Transcription
Yo no, la amante. Año 1882. En un puerto del Golfo de México, hacia el sureste, haciendo "La Paloma" de Don Jerónimo Cabrera.
Despacho de Don Jerónimo. Ambiente culto, elegante. En esta hacienda se vive en la abundancia. El día de hoy, lo más importante es un gran ruido de fiesta. Músicos, marimba, guitarras, cornetas. Puede escucharse el escobillero de los pies sobre los tablados. Todos bailan, comen, beben. Se festeja el bautizo de Estrella, nieta del dueño de la casa e hija de Sebastián Santander Brito y Julia Cabrera. Estrella. Todo es alegría, entusiasmo, placer de perpetuarse.
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I no.
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Estaba en el mirar cuando fui a invitar a mis hermanos. No solo es cuñado nuestro, sino un amigo muy querido. Juan José Fierro de Lugo. Le hace honor a cualquier fiesta. No a las fiestas de "La Paloma". O le dices que se vaya. No, se lo digo yo de la peor manera. Ya se lo dije. Estás tomando. Gervasio. ¿Qué le dijiste? Pues eso, que se fuera. Y te pregunto. ¿Por qué? Me pregunto por qué te molestaba tanto su presencia. Él no te conocía. Tú, ¿qué le dijiste? Pues la verdad. Y le guardaba rencor porque se casó con Encarnación. Eso me parece estúpido. Pero así dice que él contestó que nunca lo hubiera imaginado. Agarró el caballo de Tadeo y se fue. Él no lo sabía. Durante diez años nos arruinó la vida, Encarnación y a mí. Y todo por nada. Para tratarla mal, para ponerla en ridículo en todos lados y a todas horas. Subimos sus juguetes y resulta que ni siquiera lo sabía. Y todo se lo dijiste. Pues sí. Está riéndose de mí. No le dio risa. Se marchó apresuradamente, como quien no desea causar ni la más mínima molestia. Así es el maldito. Sea incapaz de causar la más mínima molestia. Estás loco. ¿Cómo me dijiste? Sexo. Migliaccio. Manos. Con solo la mayor molestia. No destrozarnos la vida para siempre. Es. Te casaste. Tuviste hijos. No veo la ruina por ninguna parte. Allí está. No ve nada por ningún lado. Fuera de mi hermana Julieta. De tu hija. Está ciego. Pues sí. Así era. No, así será. Pero hay personas con más imaginación, con más sensibilidad y con mayor inteligencia. No se te ocurre. ¿Por qué le dijiste que yo fui novio de Chona? No, no le dije eso. Le dije que le guardaba rencor porque estuviste enamorado de ella. Ella niega haber sido tu novia. Así, así. Pues mira. S. No es el anillo que mi papá le regaló a Chona. No puede ser. El diamante azul. O no. Otro engarce. Mande cubrir de oro. Son ellos. La piedra. Ella me lo dio a cambio del mío. Ella conserva el mío. Ya no ve la ofensa. Está viva. No estoy borracho. Pero borracho no soy capaz de notar que tú eres un cretino. Hijo de. Sabes que te voy a matar. ¿Quién habla de matar en esta casa? ¿A quién quieres matar? Gervasio. ¿Qué pasa? Sebastián. Dime, ¿qué pasa? Don Jerónimo. A mi modo de ver, no pasa nada. Con su permiso. Con permiso del anónimo. Sin permiso. Quédate. Y esto quiero saberlo. Y te quiero presente. Se siente a tiempo. Como siempre. Quiere usted a Sebastián más que a mí. Está dispuesto a usarlo de testigo en mi contra. Usted me ha dado una madre india. Pero tienen más a su yerno criollo. Te equivocas, Gervasio. Amo a mi mujer india y a mi hijo mestizo por igual. Pero no me defendió cuando el viejo Santander no me quiso dar a su hija. Hay cosas que no se logran aún hablando. Verás que las relaciones con Don Sebastián son muy tensas. Apenas lo saludan. Los y antes vimos amigos. No me dirás que estaban hablando del asunto de Encarnación Santander. Eso es fiambre. Se discuten lo que no se acaba. Dime, Sebastián, ¿de qué hablaban? Por más que lo pienso, no logro convencerme de que valga la pena. Pues vale la pena porque mis sentimientos valen la pena, aunque los niegue. Habla. Tienes mi autorización. Bueno, pues hablo yo. Sebastián le pidió a Juan José Fierro de Lugo que se retirara porque su presencia es insoportable. Que quién es ese señor. Es el administrador de mi padre. Yo lo invité. Vino con mis hermanos Tadeo y Felicidad. Maldito sea. Sebastián, ¿por qué no dices las cosas? Él es el marido de Encarnación Santander. Nunca lo había visto. Aparte de eso, ha cometido algún pecado. Deberías estarle agradecido. Ya no te quería. Ahora se burla. Ustedes igual que él. Me quitó a Chona sin saberlo. Y Sebastián se lo dijo. Porque Sebastián es un borrego parlante. No se le pide a un hombre que se retire sin darle explicaciones. Discúlpame tú entonces. ¿De qué estamos hablando? No entiendo esta conversación. Mucho sucede porque siempre me ha visto con malos ojos y ahora le resulta ridículo. No quiere entenderme. Nunca te ha visto con malos ojos. Y juro por Dios que no te entiendo. Salvo que yo jamás hubiera echado de mi casa a un invitado. Porque estás casado con una mujer que no quiso ser mi nuera. Tratándose de ella, hasta se lo hubiera agradecido. Con perdón tuyo, Sebastián, pero tu hermana nunca me agradó. Ella quería ser mi mujer. Lo siento mucho, pero no es cierto. Nunca dio señales de quererte. Y según dice, se apasiona por ese hombre. ¿Quién dice? Mi madre y Julita. Que van a saber ellas con su mente de casita de muñecas. Todo referido. Él no me permitan. No me importa. Hace dos meses que llegué y me han dado lecciones todos los días de amor filial, paterna y conyugal. Con perdón de Sebastián, si tanto te interesaba su hermano, te la hubieras robado. Encarnación no hubiera aceptado. Y mi padre la obligó a casarse porque la quiere más que a sus ojos. Despierta de ese sueño. Sueño que yo nunca dije eso. Modo esperaba de que estas tonterías. Eres un imbécil. Claro. Le toqué la cara al consentido criollo. Dale gracias a Dios por la gentileza que le dio a este criollo. Si así no fuera, estarías con la quijada rota. Has visto las manos. Y esto no se queda así.
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Sí. Eso aprendió de tanto vivir en Europa.
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Habitación de Amanda. La está del otro lado de sus instalaciones se encuentra el burdel de Doña Francisca Baeza. Su día. Pero aquí nada lo recuerdan, excepto la música. Este es el dormitorio de una mujer adinerada del siglo XIX. Pero solo vemos las camas con sábanas bordadas, almohadones con encaje, raso, lino, popelina francesa. Toda la imaginación que viste un lecho y le da estilo. Una mesita redonda. Amanda está sentada bordando. Viste de acuerdo con su dinero y su gusto. Hasta este traje de casa es complicado. En el suelo, ordenando el costurero, está Quintilio. Él y Amanda son dos personas con el hábito de estar juntas. No hablan, pero el ambiente es ameno. Son las 5 de la tarde del mismo día. Me llamaba. Prepárate. Era una cosa mala. Es Juan José. Lo tengo golpeado. Esto. Tucán. En el mismo coche. A un cuerpo sin ayudarlos aquí. Y tienen a buscar la casa de primeros auxilios.
Ah.
No, señora. No tiene sangre. Pero lo que pude ver, hay huesos rotos. Es necesario colocarlo muy derecho y quitarle la ropa con cuidado. Cuidado. Mirado. No tiene rota la clavícula izquierda, dos o tres costillas. Pero eso no es lo peor. Hay un golpe en la región del hígado y otro que puede verse en el costado, cerca del pulmón. Respira laboriosamente, pero bien. Parece no está tan mal. El pulso débil, eso sí. Va a sufrir fuertes dolores. ¿Dónde la encontrar? A la salida del pueblo. Camino a las haciendas. Estaba tirado en el suelo, inconsciente. Vamos a ver. Vaya. Cuánta cosa útil. Es la única silla en este pueblo. También hay un solo. Muy bien. Este pueblo. Los dos mundos. A ver. Ayúdame a vender. La señora. Sirvo a usted. Una cucharada de árnica en un vaso y póngale un poco de agua. Vamos a tratar de dárselo. Eso va a ayudarlo con el dolor. También podemos usar láudano. ¿Cómo te llamas? Y chica. Baeza. Baeza. Eso es. Qué bueno eres para esto. Así es. El otro mundo. Atacó. Ha sido el colocar el yugo de varias personas. Hay una planta cuchillada que les pones para desinfectar. Agua. Diente. No hay nada mejor. La está tomando. Muy bien. Muy bien. De Moscú. Es necesario ponerle fomentos de árnica de día y de noche en el vientre y en el costado. Bien. Tomé asiento. Doctor Campeonar. No sé cómo agradecerle que me lo haya traído. Si no pidió el. No, señora. Cuando lo encontré, me dirigía a una fiesta en "La Paloma". Él estaba inconsciente en medio de unos hierbajos. Apenas pudo reconocerme. Recobró el sentido una vez y no quiso decirme quién lo había golpeado. No lo llevo a usted a casa de su esposo. Me pareció que aquí sería bien atendido. Así es. Gracias de nuevo. Espero que seguir atendiéndolo. Según ha dicho Juan José, usted no ejerce su profesión. En este caso. Sí. La verdad es que estoy dolorosamente impresionado. En general, prefiero la enseñanza. Como usted sabrá, he sido tutor de muchos niños que ahora son mayores. Sus honorarios. Gracias, señora. Ya nené. Aman. Mi agradecimiento no tienen límites. No sé qué hubiera hecho si no me fuera posible ni siquiera verme. Ni piense en eso. Me retiro. Pero puede mandar por mí en cualquier momento. Por lo pronto, regresaré hoy en la noche. Que Dios nos acompañe. Buenas tardes. Mi amor. Por fin vas a quedarte conmigo muchos días. ¿Cómo pudieron haberte hecho esto? Tú que eres la sal de la tierra. Y mi amor. No llores, bella. De veras que no es nada.
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Al día siguiente, muy temprano, a la hacienda, al amanecer. De Sebastián Santander Brito. Acaban de remodelar las. Pero él y su esposa Julia Cabrera Estrella son poco aficionados al lujo. En cambio, se nota que son entusiastas del orden y la limpieza. La sala da directamente al exterior. Por la puerta-ventana de madera se asoma un mundo de flores. Dolorosas. Son las siete de la mañana. Se escuchan las ruedas de un coche. No me acá porque bajas tú solo. Por impaciente. Voy a poner a la niña en su cuna. Y tú, ¿por qué lo cargas todo tú solo? Cuánta cosa trajeron. Mi suegra, madre Estrella, les mandó de todo lo que había para que compartan. Tu mamá, una papelina y sedas para abordar. Te perdiste el bautizo por quedarte a vigilar a los mozos. Estuvo buenísimo. Bailé hasta hace dos horas. Nos regresamos porque ya era muy tarde para pensar en dormir de paz. ¿Alguna novedad? Sí. Aquí está Gervasio, el hermano de Julita. No me diga. Llegó como a las ocho de la noche a caballo. Creo que está muy enfermo. De algún borracho. Muy poco. En todo caso, vino muy sucio y con. A reunirse una cara como quien se mete a las personas de la noche y con prisa. Dijo que quería bañarse y estuvo como una hora bajo el chorro de agua. Me regaló sus zapatos y mandó quemar su ropa. Le ofrecí un camisón en las chancletas. Luego le colgué una marca en el tercer cuarto. No quiso comer. Oye, Martín, ¿por qué no trabajas en el periódico? Porque no dices a sí mismo. Dan las noticias como buscando la mejor forma de no decir nada. Dame una opinión. No, porque estoy puñal. Y me cae mal. Colita es un ángel, pero él no. Ni hermanos parecen. A las 12 de la noche corrió al propio a vomitar. Luego tuvo diarrea. Lo sucio. Lo posible, pero limpiamos hasta lo cambiamos de hamaca. A las dos de la mañana fui a verlo y tenía fiebre. No me alarmé porque padece paludismo desde siempre. Pero cuál es el perro. Como que al filo su navaja en su pecho y su brazo izquierdo. Unos rayones medios ridículos. Y cuando lo ayuda a cambiarse de ropa, dijo que se los hizo solo. Que va por el tercer camisón. Que más. Se estaba mirando en el último cuarto. ¿Qué le pasó? Llegó anoche. Ya me contó todo, Martín. Pero yo creí que estaba en "La Paloma" con tus hermanos. Pero nada. Se fue como a las once de la tarde. Porque se fue. Siéntate, muchacho. Pasó algo malo. Pasó algo tan poco malo que me da flojera contarlo. Si no quieres, no. Pero, ¿qué vamos a hacer con él? Está muy raro. No sería bueno llamar al doctor. Aunque sea lo pecho. Y es que tonto. Nada más de imaginar la cara de Gervasio cuando viera a Lupe Chori. Ja, ja, ja, ja, ja. Dicen que cura todo, hasta malos partos. Pero es hermafrodita. ¿Qué es eso? Suena muy mal. Los dos sexos. Mujer de la cintura para arriba. Ahí. Y hombre de la cintura para abajo. No tan arriba. Perdón. Al Gervasio. ¿Cómo es la palabra? Hermafrodita. Oye, Sebastián. Gervasio se enferma cada vez que hace algo malo. ¿Es eso por el estilo? Tuvo problemas con tu papá y un poquito conmigo. Entonces se le pasará solo. No. Esa enfermedad. Qué bello cuadro familiar. Sebastián, siempre me abraza. Hasta cuando no éramos casados. También cuando eran niños. Bueno, ayer te ofendí, mi hermano. Hoy me arrepiento y te pido perdón. Tú no mereces eso. Te entiendo. No creas. Yo me porté sobradamente necio. De pasión. Nuestras piel. Vuelve a la manga. Quieres que mande traer algún apolinar. Creo que no. Es como dice mamá. Con la harina. No quiero dar más molestias. Para nada. Eso igual que si estuvieras en "La Paloma". Dentro de un rato regreso a "La Paloma". No quiero disgustar a papá. No sé por qué siempre pasa así. Haga lo que haga, les doy disgustos. Pero no me perdonaría que viniera a enfermarme a tu casa. Estás mareado. Un poco. Me pregunto si mis hijos darán estas imágenes de perfección que van ustedes. ¿Será mi casa el prototipo de la casa criolla? Tu casa es "La Paloma" y ya es el prototipo de la casa criolla. Aunque mamá sea india, es cosa de costumbres. Mamá no desentona. No parece inteligente. A la casa del pueblo mandó traer sirvientes chinos. Los indios. Es muy hábil papá con eso de las razas. Como un alquimista con su probeta. Ya todos los chinos se casaron con indias y tuvieron hijos. Nadie sabe a qué atenerse. Los niños, por lo menos, hablan español. Yo no fui a vivir a Suecia con mis hijos porque su familia iba a decir que se casó con un negro. Y ella es blanca, blanca hasta la desesperación, con los cabellos de lino. Los niños también, con algún tinte, creo yo. En la mirada no tienen los ojos pálidos, sino de un azul intenso. Y se casó conmigo porque su padre había muerto y ella no quería regresar a Suecia. Sebastián, ¿sabes si en verdad Encarnación conserva el anillo que le regalé? No sabría decirte. El aro de los nueve diamantes hace años que se los robó Agustina. Y no hubo forma de que lo devolviera. Por eso tenía el diamante azul para no quedar en deuda. Agustina. Agustina, la que no fue bonita ni delgada ni simpática. La que toca el piano en las fiestas. A estas alturas es más conocida que el pan. La pobre Agustina es un personaje célebre. Para sumar. Ya no hables de Agustina. Sebastián, lo de ella es muy lamentable. Y medio. Encarnaciones de anillo para no deberle nada. Nunca, nunca en su vida dejará de verme algo. Lo juro. Se acompaña. Tomadas. Amigo Sebastián. Por supuesto. Oye, Sebastián, se me olvidó decir que un detalle. Cual. Llegó a caballo y detrás de él venía siguiendo el caballo de Tadeo. Vaya de calle. Qué piensas. De vuelta. Bajo el mirar. Si nuestro. No es. Piensas mal. Pienso muy mal.
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Cuarto de trabajo de Encarnación Santander. De miedo. Zona. Buenos días. Encarnación, no te levantes. ¿Cómo te sientes? ¿Cómo se siente usted después de tantas aventuras? Eso pensé. El cochero se lo dijo a Romana y Romana a tu otro yo. No hizo sino transmitirlo con el pensamiento. No es así. Para nada. Fue con una gran cantidad de palabras. Está enojada con usted. Entre paréntesis, porque debería estar contenta de que tuve la buena idea de dejarlo allá. No le hubiera gustado tener que desvestir, curar y cuidar a Juan José. Si hubiera tenido que hacerlo conmigo, no se cuenta. Aunque no estuviera en este estado. Díganme qué le pasó. Sin detalles. No deseo con moverme. Alguien lo esperó a la entrada del pueblo y lo golpeó. Lo curioso es que, según pude ver por las huellas, esa persona venía a caballo y Juan José también a conservar y anotar a caballo. Siempre es el cochecito para ir de las haciendas. Os venía a caballo. Lo patearon con muchas ganas. Si no se defendió. Tenía las manos limpias y sin rasguños. No quiso decir quién fue. Otro caballero igual a él. Por fortuna, le presté a usted el coche. Ya le mandé el regalo a la línea de Sebastián con el cochero y le di instrucciones de no mencionar la acción. Hizo bien en llevarlo para allá. Yo lo hubiera pateado un poco más.
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¿Cuánto tiempo? No nos haremos de su castigada presencia. Más de un mes. Hasta 25. Pero nunca prendo. Perdón. Desde que tenía 5 años. Está usted hablando me de la sobriedad en el carácter y en las pasiones. Y desde que vi a Franco de Fierro se me levantaron las pasiones como un cuerpo de caballería. Me siento tan humillada. Lo vi y sí, con deseo carnal. Esta hora puedo decirlo con esas palabras. Mamá nunca dijo. Y dijo mucho o poco de las mujeres destraban a los hombres con un olvido fatal. Yo lo deseaba entonces y ahora también. Logro algo. ¿Cómo puede usted ver? Tu futuro. Y lo peor, casi a la fuerza. Y López de embarazo y se mueren mis hijos. Solo Sofía vive. Mi primera hija. Y si por ella no fuera, con José no hubiera vuelto a esta casa. Pero yo todavía estoy humillada. De una voluntaria. El odio. Solo usted y Romana se salvan. Y mi pobre mamá siempre también enferma. Cree usted es posible que cuando se no vuelva. Quizá entonces la paz y la dicha en otra área. No a mi casa. No. Por Sofía. Tiene razón. Entro a una sociedad de hombres ricos con costumbres establecidas. Mientras que sus relaciones extramaritales no impliquen gastos que pongan en peligro la estabilidad de su casa, serán cuestiones marginales. Hay quien tenga tres mujeres, pero sostiene a la suya y por lo tanto es aceptable. Yo odio todo eso para los criollos y a sus mujeres. La forma en que sopla tan su otra vez cuando están juntos. Pasa una esposa y todos bajan la voz. Luego se reían. Es tranquilizador. Esos niños que pierdes son un aviso para que tengas calma. Piensa el spo cuando la madre se altera, el bebé tiene la excelsa juve. No se te había ocurrido. Dedícate a lo suyo. Deja de pensar en Juan José. Y porque se vea es mío. Es el padre de mi hija, de mis hijos muertos y al que llamó en el vientre. Es mío. Vamos a debatir la cuestión. Pero caliente. De acuerdo. De ayer a hoy traduje tres páginas de la Guerra de las Galias. ¿Siquiera le rompieron la cara? Lo dejaron horrible para siempre. No le tocaron la cara. Muéstrame tu trabajo.
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Mismo día. Cuatro horas después. Casa del Doctor Apolinar Candel. Más sencilla que las otras. Buenos días. Guapa. ¿Está por aquí Don Apolinar? Sí, señor. Dile que lo buscas Sebastián Santander. El padre. Ya lo conozco. Encantado de ver por aquí. En lugar de. Va a traernos una horchata bien fría. Si el auto lindo. Así me dice ella. Es muy juguetona. No aparece cuando me llamo y no me atrevo a decírselo. Acción está a punto de dar a luz. No sería el primer criollo que desaparece en las haciendas. Pero no me suena eso. Él es un hombre de trato suave, no como nosotros. Y ver aquella fiel. Mira al Jean Gozar. Y allí me enteré que él estuvo en la fiesta de "La Paloma", a la que yo no asistí. Una estrellita. Hacia mi nieta. Porque no me gustan las fiestas ni los Cabrera. Decía yo que fue con mis hijos. Invitado por Sebastián. Mi hijo de Don Jerónimo. Pues se lo apropió. Hoy caramba. Salió de esa fiesta a caballo con algún apresuramiento y no se sabe a dónde. ¿Qué apresuramiento? Y todo porque no le hace usted para vivir junto a esta belleza y no pecar. ¿Qué apresuramiento? Decía usted. Ninguno. No sabía qué decir. Ay, qué fastidio. Yo no sé por qué usted y yo no nos tenemos confianza. Hace 25 años le encargué la educación de mis hijos porque me pareció, no me equivocaba, que usted es el único predicado que ha pisado este pueblo. Los demás son unos salvajes. Muchas gracias. Por eso mismo no hemos sido amigos. ¿Qué puede un hombre como usted pensar? Débil. Creo que eso no tiene importancia. ¿Qué podría a su vez pensar de mí un hombre como usted? Por esas dos cuestiones lo podemos hablarnos con sinceridad. Pero este asunto no es poca cosa. Así que empiezo yo y espero lo mismo de usted. Dicen Tadeo y Feliciano. Quien es, como usted sabe, no son inteligentes y solo entienden de cruzas de lenguas y de partos de vacas. Que como media hora después de haber llegado a "La Paloma" y ya en plena fiesta, mi hijo Sebastián llamó aparte a Juan José y hablaron un momento. Después de esto, cuando se despidió de los que conocía y se fue a caballo. En el caballo de Tadeo, por cierto, porque él había ido en coche con nosotros y no quiso llevarse una carrera. Esto es sin interpretaciones, como creo que le guste. Y no ha hablado de usted con Sebastián. No tiene caso. Si supiera algo, me lo diría. Pero a contrapelo. Y eso no me gusta. Sebastián ha hecho buenas relaciones con todo el mundo, menos conmigo. ¿Sabe Sunita algo de esto? Ciertamente no le conviene en su estado. Usted sabe si Juan José duerme en su casa. Yo veo Encarnación de lunes a viernes, dos horas diarias. En diez años no me lo encontraba. Rayo sobre Apolinar. ¿Qué tontería es esta? No soy la policía de París. Demonios. Lo que quiero saber es, en primer lugar, si algo le ha sucedido a Juanito. En segundo, si yo no lo sabe o no lo sabe porque este lugar que su partido desaparezca días y noches. Y el tercero, si ya la abandonó definitivamente. Porque entonces el caso es otro. Está claro. Comprendo muy bien sus preocupaciones. Pero yo tengo otras y debo atenderlas. Principalmente, tengo obligación de merecer la confianza que se me ofrece. Yo, que no puedo quitarle el empleo porque no hay nadie que educa a mis hijos como hasta ahora. Líbrame por lo menos y con José mi yerno. Juanito está vivo porque yo necesito que me lleve las cuentas. Si no me robe, ¿quién entre a mi recámara? En una regañe porque duermo con las indias y soy desordenado como cuando ese Fierro del humo. No hay nadie. Ni me hace falta más que dibujo. Pienso que está vivo, que lo ocurrido no es demasiado grave y que Juan José volverá a sus haciendas. / Veo una respuesta, aunque no me la haya dado. Buenos días. Quédese saboreando sus lealtades con política. Ya se fueron. Pero no. Yo dije barba azul de los chiqueros o algo así. Y así fue. Vamos a comer. Y estar. Dormitorio de Amanda. Ese mismo día. Juan José ha tendido en la cama con el brazo vendado, el cuerpo sumamente pálido y con los ojos bien abiertos. ¿Te duele mucho? No quieres quejarte. Te conozco. Te lo diría de otro modo. ¿Qué te duele más? Yo lo sé. El hígado. Lo siento en mi cuerpo. En segundo lugar, la espalda. Segundo. Pero no poco. ¿Se te hace difícil hablar? No tienes que contestarme. Óyeme. Con eso debe bastar. Yo desearía saber quién te hizo esto y por qué. Pero lo quieres decirme. No me costaría nada mandarlo averiguar con unos cuantos criados de mi tía Francisca. Pero no me gusta ir en contra de tus deseos. Si no quieres que lo sepa, no lo sabré. Todo esto ha sido para mí como una sacudida, como un despertar. De pronto caí en la cuenta de muchas cosas. Más he arruinado tu vida y nada de lo que soy puede compensarte. Te vi palidecer de sufrimiento cuando no querías hacer el daño de casarte y yo estaba tan enloquecida de amor y de amargura que te obligué. Qué momentos tan vergonzosos te hice pasar. Que aceptaste esa condición, la de casarte para que fuera tuya. Nunca me lo ha reclamado. Cuántos vulgaridades pensaba yo. Pensaba que tu vida, al fin y al cabo, sería igual a la de los otros y no lo ha sido porque tú eres diferente a todos ellos. No sufren. Son como cerdos. Deben fornicar, se reproducen. Creo que te obliga a cometer un despropósito que trastorna el mundo. Así lo vivo yo cuando se me hace claro que no ha podido tener hijos. Y por si fuera poco, los tuyos se mueren a penas masivos. O cuando te atormenta porque tú quiero ponerte tu única hija, sino mío. Y además te ha reclamado. Se atormentado por que ciertos celos. Este momento se consigue en tus hijos. Te pregunta y no tenía derecho. Hasta que después de mil veces me has dicho desesperado, enojado conmigo y con el mundo. Tengo la [ __ ] en casa. Y eso me lo reveló todo. Estás casado con una mujer que tiene derechos y los reclama. Pero si yo fuera ella, si yo fuera ella, me hubiera hecho amar en vez de imponerme. No puedo soportar esto que te han hecho. Pienso en forma confusa que la culpa es mía. Quisiera compartir tus dolores o más bien sufrirlos. Eso es sufrir. Los llama. Tiene la culpa. Cree que no casarte con el límite daño. Nunca he creído eso. Pero cuando la razón se usa como pretexto y en mi caso sucedió de ese modo. Sabía que no era conveniente casarse conmigo, pero quise abrirlo porque fue débil y aceptó casarse con ella. Todo es mi culpa. Pero lo quiero tanto. Si te quisiera menos, hubiera sido más prudente. Nunca ha sido prudente. Olvídalo. La cubeta de adhesivos. Su mujer. Cuando él le ofreció deshacer la boda, él no hizo eso. Los elevó la fuente. No te digo quién, pero ella, cuando él le ofreció a suspenderlo todo, lo que hizo hacerlo como devolver los regalos. Eso falta de pureza. Y otra cosa. Tú contabas con el amor de él y ya no más. Culpa tiene él. Estaba. Los pagas. Me quitas un peso de encima. No soy la única mujer caprichosa y tonta en este pueblo. Claro que no. Le llaman a la escucha. Pero se acabó. Nada quiero que den fruto mis 10 años de aprendizaje. Además, está el doctor Cambia. Me ha dado lecciones de buena conducta y de nobles para el. Juan José es un hombre, hermano, que conquistó su alumna para maltratarla. Sin embargo, lo cuidado como si fuera su hijo. Se ha portado conmigo tan finamente, tan en su sitio, cuando yo soy la causa de una desgracia que hemos presenciado. Ha compartido. Eso sí, verdad. En este pueblo hay todavía corazones santos. Además, dicen que el doctor Candel no cura a nadie, solo enseña. Llave para curar. Hoy solo que nunca. Ojalá Dios haga lo que nunca.
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Dice que todos estos años ha sido inmensamente feliz, pero nunca como ahora que puede estar aquí de día y de noche. Alabado sea Dios.
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Mismo día. Saloncito de Encarnación. Está sentada a su escritorio, entregada a su trabajo.
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Y que dice. Bien. Canto. Tu encanto no está en la mejor de las condiciones para cuando hay parto. Ya en estos días vino a verme Doña Petrona. Algunas noticias. Parece ser que esta vez el niño está bien colocado, gracias a Dios altísimo. Y dónde anda la pastora de sus vidas. No me digas que no lo sabe. Te miras. Pues hace más de una semana que está en su casa. La llevaron mis hermanos porque aquí la pobre aún no lo sé. No voy a mi casa si puedo evitarlo. Ando de hacienda en hacienda como siempre. Estoy aquí de paso, pero esta noche pienso dormir en mi casa. Cuando se no se ha presentado en las haciendas. Esto ya necesita que le hagan las cuentas. Le mandé lavar las hamacas y hasta elevar el dormitorio. Nuestras papas. Juan José. Aquí no. Bien está en las haciendas o con su amante. Aquí puso su cuarto en el fondo del país. Ahí está su ropa, su espejo, su baño. Si yo de vez en cuando, ya muy tarde, echa una loca, no atravesar el patio, a veces lloviendo, y le pidiera posada. Si no golpeara su puerta con los puños, lo gritaría. No lo diría. En años tuve a Sofía, a los otros y a este. No hiciera eso. No tuviera hijos. Si hubiera traducido más textos latinos. No me digas esas cosas. Me tiembla el alma. Pero tu chola. Lo que hiciste. Antojo del cuerpo. En él es idéntica. Min. Así soy yo, pero no sufro por eso. Sé valiente. Bonita. Enfrenta lo. Obliga los y te da la gana. Por eso nadie puede intervenir. Puesto que te embarazas. Pero si tienes un antojo, saca adelante algo que al fin es tu marido. Y conste que nunca te había dicho esto por no haber ocasión. Yo a veces pienso que debí dejarte casar con Gervasio Cabrera. Quizá él, con sus adoraciones, que hubiera hecho feliz. Y si no hubiera yo he tenido nietos blancos. No me importa. Mira tu Sofía, blanca como la pared. Si no fuera por los ojos y los cabellos negros, parecería pan de azúcar. Y con eso nadie sale ganando. Herbáceo Cabrera es el padre del fastidio. Si me aburría detrás de una persiana, se imagina usted en una cama. Qué atrevida es. Zona. Así te apuesto la cabeza de una colina y la cultura. Así es la humanidad. No tengo por qué rebuscar las palabras. Usted tampoco lo. Yo soy un viejo descarado que dice las cosas por su nombre. Pero tú eres una dama de calidad y riqueza. No importa. Soy una mujer herida y sé latín. Cuando derecho a la palabra pública, pues digo que te venga en gana. La chinita de mi vida. Dime si tiene salga su team guardado en el fondo del patio. Podría convencerlo que se vaya conmigo a hacer cuentas y a barrer basura. No me digas que sé inglés de [ __ ]. No te digo dónde está la poli narca. Andén suele ser discreto. No me salgas con está solita. Eso quiere decir que si tanto presumir de la verdad, no puedes decirle que sí. Que repetir en su presencia todo cuanto dijera Don Apolinar. Así fuera. Buenos días. Porque tengo estas sandeces. Radio. Sí, sí. O no. Si nuestra vuelta este enfermo y esta no te importa. No me da mucho gusto. Me fascina. Y su dolor. No me duele por razones obvias. Yo no le veo lo obvio. Así soy yo. Soy su dolor más fuerte y su enfermedad más grave. Primeros alivio de que esté enfermo. Por fin agarró tifoidea o lo patearon. No patear. Pero quién puede tener una apariencia que en el fondo tiene tal manera. Cuando se es bueno, profundamente y lo demuestra todos los días en las haciendas. Jugadoras tus tres hermanos y también los niños. No haber mostrado esa parte de su cara. Pues no te ha mostrado nada porque muy poco de malo puede ver del mostrado su cuerpo y el sabor de su boca. Hasta ahora él está con amante y de ahí viene en realidad esa conversación. Está con la mano. Siempre he dicho que es mal negocio tener una sola amante. Vamos, encanto. Quieres que llame al obstétrico de Mérida. No sé. Nunca he sabido con la anticipación cuando bojan al barrio. Voy a mandar por él. Su boda. Tu situación. Nuestra bala. Fíjate bien y verás a su alrededor desgracias mayores. Lo malo es el entorno. Me voy a encanto. Vengo a verte en la tarde. Ya sin uñas ni callos. Lo malo es el antojo. El antojo es el infierno. La Paloma. Quince días después. Despacho de Don Jerónimo. Quien hace cuenta. Sentado su escritorio. Nunca ha tenido administrador ni falta le hace. Por la mañana, pero ya hace calor. Soy yo. Don Jerónimo. Pasa y listo. Ya perdiste un arresto. Me vio mal. Estrella dijo que iba a traer nuestro. Como están. Gervasio. Mal. Muy mal. Sale de noche y regresa hecho un desastre. Toma y visita el burdel. No sé qué cara vamos a poner cuando llegue a encerrarse en con los niños. Tú sabes que la casa. Dímelo si es así antes de que venga María Estrella. Porque a ella le ha dado por llorar en cuanto a su hijo sale y luego llora más por el estado en el que regresa. A mí no me dirige la palabra como si en algo lo hubiera ofendido. Y comenzó cuarto que fue al amanecer la noche del bautizo. Así es. No quiero ni ma. Estaba enfermo del estómago, tenía fiebre. Luego no quiso quedarse, aunque se lo propusimos y se volvió a caer esa misma noche. Tuvo pesadillas. Algo. Cuando enseñó al cielo de lujo. No entendimos. Lo culpaba de no sé qué cosa. Bueno, ¿qué hizo tan malo Juan José Fierro de Lugo? Cuando se tiene una amante, al igual que todos los hombres casados que conozco, menos usted y yo. Nada de la incumbencia de Gervasio. Pero quiero enterarlo de algo. Mis hermanos dicen que Juan José no ha vuelto a las haciendas. Es el día del bautizo. Que tampoco está en su casa. Pero luego han sabido que está en casa de su amante, gravemente golpeado. Parece que alguien lo atacó cuando salió de aquí. Fue mi hijo tan sensible que se enferma, se emborracha y tutela por su gran capacidad de sentimiento. Incomprendido por su padre y su cuñado, que somos criollos sensatos, trabajadores y poco imaginativos. En un cambio, ha intentado estudiar dos carreras, ambas en Europa, las ha abandonado. Nunca ha ganado un quinto y por lo que se ve, quería graduarse de asesino. Porque no es buen esposo. Mi padre, mi hijo, mi amigo. Perdona que te diga estas cosas, pero estoy ámbito. Muchacho, no puedo más. Tengo unas ganas de ponerle la mano encima. Debo verme hablando así de un hijo mayor de 30 años. Aquí hace mucho calor. María Estrella, a los 50 años, es todavía una alucinación de cenote sagrado. Alta, delgada, con las líneas claras de su rostro exótico enmarcadas por el alto moño. Usa y pini fustán blanco bordado sobre blanco. Lleva unos aretes de perla y su anillo matrimonial. Estabas contando la basta y lo que pasa con Gervasio. No es así. Se dice una cosa muy desagradable. Sabes, basta, parecen santos cada vez que una les habla. No se encuentra mirando para otra parte. No tanto, María Estrella. En todo caso, yo no soy santo. Eso que es santo. Santísimo eres, baste. Qué bueno que te casaste con Julita. Así ya eres hijo nuestro. Eso me consuela mucho. A Gervasio, como padres, le salimos sobrando. A veces me pongo a pensar con parentesco. Le gustaría tener con nosotros. Ninguno. Me gustaría no conocer más. Tampoco. Tanto se dice que Gervasio maltrató al señor Fierro de Lugo hasta darlo por muerto. Se salvó por suerte, dicen. Y quién te dice si esas cosas. Los chinos son muy conversador. Es porque no me lo habías dicho. Porque no te gustan los chismes. Dices que la maledicencia queda por debajo de tu categoría. Y por debajo de lo tuyo. Lo que por debajo de la meme. Ya no me cata los chismes, pero ustedes no tienen sabor. Vaya, siempre tengo todas las cualidades y hasta ahora me entero de que me falta sabor. Y yo santísimo, pero sin sabor. Contar chismes es sabroso como comercio el merengue. Enterados. Ahora venga el chisme. Descender es vino a traerme unos limones reales ayer por la mañana. Según parece, el señor Fierro de Lugo desapareció de su casa y también de las haciendas Santander. Y está muy enfermo en casa de su amante. Amante. ¿Qué quiere decir esa palabra? Sebastián y tú no la saben. Y yo no se las voy a enseñar. Y también es el nombre de esa señora. Se llama Amanda. Para ella y sobrina de Doña Francisca. De esa, esa señora que te compró integra tu cosecha de naranjas y que dirige ese establecimiento que se llama "Los Dos Mundos", o sea, el burdel. La señora Amanda, en una parte de esa casona, la tienen arreglada con gran lujo y es independiente. Solo hay comunicación por un jardín de encanto donde tiene plantas maravillosas de Asia y África, palmas nunca vistas y muchos árboles frutales. Crema. [ __ ] a quien no sabes cómo son sus sábanas y que les cuelga las hamacas. Sus sábanas son de lino crudo con las iniciales de ellos bordadas a mano con hilo de seda. Y sus hamacas de hilo de algodón egipcio. Son los cuelgo negritos que se llama Quintilio. Pero ellos prefieren dormir en una cama como de reyes con pabellón. Tú sabes que vamos a usar tus conocimientos para hacer una enciclopedia. Estamos diciendo tu sabiduría. Julita no se queda atrás. [Risas] Veo que están felices. Vengo a participar. No les sobra un vaso de horchata. Voy a repetirlo. Que estaban hablando del menaje del señor Fierro de Lugo. Parece que es espectacular. Visitas mucho a su casa. Nunca he visitado su casa. Ninguna de las dos. Lo he tratado en las haciendas. Y cuál es espectacular la de su amante. Gana tanto dinero. La casa es de ella. Y si tiene mucho dinero. Cuando se viste muy bien. Y según dicen, lo viste ella muy ricamente. Porque están tratando de sacarme de quicio. Se burlan de mí. No, eso es estrictamente cierto. Todo el mundo lo sabe. No se recatan tampoco. No veo de qué manera pueden afectarte a esas historias. No, no ven nada. Ninguno de los dos. Tanto el padre como el hijo y puestos de acuerdo como siempre en todas las cosas de la vida y de la muerte también. Con seguridad. ¿Qué se sabe? Podrán darme noticias y opiniones. Ya se sabe que fui yo quien mató a Juan José Fierro. Juan José está lastimada, no muerta. Observación. Todas mis cosas salen mal. El día que te salgan bien se acaba el mundo. Mamá, se te olvidó la horchata. Los chapas no me quiere. Por supuesto. Yo no merezco que me quieran. Tienes tres cartas de tu mujer en la mesa de la entrada sin abrir. Supongo que tú no les quieres escribir. No le escribo a irse Larsen. ¿Qué podría decirle? Le tengo desconfianza porque es demasiado cortés. Se parece a Sebastián. Todo lo bueno es bueno y lo malo no lo conoce. Es bien sabido entonces que yo no maté a patadas al señor Fierro de Lugo. En ciertos círculos su familia, los Santander y los cocheros esclavos y bienes bolsos propios. Lo sabe Encarnación. Con su permiso, Don Jerónimo. Yo también voy a los viveros. Todos me odian, ¿verdad? Y reservación. Tú quieres que todos. Y ojalá fuera para complacerte. Pero todavía tienes el poder de disgustar profundamente a tu madre y por ende a los demás. Yo te propongo que aproveche la oportunidad que se te brinda de no ser un delincuente. Nadie te acusa. Tu nombre no se menciona. Tratas de vivir mejor. Si no soportas este ambiente, regrésate a Europa y escríbeme a irse. Que se reúna en París. Claro, claro. Así no me ven ustedes. Solo irse y mis hijos. No les queda otro remedio, según entiendo. Y se tiene independencia económica como para quedarse en Suecia. Si no quiere vivir contigo. Quise en esto ser vaso. Nadie en este mundo tiene obligación de soportar lo insoportable. Con tu permiso. Nadie quiere traer mejor chat. Quieren que me muera de sed. La gente.
[Música]
Parto de Encarnación. Ese mismo día. María. 24 horas.
[Música]
Sonido de rezos que zumban como abejas.
Luego, un solo largo grito de tórax. [Música] Es una niña viva. Se desgranan las sonajas y los tambores. Alegría de los rezadores. Cantos. La nación es el lobo. Ya la niña nació. Locos estos casos hoy en día. Tanto en el corazón nacional y nativa. Tiendita de Dios nació la niña viva. Bendita de Dios. Ya la misma nación tiene que llamar a la niña nación. Los estratos a regir. Alegría en tanto en el corazón de acción. La niña viva sienta de Dios nació la niña viva. Invitaré ese mismo día por la tarde. Jardín de Amanda Baeza. Allí está sentada su tía Doña Francisca Baeza. A lo lejos se escucha el amor. La musiquilla del burdel. Buenos días, señora. Buenos días, doctor Camps. Él estaba esperándolo. Por favor, tome asiento. Gracias, señora. ¿En qué puedo servirla? Sabe quién soy yo. La tierra de Amanda. Si no me equivoco. Uno no se equivoca. Quiero pedirle un favor muy delicado. Si está a mi alcance complacerle. Encantado. Ya caído usted en la vuelta de que Amanda está enferma. Algo me ha parecido notar mal color, sobre todo unas ojeras. ¿Qué sé yo? No estoy seguro porque quizás se ha esforzado mucho o no ha dormido bien. Es enfermo. No molesta. Ojalá así fuera. Los demás hombres ya lo visitó usted. No. Yo tampoco molesto. Cuando quiero hablar con la manda, le mandó un recado con su negro. Ni siquiera piso su parte de la casa. Nos vemos aquí. Y eso por no disgustar al madrileño. O puede ser agradable para el encontrarse a todas horas con una como yo. Una que adora a manda. Decía usted que la no está enferma desde hace dos años. Yo no sé medicina, por supuesto, pero Amanda no quiere ver un médico. Y no ha tenido más remedio que preguntarme. Yo creo que está enferma de gravedad y cada día peor. Amanda ya no debería tener relaciones. Sufre unos dolores tremendos. Empezó por poca cosa, una hemorragia de vez en cuando. Pero ahora, según me dice, es intolerable. Y yo, doctor Candel, creo que tiene cáncer. Por qué su madre murió así, idénticamente. Eso. [Música] Y yo que podría hacer, señora. Ella me conoce un poco. No tiene por qué confiarse. Al contrario, tiene por qué confiarse. Si es cáncer, no se cura. Usted lo sabe. No pretendo que la cure. Deseo que pueda vivir contenta el tiempo que le queda. En primer lugar, que el señor Fierro se entere. No es posible que ella actúe como hasta ahora. En segundo, esto es difícil. Que él viviera con ella porque la empuja el hecho de que tenga otra mujer. Claro que Amanda el diamante, pero no se le olvide que también es la amada. Y eso tiene mucho peso. Por supuesto que lo tiene. Me pide usted dos labores de convencimiento. Yo ni siquiera ejerzo mi profesión. Pero de convencimiento sabrá algo. Se le nota. No sé. Por pronto, estoy dispuesto a aclarar la condición de la señora Amanda. No es humano que ella sufra dolores ni que le oculte su enfermedad a Juan José. Lo demás no creo tener autoridad para intentarlo. Pero puedo tratar. Es razonable. Me voy. Viene Amanda. Doctor Campo, porque le decía usted mi tía Francisca y me decía qué usted está enferma. Así es, estoy enferma. Y no cree que debería saberlo Juan José. Es inevitable. Esta enfermedad está comiéndome viva. No se le ha ocurrido ver un médico. Uno me habría sentido humillada en la vida diaria. Soy la amante de Juan José Fierro de lujo. Y eso no me ofende. Yo elegí serlo. Para un médico vería en mí a la que vive del otro lado de los dos mundos. No sabría ver la diferencia. Como no la ven los niños que apedrean mis ventanas o las mujeres que escupen al pasar. Un médico no sería honesto. Hace algún tiempo una enferma como yo en los dos mundos. El médico primero se negaba a venir y por fin vino a decirle que se lo merecía cuando ella estaba muriéndose. Quizá Juan José si lo supiera podría ayudarla a encontrar una solución. Tiene usted que no la quiera lo suficiente. Sería ofenderlo. Pienso, sin embargo, que entonces quedaría a merced de su mujer. Los hombres son muy débiles. Somos débiles. Y yo me moriría de dolor. No se trata de que nadie se muera de dolor, ni usted ni ella. No lo cree. Si se pudiera hoy 7 la hacienda de un Juan José tu otra gente te sale. Todo el mundo está contento. [Música] [Música] Ese mismo día por la tarde. Qué tarde más hermosa. Me gustaría morir en este jardín. Usted es su paraíso. Fallar todo es el caso. Las flores, los muebles, el olor. Siento que he vivido en un cielo. No estás arrepentido. Cuando tuve algo que me gustara más. Cuando una mujer más tierra. Quizás has conocido mujeres más buenas. Te juro que no. Como si fuera fácil. Más fácil es encontrar belleza que punta. Te he visto sufrir y ha sido implacable. La situación no es buena. Nunca ha descubierto la humanidad el remedio para no sufrir. Y yo conozco la dicha. Adoro esta vida tuya y mía. Y si cambiará. Cómo si siguiera siendo tuya y mía. Pero diferente. Si por ejemplo fuéramos a Cuba. Yo me he prometido tener para con mi hija una lealtad desde el principio. Que hoy tienes dos hijas. Nació hoy una niña sana. Por fortuna. La maternidad y la paternidad son unos privilegios atroces. No me avergüenza esa manda. Piensa que estamos tú y yo solos en el mundo. Piensa que fuera de aquí no hay nada. Salvo mi trabajo en las tiendas y los demás dos chiquillas que en este momento amo y no ama. Pero con mucha fuerza. Tengo que decirte algo. Algo distinto de lo que hablamos tuyo. Algo imposible en este paraíso. Estoy enferma. Parece el cáncer. Y ya mi cuerpo no tolera amarte. Aunque mi alma te adora. ¿Me oyes? ¿Me oíste? No. ¿Cuánto tiempo hace que empezó esto? Como dos años, levemente. Y no me lo decías. Me tienes desconfianza. Si no me quieres. Pero no niego ponerme en manos de Encarnación. [Aplausos] Déjanos saber que tengo una fruta en casa. Y ella me persigue los veteranos. Y termina la cosa como ella quiere. Pues ya ha pasado. Ha sucedido como lo muestran los cinco brazos, los tres de los muertos y hasta dos niñas vivas. Y yo no tengo excusa. Si no me dices la verdad, yo lo merezco. Porque si no, como los grandes de este pueblo. Como los tenía algún día. Si la tuvieran. Y ellos son una basura y una peste. Solo son detalles de la diferencia. No mi amor, porque ellos de vez en cuando aman. No la condición de ser tú la que viera la condición justa. Porque no puedo sostener dos casas. Las condiciones que me vistas y me avances a tu modo como prueba de amor y de fe. Que yo te entrego eso que yo te dé por razonable y humillante. Su nombre es así como se llaman esas cosas. Y ahora te mueres. Qué lastimó. Terrorismo. Todos sentí dolores y no me lo dices. Bueno, decírmelo podrías. Soy tuyo, tu hombre para alimentar y ganarnos de eso. Yo yo sé cuando mi cuerpo no puede más. Yo me reservo el derecho de avisarte cuando me parezcan. Tampoco lo quiero. No es cierto. Tomé levantas la voz cuando soy la más triste, la moza enferma, la más miserable mujer que hayas visto. Porque en vez de vivir contigo voy a morirme. Y te quiero para que veas mi muerte en forma exclusiva y fatal. Eso quiero. Quiero que nos vayamos a vivir como principios al cubo. Pero en médico si quieres. Y después de mi muerte quiero que vuelvas a ocuparte de tus hijas. Eso quiero. No te mueras. Haz de mí lo que quieres. Vamos a curarlo. Pero no te mueras. Gracias, amor. Ahora siempre. Gracias, adorado. [Música] Veinte días después. Sala de Encarnación Santander de Fierro. Solita. Ven acá. Soy yo, papá. No te acuerdes de que la recién nacida. Y cómo vas a saber que ya llegué. Además, todos los recién nacidos dedican más que los adultos. Te llegó un recado de Juanito para avisarte que viene a las 11 de la mañana. Encantaría negarlo. Pero sí, también decía que iba a usted estar presente. Pero yo digo que si está usted aquí, salgo sobrando. Hasta este momento, todo lo que tú quieres, seguramente se trata de la misma cosa. Los seres humanos entre más que en que cambian, más se padecen a sí mismos. No lo quiero ver. Quiero que se vaya para siempre sin conocer a su hija, sin que pasemos por su mente que no nos vean y nosotras aire. Así está. Hace mucho no me anuncios novedades. Si quieres eso, ya lo tienes. Porque viene entonces. Ya te di mi opinión. Tú eres muy inteligente. Te estás volviendo te sorda. Prepárate para que te choque todo cuanto pueda decir. Preparar ese papá para que el hecho que a usted va a tener que buscar un administrador y un ama de llaves. Dos personas en vez de un. Claro, lo más difícil es el administrador. Yo me voy. Juanito, qué alegría verte. Ah, te extrañado tanto. [Música] Siéntate, hombre. No sabes. Claro que pasado una estupidez. Pensaba que no por tu ausencia me pasaban casi cada diez minutos más cosas. Todo también que a mí ya se me olvidó lo poco que sabía. Me has dado más de 10 años de calma y de prosperidad. Ya estás mejor de tu percance. Así es. A Sebastián. Bueno, bonito. Siguiente patio. Dímelo. Aquí si no son machetazos, son patadas. Ya sabes, no estoy mis planes acusar a nadie. No sé por qué eres tan romántico. Seguramente por ser un caballero español. Ya no. A mí lo español se me quitó hace mucho. Y los hacendados no somos caballeros. O más bien, si hay uno, mi amigo Jerónimo Cabrera. ¿Cómo se le ocurrió se traen a cuento don Jerónimo? Porque he tenido mucho tiempo libre sin tu presencia. Me echo la mata a pensar y se me vienen a la mente don Jerónimo y la caballerosidad de su familia, además de la suya. Y se me quite el sueño. Ya voy viendo los insomnios que se trae usted. Me voy acercando, ¿verdad? Me voy acercando. Ese mestizo de [ __ ] por mandó a ser. No sé si tiene arrestos. Un día cualquiera va a asesinar a su padre y a su madre para que paguen por haberlo traído al mundo. Yo no sabía que fue el novio de Encarnación. Digamos que quiso casarse con ella. Pero yo no sé. No permití por la raza. Porque la raza tiene que ver con el carácter cobarde, traidor, mentiroso, flojo, borracho, putañero. Porque va a casarse con ella. Yo no he sido eso. Y sin embargo, no he sido el mejor marido. Barrio el marido igual que todos nosotros. Quería ser mejor. Era mi obligación ser mejor. No lo cumplí. Lo piensa y está lo malo. El que debe ser mejor. Todos los hombres somos de carne y hueso y tenemos obligaciones clarísimas. Novacidades mantener la casa y hacer hijos. Tienes que tener en cuenta con ello. Nunca pides nada. No se trata de eso. Quisiera que Encarnación estuviera presente para evitar malos entendidos. Yo usted todo le agradece y ha sido un placer estar a su lado. Por eso quiero que ella sepa y escuche para que queden claras las cosas. Ya sabes que las mujeres entiende todo al revés. Y no solo eso, también se contradice. Bonita campeones para que eso es bueno para escuchar y entender. Siéntense a los dos. Quiero comunicar mi cambio de planes. Ya no quiere nada. Vamos, Encanto, que te sirva tu fuerza. Escucha y nada más. Me voy a Cuba. Sé que dejo a mis hijas. Pero mensualmente recibirán una pensión por la misma cantidad que refiera ahora. Creí que tendría mucho que decir y no solo dos frases. Tienes trabajo allá. Te pagan mucho. Si fuera cosa de trabajo, nunca hubiera dejado el que tengo. Y usted lo sabe. Se trata de dejarme a mí. No está tan. ¿De dónde vamos a sacar dinero para darle a tus hijas? El amante. Ahora mis hijas van a vivir del dinero del amante. No, no creo que hace falta. No lo madres visto a un padre tiene el derecho de mantener a sus hijos. Si tú no se lo vas a quitar. Todas que habla de derechos echa a perder todos. No es así. Si no te ampara una ley, no te ampara a nadie. Se trata del dinero de la banda. Así es. Se trata del dinero del amante. Y como es una situación ilegal, no puede hablarse de obligaciones ni derechos. Sencillamente es así. Eso no me importa la verdad. Porque te va ya vives con ella aquí en una maravilla de casa y de jardín, según dice él. Que puede hacerte falta. A verme en cuanto a lo demás. Vive en la parte más pequeña y reservada de un burdel. Aquí en cambio, cuando viene, duerme en el fondo del patio en el que fue el cuarto de servicio. No solamente que llegó, no encontrado habitación que esté a su altura. Que te vaya bien. Pondré todo de mi parte para no volverte a sal de aquí. Te hice una pregunta. No me contestas. No contesta porque es cosa de ella. No contenta con tenerlo a su lado en sus brazos libres. Ahora quiere que no trabaje para que pase todo el tiempo con ella. ¿Es verdad eso, Juanito? A las amantes no se les permite tal cosa. Que ya saben que los hombres tienen obligaciones. Hasta ahora las has cumplido. Yo necesito pasar todo el tiempo con ella. Es verdad. Y todo esto es por una mujer. No matar. Todos estos por más mujeres. Ella y yo no se da cuenta. Buenos días. Ojalá luego podemos despedirnos. Sí, claro. Ya nos veremos. Dos más. [Aplausos] [Aplausos] De agua fría. [Música] No quiso ni conocer a su hija. Sí. [Música] Ah. [Música] El muelle. Mar blanquecino y deslumbrante. Son las 8 de la mañana. Pero nimo, si tú supieras cuando siento esto y cuánto daría por qué no hubiera pasado de tu hijo. Sé que Gervasio era tu hermano más que los de verdad. Gracias, Sebastián. Pero son cosas inevitables. Creo haber vivido años con el temor de que Gervasio se quitara la vida. Lo enterramos a las 5 de la mañana. Ni su madre ni yo hubiéramos podido sufrir los comentarios. Pobrecito el hijo. El vacío escribió una carta en la que nos recomendaba que le diéramos perdón a Juan José por lo que hizo. Y resulta que Juan José se va. Venimos a cumplir y dejo esto para que se lo entregaremos. Pues según dijo usted lo compro. Despertar. No me acabo de enterar de lo de servicio central. Don Sebastián, yo apenas lo supe a tiempo para ir al entierro y luego venir acá. Portal wap ar. Si don Sebastián, mire usted por dónde vino a salir la cosa que no me dijo la verdad. Brota con sangre. Si parece con sangre y lágrimas. Gervasio sufrió mucho desde niño. Todos ellos han sufrido mucho. Me refiero a Encarnación ya Juan José. Y sin necesidad. Qué es lo que más me jode. Sin ninguna necesidad. Mira todo ahora se me bajó en José y de verdad siento que lo pierdo. Como tú quieres a mi hijo, yo quiero a con José. Los dos son nuestros yernos. Y está por demás decir que a veces los yernos sustituyen a los hijos. Tú tienes otros dos hijos varones. Una pléyade de muchachas gritonas. Eso no me devuelve a Juan José. Dios mío, Sebastián. Resulta que vamos a tener que darte el pésame también a ti. Es el colmo del egoísmo. No te pelees porque salgo ganando. Cuando un hombre inteligente y otro que no lo es pelean, en más bestia sale ganando. Y yo soy el más bestia. Todos se entregan a la contemplación de la bestialidad de don Sebastián. Y él tan tranquilo. La señora Amanda Baeza, diamante, señor Cielo de Lugo. Yo traigo un mensaje de mi hijo Ser base. Para hacer Gervasio se dio un tiro ayer por la noche. No me del pésame. Cada pieza me hace sufrir más. Dejó dicho se le presentaba disculpas por cuanto pudiera haberle hecho. Le pedía perdón humildemente. Esas son sus palabras. Por haber sido un hombre tan justo y tan desequilibrado. Y dígame que lo perdona para poder ir de todo corazón. Señor Carrera, de todo corazón. Estamos agradecidos por su presencia y su consuelo y su nobleza. Jamás olvidaré que nunca me siendo el nombre de mi hijo. Vamos, recuerda que en todo momento somos tus hermanos y que aquí tienes casa y mi patria. Buenos días. Ayuda mucha felicidad. Este asunto de Gervasio es atroz. Mañana llegan su esposa y sus hijos. No pudo enfrentarlos. No entiendo. No es fácil. Sin embargo, quiero decir que nunca he sido tan feliz como en esta tierra. No he conocido gente tan cariñosa, tan hospitalaria y tan y tal razón. Además, Juanito, dime que volverás cuando sea el momento. No me despido. Puede ser que en lugar de ahí, yo vayamos a Cuba. De paz. El doctor Cambien, reciba mi agradecimiento más profundo. No sabe todo lo que ha hecho por mí. Mi casa, en cuanto la tenga, estará abierta para ustedes. Mandaremos la dirección en seguida. Se escucha un silbato. Un grito lanzado por una bocina. La nave de impar tensa. Vamos ya. Tuve. No eres el único que va a Cuba. Yo también. Y como un polo. ¿Qué te parece? Queda lo más difícil. Despedirse de don Sebastián. Ya sabes, en mi mesa están puestos tu plato y tu vaso para toda la vida. Para servir las señoras, se lo digo en serio. Gracias, señor Santander. Ah, nuestra acción de despedirnos. [Música] Aquí. Aquí. Y. Bien. Bien. No. [Música] Aquí. [Música] Y oscuro. [Aplausos] [Música] [Aplausos] [Música] [Aplausos] [Música] [Aplausos] [Música] Y. Ah. Y. E. Ah.