Transcription
[Música] hola a todos estamos acompañando a maría santísima en su dolor en su soledad.
Soledad que no empezó con la sepultura de su hijo. Soledad que, en el caso de la virgen, empezó en el momento en que ella comenzó a tener uso de razón. ¿Por qué? Porque maría tenía una plenitud tal de gracia, de santidad, que ni bien pudo entender la realidad se sintió sola. Su alma pertenecía más al cielo que a la tierra. Además, tenía un conocimiento profundísimo del pecado, lo cual también hacía sentir sola.
El pecado que le rodeaba en el mundo. Con la encarnación, esa soledad de alguna manera también crece en el sentido de que crece su santidad y va creciendo también en cuanto que va participando de la soledad de su hijo, de las persecuciones de su hijo. Cuando es niño, en la huida a egipto. La soledad que tuvo ella con su hijo perdido y hallado en el templo. Ya en la vida pública del señor, al comenzar la persecución, esa soledad que va viviendo cristo, también la vive maría. No hay dolor que cristo no haya dolido, que no haya repercutido en el corazón de su madre.
Cuando el señor, en la última cena, ya va gustando, si se quiere, más la soledad porque ella tiene que anunciar que alguien lo va a traicionar, que pedro lo va a negar. Y después, cuando sucede todo eso, más soledad de jesús, más soledad de maría. Baste en el momento de la cruz. Jesucristo la mira, su madre le dice: "Mujer, he ahí a tu hijo". "Hijo, he ahí a tu madre". Una soledad muy grande la del señor porque quiere afrontar la muerte solo, totalmente solo.
María sabía eso perfectamente y ella lo comparte para decir inmediatamente: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Esa soledad de jesús, total, plena, es también una soledad total y absoluta de maría. No, no es una soledad compartida por dos corazones, son dos soledades que, si se quiere, se retroalimentan. La soledad es quedarse después sin jesús al ser sepultado. También esta prueba es una soledad menor en la que vivió en la pasión, compartiendo la total soledad de su hijo.
Nosotros tenemos que aprender a sufrir con maría y amar con maría, porque si maría sufre tanto es porque ama tanto. La capacidad de sufrimiento nos viene por la capacidad de amor. También tenemos que aprender de maría en que ella sufre mucho también porque sabe que mucho le costó su santidad a su hijo. A cuánto mayor grado de santidad ha llegado una persona en cuanto a la gracia recibida de dios, también ahora de mayor sufrimiento de cristo por esa persona en la redención. Y maría sabía perfectamente eso.
En nuestro caso, quizás no tenemos que pensar en un grado de santidad, sino en nuestros pecados, cuando le costamos al señor en la cruz y como maría sufrió por cristo. Suframos también nosotros por él y también por ella. Compadecernos de sus dolores es compadecernos de los dolores de su hijo. Aprendamos entonces a acompañar en este día a maría en su soledad. Recemos el rosario. Recemos el rosario de la mater dolorosa, que va acompañando los siete dolores de maría.
No dejemos pasar este día sábado, día consagrado a la virgen, justamente por su soledad, como todos los sábados del año. No lo dejemos pasar sin mirarla con un cariño de hijo, de hijo pecador, de hijo arrepentido, pero hijo que quiere consolar ese corazón tan sufrido y tan solo por nuestros pecados. Nuestra señora de los dolores nos ayude en este día y, a pesar de nuestros pecados, nos acoja como tiernos hijos y nos lleve al corazón de su hijo.
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