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2024/03/24 - Conociendo al Espíritu Santo - Ps Juan David Arango

Casa Más Vida53:30

Transcription

[Música] Muy, muy honrado, muy privilegiado estar acá. Este, he tenido, pues, la oportunidad de estar varias veces, creo que esta es la tercera, cuarta vez que puedo estar aquí en Ibarra y tener el privilegio de poder hacer lo que más nos apasiona, y es dar la palabra del Señor.

El, como les decía ahorita, el viernes tuvimos un tiempo con el equipo de trabajo de los pastores, el sábado también estuvimos dando una palabra de bendición, y hoy, pues, tengo el privilegio de tener a la iglesia, de poder dar a la iglesia un mensaje que, eh, direccionado por el pastor. Le pregunté: ¿Cuál es la necesidad? ¿Cuál es el tema que que quiere establecer sobre la iglesia en esta mañana? Y él me habló y me dijo: "Quisiera que enfocaras el mensaje en la esencia del Espíritu Santo, en quién es el Espíritu Santo". Y de eso quiero hablarle en esta mañana.

Así que, por favor, levante su mano derecha, cierre sus ojos y repita conmigo: Espíritu Santo, te abro mi corazón y te pido que me llenes, que me transformes, que me cambies y me renueves con el poder de tu Espíritu Santo. Amén.

Apocalipsis 3:20. Vamos a leer la palabra del Señor. Dice así: "Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo".

Note que, por lo general, y y el mensaje que que que traigo en esta mañana se llama "Una eterna amistad con el Espíritu Santo". Por lo general, programamos cenas con personas que son cercanas a nosotros, con amigos, con familiares. Es evidente que existen cenas protocolarias, pero tienden a ser tensas. Yo no sé si usted en algún momento ha estado en una cena tensa, que así la comida que a usted le sirvan sea super buena, usted siente que no comió nada porque tiene que estar con los cubiertos, tiene que estar con el protocolo, estás enfrente de gente que no conoces y tú quieres comer más, quieres pedir más, pero no puedes. Son esas cenas tensas. ¿Alguien le ha tocado eso? Muy bien. A mí me ha tocado.

Y existen esas cenas protocolarias, pero son tensas, son marcadas mucho por formalidades y a menudo carecen de autenticidad. Porque como usted come en esa reunión tensa, usted jamás come ahí. Usted utiliza los cubiertos, pero mentira, usted en su casa no utiliza cubiertos, usted utiliza son las manos, ¿cierto? Usted ahí se abstiene de de comer bastante, pero en realidad usted come bastante. Es decir, decir, en esas cenas somos muy limitados. Esas esas esas cenas son bastante, repito, tensas, comparadas con las cenas que usted tiene con gente de confianza, con esas cenas donde usted puede ser quién es, reír, conversar, comer como usted quiera.

Ahora, cuando le hablo de esas cenas familiares o de esas cenas de confianza con amigos y de esas cenas tensas, es cuando resulta una pregunta y es: ¿Alguna vez has tenido imaginar cómo sería cenar con Dios? ¿Cómo sería estar a la mesa con Jesús? Literalmente poder recibir sus palabras, experimentar su presencia, escuchar su voz, sentir su amor en un ambiente no tenso, no en un ambiente lleno de protocolo, sino en un ambiente íntimo, en un ambiente cálido, en un ambiente donde tú te sientes acogido por su gracia.

Y lo que quizá usted y yo no sabíamos es que el anhelo de querer estar con Jesús, porque yo creo que todos los que estamos aquí queremos estar al lado de Jesús, ¿cierto que sí? Queremos experimentar qué es cenar con Jesús, hablar con Jesús. Si a veces nos emociona conversar con un ser humano que de pronto admiramos, con una persona que de pronto se convierte en alguien especial para nosotros y le admiramos y decimos: "Qué bueno sería eh tener un tiempo con él". Y a veces los grandes famosos hacen eso, ¿no? Ellos dicen: "Bueno, vamos a a rifar o usted va a partir participar en un concurso y el que gane el concurso podrá tener una cena con fulano, con sultano". Muy bien.

Pues ahora imagínese estar con el Creador del universo, sentado en la mesa y disfrutando de su gracia. Lo que quizá usted y yo no sabíamos es que el anhelo que de pronto puede surgir de nuestro interior de decir: "Yo quiero estar con Jesús, yo quiero cenar con Jesús, yo quiero interactuar con Jesús", es recíproco, porque Dios anhela precisamente eso. Es por eso que a lo largo de de este mensaje te invito a abrir el corazón y a explorar la posibilidad de sentarte a la mesa celestial, de sentarte a la mesa de Jesús y poder ser abrazado especialmente por la bendita gracia que emana de él.

Y por lo general, tendemos a tener un Dios teórico. Note que hay muchas iglesias y hay muchos lugares donde tenemos a un Dios muy, muy, muy teórico. Intentamos comprenderlo a través de nuestra razón y de nuestra lógica. Muchos se saben todos los nombres de Jesús. Dios tiene más de 200 nombres y cada nombre representa una característica de quién es él. Entonces, los más conocidos es como El Shaddai, El Rafa, y etcétera. Son esos nombres que se levantan para poder expresar quién es Dios en su carácter. Pero lo hemos comprendido a través de lógica y razón. Usted sabe que Jesús murió y resucitó al tercer día. Usted sabe que Jesús venció la la muerte. Usted sabe que Jesús es gracia. Usted sabe que el Espíritu Santo es aquel aquella persona que Jesús dejó para reemplazarla en la tierra. Usted sabe que el Espíritu Santo da paz, da bendición. Tenemos mucha teoría.

Y aunque la teoría es importante, no es más importante que la experiencia. Le coloco un ejemplo. Yo podría hablar, supongamos de Europa. Pongamos Europa y yo le puedo decir que en Europa está la Torre Eiffel, está la Torre Pisa, está, eh, qué sé yo, hay hay las cuatro estaciones, existe uno de los trenes más avanzados e importantes del mundo, existen idiomas como el español, el italiano, etcétera, etcétera. También podemos ver el inglés. Y le puedo hablar de una teoría grandísima de lo que existe en Europa. Okay. Pero usted me dice: "Pastor, ¿usted conoce Europa?". Yo le diría: "No, pero tengo teoría". Pero si yo voy y conozco lo que en teoría tengo, la experiencia me va a llevar a mí a entender más de lo que hablo.

Muchos de nosotros hablamos del Espíritu Santo y hablamos de Dios con teoría y predicamos muy bonito. Hablamos muy bonito, decimos cosas de Dios muy bonitas. Yo he escuchado gente drogadicta hablar de Dios de una manera impresionante. He estado con borrachos que a veces lo abordan a uno y no sé por qué y te empiezan a hablar de Dios de una manera extraordinaria. Mucha teoría, pero poca experiencia. Y una de las cosas que el Espíritu Santo desea de ti como creyente es: deja a un lado la teoría, corre la teoría y empieza a caminar bajo un encuentro que te produzca no solo experiencia, sino transformación completa de toda tu vida.

Y hoy yo quiero que usted salga motivado a decirle: "Señor, yo quiero tener un encuentro contigo, quiero experimentarte, quiero abrazarte, quiero sentirte en mi vida". Iglesia, cuando tú conoces a Jesús, cuando tú conoces al Espíritu Santo bajo experiencia, yo te aseguro que tu vida no puede ser igual. Por eso, en primer lugar, yo veo a un Dios que hace llamado. Apocalipsis 3:20 dice un texto hermoso como se lo leí ahora, pero quiero enfocarme en la primera parte de ese verso: "Mira, yo estoy a la puerta y llamo".

Una de las cosas más sorprendentes de Dios es que él no va a forzar a nadie para que le siga. No nos va a obligar y no nos va a presionar, porque Dios no es un Dios manipulador. Dios no es un Dios que se mantiene ahí esperando o o obligándote a que tú ores, obligándote a que tú leas la Biblia, obligándote a que tú vengas a la iglesia. Dios no es así. Si algo yo he conocido de Dios es que Dios es un caballero y que una de las cosas que él le quiere probar al es que hay gente que lo sigue por su propia voluntad. ¿Estamos de acuerdo? ¿Cuántos aquí siguen a Jesús porque decidieron seguir a Jesús? Claro, yo estoy aquí porque decidí seguir a Dios. A mí nadie me obligó. Yo no estoy aquí porque tengo miedo del infierno, yo no estoy aquí porque tengo miedo de que Dios haga algo en contra de mi vida. No, yo estoy aquí porque estoy seguro de que tuve un encuentro con Jesús y eso me cambió la vida.

Y al leer este texto, vemos que ni siquiera toca la puerta. Él dice: "Yo estoy a la puerta y llamo". Ni siquiera la está tocando, ni siquiera está probando a ver si la puerta está sin seguro. Él simplemente llama por nuestro nombre. Detrás de esa puerta, ¿hace cuánto, iglesia, Dios te ha llamado a ti? ¿Hace desde afuera? Dios te ha estado llamando y diciéndote: "Aquí estoy yo, puedo ayudarte, yo puedo desbloquear milagros en tu vida, yo puedo sanarte la mente, yo puedo sanarte el corazón". Y Dios dice: "Aquí estoy". Y tú estás tan hundido y tan enfocado en todas las cosas que el mundo te da que estás ignorando, en realidad, la voz que te puede transformar la vida. Y Dios aquí gritándote: "¡Aquí estoy!" Y tú buscando al brujo, y tú buscando al adivino, y tú buscando al hombre. Y Dios diciéndote: "Si me escuchas, yo puedo transformarte la vida".

La manera en que Dios habla expresa un amor anhelante, un deseo intenso por nosotros como sus hijos. Miren, una de las cosas de las cuales Dios se sintió orgulloso, si hay alguien de de alguien que Dios se sintió orgulloso fue de Job, porque cada vez que Satanás iba a la presencia de Dios para rendirle cuenta, Dios le hablaba: "¿Has visto a mi siervo Job? ¿Has visto a mi siervo Job?". Pero, ¿por qué Dios hablaba tanto de Job? Porque Job tenía una voluntad de amar a Dios con todo su corazón.

Ahora, ¿qué clase de llamado hace el Espíritu Santo por nosotros? Lo primero que debemos saber es que él no es como el hombre. Ya que todos tendemos a enamorarnos. Yo creo que todos aquí, y si no son todos, la gran mayoría, nos hemos enamorado en algún momento. Y no solo de un hombre o de una mujer, sino de cosas que están enfrente de nuestros ojos. Y casi siempre, cuando yo me enamoro de alguien, cuando usted se ha enamorado de alguien, cuando nos hemos enamorado de alguien, nos enamoramos por las características que esa persona manifiesta. Por ejemplo: "Ay, ¿por qué te enamoraste?". "No es que me enamoré de sus ojos, es que me enamoré de su voz, es que me enamoré de su caballerosidad, es que me enamoré porque es tan femenina, es que es tan delicada". Y otros se enamoran del cuerpo, otros se enamoran de características internas, etcétera. Pero siempre nosotros tendemos a enamorarnos por algo que vemos en alguien.

Pero cuando yo veo al Espíritu Santo, usted va a notar que él nos busca y nos anhela a pesar de la imperfección que tenemos. Si usted, la persona con la que está compartiendo su vida hubiera sabido que es así, muy probablemente usted no se hubiera casado. Porque yo sé que muchos se casaron y cuando se casaron dijeron: "¿Qué hice? ¿Qué pasó? Yo no le conocía ese temperamento, yo no le conocía que era tan cochino, no se baña". Y usted empieza y dice: "¿Qué hice?". Claro, porque cuando tú te casas, empiezas a ver no con los ojos de tus emociones, sino con los ojos de tu lógica. Ya el noviazgo, para mí, el noviazgo es una manera de conocer, pero en un noviazgo tú conoces el 10% de una persona. Y en el noviazgo tú conoces lo bonito. Pero cuando tú te casas, conoces lo feo de la persona. Y entonces, cuando vemos esas imperfecciones, nosotros ya empezamos a tener una relación tensa dentro del hogar. "¿Qué hice? ¿Qué pasó?". Etc.

Pero cuando tú ves al Espíritu Santo, él nos conoce desde la cabeza hasta los pies. Sabe que somos imperfectos, sabe que somos malgeniados, sabe que a veces tenemos problemas con la mentira, con el chisme, sabe que somos ambivalentes, intermitentes, que un día estamos aquí y otro día estamos aquí abajo. El Espíritu Santo conoce todas nuestras imperfecciones y aún así él nos sigue llamando y nos sigue diciendo: "Quiero cenar contigo".

¿Y por qué un Dios imperfecto buscaría alguien imperfecto como usted y como yo? Simplemente por amor. Porque cuando Dios ama, él no está mirando qué tiene y qué no tienes. Él no está mirando las cosas que puedes hacer y las cosas que no puedes hacer. Dios decidió amarte sin importar lo que seas y quién eres. ¿Cuántos le dan gracias a Dios por eso? Mire, y se le va a aplaudir al Señor. Hágalo fuerte.

Yo tengo a mis hijos, yo tengo dos hijos preciosos, Ana María y Juan Elías. Que con ese celular. Y cuando yo veo a mis hijos, yo los amo sin importar sus errores. Es decir, ellos han cometido errores, ellos hacen cosas malas. Y usted me dice: "¿Los has dejado de amar?". Por supuesto que no. Coloquemos un ejemplo. ¿Cuántos aquí son padres de familia? Amén. Usted ama a sus hijos. Sus hijos han hecho cosas malas. Levante la mano el que dejó de amar a su hijo por haber hecho cosas malas. Nadie. ¿Y por qué? Porque son sus hijos y punto. ¿Cuántos de ustedes los castigaron tres días sin darles de comer porque se portaron mal? Ninguno. Porque son sus hijos.

A veces no entendemos el poder de la gracia, a veces no entendemos el amor de Jesús. "Señor, ¿por qué me bendices?". "Porque tú eres su hijo". Imagínese si usted, portándose mal, Dios lo bendice, ¿cómo sería portándose bien? No es que Dios no te quiera bendecir porque te portas mal, sino que Dios es un Dios justo. Y un Dios justo es aquel que tiene leyes. A Dios, Dios no quiere ver a nadie en el infierno. "Ay, si Dios es tan bueno, entonces ¿por qué hay tanta gente en el infierno?". Dios no mandó esa gente al infierno. Esa gente está en el infierno por su conducta y pecado. Y Dios sigue amando a la gente que está en el infierno. ¿Y entonces por qué no los saca de allí? Por la justicia.

Le voy a colocar un ejemplo. Si usted tiene un colegio y en ese colegio hay pruebas, si usted no pasa esa prueba, no puede entrar al colegio. Y usted tiene un amigo y ese amigo quizá de pronto dice: "Déjame entrar a tu colegio". Y tú le dices: "Por supuesto, puedes entrar, te amo mucho y todo lo demás. Haz la prueba". Usted cree que es justo que toda la gente que se esforzó para ese examen y que pasó la prueba para entrar a ese colegio, y su amigo que no se esforzó, que no estudió, que se confió de su amistad, viene y hace el examen y saca cero porque fue pésimo en el examen. Usted cree que merece entrar a ese colegio. ¿Merece o no merece? Usted tiene que activar la ley de la justicia. Y la ley de la justicia es: "Te amo mucho, te estimo mucho, eres un gran amigo, pero no puedes entrar porque no pasaste el examen".

Lo mismo hace Dios. Dios establece justicia y Dios establece leyes. Y él dice: "Yo te amo mucho, pero si tú te portas mal, no puedes entrar al cielo. Te amo mucho, pero si tú haces las cosas mal en tu hogar, yo no puedo restaurar tu hogar". ¿Y por qué no puede? Porque Dios no va a entrar donde no es bienvenido. Dios dice: "Yo te amo mucho, pero si sigues pecando, yo no puedo ayudarte en tu vida porque no me estás dando lugar para yo empezar a transformarte".

Pero una de las cosas que debes entender es que Dios siempre le va a ofrecer su amor al pecador. Mire lo que dice Lucas 19:5: "Cuando Jesús pasó, miró a Zaqueo y lo llamó por su nombre. Zaqueo, le dijo: Baja enseguida, debo hospedarme hoy en tu casa". Mire, allí estamos interesados en ver a un Jesús que está lleno de multitudes, que todo el mundo le está diciendo: "Aquí estoy, Jesús, yo te amo, yo te he seguido, yo creo en ti como Dios". Pero Jesús sigue su camino. Y hay un señor bajito, chiquito, que es corrupto, que le ha robado a los pobres, que es injusto con sus finanzas, pero tiene curiosidad de saber quién es Jesús. Así que él se monta un árbol. Y cuando se monta en árbol, él está esperando a la distancia, al menos reconocer quién es ese Jesús que le ha escuchado, que va a entrar a su ciudad, que hace milagros, que resucita muertos, que está lleno de gracia, que está en contra de las leyes farisaicas.

Y cuando Jesús va pasando, toda la gente está esperando que haga un milagro. Pero Jesús se enfoca en Zaqueo. Y cuando mira a Zaqueo, le dice: "Zaqueo, toda la gente quedó en silencio completo porque dice: ¿Cómo Jesús va a enfocarse en ese pecador, en ese hombre que le ha hecho tanto daño a la sociedad, en ese hombre tan ladrón y tan corrupto?". Y le dijo: "Es necesario que hoy vaya a tu casa, hoy voy a dormir en tu casa". Y necesito que me hagas una buena comida. Zaqueo se quedó impactado y toda la gente quedó extrañada por la actitud de Jesús.

¿Por qué le digo esto? Porque a él le gusta escoger gente desechada. A Jesús le gusta escoger a los menos opcionales, a Jesús le gusta escoger a los más incrédulos, a Jesús le gusta escoger a los más débiles. Ya que él cree en nosotros. Diga conmigo: "Dios cree en mí". Dígalo con convicción: "Dios cree en mí". Y por eso el Espíritu Santo quiere venir sobre su vida y llenarlo, porque Dios cree en usted.

Mire, si yo, yo fuera, si yo hubiera sido Jesús, yo no hubiera escogido los 12 que escogió Jesús. Esos 12 no servían para nada. O sea, era lo peor que escogió Jesús. Póngase a pensar. Mire, escoge un Pedro que es violento. Ese man tenía espada, porque si él le cortó la oreja a uno de los soldados el día que capturaron a Jesús, es porque él tenía espada. Él se mantenía armado. Es como si yo en la iglesia tuviera alguien al lado mío, un discípulo, y siempre se mantuviera con el fierro ahí. Y uno diciéndole: "Ey, viejo, ya no utilices esa pistola". Él dice: "No, uno nunca sabe". Y a pesar de que caminaba con el Dios de milagros, Pedro estaba ahí con su fierro.

Después yo veo a un man que se llama Celote, que era uno de los revolucionarios de la época, un man que prácticamente era un tipo de guerrillero. En nuestra época, y Jesús escogió un man de esos. Después yo veo a un Juan, que Dios lo tiene que llamar "Hijo del Trueno". Y sabes por qué lo llama "Hijo del Trueno", porque tenía un temperamento diabólico. Y dice: "Este me puede servir". Después yo veo que escoge a un Tomás, que no cree en nada, no cree en los milagros, no cree en el bautismo en lenguas, tipo bautista, incrédulo. Y Dios lo escoge. ¿Quién escogería un grupo tan horrible como eso? Si yo fuera Jesús, yo escogería al que más ora, al que más habla en lenguas, al que al que mejor predica, escogería al más carismático. Pero Jesús escoge a 12 que nadie en la vida se atrevería a escoger.

¿Por qué lo hizo Jesús? Repito, porque a él le encanta escoger lo que no sirve para hacer que sirva. Y por eso usted y yo estamos aquí en esta mañana, porque a Dios le encantó fijarse en usted que no servía para nada, en mí que no servía para nada, para que podamos ser aptos para hacer algo que en realidad impacte a los que están a nuestro alrededor. Usted y yo no merecemos nada. Estamos aquí por la bendita gracia de Jesús.

Por eso el Salmo 38:6 dice: "Aunque el Señor es grande, se ocupa de los humildes, pero se mantiene distante de los orgullosos". A veces vemos el mover del Espíritu Santo, pero somos tan cerrados en nuestro orgullo que por eso Dios no nos toca. Hay gente que llega a la iglesia y se sienta por allá y dice: "Bueno, ahora si Dios es Dios, que me toque". Dios no lo va a tocar. "A ver, si Dios es Dios, entonces que me haga el milagro". No te va a hacer el milagro porque él mira de lejos al altivo. "Ay, no, yo no vuelvo a esa iglesia". ¿Por qué? "Porque yo reté a Dios y Dios no hizo nada conmigo". Y no va a hacer nada contigo. ¿Quién dijo que Dios le contesta a los orgullosos? ¿Quién dijo que Dios te va a contestar a ti que quieres manipular la presencia de Dios? Dios responde al humilde, aquel que viene a su casa y dice: "Señor, necesito un milagro. Tú sabes que yo he sido incrédulo. Tú sabes que hay cosas que se han convertido en un tropiezo en mi vida, pero te pido que hagas un milagro". Cuando Dios vio humildad en ti, Dios hará milagros.

Entienda que el Espíritu de Dios no va a estar donde no es bien recibido. Mateo 13:58 dice: "Por lo tanto, hizo solamente unos pocos milagros allí debido a la incredulidad de ellos". Nazaret era el pueblo natal de Jesús. Él quería bendecir su lugar, pero no fue bien recibido en su lugar. Nazaret se burló de Dios, de Jesús, de sus enseñanzas, se burló de su sabiduría, lo que produjeron que quedaron ausentes de todo lo que Dios podía hacer en ellos. Este pueblo se parece a muchos de nosotros, porque estamos queriendo tener todo de Dios, pero en realidad estamos lejos de lo que él puede hacer por nosotros.

Porque Juan 6:67 al 68 dice: "Entonces Jesús, mirando a los 12, les preguntó: ¿Ustedes también se van a marchar? Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna". Qué tremendo, porque cuando Dios no nos contesta, nos queremos ir. Yo le voy a colocar un ejemplo. Si usted fuera una persona que vino a la iglesia, que su motivo de estar en la iglesia es un milagro, supongamos usted tiene una enfermedad terminal, o usted tiene un hogar completamente destruido, y usted entró por las puertas de esta iglesia para que Dios hiciera un milagro. Y entonces está aquí y dice: "Necesito un milagro y por eso me convertí en cristiano y por eso estoy acá". ¿Qué pasaría si Dios se te presentara en este momento en persona y te dijera y te dice: "No te voy a sanar, no te voy a restaurar tu hogar y no te voy a dar el dinero que necesitas para pagar la deuda". ¿Qué haría usted? ¿Usted seguiría siendo cristiano? ¿Usted seguiría amando a Dios con todo el ímpetu que lo ha amado? Lo dudo mucho. Lo dudo mucho.

Lo mucho, porque usted es de los que se desanima cuando Dios no le contesta algo. Usted es de las personas que cuando Dios no le contesta, deja de venir a. "Ay, ¿por qué no viniste a la iglesia?". "Ah, es que me siento desanimado, es que no es que yo veo que Dios no me responde". Ahora, que Dios literalmente te dijera: "No te voy a dar el milagro". Muchos de nosotros estamos aquí dentro de la iglesia solo por los panes y los peces que Dios puede dar. Estamos aquí solo por los milagros que Dios puede dar. Y Jesús se cansó de eso. Las multitudes seguían a Jesús porque cada vez que terminaba una campaña, Jesús multiplicaba los panes y los peces y todo el mundo tenía comida gratis. Hasta que dijo Jesús: "No más. El que me quiera seguir a mí, me seguirá porque me ama, no por lo que tengo".

Y entonces dice que las multitudes se empezaron a ir. Los discípulos se empezaron a angustiar porque estaban enseñados a ver multitudes. Pero las multitudes se iban porque dijeron: "Se cerró la cocina, no hay más pescado, no hay más, no hay más peces, no hay más pan". ¿Cómo es que se llama la lo que me dieron la bolita? No hay más bolón, no hay nada de eso. Y entonces la gente se desanimó y empezó a irse, empezó a irse. Y Jesús tranquilo. ¿Y por qué Jesús estaba tranquilo? Porque él sabía los que se queden es porque me aman. Y los discípulos, "Jesús, las multitudes están yendo". Y lo cogieron a Jesús con piedra, lo cogieron a Jesús enojado. Y qué les dijo Jesús a los 12: "Y si quieren, perdónenme, pero le voy a hablar en mi, en mi, en mi idioma, en mi colombiana". Y Jesús le dijo: "Y si quieren, lárguense en ustedes también".

Estaba enojado. Entonces los discípulos se quedaron como: "¿Así?". Cuando el bendito Pedro, ese Pedro podrá hacer lo que sea, pero me encanta ese Pedro. Me encanta. Cuando viene y dice: "Jesús, ¿cómo vas a decir que nos vayamos? ¿A quién iríamos? Si desde que yo camino contigo le encuentro sentido a la vida. Si desde que empecé a caminar contigo, cada palabra que tú mencionas me da vida eterna. Si desde el momento en que empecé a caminar contigo, mi hogar está funcionando a pesar de que me sanaste la suegra, pero aún así sigue funcionando". Jesús, escuche usted. Y yo, lejos de Dios, no tenemos nada.

En este momento, si Dios se aparta, no te voy a generar ningún solo milagro de ahora en adelante, podríamos decirle: "Señor, está bien, es tu voluntad. Pero lo que has hecho hasta ahora ha sido suficiente para que yo te ame por el resto de mi vida". ¿Está de acuerdo conmigo? Si algo tenía Pedro, a pesar de sus errores, era hambre por Dios. Las palabras que él refiere no salen de un corazón seco, las palabras que Pablo, Pedro refiere, no salen de un corazón orgulloso, sino de uno que ha comprendido su necesidad de dependencia por el Espíritu Santo. Él hace el llamado, tú decides si lo aceptas o no lo aceptas.

Mire lo que dice Mateo 4:19 al 20: "Jesús los llamó: Vengan, síganme, y yo les enseñaré cómo pescar personas". Y enseguida dejaron las redes y lo siguieron. Me impacta. ¿Cómo sería? ¿Qué será lo que vieron estos discípulos en el rostro de Jesús? ¿Qué qué clase de palabras pronunció Jesús? ¿Qué esencia tenían para que estos hombres que se habían dedicado toda su vida a una empresa de pesca, dejen todo tirado y sigan a Jesús? ¿Qué sucedió ahí? ¿Qué fue lo que pasó ahí? Puede imaginarse esta escena. Fue tan cautivante la voz de Jesús que ellos no dudaron en dejarlo todo por él.

Cuando somos cautivados por la voz del Espíritu Santo, no hay nada, nada que nos importe más que su gracia en nosotros. Lo que Dios te está diciendo hoy, iglesia, es: "Vengan y síganme, y yo los voy a librar de su ruina. Vengan y síganme, y les voy a abrir esa puerta que ustedes necesitan. Vengan, síganme, y les voy a romper las cadenas. Vengan y síganme, y yo voy a cenar con ustedes y les voy a cambiar la vida".

Hay algo que evidenciará que realmente estás siguiendo a Jesús: el haber abandonado tus redes. Y no es casualidad que hoy en día lo que tengamos que abandonar sean nuestras redes: Instagram, Facebook, TikTok, YouTube, porque nos ha inundado tanto estas redes sociales, que no son malas, que no son malas, pero le hemos entregado nuestra vida a un algoritmo, cuando ese algoritmo no nos puede dar nada, y no hemos decidido entregarle nuestra vida a un Dios que nos lo puede dar todo.

Yo me pongo a ver, cuando yo me monto un avión, todo el mundo es así. Yo me pongo a ver, yo soy analítico. Y cuando yo voy por la calle, todo el mundo es así. Uno se monta un bus y todo el mundo es así. Uno se monta un metro y todo el mundo es así. Uno viene a la iglesia y todo el mundo es así. Le aseguro que hay más de uno que ya revisó sus redes sociales mientras yo predicaba. Se lo aseguro. Más de uno ya revisó su WhatsApp mientras yo predicaba. Que las redes sociales nos están absorbiendo.

Le voy a contar algo. Cuando yo era pastor de jóvenes en la iglesia, nosotros tuvimos un avivamiento y un mover del Espíritu Santo impresionante. Le estoy hablando del 2007, aproximadamente. Le hablo de tener una iglesia que le caben 600 personas, repleta de jóvenes, hasta el punto de que ellos están hasta fuera de la puerta y en los andenes. Un movimiento sobrenatural donde yo convocaba vigilias de jóvenes y todos estaban ahí, convocaba madrugadas y todos estaban ahí, convocaban evangelismos y todos estaban ahí. Pero el Espíritu Santo me habló en esa época y me dijo: "Llegará un momento en que este avivamiento se verá opacado por la distracción". Yo estaba muy joven, yo no entendía muchas cosas en esos tiempos. Igual que aquí en Ecuador, el internet no era tan accesible como ahora. No, nadie tenía internet en sus celulares, o sea, era una cosa que usted se tenía que ir a un café internet, etcétera. No habían redes sociales como hoy.

Cuando toda esta distracción vino y atacó el mundo, la juventud cambió completamente. La juventud que antes disfrutaba estar en la presencia de Dios, ahora ha cambiado la presencia de Dios por una serie de Netflix. Ahora la juventud que se apasionaba por abrir la Biblia y decirle a Dios: "Señor, háblame en tu palabra", ahora se absorben en las redes sociales y lo que consumen es basura y basura y basura y basura. ¿Cómo, cómo pretendes de que Dios te va a tocar a ti, que Dios te va a transformar, cuando toda tu vida está contaminada por un caos que te da un algoritmo? Y entonces estás escuchando la voz de fulano, de sultano, de perano, de este, de X, de Y. No puedes. Hay tanto caos que no puedes escuchar a Dios.

Por eso Mateo 19:21 al 22 dice: "Si deseas ser perfecto, anda, vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; después ven y sígueme". Cuando el joven escuchó lo que Jesús le dijo, se fue triste porque tenía muchas posesiones. ¿Acaso Jesús estaba contrariado porque este hombre era rico? No. Lo que sucedía con este hombre rico es que amaba más sus posesiones que a Dios. Mi pregunta es: ¿Qué es lo que tú amas más que a Dios? ¿Estás amando más tu teléfono? ¿Estás amando más tus redes sociales? ¿Estás amando más tu trabajo? ¿Estás amando más la distracción que a Dios?

Dios, para que tú pruebes de que Dios es el primero, tendrás que renunciar a lo que más amas para abrazar a Jesús. Es decir, lo que Dios le dijo a este hombre es: "Hay un ídolo en tu vida y hasta que tú no destronques ese ídolo en tu vida, tú no podrás seguirme". Le hago una pregunta: ¿Cuál es el ídolo de su vida? Porque todos tenemos algo que tenemos que destronar de nuestra vida. Lo que usted más ama es a lo que más tiempo le va a dedicar. Lo que usted más ama es lo que más va a cuidar. Y lo que usted más ama es lo que más dinero le va a invertir. ¿Cuál es el ídolo de su vida?

Levante su mano derecha y dígale: "Señor, dile con todo tu corazón: Por favor, Señor, en el nombre de Jesús, bajo mi propia voluntad, yo destrono". Diga: "Yo destrono todo ídolo de mi vida. Toma el lugar que te pertenece y lléname de ti".

En segundo lugar, yo veo que necesitamos, para que el Espíritu Santo nos llene, conocer su voz. Juan 10:4 al 5: "Una vez reunido su propio rebaño, camina delante de las ovejas, y ellas lo siguen porque conocen su voz. Nunca seguirán a un desconocido, al contrario, huirán de él porque no conocen su voz".

La vida tiene miles de voces, como se lo decía ahora. Pero aquel que ha aprendido a tener una relación con Dios podrá reconocer su voz. La razón por la que muchos desisten y le dan la espalda a Dios es porque escuchan demasiadas voces que influencian su vida. Y en medio de esas voces, a veces hasta la misma voz del están escuchando. Sí, es cierto que las pruebas y las dificultades son fuertes, es cierto que los momentos difíciles no son fáciles de superar. Pero una cosa es clara: la voz de Dios es paz. Y él repetirá una y otra vez eso con el fin de que no lo olvides. Dios es paz.

Cuando tú escuchas a Dios, es aquel que te da la fuerza para permanecer. No sé si en algún momento usted ha estado en un caos difícil de su vida, cuando Dios suelta una palabra profética sobre usted y te levanta y te alienta y dices: "Dios me habló". Dios me dijo. Claro, porque la voz de Dios es paz. Y como seres humanos, en ocasiones seremos debilitados por voces incorrectas. Esto sucedió con grandes hombres en la Biblia, pero en el momento en que las sentían, iban al secreto. Por ejemplo, uno de ellos que escuchó voces incorrectas, siendo uno de los profetas más grandes de la Biblia, fue Elías.

Primera de Reyes 19:1 al 4 habla de que Jezabel lo amenazó. Después de que Elías destruya más de 850 brujos, viene una mujer, una mujer llamada Jezabel, y le manda una razón por WhatsApp y le dice: "Elías, de la misma manera voy a ser contigo, y si yo no te mato, que me maten los dioses". Y Elías se sintió tan amedrentado que dice que huyó al desierto. El Salmo 55:3 al 5 habla de cómo David tuvo miedo de la voz de su enemigo. Pero sabe qué hicieron estos hombres cuando escucharon las amenazas del entendían que tenían un Dios que no solamente les daba paz y fuerza, sino que los defendería de cualquier situación difícil que pudiera venir contra ellos.

Iglesia, yo no sé cuál es la voz que el ha puesto en tu vida. Quizá el te dijo que te vas a morir, que tus hijos se van a perder, que nunca vas a progresar, que esas finanzas nunca se van a levantar. Escúchame, el es padre de mentira, él nunca dice la verdad. Pero cuando tú tomas la palabra y tienes al Espíritu Santo contigo, entenderás que la voz de Dios es: "Te voy a levantar de esa crisis. Cuando pases por las aguas, las aguas no te van a ahogar. Cuando pases por el fuego, el fuego no te va a quemar". "Señor, mi hogar está a punto de divorciarse". Escúchame bien, lo que te dice Dios: "Si tú me das el lugar en tu hogar, yo te voy a restaurar el hogar, yo te voy a restaurar la familia".

Cuando yo tengo a Dios en mi vida, sus palabras me dan aliento. Y cuando yo escucho su voz, hay algo que sucede en mi vida. Su presencia me cubre. Hay algo que en algunas ocasiones lo he mencionado, algo que aprendí en el transcurso de los años: la carne siempre va a rechazar todo aquello que conlleve sacrificio y las cosas que atenten contra ella. La carne las va a rechazar. Por ejemplo, no solamente hablemos de oración, hablemos de una buena alimentación. ¿A cuántos les gusta alimentarse bien? Bueno, algunos les gusta, pero les gusta es porque les toca, porque si no se mueren. Si usted supiera que el azúcar no hace daño, ¿cuántos aquí comerían azúcar veintiocho todo el día? Azúcar, pasteles, dulces, manjares. Pero, ¿por qué no los comen? Porque sabes que te hace daño. ¿Y a cuántos les cuesta dejar el azúcar? ¿A cuántos les cuesta dejar la hamburguesa de cada semana? A A cuántos les gusta dejar las comidas rápidas, porque la carne siempre va en contra.

Entonces, la carne va a contrariar el hecho de que tú tengas una buena alimentación. ¿A cuántos les gusta hacer ejercicio? Ay, no, es que me da pereza. Claro, la carne no quiere que tú tengas salud. A la carne no le gusta que tú estudies y te superes, entre otras. Y una de las cosas que la carne va a rechazar es tener relación y comunicación con el Espíritu Santo, porque está lidiando directamente con el deseo del espíritu, y todo lo que el espíritu desea, la carne lo va a querer escupir.

Muchos comienzan a leer la Biblia y solo alcanzan a leer un capítulo porque se duermen. Es más, otros han cogido el leer la Biblia para poder dormir bien, porque saben que los arrulla, pero ya no leen. Se van a orar. No. Y si voy a orar y sea: "Señor, la olla, la olla". Y empiezan a hablar locuras en medio de la oración. ¿Por qué no hay un hambre por la di? ¿Qué hacer entonces? ¿Qué hacer para que yo ame al Espíritu Santo? ¿Qué hacer para amar su presencia?

Escúcheme bien, todo en la vida comienza con determinación. Diga conmigo: "Determinación". Dígalo otra vez: "Determinación". Nada sucede en mi vida si no me determino. Mire, cuando usted le abre la puerta al llamado del Espíritu Santo, la oración en su vida va a ser esta: "Me toca orar". Ese "me toca orar" es una obligación. Toda relación con Dios comienza con obligación. "Me toca orar, me toca ir a la iglesia, me toca leer la Biblia, me toca ir al grupo, me toca escuchar el mensaje". Todo comienza con una obligación.

Pero si usted persiste en esa obligación, esa obligación se va a convertir en una disciplina. Y la disciplina ya no dice: "Me toca orar". Ahora la disciplina te lleva a ti a: "Debo orar, debo ir a la iglesia, debo portarme bien, debo ser santo, debo escuchar la voz de Dios". Y cuando tú permaneces en la disciplina, empezaste con la obligación, estás en la disciplina, pero la disciplina te va a llevar a ti al deleite. Cuando tú entras al deleite, tú cambias tus palabras y dirás: "Necesito orar, necesito ir a la iglesia, necesito leer la palabra, necesito escuchar la voz de Dios". Cuando tú tienes deleite, el buscar a Dios no es una carga, el buscar a Dios es uno de los momentos más placenteros que tú puedes tener en tu vida.

Mi pregunta es: ¿Dónde te encuentras tú hoy en medio de tu vida espiritual? ¿Qué lugar tiene el Espíritu Santo sobre ti? Lucas 14:27 dice: "Si no cargas tu propia cruz y me sigues, no puedes ser mi discípulo". Ahí está hablando de obligación. Dios no te está dando opción. Dios está diciendo: "Toma la cruz y esfuérzate". Yo voy al gimnasio. Cuando yo empecé a ir al gimnasio, yo iba porque obligado, obligado. Y cuando iba, yo iba de vez en cuando, una vez a la semana, dos veces a la semana, a veces ni iba. Y decía: "Estoy cansado". Hasta que me tocó decir: "Señor, si no me determino, no va a pasar nada. Necesito cuidar mi cuerpo".

Entonces, ahí es donde entré a decirle a alguien de la iglesia que que tiene un gimnasio y todo, le dije: "Carlitos, ayúdame, necesito cambiar este cuerpo". Y entonces él me dijo: "Listo, Paz, ven para acá". Empecé a ir por por pena, porque ya no podía quedarle mal a él. Listo, mi Paz, y yo, el pastor, y quedándole mal, no, no puedo, no puedo. Y yo sin ganas de ir. Y allá iba. "Ah, mi Paz, vamos con toda". Empecé a entrar a la a la disciplina. "Tengo que ir, tengo que ir". Entonces hacía una cosa y la otra. Ahora no me tiene que decir nada. Ahora yo soy el que le insisto: "¿A qué hora puedes?". "Necesito porque ya se convirtió en una necesidad". "Necesito cuidar mi cuerpo".

En la vida, escúcheme bien, en su vida espiritual, nunca usted podrá alcanzar.

Algo. Si una persona de Dios no está a su lado, Jesús tuvo 12, y esos 12 fueron transformados por la presencia de Jesús. Usted necesita alguien espiritual que le ayude en su vida espiritual. Escúcheme, nada en esta vida se puede hacer solo. Necesitamos a alguien que nos impulse. Necesitas un pastor que ore por ti, que te imponga manos, que te ayude, que te aconseje, que te levante. Necesitas alguien a tu lado que te direccione. No puede solo. Esa determinación te va a llevar a ti a que toda tu vida sea cambiada por el Espíritu Santo. Voy terminando diciéndole algo: ¿Qué tan decidido estás en esta mañana a abrirle la puerta al Espíritu Santo?

Si lo que has escuchado hasta ahora no ha podido llegar a tu corazón, entonces es momento que abras la puerta. Mire, él siempre va a entrar en tu vida como ladrón. Él no necesita ver tu puerta cerrada. Si la puerta está insegura, él se entra. Pero Jesús no. Él en esta mañana está aquí una vez más llamándote, una vez más diciéndote: "Aquí estoy, hijo, te puedo ayudar". "Es que estoy herido, Señor. Es que a mí me golpeó fulano, sultano y perengano. Es que me desilusioné por fulano y por X y por Y". Dios dice: "Deja a un lado eso, cierra el capítulo". Y preguntas de cuántas cosas tú te has privado de Dios por estar aferrándote a una herida que no te está haciendo bien. Cuánta gente está hoy en el mundo que un día fue cristiana y se fue de la iglesia por bobadas, por estupideces, y se están perdiendo de todo lo que Dios les puede dar. Cuántas cosas tú pudieras tener hoy, pero a causa de un corazón orgulloso y cerrado no las tienes.

Si algo puedo decirle yo en esta mañana a usted para terminar es: yo no conozco al Espíritu Santo bajo teoría, yo lo conozco bajo experiencia. Y lo que le estoy predicando hoy, todo lo que yo le prediqué hoy es un mensaje que he vivido bajo experiencia, porque en el momento en que Jesús me visitó, a mí me cambió la vida. Yo no volví a ser igual. Y una de las cosas y mis oraciones que yo le digo a Dios es: "Prefiero morirme antes de apartarme de ti. Prefiero estar en un ataúd antes de apartarme de ti", porque entendí, Señor, solo tú tienes palabras de vida eterna.

¿Quieres unción? ¿Quieres presencia de Dios? ¿Quieres que te vaya bien en los negocios? ¿Quieres que te vaya bien en todo lo que hagas? Lo primero que tienes que hacer es abrir la puerta al Espíritu Santo, enamorarte de él, buscarlo, aferrarte a él, enamorarte de él, y entonces todo vendrá como añadidura.

Hoy quiero hacerle un llamado especial a todas las personas que hoy dicen: "Siento que necesito tener una experiencia con el Espíritu Santo. Siento que necesito tener una experiencia con el Padre. Siento que necesito cerrar un capítulo en mi vida. Siento que necesito sanar mi corazón. Siento que estoy enojado con Dios. Siento que he sido orgulloso. Siento, pastor, que hay cosas que necesito dejar a un lado para que el camino esté despejado para mi Dios". ¿Hay alguien aquí que quiere tomar una decisión de abrirle la puerta al Espíritu Santo? Usted está decidido. Quiero que se coloque de pie, por favor. Repito, no de manera protocolaria. No quiero que usted celebre hoy con el Espíritu Santo de manera protocolaria, sino que lo haga de corazón. Y en este momento, al usted ponerse de pie y decir: "Yo necesito al Espíritu Santo". Pastor, ¿qué es el Espíritu Santo? El Espíritu Santo es la persona que te va a acompañar todos los días de tu vida para darte todo lo que necesitas.

Quiero que cierres tus ojos y pienses en cuál han sido los bloqueos que no te han permitido tener a Dios al 100% en tu vida. Piensa en ellos: un pecado, orgullo, indiferencia, incredulidad, una herida. ¿Qué es lo que no te ha permitido que el Espíritu Santo fluya en tu vida como un río? Ahora, si lo has detectado, si has podido identificar el bloqueo de tu vida, vas a renunciar a él en el nombre de Jesús. Y le dices: "Señor, renuncio a este pecado, renuncio a esta altivez y a esta soberbia que ha habido en mi corazón en el transcurso de estos años, de estos meses. Señor, te pido que por favor me des la fuerza para acercarme a ti". Espíritu Santo, ven a mi vida. Dile: "Te necesito. Te necesito en mi vida. Te necesito en mi casa. Te necesito en mi familia. Te necesito". Espíritu Santo, yo te pido que en esta mañana tú vengas sobre tus hijos hoy y pongas tu mano de poder sobre ellos. Espíritu Santo, yo te pido que en esta mañana tú vengas con poder y transformes la mente y el corazón de ellos.

Iglesia, es tiempo de que vuelvas a la palabra. Es tiempo de que vuelvas a orar. Es tiempo de que vuelvas a construir un lugar de adoración para el Padre en tu casa. Es tiempo de que ese altar que ha estado arruinado lo vuelvas a construir. Es tiempo de que vuelvas a estar de rodillas como antes lo hacías. Es tiempo de que le digas: "Espíritu Santo, aquí estoy otra vez. Quiero intentarlo". ¿Qué tal si lo intentas una vez más? ¿Qué tal si esta vez puede ser el día de tu milagro? ¿Qué tal si en esta ocasión todo puede ser transformado por la mano poderosa del Espíritu Santo? Inténtalo otra vez. Inténtalo otra vez.

Espíritu Santo, yo te doy gracias porque yo sé que desde ahora en adelante las vidas que están aquí presentes tendrán un impacto poderoso de tu Espíritu Santo. Imparte tu presencia sobre ellos y llénalos de la gracia redentora de tu Espíritu Santo. Yo quiero hacer algo con usted en esta mañana y es que usted haga un pacto con Dios. Usted se va a comprometer con Dios hoy. El Espíritu Santo se alcanza bajo determinación. Hay muchos de ustedes que ya no oran. Hay muchos de ustedes que ya no leen la Biblia. Hay muchos de ustedes que ya no tienen comunión con Dios. Hay muchos de ustedes que ya no alimentan su vida con adoración, con palabra. Y lo voy a llevar a un reto a usted en este momento. El reto es que usted permanezca por 21 días consecutivos buscando a Dios día tras día, donde usted diga: "Pastor, me comprometo por 21 días, cada día orar, leer la palabra y adorar". Y cuando le hablo de esto es de tener un tiempo de intimidad. No importa si son 10 minutos, si son 15 minutos, si son 20 minutos, si es una hora. Lo ideal, pero no importa. Cuando usted va a montar bicicleta y usted apenas está empezando a montar bicicleta, el experto camina a su ritmo que es novato. No, el novato al ritmo del experto. Ahorita Dios va a caminar a su ritmo y él va a recibir su tiempo. Sean 5 minutos, sean 10 minutos, pero que usted diga: "Por 21 días yo voy a tener una intimidad con Dios". Al cerrar la puerta de mi cuarto, estar de rodillas, buscar a Dios, abrir y desempolvar mi Biblia, aunque hoy somos digitales, lo hablo de manera figurativa, abrir y desempolvar la Biblia y escuchar la voz de Dios, un capítulo por día. Va a empezar con Proverbios, uno por día, uno por día por 21 días. Adorar a Dios, a cambiar la música de tu carro, a cambiar la música de tu celular y a decir: "Me voy a sumergir en la presencia de Dios y voy a ver qué pasa".

Si usted está dispuesto a hacer ese compromiso conmigo, venga al altar. Usted hace un pacto, dice: "Y voy a buscar a Dios por 21 días consecutivos". Yo sé que la carne no quiere, pero con uno solo que salga para mí es suficiente, porque que uno solo puede transformar el mundo entero. Bueno, ya no es uno, son varios. Vengan hasta aquí, acérquense. Ojo, que es con Dios este compromiso. Acérquense más.

Gracias. No se imaginan lo que va a suceder en estos 21 días. No se imaginan lo que va a suceder. 21 días donde van a haber respuestas, 21 días donde van a ver la mano de Dios obrando en sus vidas, 21 días donde van a ver la manifestación viva del Espíritu Santo sobre ustedes. Al pasar al altar, ustedes dicen: "Me comprometo". Le voy a decir cómo lo va a hacer. Te voy a decir cómo lo va a hacer. Escuche bien. Todos los días, no importa la hora. 5 de la mañana, 12 del mediodía, 10 de la noche, 12 de la medianoche, 1 de la mañana, a la hora que usted quiera. Lo que yo entendí de Dios es: no importa la hora que ores, lo importante es orar. Usted va a determinar un tiempo donde se va a encerrar en su cuarto y va a buscar la presencia del Espíritu Santo. Le va a abrir la puerta a Dios y al abrir la puerta a Dios, usted va a estar en oración. Y combine la oración con la palabra, combine la oración con la adoración. Y en el nombre de Jesús, yo profetizo que vas a ver milagros.

Levanta tus manos al Señor y permíteme orar por ti. Padre, imparte sobre estas vidas pasión y fuego del Espíritu Santo. Sobre estas manos que se levantan, imparte pasión y fuego del Espíritu Santo. Que los jóvenes que han pasado aquí puedan ser una generación avivada y sustentada por la presencia de tu Espíritu Santo. En el nombre de Jesús, yo declaro que a través de este tiempo que ellos determinan tener contigo, sus familias se restauran, sus familias se transforman, sus familias cambian, en el nombre de Jesucristo.