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Evangelio día Lunes 15/06/26 - Padre Carlos Rosell - Mateo 5, 38-42 - La justicia nueva.

Cooperadores de la Verdad (Católico)13:48

Transcription

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos, "¿Han oído que se dijo? Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo les digo, no hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra. Al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto. A quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos. A quien te pide, dale. Y al que te pide prestado, no lo regullas."

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

En el corazón del ser humano puede haber mucha maldad y podemos hacer mucho daño al prójimo. Es lo que aprendemos en la primera lectura. Aparece una mujer malvada, ¿se acuerdan el nombre? Jezabel, esposa del rey Ajab. Ajab quería la viña de Nabot. Nabó le dice que no va a vender su viña. Y fíjense como en el corazón de Jezabel se maquina toda una serie de acciones malvadas. Primero, la calumnia. Se le calumnia a Nabot de que ha maldecido a Dios y dos testigos falsos se prestan a esa maldad. Y luego el asesinato. Nabodes apedreado. Cuánta maldad había en el corazón de esta mujer Jezabel. Y nadie está libre, queridos hermanos, porque como les he dicho al inicio, en el corazón del ser humano puede haber mucha maldad, nadie está libre.

Pero nosotros que seguimos a Jesús, tenemos que pedirle a él que nuestro corazón sea como su corazón. Estamos en el mes de junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús. Y todos los días hay que decirle a Jesús, Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo. Jesús ya nos ha marcado el camino. Hemos escuchado en el evangelio como Jesús rechaza la ley del talón que estaba presente en los pueblos semitas. ¿Cuál es la ley del talón? Ojo por ojo, diente por diente. Jesús dice, "No, así no deben obrar ustedes." Y Jesús nos dice, "Quien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra. Eso no significa, por si acaso, que te dejes golpear, que te dejes maltratar, que te dejes insultar." Ustedes se acordarán cuando Jesús es llevado al sanedrín, le pegaron, ¿no es cierto? Y Jesús, ¿acaso dijo, "Pégame más?" No. Jesús le dice, "¿Por qué me pegas?" Pero esta expresión de presentar la otra mejilla tiene un sentido muy profundo. Un mal no se responde con otro mal. Hermanos, el mal que nos hacen no nos debe llevar a reaccionar con otro mal. Frente al odio no está el odio, está el amor. Frente a la violencia no está la violencia, está la paz. Frente a la venganza está el perdón. Esa es la forma de actuar de un discípulo de Jesús. Nuestro corazón tiene que estar lleno de bondad. Por eso Jesús nos ha dicho, "Quien te hace pleito por la túnica, ¿qué vas a hacer? Dale el manto. Sé bondadoso. Quien te pide que le acompañes una milla, ¿qué vas a hacer? Acompáñale dos. Sé bondadoso. No respondas un mal con otro mal. Eso no es lo propio de un discípulo de Jesús. Hermanos, cuidemos nuestro corazón, que nuestro corazón sea como el corazón de Jesús."

Y eso es lo que han hecho los santos. Termino con una anécdota de San Pío X, quien fue un gran papa. Antes de ser papa era obispo, fue obispo de Mantua. Y siendo obispo, una persona mala le calumnia. Hacía escritos anónimos, pero todo el mundo sabía quién era. Y esta persona mala que era comerciante terminó en la miseria y San Pío X se enteró y con un feligrés le mandó una limosna, una buena limosna. Y el feligrés le dice, "Pero monseñor, esa persona le ha estado calumniando con escritos anónimos." Y San Pío X le dice, "Pues si sus calumnias eran anónimas, mi caridad también debe ser anónima." No le digas quién le manda. Hermanos, así responde un discípulo de Jesús. El mal no se responde con el mal, se responde con el bien. Pidámosle hoy a la Virgen María, nuestra madre, que nos ayude para que nuestro corazón sea como el corazón de Jesús, una fuente de bondad. Que así sea.

Como hacemos todos los lunes, hoy encomendamos de manera especial a nuestros difuntos. Oración por los fieles difuntos. Jesús, tú que con tu muerte y resurrección gloriosa nos has abierto las puertas de la casa del Padre, acudimos a ti llenos de fe y te pedimos que con tu preciosísima sangre purifiques a todos nuestros difuntos para que limpios de todo pecado alcancen la patria celestial. Decimos a cada invocación, Jesús misericordioso, acógelos en tu reino. A todos los niños abortados. Jesús misericordioso, a todos los niños que murieron sin recibir el bautismo. Es misericordioso a todos reino. A todos los que murieron intempestivamente. Es un misericordioso a todos los que murieron de una grave enfermedad. Jesús misericordioso a todos los que murieron sin conocer la fe verdadera. Jesús misericordioso a todos los que murieron sin creer. A todos los que murieron sin recibir los últimos sacramentos. A todos los que murieron sin consuelo ni compañía, a todos los que murieron desesperados. A todos los que murieron sin reparar por sus pecados. Misericordios a todos nuestros familiares y amigos difuntos. A todos los que han muerto y nadie ora por sus almas. A todos los que hoy dejarán este mundo. Oremos. A Virgen María, tú que eres madre y reina de misericordia, intercede ante tu hijo Jesús, único salvador del mundo, por todas las almas del purgatorio, especialmente las más olvidadas, para que purificadas por el misterio pascual de Cristo, contemplen a Dios uno y trino. Dale, Señor, el descanso eterno. y para Dale, Señor, el descanso eterno. Y para Dale, Señor, el descanso eterno. Las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz por la infinita misericordia de Dios. Amén.

Vamos a escuchar la meditación que toca hoy en este mes de junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús. Día 15, Corazón de Jesús, en quien mora toda la plenitud de la divinidad. Jesús es tan Dios como el Padre y el Espíritu Santo. No olvidemos que Jesús es la segunda persona de la Trinidad que se ha encarnado. Esto nos lleva a afirmar que la humanidad de Jesús está unida a la naturaleza divina en la única persona del Verbo. Llegamos a la divinidad de Jesús a través de su santísima humanidad. En este sentido, el corazón de Jesús, en cuanto que es el corazón del verbo encarnado, es el camino para participar de la vida divina. Jesús tiene su sagrado corazón abierto de par en par que vivamos en gracia de Dios. Propósito de hoy, pedir todos los días al Sagrado Corazón de Jesús que nuestras familias vivan en gracia de Dios. Hacemos la oración al sagrado corazón de Jesús. Oh Jesús, a tu corazón confío esta intención. En silencio. Pongamos nuestras intenciones en el corazón de Cristo. Decimos, "Mírala. Después haz lo que tu corazón te diga. Deja obrar a tu corazón. Oh Jesús, yo cuento contigo. Yo me fío de ti. Yo me entrego a ti. Yo estoy seguro de ti. Todo lo temo de mi fragilidad, más todo lo espero de tu bondad. Amén."

Hermanos, hoy la primera lectura nos presenta la maldad que puede haber en el corazón de un hombre. Nadie está libre. Jezabel tenía mucha maldad. suscitó la calumnia contra Nabot y luego el asesinato. Nosotros tenemos un corazón y ese corazón tiene que ser como el corazón de Jesús, un corazón lleno de bondad. Hoy Jesús nos ha dicho, ustedes han escuchado ojo por ojo, diente por diente. Ustedes no obren así. Quien te pega en la mejilla derecha, preséntale la otra. Es decir, no devuelvas un mal con otro mal. Eso no es lo propio de un discípulo de Cristo. Hermanos, frente al odio está el amor, frente a la violencia la paz, frente al rencor el perdón. Si nos llamamos discípulos de Cristo, nuestro corazón tiene que ser como el corazón de Cristo. Todos los días hay que decirle a Jesús, "Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo." Que la Virgen nos ayude para que nuestro corazón sea siempre una fuente de bondad.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Dulce Corazón de María, sea salvación. San José ruega por nosotros.

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

Pueden ir en paz. Gracias a Dios.