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Meditación y conferencia: "Un giro hacia la espiritualidad", con Anabel Pérez

Brahma Kumaris España48:53

Transcription

Bienvenidos, bienvenidas a esta actividad de la Asociación Brama Kumaris, hoy con el título "Un giro hacia la espiritualidad". Y esta palabra, espiritualidad, eh, hasta hace poco quizás parecía reservada a personas que decidían llevar una vida apartados de la sociedad, en contemplación, meditación, en un aislamiento espiritual. Pero cada vez más es utilizada con mayor normalidad y cada vez más personas se interesan en este aspecto del ser humano, en la espiritualidad.

Y podíamos preguntarnos, ¿por qué es esto? Y si pensamos en cómo está el mundo, en tantas cosas que están sucediendo de repente, tantas cosas inesperadas en relación con la naturaleza, en las relaciones entre países, en la política, también en las relaciones humanas. Es como que el ser humano, que quizás ha confiado durante un tiempo en soportes externos, en soportes materiales, está sintiendo que esos soportes le están fallando y siente una inseguridad, necesita buscar algún apoyo, algún soporte que le dé una sensación de fortaleza, de seguridad, de estabilidad. Y quizás de ahí ese giro hacia la espiritualidad, es decir, hacia el propio ser. Eh, también en algo que había confiado mucho el ser humano, en la tecnología, en la ciencia, en la medicina, que ha ido avanzando mucho y haciendo grandes progresos y que parecía que podía controlar muchas situaciones en el mundo, pues aparecen muchas otras situaciones que se escapan de su control.

Y la espiritualidad es esa mirada hacia nuestro interior. De ahí ese giro, ese cambio de mirada desde fuera hacia dentro para reconocer en nosotros esa fortaleza, esa estabilidad que surge desde nuestra verdadera identidad, desde esa identidad del ser consciente que somos, del ser espiritual, del ser de cualidades, del ser vivo. Y realmente el mundo en el que vivimos, el mundo físico es como muy atractivo, atrae nuestros sentidos físicos, los ojos, los oídos tienden a estar atentos a todo lo que sucede a nuestro alrededor. Muchas cosas llaman nuestra atención, muchos estímulos externos. Realmente la naturaleza es muy hermosa, por ejemplo, ¿no? Y nos gusta contemplarla, nos gusta disfrutar de de esa mirada. También son importantes para nosotros las relaciones. Entonces, como estamos muy pendientes de lo que hacen los demás, de lo que sucede a nuestro alrededor, pero esa mirada tan enfocada hacia lo externo, lo que produce en el ser humano es como un desequilibrio entre ese mundo interior, ese mundo espiritual. Y lo externo es como si en una balanza de dos platos lo único que pesara fuera esa parte exterior, lo más físico, lo más visible, lo más perceptible a través de nuestros órganos físicos. En cambio, esa realidad sutil, esa realidad espiritual es como que no tiene ningún peso o ha tenido poco peso hasta ahora.

Y me gustaría comentaros una situación que he vivido varias veces ya y que tiene que ver con una persona bastante mayor, anciana, que necesita llevar un caminador para andar, con la que tengo mucha relación y con la que muchas veces salgo a pasear. Y un día andando por la calle algo sucedió cerca nuestro, no recuerdo lo que era, pero algo entre unas personas llamó la atención de de esta persona con la que iba caminando. Su atención se fue hacia esa situación, sus ojos, su mirada, pero no solo eso, de repente sentí que me estaba atropellando con el caminador, se venía hacia mí porque era como que aquella situación no solo la traía a nivel visual, a nivel de su atención, a nivel de su energía, sino que físicamente hasta sus piernas la dirigían hacia allí.

Entonces, bueno, es interesante ser conscientes hasta qué punto todo eso que nos atrae externamente y que está ahí y esas escenas hermosas de la naturaleza o las buenas relaciones que podamos tener con los demás, pues están ahí pues para para disfrutarlas, pero ser conscientes de hasta qué punto estamos condicionados por todo ese ambiente externo que nos rodea. Porque cuando suceden esas situaciones extremas, inesperadas, que quizás no nos afectan directamente, pero estamos viendo a mucha gente sufriendo, ¿no? Y de alguna manera conectamos con ese sufrimiento. Entonces, el ser humano, cuando se está identificando con su cuerpo físico, con su realidad física, con su soporte físico, el cuerpo, pues se siente muy vulnerable porque sabemos que los cuerpos humanos todos tienen una fecha de caducidad, no sabemos qué fecha es. Eh, lo podemos conservar más o menos tiempo, en mejor o en peor estado, pero todos los cuerpos de todos los seres humanos en un momento u otro no van a estar. Hm. Entonces, eso crea una sensación de inseguridad y de ahí esa necesidad de querer controlar muchos aspectos de nuestra vida a nivel externo que cada vez nos damos más cuenta que son difícilmente controlables.

¿Qué sucede con esa parte espiritual? ¿Con esa identidad espiritual? Hm. Eso podemos darnos cuenta de que está ahí esa realidad espiritual. Porque si yo me pregunto quién es el que decide decir una palabra o hacer un gesto o realizar una acción, tengo que encontrar una respuesta a esas preguntas. ¿Quién es el que decide decir una cosa o no decirla, hacerla o no hacerla? Entonces, si voy buscando una respuesta, me puedo ir situando en un punto de conciencia más profundo y me empiezo a dar cuenta de que ahí hay una conciencia, hay un ser consciente que es el que tiene esa posibilidad, esa posibilidad de decidir ir hacia un lado o ir hacia otro, hacer o no hacer.

Es verdad que muchas veces e no hay esa conciencia de poder decidir porque hemos estado actuando tanto tiempo, tanto tiempo con automatismos, con creencias que se han ido grabando en nosotros con respuestas tan automáticas delante de los demás, de las situaciones que cuando vienen determinadas situaciones frente a nosotros es como que hay una respuesta automática, es como una respuesta visceral, parece que surja de nuestras entrañas, de algo como muy físico que no soy ni capaz de parar, pero es porque de alguna manera he ido alimentando esos circuitos automáticos, los he ido como reforzando, reafirmando y es como el surco de un disco, estos discos de vinilo antiguos, ¿no? En el que nos metemos y se va reproduciendo y y no sabemos cómo salir de ahí. La forma de salir de ahí es dar un paso atrás, entrar a una conciencia más profunda y empezar a observar, empezar a observar esos pensamientos que surgen de forma automática, esas emociones que surgen de forma automática y irme dando cuenta que desde ese espacio de observación soy capaz de tomar nuevas respuestas, de crear nuevos pensamientos, de crear nuevas actitudes.

Entonces ahí nos vamos asentando en esa identidad espiritual. Una identidad espiritual que nos abre a un mundo de posibilidades, a un mundo de recursos internos, a un mundo de cualidades a las que podemos acceder, a un mundo de sabiduría genuina, de sabiduría intuitiva, de sabiduría innata, fortaleza, a una estabilidad que va más allá ya de las situaciones externas, de lo que está pasando a mi alrededor, a mi alrededor. Y lo interesante de la espiritualidad, en contra de lo que se ha podido pensar durante mucho tiempo, es que vivir desde una conciencia espiritual no me obliga a apartarme de mi vida, de mis relaciones, de mis responsabilidades, de mi trabajo. Es todo lo contrario. O sea, es vivir desde una conciencia más profunda, más verdadera, más estable todo aquello que viene a mi vida y desde ahí me puedo relacionar de una forma completamente diferente, decidiendo lo que yo quiero aportar en cada situación, en cada relación. La conciencia de la espiritualidad es una conciencia donadora.

Porque mi identidad espiritual tiende al crecimiento. H es el origen de la vida. Esa identidad espiritual es la verdadera vida, es la verdadera energía de la vida. Entonces, la vida siempre tiende al crecimiento. Entonces, eh mi identidad espiritual, cuando me sitúo ahí, tiende a dar porque es una forma de crecer, expresar esas cualidades, expresar esa sabiduría, expresar esa fortaleza. Eso me lleva a crecer, a desarrollar todo ese potencial. Me lleva a sentirme realmente viva y a sentir que mi vida tiene un valor. Y cuando entramos en esa conciencia más profunda, sentimos como que nos liberamos internamente de la pesadez mental que podamos tener, de una pesadez que nos tira hacia la conexión con el sufrimiento, con la negatividad, con debilidades. Cuando entramos en ese contacto con nuestro propio ser, es como que nuestra conciencia se hace más ligera, más luminosa. Y ahí tenemos acceso a esa conexión con la fuente, con la fuente de energía espiritual, eh, una fuente totalmente estable, totalmente plena, siempre donadora. H podemos llamar Dios, sol espiritual, ser supremo, alma suprema, fuente de energía espiritual, como nos sintamos más cómodos.

Y es nuestra decisión crear esa relación, esa conexión con esa fuente. Pero si decidimos de alguna manera intentar entender primero, entenderme a mí como alma, como ser espiritual y después intentar crear esa relación, esa conexión con la fuente, intentar comprender cómo puedo crear esa conexión y cómo puede funcionar esta relación. Ahí voy a sentir que todas esas cualidades que ya están en el alma se hacen más fuertes, más consistentes, más estables y esa conciencia más elevada de dignidad eh no se siente tan afectada por lo que viene de fuera, sino todo lo contrario. Como que voy adquiriendo una fortaleza en la que yo, a través de la expresión de esa energía espiritual, en ese irradiar de las cualidades de la paz, del amor, puedo crear un ambiente a mi alrededor desde el que me puedo relacionar con los demás. Entonces, crear en mi vida una influencia realmente muy elevada y muy interesante.

Y también hay esa vulnerabilidad que sentimos al aferrarnos a esa identidad del cuerpo físico, desaparece porque esa conciencia espiritual podemos sentir que está ahí y que siempre ha estado ahí. Esa conciencia de quién soy, ese ser consciente, ese ser que decide, ese ser que se expresa a través de mis palabras, a través de mi boca. Esa conciencia siempre ha estado ahí. Ese ser siempre es, siempre ha sido y siempre será. Y así como un móvil eh puede descargarse totalmente su batería, la batería del alma nunca se descarga totalmente, siempre queda una chispa de esa energía espiritual, de esa energía de las cualidades, de esa energía de conciencia, porque si no el alma desaparecería y el alma no desaparece. El alma es eterna. Lo que sí es que ese poder espiritual, esa fortaleza espiritual se debilita. Se debilita en esa relación con lo físico, al identificarse con lo físico y al dejar de alimentar esa identidad espiritual.

¿Qué pasa si dejamos de alimentar nuestro cuerpo físico? Pues que durará un tiempo, pero ha llegado un momento, el cuerpo no resistirá sin alimento, sin agua. Hm. El alma. Eh, si de alguna manera no ponemos atención a esa identidad espiritual y a través de esa atención le damos energía a través de expresar esas cualidades, las fortalecemos, las alimentamos. Si no h realizamos este cuidado de esa energía del ser, si no alimentamos al alma, pues acaba debilitándose. Hm. Nunca desaparece, nunca pierde por completo su poder, pero sí que se debilita. Así que muchas veces decimos, somos seres pacíficos, somos seres amorosos, somos seres con mucha fortaleza, pero quizás no lo sentimos. Hm. Entonces, nos cuesta de creernos. Nos cuesta de creerlo porque durante mucho tiempo nos hemos olvidado de alimentar, de cuidar esa parte espiritual que en realidad es la esencia de lo que somos. Hm.

Y en este mundo físico no podemos separar lo espiritual de lo material. En este mundo físico está unido. Lo espiritual necesita del cuerpo para poder expresarse y el cuerpo necesita de la identidad espiritual para poder estar vivo. Entonces, en este mundo físico van unidas esas dos partes y entonces necesitamos mantener ese equilibrio para sentir que nuestra vida realmente es plena, es armoniosa y la podemos disfrutar como queremos.

Bueno, pues vamos a dedicar unos momentos a meditar sobre estas ideas, sobre estos pensamientos y vamos a ir buscando una postura cómoda en el asiento en el que nos encontramos y al mismo tiempo mantenemos una conciencia atenta. Conozco el valor de estos momentos de introspección, de recogimiento tan importantes para descubrir y nutrir la esencia del ser. Observamos por unos momentos nuestra respiración, ese suave ir y venir como las olas del mar. Y cada célula de mi cuerpo forma parte de ese proceso de mi respiración. Observo mi cuerpo [música] en su totalidad de los pies a la cabeza, cada célula de mi cuerpo. Toma ese oxígeno y deja ir lo que ya no [música] sirve. [música] Permito [música] que mi cuerpo se vaya soltando. [música] Aflojando, [música] relajando. Non [música] [música] y me siento un poco más vivo. [música] [música] En esta respiración consciente, [música] me puedo preguntar, ¿Quién es el que decide [música] dónde enfoco mi atención? [música] ¿Quién es el que decide dónde enfoco mi atención? [música] ¿Quién [música] es el que observa? [música] [música] Y voy entrando en mi identidad espiritual. [música] [música] Puedo observar el estado de mi cuerpo de una forma desapegada. [música] [música] Yo no soy mi cuerpo, soy el observador. Atento, [música] consciente, presente, me voy acomodando en esa conciencia del observador. Y puedo contemplar los pensamientos que pasan por mi mente como el que ve una película. Yo no soy esos pensamientos. [música] Yo no soy esa película que se proyecta en mi mente. Puedo observar y decidir crear nuevos pensamientos. Porque soy el ser consciente, el ser que decide. [música] Permanezco en ese asiento calmado y tranquilo del observador. No necesito hacer nada. No necesito demostrar nada. Me permito ser en este presente continuo que se abre frente a mí, un presente en el que me puedo permitir expresar quién soy realmente. Mi verdadera naturaleza, mi verdadera identidad empieza a emerger de una forma natural. En este presente continuo puedo contemplar mi existencia desde la calma, desde la paz que soy. Respiro en paz. Soy paz. Estoy en paz. Una paz que se expande como una fragancia sutil, como una brisa fresca. Y esa paz es mi propia esencia. Y mi corazón confía. Mi corazón. El corazón del alma se abre para expresar esos buenos sentimientos, ese amor espiritual que forma parte de mi identidad espiritual. Voy más allá de mis pensamientos a una conciencia elevada, una conciencia sostenida por la energía de la paz, por la energía del amor. Y en esta conciencia más ligera, más luminosa, puedo experimentar esa presencia, la presencia del sol espiritual, de esa fuente de energía espiritual, siempre donadora, siempre generosa. Y el ser que soy se siente acogido en un abrazo sutil de energía amorosa, de energía espiritual, [música] un abrazo sutil que me sostiene, [música] que me conforta, [música] que me recuerda [música] la dignidad del ser que soy. [música] Y [música] quizás en estos momentos mi identidad [música] espiritual es muy real, [música] muy consistente. Y me siento libre, libre de condicionamientos, libre de limitaciones, libre de ataduras. Y de mí, del ser, emerge una hermosa energía espiritual, suaves olas que puedo compartir con los demás, con el mundo. [música] Y me puedo preguntar cómo serían mis interacciones, mis relaciones con [música] otros, desde esta conciencia espiritual. ¿Qué sentimientos compartiría con los demás? ¿Cómo sería mi mirada, mis palabras, mis acciones desde esta conciencia genuina? Y manteniendo esta experiencia en nuestra conciencia, vamos regresando al momento presente a la conciencia del lugar donde estamos. Shanti.

Bueno, una identidad muy sutil y poderosa que podemos experimentar a través de estos momentos de introspección, de silencio, pero que también podemos preservar, cuidar en el día a día, intentando como mantener una coherencia entre eso que hemos podido experimentar y y lo que luego expresamos. Y también reconociendo que si nosotros somos esos seres espirituales de cualidades, pues los demás, aquellas personas, aquellos seres humanos con los que entramos en relación también son esos seres espirituales llenos de cualidad, sean conscientes o no de ellas. Entonces, en nosotros está ese poder, esa capacidad de generar un ambiente, un ambiente en el que los demás se sientan como inspirados, atraídos a conectar con sus propias cualidades, con sus propias fortalezas, con su propia identidad espiritual. Así que esto es algo contagioso y además muy beneficioso. Pues muchas gracias por estar ahí compartiendo vuestra presencia, vuestra atención, vuestra energía. Omía. [música]