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X FORO DE ESPIRITUALIDAD. Nazaret Castellanos

Universidad Popular de Logroño1:07:31

Transcription

Buenos días. Me llamo Lis Nicolás y soy profesora aquí en la Universidad Popular de Logroño. Hago paseos en familia al aire libre. Estoy hoy aquí para presentaros a una persona muy especial, con una carrera profesional extraordinaria, una mujer impresionante. Ella es licenciada en física teórica y doctora en medicina en neurociencia en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha trabajado como docente y como investigadora en varias universidades: en la Universidad Complutense de Madrid en neurociencia, en el laboratorio de neurociencia computacional y cognitiva, también en el Instituto Max Planck en Frankfurt y en el Kim—perdón, King’s College—en Londres. Después de esta trayectoria profesional, decide reorientar sus investigaciones hacia el campo de la meditación y sus efectos en el cuerpo. Eh, ahora mismo esto le lleva a que está dirigiendo, en el laboratorio Nira Carara de la Complutense de Madrid, la cátedra extraordinaria de mindfulness y ciencia cognitiva. Ha escrito más de 70 artículos para revistas internacionales de prestigio. Ha participado en 20 investigaciones científicas, de las cuales en siete de ellas ha sido la investigadora principal. Una persona, como ya les he dicho, extraordinaria. Les dejo con ella, con Nazaret Castellanos y su ponencia sobre “Más allá de nuestro cuerpo”. Muchas gracias. A ver.

Hola. Uy, ahora demasiado… puen… parece que es un… un buen hábito empezar agradeciendo. No sé si sabéis que hay estudios de neuroimagen que mostraban que cuando alguien nos hace algún regalo, cuando nos hacen algún favor—imaginaros, no es… una situación que se simuló en un laboratorio; cogen un grupo de personas que estaban pasando por ciertas dificultades, hacen que alguien les haga un favor, por ejemplo ante una dificultad económica—y veían qué pasaba en el cerebro cuando a esas personas se les solucionaba su problema. Pues lo que ellos descubrieron con la neuroimagen fue algo muy bonito, y es que el cerebro da más importancia al agradecimiento que a la recompensa personal. El cerebro se activaba mucho más ante ese sentimiento de agradecimiento, porque alguien ha tenido empatía hacia nosotros, por la generosidad y el esfuerzo de otras personas, más que que mi propio problema y mi recompensa se hubiese visto, pues, eh, solucionada. Así que fijaros cómo es tan bonito, ¿no?, que me parece que… que saber que nuestro propio cuerpo, nuestra biología sobre todo, ve al otro antes que nosotros. Entonces, empezar agradeciendo… pues a la universidad eh Popular de Logroño, a Ana María sobre todo, que es un solet. Que te manda 150 WhatsApps, ¿verdad?, recordándote absolutamente cada cosa, pero siempre con… con muchísimo, muchísima amabilidad, siempre con esa sonrisa, sus audios… en el… siempre hay una… una risa en ello, y eso, pues, se la verdad que se… se agradece. Entonces, como yo hago mucho caso a mi cerebro, pues siempre me… me gusta empezar agradeciendo, y agradeciendo desde el cerebro y de todo corazón, pues a todas las personas que… que han hecho esto posible, y sobre todo, pues también a todos los que estáis aquí escuchando. Sé que hay personas que venís de más cerca, más lejos, pero bueno, que se… se agradece el poder hablar y ver a… a personas. Y hoy, pues la verdad que cuando Ana María me… me llamó la… la edición pasada—porque ya estuve, aunque estaba online—pues la verdad, la primera vez fue… bueno, ¿y yo qué puedo decir aquí? No, yo… pues vengo de un mundo, como contaba Lis antes, pues muy científico. Yo he trabajado siempre en laboratorios de biotecnología, siempre he estado con un pie en la física y otro en la medicina, y así he estado siempre. Para mí, la ciencia ha sido una forma de conocimiento eh muy fuerte, es en la que yo más me he apoyado. A veces me… me he caído de ella y me ha decepcionado mucho. Creo que nos… eh facilita, que contribuye una barbaridad, y que puede contribuir ahora… a veces me da un poco miedo que se considere la única forma de conocimiento. Creo que a veces está haciéndose un poquito demasiado gorda, ¿no?, y este poder exclusivo, yo creo que solo nos hará girar alrededor de nosotros mismos. Entonces, lo que me gusta es unir la ciencia con otras muchas formas de conocimiento, y es por eso, pues también por lo que estoy aquí. Yo creo que la ciencia tiene que dialogar con la espiritualidad, con la filosofía, con las… otras ciencias, medicina de otras tradiciones. Creo que no es que haya que hacer la ciencia humana, sino que tiene que hablar con el humanismo, ¿no? Y este… este diálogo, yo creo que es el que nos va a hacer evolucionar.

Y entonces, la idea que… que propongo para… para este ratito que vamos a estar juntos, es… pues hacer un… un recorrido en el que… pues os voy a intentar explicar por qué para mí la biología está estrechamente unida al verbo compartir. Porque yo siempre, desde la biología, yo trabajo desde que empecé… pues hace… hace ya… pues 25 años que empecé a trabajar en los laboratorios. Yo empecé trabajando con las neuronas, con células individuales en animalillos, y luego, pues ya llegué a todo el cerebro, y luego ya, pues al… al cuerpo, ¿no? Entonces, en cada una de las escalas en las que yo me he ido moviendo—también venía del mundo de… de la física, yo había estudiado cosmología cuántica—y entonces veía como que todo al final siempre encontraba la palabra interacción, siempre encontraba la palabra relación: esta partícula está relacionada, esta neurona está asociada, esta área se comunica, estos órganos se transmiten… siempre… siempre encontrado esa palabra que era compartir. Ahora lo estudio también en cómo se comunican los cuerpos. Entonces, la propuesta que yo tenía, si me acompañáis hoy, es ir desde lo más pequeñito hacia lo más grande, para ir viendo cómo en esas diferentes escalas vamos a ir encontrando que lo importante es siempre ese compartir. Lo importante es siempre esa interacción. Voy a empezar poniendo… es una imagen de lo que es una neurona… aquí mis compañeros que van a poner… fijaros… esto es una belleza. Esto es la… la portada de un libro que recoge los dibujos que hacía Ramón y Cajal. Sabemos que don Santiago—como yo le llamo—Ramón y Cajal es el que descubre, por allí en 1905, que nuestro cerebro estaba formado por neuronas. Entonces, fijaros cómo la historia… pues nos va a ir acompañando en cómo se va descubriendo este compartir neuronal. En aquel momento, la teoría vigente era que nuestro cerebro era un tejido liso, era como una pared de ladrillos, ¿no?, como esta que vemos aquí. Entonces, es liso nuestro cerebro. Pero había unos pocos, muy criticados en aquel momento, que decían: “No, no es liso, está formado efectivamente por esos ladrillos, pero esos ladrillos no se tocan, están separados”, y esa era la teoría neuronal. Entonces, los que defendían aquellos—entre otros Golgi en Italia, el más importante—pues eh diseñaron un sistema para demostrar que el cerebro era completamente liso. Y entonces, lo que ellos hacían era… pues poner una… una técnica que tiñe el cerebro, y entonces lo echan sobre el cerebro, cogen una lámina del cerebro, y es como si yo he echado pintura a esa pared. Lo ves, yo no veo nada, es todo liso. Entonces, Ramón y Cajal, que era un absoluto genio, era un ser que había vivido una infancia maravillosa, muy cerquita de… de aquí, alguien con una gran imaginación que quería ser pintor, pero su padre dijo: “Hombre, por favor, dedícate algo un poco más serio, estudia medicina”. Y entonces él se queda ahí con esa espinilla, ¿no? Y eso, pues bueno, esa frustración luego nos ha ayudado mucho, mucho. Y entonces Ramón y Cajal dijo: “Claro, si yo cojo el cerebro de un adulto, es como si yo mirase un bosque”, porque sabéis que Ramón y Cajal era un experto en botánica. Entonces, cuando hablamos en neurociencia de la anatomía, todos son referencias al mundo de la botánica: el árbol neuronal, la ramificación, las espinas. Entonces, él definía el cerebro como un bosque, porque es un bosque, como luego vamos a ver. Entonces, ¿qué dice? Pues si yo cojo, pinto, hago… tiro una tinción sobre un bosque, lo miro desde arriba—imaginaros que vamos sobrevolando el Amazonas—digo: “Pues ahí no hay árboles, eso es un continuo”. Pero, ¿qué pasa si yo veo un bosque que es joven? Pues que tiene pocos árboles. Entonces yo los puedo distinguir. Entonces, Ramón y Cajal cogió un trocito de cerebro de… en el estado embrionario, de un embrión. Y entonces ahí vio un bosque joven, y cuando ves un bosque joven, pues te das cuenta que está formado por árboles. Entonces, esto es lo que llevó a Ramón y Cajal a decir, a descubrir, que nuestro cerebro estaba formado por células que son independientes, son las células nerviosas que se llaman las neuronas. Entonces, él es el que descubre esa anatomía de las neuronas. Golgi y él luego comparten el premio Nobel, ¿no?, porque ambos llegan a caracterizar cómo es la anatomía de nuestro cerebro, pero paradójicamente, aunque Ramón y Cajal descubre que nuestro cerebro está formado por neuronas independientes, él mismo luego dice que lo importante—sus estudios, todo lo que ya… pues explotó después—llevaron a ver que nuestro cerebro está formado por unas neuronas independientes, pero que por ellas solas el cerebro no podría hacer nada. Lo que dota a nuestro cerebro de esa capacidad de procesar información son las conexiones, es ese compartir. Entonces, lo que veis aquí—perdona que la… es que he ido a hablar… vemos en la imagen que ahora que va a salir… vemos un cuerpo neuronal, porque imaginaros que una neurona es un cuerpo como el tronco de un árbol, donde ahí está toda su carga genética, su procesamiento interno, tiene ese cuerpo neuronal que… que veis aquí, que es esta… este soma, que es normalmente de forma ovalado. Ese es su cuerpo neuronal, pero lo importante es que tiene ramas y raíces. Eso es lo importante. Sin las ramas y sin las raíces no se puede procesar información. Por las ramas, las neuronas reciben información bioquímica y biofísica de las demás neuronas; por las raíces, mandan a las demás neuronas. Entonces, imaginaros, esto es una neurona que no es de las más complejas que hay. Entonces, fijaros, cuando se consigue aislar a una neurona, vemos que tiene ramas igual que un árbol, y luego de cada rama salen ramitas. Si veis, en cada ramita hay una especie de espina que se llama la espina neuronal. En cada uno de esos… esta sola neurona se puede comunicar a otras. Ahora, imaginar echar cálculos: tenemos 86.000 millones de neuronas; cada neurona se puede conectar a millones de neuronas, ¿vale? Sea… y lo importante, insisto, si yo cojo—y esto se hace en los laboratorios, se hace una poda neuronal—le corto sus ramas, le corto sus raíces, ¿qué hace la neurona? Se muere. Esto yo lo he oído tantas veces: cuando poníamos un electrodo, se abre un cráneo, pinchas, cortas… y hace… asfixiado… esa neurona se muere. Necesita recibir información y necesita mandar información. De tal forma que nuestro cerebro es un inmenso bosque, que es una red enorme de conexiones por las que manda y recibe, manda y recibe. Entonces, ahora imaginaros, para cualquier mínima cosa que… que nosotros hacemos, la cantidad de información que tiene que ir pasándose de un lado a otro, la cantidad de neuronas que tienen que estar trabajando ahora para que vosotros me estéis escuchando y estemos entendiendo lo que yo estoy diciendo. Imagináos todo en circuitos, porque en el cerebro las cosas no van por donde quieren. Tenemos carreteras, tenemos carreteras por donde va la información bioquímica, biofísica. Y eso es una absoluta… ¡qué… qué maravilla! Un poquito…

Entonces, aquí es donde ya vemos, en esa primera escala microscópica de las neuronas, lo importante que es que las neuronas compartan. Si no comparten, no funciona. Eso es así de sencillo. Esto es lo que le llevó a Ramón y Cajal a decir: “Es que nuestro cerebro es un bosque, es un bosque formado por árboles que tienen ramas y que tienen raíces, pero es un bosque… nuestro cerebro no es un árbol, es un bosque. Lo importante es que se comunican”. Eso lo hace una neurona. Las neuronas se comunican entre sí, necesitan mandarse y recibir información, pero lo mismo hacen las diferentes zonas del cerebro. Allí en el siglo XIX, pues cuando ya empieza a estudiarse lo que es la neurociencia cognitiva, pues hubo una gran fiebre por lo que se llamaba el localizacionismo: “Aquí está la memoria, aquí está la atención… esto está aquí, esto está allá”. Había que ubicarlo todo completamente en el cerebro. Esto… pues la verdad que trajo muchísima… una contribución muy, muy importante, ¿no?, porque sobre todo para las lesiones cerebrales había… pues una gran obsesión en que… pues a alguien le sucedía algo, tenía cualquier tipo de traumatismo: “¿A ver dónde está? ¿Qué es lo que ha perdido?” O sea, había una gran obsesión en localizar funciones en el cerebro. Los avances fueron enormes, se aprendió muchísimo, pero después de eso, en el año 2000 es donde surge una nueva idea que dice: “No, no está aquí o allá. Lo importante es que nuestro cerebro es una red”. Entonces, cuando decimos, por ejemplo, que lo utilizamos tanto y lo… lo seguiremos usando… la memoria está en el hipocampo, ¿no? La visión que tenemos hoy es: el hipocampo es la zona más importante para la memoria, pero siempre va a requerir de la comunicación con otras zonas. Porque imaginaros, para que nosotros hagamos cualquier cosa… si yo la cojo y voy a la botella de agua, el cerebro tiene que coordinar mi movimiento: sabe lo que pesa una botella, ya ha preparado el brazo, ha preparado… sabe lo que tengo que hacer. La memoria necesita de un montón de asociaciones. Entonces, a nivel de neuronas veíamos que hay ese compartir; a nivel de cerebro entero, ya estamos hablando del cerebro, volvemos a ver ese compartir. No existe una zona en el cerebro que actúe sola, y una función en el cerebro no está nunca en un sitio solo, se requiere de la comunicación entre ellos. Hoy en día decimos que el cerebro es un sistema en red, y esto… pues ha hecho también crecer una barbaridad. Pero sobre todo lo que a mí me gustaba de estas nuevas perspectivas que había en la neurociencia, cuando todo esto explota—que se llamaba el conectoma, la conectividad cerebral—era un poco el salir hacia una visión del cerebro un poquito más compleja. Antes era como demasiado reduccionista, demasiado materialista: “Esto está aquí, esto está allá… esto está aquí… ahora quito esto y esta persona pierde el otro…” mm… pero hay un montón de casos que no da igual esto aquí, esto lo otro, ¿no? Ahora se ve que está aquí, pero también está en otro sitio, a la vez que está en uno, pero está en muchos a la vez, y esto es todo lo que se llama la teoría de redes, que ha hecho… nos va… cada vez… yo siempre pienso… cada vez que vamos aprendiendo más, que van saliendo más… yo creo… descubrimientos… no, vamos adquiriendo más conocimiento, y a la vez siempre me da la sensación de que cada vez estamos más lejos, porque cada vez que descubrimos algo nuevo nos damos cuenta que era mucho más difícil de lo que pensábamos, era mucho más complejo. Y entonces, ya cuando… pues el cerebro era muy complejo, porque ahora ya no es que las cosas estén aquí, sino que están distribuidas por ahí… esto a nivel matemático complicaba las cosas una barbaridad. Entonces, cuando ya… pues nos parecía que todo era muy difícil, en el 2017… pues surge una nueva revolución científica que a mí me parece que la ha hecho mejorar y que es una… una maravilla. O al menos yo, como científica… pues el… el ser testigo directo de una revolución científica es una cosa que es apasionante. Entonces, el… el 17 de junio del 2016, la revista *Nature*—*Nature*, que es como la revista número uno científica; lo que diga *Nature*, eso es lo que es, ¿vale?—entonces se publica una portada maravillosa, que yo tenía en mi despacho y ahora me la llevaba a casa, ¿no?, donde decía: “Las cosas se nos complican”. Y a mí esto me encantaba, porque claro, imaginaros que yo venía del mundo de la física, donde las cosas eran muy complejas, donde uno… pues se rechazaba completamente el poder entenderlas, simplemente las observábamos: “Esto es así… el electrón se va por dos sitios… al… bueno… vale, es así”. Y entonces, cuando uno llega a la neurociencia, dice: “No puede ser que esto sea tan cuadriculado”. Entonces, cada vez que las cosas se van complicando, a mí me parece que… que… que ganan… ganan mucho en riqueza. Entonces, esa revista, en el… en el ese año, pues se hacía eco o aceptaba la revolución de que no debemos considerar al cerebro el único órgano involucrado en la consciencia, en la mente, en la percepción; debemos considerar al cuerpo entero. Entonces, esa es gran parte de la investigación que yo llevo: cómo el cerebro tiene que escuchar al corazón, a los pulmones, al estómago, al intestino, al útero, al riñón, a los músculos—especialmente los faciales—. El cerebro no solo sabe lo que está haciendo el cuerpo, necesita saber lo que hace el cuerpo para saber lo que tiene que hacer. Y este ha sido el grandísimo cambio. Esto… pues hace como 5 o 6 años… bueno, casi siete… ya… pues en el mundo científico no gustó al principio, ¿no? Pues veníamos… imaginaros los que se dedicaban al mundo de la neurociencia, éramos los más guays: “El cerebro es el más guay del cuerpo”. Y de repente, no… o sea, el reino está ahí, solo está distribuido, hay otros órganos, necesita escuchar lo que hacen otros órganos. Entonces, ha habido unos años de mucha polémica, en los que… pues había mucha resistencia en aceptar que no todo es el cerebro, porque claro, volvíamos a lo que había pasado antes en el cerebro: ahora ya las cosas no están localizadas aquí o allí. Cuando las cosas se localizan, se distribuyen, tienes que asumir que no vas a saber manipularlo tan fácil y que no vas a saber localizarlo de forma tan fácil cuando está distribuido entre muchos… pues te da la sensación de que es una red la que lo sostiene. Y entonces… pues se aceptó científicamente… un poco… se empezó a aceptar, y esto ya está aceptado: que el cerebro, en cada momento, tiene que saber cómo está la postura de nuestro cuerpo. Por eso es tan importante cómo está nuestra postura. No es igual esto que esto, absolutamente. Si yo estoy así, al cabo de un rato—que es una postura en la que solemos estar—los sistemas de memoria se empiezan a inhibir, y los sistemas de percepción buscan más lo negativo que lo positivo. Igual que si tengo una cara así… mi cerebro está constantemente procesando cómo… cómo estoy, cuál es la postura. Sabemos que el intestino y el estómago influyen una barbaridad sobre la función cerebral, ¿no? Vamos a entrar… sabemos que la respiración influye tremendamente en los sistemas cerebrales de la memoria, de la atención, de las emociones. Cómo estemos respirando… ¿no? Pero sobre todo, ahora voy a entrar muy poquito, porque esto es todo un mundo, en el corazón. ¿Por qué? Porque es el que, de todos estos órganos, ¿no?, que hay… pues como ahora se habla de… bueno, pues vale, son todos… ya no es solo el cerebro, ¿vale? Hemos aceptado que son todos… ¿no?, que la mente está distribuida en todo el cuerpo. Pero entonces surge, como siempre, esa visión. Y entonces hay universidades que están desarrollando un proyecto para establecer la jerarquía: “Bueno, vale, sí, todos son iguales, pero algunos más que otros, ¿verdad?”. Y entonces, en esa jerarquía, el único que compite realmente con el cerebro es el corazón. Es… son los que están un poco ahí… eh… a la misma altura. Y entonces el corazón… pues nos abre unas… un mundo que nos ha descolocado, porque a mí lo que me gusta también de… de todo esto, de… de no localizar las cosas en un sitio o en otro, es que también nos descoloca a nosotros. Y entonces los descubrimientos de la interacción entre el corazón y el cerebro… pues nos han llevado a… a cosas que no esperábamos, y yo creo que es uno de los puntos donde mayor puente de unión puede haber de discusión con otras disciplinas, ¿no?, porque estamos hablando, al fin y al cabo, del… del corazón. El corazón… al que matamos simbólicamente… pues cuando… sabéis… cuando Harvey, en el siglo XV, descubre que nuestro corazón está dividido en la parte derecha e izquierda, y entonces dice: “Nuestro corazón está dividido… ¿cómo vamos a tener el alma en un órgano que está dividido?”, dice Descartes. Entonces el corazón… dice: “¡Eh! ¿Va a pasar para ser una bomba hidráulica?”. Y a partir de ahí… pues se… se destierra… hoy… yo creo que lo estamos volviendo a recuperar, a recuperar esa… esa visión que teníamos tan… tan simbólica, tan… tan romántica, pero que yo creo que también tan… tan verdadera de lo que… de lo que era el corazón. Y entonces, ¿qué es lo que se ha visto hoy en la neurociencia? ¿Cuál es la relación entre el corazón y el cerebro? Fijaros qué maravilloso… los que siempre habíamos pensado que… pues no solo era el cerebro, sino que era el… el cuerpo entero, y especialmente el corazón… pues cuando el University College of London publica esta… esta gráfica… pues os podéis imaginar la… la emoción que produjo. No era la primera vez que científicamente se podía poner números y ecuaciones a la interacción entre el corazón y el cerebro. Era la gráfica que ya asentaba que el… el cerebro tiene que escuchar al corazón. Y entonces, ¿cómo sucede esto? Pues fijaros… ahora vosotros estáis aquí, estáis escuchando, me estáis… observando, estáis percibiendo lo que está pasando… pues fuera de vosotros, estáis observando la exterocepción, el mundo exterior, y vuestro corazón está latiendo aproximadamente una vez por segundo. Cada vez que se produce ese latido, hay un grupo de neuronas en diferentes partes del cerebro que tienen que responder al latido cardíaco. Es decir, las neuronas emiten descargas eléctricas… se cargan de electricidad, emiten una descarga eléctrica, y a través de sus raíces se lo mandan a la otra… la otra recibe un chute de electricidad y se lo manda a la otra… así… y ellas se lo están haciendo a su ritmo. Las neuronas son absolutos… una orquesta de percusión constante: pa, pa, pa, pa… en el momento… el que el corazón late… haga lo que haga, esté haciendo lo que esté haciendo, la neurona, en ese momento, tiene que responder al corazón. Si las neuronas de esas zonas del… del cerebro—que luego os diré cuáles son—si esas neuronas no responden a lo… al latido del corazón, vosotros os desconectaréis de lo que está pasando fuera. Gran parte de lo que pasa fuera, nosotros se nos pasa desapercibido. Cuanto más responde el cerebro al latido del corazón, más información de fuera percibimos. Fijaros qué importante. ¿Cuáles son las zonas del cerebro que tienen que responder al corazón? Zonas como la amígdala, una de las más importantes de las emociones; zonas como la ínsula, una de las zonas más importantes del cerebro para la idea de quién soy yo, cómo me autoperecibo; zonas como la corteza cingulada, una de las zonas claves para traducir lo inconsciente en consciente, es uno de nuestros interruptores que nos hace que estemos en el presente y que nos vayamos… estamos en el presente y nos vayamos… esas dos—la ínsula y la corteza cingulada—son esos interruptores, son las dos zonas que más trabajamos cuando hacemos meditación, por ejemplo. Entonces, fijaros, cuando se descubre esto… cuando el UCL de Londres da esta gráfica y dice: “Esto es lo que hemos encontrado, señores… zonas tan importantes como ínsula, amígdala y corteza cingulada reciben información del corazón; si esas zonas no responden al corazón, no percibimos lo que está fuera…” Esto era absolutamente revolucionario, imaginaros para el mundo científico. Las formas en las que la información le llega al cerebro… pues eso está en estudio y son muchas. No hay un nervio que se llama el nervio vago, porque va vagabundeando por el cuerpo y es el que le envía… entra por aquí, le envía la información al cerebro de lo que está haciendo todos nuestros órganos, y entra por aquí. Pero antes de entrar al cerebro, el nervio vago manda la información de mis vísceras a los músculos faciales. La cara es el espejo de mi organismo. ¡Joder, qué tremendo es esto! O sea, somos ese compartir de todo el cuerpo… o sea, el… el cerebro necesita de… todo lo que está pasando dentro, lo que está pasando fuera, y es una fusión constantemente entre todos ellos. Pero ¿qué pasa? Que hubo… experimentos… cuando… pues… se descubre que el corazón… perdón… cuando se observa experimentalmente que el corazón influye en la ínsula… pues esto a la comunidad científica un poco… le puso un poco sobreaviso. La ínsula es una de las zonas más importantes, es la zona más involucrada en la idea de quién soy yo. Y entonces empezó a considerar… la pregunta era: “¿Tiene algo que ver el corazón con la idea del yo? Porque si esa zona necesita fusionar la información de lo que hacen los órganos, y en especial lo que hace el corazón, para generar… para dar lugar a esa idea de quién soy yo… pues a lo mejor tiene algo que ver el corazón en ello”. Y entonces, ¿qué es lo que se vio? Pues algo que descoloca un poco, y es que cuanto más responde el cerebro a los latidos del corazón, más pensamos en nosotros mismos. El corazón nos da una idea de quién soy yo, de cómo yo… yo… yo… naza… yo… cada persona… ¿cómo yo veo el mundo? Es la que proporciona la información de cómo ha sido mi vida, mi cultura, lo que yo pienso, mis experiencias, mi mundo, y se lo comunica, se lo pasa o lo comparte con el cerebro. No… a mí, por ejemplo, estos resultados… toda esta literatura científica que se ha desarrollado sobre todo en la Universidad de París y la Universidad de Londres… y nosotros que tenemos dos artículos sobre ello… a mí…

Me parecía que reflejaba una de las frases que a mí siempre más me ha impactado. No, que viene del Talmud de los judíos. No, no vemos las cosas como son, sino como somos. El corazón proporciona al cerebro cómo somos, cómo soy yo, voy a percibir el mundo. Cuando mi corazón le va a decir al cerebro cómo soy yo, yo siempre voy a ver el mundo desde mi perspectiva. Ahora bien, si el cerebro escucha demasiado a mi corazón, yo mino demasiado lo que percibo. Entonces, ¿qué pasa? Que lo que se ha observado es que hay veces que el corazón echa un paso atrás y reduce un poco esa influencia sobre la percepción; hace que sea menos dependiente de cómo soy yo. Esto sucede, por ejemplo, cuando meditamos. Hay estudios de neuroimagen que se han hecho entre la Universidad de Pittsburg y diferentes universidades en Estados Unidos que han observado qué pasa entre la comunicación entre el corazón y el cerebro cuando estamos meditando. Entonces, estamos aquí, me miden a las personas percibiendo lo que sucede y su corazón y su cerebro están en comunicación; esas personas están percibiendo el mundo desde su posición, desde su yo; empiezan a meditar y hace el corazón y echa un paso atrás, o el cerebro hace y te responde menos. No sabemos si es uno que se echa para atrás o el otro que se echa a un lado; la cosa es que cuando meditamos la comunicación entre el corazón y el cerebro disminuye. Esto, fijaros, ¡es tremendo! Yo, que he estado en esos, en esas investigaciones y hablado con los investigadores, esperábamos lo contrario. No, y era como más bonito cuando meditamos el corazón y el cerebro se comunican a más no poder, entran en una gran coherencia. Bueno, pues lo que dicen, al menos las investigaciones, es que no, porque es todo mucho más complejo que se comuniquen y que tenga coherencia; es una forma muy lineal, que se descomunales. Vale, entonces, hacía todo, ¡ya descoloca completamente!

Entonces, ¿qué es lo que se ha visto? Pues que el corazón y el cerebro tienen que tener un equilibrio que esté muy afinado. Si se desconectan, esto nosotros lo hemos hecho en el laboratorio en personas que tienen de alzheimer. Cuando empieza la persona a perder las primeras etapas de enfermedad de alzheimer, el corazón, el cerebro ya no escucha, el corazón se desconectan. Ahora, si se conectan mucho, mi realidad va a estar absolutamente condicionada por quién soy yo. Hay un equilibrio muy fino entre el corazón y el cerebro, pero fijaros, es ese compartir; si se separan, yo no percibo; si se juntan de más, percibo mal, percibo muy sesgado. Es un equilibrio muy sutil entre ambos. Entonces, ya es ese compartir enorme, pero las cosas son aún un poco más complejas, un poco más, más complicadas también en esa interacción entre el corazón y el cerebro. Intervienen los ojos; el corazón está íntimamente relacionado con la dinámica de nuestros ojos. Fijaros, esto lo demuestra también la Universidad de Londres. Ya sabéis que la menciono mucho porque es una de las mejores universidades que hay, obviamente lo que diga ella se escucha mucho más, pero sobre todo porque desde que científicamente se aceptó que el cerebro tiene que escuchar al cuerpo, en ese momento dijeron: “A ver, todos los recursos que teníamos hasta ahora dirigidos a esto, el paradigma ha cambiado”. Entonces, como tienen muchísimo dinero, pues cogen, buah, y han dedicado una gran cantidad de esfuerzos y un grupo enorme en estudiar esa relación.

Y entonces, ¿qué es lo que vieron? En este estudio participó, por cierto, un chico español. Que cuando nuestro corazón late, pum, en cada latido, sin que nosotros seamos conscientes de ello ni lo hagamos aposta, los ojos hacen un rastreo, movimiento rápido donde crea el mundo, percibe. Entonces, el corazón acaba de emitir un disparo, buum, los ojos se mueven, se abre al mundo; el corazón empieza a repolarizar, empieza a contraerse, a recogerse; los ojos se fijan; el corazón se relaja; parpadeamos. Entonces, en cada par, cada latido percibimos el mundo: me fijo, me recojo, percibo, me fijo, me recojo, así constantemente. Fijaros, ¡qué baile, no tan bonito! Yo siempre imagino, porque como nosotros en el laboratorio lo que hemos hecho es medir los campos electromagnéticos del cerebro, del corazón, del tiroides, de los ojos, del estómago, del intestino, de la respiración, todo simultáneamente. Entonces, imaginaros ahora vosotros, estáis aquí sentados, estáis escuchando y parece que no estamos haciendo nada, no, pero para que vosotros podáis estar percibiendo lo que está pasando, toda la biología supone que el cerebro está escuchando si el corazón acaba de latir, cómo estás respirando, cómo está tu intestino, cómo están los ojos, y en cada latido hacen una coreografía porque es el corazón que marca. ¿Sabéis por qué? El estómago y el intestino tienen campos electromagnéticos que oscilan muy, muy lento, vale, una, dos veces por minuto; respiramos unas 12 veces por minuto, pero el corazón late casi una vez por segundo. Por tanto, es el que marca el ritmo. Vale, entonces late el corazón, cerebro le responde, ojos se abren, la respiración reacciona, todo así constantemente, esa coreografía. Pero insisto que es ese compartir entre los órganos; el cerebro solo no lo sabría hacer. Esto es lo que se ha visto: si yo cojo y corto esa vía de órganos que le llega al cerebro, el cerebro no sabe responder, necesita ese compartir; si no comparte el organismo no funciona, y así constantemente. Pero hasta los ojos, hasta los ojos, por ejemplo, meditar, el movimiento de los ojos es muy importante. Nosotros, aunque tengamos los ojos cerrados y parece que no los movemos, pues, a cuando tenemos los ojos cl, los ojos se están moviendo. Entonces, cuanto más movimiento, menos atención; cuando los tenemos abiertos, cuanto más parpadeos, menos atención. Vale, los ojos, el cómo pongamos la mirada influye en la memoria. Cuando nosotros nos están contando algo, cómo tengamos la mirada influye la cantidad de información que se va a guardar o no. O sea, que fijaros, ¡qué, qué a mí! Bueno, como todo esto me fascina, no, que es como todo el cuerpo a la vez, todo. Y entonces, cuando dices “es todo el cuerpo a la vez”, entonces una de las preguntas que vuelve loca completamente a la comunidad científica es: “¿Y entonces, dónde está?” No le dicen: “Pues es que no está ni aquí ni allí, es que no lo vas a poder, es que no es no”. Pero entonces es ese área, entonces cojo la ínsula, la ínsula, es que no está ahí, porque esa necesita del corazón y la otra necesita de los pulmones y el otro necesita de los ojos y luego también necesita de la piel. Y entonces, ¿dónde está? Entonces, ¿dónde está? No está en ningún lado, está distribuido, no. Y entonces, esto es lo que se llama una teoría neuronal distribuida, que a mí me parece que es fascinante. También se llama la teoría interoceptiva. ¿Qué es lo que hicimos nosotros en el laboratorio? Pues yo muchas veces, no, que me, me preguntan y más, pues en el mundo de la, de la meditación, bueno, esto ya lo sabíamos ya, pero a mí me gusta medirlo y yo creo que tiene algo, no. O sea, dec: “Ya, ya, pero es que no hace falta invertir tantos millones y ponerle datos”. Pues a lo mejor no hace falta, pero a mí me encanta. Y entonces, cogimos a dos personas y las metimos en el laboratorio. Y tenemos a Gustavo y el hombre que está dentro de esa máquina; esa máquina se llama magnetoencefalografía y mide los campos magnéticos del cerebro. Es una máquina que cuesta pues 2 millones y pico de euros, porque los campos magnéticos del cerebro son unidades de femtoteslas, es una cosa mínima, no. Entonces, lo que nosotros hicimos fue pues meter a dos personas en la máquina que empiezan a meditar; primero estaban ahí simplemente hablando, luego estaban tranquilos sin hacer nada y luego meditando. Y lo que yo desde fuera hacía era medir sus cerebros y sus corazones los dos a la vez; yo quería ver pues si había alguna relación entre los corazones. En concreto, cerebro, ya sabíamos que se comunicaban, ya sabemos que los cerebros se contagian, e, por ejemplo, ahora no sé si para bien o para mal, pero vuestro cerebro se parece más al mío que hace media hora. Esto se llama la comunicación de fase, la sincronización de fase intercerebral; si me habéis estado escuchando con atención, mi cerebro se parece al vuestro, el vuestro al mío en este momento. Pero ¿qué pasaba con el corazón? Y entonces, ¿qué es lo que vimos? Pues fijaros, no, principio, pues eso en rojo está el de Gustavo y en negro está el de Juan, que es este, esta persona que vino a la máquina. Entonces, al principio pues cada corazón va a su aire, no, pa, pa, pa; nosotros esto que veis aquí es un electrocardiograma, el pulso cardíaco. Bueno, pues cada uno seguía su dinámica; empiezan a meditar y ¿qué sucede? Pues ¿qué veis ahí? Se sincronizan; habían momentos en los que el de Juan, Gustavo es un gran meditador, y había momentos en los que el de Juan se atrasaba un poquillo y luego lo volvía a, pero se produce una sincronización entre corazones. Entonces, hemos empezado hablando de las neuronas como seres microscópicos que necesitan ese compartir, que se comunican, que las áreas cerebrales se comunican, necesitan compartir; si el cerebro no comparte, parte no funciona; que el cerebro necesita compartir con el resto de los órganos; sin ese compartir no funciona. Ahora bien, me salgo de mi cuerpo, mi cuerpo, como decía antes, no, eh, acaba en la piel. Vale, entonces somos seres independientes, individuos. Mira, ¿sabéis que el mundo científico cuando todo esto empezó pues una de las grandes cuestiones era? Pero antes a las personas científicamente se nos llamaba individuos y lo poníamos en los artículos: individuo A, individuo B. Si todo está relacionado, entonces ahora ¿cómo nos llamamos? Porque ahora uno de los grandes problemas que tiene el mundo, al menos el de la neurociencia, es: “¿Y cómo llamamos ahora las cosas?” Porque claro, neurociencia hace referencia a neuronas. Pero como ahora ya hay que medir al cuerpo entero, ahora se llama ciencia interoceptiva. Entonces, nos pasamos el día en grandes debates entre todos, ahora online. Y ahora ¿cómo llamamos a esto? Porque claro, ahora ya no es así, entonces es lo que sucede cuando hay una que todo se descoloca. Y entonces, entonces el individuo, si resulta que ahora depende de tantas cosas, ya no es individual. Entonces, ¿sabéis cómo nos llama la ciencia ahora? “Holobiontes”, que suena un poco mal, no. Esto me acuerdo cuando, cuando yo lo leí, que salgo de aquella reunión, eh, que era online, no, y, y salgo, ya voy a la cocina, estaba mi marido: “¡Eres un holobionte!” No, “¿cómo? ¿Pero qué dices? Holobionte”, que suena muy mal, es holo de holografía, bionte de vida, integración de vidas. Somos la integración de todas las vidas que hay dentro de nuestro cuerpo y la interacción de las vidas que están fuera de nuestro cuerpo; nuestro cuerpo es principalmente un cerebro de interacciones, necesita la relación con el otro. Eso es absolutamente claro. Entonces vimos, pues eso, que los corazones se sincronizan; esto yo lo vi en mi laboratorio, una cosa que me fascinaba, me hacía una ilusión tremenda, y pues bueno, ya había otra literatura, pero verlo en directo es una cosa de verdad tremendamente emocionante. Los corazones se sincronizan. Ahora bien, se sincroniza solo cuando estamos meditando, cuando estamos en un momento tal y dentro de una máquina y tal, no, los corazones se sincronizan constantemente. Esto es lo que se llama la coherencia, la sincronización fisiológica entre las personas. Entonces, lo que se ha visto, y esto ya está más que demostrado científicamente, es que los órganos, las vísceras de las personas se están comunicando entre nosotros. Entonces, tú estás hablando con una amiga, tal, no sé qué, y parece que solo el diálogo es ese verbal, pues tal y cual, no, po, po, po, y los corazones se están comunicando con una persona; mi corazón se sincroniza más que con otra, los cerebros, la respiración, la postura. Pero bueno, que a nivel visceral hubiese esa sincronización, esto era algo, pues, imaginaros, que, que tiró todo abajo; eso es lo que se llama ahora los hiperscanning.

Y entonces, ¿qué hacemos? Que se meten a varias personas dentro de la máquina. Entonces, esto para que veáis como pues todas estas revoluciones nos descolocan a todos los niveles. Ya sabéis que las máquinas con las que medimos el cerebro, pues, como veis ahí, habéis visto, pues ahí solo cabe un cerebro, no. Entonces, yo no puedo meter a dos cerebros. ¿Sabéis cómo es una resonancia? Os metéis en un cilindro, no. Y entonces ahí metes un poco claustrofóbico, porque es así como muy estrecho, y te mide pues el consumo hemodinámico de tu cerebro. Pero si ahora tenemos que estudiar la interacción entre dos personas, necesitamos meter a dos personas en la máquina. Entonces, ¿quién ha podido hacerlo? Solo Estados Unidos. ¿Sabéis por qué? Porque ellos tienen resonancias magnéticas que son muy grandes, porque tienen a muchas personas obesas y ahí caben dos. Como en Europa somos más delgaditos, nos fastidiamos y no podemos medirlo. Vale, esas máquinas cuestan millones. ¿Por qué? Porque queremos medir simultáneamente dos cuerpos a la vez para ver que independientemente de que yo esté hablando, diciendo una cosa u otra, los cuerpos están hablando entre ellos a nivel visceral. Esto de verdad es maravilloso. Esta gráfica que ahora os explico muestra algo que es muy bonito y que estoy segura que mucha mamá aquí me dirá que no hacía falta medir eso, que ya lo sabía yo: los corazones entre la madre y los hijos son la máxima sincronización que se observa, es la máxima sincronización entre corazones que se ha medido; el corazón de la madre y el de los hijos se comunica con una coherencia enorme, con una sincronización. Vale. Este estudio, fijaros, se hizo en Israel, que son de los grandes pioneros, mostraba un grupo de mamás, medían sus corazones y había niños alrededor. Imaginaros, yo esto luego me lo imaginaba cuando iba al parque con mi hija. Entonces están pasando por ahí los niños, pasa un niño cerca mío, po, y mi corazón responde, yo no me he enterado. Vale, y mi corazón responde. Ahora bien, pasa mi hija y mi corazón hace, porque sabe que es mi hija; es la máxima sincronización. La de mamá, la de papá un poco menos, vale, es la de la madre. ¿Cuándo se produce la máxima sincronización entre los corazones de mamá y los hijos? Cuando se produce un fenómeno que se llama el anclaje de la mirada; cuando mamá y el niño o niña se miran a los ojos, ahí es cuando se produce la máxima sincronización entre corazones. Cuando se produce otra sincronización que es de las más, más fuertes, cuando le estás dando de mamar. Cuando se produce otra sincronización muy fuerte es cuando le estás tocando piel con piel; es muy importante a los hijos, especialmente la mamá que los toque sin ropa. Se produce la máxima sincronización entre corazones, pero la sincronización entre corazones también se produce con mi pareja, con los amigos, con compañeros. Se ha observado, por ejemplo, que se produce comunicación, ya no hablamos de sincronización, porque sincronización es algo muy fuerte, comunicación, se produce comunicación entre corazones cuando yo voy en el autobús. Entonces, vamos en autobús, no sé si os ha pasado a vosotros, yo muchas veces voy en autobús, me siento y ni sé quién tengo al lado; muchas veces es que ni me, ni me fijo ni lo observo. No, ahora ya después de estos estudios me fijo más, pero los corazones se comunican. Entonces, ¿qué pasa? Pues esto a mí me llevó un poco, lo reconozco, un poco de paranoia, cuando decir: “¡Jo, y yo tengo que ir en el metro todos los días! ¿Con qué corazones te vas a comunicar?” Entonces, un aspecto que a mí me parece, no, que se debiera profundizar desde, desde la ciencia, o se debiera hablar más explícitamente, no son todas estas implicaciones, no. ¿Qué significa que los corazones se comuniquen? Hay que tener, para mí, hay que tener mucho cuidado de las personas de las que te rodeas, pero hay que tener mucho cuidado con lo que yo también quiero comunicar, ¿qué va mi corazón comunicando por ahí? Cuando yo hablo con mi hija, cuando yo estoy con mi hija y cuando miro a mi hija, no solo le estoy educando a través de las palabras que yo le estoy diciendo. Yo creo que esa es la mínima parte. ¿Qué quiero yo para mi hija? Pues nos decía Lujan antes que, que, eh, eh, hablado de una frase de Gandhi: “El ejemplo que quieres para tu hijo”. ¿Qué quiero yo para mi hija? Pues lo primero cultivarme yo bien, porque yo creo que solo desde esa postura tan honesta, desde uno mismo, desde esa intención, eh, de intentar, a mí, estar mejor y cultivar en mí lo que yo quiero transmitir a mi hija, se lo voy a poder transmitir. Entonces, a mí esto de que el corazón sea, no, ese órgano especialmente involucrado en la interacción entre las personas, me gusta sobre todo por esa faceta, porque a nivel cerebral es más fácil simular, puedo fingir que soy tal o cual y vale, puede llegar un momento, pero ¿qué transmite el corazón? Si sabemos que el corazón tiene la información más cercana, cómo soy yo. Fijaros, en Estados Unidos se hizo un experimento donde se medía el corazón, no, de las personas y se midió en policías, en policías de una cierta región de Estados Unidos, no. Entonces, les ponía imágenes de personas blancas y de personas negras que llevaban diferentes cosas en la mano. Cuando el policía veía esa persona, una negra, su corazón reaccionaba; el policía sigue su corazón cuando lleva la mano a empuñar la pistola, él está siguiendo su corazón. Entonces, hay que tener mucho cuidado con eso de “sigue tu corazón”. Yo creo que sí, que tu corazón sí sabe dónde hay que ir, entonces, cuidado, hay que primero, ¿qué, qué, qué quiero cultivar? Esto ya lo, lo decía San Agustín: “¿Qué semillas quiero plantar en mi corazón?” Porque el corazón es una tierra muy fértil, decía él, no. Entonces, a mí con toda esta comunicación entre los corazones de verdad que me lleva mucho esa reflexión. Y entonces, lo que yo empezaba diciendo de lo importante que es que diferentes disciplinas hablen en torno a un tema, es porque a partir de aquí, o sea, la ciencia, lo que nosotros vimos en el laboratorio es: hay una comunicación significativa, estadísticamente, entre los corazones; se produce a los eh, tantos segundos, dura tal y dura cual, y ya se tiene que callar porque no puede ir más allá. La ciencia, lo, el resto ya sería lo que el investigador quiera interpretar, pero a nivel de datos, a nivel de hablando solo sobre lo que se puede medir, se tiene que parar muy pronto. O sea, la ciencia, yo siempre he dicho que es un sistema maravilloso, pero mudo; te da los datos, pero ya se tiene que callar. Entonces, ahí es donde a mí me parece que enriquece que filósofos y gente de la espiritualidad, de otras tradiciones, de otras medicinas, fijaros, la medicina tradicional china, la medicina griega anterior al siglo X, es que fijaros, todo esto que estamos descubriendo es maravilloso, porque en el mundo científico se dice: “Hemos descubierto que el cerebro necesita todos los órganos”, no. ¡Hijo mío! Toda la historia de la medicina científica hasta el siglo XV lo ha dicho; las teorías galénicas, Galeno de Pérgamo, padre de nuestra medicina, ya establecía los tres ejes donde el corazón era un punto muy importante. Entonces, en las carreras de medicina hay que estudiar historia de la medicina, porque si no caemos un poquito en esa soberbia de decir que nosotros hemos inventado la rueda. Vale, entonces, por eso estos foros a mí me parece que son muy necesarios, porque a nivel científico yo puedo decir una cosa, pero me tengo que callar, necesito escuchar lo que se dice desde otras corrientes mucho más humanistas. Entonces, los corazones son, sobre todo, por ejemplo, aquí, si lo pudiéramos medir, y yo creo que Ana un día hay que pedirle un presupuesto a la Universidad Popular, poner electrodos aquí, que además son bastante baratos. Ana, con 5000 te lo arreglo; se pone electrodos en los corazones. Medir el corazón es una de las cosas más fáciles y económicas; medir el cerebro te puede costar por persona unos 2000; medir el corazón no te llega ni a 50. Entonces, ¿has oído, Ana? Solo 50; se sube un poquito la matrícula de la gente y ya está; pones electrodos en los corazones. Y esto se ha hecho, eh, en los corazones de las personas al azar; todos esos cables van a un único ordenador que va a medir simultáneamente todos los corazones; diferentes algoritmos matemáticos que son muy fáciles detectan los momentos donde hay una sincronización. Entonces, aquí a lo largo de la mañana va a haber momentos en los que la sincronización sea muy alta. ¿Sabéis cuándo ha debido suceder? Cuando hemos empezado y Ana nos ha hecho esa danza de las bendiciones, que yo no la conocía, y, y yo estaba haciéndolo, pero a la vez estaba pensando científicamente: “Si yo pudiera medir aquí los corazones”. ¿Por qué? Porque cuando todos nos movemos a la vez se facilita la comunicación; uno de los momentos donde mayor sincronización grupal de corazones hay es haciendo una coreografía, vale, todos haciendo lo mismo a la vez. Si además esa coreografía, como es la que hemos hecho hoy, lleva una atención consciente a lo que estamos haciendo, como lo hemos hecho hoy, la sincronización es máxima. Esto se ha observado, se ha medido en la Universidad de Oslo, se ha medido en diferentes universidades: cuando se hace una coreografía, los corazones se sincronizan; cuando todos hacemos algo a la vez se produce una mayor sincronización. Vale, o sea, que aquí, fijaros, lo que, lo que se produce es mucho más que cada uno de vosotros escuchando, no es lo mismo; o sea, tú estás aquí, te crees que estás solo, bueno, sí, hay gente, pero a mí me da igual, es la otra gente, yo estoy escuchando. No, no te da igual, porque lo quieras o no, tu corazón se está comunicando con los demás, y esto es otra cosa que trae loco al mundo científico. O sea, que yo no puedo parar la acción de mis vísceras con las otras vísceras, no. O sea, no todo depende de nosotros. Y eso es lo que a mí me parece también que es fascinante: es una gran conexión que escapa a mi control. O sea, que fijaros, ¡qué bonito, no! Y es donde insisto que aquí pues tiene que haber muchas más voces que ayuden a, a seguir avanzando desde la línea en la que la ciencia se tiene que parar, que es todo esto, no. ¿Qué significa que aquí los corazones se hayan sincronizado? No son los fascinantes del punto de vista numérico. ¿Qué significará todo eso? ¡Es tremendo! Por ejemplo, el mundo sufi se pronunciaba mucho sobre ello. Pongo otra vez, ah, este, ¿lo ves? Este es el ejemplo de lo que os contaba antes: un grupo de músicos, ah, que no está, un grupo de músicos está haciendo música, está bailando, un grupo de gente está trabajando, y los corazones, puedes poner la presentación por fin, y los corazones se comunican. Este experimento se hizo en un grupo de músicos donde tenían que improvisar música y se medía sus corazones; en grupo de diferentes personas tenían que improvisar, y entonces, pues en esa improvisación había unos que se seguían más que otros, no, o que, que interaccionan más en esa improvisación; curiosamente eran aquellos cuyos corazones se habían sincronizado más. Yo no sé si es que el corazón se sincroniza y por tanto me comunico más, o me comunico más y el corazón se sincroniza; me da igual lo que sea ahí, pero fijaros, ¡qué bonito, no! ¡Cómo hay esa emergencia de nuestros cuerpos! Sabemos que los cerebros, esto ya lo sabíamos, que lo dijimos además el año pasado, ¿verdad? Que los cerebros se contagian, se comunican, y que esto también se hace a través de la pantalla; las personas que ahora nos están viendo de forma streaming también se han contagiado con mi cerebro un poquillo, ¿verdad? Miguel, que estará por ahí en Mallorca, que sé que está viendo, y María Antonia también se ha contagiado de mi cerebro, pero el corazón no, el corazón no se ha visto que se sincronice por zoom, vale. Pero el cerebro sí, el cerebro sí. Y ya para acabar, para acabar, ¿qué hora es? ¡Jo! ¿Has visto, María? ¡Qué bien de tiempo! Para acabar, hay una teoría científica, vale, yo todo lo que os he contado es solo científico, por eso os digo que luego hace falta otras voces que vengan de otras posiciones que, que, que, que no conocemos, las que somos o yo, tremendamente inculta, que nos puede ayudar. Pues hay una teoría científica que, eh, eh, que yo apoyo, eh, profesionalmente, la mayoría de la comunidad científica establece que la consciencia la crea el cerebro. Ahora, pues, vale, ha hecho una concesión al resto de los, pero solo como soporte del cerebro. Pero hay un debate que es muy interesante, no, dice: “Vale, eh, la consciencia, la, el cerebro, el cuerpo, la, lo crea la consciencia”. Hay una de las visiones, no, en las que pues yo me posicioné más durante un tiempo porque me, me ayudaba en esta incomodidad, no, de pensar que solo pues la materia es la que crea esa consciencia, que no explica muchas evidencias que se ven, y es da lugar, yo siempre que me escuchéis, veo la esta zona es la más involucrada en la memoria, esta red neuronal da lugar a esto; yo no utilizo como se utiliza normalmente: “El hipocampo crea la memoria”, esta red cerebral crea tu estado de alegría o de tal; yo creo que “dar lugar” es una posición un poco más cómoda. Yo no digo que lo cree, pero sí que también creo que sin este sustrato corporal la consciencia…

No se manifestaría tal y como la conocemos. Yo he estado muchos años en daño cerebral, en lesiones; entonces me encanta esa relación de mente y cuerpo como cosas que pueden ser, según, indistinguibles, que yo las puedo distinguir. Ahora, yo no sé si las puedo separar, al menos en la forma como la conocemos en nuestra vida, pero esta teoría que está desarrollada por Giulio Tononi, que es uno de los neurocientíficos más prestigiosos que tenemos, establece una nueva visión. Él dice: como modelo, vale, tenemos todo esto; hemos observado que el cuerpo, pues, actúa. Pues vale, yo estoy haciendo una cosa y es verdad que mi cuerpo cambia; hago otra cosa y mi cuerpo… ¡Oye!, pues están relacionados obviamente. Entonces, nosotros, por ejemplo, en el laboratorio estudiamos lo que se llama los correlatos neuronales de la consciencia: cuando yo hago una cosa, el cuerpo hace esto. Está maravilloso estudiar esa asociación. Ahora, él dice: esto no significa que lo crea, sino que necesita… pues eso, igual que un instrumento. Vale. Y… y entonces esta teoría establece que la consciencia es una propiedad física del universo, igual que existe la masa, igual que existe pues la gravedad; pues hay otra propiedad que es la consciencia. Entonces, él ha creado lo que se llama la teoría de la información integrada, y él ha llegado incluso a sacar una ecuación que se llama ϕ. La ϕ es el grado de consciencia que tenemos. Yo me duermo y mi ϕ baja; yo me despierto, mi ϕ aumenta. A lo largo del día puedo tener más o menos ϕ; hay personas que tienen más ϕ, personas que tienen menos ϕ, pero sobre todo lo que es más impactante para esta, de esta teoría, es que la ϕ es —y esta es la palabra tremenda— compartida. La ϕ es como si fuese el aire que respiramos; yo lo respiro, entra en mí, lo transformo, sale con mi, con mi dióxido de carbono, sale con, con parte de mí y lo hecho, sale, y el otro lo respira. ¿Y qué es lo que respira ese aire? Fruto de la respiración de todos. Entonces, él habla de esa ϕ que es global, habla de una ϕ que es humana, todo esto científicamente. Vale. Entonces, esa ϕ entra en mí, yo tengo más, tengo menos según el día, no, pero esa ϕ es producto de la interacción de ϕ con todos los seres por los que ha ido pasando ϕ, de tal forma que —y él lo dice, y yo lo he conocido a él, he estado con él en la Universidad de Madrid— cuando la ϕ entra en ti, la transformas, y cuando la ϕ entra en otra persona, entra la ϕ transformada por la persona en la que estaba. No. Entonces, a mí me encantaba porque me parecía una visión como que fuéramos jarras de agua, no, así lo veía yo, pero hay un agua, y yo soy… Me encantaba cuando antes decía: el traje, sí, soy el traje también; o sea, yo tengo una forma, yo soy Naza, y tengo mis formas de ser y mis cosas, y he tomado esta forma, y este es mi traje que va cambiando, no tal cual, pero tengo traje, pero a vez lo que le contiene va cambiando de unos a otros.

Entonces yo creo que para mí estas teorías —porque sabéis que esto pertenece a un proyecto— hubo un señor muy rico en Estados Unidos que es el señor John Templeton; él era propietario de una mobiliaria en Estados Unidos y era multimillonario, pero una persona a la que le gustaba mucho el mundo científico, pero también era muy espiritual. Entonces, él sabía que hay proyectos de investigación que la universidad nunca te va a financiar. Y entonces él dejó, fundó antes de morir la Fundación Templeton con muchísimo dinero para financiar proyectos que una universidad estándar no va a financiar. Entonces, él hace 5 años —la fundación ya no está— dedicó 25 millones de dólares a intentar demostrar esta teoría. Y entonces ahora mismo estamos en esto, porque es que es un, como un derby maravilloso. Entonces, esta teoría supone una serie de cosas, de hipótesis. Entonces, cinco universidades en el mundo, entre las cuales están cuatro que están completamente en contra de esto, tienen que hacer los mismos experimentos. Y entonces tienen que ir viendo si esta teoría es verdad, o sea, funciona, se, se cumple, o cumple las observaciones, como queramos llamarlo, o no. Entonces, por ejemplo, entre otras está la Universidad de París, que es absolutamente contraria, o es organicista: la mente, la consciencia la genera el cerebro, tal. No, pero tiene que hacer los experimentos igual y tiene que mostrar los resultados, y de momento va ganando la de Tononi. Entonces, yo creo, siempre me he posicionado un poco acerca de la de Tononi. Al fin y al cabo, yo creo que todas son teorías, yo creo que todas son verdaderas y todas son falsas, y realmente a mí me da igual. Lo que pasa es que las implicaciones de esta teoría son mucho más humanas, son mucho más… eh… nos hablan más de ese compartir, hablan más de esa interacción entre las personas, ponen a las personas en un lugar muy protagonista, pero muy humilde. La otra visión, por lo que yo veo, lleva más a una soberbia, lleva más a una falta de, de, de querer, de trascendencia, de querer mejorar. Veo la otra como mucho más, más fría, no. Entonces, yo creo, y por eso pues agradezco tanto estos, estos foros, estos lugares de encuentro, porque yo creo que ahora que estamos en esa época de transición científica, donde está sucediendo todas estas revoluciones, que de verdad que es apasionante ir viviendo el día a día, porque estamos constantemente cambiando las ideas que teníamos antes. Entonces, como nos decía antes Luján, en esa crisis, en estas transformaciones que estamos teniendo a nivel científico, creo que como sociedad, todos, y no solo exclusivamente lo científico, tenemos que apoyar y, y intentar desviar a veces el rumbo hacia teorías que a mí me parezca que son un poco más humanas, no, donde nos alejemos un poco de esa frialdad de manipular todo lo orgánico, donde vuelva, no, a ver ese, ese humanismo. Y pues ya me callo. Si yo tuviera que definir de verdad lo que, pues, lo que yo estudio en el laboratorio, lo que yo veo es intentar, desde la biología, ver esa humanidad compartida. Y muchísimas gracias.