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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. [música]
Lectura del santo evangelio según San Mateo. Gloria a [canto] ti, Señor. [música]
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos, "Cuando aborrecen, no usen muchas palabras como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No sean como ellos. Pues su padre sabe lo que les hace falta antes de que lo pidan. Ustedes oren así. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Porque si perdonan a los hombres sus ofensas, también a ustedes les perdonará a su Padre celestial. Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su padre perdonará sus ofensas."
Palabra del Señor. Gloria a ti, [canto][música] Señor Jesús.
Por si acaso no hemos rezado el Padre Nuestro, hemos escuchado el evangelio donde está el Padre Nuestro. Ya lo rezaremos después. Hoy el evangelio nos presenta la oración más bonita que tenemos, que es el Padre Nuestro. Seguramente en el día rezamos varias veces el Padre Nuestro, pero lo estamos rezando bien, estamos saboreando cada expresión del Padre Nuestro. Tomamos conciencia de lo que pedimos en el Padre Nuestro. ¿Cuántas peticiones tiene el Padre Nuestro, queridos hermanos? Siete peticiones. Les recomiendo que lleven a la oración cada una de [carraspeo] las peticiones. Hay que tomar conciencia de lo que estamos pidiendo en el Padre Nuestro.
Solamente voy a fijarme en la primera petición, que es quizás, a mi concepto la más importante, es la que marca la pauta de las otras peticiones. ¿Cuál es la primera petición que hacemos en el Padre Nuestro, queridos hermanos? A ver, póngase de acuerdo. Santificado sea tu nombre. ¿Cuál es la primera petición? Santificado sea tu nombre. Y como les he dicho, para mí es la más importante. ¿Por qué? ¿Qué estamos pidiendo si Dios es santo, Dios es infinitamente santo, es tres veces santo, dice la Biblia. ¿Cómo yo voy a santificar a Dios? Es al contrario, Dios nos santifica. Entonces, ¿qué estamos pidiendo cuando decimos santificado sea tu nombre? Si Dios es infinitamente santo, yo no santifico a Dios. Dios me santifica a mí. Estamos pidiendo, hermanos, que Dios nos haga santos para que la gente cuando vea nuestro comportamiento de gloria a Dios, santifique el nombre de Dios en el sentido de que dé gloria a Dios, porque va a ver cómo estamos viviendo nosotros. Eso es lo que pedimos en primer lugar en el Padre Nuestro. Pedimos la gracia de ser santos para que las personas que nos vean digan, "Dios es santo." Ese hermano que viene a misa, ese hermano que reza todos los días, ese hermano que lee la Biblia, qué bien que se porta. Gloria a Dios. Eso es lo que estamos pidiendo en la primera petición, coherencia, testimonio.
Y si nosotros acogemos las gracias que Dios nos da para ser santos, entonces, por ejemplo, vamos a perdonar de corazón, que es otra petición que hay en el Padre Nuestro. En el Padre Nuestro le pedimos a Dios que nos perdone porque nosotros estamos perdonando. Hermanos, acojamos todas las gracias que nos da Dios para ser santos. En la primera petición, repito, estamos pidiendo al Señor todas las gracias para ser santos y nos estamos comprometiendo a acoger esas gracias para que nuestra vida sea una vida coherente, de tal manera que todos aquellos que nos vean, que nos traten, den gloria a Dios al ver cómo hablamos, cómo tratamos a los demás al ver nuestro comportamiento.
En la vida de San Francisco de Sales, y con esto ya termino, se cuenta que la gente al ver como él trataba a las personas con tanta caridad decían, "¿Qué bueno debe ser Dios si nuestro obispo Francisco siendo un hombre es tan bueno?" Hermanos, reflejemos a Dios en nuestra vida. Pidámosle a la Virgen María, nuestra madre, que nos ayude en primer lugar a rezar bien el Padre Nuestro y también a tomar conciencia de todo lo que estamos pidiendo en la oración más bonita que tenemos, que es el Padre Nuestro. Que así sea.
Hoy jueves eucarístico y sacerdotal vamos a rezar las letanías de la preciosísima sangre de Cristo.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Sangre de Cristo, unigénito del Padre eterno, sános.
Sangre de Cristo, verbo de Dios, hecho hombre, sános.
Sangre de Cristo, el nuevo y eterno testamento, sános.
Sangre de Cristo, vertida hasta la tierra en la agonía, sános.
Sangre de Cristo que corrió en la flagelación.
Sangre de Cristo que brotó en la coronación de espinas. Sán.
Sangre de Cristo derramada en la cruz. Sános.
Sangre de Cristo, precio de nuestra redención. Sános.
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón. Sán.
Sangre de Cristo, en Eucaristía, bebida y purificación de nuestras almas.
Sangre de Cristo, río de misericordia.
Santo sangre de Cristo, vencedora de los demonios. S.
Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires. S.
Sangre de Cristo, valor de los confesores.
Sangre de Cristo, engendradora de vírgenes.
Sangre de Cristo, sostén de los que peligran.
Sangre de Cristo, solaz de los que trabajan.
Sangre de Cristo, consuelo de los afligidos.
Sangre de Cristo, esperanza de los penitentes.
Sangre de Cristo, alivio de los moribundos.
Sangre de Cristo, paz y gozo los corazones.
Sangre de Cristo, garantía de vida eterna.
Sangre de Cristo, liberadora de las almas del purgatorio.
Sangre de Cristo, dignísima de toda honra y gloria.
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, perdonanos.
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, escúchanos.
Seor.
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Nos redimiste, Señor, con tu sangre de nosotros.
Oremos. Omnipotente y empiterno Dios, que constituiste tu unigénito Hijo, redentor del mundo y quisiste aplacarte con su sangre, te suplicamos nos concedas venerar de tal modo el precio de nuestro rescate, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo de su fruto eterno. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Rezamos por la santificación y multiplicación de los sacerdotes. Decimos, Padre celestial, para mayor gloria de tu santo nombre, te ofrecemos al verbo encarnado, que acabamos de recibir en el sacramento de su amor y en quien tienes todas tus complacencias. Nos ofrecemos en su unión por manos de María Inmaculada, por la santificación y multiplicación de tus sacerdotes. Derrama en ellos tu divino espíritu. Enciéndelos en amor a la cruz y haz muy fecundo su apostolado. Amén.
Escuchemos, hermanos, la meditación que toca hoy en este mes de junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús. Día 18o. Corazón de Jesús, deseo de los collados eternos. Collado es sinónimo de colina. Los collados eternos es una forma de hablar sobre el cielo. Hace referencia al hecho de subir a una colina y contemplar un paisaje hermoso que nos deja extasiados. Decir que Jesús es el deseo de los collados eternos es una expresión que nos habla del deseo del cielo. Es bueno remarcar que el cielo es estar con Jesús por toda la eternidad. Nosotros debemos aspirar siempre a alcanzar el cielo nuestra patria eterna. Pero ese aspirar al cielo debe concretarse en una vida que agrade corazón de Jesús. Acá en la tierra, viviendo en el corazón de Cristo, tenemos un anticipo del cielo.
Propósito de hoy, llevar a la oración algún pasaje bíblico que nos hable del cielo. Hacemos la oración al Sagrado Corazón de Jesús. Decimos, "Oh Jesús, a tu corazón confío esta intención. En silencio, con confianza, pongamos nuestras intenciones en el corazón de Cristo. Mírala, después haz lo que tu corazón te diga. Deja obrar a tu corazón. Oh Jesús, yo cuento contigo. Yo me fío de ti. Yo me entrego a ti. Yo estoy seguro de ti. Todo lo temo de mi fragilidad, más todo lo espero de tu bondad. Amén."
Hermanos, el evangelio de hoy nos presenta la oración de los hijos de Dios. La oración más bonita que tenemos, el Padre Nuestro. Recemos bien el Padre Nuestro. A veces se mete la paporreta, saboreemos cada expresión. Llevemos a la oración cada una de las peticiones. ¿Cuántas son? Siete. Hoy he explicado solo la primera, que para mí es la más importante. ¿Cuál es la primera? Santificado sea tu nombre. Nosotros, por si acaso, no santificamos a Dios. Dios nos santifica a nosotros. Dios es infinitamente santo. En la primera petición le estamos pidiendo a Dios todas las gracias para ser santos, de tal manera que nuestra vida sea una prédica y así la gente que nos vea diga, "Ese hermano que es practicante, que es católico, ese hermano, qué bien se porta. Gloria a Dios. Yo también quiero ser como ese hermano." Hermanos, pidámosle a la Virgen que nos ayude a vivir todas las exigencias que trae el Padre Nuestro, siendo la primera colaborar con Dios, porque Dios nos quiere santos.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, Dulce Corazón de María, sea la salvación del alma. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Con tu espíritu. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz.