📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

La Construcción de un Imperio - Los Aztecas

Héctor Aguilar43:53

Transcription

Esta historia está envuelta en mito y leyenda. Como una tribu de nómadas fraguó el Imperio más grande de América en solo 200 años, tuvieron que inventar sistemas de ingeniería que eran extraordinarios para su época. Su civilización compitió con Roma en sofisticación. Los aztecas tenían la mejor tecnología que se podía conseguir, dadas las condiciones en las que vivían. Acueductos, palacios, pirámides y templos se alzaron como tributo a sus dioses y como testimonio de poder para la humanidad.

El mayor logro de los aztecas fue su flamante capital, que asombró a los exploradores europeos y la llamaron la Venecia del Nuevo Mundo. La ciudad se extendió, reluciendo por los canales y el lago, adornada con árboles y mansiones preciosas. Pero su sed de poder y sangre les condenó a la destrucción. Cuando por fin llegó la aniquilación, sería más rápida y completa de lo que el mundo hubiera imaginado.

La construcción de un imperio: los aztecas.

1325 después de Cristo. Centro de México, cerca de la ciudad de México actual. Una chica joven, una adolescente, celebra su inminente boda. Es la hija de un rey tribal y está a punto de unirse a una tribu nueva que ha sido invitada a su reino. La tribu es conocida ahora como los aztecas. Como parte del ritual, cinco nobles aztecas la llevan a un antiguo templo para la ceremonia. Pero cuando llegaron arriba, los nobles la apartaron del altar y la pusieron sobre una losa que había ante el templo, que se usaba para los sacrificios. Le sujetaron los pies y las manos, mientras el quinto hombre levantaba un cuchillo de obsidiana en el aire. Con un movimiento rápido, le abrió el pecho y extrajo.

Esa tarde, invitaron al rey a una ceremonia para celebrar el matrimonio. Sin embargo, encontró a un sacerdote danzando, vestido con la piel aún brillante de su hija. Como parte del ritual, los aztecas la habían desollado. El rey, totalmente horrorizado porque era su hija, sus guardias y él persiguieron enseguida a los aztecas hasta el lago y luego hasta la isla donde se habían refugiado. La isla pantanosa no era un lugar acogedor y, aún así, desde allí, los aztecas superarían todas sus expectativas y forjarían el Imperio más poderoso de las Américas.

Hola, soy Peter Well. Cuando pienso en los aztecas, pienso en gente elegante con unos bonitos adornos en el cuerpo y el pelo, y pienso en una canción de Nil J sobre Moctezuma y Cortés. Pero también pienso en cuchillos de obsidiana abriendo cavidades pectorales y en manos sacando corazones sangrantes y mostrándolos. La mayoría de los sacrificios azteca se hacían en un templo en la cima de una pirámide de piedra, como esta. Los aztecas pensaban que sin esas ofrendas, el sol dejaría de salir y el universo moriría.

La historia azteca es una mezcla de hecho y mito. Aunque sí sabemos que ese asesinato, con lo horrible que fue, no solo marcó el comienzo del imperio azteca, sino que literalmente marcó el lugar donde empezaría a surgir. La isla a la que los aztecas fueron desterrados tras el desastroso sacrificio de la princesa estaba en el lago Texcoco, el más grande de cinco lagos interconectados que cubren un valle de 65 por 112 km. Hoy en día, este valle enorme y abierto rebosa lo que es la ciudad de México moderna, una de las ciudades más grandes del mundo. Pero hace 700 años, la estaba tan empantanada que nadie la había reclamado.

Pero mientras miraban el lago, el líder azteca Tenoch anunció a sus seguidores que había visto un águila posada en un cactus en mitad del lago, una señal de los dioses de que habían encontrado su hogar. Llamarían a su ciudad Tenochtitlan.

La vida fue dura para los aztecas los primeros años de Tenochtitlan, pero tenían una visión: la visión de una ciudad poderosa, modelada en una ciudad antigua y legendaria a solo 40 km de allí. Llamaron a esta ciudad Teotihuacán, o Ciudad de los Dioses. Teotihuacán fue una de las ciudades más impresionantes de la Mesoamérica precolombina. Era misteriosa. Sabemos poco de ella porque no hay escritos que corroboren lo que ocurría en esa gran ciudad. Estaba en ruinas hasta en la época azteca, pero creían que era el hogar de los dioses y el sitio donde nacía literalmente el mismísimo sol.

El lugar que los aztecas más veneraban de Teotihuacán era una pirámide que se alzaba por encima de los árboles. Se llamaba la Pirámide del Sol. La enorme Pirámide Solar contiene 765.000 metros cúbicos de tierra y piedra, con una base aproximadamente del mismo tamaño que la Gran Pirámide de Egipto. Los aztecas creían que Teotihuacán fue diseñada a imagen del cosmos que crearon los dioses. Fue esa imagen la que intentarían reproducir en la construcción de su nueva ciudad, Tenochtitlan.

El que aceptó el reto fue un jefe azteca llamado Acamapichtli en 1376. Se embarcó en un plan ambicioso para hacer una ciudad muy avanzada. Pero había un problema: las islas pantanosas en las que se instalaron requerían mucho trabajo. Cuando empezaran a construir cualquier cosa, empezaría a hundirse. Simplemente no había cimientos sobre los que construir. La solución azteca revolucionaría la arquitectura de las Américas.

Empezaron anclando bien los edificios al suelo usando un sistema de pilares de madera. Los trabajadores cortaban estacas de 10 metros de largo por unos 8 o 10 cm de ancho. Luego las clavaban en el suelo blando para que sirvieran de cimientos. Los pilares se rodeaban a menudo de piedra volcánica para añadir fuerza. Entonces, los albañiles podían hacer muros encima de esa base sin problemas. Consiguieron pilares de madera para sostener la infraestructura, los cimientos de las pirámides. El que no se hundiera ni se inclinara me parece una proeza de la ingeniería.

Tenochtitlan era una ciudad isla, pero los lagos circundantes eran poco profundos, no más de 2 metros en la mayoría de los sitios. Aquello parecía una metrópolis gigante flotando en una charca. Originalmente, la única manera de llegar a la ciudad flotante desde tierra era en barco, pero los aztecas inventaron con el tiempo una serie de pasos elevados de hasta 14 metros de ancho que conectaban la ciudad flotante con las provincias de tierra firme. Los pasos estaban sostenidos sobre pilares de madera, como los que sostenían los templos y otros edificios.

Tuvieron que clavar miles de esos pilares en el lecho del lago y eso presentaba un reto logístico que solo se podía atajar con una mano de obra fuerte y hábil y los mejores ingenieros de Mesoamérica. Para hacer un paso, se ponían dos filas de estacas, luego se rellenaba el espacio del medio con piedras y tierra hasta que sobrepasaba el nivel del agua en varios metros. Eso permitía a la carretera soportar muchísimo peso. Estos pasos se construyeron muy rectos, eran muy anchos, con puentes que se abrían y conectaban la ciudad por el norte, el oeste y el sur.

Las carreteras permitieron a los aztecas transportar materiales más grandes y pesados para la construcción, aunque eso presentaba un reto nuevo. No existían las bestias de carga en Mesoamérica, así que los humanos lo tenían que hacer todo. No existían las carretas ni la rueda. Las cargas pequeñas se llevaban a la espalda, sujetas con una cuerda que se ajustaba a la frente. Los objetos grandes, como los bloques de piedra o las esculturas de los templos, los arrastraban con cuerdas, una gran cantidad de hombres, posiblemente usando troncos como rodamientos. Cuenta la leyenda que un bloque de piedra para un templo requería la fuerza de mil hombres para arrastrarlo desde las montañas de tierra firme, por el paso y hasta la ciudad.

Los pasos también ofrecieron a los aztecas una nueva forma de introducir agua potable en Tenochtitlan. Anteriormente, los aztecas transportaban el agua en canoas desde la orilla, pero el gran crecimiento de la población les obligó a obtener una solución más avanzada para cubrir la demanda. Querían usar el agua de los manantiales de tierra, así que querían construir un acueducto. Los manantiales estaban bajo control de la tribu que dominaba la región, los despiadados tepanecas. Los tepanecas controlaban o dominaban todo el valle. Tenían un imperio muy fuerte y eran los señores, así que los aztecas eran sujetos tributarios de ellos.

Mientras crecía la población azteca, la tensión con los tepanecas empezó a surgir. Los aztecas decidieron dar un ultimátum que podría cambiar el equilibrio de poder en la región. La gente de Tenochtitlan no solo exigían a los tepanecas que les dieran el agua, sino que exigían que ayudaran a construir el acueducto. La respuesta de los tepanecas fue rápida y brutal. El rey tepaneca Maxtla envió asesinos que mataron al jefe azteca a sangre fría. Fue la gota final. Tras décadas de dominación, los aztecas se movilizaron y se levantaron contra sus caciques despiadados e iniciaron una serie de ambiciosos proyectos de construcción alrededor de la ciudad isla que les valdría la reputación de mejores ingenieros de las Américas.

Corría el 1428 y los aztecas habían declarado la guerra a sus caciques, una tribu llamada tepanecas. Pero para ganar a los tepanecas, necesitarían una ayudita de sus vecinos. Los aztecas acudieron a la cercana ciudad-estado de Texcoco. Allí, un jefe decisivo estaba ascendiendo. Se llamaba Nezahualcóyotl y su liderazgo dominante sería crucial en la creación del imperio azteca.

Con Nezahualcóyotl de su parte, los dominados aztecas se lanzaron a la yugular. Lanzaron un ataque total contra la capital tepaneca. Tras un sitio de más de 100 días, rompieron las defensas tepanecas y masacraron a sus opresores. Después de capturar al rey tepaneca Maxtla, el propio rey Nezahualcóyotl le arrancó el corazón y echó su sangre a las aguas del lago Texcoco. De repente, las tornas habían cambiado. Ese es el preciso momento del comienzo del imperio y los aztecas se convirtieron en líderes del Valle de México.

Tras conquistar el Valle de México, los aztecas pudieron centrar su atención en llevar agua potable a su ciudad creciente. Notablemente, los aztecas diseñaron y construyeron por su parte algo que solo unos pocos imperios dominarían: el acueducto. El acueducto tenía dos canales, cada uno de 1,20 m de alto por uno de ancho. Uno se mantenía limpio, mientras que el otro servía para que no se interrumpiera nunca el flujo de agua. El acueducto de dos tubos recorría 5 km desde tierra firme hasta el centro de la ciudad isla. En la ciudad, el agua llegaba hasta fuentes públicas y embalses y se distribuía al público en grandes jarras de barro o mediante canoas.

En comparación con los europeos, los aztecas eran muy limpios. Sabemos que el emperador azteca se bañaba dos veces al día, así que en términos de higiene, los aztecas estaban mucho más avanzados que los europeos. Mientras los nobles aztecas se bañaban en lujo, en esa época en Europa la peste, provocada por las condiciones insalubres, mataba a millones. El baño del rey Nezahualcóyotl era uno de los más especiales de las Américas. Lo alimentaba un sofisticado acueducto que también llevaba agua corriente a los terrenos de su palacio. Detrás de mí está la Colina de Texcotzingo y en ella Nezahualcóyotl construyó un fantástico palacio de recreo. Alrededor del palacio había un jardín botánico con todas las flores exóticas de Mesoamérica. Nezahualcóyotl trajo el agua desde las montañas de Sierra Nevada hasta aquí, pasando por las colinas y su palacio, solo para regar las plantas.

Para instalar aquí un acueducto, Nezahualcóyotl tuvo que llenar un enorme barranco que había entre Texcotzingo y la siguiente colina. Cuando el agua llegaba a la primera colina, se almacenaba en pequeños remansos construidos para controlar la velocidad del flujo antes de que llegara al acueducto. Tras cruzar el acueducto, el agua fluía por un circuito alrededor de la Colina de Texcotzingo, desbordándose por los laterales en cascadas para regar los jardines. Acababa en una piscina de roca tallada perfectamente redonda, llamada la bañera del rey. Desde aquí podía observar sus dominios en Texcoco y su jardín botánico, que regaba con su acueducto. Ciertamente, es una bañera para un rey.

A mediados del siglo XV, mientras el Imperio prosperaba, los aztecas decidieron que era hora de elegir un soberano. Se llamaba Moctezuma y sería el primero de los dos emperadores cuyo nombre se conocería hasta ahora. La primera orden del día de Moctezuma fue expandir las fronteras del imperio. Los aztecas capturaron las ciudades-estado que había al sur, hacia el valle de Oaxaca, al oeste hasta el Pacífico y al este hasta el Golfo de México. En 1449, el Imperio contaba ya con 15 millones de habitantes. En el corto periodo de 100 años, los aztecas consiguieron lo imposible: cambiaron el orden del mundo mesoamericano.

Pero al tiempo que los aztecas dominaban militarmente, su ciudad isla era vulnerable a otro tipo de enemigo. Como Nueva Orleans, Tenochtitlan luchaba constantemente con el agua. Y uno de los primeros proyectos de Moctezuma fue proteger la ciudad de las inundaciones. Esto es lo que queda del lago Xochimilco en la parte sur de Ciudad de México de los tiempos aztecas de la ciudad de Tenochtitlan. Este lago, como los otros cuatro que rodeaban a los aztecas, se alimentaba de manantiales, así que no había riachuelos por los que drenarse. Y si llovía lo suficiente, el nivel del agua subía y se desbordaba por la tierra y la ciudad. Eso fue exactamente lo que pasó a mediados del siglo XV, cuando una inundación de proporciones catastróficas barrió Tenochtitlan. La ciudad que comandaba el Imperio quedó casi destruida y la civilización azteca tuvo que depender una vez más de la genialidad de sus ingenieros y de uno en particular.

Moctezuma apeló a la ayuda de Nezahualcóyotl para proteger la ciudad que estaba reconstruyendo en el lago. Nezahualcóyotl diseñó algo que le convertiría en el mejor ingeniero del continente. Su plan era crear una zona de seguridad alrededor de la ciudad con un enorme dique que protegería a Tenochtitlan y a sus habitantes. Fue diseñado para ser mayor que ninguna otra obra que hubiera en las Américas en ese momento, con una longitud de 16 km al este de la ciudad, desde el extremo sur del lago y hasta el norte. Los muros fueron un trabajo de cestería, hechos de palos, juncos, piedras y tierra. Como el lago era poco profundo, el dique solo tenía 3,70 m de alto, aunque el ancho era de 8 metros. Nezahualcóyotl remató el dique con compuertas, seguramente puertas de madera que se podían subir o bajar para controlar el nivel del agua.

El dique también sirvió para otro propósito: proteger el suministro de agua. Era importante construir algún tipo de mecanismo de protección para evitar que se mezclara el agua salada con el agua dulce de la parte oeste del lago. Napoleón dijo: "Un ejército marcha sobre el estómago". Es fácil suministrar comida de sobra para los civiles durante el desarrollo crítico de cualquier civilización, pero los aztecas perfeccionaron un método único no solo para proporcionar mucha comida al pueblo civil, sino para impulsar la expansión militar del imperio. Esta solución revolucionaria se llamó chinampas, un sistema que les permitió crear literalmente tierra nueva para cultivar y para vivir.

Si vas a hacer una ciudad de cualquier tamaño, tienes que proporcionar espacio. Así que lo que ellos hicieron fue construir esas chinampas en el lecho del lago. Básicamente, una chinampa es una isla artificial construida en el lago. Parecían campos de fútbol estrechos, de unos 90 m de largo por unos 10 m de ancho. Una chinampa se hacía tejiendo una red de palos que flotaba en el agua y apilando juncos y hierbas encima. Después, se sacaba fango del lecho y se ponía encima de los juncos para formar la chinampa. Entre cuatro y seis hombres tardaban 8 días en construir una chinampa.

Las chinampas estaban conectadas a la ciudad por canales navegables gigantescos que miles de hombres tardaban meses en hacer. Una chinampa como esta podía producir hasta siete cosechas al año, mientras que un agricultor en tierra firme podía cosechar una, dos o quizá tres veces como mucho. Cuando una cosecha estaba lista para que la recogieran en una chinampa, los brotes de la siguiente ya estaban saliendo del fango que estaba extendido en un barco adyacente a la chinampa. Entonces, cuando los brotes estaban listos, se llevaban a la chinampa y el ciclo se repetía una y otra vez en cientos de chinampas. Fue esta tecnología lo que hizo que Tenochtitlan pasara de ser una ciudad tribal más en el siglo XIV a una ciudad-estado dominante y próspera.

Con la infraestructura de la ciudad lista y enormes tierras bajo su control, los aztecas extendieron las fronteras de su imperio más que nunca. Crearon una red de carreteras muy extensa, superautopistas aztecas. Pero al tiempo que el Imperio crecía, también lo hizo la práctica de sacrificios humanos. Muy pronto, ríos de sangre corrían por las calles de Tenochtitlan. Hoy, Tenochtitlan, la capital del imperio azteca, ha desaparecido, enterrada bajo la actual Ciudad de México. Pero hace 700 años, era una capital en ascenso, construida por ingenieros avanzados y liderada por emperadores exuberantes.

A finales del siglo XV, la demografía azteca había explotado. Su siguiente gran emperador lanzaría una serie de conquistas que competirían con cualquiera de la historia. Se llamaba Axayácatl y demostraría que era incluso mejor guerrero que su abuelo Moctezuma. Para el año 1502, Axayácatl había conquistado territorios desde la costa pacífica de México y había conseguido que el Imperio llegara muy al sur, a Guatemala. Su reinado fue como una edad de oro. Él fue el rey que abrió las rutas de transporte a las zonas costeras y las tierras bajas, donde los aztecas tenían sus mayores lujos: todas las plumas brillantes, el oro, las piedras preciosas que los nobles y soberanos lucían como parte de su estatus.

Para transportar riquezas al corazón del imperio, los aztecas construyeron una red de superautopistas que cruzaban México central. Corredores de relevo se apostaban cada 8 km para crear una especie de UPS antigua. Se podían enviar mensajes o bienes desde la costa del Golfo hasta Tenochtitlan, a 320 km, en solo 24 horas, más rápido que el servicio postal actual.

Con el imperio en su esplendor, los aztecas de Axayácatl se embarcaron en el mayor proyecto de construcción: una enorme pirámide en el mismo centro de Tenochtitlan, el símbolo del poder absoluto. Se la llamó Templo Mayor. La base de la pirámide tenía 75 m de fondo por 100 m de ancho y se elevaba a una altura de 15 pisos. Había al menos 117 escalones en dos escaleras que subían 60 m y que llevaban a dos templos en honor a los dioses de la lluvia y de la guerra. El Templo se reconstruyó en el mismo lugar siete veces, comenzando en 1325 con la fundación de la ciudad. La pirámide crecía al tiempo que lo hacía el Imperio; cada piso simplemente se añadía encima del piso anterior.

El Templo Mayor se construyó principalmente con una piedra llamada tezontle, que es volcánica y pesa muy poco. Eso evitaba que el templo se hundiera en los suelos. Para las paredes, los aztecas aplicaron un revoque de cal, que era una especie de cemento. Algunos ejemplos encontrados hoy son tan duros como el cemento moderno, incluso después de 500 años. Los albañiles aztecas trabajaron durante décadas para completar su monumento a los dioses. El templo estuvo enterrado hasta 1978, cuando la compañía eléctrica acabó una zanja y descubrió accidentalmente una enorme piedra tallada y las ruinas del templo con ella. El disco tiene 3 metros y medio de diámetro, pesa 20 toneladas y representa el cuerpo desmembrado de la diosa Coyolxauhqui.

Coyolxauhqui era la diosa de la luna y su hermano la mató porque se quedó embarazada de una forma vergonzosa. Los aztecas no eran nada mojigatos. De hecho, los nobles tenían muchas mujeres y concubinas, pero entre el populacho, sobre todo las mujeres, el adulterio estaba prohibido y se castigaba severamente, a menudo con la muerte. Según la leyenda, el hermano de la diosa de la luna le cortó la cabeza y, tras decapitarla, tiró el cuerpo por una colina. Los aztecas representaban este asesinato literalmente y a menudo en festivales. Durante todo el año, decapitaban a sus víctimas en la cima de la pirámide y luego tiraban los cuerpos por las escaleras hasta la gran piedra de abajo.

Para los romanos, el tesoro más preciado era el oro. Para los egipcios, era el más allá. Para los aztecas, era la sangre humana. Creían que tenía que haber reciprocidad con los dioses, así que tenían que agradecer a los dioses dándoles lo más preciado que tenían, que era la sangre humana. Los aztecas la llamaban "agua preciosa" y creían que si los dioses no la recibían en grandes cantidades, el mundo acabaría en apocalipsis. Adornar los muros interiores de los templos con sangre humana fresca era práctica común y el olor tenía que ser horrible. Para dedicar su expansión del Gran Templo, el emperador Ahuízotl hizo un sacrificio en masa. Las cabezas de las víctimas se expusieron con orgullo en estantes alrededor del templo. Según las crónicas, dicen que sacrificaron a 200.000 personas. Desde un punto de vista práctico y desde un punto de vista científico, parece imposible, así que creo que la crónica que escribieron fuentes españolas quería decir que, a sus ojos, había muchos.

Durante el reinado de Ahuízotl, las sangrías se dispararon. La vida en Tenochtitlan se convirtió en una carnicería de muerte. Llevaban tanto a amigos como a enemigos para presenciar los sacrificios. Siempre eran sacrificios rituales, siempre son eventos, pero también eran declaraciones políticas, una forma de intimidar. En el momento de la muerte de Ahuízotl, los aztecas habían institucionalizado los sacrificios y habían convertido los asesinatos en el campo de batalla en un arte. Eran los guerreros más feroces de América, una élite que tendría un espectacular templo dedicado. Pero ni siquiera ellos estaban preparados para la guerra de los mundos que les iba a caer encima.

Corría el año 1502. Axayácatl, emperador de los aztecas, muere. Moctezuma II, un ex-sacerdote de 34 años, sube al poder. A un mundo de distancia, en España, un notario de 18 años llamado Hernán Cortés se prepara para cruzar el Atlántico para unirse a la conquista que su país está haciendo del Nuevo Mundo. El Imperio Azteca está en su cénit. Ahora se extiende por al menos 210.000 km², desde Tenochtitlan hasta las dos costas y muy al sur hasta Guatemala. Unos 25 millones de personas formaban la ley azteca. Había 38 provincias cuyos habitantes pagaban importantes impuestos, enriqueciendo así a los nobles.

La ciudad se extendió, reluciendo por los canales y el lago, adornada con árboles y mansiones preciosas, y Moctezuma II lo presidía todo. Era conocido por sus habilidades políticas y militares, un líder duro. Mató a la población de las ciudades que no se doblegaran a su mandato. Pero en privado, estaba inquieto. Parece ser que Moctezuma era un individuo pasivo, incluso hasta depresivo. Cuenta la leyenda que después de ver un cometa pasando por el cielo de Tenochtitlan, pasó el resto de la noche llorando. Según pasaban las semanas, se volvió cada vez más paranoico. Pero en el culmen de su obsesión por lo sobrenatural, una amenaza muy real se aproximaba por mar.

Los espías colocados a lo largo de la costa del Golfo informaron sobre algo muy extraño que no conseguían describir. No habían visto un barco en su vida, así que no tenían una palabra para describirlo. Por eso los indios se refirieron a los barcos como "montañas que se mueven por el agua". En 1519, tras navegar desde Cuba, Cortés llegó con 11 de aquellas montañas flotantes y 500 hombres al Golfo de México, 320 km al sureste de Tenochtitlan. Las tribus quedaron atónitas ante aquellos hombres con armaduras de metal y animales que no conocían. Según avanzaron tierra adentro, masacraron brutalmente a las tribus que se resistieron, pero muchas otras se alegraron de poder proporcionarles comida y hombres.

Una de las formas que uno de los jefes locales de la costa del Golfo utilizó para agradar a Cortés y su compañía fue con un grupo de mujeres que no solo estaban allí para las labores caseras, sino también claramente para hacer de cortesanas, para proporcionarles servicios sexuales. Pero entre las concubinas, una en particular llamó la atención de Cortés. Era la hija de un jefe que había sido vendida como esclava y se llamaba La Malinche. Desarrollaron una relación íntima y con el tiempo ella le dio un hijo. Ellos fueron las primeras personas de sangre mezclada del Nuevo Mundo. Pero era mucho más que una amante. Se convirtió en la intérprete de Cortés y su papel se amplió a consejera, intermediaria entre él y los aztecas. No solo era su traductora, también le contaba cosas que se estaban diciendo que se suponía que él no tenía que oír o entender.

La red de corredores de relevo de Moctezuma le mantuvo informado de los movimientos de los españoles. Estaba claro que iban hacia la ciudad. Mientras avanzaba hacia Tenochtitlan en el verano de 1519, Cortés armó un ejército de miles de hombres. El ejército de guerreros de Moctezuma contaba con cientos de miles. Iban vestidos de animales en el campo de batalla para intimidar a sus rivales. Parte de ello era espectáculo. Los guerreros llevaban distintos trajes increíbles. Los guerreros más importantes eran los caballeros vestidos de jaguares y águilas.

Los caballeros aztecas se iniciaban en sus órdenes con ceremonias sagradas en templos especiales como este. Este es el Templo Cueva de Malinalco, uno de los seis templos de esta remota ladera, a unas horas al sur de Ciudad de México. Moctezuma lo terminó en el año 1502, poco después de su coronación. En Europa, Miguel Ángel estaba esculpiendo el David en la República de Florencia, pero mientras Miguel Ángel tallaba el David, los aztecas extraían este templo directamente de la ladera de la montaña y es el único templo en todo el hemisferio occidental construido de esta forma. Al final de las escaleras de Coatetelco se encuentran las esculturas de dos jaguares a los lados de las puertas. Yacen los restos de dos guerreros. La puerta representa la boca abierta de una serpiente gigante, literalmente se puede ver la lengua saliendo del templo. Los aztecas creían que esta era la entrada al centro de la tierra. Los guerreros privilegiados venían aquí, entraban en la sala con esculturas de águilas, les perforaban la nariz y ofrecían sangre en sacrificio a Huitzilopochtli, el dios de la guerra. Pero esta no sería ni mucho menos la última vez que los guerreros aztecas vendrían a dar su sangre.

El primer encuentro entre Cortés y Moctezuma sería pacífico, pero el conquistador sabía que un choque enorme y sangriento entre el Viejo Mundo y el Nuevo Mundo tendría lugar pronto y la aniquilación que tuvo lugar sería uno de los acontecimientos más aterradores de la historia de las Américas.

Otoño de 1519. El conquistador español Hernán Cortés ha llegado por fin a la brillante capital azteca de la que tanto ha oído hablar: Tenochtitlan.

Cuando los españoles vieron por primera vez Tenochtitlan, debieron pensar que era una visión. Que estaban entrando en alguna especie de sueño. Una enorme fuerza de guerreros nativos aliados contra los aztecas le acompaña mientras avanza por el paso principal hacia la ciudad. El encuentro entre Cortés y Moctezuma en el paso hacia Tenochtitlan tuvo que ser uno de los acontecimientos más impresionantes de la historia del mundo. Fue un encuentro entre dos mundos distintos. Cortés le ofreció la mano, pero en cuanto lo hizo, los nobles que atendían a Moctezuma le empujaron diciendo: "¡No, no, no! Es una indignidad total. Nadie toca a Moctezuma, el gran señor de la tierra".

El encuentro de los dos mundos fue pacífico, pero lleno de tensión. Moctezuma, en ese momento, se había vuelto impulsivo y propenso a las crisis de histeria. Así que el encuentro fue para calcular las fuerzas, aunque los aztecas tenían un sistema diplomático y guerrero mucho más inocente comparado con el sistema tan taimado y ladino de los europeos españoles. A quedarse en uno de sus palacios resultó ser un error catastrófico.

Cuando los españoles entraron en la ciudad, quedaron tan impresionados que les pareció un sueño. En el centro de la ciudad se alzaba el colosal palacio del emperador. El Palacio de Moctezuma II era un gigantesco complejo que se extendía por las tres hectáreas contiguas al Gran Templo. Se dio cuenta de que todos los días se reunían 600 nobles en el Palacio de Moctezuma para oír las palabras del emperador. Moctezuma recibió a los españoles en una gran cámara de recepciones que había en la entrada, diseñada para que el emperador pareciera omnipotente. Pero el Palacio de Moctezuma sería el último que construirían los aztecas.

Cuando no llevaban ni una semana de visita, los españoles fueron a la yugular y secuestraron a Moctezuma. Fue un movimiento atrevido, pero compensó. El Imperio parecía suyo. Aunque Moctezuma seguía siendo el líder oficial de la ciudad durante un tiempo, no fue más que el portavoz de Cortés durante seis meses. La tensión dentro de los muros de Tenochtitlan se calmó. Entonces, en la primavera de 1520, todo cambió. Una mañana, unos soldados españoles interrumpieron un sacrificio sagrado y mataron a los participantes. El acto desencadenó un alzamiento. Para los aztecas, los españoles habían cometido un sacrilegio inefable.

La ciudad quedó sumida en el caos. Cuando los aztecas marcharon al palacio de Moctezuma, Moctezuma intentó subir a la cima del palacio, hablar con la gente y calmarlos, pero ya no aguantaron más. Moctezuma se había convertido en la marioneta de los españoles, una traición tan enorme a los ojos de su pueblo que le lapidaron y tiraron flechas. Poco después, tiraron el cuerpo sin vida de Moctezuma por las escaleras del palacio. Nunca sabremos si murió a manos de los españoles o por las heridas que le infligió su propio pueblo.

Sería un buen momento para irse de la ciudad. La noche del 30 de junio de 1520, los españoles intentaron escapar aprovechando la oscuridad, pero no quieren deshacerse de las cosas que han cogido y arrastran el peso de todo lo que quieren llevarse. Fueron presa fácil para los guerreros aztecas que les atraparon en el Paso. Los cuerpos se apilaron rápidamente. El agua. 400 españoles fueron masacrados junto a miles de sus aliados indios. Esa escapada ha llegado a llamarse la Noche Triste. Cortés y unos pocos más consiguieron escapar con vida.

Los españoles acabarían destruyendo la brillante ciudad de Tenochtitlan. Empezarían cortando la línea vital de la ciudad: el acueducto. Mientras cientos de miles de personas dentro de los muros de la ciudad estaban sin agua, Cortés creó un bloqueo alrededor de Tenochtitlan para que no recibieran suministros del exterior. Así que la idea del bloqueo era hacer que se rindiera la ciudad por hambre. Pero los aztecas tenían muchísima resistencia y no sería fácil vencerlos. Y lo que decidió hacer fue lanzar por tierra y por mar.

Durante siglos, el lago que rodeaba Tenochtitlan había constituido una barrera contra los invasores, pero Cortés encontraría una forma de evitarla. Hizo que miles de sus aliados indios transportaran los barcos en piezas, atravesando las montañas para montarlas y lanzarlas al lago.

Mayo de 1521. Cortés lanza su gigantesco ejército en un ataque final y decisivo contra Tenochtitlan. 600 españoles, incluyendo 100 caballeros, y hasta 100.000 aliados indios se enfrentaron a los defensores aztecas de la ciudad sobre los pasos. La lucha brutal siguió durante meses, día a día. Cortés arrasó la ciudad piedra por piedra. Los españoles fueron despiadados en el asesinato sistemático de la población. Fue una batalla muy dura, sobre todo en la ciudad.

La última batalla de los aztecas fue en el Gran Templo de Tlatelolco. Los guerreros se alinearon en las empinadas escaleras y plataformas para tirar flechas y piedras a sus enemigos, pero fue inútil. El 13 de agosto, el último líder azteca, Cuauhtémoc, fue capturado y se rindió ante Cortés. Y eso solo fue el principio. 20 millones morirían de las enfermedades traídas por los españoles. A finales del siglo XVI, se calcula que se había reducido la población nativa en cerca de un 90%.

La Ciudad de México moderna se ha construido sobre las ruinas de la una vez majestuosa ciudad de Tenochtitlan. De hecho, durante la construcción de su propia ciudad colonial, incluso usaron piedras del Gran Templo para hacer la catedral que aún se alza al lado de las ruinas del templo. El Imperio Azteca se esfumó y con él un legado de increíbles logros de la ingeniería. Ha quedado claro por sus sofisticados sistemas de urbanismo, agricultura y suministro de agua que los aztecas se alzaron entre los imperios más avanzados del mundo. El templo excavado de Malinalco es uno de los logros aztecas más impresionantes que los españoles no destruyeron. Sitios impresionantes como este obligan a hacer la pregunta: ¿cómo sería México hoy si los españoles no hubieran venido? Soy Peter Well para el canal Historia.