📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Homilia Dia de los niños 04 30 2020

DIALOGOS P. Martin Rodriguez14:04

Transcription

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, hoy 30 de abril, día en que estamos celebrando a los niños, me gusta mucho este cartel en donde se nos muestra que los niños son bienvenidos. Jesús siempre le dirá a los niños, le dirá a todas las personas: "Dejen que los niños vengan a mí".

Pues bien, en este día de los niños se nos ofrece una lectura del evangelio maravillosa, muy acorde a nuestros días. Se nos dice, Jesús, Jesús nos dice que él es el pan vivo bajado del cielo, el pan que da la vida eterna. Es verdaderamente reconfortante saber que existe un pan que da vida eterna. Y Jesús compara, se compara a sí mismo como pan de vida con un pan que alimentó al pueblo de Dios en su cuarentena por 40 años, a la búsqueda de la libertad, a la búsqueda de la promesa de Dios, de la tierra prometida, de la promised land, habiendo dejado una vida de esclavitud en Egipto.

Pero durante esos 40 años que irán caminando por el desierto, llegan a tener hambre e incluso llega el momento en que se olvidan de Dios, siendo que es su propósito salir. Porque quieren tener, quieren salir de la esclavitud, porque quieren tener una experiencia con Dios. Y es curioso que cuando van en el desierto, esa hambre los hace extrañar, un hambre que llena el estómago. Y entonces estarán pensando cada quien en sus comidas favoritas, dicen: "¿Por qué no mejor regresamos a la normalidad? ¿Por qué no nos regresamos a Egipto? Allá llenábamos nuestras estómagos de cueros y de cebollas, no salta vamos de lechuga, pero aquí en el desierto tenemos hambre, ya extrañamos nuestra comida". Y se les olvida que aunque tenían satisfactores para el estómago, lechugas, fueron quizás sandías, no lo sé, extrañaban a Dios, extrañaban su libertad, una relación amorosa y cercana con Dios.

Entonces Dios le dirá a Moisés: "Clama al cielo y que el Padre les dará pan del cielo". Jesús nos dice hoy de ese maná y nos dice que ese maná era una figura de un pan verdadero que no solamente iba a saciar su hambre del estómago, sino que les iba a dar un pan vivo bajado del cielo que no solamente los llevaría a la tierra prometida aquí en la tierra, sino los llevaría al Padre. Dice: "Y hasta ahora nadie conoce al Padre, solamente el Hijo que ha bajado del Padre y al Padre los va a regresar".

Queridos hermanos y hermanas, que estamos celebrando el día de los niños, quizás hoy en nuestra casa, allí solamente en familia, debemos de pensar en lo que esto significa. Porque el domingo pasado se nos decía que no hemos conocido al Señor, aunque el Señor nos habla, pero cuando escuchamos su palabra, su palabra nos da vida. Y confiando en el Señor, lo reconocemos en la fracción del pan. El día de hoy, Jesús se revela que él es el pan vivo bajado del cielo, el pan verdadero.

Yo quiero decirle a los niños que nuestra vida es un viaje maravilloso en el que vamos a emprender una gran aventura, la aventura de la vida. Que vamos a ir por muchos caminos, cruzaremos mares, subiremos montañas, iremos a partidos de fútbol, estaremos en fiestas, estaremos en muchos lugares. Pero lo más importante es encontrarnos con aquel que nos dé, que nos da pan y pan de vida, que es el Señor.

Ustedes los niños saben que casi todo, casi todos los momentos importantes los vivimos acompañados de pan. Aquí en este tiempo en que estuviéramos haciendo las primeras comuniones, yo les pregunto a los niños sobre tipos de pan, qué tipo de pan es el que les gusta más. Y aquí que estamos no muy lejos de Los Ángeles, tenemos la suerte de encontrar una gran variedad de panes. Pero también les digo, hay panes que son no solamente pan mexicano, sino que el caldo se sirve en una hogaza de pan, las hamburguesas también van con pan. Y les digo que incluso la pizza es un tipo de pan con salsa, con pepperoni. A mí me gusta con piña también, ya lo saben algunos hermanos cerca de aquí de la parroquia. De vez en cuando, cuando me reciben en su casa, piden una, piden una pizza con pepperoni y con y con piña. Pero eso llena solamente el estómago.

Existe un hambre más grande, un hambre de ser escuchados, un hambre de cariño, un hambre de amor y entonces, sobre todo, un hambre de vida. Nos dice Jesús que no solamente de pan de aquí de la tierra vive el hombre, sino que vivimos de esa relación que nos va a conducir hasta la vida eterna. Y Jesús dice: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo". Y nos dice que con lo que se suele llamar en los estudios bíblicos, la conclusión del discurso del pan de vida, se nos dice Jesús la conclusión después de haber comparado con ese pan que era simbólico, dice: "Yo soy el pan de vida, mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida".

Que esto nosotros lo sepamos asumir con una hermosa naturalidad de personas obedientes, que van obedeciendo a su Señor. Porque fíjense que hay quien se escandaliza y quien piensa que dice: "¿Uno cómo nos va a dar a comer su carne? ¿Cómo nos va a dar a beber su sangre?". De suyo, cuando Jesús había multiplicado los panes y con ellos les dio de comer a más de cinco mil personas, pues ya lo estaban siguiendo solamente por ese pan. Y Jesús les dice: "No me sigan, no piensen solamente en el pan que llena el estómago. Si supieran cuál es el pan que yo les voy a dar, yo les daré mi cuerpo que es el pan vivo y verdadero, mi carne es verdadera comida, mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida". Y yo, algunos que se escandalizaron y lo empezaron a dejar. Y Jesús en ningún momento corre a ellos y les dice: "Esperen me, no me malinterpreten, fíjense, déjenme explicarles". No, Jesús no quita un dedo del renglón. Al contrario, va con sus doce apóstoles y les dice: "¿Se escandalizan porque les digo que les voy a dar a comer mi cuerpo y a beber mi sangre? ¿Ustedes también se van?". Y los apóstoles se quedan así, con los ojos cuadrados, y se le quedan mirando y no saben qué contestar. Y Jesús los reta y les dice: "¿Ustedes también se van?". Lo bueno es que Pedro da un paso al frente y dice: "Señor, ¿a quién iremos? Si solamente tú tienes palabras de vida eterna".

Y eso es lo que buscamos, vida eterna, vida que no se acaba, vida que no se marchita, vida que no es amenazada por un virus, por un accidente, una vida que no queremos prolongar solamente por unos meses o por unos años, sino que queremos una vida que sea eterna. Y tenemos que decirle al Señor que tu palabra es vida, tu cuerpo es comida, y eso es lo que nos va a llevar. Por eso yo sé que todos estamos sedientos de la Santa Eucaristía. Queremos pedirle mucho a Dios que pronto podamos recibir a Jesucristo Sacramentado con su cuerpo, con su sangre, con su divinidad. Ahora, mientras podamos hacerlo de manera sacramental, lo estaremos haciendo espiritualmente a la hora de la comunión desde nuestras casas.

Y entonces, mis queridos hermanos, yo sé que muchos se están preparando para la primera comunión también. Y creo que estaremos anhelando con mucha, con mucha esperanza, el descubrir que podremos comer su cuerpo y su sangre. Podremos decirle: "Señor, danos siempre de ese pan, tu cuerpo y tu sangre, Señor". De manera que de pronto el Padre Darío nos estará dando instrucciones de qué manera se estarán celebrando los sacramentos de la confirmación, de la primera comunión, de acuerdo a las normas que nos vayan permitiendo la ciudad, las autoridades sanitarias. Pero lo más importante es que estemos en el antes de comer su cuerpo y su sangre, Señor.

Quiero decirles también a los niños que cuando los bautizaron, a sus papás y a sus padrinos les encendieron una vela, un cirio, una vela del cirio pascual. Y quiero decirles también que les hicieron un pan especial, su pastel. Y con esa misma llama les han estado encendiendo una velita cada vez que va iluminando más, uno, dos, tres, cuatro velitas. A que los eeuu ya nos ponen un número de vela, pero realmente era cada vez una llama más encendida. Quiere decir que celebramos nuestra vida que va creciendo en la alegría, en entusiasmo, con Cristo, luz del mundo, que él exponga la oscuridad del mundo.

Porque si quiero decirles que existe un hambre, existe un hambre y casi siempre nos da tristeza y nos da lástima cuando vemos a una persona que no ha comido y le ofrecemos para comer. Pero porque nos lastima tanto eso, es cierto que hay que darles de comer. Jesús dice: "Denles ustedes de comer". Pero también es cierto que existe el hambre de palabra, el hambre de amistad, el hambre de ser escuchadas, escuchados, el hambre de amor. Existe el hambre de amistad, existe el hambre de verdad. Y quiero decirte que entre más profunda es el hambre, se encuentra más escondida. Por eso nos hace falta la fe para descubrir que todos podemos ejercer la caridad desde la fe y llevar a todos a Cristo, que es el único que va a satisfacer nuestros corazones con su pan, porque él es el pan de vida eterna. Amén. Felicidades a los niños hoy en el día de los niños.