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🎙️ Chiqui Aguayo en Viña 2025 – Presentación Completa (Solo Audio) 🎙️

j.levinao1:06:28

Transcription

Y nosotros, Karen, la vamos a recibir con un abrazo y con el cariño que se merece. ¡Cuánto te queremos, querida amiga! Bienvenida, niña. Si te saludamos, Chiqui. [Música]

Aguayo. Hola, hola, hola, hola, hola, holaaa. Buenas noches. V. Oye, qué bonito estar acá de nuevo. Estoy tan contenta de que me hayan invitado nuevamente, porque ¿sabéis qué? Además, creo que me invitaron en un súper buen momento, porque estoy en mi mejor momento. Estoy en un buen momento profesional y en un muy buen momento personal, porque hoy día soy mamá de una hija de 5 años. Y aunque suene un poco cliché, siento que ahora hago todo pensando en mi hija. Entonces, cuando me dijeron que iba a volver al festival, yo dije: "Ahora sí. Ahora quiero que mi hija crezca con una mamá elegante". Entonces, bueno, me lo propuse y yo soy muy inteligente. Dije: "¿Sabes qué voy a hacer? Voy a empezar a hacer huevadas que hacen los cuicos". Lo primero que me puse a hacer, me puse a jugar pádel. La gente me pregunta: "Oye, Chiqui, ¿qué es ese deporte?". Yo le decía: "Mira, básicamente jugar paleta con cuicos, nada más". Y ¿sabéis qué? Siento que como que el universo empezó a trabajar para mí, porque hace poco, hace un par de semanas, me hicieron una invitación que yo creo que le hacen a la gente cuica. Me llamó una amiga: "¿Me acompañarías a una cata de vino?". Mira, huevona, yo no había ido nunca, pero si hay vino, me interesa. [Aplausos]

Oye, oye, ¡muchas gracias! Bueno, nos fuimos a la cata de vino y, cuando llegamos a la cata de vino con mi amiga, nos recibió un huevón así: "¡Hola! Adelante, pasen por aquí". Yo dije: "¡Mi amiga, hón, este hón está curado!". Y dijo: "Ustedes han venido a una cata de vino". Y caché, hón, no estaba curado, era cuico, hablaba así, cach. Entonces, yo le dije: "No, yo no he venido nunca a una cata de vino". Y me dijeron: "Mira, te voy a explicar cómo es la cuestión. Habían como 20 copas". Y el huevón dijo: "Vamos a ocupar las 20 copas". Yo le dije: "¿Para qué vamos a ocupar tantas? Dame aquí no más, pues vamos rellenando". Y me dijo: "No, es que la cata tiene toda una ceremonia". Entonces me dijo: "Yo te explico". Se echaba el vino, lo ponía como a la luz, se lo olía en la nariz, se lo metía en la boca, hacía así como una gárgara, ¡ah!, y de repente lo escupió. Le dije: "¡Hón, te salió picado!". Y me dijo: "No, lo que pasa es que en la cata el vino no se toma". ¡Chuta!, le dije: "¿Sabes qué? Yo seré súper cuma, me lo tomaré igual". Y me dijo: "Lo que pasa es que te podís curar cuica sin alma". Dije: "¡H! No te preocupes, yo voy a hacer lo que hacen todos". Entonces me servía el vino, yo lo ponía a la luz, lo ponía aquí, hacía una gárgara, ¡ah, pum!, me lo tragaba, ¡ah! Me lo tragaba, me lo tragaba, me lo tragaba. De repente empecé a cachar que se acababa el vino. Dije: "¡Ni [__] hón, me tomé el concho los he!". También me lo tomé. Bueno, efectivamente me empecé a curar, pues, pero yo curándome, cach. Oye, ¡muchas gracias por invitarme a esto, la cata de vino! Me encantó. Me encantó la cata de vino. Me dijeron: "Pero, Chiqui, ¿no has dicho cuál es el que más te gustó?". Súper difícil la pregunta. Le dije: "Yo creo que todos están ricos". "¿Hay que elegir uno? Ya, elijo el rojo". Y yo me iba yendo feliz. Chao, chao, chao, chao. Cuando aparece el doble estándar del chileno, cada cierto tiempo aparece en todo, porque yo me estoy despidiendo: Chao, chao, chao, chao. Cuando de repente escucho que atrás un huevón dice: "¡Qué feo! ¡Nada más feo que una mujer curada!". Yo le dije: "Mira, yo conozco huevadas más feas, vos, por ejemplo". Es que ¿sabéis qué? Me da rabia eso que digan: "¡Oye, qué fea una mujer curada! ¡Qué fea una mujer curada!". Cuando una mujer curada es sumamente inofensiva. O sea, ¡oye, muchas gracias! Miren, ¿sabéis qué me da rabia? Porque una mujer curada es sumamente inofensiva. Está llena de mujeres y nosotros sabemos: una mujer curada se cura, llora nada más. Una mujer se cura, llora, se cae, ya, nada más, ya. Una mujer se cura, llora, se cae, vomita, pero de ahí no pasa. Pero en cambio, los huevones, súper jugosos, pues, huevón, se ponen violentos, se pelean, ¡hu!, se mean. Una obsesión con el meado. Se mean ellos mismos, mean a otros. La otra vez uno me quiso hacer un, un homenaje: "Chiqui, escribí tu nombre con la tula".

Oye, ¿y sabéis qué me da rabia? El doble estándar del chileno, porque se mete en todo. Cuando digo en todo, se mete absolutamente en todo. Me da rabia que a nosotras, las mujeres comediantes, solamente por ser mujeres se nos exija hacer reír. Pero, además, hacer reír sin garabatos. No, yo digo, huevón, esa huevada será para otro país donde las weas funcionan la raja, la gente vive feliz, no en este país. Si quieren que me ponga [Aplausos] ordinaria. Oye, ¡qué huevada está hablando! Yo, que se me, se me fueron a la chucha con la huevada. El qué, el qué, la quieres, los chistes del pico. Okay. Ah, no, pues, mira, sabes que me da… Iba a hacer una reflexión profunda, yo, porque dije: "Hón, me da rabia que a las mujeres se nos obligue a hacer reír. Pero, además, hacer reír sin garabatos". Y yo digo: "Hón, esa huevada será para otro país donde la gente vive feliz". En este país, que todo funciona como las huevas, yo tengo que venir a hacer reír a gente deprimida y más encima sin garabatos. Mira, con todo respeto, Alberto Plaza, ¡ándate a la [Aplausos] chucha! Oye, ¿sabéis qué? Yo creo igual que los… Mira, los chilenos hemos perdido la capacidad de asombro, porque ya no nos asombramos con nada, ¿cachái? Porque nosotros, por ejemplo, mira, nosotros nacimos… también la geografía no nos ayuda mucho, porque nosotros nacimos en un país donde se juntaron a vivir todas las tragedias. Entonces, nosotros tenemos aquí aluviones, tenemos volcanes, tenemos todas las tragedias juntas. Entonces, yo creo que solamente por el hecho de nacer uno en Chile, a uno deberían darle un bono, ¡mala la chucha de verdad! Porque, además, de verdad, yo digo: "Hón, ya nada nos asombra, nada nos conmueve". Hón, ¿sabéis qué? La otra vez, hace dos semanas, yo estaba en el metro, iba así [__] de calor, apretada, hora punta, huevón. Íbamos todos apretados. De repente subió una banda de cumbia, que quedamos más apretados todavía. Y ¿sabéis qué? De repente el metro se paró y dijeron por los parlantes que se había tirado una persona. ¿Tú crees que alguien empatizó con el dolor de esa persona? Nadie, huevón. Toda la gente apurada, [__] la tarde, la pega. Dijo un huevón: "¡Otro!", dijo: "[__]". "No se podría haber tirado el domingo, así, cach". Entonces digo: "De verdad, tenemos que… No sé, yo también he perdido la capacidad de asombro". Hón, yo el año pasado estaba mirando las noticias y dijeron: "¡Un terremoto en Japón!". Dije: "¡Oh!", y dijeron: "Grado 7". Sale. Dije yo: "¡Esa huevada no es terremoto, pues, huevón! Aquí un terremoto grado 7 ni nos movemos". Pues, porque aquí en Chile somos un país sísmico y en todos los países sísmicos existe una lámpara en la casa que te marca el grado del temblor, ¿cachái? Y a uno le da tranquilidad. Dice: "No, esto es 4,2, 4,4". Ahora sí la lámpara hace así: ta ta ta, sale [__], ahí uno dice: "¡Terremoto!". Y ¿qué es lo que hace un chileno en caso de terremoto? Un chileno corre a agarrar el celular, porque ¿qué es lo que quiere un chileno? Grabar la tragedia para subirla a Instagram, a TikTok, porque hay mucha tragedia chilena dando vuelta y como no sabe que son todas chilenas, porque todas tienen el mismo audio: "¡Oh, concha de tu [Música] madre! ¡Concha de tu tu madre! ¡Concha de tu madre! ¡Concha de tu madre! ¡Concha de tu [Aplausos] madre!". Yo creo que en otros países deben pensar que nosotros hablamos árabe: "¡Concha de tu madre! ¡Concha de tu madre!".

Oye, hay mamás presentes el día de hoy, hay papás. Con el entusiasmo que los caracteriza siempre, esto… Porque yo divido mi vida entre antes de ser mamá y después de ser mamá. Porque yo, antes de ser mamá, yo pensaba, yo intuía, yo tenía una teoría. Yo pensaba que yo no era una buena dueña de casa. Ahora que pasó esta primera etapa de la maternidad, mi teoría se comprobó. No, de verdad, pésima dueña de casa. Y, además, esta huevada me trajo una [__], me trajo un problema matrimonial. Porque me acuerdo que mi hija tenía como un año, yo estaba así… Nunca me voy a olvidar, porque se acercó mi marido y me dijo así, tal cual: "Sh…". Yo le dije: "¿Qué?", y me dijo: "¿Ayudas alguna huevada?". "¿Vos me estáis hablando a mí?", le dije yo. "Mira, te digo una cosita, yo acabo de ser mamá, yo acabo de tener una hija, yo voy a estar indemnizada y no voy a hacer ni una huevada más en toda mi vida". Y me dijo: "[__]". Pero 50-50, 50-50. Tú creí que nosotros dijimos: "Oye, distribuimos las tareas 50-50". No, la naturaleza nosotras, las mujeres, nos odia. Nos odia, porque nosotras tenemos que hacer todo. Nosotras parimos, damos lactancia, nosotras nos embarazamos, nosotras nos disponemos, nosotras hacemos todo. ¿Y ustedes qué hacen? Nada. Mira, yo no sé para qué tienen esos pezones inservibles, ¿para qué te los [Aplausos] dieron? ¡Muchas gracias! A ver, le dije yo: "¿Para qué tenéis pezones si no los podéis ocupar?". Y me dijo: "Ya, bueno, 70-30, 70-30". Cuando ustedes, hombres, con cuea tienen que lavarse los cocos, hón, y con jabón normal. Viste que los hónes nos inventaron a nosotras jabón íntimo, como si los hónes no tuvieran olor. Yo no he visto ningún supermercado de jabón de coco de testículos, por si no se entendió. Y ahí me puse ordinaria. Sepú te lo sedo. Bueno, miren, yo creo que con tal nivel, con tal nivel de argumento lo convencí, porque me dijo: "¿Pero no hay nada que te guste hacer de la casa? Decí". "No, nada". Le dije: "Nada, nada. Pero entiendo el punto, entiendo el punto". Porque mira, para mí podría ser muy fácil ponerme a hablar de que los hombres no cooperan en la casa, pero en mi caso particular, mi marido es mucho mejor dueño de casa que yo. Le digo: "Mi amor, ya mira, déjame 10 minutos sola para yo ver qué puedo ayudar en la casa. 10 minutos sola y te voy a pedir que te lleves la bendición, que no quiero que me voy a alterar". Ya, cuando yo tengo algo importante que mira que resolver, yo voy a Google y le pregunto. Hay gente que dice que Google no responde bien, pero yo voy y le pregunto con toda la fe. Le puse ahí: "Huevadas que te ayudan en la casa". Empezaron a aparecer un montón de electrodomésticos, huevón. Dije: "¡Me los voy a comprar todos! ¡Cómo no se me ocurrió antes! Ellos van a venir a trabajar por mí a esta casa". Lo primero que me compré fue una aspiradora inteligente. Oye, cuando llegó a la casa y se puso a aspirar sola, me dio una rabia con la otra aspiradora, la Carpat. ¡Sale de aquí, imbécil, estúpida! Voy a quedarme aquí con la inteligente. De repente llegó mi marido: "¿Qué estáis haciendo, mi amor?". "Estoy aspirando". Y me dijo: "Eso no lo estás haciendo tú, ¿quién la trajo?". "Le dije yo, es de mi team, mi amor, y se vienen más sorpresas". Mira, lo segundo que venía en la lista era una lavavajilla. Cuando llegó a la casa, yo de la emoción me empeloté, me abracé a la caja y le dije: "Mi amor, ahora voy a lavar los platos". ¡Uy, qué rabia más grande me dio! Porque nunca recomendaría la lavavajilla. Me cargó, porque no viene con un huevón que le meta las huevas. Igual hay que trabajar, cach, de verdad, no cumplió mis expectativas. Pero mira, lo que más me carga hacer, me carga, me carga, me carga, me carga, me carga, es hacer los baños, hón. ¡Qué huevada más agradable hacer los baños! Y eso que son potos conocidos, hón, pero igual me carga. Bueno, me tocaba ese día hacer el baño. Yo voy con mi mala voluntad a buscar un pañito con pota a la cocina, todo el rato alegando por la chucha. Me toca andar limpiando baños, hón. ¿Por qué no nací princesa, hón? Cuando de repente voy pasando por el L de mi casa, estaba mi hijita jugando, estaba limpiando un castillo. Le dije: "Hijita, ¿te gustaría venir conmigo a jugar al baño?". Ella me dijo: "¡Al tiro!". Le dije: "Toma, tienes un pañito". ¿Sabes qué? Fuimos al baño, estaba como en jenal limpiando el guato. Decía: "¡Me encanta este juego! ¡Me encanta este juego, mamita!". Yo ahí lo vi claramente. Yo dije: "¡Algún día ella va a ser mi robot!". ¿Sabes qué? Me descuidé 2 segundos, la vuelvo a mirar y tenía toda la cabeza en TR water. "¿Pero qué estáis haciendo?", le dije. Me dijo: "Que tengo sed, mamita". Y agarré un vaso: "¿Pero tómate un vaso, pues, hija, no seas ordinaria!". Es que yo la educo también, ¿cachái? Miren, yo sola me di cuenta que yo me empecé a agobiar con los temas de la maternidad, porque ¿sabéis qué? La bendición empezó a comer. Tenía que comer todos los días, en la mañana, en la tarde, en la noche. O sea, de verdad, me agobió, ¿cachái? Y, eh, más encima tenía que ver con las cosas de la casa. Yo sola me di cuenta que yo necesitaba ayuda, porque yo hasta ese momento nunca había ido a un psicólogo, nada, porque yo necesitaba gente que me ayudara. Pero hoy día, no, en 2 años, 3 años más, ¿cachái? Bueno, pero filo, me recomendaron una psicóloga muy buena, porque en una sesión me diagnosticó, me dio de alta. ¡Toda H!, cach, la calla seca, seca, seca, seca, seca. O sea, yo voy, le hablé como 4 minutos. Le dije la H, que caí en alguna H, la H, los cocos. Le dije todo lo mismo que ustedes. 4 minutos hablé y de repente la galla me dijo: "Lo tuyo, lo tuyo es clarísimo". "¿Qué es lo que tengo, doctora?", le dije yo. "Súper claro qué es lo que tienes". Me dijo: "Lo que pasa es que tú eres una floja culia".

Oye, ¿sabéis qué? Yo, yo siento que en los procesos de la maternidad como que todo me ha costado, porque yo veo que hay mamás que tienen tres, cuatro, cinco, seis hijos y como que les fluye de alguna manera la maternidad. A mí todo me ha costado, pero todos los procesos se me han dado difíciles, absolutamente todo. Mira, embarazarme me costó. Yo quedé embarazada a los 39 años, después de muchos intentos. Me acuerdo como si fuera hoy día cuando fui a ver el test, todo meada, emocionada. Yo, mira, con la misma mano pedí al ginecólogo. Dije: "¡Aló!". Y me dijo… Pedí al ginecólogo. Cuando voy digo: "Doctor, estoy embarazada". Y me dice, me pregunta mi nombre, me dice: "¿Edad?". Yo le digo: "39 años". Y él anota ahí: "Mamá geriátrica". Le dije: "Doctor, ¿sabe que yo estoy viendo la wea que usted está anotando?". Y como que no me dijo nada. Yo le dije: "Mire, me dio rabia. ¿Sabe qué? La única wea geriátrica que yo veo acá es tu corneta". Me paré, me fui y no volví nunca más. Es que me da rabia esa wea que me digan: "¡Mamá geriátrica!". Con 39 años, con 39 años. Y cuando les digo que todos los procesos se me han dado difíciles, absolutamente todos los procesos me han dado difíciles. Por ejemplo, me acuerdo el tema de dejar los pañales. Me acuerdo que yo me propuse que mi hija iba a dejar antes de los 3 años, dejar los pañales, para no fracasar socialmente principalmente. Y mira, me lo propuse como a los dos años y medio, me puse a hacer pura huevada, la z, nada. Le decía: "Toma, tenía una lua, el pañal, cach, por a que no había que hacer". Mira, había cumplido 3 años, no había dejado los pañales. Estamos jugando en una plaza. Me acuerdo, una mamá se me acercó y me dijo: "Hola, hola". Le dije: "Yo…". Me dijo: "¿Qué tiene?". "Mira, solamente para no fracasar tuve que bajarle la edad". Y le dije: "Dos años ocho". "Las dos soluciones". Mira, tuvo alto tiempo. Dos años ocho. Pero como es la maternidad. Mira, pasaditos los tres años, había dejado los pañales. Yo me acuerdo que estábamos celebrando ese día que no íbamos a gastar más plata, o sea, por ella más que nada, estábamos celebrando, cuando de repente… ¿Qué quedó de todo este proceso? Que yo nunca más fui al baño sola, porque yo le digo: "Mi amor, voy a ir al baño". Me dice: "¡Yo voy contigo, mamita! ¡Yo voy contigo, mamita!". Y vamos siempre al baño juntas, ¿cachái? Y yo no me, no me había dado cuenta. O sea, me bajo los pantalones, estaba con las reglas, me había olvidado. Pero ella tenía muy presente el tema de los pañales. Entonces, me retó. Pu, me dijo: "¿Pero, mamá, tú usáis pañales?". "No, hija, estos no son pañales". Le dije yo. "No son pañales". Y miró de nuevo y me dijo: "¿Mamá, y con caca?". Le dije yo: "Hija, esta no es caca, esto es sangre". Su cara: "¿Qué te pasó, mamita, porque tení sangre? ¿Qué te pasó? ¿Qué te pasó, porque tení sangre?". "Nada", le dije yo. "¿Qué es lo que te pasó, mamita? Tenía una herida". "¿Qué te pasó? Nada", le dije yo, "nada". ¡Ay!, me puse nerviosa. Sabía qué decir. ¿Sabes lo que me pasó?, le dije yo: "Me llegó un balazo". Le dije yo: "Me llegó un balazo, porque la delincuencia está… Me llegó un balazo". Salió corriendo: "¡Papá, papá, papá! A la… Le llegó un balazo. Le llegó un balazo". Llegó el otro, hón, corriendo: "¿Qué balazo? ¿Qué balazo? ¿Qué balazo?". "Este balazo", le dije yo, "este balazo. Este balazo que me llega todos los meses. Este balazo".

Oye, está enojada. ¡Muchas gracias! Está enojada. Mi marido me decía: "Oye, hón, ¿cómo le decís esa huevada?". Yo le digo: "Bueno, no sé", le dije yo, "¿sabéis qué? No es tan fácil de explicar", le dije yo: "Que le expliquen en su jardín, porque yo no tengo herramientas", le dije. Y ¿sabéis qué? Yo igual como que vi claramente porque el universo como que me lo iba mostrando. Yo lo vi claramente el primer día de jardín de mi hija. El universo me lo mostró: "A ti todo te va a costar". Mira, era su primer día en el jardín. Ella tenía 2 años, tenía que estar una hora en su jardín. Dije yo: "¿Cómo va a ser tan difícil que esté una hora en su jardín?". Me preparé psicológicamente. La voy a dejar, ella entró, cerraron la reja y yo recién ahí me puse a llorar. Bu, dije: "Ya, que me voy a quedar llorando aquí la hora entera, en Puerto Rico me voy a quedar aquí". Y de repente caché que había un hoyito en la pandereta. Entonces la fui a mirar y la vi que estaba llorando y me puse a llorar y dije: "Hón, ya lleva tres minutos, la voy a sacar". Pero ¿sabéis qué? De repente se me acercó un papá que era, era aprensivo como yo y se acercó, me dijo: "Disculpa, ¿me prestarías un hielo?". Yo: "Pero claro". Le dije yo, "¿cómo le iba a decir que no?". Mi primer amigo del jardín. Y yo estaba ahí, dice: "Huevón, ya lleva cinco minutos, la vecar". Está bueno, ya. Y de repente se acercó una mamá simpática, la mamá, porque me dijo: "No llore, mamita, no llore, mamita, si el primero duele, el tercero batar la raja, lo tirá para dentro". "Es que no sé si quiero tener más", le dije. Me dijo: "¿A ver, cuál es tu chiquitita?". Le dije: "Mira, veis la que está allá, la que está allí atrás, con el delantal hasta los tobillos. Esa es la mía", le dije yo. Me dijo: "Mira, a mí me pasó lo mismo. Pues, yo a la mía le hice la basta". Miren, ¿sabéis ustedes? No me van a creer esta huevada, pero a mí eso no se me había ocurrido. Yo estaba esperando que mi hija creciera para que le quedara bien la huevada delantal, cach. Entonces yo le hablé con la mamita: "Usted, mamita, que se, se nota que usted se, se envuelve bien en esto de la maternidad, ¿me podría dar su WhatsApp así yo le puedo ir preguntando cosas?". Y simpática me dijo: "Anótalo, me preguntáis lo que queráis". Y puse más 569, anoté su WhatsApp. Y para que no se diera cuenta la anoté ahí, mamita sabia, para acordarme también la cuea que estaba anotando. Y ya había pasado la hora. Entonces fuimos todos los papás a buscar a nuestros hijos. Y una que tiene mala cuea, al tiro la educadora me dice: "Oiga, ¿puedo hablar con usted un chiquitito?". A mí el titino me dio vergüenza. Le dije: "Sí, dígame". Me dijo: "No, pero en privado". ¡Chucha! Pero la huevada de privado no tiene nada de privado, porque un poco más allá de la reja no más. Entonces, lo único que hace que las buenas sapas quieran saber lo que están diciendo. Le dije: "Sí, dígame". Me dijo: "Mamita, le vamos a pedir que, por favor, no mande más chubi, ni M&M, ni nada de eso de colación. Ya tiene que mandar colaciones saludables". Yo dije: "¡Oh, qué mala idea la de su papá! ¡Mala idea!", le dije yo, "¡mala idea!". Oye, que no se pueden quedar a cargo de nada, de nada. Me fui a la casa y le dije a mi marido: "Oye, mi amor, ¿sabes que tuve que decir que fuiste tú el de la idea de los chubi y los… No se pueden llevar. Hay que mandar colaciones saludables. ¡Sair lo tú, qué es lo que… Eso me dijo?". "No, no tengo idea". Así que me vi en la obligación de llamar al único referente que yo tengo de maternidad, que es mi propia mamá, que yo la quiero, yo la adoro, pero ¿sabéis qué? Siento que desde que yo soy mamá igual ella me hace un poquito de bullying, porque ¿sabéis qué? Yo ahora cada vez que la llamo me contesta [__], la risa. Yo la cuea, dice [Música]: "¡Aló! A ver, ¿qué tragedia tenemos hoy día? ¿Qué tragedia tenemos hoy día?". Oye, se ríe de mí, de mi generación. ¿Sabes qué? Se como que no le alcanza el aire, porque explota la risa cuando me pregunta: "¿Cómo vamos con la crianza respetuosa?". Cómo que no puede. ¡Muchas gracias! Oye, se ríe de mí, de mi generación, se ríe. Me dice: "Pero mira lo que hemos llegado, que ahora están suspendiendo las clases porque llueve. ¿Cuándo se ha suspendido una clase porque llovía? Cuando tú, rechica, jamás se suspendió una clase porque llovía". Y eso es cierto. Mira, cuando yo era chica, mi mamá nos mandaba igual a clases. Yo vivía en Vicuña Mackenna y esa huevada era un río. La única diferencia es que no amos río, una tablita y ahí vamos todos los niños, en una tablita. ¿Sabéis qué? Yo la llamé, yo la llamé ese día a mi mamá y le dije: "Mamá…". Me dijo: "¿Cómo te fue en el jardín?". "Bien, mamita". Me dijo: "Pero, ¿sabes que no están pasando pidiendo colaciones saludables? ¿Tú sabes lo que es eso?". Me dijo: "Mira, el jardín hippi en que la metiste. Mándale cualquier huevada. Yo a ti te mandaba sustancia guagüita y mira cómo quedate". Le dije: "Mamá, no se trata de que seas hippi, jardines que se preocupa por los niños". Y me dice: "Ya, mi amor". Ese "ya, mi amor" es como: "¡Pobre estúpida, pues no lo deja pasar, ya!". Entonces me dice: "¿Pero cocinaste algo, usted, pues?". "Y eso va a ser lo saludable". Y cocinamos con el ingrediente que cocinamos las mamás, que es amor. Es que me dio unas ganas de decirle: "¡Gracias, hija culia!", pero me lo contuve, me lo contuve, porque siento que venía con buena intención. Entonces dije: "Bueno, cómo no voy a ser capaz también de cocinar una huevada por mí misma, ¿cachái?". Bajé un tutorial. Qué rápido, qué, qué fácil. Agarré unos huevos, un poco de harina, un poco de azúcar, lo metí al horno, me fui a dar una vuelta. 30 minutos. Cuando volví, la H era como un volcán de queque, porque salía por arriba, só por arriba. Entonces que llamé a mi marido: "Mi amor, podéis venir a ver esto un poquito". El otro llegó: "Mira, con todo respeto, la huevada más fea que he visto en mi vida". Se puso a buscar y me dijo: "¿Pero qué pasó? ¿Qué le echaste? ¿Por qué subió tanto?". "No sé", le dije yo, "a lo mejor le eché mucho amor". Me digo: "Esta huevada no es amor, esta huevada es levadura". Llamé a mi mamá y le dije: "Mamá, ¿sabes que voy a empezar a cocinar con odio? Porque con amor no me resultó". Y me acordé que tenía el teléfono de la mamita sabia. Dije: "Esta H de saber. Le voy a preguntar". "Hola, mamita, ¿cómo está?". "Mamita, todo bien". "Mamita, le quería hacer una pregunta". "Mamita, dígame". "N más, mamita, mamita. Le quería preguntar, usted, ¿qué le está mandando a su hija de colación saludable?". Me dijo: "Yo a mi hija le estoy mandando de colación saludable, palitos de apio". Mira, mi primer impulso fue poner ja. Me dije: "Voy a esperar que mande un emoticón, alguna huevada que me diga que la huevada es huevo". Oye, de repente pone: "Y le gustan mucho". Y miré a mi marido: "Mi amor, la mamita sabia mala le está mandando palitos de apio a su hija de colación". Miré a la mía: "Mira, una caga más y te voy de lechuga con limón de colación en su jardín. ¿Escuchaste?".

Oye, ¿sabéis qué? Yo no sé si ustedes les pasó, pero desde que yo soy mamá nada ha vuelto a ser como antes. ¿Sabes qué? Yo me voy a juntar con mi amiga y ahora resulta que ni curarme puedo tranquila, ni curarme puedo tranquila. Porque yo voy a juntarme con mi amiga, digo: "¿Qué tanta huevada hoy día me va a curar?". Y voy a empezar a tomar, cuando de repente una voz en la cabeza me dice: "¡No tomi, no tomi! Porque mañana a las 7 de la mañana va a haber una vocecita que te va a decir: '¡Mamita! ¡Mamita, tengo hambre! ¡Mamita! ¡Mamita, tengo hambre!'". Y dije: "No, no, no, no, no, no", dije yo. "Voy a inventar un plan, porque a mí la maternidad no me va a transformar en una vieja culia", dije yo. "Yo quiero seguir teniendo vida social y voy a inventar un plan. Lo voy a poner en práctica hoy día mismo". Me fui a la casa, llegué donde mi marido y le dije: "Mi amor, ¿sabes que hoy día… Sabes qué, mi amor? Hoy día voy a salir con mi amiga y voy a llegar curada, te estoy avisando. N más, te estoy avisando". Y me junto ahora con mis amigas, como se junta ahora que es mamá. Ya, chiquillas, tengo dos horas, pidamos al tiro tres botellas, cuatro botellas, no, ¡pamos! Entonces, uno empieza a tomar, a tomar, a tomar, a tomar, tomar, a tomar, tomar, tomar, porque uno no sabe cuándo va a volver a salir en su vida. Y uno toma, toma, toma, toma, toma, toma. 15 minutos… ¡Ohoo! Listo, ahora sí, chiquilla, me tengo que ir, me curé. Se cumplió el objetivo. La amo, chiquilla, que me apañan en todo. Las amo. Me voy a la casa. Uno llega curado, pero curado ubicado, porque uno sabe cuánto cuesta hacer dormir a la bendición. Entonces uno llega: "¡Cállate, mi amor! Y llegué curada, pero bien". Ya, ahora usted puede seguir durmiendo. Y aquí tenía, venía el plan que tenía yo en mi cabeza, pues. Yo me acerco a la cunita de mi hija, yo venía con una cajita de cereal en la espalda. Entonces yo le empecé a esparcir los cereales en la cuna y le dije: "Hijita, te voy a dejar servido el desayuno, ya, para usted cuando se despierte". Yo estaba feliz con mi plan, por leí. Así le dije, hija: "Para que usted se despierte, se lo tenga que comer, n más, hija. Esto es metodología Montessori, ya, para que usted sea autónoma y no h a su mamá". Ya, te lo voy a echar todo, listo. Me quedé dormida. Al otro día mi marido me dice: "Oye, ¿qué… Mira la cuna". "¿Qué tiene?", le digo yo. "Mírala bien". "¿Qué tiene?", le digo yo. Me dice: "¿Mira que está llena de cereal? Mi amor, cereal". "¿No será que la niña es sonámbula?". Y me dice: "Mira, no creo, porque la niña no camina todavía". "Buen punto", le dije yo. "Buen punto. Mira, ¿sabes qué? Esa fue la primera…". Entonces le dije: "¿Están pensando?". "Pues, no hay otra, no hay otra opción". Mira, esa fue la primera vez que yo me sentí mala madre, porque después han venido otras veces, pero esa fue la primera vez que yo me sentí mala madre. Y ¿sabéis qué? Otra vez que me sentí mala madre es que cuando nos dijeron a los 3 años que teníamos que buscarle colegio a nuestra hija, yo h, trauma con esa huevada, porque yo no estudié en un buen colegio. Yo sé que eso no se nota, pero yo no estudié en un buen colegio. No caché la risa, bueno, la, la cosa es que cuando nos dijeron que tenía que buscar colegio, yo le dije al tiro a mi marido: "Dije mi amor, bueno, hay que buscar el colegio de nuestra hija. Y nuestra hija va a estudiar en el mejor colegio de Santiago, hón, cueste lo que cueste. Esta H nos vamos a [__] en el mejor colegio de Santiago. Te digo, en el mejor colegio de Santiago, en el mejor… Espérate que averigüe cuál es el mejor colegio de Santiago, porque tampoco sabía cuál era el mejor colegio de Santiago". Pues, en realidad me puse a averiguar, pero no me puse a fantasear. Me puse, dije: "Hón, me puse a fantasear. Quiero un colegio bilingüe, no quiero que sea trilingüe, quiero que tenga un patio grande, que sea inclusivo, que no tenga cura, no sea un colegio perfecto". Y mi primer encuentro con la realidad, que ese colegio no existe. Y me empecé a dar cuenta que ni siquiera era llegar y pagar, sino que los niños tenían que quedar. Y me empecé a dar cuenta que ni siquiera eran tan importantes los niños, empezaron a ser más importantes los papás. Cuando me di cuenta de eso, dije: "¡Hija mía, no va a quedar en ni una huevada!". Pero ¿sabéis qué? Nos gustó un colegio y nos llamaron a una entrevista de papás. Cuando íbamos entrando en la entrevista, yo le dije a mi marido: "Mi amor, por favor, para que esta huevada resulte, usted calladito, ya, que uno lo conoce, ¿cachái?". Bueno, entonces entro y la profesora súper pesada, porque así como que cortante me dice: "Buenas tardes". "Buenas tardes", le digo yo. Me dice: "¿Cuántos idiomas habla?". "Es que tiene tres años", le dije yo. "Pero ¿sabes qué? Te, te, te, te hace frases largas, te hace frases largas. Yo la otra vez escuché que dijo: 'Guanchu, guanchu'. Repite: 'Guanchu, guanchu'". Me dijo: "No, ella no… Usted". "Ah, yo no, no, no, que… ¿Sabes qué? Yo no voy a entrar al colegio", le dije. Me dijo: "No, no, no. O sea, bueno, si usted quiere que le diga yo cuánto… ¿Cuánto me cuenta usted? ¿Quiere saber cuántos idiomas yo hablo?". "Si usted me quiere saber cuánto yo inglés", le dije. "Inglés, inglés", aplauso, sin no escrito, por si me hace una prueba, ¿cachái? Entonces le dije: "Pero well, muy W, muy W", le dije. "Muy W". Miró a mi marido. Le dijo: "¿Y usted cuántos idiomas habla?". Y él se puso nervioso y dijo: "Yo… Portugués escrito". ¡Ay, qué estúpido! "Legio, podemos continuar con la entrevista". Y me dijo: "¿Usted a qué se dedica?". "Ah, esta es la mía", dije yo. "Mire, quizás Daniel Aguayo no le suena, pero Chiqui Aguayo, actriz,

Hombre que resuelve dice: Ah, vienen todos los caros chicos disfrazados y me yo dije: "¿Pero qué pasó?". Empecé a ver en la libreta. ¿Qué pasó? Que no leímos. De repente lo leo, digo: "Día de libro, tenían que venir disfrazados". Y que dijo: "¿Qué hago?". Me la llevo. No le dije. Yo agarré un rimel, le pinté la nariz, le hice unos bigotes. Le dije: "Ya, cho, va de gato". Le dije, pero yo todo el rato pensando: "Oye, ojalá no me vayan a cachar que yo soy la apoderada que no lee la libreta". Cach. Entonces la voy a buscar. Le digo: "¿Cómo le fue a mi gatito hermoso precioso? ¿Cómo le fue?". Y me dice: "Bien, mamita. Hoy día lo pasamos súper bien porque hoy día hablamos de las profesiones". "¡Qué bonito!", le dije yo. "Mi hijo, la profesora me preguntó: '¿A qué te dedicabas tú?'". "¿Y tú qué le dijiste?". Yo dije: "Mi mamá cuenta chistes". "¡Qué bonito!". Y la profesora, altino, me preguntó: "¿Cuál era tu chiste favorito?". "¿Y qué le dijiste?". Se empezó a reír. Se rieron mucho, mamá. Se rieron mucho, hija. "¿Qué le dijiste?". Me dijo: "Nada, mamá. Solamente le conté nuestro saludo". Di es un saludo entre tú y yo. Miren, sabes que yo les voy a contar el saludo. Porque mira, no tiene nada en otro mundo. Pasa es que yo no se lo corregí a tiempo porque me parecía chistoso. Pero que ella muy buena para los instrumentos, le gustan mucho los instrumentos. Cada vez salí, salía de la casa y le decía: "Chao, guitarra". Y ella me decía: "Chao, maraca". Entonces le dije, hija: "Sabes que yo te tengo que explicar que las maracas son unos instrumentos. Pero además son… ya otro día te explico qué son las maracas". Le dije yo: "No. Mira, vamos a decir cualquier cosa. Yo te voy a decir 'chao guitarra', tú me vas a decir 'chao kelele', cualquier cosa, pero no 'maraca', no 'maraca'". Mira, fuimos al otro día al colegio. Hasta me bañé para parecer una persona más honorable ese día. Cach. La voy a dejar y la dejo en su sala. Digo: "Chao, mi amor, te amo". Justo está la profe más allá y le digo: "Chao, profe". Me dice: "Chao", me hace así. ¡Qué vergüenza! Mira, yo no sé si hay profesores presentes hoy día acá. Miren, les quiero hacer uno… no sé por qué están todos sentados all[ __ ] la H. Oigan, profe, les quiero hacer un homenaje en vida. Realmente les quiero hacer un homenaje en vida por la labor encomiable que están haciendo con nuestros hijos. Realmente enable, porque saben, no está nada fácil. Son niños que no conocen los virus de verdad. Lo han tenido todo muy fácil. Yo pienso… sabes que otra… yo me enojé con mi hija porque le di un vaso de agua. Dijo: "No, mamá, a mí no me gusta el agua de la llave". Yo dije: "¿Cómo tomaba agua tu mamá cuando era chica?". Yo agarraba la banguera, la hacía así. Ah, tenía tierra, le pasaba la lengua. Y sabes por… digo que todo… que lo ha tenido todo muy fácil porque yo lo veo una cosa tan sencilla. Yo veo a mi hija que agarra un vaso de agua, camina al refrigerador, camina dos pasos, estira las manos y le caen los hielos. Y yo le digo, hija: "¿Tú sabes cómo yo tenía que sacar hielo cuando era chica? Yo tenía que agarrar un cuchillo, ir a picar el hielo que estaba en el freezer al lado de un pollo y de un… viste? O sea, yo tomaba hielo con sangre. Tomaba yo con sangre. ¿Qué me iba andar enfermando?". Miren, la otra vez yo estaba en la casa. Estaba tratando de gestionar mi tiempo libre y yo creo que va a ser el susto más grande que pasado con mamá porque de repente estábamos ahí cuando de repente empezó a sonar el celular y decía: "Colegio llamando, colegio llamando". Sabes que yo me desmayé. Me volví a desmayar. Todavía no agarraba la hueva, cach. De repente le digo al… al… con la mamita, así con ella: "¿Dígame? ¿Qué pasó?". Me dice: "No, no pasa nada. Tiene que estar tranquila". "Estoy tranquila", le digo yo. "¿Pero dígame qué pasó?". Y me digo: "No, no pasa nada". Entonces, ¿qué chucha me llama? Me dice: "Ay, mamita, lo que pasa es que su hija llegó hoy día sin mochila". "¿No me diga que la saltaron?". "Ah, no, pues si la… la llevé yo". Ay, qué soy heva. La tengo puesta. La llevo al [Risas] tiro. Muchas gracias. Oye, sa… que mira, yo no sé si es porque ahora que soy mamá como que revivió un trauma que yo pensé que tenía olvidado o este trauma nunca había sido olvidado. Porque miren, yo soy hija de papá separado. Ese no es… Ela… porque siempre fue así, digamos. Siempre se pararon cuando yo tenía como 2 años. Pero papá muy distinto que peleaba. Mira, mi papá me iba a buscar todos los viernes y me iba a dejar todos los domingos. Yo pensé que la familia de todo el mundo eran así, cachái. Y cada vez que se veía mis papás peleaban los TR minutos que se veían porque mi papá no iba a buscar y mi mamá siempre nos tenía puesto más pá. Entonces mi papá siempre llegaba y le decía la misma huevada. Le decía: "Oye, deja de ponerle canciones comunistas a las niñitas". Y mi mamá le decía: "Bueno, tú eres huevón. ¿Cómo la canción amarilla va a ser una canción comunista?". Y mi mamá le decía… y esa parte… "¿Por qué no seré como ellos?", preguntaba mirando los cielos. "¿Por qué me tendré que arrastrar ahí?". Parte el resentimiento le decía. Ah, parte el resentimiento. Y yo por otro lado me subí al auto de mi papá. Papá muy distinto que mi papá tenía un puro cassette que yo escuché toda mi infancia por un lado, por el otro, el mismo cassette toda mi infancia. Y ustedes no… no van a creer… ese cassette era… "Que cante la vida". Bueno, que… las vueltas a la vida. La cosa es que un día cuando yo tenía 6 años, mi papá me va a dejar un domingo en la noche. Me dice: "Mi vida cambió para siempre". Me dice: "Mi amor, mi princesita, dígale a su mamá que le saque la visa para ir a Estados Unidos porque la voy a llevar a Disney". Yo le digo a mamá: "Mi papá dijo que me saque la visa para Estados Unidos porque me va a llevar a Disney". Mi mamá se rió. Me dijo: "Ya, por mientras anda a ponerte pijama". Oye, partió el huevo de Disney. Un año, dos años, tres años, cuatro años. Se mandaban recado, se mandaban talla. Mira, para la única H que se pusieron de acuerdo para transar, me deor vida. Mira, ya habían pasado 6 años. Yo tenía 12 años. Mi papá enojado me dice: "Dile a tu mamá que por culpa tuya… no… por culpa de ella no… no te estoy llevando a Disney porque ella no te ha sacado la visa". Yo me enojé también porque le dije: "Oye, mamá, mi papá dice que por culpa tuya ya no estoy yendo a Disney porque tú no me has sacado la visa". Nunca había visto a mi mamá tan enojada. Me dice: "Dile a ese guatón Juli que no te paga ni la pensión te andar llevando a Disney. Nunca te va a llevar a Disney". Mi corazón se rompió en mil pedazos. Más encima tenía que esperar hasta el otro vi para preguntarle porque no era tan inmediata la hueva, cachái. Entonces llegó el otro bien y le digo: "Papá, mi mamá dijo que tú nunca me ibas a llevar a Disney". Él me miró, se rió y nunca me llevó. Entonces, cuando mi hija estaba cumpliendo 4 años, que apagó la velita… que lo cumpla fe… y le dije: "Hija, ¿te gustaría conocer Disney?". "Sí, mamita. También me encantaría". "Vamos a ir, porque tú no vas a crecer con el mismo trauma que creció tu mamá". Le dije: "Pero antes voy a hacer una llamada porque yo no soy recosa". Dije: "Aló, papito, voy a ir a Disney a cumplir el sueño de mi vida y me gustaría saber si a usted le gustaría venir conmigo". "Sí, mi amor. Me encantaría. Me encantaría". "Bueno, ahora te pago porque yo no te llevo. Ni [ __ ] Ni [Aplausos] [ __ ]". Oye, partimos a Disney, mi hija, mi marido y yo. O cuando llegamos al parque, nosotros pensamos que íbamos a cumplir el sueño a ella. Pues, sabes que de repente pasó el rat Mickey caminando. Sacamos… botar… sacar una foto con el rat Mickey y ahí cachamos que el sueño era de nosotros. Ya no tenía nada que ver, cachái. Y… est… me acuerdo que estábamos ahí en Disney cuando empecé a sacar el rollo… toda la gente con que iba a Disney. Dije: "Mira, cabr… todos los cabros chicos que vienen a Disney son cabro chico aquí… cabro chico… cabro chico cuico. En cambio, todos los huevones que vamos sobre 30 años nos pagamos nosotros el pasaje. Somos huevones kumas que alguna hueva tenemos que resolver, alguna herida de infancia, alguna huevada, cachái. Y estamos en eso cuando le digo: "Pero hijita, tú tienes 4 años. Ya está aquí en Disney. No puedo creer esta hue… voy a tener una hija cuica". Se quitó. Me dice: "Mamita, ¿me compras un helado?". Yo miré a su papá y le dije: "¿Le voy a ir a comprar un helado?". Me dijo: "No, hevo, que estos hones no me entienden". Yo sabes que vi una oportunidad. Dije: "Voy a quedar con una superheroína con ella". Le dije: "Mi amor, yo te voy a comprar un helado para que veas la importancia de manejarse en dos idiomas. Yo te voy a comprar un helado para que veas cómo tu mamá se maneja de manera bilingüe". Observa: "Hello, me da one ice cream". "Ag… uno ag… mira… mira, si me ayuda algo… se me la bolsillo como si no existiera… like… sentella… hón. Menos mal que justo me gritan atrás: 'Buena, ch'". Le dije: "Chileno, H. Por favor, compra… habla inglés, por favor. Compra un helado. Esta… es tonta". Sabes que… media hora estoy pidiendo ag… no me lo pasa el huevón. Va… one… creen… no sé qué… me pasa al lado. Le digo: "Gracias, cuico [ __ ] sigue tu camino". Le dije yo. Ya sabes que me salió el resentimiento. No… dije: "Mi hija… ya, hija, cómete todo el helado que me costó 25 lucas la hueva". Hoy estábamos ahí… está a punto de cumplirse mi sueño… mi sueño… porque yo… no… iba a empezar a oscurecer. Yo no sé si haya gente que… con que haya estado en Disney que… levanta la mano… una, dos, tres… ya… filo… le explico a la gente pobre… estábamos en el parque y se iba a cumplir el sueño de mi vida. Muchas gracias. Se iba a cumplir el sueño de mi vida porque se quitamos y se oscureció en el parque y se prendió el castillo. Ahí estaba yo frente al castillo y de repente… meó el castillo. Se prendió… tn… los fuegos artificiales sonando y la música tan linda… yo al tiro me puse a llorar. Mi infancia pasar [ __ ] toda la H. Y estaba el castillo prendido, los fuegos artificiales sonando pa pa pa y la música tan linda. Yo dije: "Hón, ¿por qué los narcos no le ponen música a la ha?". Muchas gracias. Buenas noches. Buenas noches. Es Chiqui. Ay, mamita [Música] mamita… espectacular presentación de nuestra chii… Mira, tremendo aplauso del público… chii… nuestra Rebelde chii Aguayo… genial, divertida, libre, sin filtro [Risas] [Música] ¿Qué dirá la niña de lo que está sucediendo? Emocionada nuestra chii… supieras cómo están ahí detrás del escenario… nuestro querido princes… no hay duda, es claro, es categórico… de [Aplausos] plata… fiesta… tenga de todo… emociones, bailes y risas volando hasta tus manos… Chiqui querida… ahí está. Muchas gracias. Muchas gracias de verdad. Es muy emocionante. Es muy emocionante volver a estar aquí. Gracias. Gracias por permitirme hacerlos reír tanto tiempo [Música] y así tan rápido… ¿qué va a decir… a decir la niña de nuevo? Perdón… así tan rápido que I va a decir la niña de nuevo… sí, así lo está pidiendo. Hay que escuchar la voz del pueblo [Música] ya… gaviota de plata… mir… un emocional… está ahí… María José… bello… tus amigas queridas… atención Quinta Vergara… atención chii… pero es contundente, es grande, se giganta aquí en la Quinta Vergara… gaviota de oro para Chiqui [Aplausos] [Música] Aguayo [Música] ¡qudo! Levántalas… ahí están [Música] ¡qué emocionante! ¡Qué merecido! Muchas [Música] gracias. Bueno… s… yo me quedo… yo me quedo ya… pues nosotros también nos quedamos y te escuchamos. Muchas gracias. Este escenario es todoo… a seguir gozando, a seguir riendo con Chiqui Aguayo. Ay ay ay ay ay ay… voy a tomar un poquito de agua. Oye, muchas gracias. ¡Qué emoción lo que acaba de pasar! Muchas gracias por… por permitirme hacerlos reír. Porque a mí me hace muy bien y qué bien nos hace reírnos también. Miren, yo cuando empecé… cuando era mamá recientemente… tenía TR cu meses… yo le empecé a preguntar a mis amigas que tenía que ya eran mamás pues… y le empezaba a preguntar: "Oigan, chiquillas, ¿ustedes creen que la sexualidad a ustedes les afectó la maternidad?". Y se reían la hueva. Nadie me decía nada. Cacha. Yo le digo: "Ya, pues díganme algo, pues. Si a mí la sexualidad no es que me haya afectado, me la… me la fulminó. Le dije: 'Me la liquidó', cachái. Y me… y yo buscando empatía. Yo por eso lo cuento ahora porque nadie me decía nada. Todo el mundo me retaba. Decía: '¡Culpa tuya, pues, huevona! ¡Culpa tuya porque no lo sacaste nunca a la cama! ¡No lo sacaste nunca a la cama!'". Oye, ¿me sabis que me dijeron tanto en la cama que yo llegué a la casa con una idea? Le dije: "Mi amor, nuestra hija tiene una cama que no la ocupes otra cosa", le dije yo. "¿Entonces por qué no la ocupamos nosotros?". Y sabes que yo esto lo cuento por si le sirve a alguien porque ahora nosotros tenemos citas en la pieza de nuestra hija, que es una pieza Montessori con forma de castillo, que ha hecho que nuestra… que nuestra imaginación vuele. Porque ahora yo le digo: "Mi rey, saca tu espada. Hazme caballera". Y cach que yo digo: "¿Cómo será el cansancio y el… la carga mental de los papás? ¿Qué más lo que cuesta que se concrete el acto sexual mismo? Que en el acto sexual mismo uno… s… quiere seguir trabajando, cach… con mi amor". Oye, "¿compraste la cartulina?". "Claro, claro, claro. No te olvid… oye, colación compartida". Entonces digo: "Tanto el cansancio de la maternidad que… claro… la sexualidad… que relegada a un quinto plano, cachái". Yo la otra vez estaba viendo a mi marido que estaba cocinando, estaba como cortando un zapallo así… pa pa… de repente lo miré, lo encontré tan mino y de repente… nunca le dice esas cosas a la pare… la pareja. Entonces dije: "¿Sabéis qué le voy a decir? Mi amor, hoy día estás súper mino". Y sabéis que a él… con el puro comentario se le paró con el puro comentario. Entonces yo dije: "¿Cuánto tiempo que quizás… que n… ni nada?". Cach. Entonces le dije: "Mi amor, hoy día una cita en la camita Montessori". Mira, el día más laro la historia. Porque eran como las 12 del día… las 3 de la tarde… me hacía… bueno, llegó la hora de acostar a nuestra hija, la misma hora de siempre. Porque no… porque uno esté caliente se acostar a las 5 de la mañana… la misma hora de… o sea, no la voy a acostar a las 5 de la tarde porque no esté caliente… a la misma hora de siempre. Y ese día eh… bueno, nosotros tenemos una rutina de sueño. Yo le leo todos los días un cuento. Yo ese día le termino de leer el cuento y me dice: "Mamá, ¿tú sabis que en el colegio hay una mamá que le escribe los cuentos a su hija?". Para que veáis que hay gente ociosa, le dije yo. Viendo tanto escrito… bueno, filo… le… leí un segundo cuento, un tercer cuento… al cuarto cuento se quedó dormida y dije: "Ay, ojalá este otro despierto". Pero antes de irme a la pieza voy a pasar por mi cajón de los calzones a ponerme algo sexy. Mira, buscando en mi cajón de los calzones… yo me di… yo llevo 10 años casada… en estos 10 años no me he comprado pero nada… ni… ni un calzón… nada [ __ ] cóm… nada… s… que ponerme. Y de repente agarro este calzón… ah, este de encaje… este de encaje me gusta… me lo voy a probar. Mira, no me quedaba mal… pero que no era encaje… estaba toda rota la hueva. Pero bueno, dije: "Felipe, esto es una relación basada en el humor… sirve igual". Le dije: "Ya, llego a la casa… a la pieza". Digo: "Ojalá esté despierto". Me asomo y estaba durmiendo, pero me dio una ternura porque estaba durmiendo con un sua de cuero negro, con una ojera hasta acá. Yo me puse al lado con mi encaje… no encaje… mi ojera hasta acá… me puse al lado. Sabes que saqué el celular, saqué una selfie así… sabes que éramos como una postal del psiquiátrico. Yo dije: "Esta foto la voy a guardar cuando nos den ganas de tener otro". Y me acosté al ladito, pues. Entonces estaba durmiendo y yo durmiendo… le di un besito así y sabes que… durmiendo y todo… pum… se le paró. Pero ¿sabéis qué? Yo me quedé pensando eso que dijo mi hija, que en su colegio había una mamá que escribía cuentos. Yo sabes que… perdí todas las competencias de maternidad y esta no la voy a perder. Tan difícil puede ser escribir un cuento, dije yo. Y les traje una primicia hoy día a Viña porque le escribí el primer cuento a mi hija. Mira, y encuentro que feo que lo diga yo, pero encuentro que me quedó tan bonito que el día de mañana lo pueden encontrar en jardines infantiles, no sé… en colegios… quién sabe dónde pueda llegar. Y me gustaría leérselo hoy día acá porque estoy muy orgullosa de mí y espero que mi hija también esté orgullosa. Porque… ay, qué emoción… el cuento dice así: "Había una vez… ah, se hizo de noche… Había una vez una niña gobernada por sus emociones como Riley intensamente", dijo mi hija. Exactamente como Riley, pero esta se llamaba Chile. Porque además de luchar con sus emociones tenía que luchar con las calilas, las mojojojo, los hermosillas. Pero Chile creía que solo tenía una emoción porque siempre tenía rabia. Tenía rabia porque vivía en el campo y donde vivía no llegaba ni una huevada. Un día todo cambió cuando despertó Chile y se dio cuenta que sus papás no estaban. "¿Dónde se fueron?", preguntaron los… "¿Dónde se fueron los papás?", preguntó mi hija. Habían salido a buscar un tesoro. "¿Qué tesoro?", la alegría, hija mía. Ay, qué bonito. Me dijo: "Este es un cuento para llorar, mamá". "No, hija, es la historia de Chile". Sobre la mesa los papás de Chile habían dejado un papelito con una nota que decía: "Chile, la alegría ya [Aplausos] viene". Chile miró la nota sin expresión alguna porque no sabía leer. En verdad Chile sí sabía, pero no entendía lo que leía. Así es. Chile pegó el papelito en el refrigerador y se preparó para esperar la alegría. Y lo pasó chancho. Solo comía lo que quería, no se bañaba, empezó a ir a jugar a la plaza y conoció un nuevo amigo. Se empezó a portar mal. "Tráigame cuatro ucranianas, tres polacas, dos argentinas". Lo estaba pasando superb, pero de repente le vino la pena porque extrañaba a sus papás. Un día llegó una carta de sus papás que decía: "Tranquilo, Chile, y que la alegría ya viene". Y Chile y volvió a sentir… ray… alegría… culada que no llega nunca… pero adentro de la carta, como todo padre ausente, mandó unos billetitos. Y Chile pensó que la felicidad era la plata y se puso a gastarla. Porque donde vivía ya no era tan campo… habían hecho otras casas, una farmacia, una cancha… una farmacia… una plaza… dos farmacias juntas… una botillería y 10 canchas de pádel. Se sentía bien Chile. Y Chile ya era un adolescente. Vivía en una edad del pavo permanente. Se movía, botaba cosas y quedaban puras cagas. Se caía corriendo pa terremoto, pisaba una posa pa inundación, se tiraba un poedo pa socabón. "Debo estar embrujado", pensaba Chile. No entendía que le pasaba. Había muchas cosas que le resultaban incomprensibles de ser Chile. Y por qué si suben las papas y si hay sequía también suben las papas. O sea, pase lo que pase… suben las papas. ¿Por qué si el país es largo y flaco estamos todos gordos? ¿Por qué si pido comida china la trae un [Música] venezolano? Eran muchas preguntas, hija. Y ahí Chile… y conoció la ansiedad. Y los papás de Chile… y preguntó mi hija: "Un día, hija mía, regresaron los papás de Chile y Chile corrió a abrazarlo. ¿Dónde está la alegría?", preguntó. "¿Qué alegría?", le dijeron los papás. "Ustedes me dejaron un papelito que decía: 'La alegría ya viene'". "No, hijo, tú leíste mal el papelito. No decía: 'La alegría ya viene'. El papelito decía: 'La alegría va y viene'". Entonces Chile amaneció comprendiendo que la única manera de soportar todo eso de ser Chile era riéndose. Porque quizás riéndose llegaba a la alegría. Así que empezó a reírse con pena, con miedo, con rabia, con ansiedad… a lo loco… a lo maldito… a reírse de todo y de todo. Si… si no basta la risa pa chucha… hicieron un puente al revés… talla… se [ __ ] un viejas con unos quesitos… talla… se pusieron a regalar tul panes… talla… quisimos cambiar la Constitución… talla… hicimos un censo para saber cuántos éramos… está en Talca… quisieron hacer el completo más grande del mundo [Aplausos] talla… se derrumba una mina con 33 mineros dentro… ¡chucha! Los liberan… T T… tall… chucha… tall… chucha… y son tantas las cagas que le ocurren a Chile, hija mía, que inventa más talla y más chucha. Y ya no había tiempo para explicar las tallas… ya… nacieron, hija mía, los memes de Chile. Porque si hay algo que sabe hacer Chile es contar votos, vacunar, hacer memes… en los memes Chile veía su identidad… sentía que por… por fin pertenecía a algo colectivo. Los memes de Chile deberían estar en todos los libros de historia. Póngame un uno. Y ¿qué H? Si yo les digo a ustedes [Música] yarari… adiós tí [Música] Pati… sácate al tiro la… no soy nada material para… somos el mejor… chúpalo [Música] [Aplausos] Carol… oye… todos esos memes lo inventó Chile y es la forma de soportar la realidad. Porque… que esa hue… que ustedes de acaban de corear… pasaron o nacieron memes y es la forma de soportar todas esas cosas incomprensibles de ser Chile y que sin meme ni chucha… Chile y no puede soportar. La chucha nos une, nos encuentra, nos iguala. Es el nuevo lema de la patria… chúpalo… Carol Dance… por la razón… la fuerza, hija mía. Y cuando ni la chuchada ni los memes son suficientes nos ponemos a mandar recetas… te llenamos la Instagram de recetas de empanadas de navegado, de chun chule. Y si se nos acaban las recetas nos vamos a poner a inventar comida porque nunca nos vamos a cansar… nunca. Adán Levin… esta casuela trae dos longanizas, un huevo, un poquito de manjar. Y ¿por qué mandar recetas, mamá? Hija, porque así es Chile. Muchas [Música] gracias. Buenas [Música] noches. Gracias, Viña. Gracias a ti, Chiqui. Gracias. Gracias [Música] chii… acompáñanos… Chiqui… contigo nos vamos a una breve pausa… volvemos con la competencia internacional de canciones y luego con vaya V [Música] 20em than