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Evangelio día Lunes 13/04/26 - Padre Carlos Rosell - Juan 3, 1-8 - Entrevista con Nicodemo.

Cooperadores de la Verdad (Católico)12:11

Transcription

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

Lectura del santo evangelio según San Juan. Gloria a ti, Señor.

[carraspeo] Había un fariseo llamado Nicodemo, magistrado judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo, "Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él."

Jesús le contestó, "Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios."

Nicodemo le pregunta, "¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez sentar en el vientre de su madre y nacer?"

Jesús le contestó, "Te lo aseguro, el que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu."

No te extrañes de que te haya dicho, tienen que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oye su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del espíritu.

Palabra del Señor. Señor.

[canto] Jesús. [música]

En este tiempo de Pascua vamos a escuchar siempre como primera lectura los Hechos de los Apóstoles y como evangelio San Juan. Vamos a ir meditando en diferentes pasajes del Evangelio según San Juan. Hoy nos encontramos con uno de los pasajes bíblicos más importantes para hablar del bautismo. Es el encuentro entre Jesús y Nicodemo. Y Jesús le dice, "Hay que nacer de nuevo." Y Nicodemo no entiende. Piensa que debe volver a meterse en el vientre de su madre. Pero Jesús, ¿de qué está hablando? del bautismo. Hay que nacer de nuevo. Hay que nacer del agua y del espíritu. Espíritu con mayúsculas. El Espíritu Santo.

Hermanos, el día de nuestro bautismo hemos empezado una vida nueva. Por eso hay que celebrar el día de nuestro bautismo, así como celebras tu cumpleaños. Y está bien, porque hay que dar gracias a Dios por el don de la vida. También hay que celebrar el día de nuestro bautismo porque hemos comenzado a vivir en Cristo. El bautismo no es punto de llegada, es punto de partida. El día de nuestro bautismo, recibimos el Espíritu Santo, comenzamos a ser hijos de Dios Padre, hermanos de Cristo. El Espíritu Santo hace posible la vida en Cristo. Y esa vida en Cristo, hermanos, hay que cuidarla todos los días de nuestra vida. No basta decir, estoy bautizado. La pregunta es, ¿Todos los días forjo una sólida amistad con Cristo? ¿Soy un sagrario vivo? ¿Me comporto como un verdadero hijo de Dios Padre? Vivo como templo del Espíritu Santo. La vida en Cristo recibida en el bautismo, hay que cuidarla todos los días de nuestra vida.

Y para ello, hermanos, es muy importante tratar al Espíritu Santo. El pasaje de la primera lectura, a mí me gusta mucho. Nos encontramos con Pedro y Juan, que comparten su testimonio, han sido perseguidos por el sanedrín. Y qué bonito lo que nos dice la primera lectura. Todos los que estaban ahí se ponen a orar y se dirigen a Dios Padre y le piden a Dios Padre la fuerza para anunciar a Jesucristo. Y cuando terminan de orar, si ustedes han estado atentos, han detectado tres cosas. Cuando terminan de orar, ¿qué pasó? Primero tembló el lugar, luego se llenaron del Espíritu Santo, que les dio la fuerza para proclamar con valentía la palabra de Dios.

En primer lugar, ¿qué pasó? Tembló el lugar. Hermanos, cuando viene el Espíritu Santo, te mueve el piso. Cuántas veces tenemos vergüenza de hablar de Jesús y eso pasa porque no estamos invocando al Espíritu Santo o nos acostumbramos a una forma de vida cómoda. No me voy a complicar la vida. ese problema que lo resuelvan los sacerdotes, que ellos defiendan la vida, que ellos combatan las ideologías, [resoplido] yo me contento con mi oración y mi misa. Hermanos, todos estamos involucrados en la misión de la iglesia. Necesitamos que venga el Espíritu Santo y que nos mueva, que nos arandee. Qué importante es que todos los días invoquemos al Espíritu Santo y que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo. La vida en Cristo es vida según el Espíritu Santo.

Pidamos hoy a la santísima Virgen María que nos ayude en primer lugar a darle gracias al Señor por lo que hemos recibido el día de nuestro bautismo. Y en segundo lugar le pedimos a la Virgen que nos ayude a invocar todos los días al Espíritu Santo, porque sin el Espíritu Santo no hay vida en Cristo Jesús. Que así sea. Amén.

Vamos a encomendar a nuestros difuntos. Hacemos la oración por los fieles difuntos. Jesús, tú que con tu muerte y resurrección gloriosa nos has abierto las puertas de la casa del Padre, acudimos a ti llenos de fe y te pedimos que con tu preciosísima sangre purifiques a todos nuestros difuntos para que limpios de todo pecado alcancen la patria celestial. Decimos a cada invocación, Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los niños abortados. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los niños que murieron sin recibir el bautismo. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que murieron intempestivamente. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que murieron de una grave enfermedad. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que murieron sin conocer la fe verdadera. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que murieron sin creer en Jesús. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que murieron sin recibir los últimos sacramentos. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que murieron sin consuelo ni compañía. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que murieron desesperados. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que murieron sin reparar por sus pecados. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos nuestros familiares y amigos difuntos. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que han muerto y nadie ora por sus almas. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

A todos los que hoy dejarán este mundo. Jesús misericordioso, acógelos en tu reino.

Oremos. Santísima Virgen María, tú que eres madre y reina de misericordia, intercede ante tu Hijo Jesús, único salvador del mundo, por todas las almas del purgatorio, especialmente las más olvidadas, para que purificadas por el misterio pascual de Cristo, contemplen a Dios uno y trino. Dale, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perfecta. Dale, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perfecta. Dale, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perfecta. Las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz por la infinita misericordia de Dios. Amén.

Hermanos, hemos escuchado uno de los pasajes más importantes en la Biblia para hablar del bautismo. Hay que nacer de nuevo. Hay que nacer del agua y del espíritu. Hay que nacer del Espíritu Santo. Ya hemos nacido de nuevo el día de nuestro bautismo. Es la vida en Cristo, que es un punto de partida, no un punto de llegada. Y todos los días hay que cuidar esa vida, la vida en Cristo, la vida de la gracia, la vida según el Espíritu Santo. Por eso hay que invocar todos los días al Espíritu Santo.

Qué bonito lo que hemos escuchado en la primera lectura. Los apóstoles se ponen a orar, invocan a Dios para que les dé la fuerza de anunciar un Cristo vivo. Terminan de orar y, ¿qué pasó? Tembló el lugar. Viene el Espíritu Santo y te samaquea. Y qué importante es que el Espíritu Santo nos hamaquee porque andamos flojitos, con miedo, tenemos vergüenza de hablar de Jesús, no combatimos las ideologías, no defendemos la vida como debemos defenderla, no ayudamos a los pobres cuando podemos ayudar. Necesitamos que el Espíritu Santo nos hamae, nos mueva y que erradique en nuestra vida toda flojera, toda vergüenza, toda cobardía.

Dice la primera lectura que el Espíritu Santo sacudió el lugar, el Espíritu Santo los llenó a los apóstoles y ellos recibieron la fuerza para anunciar con valentía la palabra de Dios. Que la Virgen nos ayude a todos a invocar al Espíritu Santo para que vivamos correctamente la vida en Cristo.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Dulce corazón de María, sea la salvación del alma. San José, ruega por nosotros.

El Señor esté con ustedes. Con tu espíritu.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. Gracias a Dios.