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Dos puntos para nuestra reflexión.
Mañana, con la Eucaristía que se celebra antes de las 12 del día, estaremos dando por terminado todo el tiempo litúrgico ordinario que la Iglesia ha celebrado a lo largo y ancho de este año 2025, y que su palabra ha sido fecunda, esperanzadora. Por su palabra hemos podido recuperar la vida que se nos va hundiendo y que se nos va confundiendo en medio de los pesares, de las tristezas, de las desilusiones de la vida.
Pero al cierre de esta semana hemos venido escuchando la profecía de Daniel y hemos escuchado unas palabras terribles, unas palabras fuertes, unas palabras que en el fondo no terminan por ayudarnos mucho, porque ciertamente es un lenguaje todo él envuelto en lo que la iglesia ha llamado el final de los tiempos o la revelación del juicio final. Este trocito que hemos escuchado del capítulo 7 de la profecía de Daniel nos describe cómo hay una manifestación de bestias, de dragones, de animales que se escapan de nuestro imaginario normal porque son descritas de una manera brusca, de una manera pesada. Y hay que contextualizar la manera como el autor quiere llevarnos a nosotros a un aprendizaje muy bello de lo que tiene su mensaje. Vamos a describir como algunos detalles de esta lectura.
Daniel tiene una visión. ¿Quienes tienen un poquito de memoria espiritual, recuerdan esa lectura tan bella de ayer? Cuando Daniel, en una convicción absoluta por lo que Yahvé haría sobre él, no teme seguir profesando su fe en Dios, aunque Darío, como rey, legitime unas leyes de que no se puede adorar a un a un Dios distinto de él. Y Daniel es lanzado donde están los leones para que sea despedazado y Daniel sale totalmente favorecido. Claro. ¿Quién no va a tener una visión divina cuando ha confiado en el Señor? ¿Quién no va a ser capaz de leer como una fidelidad absoluta y segura de Dios? Cuando yo lo único que he hecho es decir, "Leve a mi Dios, que se me caiga el mundo encima, pero yo mantengo mi fe y mi confianza solamente puesta en ti, mi hacedor, mi creador, mi liberador, mi Dios y mi todo."
Y esa visión, esa visión que tiene Daniel lo lleva a darse cuenta de cómo, fíjense cómo nos está describiendo cuatro bestias agresivas, violentas, que se acercan para hacer el mal. Los cuatro imperios dominantes del tiempo de la época. Y estos cuatro imperios aseguraban y amenazaban con destruir al pueblo de Dios, el pueblo elegido. ¿Y a qué nos está llevando Daniel, mis queridos amigos, a entender esto, que el juicio del mundo, que el acontecer de la historia, que nuestra propia vida, por más que pase por momentos duros, por más que sea rodeada por los imperios del mal, nuestra vida estará protegida y resguardada por Dios?
Nos describe la figura de un hombre anciano con barbas purísimas. Nos está asegurando que el dueño del tiempo y de la historia es de Dios. Nos está describiendo a un cordero inmaculado que ha derramado su sangre como signo de purificación y de limpieza. Cristo el Señor, que a precio de sangre en la cruz se ganó la misericordia de Dios para entregárnosla a nosotros. Nos describió un trono celestial para indicar que por encima de esta tierra donde los seres humanos están persiguiendo, dañando y acabando con la obra de Dios, por encima de esta tierra está la soberanía y está el poder y está la glorificación de Dios. Y por eso entonces no hay que temer, porque esta obra es de Dios.
Yo los invito para que ustedes hagan una lectura de lo que es su vida. ¿En cuántos momentos ustedes han sentido que no van más porque hay pruebas, porque hay enfermedades, porque hay persecuciones, porque hay desaciertos, porque hay traiciones, porque hay enfermedad, porque hay desilusión, porque parece que se juntarán todas las fuerzas para derrumbarnos? Y sin embargo, somos capaces de levantar cabeza, como terminaba de hermoso ayer el evangelio. Cuando esté sucediendo todo esto, levántense, alcen su mirada al cielo, porque llegó el momento de su liberación, porque llegó el momento de que ustedes también se la gocen. Porque llegó el momento en el que ustedes puedan decir: "El mal ya pasó. La bendición de Dios ha llegado a mi vida y como he sido fiel, soy capaz de dar testimonio de que aún atravesando los mares y los desiertos más tristes de mi vida, Dios nunca me dejó solo."
Ese es Daniel, el que tiene la visión. Y ojo, la visión no es de esos que se mantienen por ahí haciendo alusiones a que son privilegiados, que son bendecidos, que nunca oran, nunca están en comunión con la iglesia y de que tienen visión de que hay brujería, hay duendes, hay no sé qué y no sé dónde. La visión nos la da Dios cuando en oración, cuando en fidelidad, cuando en servicio, cuando en amor, nos disponemos a obedecerle solo a él y no a las doctrinas y no a las profesiones por ahí que van soltando tan libremente por fuera para confundirnos y llenarnos de miedo. La visión solamente la tiene un hijo de hombre que en dirección hacia Dios quería ser única y exclusivamente su voluntad.
Segundo punto de reflexión. El evangelio de Lucas nos está señalando algo que es muy lindo y que se los quiero compartir a ustedes. Miren, no podemos perder nunca la confianza en Dios. No podemos perder nunca la posibilidad de que mañana algo bonito nos puede pasar. Hace algunos años, un candidato a la presidencia de la República decía esto que me parece bonito, porque "mejor es posible". Esa frase, aunque humana, encaja con este evangelio cuando Jesús les va a decir a los discípulos: "No tengan miedo. Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos." El reino está llegando, el reino está aconteciendo hoy en ustedes. Y va a colocar ese ejemplo tan lindo cuando va a decir: "Fíjense en la higuera." Cuando empieza a echar brotes, ustedes no son capaces de entender que viene pronto el fruto, que viene pronto el momento de la cosecha, pues el reino de Dios ya está entre ustedes. Íbanlo, aprovéchense de él, confíen y sepan que aunque no lo vean a la manera y ni en el tiempo de ustedes, ese reino acontece, ese reino está actuando, ese reino está operando aquí y ahora.
No nos podemos dejar desestabilizar, no nos podemos dejar llevar por una convulsión mundial en la que ciertamente vivimos. Muchachos, por Dios, el mundo no está estático. El mundo no está sometido al capricho de una voluntad humana. La historia humana se tiene que mover, tiene que evolucionar, tiene que transformarse. Más aún, la historia humana necesariamente tiene que entrar en momentos de crisis, porque solamente una crisis la lleva al cambio y los cambios nos hacen caer en la cuenta que era necesario mirar la vida de otra manera. Una vida plana, una vida cuadriculada, una vida simplemente como arraigada a una ley inamovible, termina siendo una vida obsoleta, una vida rutinaria, tediosa, una vida donde ni siquiera nosotros sabemos para qué vivimos.
La historia humana, el cosmos, el universo, la creación, el mundo, el hombre, Dios, no están quietos, están trabajando, están obrando. Y ahí entramos nosotros para entender que en medio de todo no podemos perder nuestra esperanza. Tan lindo cuando Jesús va a decir: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." ¿Y cuál es la palabra que no va a pasar nunca? Algo muy hermoso, algo muy pleno, algo que nos tiene que llenar a nosotros hoy de ganas de seguir adelante. Y fíjense esto tan hermoso que Jesús nos asegura: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos." Si aprendiéramos a creernos esto, caramba, no nos levantaríamos de capa caída, quejándonos, mortificándonos y dejando que otros vivan por nosotros. Yo no sé si tuviste una pesadilla o si no pegaste el ojo en toda la noche, pero yo sí sé que en esta primera hora de la jornada, que en esta primera hora del día, el Señor nos está diciendo: "Yo estoy contigo."
Fe y confianza que todo esto pasará. Que el Señor nos dé su gracia para que, como testigos de su amor, para que como pregoneros de la esperanza, avancemos en la transformación de este mundo tan necesitado de buenas noticias, tan urgido de corazones serviciales, tan escaso de manos que se unen para levantar a los que viven en tanta soledad. Ánimo, pues, confianza y fe en el Señor, que él madrugó a prepararnos este día para que lo vivamos de la mejor manera. Así sea.
Ja.
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