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Estamos celebrando hoy la fecha más importante de la cristiandad. Este es el evento más importante. ¿Lo sabía? No es Navidad. Y nos gusta Navidad, nos gustan las decoraciones, nos gustan los regalitos, la comida en familia, pero tengo que decirte, el día más importante para el cristianismo es el día de resurrección. ¿Sí? ¿Por qué? Porque te aseguro que Jesús no fue el primero que nació, probablemente en un pesebre. Es probable que no haya sido el último tampoco, pero definitivamente es el único que murió por nosotros, que se levantó al tercer día, que agarró las llaves de la muerte, nos dio libertad y hoy nos da esperanza y una vida eterna. Dele la gloria a Dios porque Cristo está vivo y solo él está vivo. Escucha nuestras oraciones, nos ama, nos sigue, nos persigue, nos envuelve con amor y nos alcanza y nos da una esperanza de vida que nadie más nos da. Por eso es que estamos aquí celebrando el nombre de Jesús. Amén.
Ahora, en esos días, en ese gran día de la resurrección, las mujeres van a la mañana. Usted conoce la historia, ¿verdad? Después de todo el sufrimiento que Jesús tuvo, los discípulos se empezaron a dispersar hasta el domingo a la mañana. El domingo a la mañana las mujeres tomaron la delantera. ¿Dónde están las mujeres valientes de desarrollo cristiano? Las mujeres se levantaron temprano. Era obvio, ¿no? ¿Cuántas mujeres se levantan más temprano que sus maridos? Cuando pueden, un sábado. La cuestión es que estas mujeres se levantaron temprano, fueron a la tumba, se encontraron con el ángel, la tumba vacía y fueron a dar la noticia. Y todos los discípulos se alteraron porque no podían creer, no les no podían creer lo que Jesús ya había dicho. Y de verdad que era difícil de creer que él había vuelto a la vida. Y entonces se juntan, va Pedro a la tumba y se juntan los discípulos. Pero hay dos discípulos, dos seguidores de Jesús que me llaman mucho la atención y vamos a leer la historia de ellos. Porque es una historia que sé que nos afecta de muchas maneras. Así que acompáñeme al evangelio según San Lucas, capítulo 24. Vamos a leer a partir del versículo 13. Hoy vamos a leer la versión NTV, Nueva Traducción Viviente. Dice así: "Ese mismo día, dos de los seguidores de Jesús iban camino al pueblo de Emaús, a unos 11 km de Jerusalén. Al ir caminando hablaban acerca de las cosas que habían sucedido. Mientras conversaban y hablaban, de pronto Jesús mismo se apareció y comenzó a caminar con ellos. Pero Dios impidió que lo reconocieran."
Dice la Biblia que tenían los ojos como tapados para no poder verlo. Él les preguntó: "¿De qué vienen discutiendo tan profundamente por el camino?" Se detuvieron de golpe. Es como esas preguntas como ser, o sea, de verdad me estás preguntando esto. Se detuvieron de golpe con sus rostros cargados de tristeza. Entonces uno de ellos llamado Cleofas contestó: "Tú debes ser la única persona en Jerusalén que no oyó acerca de las cosas que han sucedido allí en los últimos días." "¿Qué cosas?", preguntó Jesús. Las cosas que le sucedieron a Jesús. El hombre de Nazaret, diga conmigo, hombre. Hombre, el hombre de Nazaret, dijeron, era un profeta que hizo milagros poderosos y también era un gran. Te estoy haciendo repetir estas palabras porque son importantes cuando empecemos a hablar de este mensaje. Sí, era un gran maestro a los ojos de Dios y de todo el pueblo. Sin embargo, los principales sacerdotes y otros líderes religiosos lo entregaron para que fuera condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros teníamos la esperanza de que este fuera, de que fuera el Mesías que había venido para rescatar a Israel. Todo esto sucedió hace 3 días. No obstante, algunas mujeres de nuestro grupo de seguidores fueron a su tumba esta mañana temprano y regresaron con noticias increíbles. Dijeron que el cuerpo había desaparecido y que habían visto a ángeles quienes les dijeron que Jesús está vivo. Algunos de nuestros hombres corrieron para averiguarlo y efectivamente el cuerpo no estaba tal como las mujeres habían dicho. Entonces Jesús les dijo: "Qué necios son. Les cuesta tanto creer todo lo que los profetas escribieron en las Escrituras. ¿Acaso no profetizaron claramente que el Mesías tendría que sufrir todas esas cosas antes de entrar en su gloria?" Entonces Jesús los guió por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de él mismo. Para entonces ya estaban cerca de Emaús y del final del viaje. Jesús hizo como que iba a seguir adelante, pero ellos le suplicaron: "Quédate con nosotros esta noche, ya que se está haciendo tarde." Entonces los acompañó a casa. Al sentarse a comer, tomó el pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos. De pronto se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y en ese instante Jesús desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: "¿Qué dijeron? No ardía nuestro corazón. No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras." En menos de una hora estaban de regreso a Jerusalén. Allí encontraron a los 11 discípulos y a los que se habían reunido con ellos, quienes decían: "El Señor ha resucitado de verdad. Se le apareció a Pedro." Luego los de Emaús les contaron cómo Jesús se les había aparecido mientras iban por el camino y cómo lo habían reconocido cuando partió el pan.
Incline su cabeza. Señor, te damos toda la gloria a ti. Nos humillamos ante ti, nos postramos ante ti. Y te ruego, Señor, que tu Espíritu Santo guíe todo lo que vamos a hablar, Señor, esta mañana. Te pido, Señor, que toques el corazón, los oídos de mis hermanos para que puedan tener revelación tuya, Señor, de tu palabra y que guíes mis palabras para que nada de mí salga, Señor, sino que sea lo tuyo de tu reino, de tu trono, Señor, que transforme nuestras vidas y nuestros corazones en el nombre de Jesús. Amén. Amén.
¿No te arde el corazón al escuchar esta historia? Al leer la palabra, porque la palabra de Dios tiene vida. Por eso es que Jesús le dijo: "Les cuesta tanto creer en la palabra, en lo que está escrito." Cuando nosotros escuchamos la palabra y arde en nuestro corazón, es porque el Espíritu Santo está revelándonos algo, está hablándonos algo. Y de eso se trata este mensaje, de preguntarte si no te arde el corazón cuando sabes y sabes que Jesús está vivo. Amén. Amén. Así que mira al que está a su lado y pregúntale: "¿No te arde el corazón?"
Estos dos discípulos es interesante. Son dos discípulos que no son de los apóstoles. Son discípulos que acompañaban el grupo de Jesús, pero no los escogidos como apóstoles. Y es muy interesante esto. Uno de ellos se llamaba Cleofas y del otro ni siquiera tenemos el nombre. O sea, que no eran personajes principales de la película, por decirlo así. Sin embargo, vemos que aunque no eran famosos, tal vez no eran los líderes, no eran los importantes, Jesús fue por ellos y se encontró con ellos en el camino de Emaús. Fue el mismo domingo. Ellos no aguantaron quedarse en Jerusalén. Y cuando yo veo esta historia, yo a veces me siento identificado con estos dos peregrinos, estos dos hermanos, estos dos seguidores de Jesús que se volvieron a su casa, se volvieron para atrás. ¿Por qué? Porque tenían el corazón lleno de angustia, de tristeza. ¿Has sentido alguna vez te ha pasado que no has podido respirar bien, que te da ese ataque como de pánico, de qué, cuando la frustración te sobrepasa, cuando estamos frustrados que no hay nada que podamos hacer, que sabemos que no hay nada que podamos hacer para cambiar la situación y quisiéramos poder hacer algo y esa desilusión, esa frustración nos ahoga. ¿Habrá alguien que me entienda lo que estoy hablando esta mañana? Levante su mano. Si usted ha estado en ese lugar que ha estado frustrado, decepcionado, sí. Levante su mano, no se quede sin si usted ha estado ahí, si me entiende lo que estoy hablando, porque este mensaje tiene mucho que ver para ti. Ellos habían perdido una esperanza que habían tenido y que habían atesorado mucho. Después de tantos siglos, el Mesías parecía revelarse y ahora de pronto lo ven crucificado, lo ven golpeado, ven como se han burlado de él, como lo han paseado por las calles de Jerusalén a una semana de que la gente lo aclamara y pensaban que lo iban a coronar al rey. Ellos tuvieron una esperanza y la perdieron de golpe. Y yo sé que muchos de ustedes entienden de lo que estoy hablando. Tener esa esperanza de pensar que finalmente esa familia que anhelábamos se iba a dar y no se dio. De saber de la esperanza que a veces tienen esos papás que buscan tener un hijo y ven que el niño empieza a crecer en el vientre y el embarazo no llega a término y se pierde la esperanza. La esperanza de aquel que con mucho esfuerzo trata de poner un negocio, una compañía y las cosas no salen como uno lo esperaba y tiene que darse a la quiebra o cerrar el negocio. Aquel que estaba haciendo un trámite inmigratorio y todo iba bien y de pronto un error del abogado, un cambio en una ley y todo vuelve para atrás y pareciera que siempre se complican las cosas, las relaciones, a veces amistades, a veces amigos, a veces la iglesia que pensamos que habíamos encontrado el lugar y de pronto nos chocamos con ciertas cosas, a veces salimos a trabajar pensando que vamos a hacer lo mismo de todos los días y un accidente nos sorprende o a nosotros o algún familiar y nos cambia la vida para siempre. A veces en el ministerio también pasa que uno piensa que encontró el lugar correcto donde servir a Dios y de pronto Dios te dice: "Bueno, ahora te toca hacer otra cosa." Y uno siente esa frustración a veces de tener que dar pasos que no quiere dar, pero no te queda otra. Esta gente estaba así, eh, tenían un sueño y lo estaban perdiendo. Tenían un proyecto y lo vieron derrumbarse. ¿Verdad que estuviste ahí? Creo que todos hemos estado ahí en algún momento, aún los jóvenes han estado ahí en algún momento y muchos de nosotros llegamos a esa situación en la que sentimos que hemos invertido tiempo en algo que no funciona, que no va a funcionar y que hemos perdido ese tiempo. Ah, lo peor es que generalmente llegamos ahí sin saber qué hacer, sin estrategias, sin recursos, sin saber qué decidir. Dice que a estos hombres se les notaba la tristeza en la cara. Y si no has visto caras tristes, yo te animo que vayas a un shopping mall, a una tienda, que te pongas a caminar a un parque y mires la cara triste de la gente. La desilusión, hermano, nos quita la esperanza. La frustración hace que hagamos lo que hicieron estos dos discípulos. Lo más humano que pudieran hacer, volverse atrás, alejarse del grupo y volver atrás. Pero no podemos volver atrás porque cuando volvemos atrás somos presa fácil del enemigo. Y dice la Biblia que empezaron a discutir en el mismo camino. Dice que Jesús le dijo: "¿Por qué discuten profundamente de todo esto?" Y déjeme hacer un paréntesis aquí porque te estoy hablando de desilusiones. Y hay algunos que llegaron esta mañana desilusionados con la iglesia. Desilusionados con la institución como tal, porque tal vez te lastimaron, porque decidiste no creer más. Yo te quiero pedir perdón en el nombre de Jesús por lo que haya sucedido y por favor te ruego que entiendas que no somos perfectos. Los que estamos liderando somos seres humanos con las mismas necesidades y problemas que tú. Somos imperfectos. Si alguien te hizo daño, de verdad, en el nombre de Jesús, con sinceridad en mi corazón te pido perdón, pero tienes que volver a creer. No puedes dejar que lo que pasó ayer marque tu futuro y te defina como persona y defina la bendición de tu hogar y de tu familia en el nombre de Jesús. Amén.
Estos se fueron y estaban peleando. ¿Por qué estaban discutiendo y por qué esta gente había vuelto atrás? Y acá es donde yo me empiezo a identificar, porque por mucho tiempo yo estuve en este lugar que te voy a describir. Y creo que algunos de nosotros seguimos ahí y algunos de los que nos están viendo por las redes están ahí. Dice el versículo 19 que ellos dijeron que era un el hombre de Nazaret. Diga conmigo, hombre. Que era un profeta y que era un gran maestro. Eso significa que esta gente no tenía la revelación completa, tenía una revelación incompleta de quién era Jesús. Ellos no habían entendido que Jesús era Dios, que era el todopoderoso encarnado, que aparte de ser 100% hombre, era 100% Dios. Algo difícil de entender. Ellos simplemente creyeron que era un profeta más que hacía muchos milagros. Y es lo que nos pasa a muchos cristianos que asistimos a la iglesia, cristianos que seguimos, que por ahí siguen a Jesús, cristianos que a lo mejor están trabajando parados ahí con mujeres como maestras o en distintos lugares, en distintas iglesias, pero no han tenido una revelación completa, no han tenido un encuentro con el Jesús resucitado y no han entendido que él es el Rey de Reyes y Señor de Señores. Hay gente que se llama cristiana y ve a Jesús como un profeta, como un maestro, como un hombre poderoso. Te tengo que decir que Jesús está vivo. Está sentado en el trono a la diestra del Padre. Él está, él es todopoderoso y él cambia las vidas. Él cambia las vidas. Me sorprende lo siguiente. Ellos ya sabían que a la mañana las mujeres habían ido al sepulcro y que el cuerpo no estaba. Y escucharon decir que Jesús había resucitado, pero se negaron a creer. Y algunos de nosotros, a pesar de que venimos a la iglesia y que si te pregunto me vas a decir: "No, si yo soy cristiano." Todavía te niegas a creer. Te niegas a creer que Dios tiene un propósito más grande para tu vida que lo que estás viviendo hoy. Te niegas a creer que si te entregas y renuncias a ti, Dios va a darte una vida mejor de la que tienes. Porque escuche, la semilla que no muere no da fruto. Y a veces tenemos que renunciar a nuestra propia manera de ser, a nuestros caprichos. Y hay algunos que se paran y dicen: "No, pero yo soy una buena persona, soy un buen tipo, yo ayudo al que puedo y hago y ¿quién te dijo que eso es lo que Dios considera?" Bueno, la verdad es que la Biblia dice, declara que no hay justo ni uno, porque la paga del pecado es muerte. Y de eso fue lo que nos liberó Jesús. La única manera en que vas a ser una persona justa es que la sangre de Cristo, el sacrificio que él hizo, te justifique a los ojos de Dios. Porque al fin de cuentas es Dios el juez, ni yo ni nadie en esta tierra. Es él, es el Padre. Amén.
Ellos sabían que había resucitado o habían escuchado, pero se negaron a creer. La la la no sé, la ansiedad les ganó, la incredulidad. Es que es difícil creer cuando alguien te falla. Es difícil seguir yendo a la iglesia cuando el que te falla son los líderes, el pastor, como te lo dije recién. Es difícil seguir creyendo cuando estás haciendo las cosas bien para Dios y las cosas salen mal de todas maneras a tu criterio. Y uno se enoja con Dios y le da la vuelta a la espalda a Dios como si Dios te hubiera fallado. Pero tengo que decirte que el plan de Dios es soberano y Dios sabe todas las cosas y si creemos en él y entendemos quién es él, vamos a confiar aún en medio de la tormenta, aún en medio de la crisis, aún en medio de los momentos difíciles de nuestra vida. Y él nos va a sacar adelante porque cada prueba es un proceso que nos levanta y dice su palabra que a los que amamos a Dios todas las cosas nos ayudan a bien. Amén. Es una cuestión de fe. A mí me llama mucho la atención que ellos hayan escuchado la posibilidad de que Jesús estaba vivo, que Jesús estuviera vivo y ni siquiera se quedaron para saber. ¿No te pusiste a pensar eso? Dice que habían escuchado, sabían que Pedro fue y el cuerpo no estaba y se fueron de todas maneras. Yo me hubiera quedado a ver y a ver, total una tarde más vemos qué pasó, ¿sí o no? Yo creo que pueden haber sido dos cosas. Primero, miedo, muy probablemente miedo a que el asunto de que el cuerpo no estuviera trajera una represalia o una persecución de parte de los soldados romanos. Es una posibilidad. Y tengo otra teoría también. Esto no es teología. Son teorías. La otra es que tenían que trabajar al día siguiente. A poco nunca faltaste a la iglesia porque tenías que trabajar al día siguiente. No sé de qué te reíste. Es la posibilidad más grande. Sí, es la posibilidad más es la más posible que la ansiedad por el mañana los haya invadido. Digan: "Bueno, esto se acabó. Jesús se murió. Lo crucificaron. Volvamos a casa porque la tienda alguien tiene que hacer, alguien tiene que atenderla y hay que vender los frijoles esos que compramos." Yo quiero que entiendas esto. Cuando nos encontramos con el Cristo resucitado, el Cristo verdadero, no el de la cruz que está vencido, sino el Cristo que resucitó, que conquistó la muerte por nosotros, tu vida cambia. Cuando te encuentras con Jesús, tu vida cambia. Tiene que cambiar porque él trae una revelación, trae una manera de mirar la vida, trae una perspectiva de vida tan distinta que transforma nuestros pensamientos más profundos, nuestros deseos, nuestros sueños y no queda otro camino que entregarse a él, porque podemos confiar que él es nuestro pastor, que nos cuida, que nada nos falta, que en él estamos seguros. A los ojos de la sociedad esto parece una locura y como decimos a veces, yo digo en chiste, nosotros dicen por ahí que estamos medios locos, pero en realidad estamos locos completos porque no hacemos nada a medias. Pero esto parece una locura a la gente. Pero de eso se trata el evangelio, de confiar en la buena noticia de que Cristo resucitó y que un día pronto viene a buscarnos y nos encontraremos con él. Amén. Y celebraremos las bodas del cordero y veremos el reino de Dios establecerse. Amén. Lo veremos con nuestros ojos. Yo lo creo. Amén.
Ahora, Cleofas y su amigo no eran del grupo íntimo de Jesús y aún así Jesús se les cruzó en el camino. Y te lo quiero hacer énfasis. ¿Sabes por qué? Porque él se desvió solo por ellos y muchos de nosotros hemos pasado por etapas y tal vez estás ahí ahora. Esa etapa en la que sientes que tú eres que eres invisible, ¿te ha pasado? Que somos del montón, que no hay nada especial en nosotros, que lo que hemos intentado a lo mejor ha fracasado, que hemos intentado probar distintos caminos y las cosas no nos han salido bien y sentimos que nadie nos mira, que a nadie le interesamos, que si hoy estamos y mañana no estamos, nadie se va a dar cuenta. ¿Has estado alguna vez en ese lugar? levanta hasta acá la mano hasta acá abajitos. Así, ¿no? Si has estado en ese lugar, este mensaje es para ti también. Porque Jesús se acercó a ellos que eran del montón, que no eran los discípulos principales. Y yo quiero que entiendas eso. Hoy Jesús está aquí en este lugar por ti y está por nosotros. Está por ti, aunque tal vez no te sientas especial, aunque te sientas invisible y aunque el mundo se encargue de recordarnos eso todo el tiempo, él está aquí por nosotros. Él vino a este lugar por nosotros y para nosotros, mejor dicho, nosotros para él somos importantes, somos especiales. ¿Por qué? Porque murió por nosotros. Estuvo dispuesto a ir hasta el final. Aguantó el sufrimiento, los golpes, todo lo que ves en la pasión, en las películas, todo eso lo aguantó para que pudiéramos tener vida eterna. Y sabes una cosa, él está tan interesado que de alguna manera te trajo esta mañana, porque aunque tú creas que llegaste por casualidad, y no le estoy hablando solo a las visitas, le estoy hablando a muchos que habitualmente vienen a la iglesia, que necesitan tener ese encuentro con el Cristo resucitado. Dios te trajo esta mañana para escuchar este mensaje que viene y lo estás escuchando por mi boca, pero viene del corazón del Señor. Él te ve. Él te ve. Puede levantar su mano ahí un instante y decir: "Cierre sus ojos 10 segundos." Digas: "Cristo me ve. Él escucha mi oración. Él responde mis plegarias. Soy importante para el Señor. Gracias, Señor. Gracias. Gracias." No te arde el corazón de saber que él te está hablando. No te arde el corazón de saber que has venido acá con un propósito. Amén.
Lo puedes ver. Te lo pregunto genuinamente, sin sarcasmo, sin ninguna doble intención. ¿Sabes que esta gente, Cleofas y su amigo caminaron con él? No sabemos cuánto, probablemente los 3 años y medio que estuvo Jesús en el ministerio, lo conocieron, vieron los milagros y sin embargo, cuando se les apareció no lo reconocieron. Y a veces nosotros, hermanos, nos pasa lo mismo que ellos. Sabemos que algo está mal, algo no cuadra. Sabemos que algo está sucediendo espiritualmente, pero no terminamos de entenderlo y no reconocemos que es Dios que está obrando en nuestra casa, en nuestro hogar, en nuestro matrimonio. ¿Me entiendes lo que estoy hablando? ¿Cuántos han cuántos han pasado o han estado ahí o están viviendo eso de que saben que Dios está haciendo algo a pesar que no lo entienden? Y a estos muchachos le pasó esto. No se dieron cuenta, dice que la Biblia que sus ojos estaban velados. Lo tuvieron cara a cara, pero no lo pudieron percibir espiritualmente. ¿Sabe por qué? Porque no pudieron prestar atención. Estaban tan distraídos. Este año Dios nos ha hablado a nosotros como iglesia de estar enfocados y a veces estamos enfocados en tantas cosas que Jesús nos habla, camina a nuestro lado y no lo vemos. Y a veces Dios te guardó del accidente y dices: "Uy, casi me muero. Gracias, Señor." Y sigues tu vida sin detenerte a darle gracias a Dios que por un instante no estás del otro lado. Hace unos días, unas semanas atrás, unas cuantas semanas atrás, mis hijos venían en el carro de mi hijo mayor para aquí, para la iglesia a trabajar, a hacer unas cosas aquí en el audio y cruzando esta esquina que está aquí de Russell y Colling Hill, dice que fueron a dar la vuelta, el semáforo les dio en verde y algo hizo que mi hijo clavara los frenos. Dice, dice: "Papi, yo no lo vi, pero frené." Y cuando él frenó, pasó una SUV en semáforo en rojo como a 60 millas por hora, que si le hubieran dado a mi hijo en el carrito pequeño que él tiene, mis hijos no estarían aquí. Hermano, tenemos que abrir los ojos espirituales. Tenemos se tienen que abrir nuestros ojos espirituales para que veamos, para que puedas ver lo que Dios está haciendo en tu vida. No solo en la iglesia, lo que está haciendo en tu familia, en tu casa. Y si todavía no lo estás haciendo, hoy es el día que te acerques a Dios. Él te ha traído aquí para empezar esa obra y cuando él la empieza, la termina en el nombre de Jesús. Dele la gloria a Dios por un instante ahí. Aleluya.
Se miraron el uno al otro cuando partió el pan Jesús y se les desapareció y dijo: "Nos ardía nuestro corazón cuando él nos hablaba las escrituras en el camino." Pero las circunstancias, hermano, a veces no nos dejan ver. Estamos tan ocupados, tan estresados, tan enfocados en la presión de las cosas que tenemos que hacer, que se había adormecido su sentido espiritual, estaban velados sus ojos y no pudieron enfocarse en Cristo porque estaban enfocados en lo malo, en lo que había sucedido el fin de semana. Ellos estaban atrasados, estaban con la noticia de que Jesús había crucificado, había sido crucificado y no se daban cuenta que Jesús ya había resucitado de la muerte. Y a veces nosotros quedamos atrapados en las cosas malas que nos pasaron y no podemos ver que Jesús ya hizo la obra y que las cosas están mejor y que allá no estás atrás en ese lugar de oscuridad donde estabas porque la luz de Cristo llegó. Amén. Necesitamos ver eso. No te enfoques solamente en lo malo. Mira lo malo nada más que para aprender y no repetirlo. Pero no te enfoques porque siempre va a haber cosas malas para enfocarte, para distraerte de lo que Dios está haciendo. Eh, escuche, no te enfoques en las noticias. No te puedo prometer de que las cosas van a mejorar, que no va a haber guerras, porque la Biblia dice que las cosas se están preparando para el regreso de Jesús. Pero también te tengo que decir que tenemos promesas, que no tenemos por qué estar aprisionados en los afanes de esta vida, viviendo vidas que no disfrutamos porque estamos afanados por el billete, por alcanzar, por tener, por comprar. Cuando Dios nos ha dicho que hagamos tesoros en el cielo donde no se corrompen, donde no se arruinan, donde el ladrón no entra y se los roba. Necesitamos reenfocar nuestra vida y tener un encuentro con el Jesús resucitado. Hm. No pases por alto a Jesús. No lo ignores. Es mejor que calles todas las voces a tu alrededor. Está bueno que hagas un ayuno de esto. Vi la Mire, cambió la cara de varios. Eso sí, eso. Ah, que te deshagas de eso por un par de días, te desconectes, que calles las voces a tu alrededor, que te quedes en silencio para que puedas reenfocarte en lo que Dios tiene para ti, porque Cristo te está hablando esta mañana. Él te está hablando. Y yo sé que muchos de ustedes saben que Dios les viene hablando, no ahora mismo, sino desde hace tiempo. Amén. Entonces, escucha la voz de Cristo, escucha la voz del Espíritu Santo, escucha la voz de aquellos que te predicamos y te hablamos y te recordamos que Cristo está vivo, que es un Dios real que responde las oraciones, que nos cuida, que está atento a nuestro clamor. Amén.
Para que lo puedas ver tienen que suceder dos cosas. Y aunque no lo creas, estoy terminando. Vamos a hacerlo cortito. Se nos ha ido el tiempo y tenemos que compartir la cena del Señor. Ah, hay dos cosas que tienen que suceder para que lo puedas ver. La primera es que tienes que invitarlo a casa. Cleofas y su compañero caminaron 11 km conversando con Jesús y no lo dejaron ir. Le dijeron: "Ven a casa." Todavía no se había revelado Jesús hasta que llegaron a la casa. A veces el Señor se revela cuando menos lo esperamos y lo hizo cuando partió el pan. Sí, tienes que invitarlo a casa. Invita a Cristo a la intimidad de tu hogar. Empieza a orar. Busca la palabra del Señor. Busca ayuda si no sabes cómo hacerlo. Te estamos acá para ayudarte a eso. Pero lleva a Cristo a donde quiera que vayas. No alcanza y no vas a ser un cristiano por venir todos los domingos a la iglesia. No vas a ser un buen cristiano por venir los domingos a la iglesia. No alcanza. En este lugar te podemos guiar, ayudar, te podemos enseñar a entender la palabra, pero al final del día eres tú el que le abres el corazón, el que le abres tu mente, el que decide creer y jugársela por fe. Necesitas, necesitas, necesitas invitarlo a tu casa. Segunda cosa que tienes que hacer, tienes que partir el pan con alguien porque fue el momento del partir que Jesús se reveló. Y no hay nada más impactante, nada más impactante que saber que uno es de bendición para otro, de sentir esa ese poder de ser luz, de ver a otro en oscuridad, otro en desgracia más grande que la nuestra y sentir que de alguna manera contribuimos en algún poquito para que esa persona se acerque a Cristo y su vida cambie, porque al final del día yo no te puedo cambiar la vida, no te puedo solucionar los problemas. No puedo pagar tus deudas ni puedo invitar a tu suegra a mi casa. Sí, sorry, I love you, pero no tanto. Con la mía me alcanza. Ah, pero necesitamos compartir el pan. Necesitamos ser de bendición a otros. Ser de bendición a otro es la única manera en que siembras tu pan en la vida de alguien que Dios te cruza en el camino. Sé de bendición. Sé de bendición a la gente. Acércate a Dios y él te va a dar la fuerza para ser de bendición. ¿Sabes por qué? Porque él resucitó y está vivo para que prediquemos, para darnos fuerzas para poder llevar el mensaje de salvación a todo el mundo. Amén.
¿Estás listo? Te hago una pregunta. ¿No te arde el corazón cuando estás escuchando esto? No te arde el corazón. Te está hablando el Señor esta mañana. Póngase de pie, por favor, conmigo. Aleluya. ¿Sabes lo que dijo Job? Job era un hombre que amaba a Dios, hacía oraciones y sacrificios por sus hijos todos los días, pero de pronto enfrentó una cantidad de pruebas tremendas. Y al final de la prueba, cuando vio la restauración venir, dijo: "De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven." Yo te quiero decir esto, hermano. Este mensaje es para todos aquellos que vienen sintiendo la voz de Dios hace días, que a lo mejor vinieron aquí simplemente para cumplir y estar en el servicio de Pascua, pero que necesitan este encuentro con el Jesús resucitado, que están cansados de la vida que van llevando, que se sienten frustrados porque no son ni el hombre ni la mujer que alguna vez anhelaron ser. Y a ti te quiero decir que Jesús está acá para cambiarte la vida, pero tienes que dar el paso de fe.