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Pues, presten atención, porque hoy estrenamos nueva sección en Para Todos Lados, eh. Ya nadie duda de la importancia de la comunicación en las relaciones humanas, pero nosotros nos queremos centrar, básicamente, en la comunicación no verbal, en el lenguaje no verbal: cómo nos miramos. ¿Qué significa el movimiento de manos y brazos? ¿Cómo nos expresamos con los gestos? Dicen los expertos que muchas veces acabamos diciendo más cosas sin hablar que cuando hablamos, y que con los gestos, la mirada, con las expresiones, eh, solemos decir más verdades que cuando hablamos.
Pues bien, para hablar de todo esto tenemos la fortuna de contar con nosotros con Teresa Baró, consultora profesional experta en comunicación personal. Muy buenas tardes, Teresa. Bienvenida. Un placer abrir esta sección contigo.
Bueno. Es verdad que decimos más cosas cuando no hablamos que cuando lo hacemos. Sí, incluso más sinceramente. Se dice que se puede mentir con las palabras, pero es mucho más difícil mentir con el gesto. Los gestos acompañan, complementan, eh, matizan el mensaje de las palabras, incluso a veces lo contradicen.
Bueno, o sea que es verdad que entonces un gesto, una mirada, eh… ¿no sé?, transmite más sentimiento que la palabra.
Pues sí, porque a través de la palabra podemos transmitir contenidos, incluso datos, información, conocimientos; pero con el gesto transmitimos actitudes, emociones, sentimientos que son mucho más difíciles de transmitir con las palabras. ¿Somos conscientes de eso o no?
No mucho. No mucho. Sobre todo porque no nos han enseñado esta gramática del lenguaje no verbal en la escuela. Nos enseñan la gramática del lenguaje verbal, de las palabras: cómo se ordenan, cuál es la forma correcta, cómo argumentar, cómo construir un discurso; y en cambio, no se nos enseña la forma de transmitir a través del lenguaje corporal.
De todas formas, Teresa, hoy querías concretar… lo de la proxemia. Sí, es la percepción que todos tenemos de nuestro espacio personal y también cómo utilizamos este espacio personal en relación con los demás.
Ajá. Por ejemplo, ahora tú y yo estamos en una distancia de dos personas conocidas, pero en un ámbito profesional. En cambio, si me voy acercando…
Ajá. Nos acercamos. Sí, es un poco ya más íntimo, ¿verdad? Sí. Y los espectadores seguro que lo encuentran un poco raro.
Lo encuentran raro. Claro, a lo mejor… Claro. O sea que, para entendernos, eh… es decir, nosotros nos sentimos como propietarios de este espacio. Sí, tenemos una especie de burbuja invisible a nuestro alrededor que es lo que marca las relaciones con los demás. Entonces, en función del tipo de relación que tengamos, esta burbuja es más reducida o más amplia. Entonces, con desconocidos, esta burbuja es más amplia; entonces mantenemos unas distancias. Si yo quiero acercarme, pues entonces la burbuja se va reduciendo. Pero claro, si yo entro en tu burbuja o me acerco demasiado, ¿qué pasa? ¿No te sientes invadido?
Invadido. Muchas veces, a lo mejor te sientes un poco violento.
Claro que sí, porque puede ser una agresión. Si tú no percibes esto de forma positiva, claro.
De todas formas, Teresa, hay mucha gente que a la hora de hablar toca mucho. Si me permites, toca mucho y tal. Yo no sé cómo hay que entenderlo esto o cómo se lo puede tomar la otra persona.
Pues, el tacto puede ser muy positivo y puede generar simpatía y una buena relación de calidez; pero si la otra persona, la que recibe, no lo entiende de esta manera, puede generar rechazo, y tenemos que ser muy cuidadosos con el tacto. Porque, además, es un tema que depende de las culturas, incluso de las familias y del propio individuo.
Bueno, o sea que… pero claro, ¿dónde está el límite? ¿Cuándo sabemos que…? Oye, inconscientemente tú coges el brazo, el hombro… y… y… bueno. Supongo que lo notaremos en la mirada de la otra persona, ¿no?
Claro. Sí, si somos observadores, veremos cómo se tira un poco para atrás o empieza a ponerse más serio porque no quiere invitarte a que vuelvas a tocarle.
Bueno, bueno. Claro, claro. Es que esto, muchas veces… de las distancias, hay que esperar a que te lo marque la otra persona. Tenemos que ser observadores, sobre todo ver cómo reaccionan los demás y cómo se comportan, y en función de esto nosotros adaptarnos. Pero fíjate que el tema de la distancia en nuestra cultura, en la cultura occidental y sobre todo mediterránea, tiene unas pautas muy fáciles. La forma para tratar a un desconocido, por ejemplo, es la extensión del brazo. Es un desconocido, un desconocido o una relación, por ejemplo, en una tienda con el… con un profesional. En cambio, si estamos a esta distancia, la distancia del codo, ya estamos en una relación íntima, claro, más cercana: familia o de pareja o de un amigo.
Pero de todas formas, Teresa, muchas veces subimos al autobús, al metro… entonces vamos… vamos a simular un poco: estamos muy pegados, no hay sitio, es inevitable tocarse. ¿Pasa aquí…?
Claro. Eso lo sabemos los que vivimos en ciudades, los que cogemos el transporte público, lo sabemos. Somos conscientes. Pero fíjate que hay… for… pens… todo esto automáticamente, que es a través de la posición. No nos vamos a quedar de frente, ¿verdad? Así quedas un poco… y nos ponemos de lado o apartamos la mirada, que es otra forma de compensar esta intimidad que no queremos, porque no es una intimidad deseada. Entonces, si apartamos la mirada… es como decir: “Bueno, yo no tengo más remedio que estar así pegado a tu cuerpo, pero no quiero tener nada contigo”.
Claro, claro. O sea, son esas situaciones violentas que muchas veces se producen y hay que llevar… la mejor manera posible.
Claro, claro. Porque tenemos que ser educados también, ¿verdad? Claro. Y no hay más remedio. Claro. Es que no queda otra. No queda otra.
De todas formas, se dice, Teresa, que los latinos necesitamos menos espacio que, por ejemplo, los nórdicos. ¿Es así, cierto?
Sí, sí. Las distancias son más cortas entre los latinos normalmente, y por eso también nos tocamos más. Igual que gesticula… culturas que mantienen más distancias, por ejemplo, los japoneses, todavía más que los nórdicos. Sí, y no se tocan apenas. Su forma de saludar no es con apretón de manos, sino que te hacen una reverencia. Pero yo creo que, de todas formas, en esto de la comunicación no verbal, el tocarse creo que es fundamental. Yo no sé si… claro, lo comento yo desde el punto de vista latino o soy una persona que me gusta mucho apretar… No, a lo mejor es un defecto. No lo sé, Teresa. Si es en el momento oportuno y en la situación que lo requiere… Sí, por ejemplo, cuando queremos consolar a alguien, lo tocamos, incluso lo abrazamos. Cuando queremos darle ánimos también. Yo te puedo dar una palmadita o quiero felicitarte. Hay situaciones en que el tacto da una… transmite unas emociones positivas y puede ayudar a la relación. En cambio, cuando yo te estoy tocando para mantener tu atención, te estoy hablando y te voy tocando… ¿verdad que molesta más y tú te vas apartando? Darte calor… lo que te estoy dando es la barrila, ¿no?
Claro. Ya es para llamarte la atención constantemente y eso sí es desagradable. Pero siempre se ha hablado, por ejemplo, Teresa, con los niños, la importancia de abrazar, de tocarles, de que sienten ese… ese calor familiar. Claro, transmitir cariño. Pero aquí estamos en otra dimensión, ya no estamos en el… en el ámbito social, sino que estamos en familia, en la intimidad. Claro, lo que ocurre que siempre hablamos de esa… esa distancia que nosotros mismos tenemos que estar atentos, alerta de la otra persona, del interlocutor, para saber dónde están los límites, y tiene que ser la otra persona la que nos dé, digámoslo así, esa confianza para acercarnos. Sí, si tú te acercas demasiado a alguien y ves que retira un poco el paso, pues entonces ya sabes que esta persona no desea que invadas su espacio personal.
Es complicado.
Eh, sí. El lenguaje corporal, el… el lenguaje no verbal en general es bastante complicado, pero también es cierto que los conocimientos que tenemos sobre él son… aprendidos desde la más tierna infancia, y algunos gestos ya los llevamos incorporados como gestos humanos. ¿Crees que las escuelas, Teresa, nos deberían de… de enseñar, igual que nos enseñan el lenguaje escrito, el lenguaje no verbal?
Sin duda. Sin duda. Seríamos mucho más conscientes de nuestra comunicación y podríamos planificarla un poco más y obtener mejores resultados, especialmente… pues en situaciones profesionales. A veces nos encantaría poder controlar más todo este lenguaje y… y conseguir este trabajo o hablar bien en público o estar bien aquí en la tele, por ejemplo.
Claro, porque muchas veces la comunicación no verbal implica silencios, pausas, tensiones… Incluso en el campo de la seducción, porque muchas veces… u… se mezcla ahí, ¿no?
Claro que sí. El buen seductor domina el lenguaje no verbal.
Claro que sí. Hablemos… buen seductor… ¡uy, uy, uy! Pues esto lo vamos a dejar, si te parece, Teresa. Lo dejamos para la semana que viene. Hablaremos de comunicación no verbal, pero si quieres hablar de seducción… ¡Vamos allá! Podemos dar algunas pautas. Daremos pautas, Teresa. Lo dejamos aquí. El buen seductor maneja los tiempos y los silencios.
Bueno, pues muchas gracias, Teresa. Muchas gracias. Un verdadero placer. Bueno. Y nosotros.