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Las medidas ordenan el presente y tienen su pasado. El ser humano siempre tuvo la necesidad de medir, medir el tiempo para ver cuándo sembrar o pesar los granos para conocer su valor comercial. La metrología siempre ha formado parte de la vida diaria de los pueblos.
En la antigüedad, las distintas culturas calculaban sus intercambios económicos usando como patrón el propio cuerpo. Ubicaban el ejercicio de medir entre el poder de sus reyes y la fuerza de las divinidades. Después, la ciencia fue ajustando números a la vida terrenal. El avance tecnológico se encargó del resto.
Historia de las medidas o la metrología, ciencia con prehistoria.
"Ch de Chico, me fanatizaba con los libros sobre las pirámides de Egipto y me gustaba imaginar teorías acerca de su construcción. Sin dudas, la que más me atrapaba es la que incluía a los extraterrestres. Mi mente infantil no se podía imaginar de qué otra manera trasladaban bloques enormes y pesados sin la tecnología de la modernidad. ¿Cómo se levantaron esas formas perfectas en medio del desierto, a orillas del Nilo? ¿De qué manera lograban ese encastre perfecto? La respuesta, tal vez, esté en la medida de la piedra.
Los egipcios montaron un riguroso sistema de trazabilidad metrológica que les permitía pensar estructuras magníficas como las pirámides. Su unidad de medida de longitud era el cúbito, la distancia entre el dedo medio y el codo. Un detalle: había que calcularlo en el "Far". Los ingenieros fabricaban un patrón en mármol. Sus capataces, los que trabajaban en la pirámide, lo copiaban pero en madera. Cada luna llena debían comparar la vara con el cúbito de mármol para comprobar que seguía midiendo lo mismo. Si no lo hacían, ponían en peligro sus vidas. Incumplir la orden de calibrar la madera que servía como patrón se traducía en una muerte segura.
¿Por qué se cuidaba con tanto recelo la precisión del cúbito? Porque en su modelo se esconde la perfección de las pirámides. Los ingenieros egipcios, y no los extraterrestres de mi infancia, lo sabían. Si uno observa cada parte de la construcción, se advierte que el encastre es perfecto. Las piedras se cortaban en lugares distintos, pero eran todas iguales. Detrás de las grandes pirámides está la regularidad de las medidas que las sostienen.
Los egipcios son sinónimo de pirámides, pero también se asocia a esa antigua civilización con el río Nilo. Todos los veranos, en la época de las lluvias, sus aguas inundaban la región y, al retirarse, dejaban las tierras fértiles listas para la siembra. Pero antes de sembrar, había que medir. El agua fertilizaba la tierra, pero también borraba todas las marcas que se hacían en el terreno para dividir los campos. ¿Cuántos cúbitos le tocaban a cada uno? La necesidad de hacer estas mediciones dio origen a la geometría.
Los antiguos egipcios medían, cosechaban y comercializaban. Para pesar utilizaban una balanza parecida a esta: los dos platillos. Además, jugaban un rol en las creencias religiosas. El Libro de los Muertos relata el modo en que el dios Anubis pesaba el corazón de los difuntos para decidir el pasaje a la vida eterna o para disponer el peor de los destinos. En un platillo depositaban el corazón y en el otro, una pluma que representaba la verdad y la justicia universal. Thot, el dios escriba, hacía preguntas al muerto sobre su conducta en la vida. Puestas las preguntas, el corazón disminuía o aumentaba su peso. ¿Cuál de los dos pesaba más? De la respuesta dependía la sentencia, que por supuesto era inapelable. Si el veredicto era positivo, el corazón era recibido en el reino de Osiris; de lo contrario, la víctima era deglutida por el devorador de muertos, un ser mezcla de cocodrilo, león e hipopótamo. Para garantizar la equidad del veredicto, usaban una balanza de brazos iguales.
De manera increíble, del otro lado del océano, una civilización que nada sabía de los egipcios utilizaba un instrumento parecido: eran los Incas en América. En África, los antiguos egipcios se valían del cúbito; los Incas de América tenían su "kup tupu". Ambos representan la distancia que separa el codo del extremo de los dedos de la mano. ¿Pura casualidad o estaba escrito que así fuera? Religión y medidas juntas para una misma foto.
En el Antiguo Testamento se advierte: "No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica; no tendrás en tu casa medida grande y medida chica; pesa exacta y justa tendrás; medida exacta y justa tendrás, para que tus días se prolonguen en la tierra de Jehová". El Corán de Mahoma también prescribe mandatos metrológicos: "En nombre de Alá, Misericordioso y Compasivo, pide desgracia a los que falsean el peso y la medida, a quienes cuando miden en contra de otros colman la medida".
Las culturas más antiguas dirimían sus mediciones con Dios, pero las usaban en el barro diario de las transacciones económicas. Para establecer los primeros patrones, los hombres buscaron un molde cercano, tan cercano como poco preciso. Se trata del cuerpo, convertido en una vara para medir. Cada parte corresponde a un valor diferente, como el cúbito de los egipcios, que también fue adoptado por los hebreos, los babilonios, los griegos y los romanos. Son las medidas antropométricas: una pulgada se corresponde con la primera falange del dedo pulgar, la palma es el ancho de la mano, pero sin contar el dedo pulgar, y el pie es el pie. ¿Pero qué pie? ¿Cómo alcanzar un censo acerca de la medida de un pie?
En algunos reinos de la Europa medieval, el patrón de longitud era la medida del pie del rey de turno. Para transportar la medida, usaban un instrumento cuya versión moderna todavía lleva el nombre de "calibre pie de rey", muy común en talleres y fábricas. El pie era útil para medir pequeñas parcelas; en mediciones más chicas se usaba la palma y para menores longitudes, el dedo y la pulgada. Una palma equivalía a cuatro dedos y un pie a cuatro palmas, en tanto una milla eran 1000 pasos. Y cuando el rey se moría, ¡problema en puerta! Debían modificarse todas las medidas del reino. Sistema poco práctico, claro, pero que con el tiempo caducaría. Pero la historia aún le faltan más eslabones.
La Edad Media es un mapa fraccionado de Europa en feudos y reinos con señores y reyes que dirimen poder, cada uno a su estilo y a su conveniencia. ¿Cómo sobrevivían las medidas en este escenario? A discreción del poder del señor feudal de turno. Por ejemplo, en España, tomar un simple trago de vino podía convertirse en un verdadero conflicto de medidas. En todas las regiones, la unidad de volumen llevaba el mismo nombre: cántara. Parece fácil entonces ponerse de acuerdo, pero no: es que en cada comarca tenía valores diferentes. En Aragón, cada cántara equivalía a ocho jarros; el jarro, a dos cuartillos; y el cuartillo, a cuatro copas. En Castilla, el "mollo" eran 16 cántaras de vino, la cántara y el cuartillo, cuatro copas. En Valencia, en cambio, una cántara equivalía a 16 cuartillos. Y siguen las regiones y las cántaras, todas distintas.
A fines del siglo XVIII, muy cerca de España, las medidas iban a pasar por la guillotina. 1791, Francia, en la efervescencia de la Revolución. La Academia Francesa de las Ciencias estableció como unidad de longitud la diez millonésima parte de un cuarto del meridiano terrestre. Se trataba, nada más ni nada menos, que del metro, que ingresaba a escena. Llegaba para modificar toda la estructura de las mediciones. En esos años, el químico Antoine Lavoisier también establecía la unidad universal del peso: el kilogramo. Fue definida a partir del metro como la masa de un decímetro cúbico de agua a una atmósfera de presión y la temperatura de su máxima densidad (3,9 grados centígrados). Metro y kilogramo, de ahí en adelante, la modernidad de las medidas. Lavoisier se desempeñó además como Secretario del Tesoro francés, el de la monarquía. Su vida iba a terminar de manera drástica en la guillotina de la Revolución. Poco antes de ser decapitado, dijo: "Nada más grande ni más sublime ha salido de las manos del hombre que el sistema métrico decimal". Estaban haciendo una nueva era en la metrología.
En la Argentina incipiente, los mismos hombres que hacían la patria pensaban también cómo medirla. A fines del siglo XVIII y principios del XIX, las noticias viajaban al ritmo lento del barco en el océano. En Buenos Aires, mientras inscribían sus revoluciones, los próceres escuchaban las innovaciones metrológicas que pensaban los europeos. Ahí estaba el grano. En 1810, enfrentando a los realistas que todavía se encuentran en Paraguay, el hombre que además de militar, periodista, economista y sociólogo, escribe un reglamento para ordenar el régimen político y administrativo de la región. En el artículo 14 intenta normar el uso de las medidas para que sean justas. Artículo 14: "Como el robo había arreglado los pesos y medidas para sacrificar más y más a los infelices naturales, mando que se guarden los mismos pesos y medidas que en la gran capital de Buenos Aires, imponiendo la pérdida de sus bienes y extrañamiento de la jurisdicción a los que contravengan, a beneficio del fondo para escuelas". Belgrano se daba cuenta: la poca claridad en las unidades de medidas contribuía a perjudicar a los más débiles. También advertía que debía unificarse los criterios en todo el territorio. Un adelantado. Otros dirigentes tomarían su posta.
1835: el gobernador de Buenos Aires dictó de ley para ordenar y unificar los sistemas de pesas y medidas. Así, por ejemplo, se instituyó la vara como el ancho de la nave central de la Catedral, señalando sus puntos extremos en dos piedras mármoles embutidas en los dos muros laterales. 1853: jura de la Constitución Argentina. Las provincias le ceden a la Nación la atribución de establecer un Sistema Nacional. 1857: Domingo Faustino Sarmiento, un hombre que mira hacia Europa, impulsa un proyecto de ley para que se acepte en la provincia de Buenos Aires el sistema métrico decimal, pero los problemas políticos derivados del conflicto entre Buenos Aires y la Confederación Argentina impidieron la puesta en práctica del proyecto de Sarmiento.
1875 fue un año clave en la historia de la metrología. Se firmó en París el tratado diplomático de la Convención del Metro para asegurar la unificación internacional y el perfeccionamiento del sistema métrico. 18 países firman la Convención del Metro, acuerdo diplomático que aún hoy rige la metrología en nuestro planeta. Nuestro país estaba representado por su embajador, Don Mariano Valcarce, el yerno del General San Martín. Pero no fue sino hasta 1887 que se logra establecer como obligatorio el uso del sistema métrico y decimal de pesos y medidas en nuestro país.
Desde que se realizó la Convención del Metro, cada cuatro años se convoca a todos los países miembros en una Conferencia General de Pesas y Medidas, donde se tratan las cuestiones que un comité internacional pondría en su consideración. Este comité internacional, a su vez, supervisa las actividades del Buró Internacional de Pesas y Medidas. El sistema métrico decimal se instituyó finalmente a fines del siglo XIX como forma hegemónica de medir, pero no le fue tan fácil. Hubo rebeliones y aún hoy existen comunidades que se resisten.
En Brasil todavía se recuerda la "Revolta de Quebra-Quilos". En 1872, el gobierno brasileño adoptó el sistema métrico decimal y comenzó la batalla. Entre 1874 y 1875, el nordeste del país se levantó en contra de un enemigo inaudito: el kilogramo. Los pobladores ingresaban a las ferias y destrozaban las cajas que guardaban el nuevo patrón de peso. Estaban seguros de que las nuevas equivalencias perjudicaban su economía y querían volver a la onza y al quintal. La rebelión se tornó tan violenta que fue necesaria la intervención del ejército. ¡Y todo por el kilogramo!
En 1960, en la Conferencia General de Pesas y Medidas, se estableció el Sistema Internacional de Unidades. Es la convención que sigue en la mayoría de los países para ponerse de acuerdo en las unidades. Hoy, los patrones dejaron de establecerse por modelos materiales; ahora se calculan a través de complejos experimentos físicos. Solo el kilogramo continúa representándose a través de una pesa que está en el Buró Internacional de Pesas y Medidas en París.
En el principio de la metrología, la historia se contaba en unidades de masa, longitud y tiempo. Después se unieron otras magnitudes físicas más sofisticadas: temperatura, electricidad, intensidad luminosa y cantidad de sustancia. Hoy, las medidas son sinónimo de tecnología.
"Joaquín, ¿cómo fueron evolucionando los patrones, los instrumentos de medición?"
"Y a medida que las tecnologías van permitiendo medir mejor, va cambiando todo. Por ejemplo, este calibre hoy día sería digital, ya en su versión más moderna. Pero así, cambiando los patrones hacia el sueño del hombre, que es algo que no cambie nunca. Y hoy día pensamos que lo que no cambia son las constantes fundamentales, como la velocidad de la luz o la carga del electrón. Entonces, tratamos de desarrollar patrones que se basen en esas cosas."
"¿Y antes en qué se basaban?"
"En general, en objetos. Lo primero que el hombre se le ocurrió fue decir: 'Bueno, tengamos una pesa patrón para todo el mundo'. Pero ahora todo el mundo tiene que medir por comparación con esa pesa patrón que está en París o una regla patrón, una barra patrón. Entonces, eso ya no funciona. Ahora se necesita el mejor patrón en cada lugar de trabajo y para eso, si está referido a cosas inmutables como las constantes físicas, bueno, lo iremos haciendo cada vez mejor, pero su definición va a estar fijada en una constante física."
Desde que la historia es historia, las medidas se entrelazan en las costumbres más cotidianas y espirituales de las personas. Están presentes en la majestuosidad de las pirámides, forman parte de los mandatos religiosos de las escrituras más sagradas, son parte de la Revolución Francesa con guillotinas incluidas y se conciben como preciado botín de guerra de las disputas de ideas. Hoy, la tecnología la lleva hasta el máximo de sus posibilidades y el relato continúa.