📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Evangelio día Viernes 14/11/25 - Padre Carlos Rosell - Lucas 18, 1-8 - El juez inicuo y la viuda

Cooperadores de la Verdad (Católico)15:35

Transcription

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola. Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios, ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle, "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se negó, pero después se dijo, "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia. No vaya a acabar pegándome en la cara."

Y el Señor añadió, fijaos en lo que dice el juez injusto. Pues Dios no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche o les dará largas. Les digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, encontrará esta fe en la tierra.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Nuestro Señor Jesucristo, a través de las parábolas nos deja siempre una enseñanza clara. Y la enseñanza de hoy con la parábola de la viuda insistente, la viuda cargosa, es que debemos perseverar en la oración. Hermanos, todos los días hay que rezar. Por ejemplo, a un sacerdote se le pide tener todos los días como mínimo media hora de oración personal. Aparte de la misa, aparte de la liturgia de las horas, aparte del Santo Rosario, todo sacerdote se le pide por lo menos, ¿cuánto? media media hora diaria de oración personal. Los sacerdotes tenemos la gracia de tener siempre cerca un sagrario. Ustedes son laicos y cada uno de ustedes en su situación concreta deben cuidar la oración diaria. ¿Cuánto tiempo tu verás? Se recomienda para un laico de 10 a 15 minutos de conversación personal con el Señor.

Tenemos que ser, hermanos, perseverantes en la oración. Y quisiera compartir brevemente cuáles son los peligros que nos llevan a dejar la oración. Son cuatro. El último es el peor de todos. Vamos a hacer examen de conciencia a ver dónde estamos nosotros.

El primer peligro es lo que llamamos las distracciones. Padre, he dejado la oración porque cuando rezo me distraigo mucho. Hermanos, todos tenemos distracciones. Santa Teresa de Jesús decía que la imaginación es la loca de la casa. Muchas veces se dispara cuando estamos rezando, pero no debemos desanimarnos. Hay que luchar contra las distracciones. Hay que pedirle al Espíritu Santo la gracia de concentrarnos en la oración. E incluso puedes usar tus distracciones para orar. De repente estás rezando y te viene una distracción, lo que vas a hacer en 3 horas. Entonces, pídele al Señor la gracia para que hagas bien aquello que tienes que realizar en 3 horas. Y entonces has usado esa distracción como materia de oración. No hay que desanimarse si vienen las distracciones. Hay que luchar contra las distracciones.

Segundo peligro, la aridez. Padre, he dejado la oración porque no siento nada. Me siento como un tronco seco. A todos nos puede pasar. Más aún han habido santos que años han estado en ese estado de arides. Por ejemplo, la madre Teresa de Calcut, ella misma lo cuenta, no sentía nada, pero nunca dejó de orar. Hermanos, puede ocurrir, ya lo he dicho, que no sintamos nada en la oración. Estamos pasando por un desierto, ya llegaremos al valle. El Señor está probando nuestra fe. No debemos dejar nunca la oración. Pidamos la gracia de perseverar. Lo peor que podemos hacer es dejar la oración. Más aún cuando rezamos en ese estado de arides, hay mucho mérito porque nos estamos haciendo violencia interior y eso le agrada mucho a Jesús.

Tercer peligro, el activismo. Padre, hay muchas cosas que hacer. Yo me dedico a muchas cosas. No tengo tiempo. Por supuesto que tenemos todos que hacer bien nuestros deberes. Pero, hermanos, si no nos ponemos de rodillas ante Dios, no vamos a hacer bien nuestros deberes. El activismo siempre está al acecho. Incluso hay personas que dicen, "¿Por qué tanto rezar? Vamos a ayudar a los pobres." Por supuesto que hay que ayudar a los pobres, pero primero hay que ponernos de rodillas, porque si no nos ponemos de rodillas ante Dios, no vamos a ver a Cristo en los pobres. Hermanos, no caigamos en el activismo. Repito, tenemos que hacer bien nuestros deberes. Tenemos que ayudar a los pobres, tenemos que practicar las obras de misericordia, pero primero hay que ponerse de rodillas. Si no hay oración, nuestra acción no va a ser eficaz.

Y el cuarto punto, que es lo peor y es una verdadera desgracia, se llama la asedia. ¿Le suena la asedia? Voy a explicar esto. Es la pereza espiritual. ¿En qué consiste la asedia? En que ya no tengo gusto por todo lo que tiene que ver con Dios. Me he vuelto una persona mundana. Me aburre la oración, me aburre estar en misa, me aburrezar el rosario, me aburre escuchar la palabra de Dios, pero no me aburro cuando estoy 5 horas delante del celular. No me aburro cuando veo tres telenovelas turcas y dos telenovelas coreanas. Hermanos, puede ocurrir y uno mismo es el culpable porque uno mismo se hace mundano. Uno poco a poco se mete en la sedia cuando comenzamos a relajarnos. Hoy dejo la oración, no pasa nada. Mañana dejo la oración, no pasa nada. Pasado mañana dejo la oración, no pasa nada. En una semana ya tienes la seria, te has vuelto una persona mundana.

Hoy estamos recordando a un santo que es el santo patrono de los científicos. ¿Quién es? San Alberto Magno, dominico, un genio. No solamente sabía teología, sabía filosofía, sabía astronomía. física, química. Y con esto ya termino. Cuando estaba estudiando en el colegio San Alberto Magno, era jovencito, le costaban los estudios y quiso escaparse del colegio. Subió por una escalera para trepar un muro, pero se le apareció la Virgen María. Y la Virgen le dijo, "Alberto, ¿a dónde vas?" Y él le dijo, "Madre santísima, es que me cuesta mucho el estudio." Y la Virgen le dijo, "Pero, ¿por qué no acudes a mí si yo soy sede de la sabiduría?" Y la Virgen le concedió de parte de Jesús a San Alberto Magno una memoria prodigiosa. De hecho, San Alberto Magno es doctor de la iglesia y fue profesor de ¿quién? Santo Tomás de Aquino. Pero también la Virgen le dijo, "Mira, esa memoria prodigiosa que vas a tener, la vas a perder momentos antes de tu muerte." Y cuenta la historia que San Alberto Magno en un sermón se nubló, se le olvidó todo el conocimiento que tenía, era una enciclopedia. Y entonces él dijo, "Ya es el momento de que tengo que morir." Y se preparó para ese momento.

Hermanos, pidámosle a la Virgen Santísima que nos ayude para que tengamos la gracia de ser orantes. Todos los días hay que pedir a la Virgen, Madre Santísima, ayúdame a ser una persona orante, que nunca deje la oración, porque si yo cuido mi oración diaria, cuido mi amistad con Jesús y si estoy con Jesús, tengo vida eterna. Que así sea. Amén.

Queridos hermanos, hoy Jesús nos ha contado la parábola de esa viuda cargosa que insiste, insiste, insiste ante un juez malo hasta que el juez la atiende. Jesús nos enseña a perseverar en la oración. He mencionado cuatro peligros. Número uno, las distracciones. Todos tenemos distracciones. Santa Teresa de Jesús decía que la imaginación es la loca de la casa. Hay que luchar contra las distracciones. No te desanimes y convierte tus distracciones en oración. Número dos, la aridez. Hay momentos en nuestra vida que no sentimos nada. Piramos la gracia de perseverar. Hay que esforzarse para que hagamos bien la oración. Lo peor que puedes hacer en ese tiempo de arides, tiempo de desierto, es dejar la oración porque entonces ha ganado el Ha habido santos que han estado años en Arides, por ejemplo, la madre Teresa de Calcuta. Tercer peligro, el activismo. Padre, hay muchas cosas que hacer, hay mucho trabajo. Hay que ayudar a los pobres. Por supuesto que hay mucho trabajo. Bendito sea Dios. Hay que hablar de Jesús, hay que ayudar a los pobres, hay que practicar la sola misericordia, pero primero hay que ponerse de rodillas. Sin oración no hay acción, hermanos. La iglesia no es una ONG. Lo primero es ponerse de rodillas ante Dios. Y el último punto, lo peor de todo, algunos santos dicen que es el cáncer de la vida espiritual, la sedia es la pereza espiritual. Y uno mismo cae en la sedia cuando comenzamos a relajarnos. Dejo la oración, dejo la misa, dejo la confesión, dejo el rosario y entonces he entrado en ese cáncer. Pero todo tiene remedio. Si estamos en la sedia, pidámosle a Jesús la gracia de una profunda conversión. Siempre hay remedio. Cuando buscamos a Jesús y sabemos que el mejor camino para ir a Jesús, ¿quién es? La Virgen María.

Hoy estamos celebrando a San Alberto Magno. Le costaban los estudios y fíjense, es doctor de la iglesia, patrono de los científicos. se iba a escapar del colegio. La Virgen se le aparece y le dice, "No te vayas. ¿Por qué no acudes a mí? Yo voy a hacer que Jesús te dé una memoria prodigiosa." Y fue verdad. San Alberto Magno sabía teología, filosofía, química, física, astronomía. Vivió en el siglo XI. Profesor de ¿quién? De Santo Tomás de Aquino. Hermanos, pidámosle a la Virgen sede de la sabiduría, la gracia de ser orantes.

Dios te salve, María. llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, dulce corazón de María, se la salvación del alma mía.

El Señor esté con ustedes. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.

[Música]