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Francisco I Madero

Ignacio Allende41:04

Transcription

[Música]

En 1892, a los 19 años, Francisco Madero regresa a Coahuila después de un largo viaje de estudios administrativos en París. El primer Caudillo de la Revolución Mexicana no era un campesino ni un obrero; era el acaudalado heredero de una de las familias más ricas del país. La hazaña de los Madero había empezado con el abuelo Evaristo, quien fundó la Compañía Nacional de Parras, originalmente dedicada a la vinicultura.

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Instaló fábricas de tejidos en Sonora, en la costa del Golfo de México y en Yucatán, fundó el primer banco de Nuevo León y explotó minas de cobre. Al inicio del siglo, según José Vasconcelos, el sol no se ponía en los dominios de los Madero. Del abuelo Evaristo, Francisco heredó su temple, inteligencia y creatividad. Recién llegado, introduce con gran éxito el cultivo del algodón americano en La Laguna y años más tarde escribe un estudio sobre la utilización de las aguas del río Nazas, que le vale una felicitación del presidente Porfirio Díaz. Junto a su gran solvencia administrativa, había en él una vena humanitaria, casi de redentor.

Durante su estancia en París, más que el arte y la cultura, descubrió el [Música] espiritismo. Esta doctrina, basada en la supuesta existencia, las manifestaciones y enseñanzas de los espíritus, había nacido a mediados del siglo XIX en los Estados Unidos y muy pronto se propagó en Francia y el resto del mundo. A diferencia de otros devotos, para Madero la importancia del espiritismo no residía en la posibilidad de mover objetos sin tocarlos o en las pinturas que cobraban vida; él buscaba la conexión ética entre el espiritismo y los mandamientos cristianos.

Para completar sus estudios, Madero pasa un año en la Universidad de California en Berkeley, donde perfecciona su inglés y estudia técnicas agrícolas. Pero una vez más, el conocimiento más importante para Francisco fue espiritual y moral. Había muchos académicos de la llamada escuela progresista que buscaba humanizar el poder, aplicando a los problemas sociales los principios de la moralidad cristiana. El joven Madero también establece contacto con la teosofía de Annie Besant, una mezcla de ideas hindúes con influencias occidentales, y sintió que en todo esto había una conexión con las revelaciones que había recibido en París.

A fines de 1893, regresa a México para hacerse cargo de una de las haciendas de la familia en San Pedro de las Colonias. Realiza trabajos de irrigación, abre una fábrica de jabón, una de hielo y un observatorio meteorológico. Paralelamente, empieza sus trabajos de caridad. Era una tradición en la familia, pero Francisco los lleva al extremo: fundó una especie de hotel de pobres donde ofrecía cama y comida. Sus obreros vivían en casas higiénicas, gozaban de altos salarios y exámenes médicos regulares.

En 1896, Madero considera que su caridad es insuficiente y decide hacerse médico homeópata. Aquellos caminos vieron muchas veces a don Pancho visitar botiquín en mano las casas de sus peones, recetando pequeñas píldoras o magnéticas aguas curativas. Al despuntar el siglo XX, elige un nuevo y más amplio campo de combate: la acción política. "Es indudable", escribiría tiempo después, "que si todos los hombres de bien hicieran a un lado sus egoísmos y se mezclaran en los asuntos públicos, los pueblos estarían gobernados [Música] sabiamente".

El golpe que sufre el Club Liberal, fundado por su amigo Camilo Arriaga en 1901, y la represión del gobernador de Nuevo León, Bernardo Reyes, contra una manifestación política en 1903, lo llevan a un primer intento de liberación democrática en su propio municipio. Después de fracasar, no se desalienta. En 1904 escribe: "Es vergonzoso que el miedo, la más vil de las pasiones, nos haya degradado al nivel de los parias". En 1905, Madero apoya un candidato independiente para las elecciones estatales. Madero es ya un dinamo político: ayuda a fundar 37 clubes políticos en el estado, es presidente del Club Democrático Benito Juárez y financia el periódico El Demócrata.

En la Ciudad de México, el anciano presidente recibe las primeras noticias que nunca tomaría en serio sobre la supuesta chifladura política del joven Madero. A partir de entonces, empieza a trazar con precisión matemática un plan para democratizar a México: de su hacienda a la política municipal, de ahí al ámbito estatal y finalmente al nacional. Apoyado en sus creencias espiritistas, Madero se siente predestinado y cada vez que se prepara un acontecimiento de importancia en cualquier parte del globo, supone que ciertos espíritus reencarnan en un gran número de personajes a fin de llevarlo adelante, a fin de salvar a tal o cual pueblo del yugo de la tiranía, del fanatismo, y darle la libertad, que es el medio más poderoso para que los pueblos progresen. Él mismo creía ser uno de esos espíritus salvadores: "He sido elegido por la Providencia; no me arredra la pobreza, ni la prisión, ni la muerte. Creo que sirviendo a mi patria en las actuales condiciones cumplo con un deber sagrado. Soy, ante todo, un demócrata convencido".

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Al llegar a la esfera de la política nacional, Madero no lanza un manifiesto, una proclama o un grito; hace algo más insólito: escribe un libro. Lo llamó "La Sucesión Presidencial en 1910" y estaba dedicado a los constitucionalistas de 1857. Una primera edición salió a la luz a principios de 1909 y se vendió como pan caliente. En el libro, Madero escribió que el mal mexicano era consecuencia natural del militarismo que asoló todo nuestro siglo XIX; era el poder absoluto, el poder en manos de un solo hombre. El libro aportaba varios ejemplos históricos pertinentes sobre el poder absoluto, pero ninguno más efectivo que el del propio zar mexicano. Para Madero, el poder absoluto había inoculado en el mexicano la corrupción del ánimo, el desinterés por la vida pública, un desdén por la ley y una tendencia al disimulo, al cinismo, al miedo. "Estamos durmiendo", profetizaba Madero, "bajo la fresca pero dañosa sombra del árbol venenoso; no hay que engañarnos, vamos a un precipicio". Si don Porfirio tenía una fija, el poder, Madero tenía la suya: limitar el poder. Madero propone el remedio: restaurar las prácticas democráticas y la libertad política que iguala a los hombres ante la ley, volver a la Constitución de 1857. Para ello, había que organizar un partido liberal bajo el lema de "Libertad de sufragio, no reelección".

[Música] [Aplausos] [Música]

Entre mayo de 1909, cuando funda el Club Antirreeleccionista, y noviembre de 1910, cuando estalla su Revolución, Madero despliega la mayor enseñanza práctica de democracia ejercida por un individuo en la historia mexicana. Luego del primer manifiesto del club, comienza una serie de cuatro novedosas giras por el territorio [Música] [Aplausos] [Aplausos] [Música] nacional. En su larga marcha, visita 22 de los 27 estados. En cada ciudad, concreta alianzas y se detiene en los poblados más pequeños. En Culiacán declara: "Venimos a predicar la democracia". En Veracruz describe su ideal como "una obra de recuperación a los individuos sus derechos, a los municipios sus libertades, a los estados su autonomía". Hubo quien pensó que con Madero se acabarían los impuestos, los prefectos y hasta las autoridades.

En abril de 1910, preside la Convención del Partido Antirreeleccionista. En su discurso advierte contra el fraude electoral: "La fuerza será repelida por la fuerza". Lo cierto, en el fondo, es que Madero no quería la revolución, sino un cambio pacífico, electoral, democrático. Pero en esos días, sostiene una entrevista con el propio presidente Díaz, a raíz de la cual cambia de parecer. El general Díaz escribe: "Madero me causó el efecto de estar completamente decrépito, pues ni me pareció imponente, ni hábil, ni nada". El general Díaz ha comprendido por fin que sí hay ciudadanos bastante viriles para ponerse frente a frente. Porfirio no es gallo. Sin embargo, habrá que iniciar una revolución para derrocarlo. La cuestión trajo a Madero [Música]

En mayo, comienza su cuarta gira. El ascenso del antirreeleccionismo es vertiginoso y los mítines son cada vez más riesgosos e intensos. Lo que Madero renueva es el ideal de liberalismo por el que muchos mexicanos habían luchado en las Guerras de Reforma e Intervención. En junio de 1910, emprende la que sería su última gira. Días antes de las elecciones, es arrestado en Monterrey. Poco después, es encarcelado en San Luis Potosí. En la prisión, Madero no flaquea, a pesar de que los resultados electorales le son aparentemente adversos. Escapa a San Antonio, Texas, y en el exilio, su destino se define con la publicación, aunque sea temporal, del Plan de San Luis, que había redactado en el cautiverio con la ayuda, entre otros, del joven y casi anónimo poeta Ramón López Velarde. De sus cláusulas sobresalía la asunción de la presidencia provisional por Madero, la restitución de terrenos a pueblos y comunidades desalojados y la libertad de los presos [Música] políticos.

"Les vendió los terrenos, tienen dinero. Los pobres nos quedaremos haciendo aire con [Música] somo. No nos queda otra salida más que ayudar a Madero. Vamos a exponer la vida. Ahí está Dios". Lo primero, la arenga patriótica, no nubló su sentido práctico. La revolución que debía estallar el 20 de noviembre de 1910 contaba ya con un mapa de acción y con delegados formales en cada sitio. Madero podía, tal vez por las noches, invocar a los espíritus propicios, pero en las mañanas escribía a Nueva York pidiendo noticias sobre sus acciones bursátiles. La clave era una acción igual a 100 rifles Winchester.

La mañana del domingo 20 de noviembre de 1910, 10 hombres, incluido un guía, acompañaban al líder de la Revolución a la frontera de Río Grande. En el sitio convenido, debía esperarlo el tío Catarino Benavides con 400 hombres. Al llegar, no encuentra a nadie. Cuando el tío aparece, su contingente es apenas de 10 hombres, con la noticia de la orden de arresto. Madero viaja de incógnito a la ciudad de Nueva Orleans. Para todos, menos para su Caudillo, que entonces ignoraba buena parte de los levantamientos en su favor en Chihuahua, Sonora, Tamaulipas, Coahuila y Veracruz. La esperada Revolución parecía un fiasco, pero Madero conservaba la fe por razones místicas y también por razones prácticas. Desde el principio, comprendió que al general Díaz solo se le podía derrocar por las armas, pero para ser efectiva, aquella revolución había sido indispensable la campaña democrática previa.

En sus largas sesiones en la biblioteca de Nueva Orleans, Madero escribe "Los Comentarios al Bhagavad Gita", una obra que consiste esencialmente en un diálogo entre el príncipe Arjuna y el dios Krishna sobre la necesidad de la acción en los momentos precisos. En febrero de 1911, entra al territorio mexicano con 130 hombres y poco después acaudilla personalmente un ataque a Casas Grandes. El gobierno norteamericano no obstaculiza mayormente el flujo de armas, y el sabotaje a las líneas telegráficas y férreas dificulta los movimientos de un ejército federal menos fiero de como lo pintan. Los hechos de armas se multiplican y en abril abarcan 18 estados. Nueva York, Washington y la frontera. El gobierno de Díaz se sienta a la mesa de las negociaciones. El 21 de mayo se firman los Tratados de Ciudad Juárez, con los que concluía la Revolución Maderista. El presidente y el vicepresidente dimitirían sus cargos antes del fin de mayo. El secretario de Relaciones, Francisco León de la Barra, asumiría la presidencia interina para convocar elecciones generales. Cuatro días después, el presidente Porfirio Díaz presentaría su renuncia. Cuenta la leyenda que partió al exilio con estas palabras: "Madero ha soltado al tigre, veremos si puede dominarlo".

En 1910, en la ciudad de San Luis, [Música] suero combatir.

El 7 de junio de 1911, Madero hace su entrada triunfal a la Ciudad de México. Luego de un fortísimo temblor de tierra en la [Música] madrugada, lo reciben eufórica 100,000 personas, la quinta parte de su población total. La estrella maderista llegaba a su cenit. La algarabía del pueblo presagiaba todas las venturas para el apóstol. Por donde pasaba se oían aplausos, vivas, repiques de campanas y cohetes. "Viva Madero", dos palabras mágicas pintadas en las bardas y en las conciencias, resumían el momento.

Pero Madero comete dos errores políticos capitales: la concesión del interinato presidencial al porfirista Francisco León de la Barra y el licenciamiento de las tropas revolucionarias. El interinato sugería una vuelta al régimen porfiriano y nada más desalentador que licenciar sus tropas; era tanto como deslegitimar la revolución. Sin embargo, Madero ponía toda su fe en la capacidad del pueblo para gobernarse a sí mismo con serenidad y sabiduría. [Música] Prefirió esperar a que la vida política mexicana alcanzara la madurez, ejerciendo la libertad. [Música]

El objetivo del presidente interino era socavar la legitimidad del futuro régimen maderista. Su mayor éxito fue la decisión entre Zapata y [Música] Madero. El Caudillo sureño confiaba en que Madero cumpliría la promesa de restitución de tierras hecha en el Plan de San Luis. Por su parte, Madero pretendía resolver el problema de modo paulatino, estudiado y pacífico. A mediados de 1911, Madero viaja a Cuernavaca para entrevistarse con Zapata. Allí lo espera una recepción cariñosa y esperanzada, pero el pacto entre los dos era dinamita pura para el porfirismo. Sin Porfirio, los hacendados y el gobernador de Morelos presionan a De la Barra en el Senado y en la prensa de la capital se vocea con histeria la ferocidad de la "tila del sur". Pero el verdadero Atila comandaba los federales en Morelos: Victoriano Huerta. Y muy pronto queda claro que Madero y De la Barra perseguían fines distintos.

Zapata mantiene la mayoría de sus hombres armados y el 15 de agosto de 1911, desde Cuernavaca, Madero pide al presidente amplias facultades para viajar a Cuautla y arreglar personalmente con Zapata el licenciamiento de tropas. Al mismo tiempo, le anticipa las condiciones del ejército sureño: nombrar un gobernador y un jefe de armas nativos de Morelos que ofrezcan garantías. Tres días después, Madero se traslada a Cuautla como prueba de confianza frente a Zapata, a quien ha llamado "integérrimo general". Madero lleva a su esposa Sara. Desde allí, informa al presidente que el licenciamiento empezará tan pronto como se cumplan algunos requisitos razonables: designar jefe de armas a Raúl Madero, traer tropas ex revolucionarias de Hidalgo, reconcentrando las tropas federales en Cuernavaca. Como respuesta y sin órdenes expresas, Huerta ataca Yautepec, conducta que a Madero le parece algo sospechosa. Por fin, el 20 de agosto, De la Barra anuncia que se detendrá el avance federal, pero a condición de que Zapata ponga las armas y licencie a sus tropas. Madero insiste en el retiro de Huerta, que ha provocado muchos conflictos en el estado de Morelos, y defiende a Zapata. "Los hacendados lo odian", escribe, "porque es un obstáculo para la continuación de sus abusos y una amenaza para sus inmerecidos [el título]". El reto más delicado no es la latitud de Huerta, sino la de los campesinos zapatistas, a quienes no se podía ni debía traicionar. Las condiciones pactadas por Madero eran las mismas de un principio, y sale de Morelos prometiendo a Zapata que sus demandas se cumplirían al llegar él a la [Música] presidencia. "Cumplieron Zapata y demás jefes las órdenes que traía don Francisco, y Madero y siempre pronunciados se quedaron renuentes en todito el estado nombrado de Morelos cuando el señor Naranjo para su desgracia, quizá por no hacer declaraciones públicas". Madero cargó con un doble estigma en la mente de los zapatistas: no logró que sus condiciones se cumplieran y los traicionó, engañándolos. Solo así se entiende la rapidez con que el movimiento sureño rompería con él. A los pocos días de haber asumido el poder, se ha dicho que, al margen de las intrigas de De la Barra y del papel de Huerta en el advenimiento de la disputa, Madero no entendió a Zapata. Había entre ellos, es verdad, una diferencia cultural importante. Zapata hablaba desde un pasado de reclamos, derechos coloniales, "orden mío, de la tierra". Madero, a fin de cuentas, era un liberal que no entendía la propiedad comunal de la tierra. Pero también era un demócrata, un cristiano igualitario que, a diferencia de De la Barra, respetaba a Zapata. Madero y Zapata diferían en los procedimientos; separaron los hombres y los intereses. [Música]

En noviembre de 1911, Madero llega por fin a la presidencia, gracias a una votación calificada por la prensa de oposición como "la más libre y espontánea de la historia de México". Gobernó 15 meses con tales dificultades que, a la distancia, su periodo parece más bien un milagro de supervivencia. Su gabinete, integrado por hombres de facciones distintas, es inestable y poco eficiente. El Senado ejerció en su contra una oposición desleal, desacreditó y paralizó todo intento de reforma. Pero nada tan irresponsable y persistente como el ataque de la prensa contra Madero. Llovieron los chistes, los apodos, las caricaturas. "¿Qué nos queda del orden, la paz, la prosperidad interna y del crédito, del respeto y el prestigio en el extranjero que México gozaba bajo el gobierno del general Díaz?", clamaba "El Mañana". "Los diarios muerden la mano que les quita el bozal", dijo alguna vez Gustavo, el incluyente hermano de Madero. Pero Madero, casi siempre congruente, se negó a usar los métodos de la dictadura. "Prefiero", dijo, "hundirme en la ley que sostenerme sin ella". Es una paradoja que la prensa, cuyo sustento y razón de ser es la libertad de expresión, pidiese implícitamente la vuelta del silencio [Música] porfiriano.

Además de la oposición política, Madero tuvo que afrontar, entre otras, aparte de la zapatista, tres rebeliones particularmente serias: las de Bernardo Reyes, Pascual Orozco y Félix [Música] Díaz. Reyes había sido gobernador de Nuevo León, ministro de Guerra dos años durante el Porfiriato y fundador del Partido Democrático en 1909. En una entrevista con Madero en julio de 1911, se había comprometido a luchar democráticamente por el poder, pero poco después sus maniobras subversivas ya no eran un secreto. El 14 de diciembre de 1911, entra al país por la frontera norte y 11 días después se rinde en Linares. Porfirio Díaz lo hubiera fusilado; Madero lo confina a la prisión de Santiago Tlatelolco.

En marzo de 1912, estalla en Chihuahua la rebelión de Pascual Orozco. En un principio, los rebeldes derrotan a las fuerzas federales que comanda el general González Salas. Lo reemplaza el general Victoriano Huerta, quien finalmente doblega al enemigo y Orozco huye a Estados Unidos. Pero Huerta no puede saborear su triunfo: ha reñido con el presidente a propósito de la insubordinación de Francisco Villa, quien había combatido a los orozquistas. Huerta hace alarde desde que él, uniéndose a Orozco, podía quitar a Madero de presidente. El ministro de Guerra, Ángel García Peña, lo destituye de su mando, pero poco después Madero le concede el rango de General de División. Al hacerlo, no lo mueve la bondad, sino la conveniencia de tenerlo aplacado.

En octubre de 1902, estalla en Veracruz la revuelta del sobrino de su tío, como se le llamaba a Félix Díaz. Poco después se rinde y es confinado en la prisión de San Juan de Ulúa. Madero considera la posibilidad de fusilarlo, pero la prensa y la alta sociedad acusan a Madero de déspota y tirano. El presidente parece dispuesto a no ceder, pero se le interpone la Suprema Corte de Justicia, que ampara al sobrino, quien acaba preso pero salva la vida. El embajador de Cuba, Manuel Márquez Sterling, escuchó a su llegada estas declaraciones: "¿Ha venido usted en mala época, señor ministro? Y pronto ha de ver al gobierno hecho pedazos. ¿Y Madero acaso navegando hacia Europa?". "¿Cree usted que un presidente que no fusila, que no castiga, que no se hace temer, que invoca siempre las leyes y los principios, puede presidir en realidad?".

El cuadro global del país era mucho menos alarmante de lo que el interlocutor de Márquez Sterling afirmaba. Hasta en los oscuros dominios de Emiliano Zapata, la revolución campesina cedía ante la política pacificadora del nuevo comandante de la zona, Felipe Ángeles. Como buen administrador, Madero lo planeó todo e hizo mucho: propuso la educación agrícola, reorganizó el crédito al campo, proyectó la colonización, la conservación de recursos naturales y el deslinde y venta de tierras nacionales. Además, creó siete estaciones de experimentación agrícola. En otros ámbitos de la política social y económica, el avance en tiempos de Madero era igualmente claro: se propició el movimiento sindical, se abrió la libertad para los anarquistas, se abrieron escuelas industriales y comedores escolares, se dieron nuevas concesiones ferrocarrileras en el sureste, se comenzó la construcción de carreteras importantes y se creó la inspección de caminos, carreteras y puentes. Pero las acciones más decisivas ocurrieron en el ámbito político. Para Madero, el problema de México no era esencialmente social o económico, sino en principio político. Respetó escrupulosamente la independencia de poderes, nunca intervino en el poder judicial, propició la más amplia pluralidad en el legislativo y alentó la libertad del cuarto poder, el poder de la prensa. A su gestión se debe la política de descentralización más decidida y clara de la historia reciente. Para Madero, era evidente que su deber primordial había sido el de dar libertad política al pueblo mexicano. A su juicio, el deber del pueblo mexicano consistía en ejercer esta libertad con responsabilidad. Ay, eso sí, en Madero cierta incapacidad para el arte de la política y para la relojería de los medios y los fines. [Música]

Reloj es día las 7 de la mañana cuando México llegó dragón con fuerza armada. La madrugada del 9 de febrero de 1913, estalló la insurrección para derrocar al presidente Madero. El jefe del movimiento, Manuel Mondragón, parte de Tacubaya y se dirige con 500 dragones del regimiento de artillería a la prisión militar de Santiago Tlatelolco, donde liberan al general Bernardo Reyes. Poco después, llegan a la Penitenciaría del Distrito Federal, donde es liberado Félix Díaz, quien poco antes había sido trasladado desde Veracruz. [Música]

Días con orden militar, renuncias de la S. Los cadetes de la Escuela Nacional de Aspirantes que han tomado el Palacio Nacional, por orden de los conspiradores, ceden ante la arenga fiel del general Lauro Villar. Reyes, con toda su gente, su valor quiso mostrar; al llegar frente a Palacio, su muerte vino a encontrar. Venía Bernardo Reyes con todita su gente y una bala mista le pegó la mera frente. Para infortunio del presidente, Villar es herido. Mondragón y Díaz se dirigen a tomar la Ciudadela. Madero baja a caballo desde el Castillo de Chapultepec, escoltado por cadetes del Colegio Militar, y se dirige al Palacio Nacional. Lo sigue una multitud que lo vitorea. Díaz y Mondragón toman la Ciudadela con parque suficiente para resistir largo tiempo. Madero encarga a Victoriano la comandancia militar de la plaza y parte hacia Cuernavaca para encontrarse con el general Felipe Ángeles. [Música]

Luego que ya había empezado descargas de artillería federales del gobierno por donde quiera, Madero regresa de Cuernavaca con Felipe Ángeles y su brigada. El día 11 hay más de 500 muertos y heridos. La noche muy oscura, las [Música] más serenas. Las principales calles de muertos está llena. "Preparen los aceites, los panteones abiertos", que andaba la Cruz Roja levantando los. Pero los observadores perciben movimientos extraños. Huerta sacrifica a los hombres leales a Madero, pero se resiste a tomar la Ciudadela. Díaz y Mondragón lanzan obuses, pero no dañan puntos claves de la plaza. Pocos saben del pacto que se fragua en silencio, bajo el manto protector del embajador norteamericano Henry Lane Wilson. El 13 de febrero, los bombardeos continúan con intensidad y el centro de la ciudad es la zona más [Música] afectada.

"Ver ciudad estaban bombardeando". Tres aquellos momentos, aquellas horas de descerrada. Lane Wilson está en el centro mismo de la conjura. Enfrenta a parte del cuerpo diplomático contra Madero, profiere amenazas infundadas de intervención militar y evita todo posible armisticio. A los diplomáticos que, obedeciendo a Lane Wilson, le pedían la renuncia, Madero les dice: "Jamás renunciaré. El pueblo me ha elegido y moriré, si fuera preciso, en el cumplimiento de mi deber". A los senadores que le pedían lo mismo, les dice: "No me llama la atención que ustedes vengan a exigirme la renuncia, porque senadores nombrados por el general Díaz y no electos por el pueblo me consideran enemigo y verían con gusto mi caída".

El 17 de febrero, los bombardeos continúan en distintos puntos de la ciudad. Gustavo Madero y el tribuno Jesús Urueta descubren por azar que Huerta está en arreglos con Díaz. Gustavo, en persona, prende a Huerta y lo lleva ante Madero. El presidente presta oídos a los ruegos de Huerta, que niega su participación en la conjura y promete apresar a los rebeldes en 24 horas. Es el momento clave. Madero toma una decisión suicida: le regresa su pistola a Huerta y cree en sus promesas. Del alto, Huerta y Blanquet cierran el cerco de la traición. Madero es hecho prisionero después de una sangrienta balacera en el Palacio Nacional. Mientras tanto, Huerta ha invitado a Gustavo Madero a comer en el restaurante Cambrinus, donde con una treta lo desarma y lo apresa. Ese mismo día será asesinado cobardemente, brutalmente, en la Ciudadela. Terminaron los combates el 28 de febrero, cuando en poder de Huerta, su [Madero] y Madero. Madero, estando en Palacio, dijo: "Qué ingrata es mi suerte. Doy la vida por el pueblo, yo no le temo a la muerte". El secretario de Relaciones, Pedro Lascuráin, se acomidió a lograr la dimisión de Madero y Pino Suárez, creyendo que al dejar la presidencia detendría el baño de sangre y salvaría de todo riesgo a su familia. Madero redacta serenamente su [Música] renuncia.

"Señores, les contaré lo que en México pasó. Bola de asesinos". Así, el 20 de febrero, será presidente por 4 minutos. Arreglará a favor de Huerta, quien así cree guardar las formas constitucionales. Aunque Madero había recibido la promesa de que podía abandonar el país, el tren que lo llevaría a Veracruz, donde lo esperaba un crucero para asilarlo en Cuba, no saldrá nunca. Lane Wilson no mueve un dedo para salvarlo. Según el propio secretario de su embajada, Wilson es responsable de la muerte de Madero, pero el responsable mayor y decisivo es Victoriano.

La noche del 22 de febrero, Madero y Pino Suárez salen escoltados de Palacio Nacional por el mayor Francisco Cárdenas. El encargado británico de asuntos exteriores envió meses después la investigación detallada de los asesinatos. "Los automóviles avanzaron", escribió, "por un camino tortuoso en dirección a la Penitenciaría, pero pasaron de largo la entrada principal y continuaron hasta el extremo más apartado del edificio, donde se les ordenó detenerse. Comenzaron entonces algunos disparos que pasaban por el techo del automóvil, y el mayor Cárdenas hizo que sus dos detenidos descendieran de su vehículo. Mientras Madero bajaba, Cárdenas le puso su revólver a un lado del cuello y lo mató de un balazo. Suárez fue conducido hasta el muro de la Penitenciaría y fue fusilado". [Música]

Allí, año de 1900, de 1913. Ya mataron a Madero y nada que aparecer la palomita para Romero y Carranza. Que mataron a Madero está en la naturaleza trágica de los apóstoles, el que su calvario se conozca mejor que su obra, o que, en cierta forma, su calvario sea su obra. De ahí que la Decena Trágica constituya el episodio más conocido del maderismo. A raíz del horrible crimen, el tigre que tanto temió Porfirio Díaz despertó con una violencia solo equiparable a la de la Guerra de Independencia. Los viejos agravios sociales y económicos del pueblo mexicano impulsaron, sin duda, la lucha, pero en aquella larga, dolorosa y reveladora Guerra Civil, además de la venganza, había también un elemento de culpa nacional, de culpa histórica por no haber evitado el sacrificio de [Música] Madero.

En 1910, en la ciudad de San Luis, [Música] suero. Madero combatir.

"Ha sido Juárez a recorrer el país, a quemar a Madero. Tan hombre le conozco sus acciones. De hecho, se fue a la cárcel, echar fuera las prisiones. Cuánta Guadalupe lo llene de bendiciones. Aquí me siento a cantar estos versos a millares". [Música] "Comenzaré con".