y es el detector de peligro. Cuando tú piensas que estás en peligro, el detector se activa. Y al activarse ese detector en la amígdala, el núcleo central de la amígdala pone en marcha el sistema nervioso simpático, y una de las cosas que hace es subir la tensión arterial.

Entonces, claro, Benson dijo: "Si hubiera alguna forma de reducir la actividad del sistema nervioso simpático, si consiguiéramos que esto, este sistema, no se activara de forma tan habitual, mis enfermos estarían mejor". Pero la medicina decía que era imposible. Ahora bien, había un suizo, Walter Rudolf Hess, era un oftalmólogo y que se convirtió en investigador, que ganó en 1949 el Premio Nobel de Medicina, y que había descubierto en el cerebro una estructura que se llama el diencéfalo, y en el diencéfalo había encontrado un núcleo que en realidad corresponde al hipotálamo anterior, y crea un núcleo capaz de activar la respuesta contraria, es decir, producir un estado de calma, contrarrestar la activación del sistema nervioso simpático. Lo había estudiado en gatos, pero claro, no había manera de saber si eso podía aplicarse a humanos. Obviamente, el ser humano tiene también sus núcleos, pero ¿cómo llegar a ese núcleo? ¿Cómo activar ese núcleo para que se produjera esta respuesta de relajación del organismo en una situación donde antes había tensión?

Y este hombre, obsesionado, como os digo, por mejorar la función cardíaca, por intentar que este corazón que todos tenemos, la tierra, con más sosiego, con más paz, con más tranquilidad, no paraba de buscar algún tipo de forma para activar ese núcleo. Pero que la medicina decía que ese núcleo está tan profundo en el cerebro que no se puede activar. Hasta que, por una serie de curiosas casualidades, no entraré mucho en detalle, pero cayó en sus manos un libro que le hablaba de que la comunidad budista era capaz de hacer cosas con su cuerpo que parecían imposibles. Y no hablo de levitación, porque nadie ha probado que la levitación exista, no digo que no exista, pero no, nadie lo ha probado. Pero sí que eran capaces de activar cosas en el cuerpo que solo era posible que esos se podían activar si sabían la vía a ese núcleo, al núcleo trofotrópico del hipotálamo.

Entonces, él viajó al norte de la India, a la comunidad tibetana, en el 59. Tuvo que salir del Tíbet por la invasión china, y estaban en Dharamsala, 7.000 pies de altura. Y empezó a hacer registros de los monjes de meditación y dijo: "Han encontrado el camino. Saben cómo activar este núcleo". Pero ¿qué es lo que hacen? Si las sensaciones que solo cierran los ojos. No da la sensación de que hagan más. Vistos, las filmaciones, las he visto en Boston, y son increíbles. Entonces, dijo: "Esto de investigar con más profundidad". Y creó el Instituto Mente-Cuerpo, no sea de Harvard. Y lo que él vio es que efectivamente, ciertas prácticas muy antiguas que están basadas en las enseñanzas de Buda, activan ciertos centros del cerebro que a su vez ponen en marcha esta respuesta de relajación.

Pero no cuando una persona está en la playa, porque cuando está en la playa, debajo de un cocotero, lo más que te puede tensar es la preocupación de que te caiga un coco. Pero si no estás ahí, relajado, ¿dónde te vas a relajar? Lo importante es que esto se podía aplicar en el día a día, cuando antes, previamente, la persona estaba tensa. Y era muy importante estudiar en profundidad esto, porque un científico de Canadá, no de origen, ante Canadá, era húngaro, pero había muchos años en Canadá, dijo que cuando una persona está en equilibrio, pero algo empieza a alterar la, alterar la, alterar la, y esta persona se resiste y se resiste, lo que puede, pero no consigue vencer el obstáculo, llega un momento en el que llega a la fase de agotamiento, fase muy dañina para la salud.

Entonces, Benson dijo: "Si yo consigo estudiar a fondo esta respuesta, si veo una forma sencilla de enseñarla a mis enfermos, ten en cuenta que soy cardiólogo, y él lo que quería enseñarle a sus enfermos para que hicieran mejor, puedo conseguir beneficios". Y fue el primero en la historia que empezó a hacer registros médicos para ver lo que pasaba en estos estados meditativos.

Y ahora os voy a enseñar unas estructuras. Las voy a, os voy a describir a los que estáis fuera. El encéfalo humano es muy complejo, es una complejidad extraordinaria. Tiene aproximadamente unos 100.000 millones de neuronas, con 100.000 millones de conexiones, una cosa verdaderamente portentosa. Hay una serie de estructuras. La amígdala, os lo he comentado. No sabéis los que estáis fuera, pero está a la altura de las orejas. Pero hay una estructura también muy interesante que es el hipocampo. Todos sabemos que vivimos en una época muy compleja. No es un cambio, es un cambio de mundo. Todos tenemos que aprender a hacer cosas nuevas, a desarrollar nuevas habilidades, manejarnos mejor con las tecnologías digitales, y todo esto implica, precisa de nosotros, una velocidad para captar información, procesar información y manejarla superior a lo normal. Para eso hace falta una estructura llamada el hipocampo. Se llama así por su forma de caballito de mar. No lo podéis ver, es una pena los que estéis fuera, pero es un encéfalo tridimensional girando. Es un encéfalo humano. Es una resonancia funcional magnética. Me dan ganas casi de meterme aquí y abrazarlo, ¿verdad? Es como si saliera, ¿verdad? Eso es precioso. ¡Qué cosa más bonita! Pues esto que veis en colores es el hipocampo.

Pues las cosas más fascinantes que se vio es que cuando una persona entra en estos estados de calma interior, de sosiego, de paz, donde, fijaros, no huye del mundanal ruido exterior, huye del ruido interior de esta mente que es como una jaula de grillos, que es un parloteo constante que te hacen una faena por la mañana y está estupenda, que la faena que me hizo, y por la noche, al día siguiente, tengo que pensar cómo devolver la faena. Este parece que nos convertimos en vacas rumiando. Y bueno, pues una de las cosas que se observó, sobre todo por la doctora Sara Lazar, del hospital general de Massachusetts, también dentro del grupo de Harvard, las cosas que se observó es que cuando uno consigue no parar ese parloteo, porque ese parloteo va a seguir, es lo que hace, lo que fabrica la mente, lo que malamente dualista, pero cuando tú consigues que no te atrape, entonces los hipocampos, los centros de la memoria y el aprendizaje, aumentan en volumen.

Fijaos la importancia que esto tiene. El ruido mental reduce tu capacidad de aprender, reduce tu capacidad de procesar la información, reduce tu capacidad de incorporar nuevas habilidades. Claro, para poder ver esto ha hecho falta el desarrollo de tecnologías muy complejas, como la que os he mostrado, de resonancias funcionales magnéticas, etcétera.

Este es otro de los grandes pioneros. Durante una época coincidió con el doctor, bueno, él pensó, él es biólogo, especializado en microbiología, en un doctorado en microbiología por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, que está al otro lado de Boston, está la ciudad de Cambridge, enfrente de Boston. Esta persona había practicado el mindfulness, esta metodología, este abordaje para generar espacios de paz interior, de calma y de sosiego, lo había utilizado muchos años de su vida y no todos los beneficios. Y dijo: "Yo tengo que llevarlo a los enfermos. Yo tengo que enseñar a personas que tienen dolor, a personas que tienen dificultades. Tengo que enseñarles esto porque creo que les puede ayudar". Y entonces fue a la Universidad de Massachusetts, se fue a lo que se llama el Departamento de Ciencias de la Conducta, de libros en seis, y dijo: "Me gustaría montar una clínica de reducción del estrés. Creo que esta sociedad está muy estresada, creo que podría venir bien mi experiencia es muy buena a nivel personal". Hay el doctor Benson lleva tiempo trabajando en Boston también en esto y ha tenido resultados muy satisfactorios. "¿Por qué no montamos esto?". Y montaron una clínica y empezaron a aplicar el mindfulness para la reducción del estrés, que se llama MBSR, es decir, Mindfulness-Based Stress Reduction.

En qué consiste el tema. Consiste en una cosa muy, muy sencilla. Fijaros, aquí utiliza otros colores, pero voy a usar unos colores que se vean, tal vez mejor. Si yo pongo el color amarillo aquí y el color azul aquí, y los junto, ¿qué color veis? Verde. ¿Verdad? Que en el verde no distinguís el amarillo y el azul. Para que sabéis que amarillo y azul, pues lo que se llama colapso de onda. Esto procede de la física cuántica. El dolor es consustancial con la vida humana. Pierdes un ser querido, ¿cómo no te va a doler? Te roban el coche, ¿cómo no te va a doler? A mí me lo robaron dos veces y aquello dolió. Pierdes el trabajo, ¿cómo no te va a doler? Cuando hay gente que se acerca y dice: "No es para tanto, que te pase a ti, no es para tanto". Oye, ¿qué te pasa a ti? Pero hay, entonces, digamos que eso puede ser el color amarillo. Pero se añade una cosa que es el color azul, que es el parloteo mental. Y que no nos damos cuenta de que se está añadiendo, porque ocurre por debajo de la conciencia. Y de repente, has perdido el trabajo y ya no vales nada. Has perdido un ser querido, ya tu vida no tiene sentido. Te han robado el coche, ya la gente es mala. ¿Entendéis lo que os quiero decir? Como ocurre por debajo de la conciencia, uno no lo entiende, no sabe lo que le está pasando.

Lo que hace el mindfulness es separar la onda. El dolor tiene que estar, es parte de nuestra naturaleza. Pero el sufrimiento es una creación de la mente humana.

Este es otro de mis maestros, el profesor Jon Kabat-Zinn. Él trabaja en la Universidad de Massachusetts. Es una persona maravillosa, además un extraordinario, toca maravillosamente el violín, y ha descubierto algo sumamente interesante con la práctica del mindfulness. Y esto lo he sacado del libro, lo voy a describir. ¿Quién de vosotros, quién de vosotros no ha tenido la siguiente experiencia? Va en su coche y de repente, llegar donde tenía que llegar, pero no sabe cómo ha llegado. ¿Entendéis? En piloto automático. Pensando, tal cual, esa cosa llamativa, como si alguien te estuviera conduciendo el coche.

Unos investigadores descubrieron que hay un circuito que es el circuito de la red neuronal por defecto (default network) que se encarga de actuar como piloto automático. Pero este circuito tiene un problema. El problema es que cuando estás en piloto automático, primero, la posibilidad de tener un accidente se multiplica muchísimo. Y segundo, que este piloto automático es lo que se llama "the wandering mind", la mente que divaga, y que es la fuente de la infelicidad. Estar en piloto automático. Estar en piloto automático cuando no está en piloto automático, uno está en piloto automático. Cuando una conversación, dejar la cara, apueste de llevar la olla, Camboya la cara, la dejas. Estás en piloto automático. La persona ve que tú la miras, pero sabe que no estás ahí. No sabe dónde está, pero sabe que ahí no estás. Vente de lo que os quiero decir es eso que llaman "the wandering mind". Dice: "The wandering mind", "la mente que divaga", es una mente no feliz.

No podemos entrar en la construcción del yo, porque nos llevaría mucho tiempo. Pero es interesante que sepáis que la práctica del mindfulness interfiere directamente en este circuito. Interfiere en este circuito. Por ejemplo, nosotros comemos automáticamente. Nosotros no comemos con el cuerpo, comemos con la mente. Es como si el tenedor o la cuchara tuvieran vida propia. ¿Sabéis? O sea, según ya te está entrando el bocadito, ya el tenedor se está lanzando por el otro. Y luego, cuando uno ha comido, me he pasado. Sí, pero es que nos pasamos una y otra vez, porque vamos en piloto automático. Bien, estas razones, por cierto, de la obesidad.

No, incrementa la ansiedad. Por lo que demostró el doctor Watson Cruel con la serie de experimentos elegantísimos, es que cuando nosotros nos abrimos a este espacio de sosiego, de paz y de tranquilidad, empezamos a interferir con ese circuito. La ventaja es que el circuito automático está, a su vez, interfiriendo con un circuito importantísimo para mantener la atención, para aprender, para estar concentrado y para darte cuenta de lo que está pasando a tu alrededor. Este es el otro circuito que se llama red ejecutiva central (executive network). Es el que te ayuda a enterarte de qué va la cosa. Si alguien te está hablando, estar captando lo que de verdad te dice. Si estás ante un problema, entender de verdad de qué va el problema. Pero si uno tiene activado el circuito automático, entonces no se está enterando. Está captando muy poca información, aunque se cree que la está captando toda.

Pues uno de los grandes hallazgos de Jon Kabat-Zinn ha sido este: que la práctica del mindfulness, de estos espacios de silencio, de paz y de tranquilidad, no solo interfieren en el circuito automático, en la red por defecto, sino que potencian el otro sistema. Esto, ¿cómo se ve? Esto se utiliza fundamentalmente electroencefalografía muy precisa, se utilizan técnicas de resonancia funcional magnética, que permite de alguna manera ver la mayor o menor actividad de esas zonas. Es decir, lo que te permite el mindfulness, lo que te permite este estar aquí y ahora, activando nuevos circuitos y desactivando circuitos que no te ayudan, es empezar a cambiar tu percepción de las cosas. Empiezas a observarte de una manera distinta, con mucha más compasión, con mucha más comprensión. Empiezas a ver a las demás personas con más benevolencia. Te vas dando cuenta de que, bueno, de que claro, muchas veces la irritación hace que nos provoquemos unos a otros, pero detrás de la irritación, detrás de la provocación, al menos la mayor parte de las veces, no hay un deseo de dañar, sino es como el que está ahí, como el elefante en cacharrería, o sea, no sabe por dónde, cómo ventilar su su tensión, y la ventila a través de la agresión.

Otra cosa fascinante que se ha visto utilizando electroencefalografía es con la práctica, es lo siguiente. Veréis, nosotros tenemos dos hemisferios cerebrales. Lo más parecido que he visto a un cerebro es una nuez o un coral marino que tiene la forma del cerebro. Todos, cuando abrimos la cáscara de la nuez, vemos que tiene dos mitades y además están arrugadas. Uno acá. Si una persona me pregunta: "Oye, Mario, ¿por qué el cerebro está arrugado?". Y le: "Porque si no, no cabría en la cabeza". ¿Os imagináis la corteza cerebral desplegada? Tendríamos una cabeza como un piano de cola. ¿Quién sale por el canal del parto con una cabeza que tiene el tamaño de un piano de cola? Una manera ética, arrugar. Bueno, pues eso es el encéfalo humano. Tenemos dos hemisferios, el izquierdo y el derecho. Y en 1981, el profesor Roger Sperry, trabajando en el Caltech, Instituto Tecnológico de California, que está en Pasadena, el hombre descubre, estudiando una serie de cosas que se llama la serie "El cerebro dividido de California", descubre que cada hemisferio cerebral hace una cosa diferente.

Por ejemplo, yo el brazo derecho lo utilizo, lo puedo mover, gracias al hemisferio cerebral izquierdo. Por eso, cuando una persona tiene una hemorragia en el lado izquierdo del cerebro, veréis que la dificultad la tiene en el lado derecho. Y si la ha tenido en el lado derecho, la hemorragia, la dificultad la tiene en el lado izquierdo. Esto se sabía de hace mucho tiempo. Lo que Sperry demostró es que cada hemisferio cerebral tiene su propia mente, y cada mente hace una cosa diferente. Por ejemplo, para analizar, para organizar, para sumar, para restar, para hablar, para comunicar, necesitamos el hemisferio izquierdo. Pero para conectar, para tomar perspectiva, para imaginar, para relacionarnos con la incertidumbre y lo desconocido, necesitamos el hemisferio derecho. Los dos hemisferios están hechos para colaborar, igual que el hombre y la mujer, para mutuamente hacerse más grandes.

El problema es que cuando una persona está bajo estrés, los dos hemisferios no hablan o hablan muy poco. Claro, ya os podéis imaginar el impacto de esto. La persona que tiende a ser analítica, bajo estrés, se vuelve aún más analítica, más rígida en su análisis, más rígida su estructura. La persona que es de corte más imaginativo, cuando está bajo estrés, se convierte como en un globo de helio. Flota, flota, y del hemisferio crece, aterriza y se para. Que si desde aquí se ve todo mejor.

Entonces, ¿qué ocurre? Que la práctica del mindfulness lo que hace es sincronizar los dos hemisferios. Cuando el doctor Benson, mi primer maestro, empezó con sus enfermos a enseñarles lo que se llama la técnica de relajación, que es una técnica en mindfulness, lo que buscaba, como se ha comentado, era la mejora de la salud. Pero conforme pasaron los años, sus propios enfermos, que le seguían viendo, aunque estaba mucho mejor, le decían: "Doctor Benson, evidencia algo curioso: me he vuelto más creativo". Y cada vez son de entrada. Como no le interesaba la buena, pero cuando se lo empezaron a decir, bueno, y más esto, ¿a qué se debe? Se empezó a estudiar cómo la respuesta de relajación afecta al proceso creativo. Porque sabemos que esto es así, porque cuando se utiliza electroencefalografía de alta precisión, si ve una persona muy estresada, tiene un ritmo de onda, sobre todo en el hemisferio izquierdo, muy rápido y se mal torreta, es el cerebro agitado. Y el hemisferio derecho tiene ondas tipo alfa. Pero cuando una persona encuentra ese espacio de calma y de sosiego, el alto beta empieza a hacerse más lento y las ondas alfa empiezan a extenderse. Y grupos más grandes de neuronas de los dos lados de los hemisferios cerebrales, a los dos hemisferios cerebrales, empiezan a dialogar entre sí. Y por eso empezaban las personas a decir que eran más creativas, que estaban viendo las cosas con más amplitud.

Las ondas cerebrales han sido la gran apuesta para comprender esto, el ver los cambios de registro. Y para que os hagáis una idea, hay fundamentalmente tres tipos de ondas, aparte de las beta: está las alfa, las theta y las delta. Las alfa son las ondas más habituales en el mindfulness, ondas lentas y muy amplias. En esas ondas, el cerebro es especialmente creativo. Ese es el momento donde, de repente, empiezas a ver cosas que no habías visto. Las ondas theta las produce el hipocampo y es el momento en el que empiezas a revivir cosas que te sucedieron en el pasado, que en su momento no las pude digerir, pero bajo una conciencia madura, ya puedes digerirlas. Se están reactivando recuerdos antiguos. Las ondas delta son muy difíciles de captar porque se confunden con las.

ondas que produce la musculatura del cuello, pero son algunas personas muy expertas son capaces de producirlas y están asociadas sobre todo con gran capacidad sanadora dentro del organismo.

Voy a usar una metáfora. Me encantan las metáforas porque te permiten visualizar cosas que son difíciles y cosas que son complejas de explicar con palabras. Mirad, nuestra mente es como un océano revuelto, donde hay olas grandes e impetuosas, agresivas. Y, pues claro, esto nos afecta a nuestra vida, nos afecta en la salud, nos genera tensión, sube el colesterol, sube los lípidos, sube la glucosa, sube el cortisol, en fin, un montón de lío.

Cuando una persona se va sosegando, cuando una persona se va calmando, es como si pasara de la superficie del océano, con esas ondas, con esas subidas y esas bajadas, a un espacio un poquito por debajo. Entonces, ya estás debajo, ya estás en el agua, ya estás sumergido. No estás muy profundo, pero miras hacia arriba y, aunque sientes la agitación de las olas, no te están afectando tanto.

Cuántas veces nos habrá pasado, más de uno, que estamos en un mar revuelto, que viene una ola directo muy grande y, en lugar de aguantar, la creces conmigo, no puede nadie. Tú te sumerges y la ves pasar por encima. Pues es lo mismo. A medida que vas avanzando en la práctica del mindfulness, claro que se siguen produciendo olas porque la mente no para de producir esos pensamientos, pero ya no te atrapan. Los ves como a distancia.

Conforme vas profundizando, vas entrando en un sitio verdaderamente curioso, un sitio que aquí está representado para los que no lo podéis ver como el fondo del mar, con sus corales, con sus peces. Este es el fondo de la mente humana. Y entonces, en el fondo, ¿tú qué ves? En el fondo, lo primero que ves son capacidades tuyas que no sabías que tenías. Por eso mejora la confianza, tienes más ilusión, tienes más alegría. Y también descubres aquellas cosas que están impactando negativamente en tu vida y que no sabías que tenías. Descubres, por ejemplo, hasta qué punto uno está centrado en sí mismo, cosas que no son agradables de ver, pero cuando las ves, las puedes resolver. Si no las ves, y esto no te sucede como procesos, de repente lo ves emerger.

Es muy importante que entendáis una cosa: el mindfulness no busca cambiar a nadie. El mindfulness es un abordaje que lo que busca es enseñarte un camino para reencontrarte con tu verdadera identidad.

Y ahora, voy a explicar un poquito la parte más práctica para que tengáis una idea más clara. La dificultad para hacer una práctica es que hay muchos que estáis de pie y algunos que estáis sentados. Y los que estáis sentados pueden ir muy bien, pero los que estáis de pie, si lo hacemos ejercicio mindfulness, pues a lo mejor acabáis en el suelo. Entonces, tampoco es plan. Pues yo os voy a decir lo que decir, en qué consiste. Sorprende que sea tan potente y tan sencillo. Mira, en qué consiste este espacio de salida. Consiste exclusivamente en entrenar un músculo, el músculo más importante del ser humano, que no es ni el bíceps, ni el tríceps, ni el cuádriceps, ni el gemelo, ni el sóleo. Es el músculo de la atención.

Entonces, claro, tú tomas una posición sentado o tumbado, con la espalda recta, y lo que haces es sencillamente llevar tu atención a tu respiración. ¿Por qué? Porque la respiración es algo que está sucediendo aquí y ahora, en este momento. Entonces, es la referencia que tú tienes para ir entrenando tu atención.

Entonces, ¿qué ocurre? Que te surge un pensamiento. Desde entonces, el pensamiento puede ser: "Qué abrir hoy de cena. Habrá pimientos rellenos de bacalao. Estarán ricos". ¿Sabéis de lo que hablo, a que sí? Pero esto va a suceder. El problema es cuando el pimiento te atrapa. Y entonces, ya te ves, ¿me entendéis? Ya te tienes comiéndote el pimiento. Ya está atrapado. Ya está atrapado. Es caliente.

"Es que yo no puedo dejar de tener pensamientos". Y yo tampoco. Si el tema es que no te atrapen. Te das cuenta hoy, pimiento. Luego esperas y vuelves a atención. Y ese es el ejercicio.

¿Qué pasa en ese proceso? En ese proceso, la mente, que está habitualmente agitada, empieza a calmarse de forma natural. Y cuando empieza a calmarse, tú te empiezas a encontrar mejor. ¿Por qué? Porque lo que de verdad te hace al ser humano es su mente.

Y voy a contar un ejemplo para que veáis hasta qué punto esto es así. Tal vez alguno me lo ha escuchado. Tú lo has oído, Andrés. El caso de una enferma, se llama Margarita. ¿Lo conocéis? No digas lo que le pasa a Margarita. La Margarita, un ardor de estómago horrible, horrible. La pobre, y toda la culpa de su jefe. Cuando ya empezó a trabajar su interior, su tubo digestivo se mejoró, se quitó el dolor de estómago. Su jefe era mejor, zona, etcétera. No nos damos cuenta hasta qué punto nosotros estamos generando esa agitación. Como no lo vemos, necesitamos algo que a nivel inconsciente esté funcionando, esté resolviendo, esté sosegado, esté tranquilizando.

Entonces, la mente plenamente presente, que es lo que significa mindfulness, que tienes y ejercicios. Luego, que haces es irte entrenando en eso, es decir, irte entrenando para que tú seas el dueño, la dueña de tu atención. En un mundo que está permanentemente distraído, donde pensamos que la multitarea es lo normal, la multitarea es profundamente anormal. No hay un solo estudio científico que demuestre que el ser humano está hecho para la multitarea. Otra cosa es que vivamos.

Se fractura la atención. Conforme tú vas teniendo, ganando espacio, teniendo esos cinco minutos, diez minutos, por la mañana, entonces no voy a sentar. Voy a sentar con tranquilidad. Me voy a poner una alarma suave. No te pongas el típico este de de martillos alemanes de la alarma que te levantas y te pegas todo un susto. Pues una música suave. A los 10 minutos para olvidarte del reloj. Vamos a ver esto.

Entonces, sencillamente, sentadito o tumbado, empiezas a notar la respiración. Te fijas que aparece el pensamiento: "¿Qué haré de desayuno o qué desayunaré hoy?". Y tú no te enfadas. O no. Tú haces como si tuvieras una mascota. No lo arrancas el cuello cuando está aprendiendo. Tú lo agarras con firmeza y amabilidad y vuelves aquí. Y sigue siendo. Te vuelve a ir, pero tú, con la misma paz y firmeza, lo vuelves atrás. Y te vas entrenando en el "soy".

Entonces, lo que va pasando con el tiempo es que la mente se va apaciguando. Tu reactividad se reduce y empieza a haber un espacio para la respuesta. Somos criaturas muy reactivas. ¿Qué tal estás? ¿Por qué te preguntaba qué tal? Es qué tal estás. En esa reactividad, que es un fruto directo de la mente que rumia, de la mente que agita, esa reactividad se va reduciendo. Empiezas a tener más vitalidad, empiezas a tener más tranquilidad, empiezas a tener más energía, empiezas a tener más compasión.

Entonces, lo que descubrieron estos científicos de la mente sencillamente es que se puede vivir de otra manera. Pero tenemos que entender que nuestro problema no es la falta de tiempo. Yo sé que todos pensamos que el problema es la falta de tiempo. No es verdad. Comentaba esta mañana en un programa de televisión que un amigo mío austriaco se encontró en una casa de un bisabuelo suyo un periódico de comienzos del siglo XX. Agarraron solo la silla, sucesos, ciudad de Viena. Un tranvía atropella y mata a un anciano de 40 años. A comienzos del siglo XX, la expectativa de vida era entre 35 y 40 años. Aunque viviéramos 500 años, nos quejaríamos de falta de tiempo. No es un problema de falta de tiempo, es nuestra excusa.

Cuando uno se para y sabe que ese tiempo es importante, y esto lo digo sobre todo a las damas, porque las damas, muchas veces por condicionamiento social, pensáis que se dedica el tiempo a vosotras sois egoístas y parece que tenéis que vivir solo en la entrega a los demás. Y yo creo que es fundamental que os cuidéis a vosotras. De aquí que, bueno, claro, no creo que los hombres aquí protestarán, espero que no. Pero que es verdad, la sensación de "no es que sí, si me ocupo de mí". Claro que te tiene que ocupar de ti. Nadie que no se cuide puede, de una forma prolongada, cuidar de otras personas.

Entonces, lo que yo sí os quisiera es invitar, al menos, a que buceéis en esto. Los que lo practican, sabéis que funciona. Esto no es un tema de creerse, es un tema de probarlo, de verificar por ti mismo que estás mejor. Algunos hospitales más prestigiosos del mundo ya lo tienen absolutamente incorporado. Yo trabajo en un instituto en Silicon Valley y tienen incorporados montones de empresas esta metodología. Es decir, es algo que lo que te ayuda es a vivir de otra manera, a saberte manejar en medio de la tempestad con un componente de paz, con un componente de serenidad, con un componente de alegría y con un componente de entusiasmo. Que si nos dejamos llevar por ese piloto automático con el que todo el día vamos con la lengua fuera, eso es muy difícil de experimentar.

Yo sencillamente os animo mucho a que, bueno, lo practiquéis, exploréis, busquéis una preciosa música que os llama la atención como diciendo "sí, sí, aquí una llamada del más allá diciendo: prueba, prueba". Entonces, bueno, pues es que eso es todo lo que os quería decir y terminar con una... no sé si tenemos tiempo para alguna pregunta, pero terminar con una frase que me impacta mucho de Albert Camus. Albert Camus fue un gran filósofo, premio Nobel de Literatura 1956, francés. Y Albert Camus decía: "En medio del duro invierno, descubrí por fin que dentro de mí hay un ser invencible".

Entonces, que sepamos que dentro de cada uno de nosotros hay ese ser invencible, que no es un canto a la arrogancia, no es un canto a la prepotencia, sino es verdaderamente reconocer que no hay entre vosotros, no hay entre nosotros, nadie que haya sido llamado a la mediocridad. Todos hemos sido llamados a la grandeza. Pero para poder escuchar ese maravilloso Stradivarius en medio de la orquesta, hay que saber silenciar un poco los platillos.

Bueno, muchas gracias. [Aplausos]