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Usted tiene que valorar el Ministerio que Dios te entregó, la posición que Dios te entregó. Tú tienes que valorarla. Usted no puede cambiar el Ministerio por la primera falda que se te menee. Tú, tú no puedes cambiar el Ministerio, el llamado, por la primera Dalila que te mené la falda. Usted se equivocó, demonio. Esto le ha costado mucho al Señor, y a mí me ha costado lágrimas, sacrificio, entrega, oración, ayuno, vigilia, silicio, para usted en un momento carnal venir a rebatar el Ministerio que me ha costado años. Se equivocó el con nosotros. Vamos, diga eso: "Se equivocó con nosotros". Usted sabe el sacrificio que le ha costado a usted ese ministerio. Algunos ni saben en el lugar que Dios lo colocó. Algunos ni saben la autoridad que tiene. Si Dios te permitiera ver en el mundo espiritual, usted no es un cualquiera. Usted es un hombre ungido. Usted es un hombre escogido. Usted es un hombre señalado. Usted es un hombre usado por Dios, lleno de la unción, del propósito de Dios, del Espíritu Santo. Marcos capítulo 8, verso 34. Voy a hablar con gente entendida en la palabra. Aleluya. Cuando lo encuentre, dame Marcos 8:34. Lo tiene. Mire lo que dice la palabra de Dios: "Y llamando a la gente y a sus discípulos". ¿A quién llamó Jesús? A la gente y a sus discípulos. Y les dijo: "Si alguno quiere qué venir en pos de mí". Oiga, ¿cómo dijo? "Niéguese a sí mismo, tome su cruz y qué". Sígame. Y sígame. Padre, gracias por tu palabra. Háblanos, enséñanos, instrúyenos, fortalécelo a través de ella, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Póngase cómodo y dele un aplauso fuerte al Señor. Vamos, motívame a predicar. ¿Dónde están los que dan gloria a Dios?
Dice: "Gloria a Dios, gloria a Dios". Comienzo diciendo que este es un camino para valientes. Lo he dicho en otras ocasiones, este camino no es para cobardes. Y le mostré por la Biblia que en el cielo no hay cobardes. Los cobardes no entrarán en el reino de los cielos. Los cobardes están encabezando la lista de los que no entrarán. Apocalipsis 21:8 dice: "Y los cobardes, junto con otro dice, no entrarán en el reino de Dios". Entonces he entendido que este camino del evangelio es para valientes. ¿Habrá algún valiente aquí hoy? Levanta la manita que Dios la vea. Gloria a Dios. Dale un aplauso a Dios por ti, porque eres un valiente. Dice: "Gloria a Dios". La decisión que usted y yo tomamos de seguir a Cristo no fue por un año, ni por dos años, ni por cinco años, ni siquiera por diez años. La decisión que usted y yo tomamos, óigame bien, eso fue, lo voy a hacer personal. Yo le dije a Jesús: "Te voy a seguir hasta que tú vengas o hasta que yo muera". ¿Quién más dice amén a eso? Por darle un aplauso a Dios. Esa es la decisión. Le seguiremos hasta que él venga o hasta que yo muera. Diga conmigo: "Seguiré al Señor". Otra vez: "Seguiré al Señor hasta que él venga o hasta que yo muera". Eso, repítelo, repítelo a los infiernos. Yo no me convertí por un año, no me convertí por meses. Yo me convertí hasta que Cristo venga o hasta que yo muera.
Pastor, ¿y por qué usted dice eso? Atiéndeme, porque esto no le da esperanza al mundo de las tinieblas ni un 1% de apartarte del camino. Cuando tú crees esa confesión y la vives, tú no le das al enemigo ni un 1% de posibilidad de apartarte del camino, porque en el proceso van a venir desánimo, en el proceso van a venir desaliento, en el proceso va a venir turbación. ¿Está entendiendo? En el proceso se te van a ir las fuerzas, en el proceso posiblemente nadie te llame, en el proceso posiblemente nadie se acuerde de ti, en el proceso algunos te van a dejar solo. Pero el Señor dice: "Lo que yo te dije en luz, no lo duden en la tiniebla, y lo que yo te dije en secreto, súbete y vocéalo desde la azotea". ¡Ah, mi alma te alaba! Alguien alabe a Dios. Alguien alabe a Dios. Le digo esto porque yo sé que él nos habla en el proceso. Y en mi momento de de de batalla, de lucha, no es que no la tenga, pero en esas fuertes que me han llegado, el enemigo me ha llegado a decir: "¿Por qué tú no te devuelves? ¿Y por qué tú no sueltas la cruz?". Aleluya. Y empieza a decir: "¿Dónde está tu Dios? ¿Y si Dios está contigo? ¿Y por qué no te ayuda? ¿Y si Dios está ahí contigo? ¿Por qué no te saca de ese proceso? ¿Y por qué si Dios está contigo? ¿Por qué no te paga esa deuda? ¿Y si Dios está contigo? ¿Por qué permitió que la esposa se te fuera de la casa? ¿Y si Dios está contigo? ¿Por qué permitió que el esposo te dejara sola?". Y ahí él dice: "¿Dónde está tu Dios?". Y usted tiene que saber dónde está. ¿Está entendiendo? Ahí es que tú tienes que saber dónde está Dios, porque el salmista dijo: "Cada día me decían: ¿Dónde está tu Dios?". Gente burlándose, gente sacándole en cara el Dios que tú sirves. "¿Dónde está? ¿Y por qué no te saca de esa de esa situación? ¿Y si tú estás enfermo y eres su siervo, por qué él no te sana?". Y si usted no tiene una fe firme, y si usted no está formado en la palabra, y si usted no sabe en quién confía, cualquiera se burla y se burla de ti. Usted tiene que tener una consistencia firme y saber en qué roca usted está parado, que usted no fundó su casa sobre arena. ¿Dónde están los que dicen amén? Dije que usted no fundó su casa sobre arena. Si usted fundó su casa sobre roca, me atrevo a decir que al que sople más fuerte, sí, sí, que que trate de soplar más fuerte, porque esos vientos no te van a mover. Sopla. Alguien diga: "No me van a mover". Alguien dígalo: "Eso no me van a mover. No, no me van a mover. No me moveré". Cuando usted está en la roca, la Biblia dice que esa ese tipo de creyente que que edificó su casa en la roca es un creyente que soporta ríos, es un creyente que soporta vientos. Y Jesús profetizó, no los apóstoles, Jesús dijo: "Y esa casa no caerá". ¡Wow, Dios mío! Pero, ¿de qué casa me está hablando el Señor? De la vida suya, de la vida mía, que no caeremos. El que está fundado en la roca no cae. Dije que no cae. Dije que el que está fundado en la roca no cae. Usted sabe por qué esta iglesia no ha caído y estamos ya por más de 15 años fijos, porque no está fundada en Ernesto Cueva. Si hubiera estado fundada en mí, aquí no quedara hermano ni polvo. Pero esta esta casa no la edificamos en Ernesto Cueva. ¿Quién más dice amén? Pastor, no, no la edificamos en la roca. Y la Roca Eterna se llama Jesucristo. Alguien dele un aplauso, un aplauso fuerte. Mi alma te alaba. Por eso esta casa se mantiene firme. Alaba a Dios. Así que yo oro a Dios para que tu fe esté estable y que la perdición, un trabajo, no te mueva, no te saque del camino, y que una opresión mental o espiritual no te aparte del redil. ¿Dónde están los que me dicen amén? Pastor, que una situación económica no te saque del camino, porque algunos no han vendido un evangelio nada más de bendición, de prosperidad, gozo, de alegría, de celebración, y no te hablaron de las pruebas, y no te hablaron de la crítica, de la persecución. No te hablaron de eso. Si aquí se sufre, eso también. Alaba a Dios. Dale un aplauso a Dios.
Entienda que tiene que estar firme ante las acechanzas. "Toma tu cruz y sígueme". Me llama la atención que Jesús dijo: "Si alguno quiere". Esto no es obligado. Si alguno quiere seguir en pos de mí, esta es una decisión que no te van a obligar. Esto no es: "Coja su cruz, camine". No, no es: "Si usted quiere". "Si alguno quiere venir en pos de mí". Esto me habla de que es una decisión personal que tomamos cada persona. Esto es tan serio que yo no puedo decidir ni por mi esposa, ni puedo decidir por mis hijos. Mi esposa misma va a tener que tomar su decisión de tomar su cruz. Mis propios hijos van a tener que tomar su decisión de tomar su cruz, porque yo no puedo decidir por mi esposa ni por mis hijos. Esto es algo personal. Aplaude a Dios. Ahora aplaude a Dios. Mi papel es ayudarlo como padre, como sacerdote de la casa, motivarlo, animarlo, instruirlo, enseñarle. Está aquí, pero la decisión final la toman ellos. Un padre no podrá decidir por sus hijos, ni un hijo podrá decidir por su padre. Así que no, mi papel, pastor, no, no te conviertas, no cambie. No, mi mamá, pastora, y tú. Por eso Jehová le dijo a Ezequiel: "Se va a acabar eso de que el padre se comió la uva agria y el hijo tiene la dentera". Jehová dijo: "Yo voy a cortar ese refrán en Israel". "Se comió las uvas agrias y al hijo le dio la dentera". No, aquí el que se come la uva agria, ¡ah, pues usted se lo sabe! Alguien alabe a Dios. Y Jehová dijo: "Cuando el padre peque, pagará por su pecado. Si el hijo hiciere la justicia, vivirá por su justicia". Y cuando se cambian los papeles, si el hijo fue que infringió la ley, morirá por su pecado. Pero el padre, si practica la justicia, vivirá por su justicia. Así que papá no pagará por los hijos, ni los hijos pagarán por los padres. Cada quien pagará por su propia decisión. Mi alma te alaba. Alguien alabe a Dios, por favor. Alguien alabe a Dios. "El que pecare, pagará por su pecado. Su sangre será sobre su propia cabeza". ¿Está entendiendo? Así que Jesús dijo: "Si si alguno quiere venir en pos de mí". Seguir a Jesús, hermano, es una decisión seria. ¿De acuerdo conmigo? Digas conmigo: "Seguir a Jesús es una decisión seria". Ahora le voy a decir esto: ¿Vale el esfuerzo? Sí. ¿Vale la pena el sacrificio? Valen los sufrimientos que tengamos que pasar a causa del Señor, porque al final reiremos, disfrutaremos de una vida eterna de amor y felicidad. Amén. Alaba a Dios. Los discípulos sabían esto, por eso decidieron seguir a Jesús. Decidieron dejar su vida cotidiana y seguir al dador de la vida. Ninguno de ellos se devolvió o abandonó el ministerio. Perseveraron hasta el final, excepto Judas. Alaba a Dios. Pero los demás entendieron que seguir a Cristo es ganancia. De 12, solo uno fracasó. De 12, solo uno no alcanzó la salvación. De 12, solo uno perdió el regalo de la vida eterna. Y la Biblia dice: "Porque no fue hallado digno". Caminó con la vida y se perdió. Oyó al mejor predicador, pero ¿de qué le sirve a alguien escuchar al mejor predicador si no cambia? Se fue o está aquí. Se fue o está aquí. Judas tuvo el mejor pastor. ¿Me respalda? Mejor pastor no pudo haber tenido un pastor mejor. Jesús lo valoró, lo honró, lo posicionó, le dio poder, autoridad, le suplía sus necesidades, lo encargó de las finanzas. "Toma, maneja las finanzas". Mire, para yo poner a alguien a manejar las finanzas, tiene que ser un agente muy, muy, muy serio. Alaba la gloria de Dios. ¿Quién más sea sincero? O usted va a poner la empresa, la finanza de su negocio. Toma. Judas. Admírame eso. Sea sincero. Yo no lo hubiera puesto. No, usted se atreve a decir que yo sí lo pongo. No, yo. Mire, yo, Ernesto Cueva, no lo pongo. Dijo: "Váyase de ahí, ladrón". Sea sincero, usted lo hubiera puesto. Yo sé que no. Yo tuve que orar al Señor y decirle: "Pero, ¿por qué lo dejaste? Revélame, ¿por qué? ¿Por qué si tú sabías que estaba sustrayendo?". Porque Jesús lo sabía todo. Tal vez a mí usted me puede engañar, Dios libre, pero engañar al maestro. Sacando del de la bolsa, Judas, ¿cuánto se recogieron? Eh, eh, habla claro. Sabiendo que estaba sustrayendo, lo dejó ahí, dándole la última oportunidad de que se arrepienta. Entonces me he dado cuenta que hay gente que teniendo buenos predicadores se van a perder, y gente que teniendo un pastor ejemplar también se van a perder. Esto no se trata de tener un buen pastor solamente. Teniendo un pastor como Jesús, se perdió. ¿Qué será con aquellos? No, yo no quiero seguir con ese pastor, me voy para otro pastor. Váyase. Uy, no, ahí tal vez se le va el gozo. Ahora adora. Sí, porque hay gente que busca perfección en los pastores. Yo no soy perfecto, se lo digo en público. No, no. Si usted cree que tiene un pastor perfecto, se lo digo en público, no lo tiene. Usted tiene un pastor que está caminando hacia la perfección, pero yo no soy perfecto. Si usted trata de buscarme falta, la va a encontrar, como si yo trato de buscársela a usted. Yes, yes, yes, yes, yes. Y mucho. Uh, habla. Abre la boca. Abre la boca. Diga algo. Diga algo. Por eso yo no ando buscando problemas ni falta en la gente, porque yo sé que la tienen. Y si usted de 10 puntos me tiene ocho puntos buenos, yo me enfoco en los ocho puntos buenos para trabajar con usted, para llevarlo al nueve o llevarlo al punto 10. Yo no me enfoco en las dos faltas suyas para destruirlo, criticarlo, condenarlo, juzgarlo y apedrear. Alguien alabe a Dios, por favor. Ahora alabe. No, yo no, yo no ando buscando falta. Yo ando buscando gente para ayudarla. Yo tengo la misma visión de Jesús. Yo no vine a llamar a sanos, sino enfermos. Jesús dijo: "Yo no ando atrás de los sanos". Todo el que se cree sano, tranquilo. Yo ando buscando los enfermos para sanarlos. ¿Usted sabe lo que significa eso? Gente enferma, con problemas, con situaciones, con dificultades. Eso era lo que Jesús estaba buscando. Pero los fariseos querían tener un grupo de santos, y eran tan santos que Jesús no cabía en su sindicato. Atienda lo que estoy hablando. El grupo de los fariseos se creían tan santo que Jesús no cabía ahí. Ellos lo rechazaban y lo juzgaban. Pero, ¿cómo este, llamándose el Mesías, el ungido, come y bebe con la prostituta? "Tú tienes que ser como nosotros. Nosotros no comemos con prostituta ni bebemos con publicanos. Nosotros somos los santos". ¿Santos de qué, diablo? Alaba a Dios. Alguien alaba a Dios, porque hay gente que son tan santos que tú no cabes en su círculo. Uy, miren los fariseos condenando a Jesús. "¿Y cómo este comiendo con prostituta y pecadores? ¿Y cómo eso? Tú tienes que pertenecer a nosotros, al clan de nosotros, está aquí". Y Jesús dijo: "Yo vine a llamar a pecadores al arrepentimiento. Yo no ando buscando gente justa, ando buscando pecadores que quieran cambiar". Entonces yo tengo la mentalidad de Cristo. Yo ando buscando gente con problema para ayudarlo. Yo no ando buscando gente santa, yo ando buscando gente con problema para santificarlo. ¿Está conmigo? Entonces mire, Jesús dijo: "El que quiera seguirme, tome su cruz y sígame". Aprendí que nadie puede seguir a Jesús sin una cruz en el hombro. Nadie puede seguir a Jesús sin una cruz en el hombro. ¿Está conmigo? El Señor no lo permite. Todo el que quiere seguir a Cristo va a tener que tomar su cruz y ponérsela en el hombro y seguirle. Y no estamos hablando de una cruz de palo, ni de yeso, ni de metal. Sí, porque hay algunos que han mal interpretado esa palabra. "Tome su cruz". De una vez se la ponen en el cuello. Ah, así sí es fácil. Y otros se la ponen en la mano. Y otros se le enganchan en la cintura. Ahí está en la cintura. Allá. Aleluya. No te están hablando de esa cruz. Si fuera así, yo andaba andaría lleno de cruces. Alaba la gloria del Señor. Estamos hablando de una cruz espiritual. ¿Y qué significa la cruz en nosotros? La cruz significa el que decide tomar la cruz es obediencia. Todo el que decide tomar una cruz es obediente a Cristo. En nosotros, negación. Vas a tener que negarte a tus placeres. Una cruz en nosotros representa compromiso, trabajo, sufrimiento, sacrificio. ¿Quiere la cruz todavía? Dale un aplauso a Dios por eso. Qué bueno. Aleluya. Dice: "Gloria a Dios". Cruz, nosotros, repito, representa obediencia, negación, compromiso, trabajo, sufrimiento, sacrificio. Y quiero describirte algunos de ellos uno por uno. Obediencia. ¿Por qué obediencia? ¿Por qué la cruz representa obediencia? Cuando una persona toma su cruz y le sigue, es porque está dispuesto a obedecerlo. Porque usted no puede andar con una cruz atrás de Cristo y hacer lo que le dé la gana, ni ir donde quiera. Por eso la cruz representa obediencia. Todo el que toma una cruz se convierte en un siervo. ¿Está conmigo? ¿Está entendiendo? Se convierte en un siervo del Señor. Ya no se gobierna, no hace lo que quiere, sino lo que su Señor le diga. Cruz representa obediencia. La cruz representa negación. Todo el que tiene una cruz y decide tomar a Cristo y decide seguir a Cristo, va a tener que aprender a negarse. ¿Negarse a qué está aquí? ¿Negarse a qué, pastor? ¿A qué me tengo que negar? Jesús dijo: "Niéguese". Negarme ¿a qué? A los deseos de la carne, al pecado, a los deseos del mundo. Usted y yo, para seguir a Cristo, tenemos que negarnos a eso. Una persona con una cruz en el hombre, una cruz en el hombro, no puede ser carnal. Los cristianos no somos llamados a ser carnales, que es un carnal, alguien que nada más piensa en las cosas que están en el mundo, en lo pasajero, en los deseos temporales. Un carnal que no valora lo que el Señor le entregó, es capaz de vender por cualquier cosa su primogenitura. Carnal, Esaú le dijo a Jacob: "Y de qué me sirve esta primogenitura, de todas maneras me voy a morir". Carnal, yo lo que tengo es hambre, que no aguanto esta hambre. Y Jacob, sabiendo la importancia de la primogenitura, aprovechó este deseo carnal de este hombre y le dijo: "Pues vamos a negociar. Como a ti te tienen como primero en la casa, véndeme la primogenitura, dame la posición de ser primero". Él dijo: "¿Y de qué me eso? Y yo, ¿cómo con primogenitura? ¿Qué es lo que tú quieres que me venda?". "Tú solo dices tuya y yo te doy lenteja". ¿Qué dice Esaú? "Cógelo". "¿Qué dijiste, Esaú?". "Que coja la primogenitura. Yo como quiera me voy a morir. Yo lo que tengo es hambre". Y Jacob dijo: "Júramelo". Sé Lalo, porque por tu palabra eres juzgado y condenado, y por tu palabra eres justificado. Jacob le dijo: "Júramelo". Y él levantó la mano y dijo: "Te lo juro que tuya". Uy, carnal, que no valora las cosas del espíritu, no valoró. Jacob se aprendió a valorarla, porque el hombre espiritual discierne y no vende la herencia de su padre. Alguien alabe a Dios. Te estoy diciendo que el espiritual no vende la herencia de su padre. La primogenitura era, era un derecho del padre. Por eso, cuando Jacob fue a tomar la primogenitura, ya Jacob, Jacob lo hizo, pero era ya porque Esaú se la había vendido. Es cierto que él actuó mal haciéndose pasar por Esaú, pero ¿cómo el papá lo iba a entender el trato que ellos hicieron aquel día? El padre no estuvo allí cuando Esaú levantó la mano y dijo: "Te lo juro, es tuya". Ahora está llorando después que después que su papá lo bendijo, después que Isaac bendijo a Jacob, entonces viene él: "Padre, ¡bendíceme!". No, pero ya pasó uno y se la llevó. Uy, eh, eh. Pero, ¿cómo así? "No sé, vino uno diciéndome que eras tú. Yo pensé que eras tú". Era Jacob, dijo Isaac. Y entonces ahí usted se sabe la historia, que Esaú empieza a llorar. "Ahora está llorando, padre, pero tú no tienes otra". "Se acabó". "Pero dame algo". "Bueno, te puedo bendecir, pero ya no como tú te lo merecías, porque ya Jacob se la llevó". Está aquí. Ya, yo no puedo ponerte de primero porque me ataron mis palabras, me ataron. Oiga, hasta dónde te atan las palabras. El papá no pudo revocar lo que había declarado de Jacob. Le dijo a Esaú: "Ya yo le dijo a Esaú, ya yo no puedo revocar lo que declaré sobre él". Alaba a Dios. Entonces, hermano, hay cosas que tú vas a tener que negarte. Negarte a los deseos de la carne. Usted tiene que valorar el Ministerio que Dios te entregó, la posición que Dios te entregó. Tú tienes que valorarla. ¿Está conmigo? Lo que Dios te entregó, tú tienes que darle valor a eso. Usted no puede cambiar el Ministerio por la primera falda que se te menee. Tú no puedes cambiar el Ministerio, el llamado, por la primera Dalila que te mené la falda. Cuidado, cuidado. Usted se equivocó, demonio. Esto le ha costado mucho al Señor, me ha costado lágrimas, sacrificio, entrega, oración, ayuno, vigilia, silicio. Yes, para usted en un momento carnal venir a arrebatarme el Ministerio que me ha costado años. Se equivocó el con nosotros. Vamos, diga eso: "Se equivocó con nosotros". Se equivocó con nosotros. Te equivocaste. Usted sabe el sacrificio que le ha costado a usted ese ministerio. Algunos ni saben en el lugar que Dios lo colocó. Algunos ni saben la autoridad que tienen. Si Dios te permitiera ver en el mundo espiritual, usted no es un cualquiera. Usted es un hombre ungido. Usted es un hombre escogido. Usted es un hombre señalado. Usted es un hombre usado por Dios, lleno de la unción, del propósito de Dios, del Espíritu Santo. ¿Usted cree que a la primera Dalila que me menee la falda yo voy a entregar el Ministerio? "Toma, cógelo, que eso es tuyo". Lo cambio. Mujeres que están en en el Ministerio, que ya la señaló, la santificó, la está usando, hm, que venga un dalilo. Es es eh, que tú lo ves todos los días en el gimnasio. Mira, dalilo, dalilo, porque hay mujeres que es lo que están mirando. Motívame, que te siento predicar todavía. Te siento predicar. Yo, yo no sé, pero yo siento a Dios aquí. Yo siento a Dios aquí. Alaba. Si mi padre aquí hay hombres que viven día y noche metidos en el gimnasio, nada más para para darle a los músculos, porque hay hombres que han descubierto que las mujeres andan atrás de mollero. Ay, ay, ay. Y detrás de cuadrito, eh. Por eso tú lo ves haciendo ejercicio sin camiseta para mostrar los cuadritos. Hay mujeres que andan atrás de cuadrito para engancharte en ese cuadro. Alaba la gloria del Señor. ¿Dónde están las mujeres aquí que alaban a Dios? Ay, ay, ay. Predica. Hay mujeres que se vuelven locas cuando ven mollero. Gábelo. Y hombres que le dan tanto a pierna que se vuelven nulo. Entonces hay mujeres carnales que lo que andan es buscando mollero, buscando cuadritos, carne y lenteja. Alabado sea Dios. Alguien alabe a Dios.
¿Dónde están los que dan gloria a Dios? Eso no en vano que ellos están trabajando. Eso tiene un propósito. Eso no es solo mantenerse en salud. Si fuera por eso, gloria a Dios. Yo no estoy en contra de hacer ejercicio. El problema es para qué estás haciendo el ejercicio. ¿Cuál es tu enfoque? Ah, bueno, que a las mujeres le gusta los molleros, que a las mujeres le gusta ahora los cuadritos, las líneas. Eso es un deseo carnal. Pastor, usted está en contra de los ejercicios. Te vuelvo a decir que no. ¿Para qué usted está haciendo ejercicio? Porque hay algunos que no están haciendo ejercicio para mantenerse en salud. No, ese no es el enfoque principal. Es que las mujeres se vuelvan locas cuando vean este cuerpo. Y viceversa, mujeres pensando: "Es que quiero volver esos hombres locos". Pero usted va a volver locos a los carnales. ¿Dónde están los espirituales aquí? ¿Dónde están los hombres? Todo, todo lo tengo. Se necesita más que cintura para seducir este hombre de Dios. Uy, Dios mío. Se necesita más que un perfume para hacer que yo me acueste contigo. Se necesita más que palabras suaves para que tú me seduzcas. Alaba la gloria del Señor. La unción que porto, la presencia de Dios, es más importante que cualquier deseo. Todo lo tengo. Por alguien alabe a Dios, por favor, que estoy hablando con gente espirituales. Así como Pablo, usted sabe los hombres de Dios que la Dalila le ha cortado el pelo. Santo, mi alma te alabo. Usted sabe los hombres de Dios que Dalila lo ha dormido en la pierna. "Acuéstate ahí, Sansón, descansa, reposa". ¿Qué va a hacer Dalila? No acomodarte. Acuéstate. Un hombre con llamado, con ministerio, que debió morir viejo en una cama, lleno de la gloria de Dios. Un hombre como Sansón, único, único en la Biblia. Nadie fue sustituido. Pudo sustituir a Sansón en fuerza. Nadie. Esa unción fue única. Pero un cerebro chiquito, un cuerpo grande que agarraba una puerta. "Ven acá, soy Sansón". Se le echaba al hombro y con una mente chiquita. Alaba a Dios. Ahora, ay, ay, ay. Mucha fuerza, pero poco carácter. Mucha fuerza, pero un deseo carnal incontrolable. Y terminó como no debió de terminar. Murió joven. ¿Me está entendiendo? Murió joven, murió ciego, sin ojo. Se fue la visión, porque eso es lo que quiere el sacarte los ojos. Uy, ay, ay. Voy a tener que decirlo. Lo que el quiere es sacarte los ojos. Uy, porque si logra sacarte los ojos, que representa la visión, te neutraliza. ¿De qué te vale tener fuerza sin saber para dónde vas? ¿De qué te vale tener fuerza sin saber en qué dirección está el enemigo? Preda los filisteos se le rieron, se burlaron de él, lo pusieron a trabajar como un animal, a moler en el molino, y después se le rieron: "¿Dónde está tu Dios? ¿Dónde está tu fuerza? ¿Dónde está tu pelo?". Cambiaste el Ministerio por algo pasajero, por la primera falda que se te meneó. Fluye. Estoy hablando con los hombres ahora. ¿Habrá algún hombre por aquí? ¿Habrá algún hombre por aquí? Pues estoy hablando contigo. Tú no puedes cambiar el llamado por una falda. Santo Dios. Da gloria a Dios. Negación. Tanto que los padres le dijeron: "Sansón, mira cuántas siervas hay en tu pueblo, mujeres lindas que aman a Dios. Vete por aquí". "No, papá, yo quiero filistea, filistea, filistea". Así hay gente que uno le dice: "Sierva, mire cuánto hombre de Dios hay en la iglesia". "Mira, sierva, mire cuánto hombre ungido hay en la iglesia". "No, en la iglesia donde yo me congrego no hay". Ah, pues vaya a otra. Pero búsquese un hombre que ame a Dios, que busque a Dios, que tema a Dios. ¿Qué haces tú yendo a los filisteos? Cuidado, cuidado. Alguien aplauda a Dios que seguimos. Aleluya. Alguien dice: "Aleluya". Tú sabes que es lo que pasa en este camino, que algunos creen que el sufrimiento no forma parte del llamado. Y el sufrimiento está incluido en el paquete. Es gratis. Usted no puede destapar el paquete y buscar sufrimiento. No, a ti no. Fuera. No, el sufrimiento está incluido en el paquete. El que quiera salvarse va a tener que padecer por causa de Jesús. Dijo: "Cuando por mi causa os persigan, os vituperen y digan cualquier clase de mal mintiendo, gozaos y alegraos, porque grande es vuestro galardón en los cielos". Dale un aplauso a Dios por eso. Alguien dice: "Amén, pastor". Así es. Pero algunos no están dispuestos a soportar el sufrimiento. Alaba a Dios. Algunos quieren gloria pero sin sufrimiento, quieren resurrección sin muerte. Alaba la gloria de Dios. Y descubrí que Jesús primero murió antes de resucitar. Primero llevó la cruz, fue a la cruz, soportó dolor, sufrimiento, abandono, traición, crítica, burla, soledad, desnudez, muerte. Pero también la cruz no es solo dolor, es gloria. Diga conmigo: "La cruz es gloria". En la cruz fue que Jesús derrotó a los principados y a las potestades. Los recibió públicamente, triunfando sobre ellos. Y dice Pablo: "En la cruz del Calvario". Por eso también la cruz le trajo resurrección, vida eterna. Exaltó el Padre. Dijo: "Dios también lo exaltó hasta los humos y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios". Padre, diga conmigo: "Jesucristo es el Señor". Es el Señor. Toda lengua tendrá que confesar eso. Toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor. Con esto cierro y termino, hermano. Jesús estuvo dispuesto a sufrir por nosotros. La pregunta es: ¿nosotros qué vamos a hacer? Él tuvo decisión, disposición de sufrir por nosotros. Ahora, nosotros, ¿qué vamos a hacer por él? Porque me duele cuando veo un creyente diciendo: "Ya yo no soporto más esto, abandono, suelto la cruz, esto pesa demasiado". Y por eso vemos que algunos se están devolviendo. Que no sea usted. Pero hay algunos que se están devolviendo porque dicen: "Esta cruz pesa mucho, yo no soporto más esto". Alguno quiere que aparezca un Cirineo. ¿Y dónde está ese Cirineo? Usted sabe quién era el Cirineo, el que ayudó a Jesús a cargar la cruz. Así hay gente buscando quien le ayude, pero la ayuda no puede venir de abajo, tiene que ser de arriba. Dios te va a ayudar a seguir, Dios te va a ayudar a soportar, Dios te va a ayudar a tener fuerza. Alguien diga: "Amén, pastor". Amén. Dios te va a ayudar. Por eso, con esta palabra termino. Primera de Pedro 4:1. Pedro escribió lo siguiente: "Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, nosotros también armaos del mismo pensamiento, pues quien ha padecido en la carne terminó con el pecado". Te lo explico y cierro. Pedro dice: "Por cuanto él padeció por nosotros en la carne, o sea, en el cuerpo, él dice: 'Armaos vosotros del mismo pensamiento'". Lo que él está diciendo: Jesús estuvo dispuesto a sufrir por mí, y yo, ¿y yo? ¿Quién me dice? "Yo también, pastor". Públicamente, vaya poniéndose de pie. Diga: "Yo también voy a sufrir por él. Yo también estoy dispuesto. Yo también estoy dispuesto". Hermano, esto es un camino para valientes, y yo alabo a Dios porque yo sé que usted es uno de ellos. Pero él perdona. Y mire lo que dice la palabra: "Tu trabajo no será en vano, tu esfuerzo en Dios no será en vano". Mire lo que dice Apocalipsis capítulo 22, verso 12: "El Señor dice: 'He aquí yo vengo pronto y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra'". El Señor va a recompensar tu obra, porque en este camino la cruz representa trabajo. ¿Está aquí? Atiéndame. ¿Qué representa la cruz? Que dije: trabajo. Usted sabe lo que significa eso, que el Señor no nos llamó a estar sentado ahí. Se fue. Dije que el Señor no nos llamó a estar sentado. Este camino no es para vagos. Dios espera que seamos trabajadores, que trabajemos para él. Porque el Señor dice: "La mies es qué". Mucha. "Y los obreros, los obreros, pocos". Por lo tanto, el Señor necesita obreros. Si usted no sabe para qué el Señor lo llamó, pregúntese: "¿Para qué tú me llamaste, Señor? ¿Cuál fue el propósito para el cual me salvaste, además de salvarme? ¿En qué tú me necesitas? ¿En qué puedo ser útil, Señor? ¿En qué área tú quieres que yo trabaje?". Pregúntese. Pastor, wow, gloria a Dios. Alguien alaba a Dios. Si el Señor no le contesta, ¿dónde le va a poner? Entonces vaya donde el pastor, diga: "Pastor, ¿dónde le puedo ser útil? ¿En qué usted me necesita? ¿En qué le ayudo?". Eso es si Dios no le habla. Yo le voy a hablar por él. ¡A Dios mío! Ahí se fueron. Alaba a Dios. "Heme aquí, Señor". El Señor está llamando a un pueblo que quiera trabajar. "Envíame a mí". ¿Sabe lo que aprendí? Que todos los discípulos que fueron llamados por el Señor, ninguno estaba vago. "Yo iré por aquellos". Todos estaban trabajando. Está aquí. Está aquí. A Pedro lo halló tirando las redes, a Mateo al banco de los tributos, Andrés con Pedro ahí trabajando, Felipe, todos ellos no eran vagos, hermano, eran gente laboriosa. Eso me da entender, no quiere decir que porque usted no tenga trabajo es un vago. ¿Me entendiste, pastor? Pero yo no tengo trabajo. Sí, pero eso no quiere decir que tú seas vago. Dios no está llamando a vagos aquí. Dios está llamando gente dispuesta a trabajar. "Yo iré por aquellos". Usted sabe el único que no halla trabajo en la iglesia es el que no quiere trabajar. Ah, pero a mí nunca me ponen a hacer nada aquí. Sin embargo, me doy cuenta que todo el que quiere trabajar, de una vez allá trabajo. Una botellita de agua, venga. Que usted no puede estar ahí vacía para la basura, los bancos sucios, yo lo limpio. Los baños sucios, yo lo lavo. Aquí, oiga, el que eso es por decir ello, hay cantidad de trabajo. "Envíame a mí". Es la disposición. El que no quiere trabajar, no ve los trabajos. Ay, santo. Ya se fue el gozo ahí. Levanta la mano. Levanta la mano y dele gracias. "Envíame". Toma tu cruz. Toma tu cruz y sígueme. Yo iré. No sé cuál es tu cruz hoy, pero el Señor te está diciendo: "Tómala y sígueme". Señor, ¿y para dónde vamos? Vamos al Gólgota. ¿Y qué vamos a hacer allí? Allí vas a morir. ¿Y a qué voy a morir? Al deseo de la carne, a tus placeres, a tus deseos, a tus propias metas. Allí vas a morir. Pero no te preocupes, porque allí vas a resucitar también. Wow. ¿Dónde están los que alaban a Dios? Dale ese aplauso al Señor. Santo es el que vive. Santo es el que reina. Es el que vive. Santo es el que reina. Santo en las alturas, santo aquí en la tierra, santo en el pesebre, santo en el sepulcro, santa es su sangre derramada en la cruz. Santo es el que vive, santo es el que reina, santo en las alturas, santo aquí en la tierra, santo en el pesebre, santo en el sepulcro, santa es su sangre derramada en la cruz. Quiero la iglesia orando. Todos los que estén aquí, orando. Voy a hacer un llamado especial. Es un llamado serio. Es una decisión seria. Está llamando amiga, amigo que estás aquí hoy y te está diciendo: "Sígueme". El Señor te está diciendo: "Sígueme". Yo quiero orar por alguien que me diga: "Pastor, yo quiero seguir a Jesús". A tu por alguien que quiere entregar su vida a Cristo. Yo quiero abrir el altar para orar por esa persona que me diga: "Pastor, pastor, yo quiero seguir a Jesús". Queremos seguir. Ven. Yo quiero orar por ti. Jesús, aquí hay un pueblo que quiere orar por ti. Mi vida es para... Es un camino difícil, pero no imposible de caminar. Es un camino estrecho. Yo quiero a Jesús. Es un camino estrecho, pero el Señor te está llamando. Te está llamando y te está diciendo: "Sígueme, sígueme, sígueme, sígueme". Aplauso a Dios. Sígueme. Ayúdenlo a él. ¿Quién más? ¿Quién más me dice: "Pastor, pastor, yo también quiero a Jesús"? Quiero a alguien que me diga: "Pastor, yo también estoy hablando con los que no conocen a Cristo. Estoy hablando con los que todavía no han entregado su vida al Señor. Yo quiero orar por ti por salvación". Quiero alguien que me diga: "Pastor, hoy decido seguir al Señor. Yo hoy decido seguir a Cristo. Yo hoy decido por la vida". Quisiera orar por ti. Dejo ese llamado abierto y quiero hacer un segundo llamado. Quiero orar por alguien que me diga: "Pastor, necesito fuerza. Pastor, necesito nueva fuerza". Un poco pesada, un poco difícil, y necesito fuerza. Si usted es esas personas, pase al altar. Si usted es aquellos que me dicen: "Pastor, yo necesito fuerza, necesito fortaleza". La palabra de Dios dice que Jesús, mientras estaba allí en el Monte de los Olivos, un ángel descendió a fortalecerle, y ese ángel le dio, dio nueva fuerza, y ese ángel lo renovó. La Biblia dice que ese ángel vino para darle nuevas fuerzas. Yo quiero orar por esos que me dicen: "Pastor, yo necesito fuerza". Señor, sí, pastor, necesito nueva fuerza. Quiero que esa persona pase aquí ahora. Corra, corra, corra, corra. Venga, venga, venga, que hay nueva fuerza para ti. Yo le voy a pedir al cuerpo oficial, los hermanos que vengan y me ayuden. Venga, queda poco tiempo. Quiero que pongan las manos sobre ellos. Gloria a Dios. Quiero que oremos por aquellos que necesitan fuerza. Vamos, vamos, venga. Hilario, vamos también, ayúdame. Venga. ¿Dónde están los hermanos que me ayudan a orar por ellos? Por fortaleza. Venga. Ven, ayúdame. Quiero que todo el que está fortalecido extienda la mano para acá. Ahora, ven. Juan, ayúdame. Ayúdame, ayúdame. Gloria a Dios. Quiero que agarre a uno o dos, a uno o dos de los que necesitan fuerza. Vamos, la iglesia intercediendo. Juan, permítenos ser reyes y sacerdotes. Extienda la mano para acá, hermano. Yo creo en un Dios que fortalece. ¿Dónde está el pueblo que cree en ese Dios? Yo creo en un Dios que renueva la fuerza. Yo creo en un Dios que dice en el libro de Isaías: "Te daré fuerza como el águila, fuerzas te voy a dar, nueva fuerza como el águila". Y el Señor le dijo a Isaías: "Dile que correrás y no te cansarás, caminarás y no te fatigarás". El Señor te está diciendo: "Hoy vengo para darte fortaleza, vengo para darte energía, vengo para darte fuerza". Dios te está diciendo: "Hoy te vas a ir renovado, hoy te vas a ir renovada". Dios te está diciendo: "Recibe fuerza, recibe fuerza, recibe fuerza". Si recibe fuerza, el ángel está aquí. El ángel que da fortaleza está aquí. Aquel ángel que descendió en el Gethsemaní para darle fuerza al Mesías, hoy te dice: "Recibe fuerza, fuerzas nuevas por el poder de su amor". Clama, iglesia, clama. Recibe la fuerza. El fuego de Dios está sobre ti. Recibe fuerza, recibe fuerza, recibe fuerza. "Caminar y no tear, correrá y no te fatigarás". Recibe fuerza, poder. Recibe fuerza. Levanta las dos manos. Hay un aceite fresco para ti hoy. Y me dice: "Dios me dice: voy a ungir tu copa con aceite fresco, voy a ungir tu cabeza con aceite fresco". Vas a recibir nueva fuerza. No escuches las voces negativas, no escuches las voces que te están hablando, no escuches al desánimo, no escuches al desaliento. Dios te dice: "Te llamé con un propósito, no lo abortes. Te vas a reír. Es verdad que estás llorando ahora, pero vienen días", me dice Dios, "que te vas a reír. Te vas a reír, te vas a reír". "Te doy al Isaac que esperas, lo tendrás en tus brazos, te provocará risa". Lo vas a... me levantaré como las águilas y me levantaré. Águila, poder de tu amor. Santo. Levanta tus dos manos. Tengo una palabra de Dios para ti. "Eres mi hija, eres mi sierva", te dice Dios. "Y he visto tu sacrificio, y he visto tu entrega, y he visto tu honra". Me dice el Señor que te diga: "Por lo cual, prepárate, porque tus lágrimas se cambiarán en risa, tu lamento se cambiará en celebración. Vienen días que te voy a vestir de princesa. Vienen días que te voy a vestir de princesa". Te veo, dice el Señor, te veo vestida de princesa. Te voy a honrar, me dice Dios. Espera en mí, no te desesperes, que algo grande se está preparando. Te voy a traer al altar con velo y corona. Levantaré, levantaré como las águilas y me levantaré y me levantaré como las águilas. Mira, poder. Hay una redoma hoy que recoge tu lágrima. Cada lágrima no está cayendo al piso, me dice el Señor, está cayendo en una redoma. "Tus lágrimas son un sacrificio a mi presencia. Llora", te dice Dios, "porque voy a sanar tu corazón, voy a sanar tus heridas, voy a sanar tus heridas, porque has sido muy herida, has sido muy maltratada, pero Dios me dice: te voy a curar, te voy a curar, que solo quedará la cicatriz, solo quedará el recuerdo". Lugar. Te cambio, te renuevo. Alguien adore a Dios. Alguien adore a Dios por esta mujer. "Cosa grande haré contigo", te dice Dios. Gracias, papá. Gracias por tu amor. Gracias por estas oraciones. Hay oraciones que Dios ve, hay oraciones que Dios las escucha. Eso me dice Dios que te diga: "Tu oración ha sido escuchada, tu oración ha sido escuchada, tu oración ha sido escuchada". No suelte la cruz, no la suelte, no la sueltes, que estás a un paso de tu victoria. Estás a un paso, un paso. Levanta la mano de gloria a Dios. Tú me ves. Padre, fortalece, fortalece a tu hija. Tristeza me cambió la vida entera, me vistió ropas nuevas, puso aceite mi cabeza, me hizo un lugar en su mesa. Padre, eso va a pasar contigo. Esa canción la verá viva, la verá vi vida. Dios te va a sacar de la tristeza, Dios va a cambiar tu vida entera, te va a vestir de ropa nueva, puso aceite en mi cabeza. Recibe aceite, recibe aceite, aceite fresco, aceite fresco. Hay un milagro de sanidad en ti. Hay un milagro de sanidad. Por cuanto te humillas, por cuanto reconoces, Dios me dice que Dios me dice: "La voy a sanar hoy, la voy a sanar hoy, la voy a sanar hoy". Me dice el Señor: "Eres libre, hija, eres sana, eres sana, eres sana". Espíritu de enfermedad, suéltala, te doy una orden, te doy una orden. Sus tejidos se han regenerado, sus órganos se han sanado. Dolor, vete. Inflamación, molestia, ahora en el nombre de Jesús se va la enfermedad. Va enfermedad. Levanten la mano los demás. Se nos acabó el tiempo. Diga: "Gracias, Padre". Diga: "Yo recibo nueva fuerza". Diga: "Yo recibo nueva fuerza". Diga: "Muchas gracias, Padre, por renovarme". Diga: "Salgo de este lugar". Vamos, diga conmigo: "Salgo de este lugar renovado, fortalecido, lleno de la unción, lleno de la unción". Diga: "Padre, gracias". Abrace a alguien y dígale: "Dios te bendiga, Dios te guarde". Alejarme de qué. Quítalo de mí. Yeah.