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Domingo II Adviento

Padre Eugenio Fernández Herrera22:52

Transcription

Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos."

Este es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: "Vozita en el desierto, preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."

Juan llevaba un vestido de pies de camello con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán.

Confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: "Raza de víboras, ¿quién nos ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones pensando, tenemos por padre a Abraham, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras. Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os conviertáis, pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el vieldo en la mano, aventará su parba, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga."

Palabra del Señor.

Señor, podemos sentarnos, hermanos. Segundo domingo de Adviento. Va pasando. El Adviento va pasando. No sé si te estás preparando, decía la antífona del evangelio, preparad el camino del Señor, allanad sus senderos, porque toda carne verá la salvación de Dios. Esto es el Adviento, precisamente preparar el camino al Señor y el Señor nos va ayudando, nos va iluminando poco a poco, nos va ayudando con su palabra, con la Eucaristía, con la predicación, la confesión. Además, pues eh esta semana hemos tenido muchas gracias por ser la semana grande que hemos llamado, la semana de fiestas de la parroquia. Muchas gracias. Muchas gracias. Yo os decía el domingo pasado, hay que aceite. aceite como las vírgenes prudentes que llevaron aceite a la boda. Se acerca a la boda, hermanitos. Se acerca. Viene el esposo. ¿Y con qué vamos a salir a recibirlo? Espero que podamos salir con las antorchas bien encendidas. Si no tiene aceite, la antorcha se quema. E un trapo. La antorcha es un trapo con un palo, ¿no? Si el trapo mientras el trapo tiene aceite da luz y no se quema. el trapo, pero si si no hay aceite se quema. Igual alguno llega a la Navidad chamuscao, chamuscao, se entiende, es una palabra que aquí se usa, ¿vale? Yo ya no sé de dónde uso, qué uso. Yo ya no sé qué idioma hablo, pero bueno, me entendéis y eso está muy bien.

Pues mirad la palabra que nos pone el Señor, porque nos dice, ¿qué es el Adviento? Pues el Adviento, o sea, cuando venga el Señor a nuestra vida, va a hacer una obra maravillosa, hermanos. Va a hacer una cosa loca. pero loca, eh, que los demás van a ver y van a decir, "Impresionante lo que el Señor está haciendo en la vida tuya." Y nos dice el profeta Isaías, hace una profecía preciosa. Dice, "Un retoño brota del tronco de Jesé." ¿Sabéis quién es Jesé? No. Jesé es el padre de David. Dice, "Un retoño brota del tronco de Jesé." Ese tronco de de la familia de Jesé bien desciende David. Y por lo tanto, Cristo, que es, ¿os acordáis el ciego que hijo de David? Hijo de David, descendiente de David, de donde iba a venir el Mesías, era un descendiente de de Jesé, de David. Entonces, renueva un un retoño, sale, va saliendo del tronco de Jesé. ¿Habéis fijado? ¿Sabéis lo que es un ay, ¿cómo se llama? Cuando se pone un árbol, eh, o o una ramita de un árbol en otro árbol. Injto injerto. Eso no me sale. Gracias. V. La homilía la construimos entre los dos, entre todos. Entre otras cosas, la palabra homilía significa diálogo. Y aquí el único que habla soy yo. Pero bueno, un injerto. Exactamente. Pero es impresionante. Tú lo has visto alguna vez. Se hace una ranurita, una cosa y se pone tú tienes, por ejemplo, un manzano y es el manzano, ¿qué da? Manzanas. Pues le injertas, no sé, un una de guayaba, por ejemplo, le pones una ramita de guayaba y es algo maravilloso porque el manzano te da manzanas, pero una rama del manzano te da guayabas. Eso es maravilloso. O le es una ramita de peras, de peral y se nutre de la savia del manzano, pero da peras. Esa rama da peras. Es una cosa loca. ¿Lo has visto alguna vez? Eso es una cosa impresionante. Pues esto, el renuevo que brota del tronco de Jesé, va a dar frutos de amor. Y esto estamos llamados nosotros. El Señor viene a injertarnos, hermanos, en en la fe, en el árbol de la fe. Y por eso va a hacer unas cosas, pues eso, que un manzano de peras o que de guayabas.

Mira lo que hace. Mira lo que dice el profeta. Dice, "Habitará el lobo con el cordero." ¿Cómo te parece esa cosa tan horrible o tan maravillosa? Yo te quiero preguntar, ¿en tu casa están el lobo y el cordero habitando juntos? Sí, pero el lobo se come al cordero, que es lo normal, ¿verdad? Hay que ver quién es el lobo, ¿no? Porque a veces el lobo se disfraza de cordero. Igual tú crees que eres el corderito y resulta que puede ser el lobo, pero bueno. El lobo habitará con el cordero. Rarísimo, porque el cordero come hierba, pero el lobo, ¿qué come? Corderos. El leopardo se acostará con el cabrito. ¿También se da en tu casa esto, el leopardo y el cabrito se acuestan juntos en la misma cama? Hay que ver quién es quién. No puedes llegar a casa. Oye, ¿tú eres el cabrito o eres el leopardo? El ternero y el león paerán juntos. Pacer, ¿sabes lo que es pacer? Es comer hierba. Eso es el verbo hacer. Es comer hierba. O sea, el ternero sí come hierba, pero el león come hierba. El león se come al ternero. Pues el ternero y el león paserán juntos. Esa es la obra que va a hacer el Señor. O sea, fíjate qué locura. Dice, "Y un muchacho será su pastor." Pastor, o sea, que el leopardo, el león, el lobo se van a dejar pastorear. Piensa en tu vida lo que quiere hacer el Señor contigo sin dejar de que seas lobo. Tú eres un lobo, ¿vale? Tranquilo, no vas a dejar de ser lobo, pero vas a poder vivir con el cordero y vas a dejarte pastorear por un muchacho. Pero espera que sigue el profeta Isaías, yo no sé qué se había fumado ese día cuando escribió esto. Dice, "La vaca pastará con el oso." Un oso pasta, come come hierba, ¿no? Las crías, sus crías estarán juntas. Dice, "El león como el buey comerá paja." Un león comiendo paja y feliz. Dice, "El niño de pecho, niño recién nacido de pecho, estará junto al escondrijo de la serpiente y el recién destetado extenderá la mano hacia la madriguera del serpiente." Entonces, si tienes un niño recién nacido, ¿lo dejas al lado de una madriguera de una serpiente? No dice, "Y nadie hará daño." Ahí está el punto. Nadie hará daño. Esa es la obra que el Señor quiere hacer con todos nosotros, hermanos, sin dejar de ser lo que somos. Por supuesto, hermano. El Señor, el Señor nos ha creado. El Señor ha hecho la vasija de barro como la ha hecho, de deliciosa. Ha hecho una vasija de barro preciosa, estupenda. ¿Qué tal todos iguales como robots? No, somos diferentes. Unos un poquito más. eh eh más hiperactivo que otro, otro es más impaciente que el otro, otro es más calmado, otro es un poquito más alborotado, otro es pues como somos con un genio un poquito más, ¿cómo se dice? Volado. Exactamente. Un genio más volado, un genio más y otro no. Eh, siendo lo que somos, Señor, sin cambiarnos va a hacer una obra estupenda. Y ahí es donde se muestra la fuerza de Dios. Por eso dirá San Pablo, "Cuando soy débil, entonces soy fuerte. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Dios." O sea, porque Dios va a mostrar en cada uno de nosotros su gloria. Su gloria. Qué bueno que los demás sepan que eres un lobo para que cuando ese lobo empiece a comer hierba, digan, "Dios es grande." Qué bueno que todo el mundo sepa que eres un leopardo para que cuando Dios actúe en tu vida se den cuenta que el leopardo puede dormir junto con el cabrito y no pasa nada y están felices los dos. ¿Te das cuenta? Esa es la obra que quiere hacer el Señor.

Daros cuenta que el Señor siempre coge lo que no vale para para mostrar la gloria de él. Siempre leproso, el moribundo, el que está muerto ya en el sepulcro, como Lázaro es la la que sufre flujo de sangre, el leproso, el ciego, el cojo, el sordo, el mudo, todos. Y muestra su gloria. Eso es lo que quiere hacer el Señor en este Adviento con todos nosotros, hermanos. Esa es la obra que viene a hacer este niño Jesús en este pesebre que somos nosotros. Un pesebre. Un pesebre. Ya sabes lo que es un pesebre. Ya lo he dicho en otras en otros advientos y en otras navidades. El pesebre era el lugar donde vivían los animales. El lugar donde los animales pues hacían sus necesidades. Obviamente no es que la la el el ¿cómo se llama? El buey y la mula decían, "Ay, permiso, señora Virgencita María, voy al aseo, voy un momento al aseo y ya vengo." No, estaba allí y hacía lo que tenía que hacer delante de María y de José y del niño. Y eso y no es que solo había un buey y una mula, así bien perfumaditos y bien organizaditos, eso había de todo, más ranos. Bueno, no sé si había más ranos porque era el pueblo de Israel, pero habría habría eh ovejas, cabras, eh conejos, yo que sé, habría de todo y todos pues allí de fiesta. Eso es un pesebre como nuestra vida. Y allí es donde el Cristo viene a nacer en medio de nuestra debilidad, en medio de lo que somos, hermanos, en medio de ser un lobo, de ser un leopardo, de ser un oso o de ser un león. La obra maravillosa que ya el profeta Isaías nos muestra. Y esto viene dado, hermanos, a través de una persona que va delante de Cristo. Hoy la iglesia nos presenta San Juan Bautista. Todos estamos llamados a ir detrás del Señor. Ponte detrás de mí. Ven y sígueme. Para seguir a Cristo hay que ir detrás de él. No puedes seguir a una persona yendo delante, ¿verdad? No lo vas a poder seguir. Acordaos cuando Pedro se intenta poner delante de Jesús y le dice, "Ponte detrás de mí, Satanás. Apártate de mi vista, detrás, que no te vea. ¿Me sigues, pero hay uno que sí va adelante, Juan Bautista va adelante porque va a preparar el camino. Y viene en esta Eucaristía hoy Juan Bautista a a anunciarnos la conversión. Convertíos porque está cerca el reino de Dios. Fijaros que no se trata tanto de que no es una exigencia, te tienes que convertir, no, sino que es un anuncio de una buena noticia. Conviértete porque puedes hacerlo, porque yo te amo. El amor del Señor nos convierte, nos convierte a él. Por eso convertíos en este tiempo. El Señor se está dando amorosamente a todos nosotros, hermanos. ¿No lo estás viendo? ¿No lo ves? ¿No ves cuánto te ama el Señor?

¿Sabéis en dónde bautiza Juan el Bautista? ¿En dónde? ¿En qué río? Río Jordán. ¿Dónde predica? En el desierto de Judea. Es ahí rodeando el río Jordán. El desierto de Judea, la zona del desierto de Judea, la zona del del río Jordán es impresionante porque eh geográficamente hablando es el punto más bajo de la Tierra. ¿Sabías eso? está a -400 m, o sea, el nivel del mar, -400 m está el río Jordán. Por eso no desembocan el mar. El río Jordán desemboca, nace en un lago, el lago de Galilea, y termina en otro lago que se ha llamado mar, pero no es un mar, el mar muerto de va del agua a lago porque no puede ir al mar porque no el agua no sube. Está a menos 400 m, hermanitos. Y allí en esa en ese desierto a -400 m, en ese río Jordán a -400 m, es donde Juan anuncia anuncia el perdón de los pecados. Fijaros que viene Juan Bautista a tus menos 400 m, a tu depresión más baja, no sé cuál será, tu pecado más grave. Viene hoy Juan Bautista a decirte, Dios te ama. Dios te quiere, está contigo y te perdona tus pecados. Conviértete, Señor, te perdona para darte una vida nueva, para hacerte un hombre nuevo. Y predica, dice, en el desierto. Dice, "Vozita en el desierto." Absurdo. ¿Conocéis algún desierto? Aquí en Colombia algún hay desierto, ¿no? El desierto de de la Tatacoa, por ejemplo. Ha sido el desierto de la Candelaria y Boyacá, ¿no? ¿Qué otro desierto? El desierto de en la Guajira. En la Guajira hay un desierto. Desiertos. ¿Sabéis lo que es un desierto? Bueno, muy bien. En el desierto, ¿qué hay? Nada, nada. Arena, piedras y ya. ¿Qué sentido tiene predicar en el desierto? ¿Por qué no va Juan Bautista a predicar el templo de Jerusalén o en la plaza del de allí de de Jerusalén o de cualquier otra ciudad, de Belén, de Nazaret, de Jericó, de donde quieras, pero vete a un sitio donde haya gente, no donde haya arena? Dice, "Vozita en el desierto." O sea, Juan Bautista grita en el desierto. Y esto es profundísimo, porque el Señor viene hoy a anunciarte su amor e tu desierto, en tu desierto, en el desierto que estás viviendo hoy. Esa aridez. Quizá tu matrimonio es árido ya. Eh, estos que llevan un año todavía están felices, pero la mayoría es una arid. Es una aridez. Quizá viene a predicarme hoy a mí en la arid ministerio, no lo sé. Bueno, todavía no es árido, espero que no llegue el día, pero o en la arid de la relación con los demás, con tus hijos o con tus padres, eso sí un desierto. Desierto. Allí no hay es como si no hubiera nadie, ¿verdad? o en el trabajo o en la universidad, lo que sea, una arid medio de ese desierto que quizá es tu amor desordenado al dinero, tu amor desordenado a la sexualidad, tu amor desordenado a tantos afectos que no te dan la vida, sino que te la quitan. Ese desierto viene hoy el Señor a predicarte allí y a decirte lo mismo que te he dicho ya. Te amo, te quiero, estoy contigo, te voy a ayudar. Pero ojalá tengamos una recta intención, porque aquí fueron también los fariseos y saduceos. Venían a que les bautizara también, pero Juan, que no es tonto, se la pilla. Dice, "Hipócritas, raza de víboras." Raza de víboras. Víboras. ¿Sabéis lo que es una víbora? Es una serpiente. Pero la víbora tiene una característica. Cuando llega al invierno, ¿sabes qué hace? Se queda como muerta. se queda como muerto y quietica muerta. Entonces uno va por el campo y encuentra una víbora, levanta una piedra y una víbora y está quieta como muerta, pero no está muerta. Le metes la mano y te muerde. No está muerta. Raza de víboras. Es la hipocresía. Muestras una cosa, pero eres otra. Estás al acecho para atacar y destruir al otro, pero vienes a quererte convertir, pero de verdad te quieres convertir. Por eso, ¿quién nos ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Eso es. Tú te quieres convertir, tú quieres que el Señor pase en este Adviento por tu vida, pues da el fruto que pide la conversión. ¿Y cuál es ese fruto? El amor. El amor. Por eso, hermanos, un manzano podrá dar peras. Por eso tú, siendo lo que eres, un hombre débil, un hombre pobre, un hombre tentado permanentemente, un hombre hecho una vasija de barro, podrás dar un fruto maravilloso de fe, que es el amor. El amor.

Así que ánimo. Me encanta como termina el evangelio. Ya voy terminando porque dice una unas palabras un poco raras que no sé si todos entendemos. Dice, "Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego." Viene Cristo, el apóstol o Juan Bautista, el profeta, siempre anuncia a Jesucristo. No se anuncia a sí mismo. Yo no soy digno de satar las sandalias. Yo no soy, yo os bautizo con agua, pero hay otro que viene y os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Ese es el importante, no soy yo. El apóstol siempre remite a Cristo. Muy mal hace un apóstol cuando remite a sí mismo. Remite a Cristo y dice, "Él tiene el bieldo en la mano." ¿Tú sabes lo que es el vieldo? Un vieldo. De pronto hay alguien aquí de campo que sabe lo que es un vieldo. El vieldo es ese es un es como un tridente, no sé cómo como un trinche, no sé cómo se llama aquí en Colombia. Espa se llama viendo. Bueno, es una palo que tiene al final como un como unos unos eh como un rastrillo parecido, pero es recto. De manera que puedes tienes el montón cuando se corta el trigo, eh, queda el la paja con el grano todo mezclado, no es que vas uno a uno el granito de trigo quitándolo, no. Se amontona en un se hace un montón que se llama parbava. El montón de trigo y grano, paja, todo se llama parba. Y entonces, ¿qué hace el agricultor? ¿Qué hace? Coge, mete el vieldo y lo tira al aire. Tira un montón de paja con tu trigo y con todo. Lo tira al aire de manera cuando tiene que hacer viento, ¿no? Porque si no vuelve y cae todo en el mismo sitio. Tira el aire, viene el viento y el viento se lleva la paja y cae el grano que pesa más y así se separa. Y dice, por eso dice, tiene el vieldo en la mano, ya va a separar. aventará su parba, aventar al viento, aventará su parba y reunirá el trigo en el granero y quemará la paja en la hoguera. El Señor viene, hermanos, pues a hacernos verdaderos verdadero trigo, a quitar de nosotros toda esa paja que hay, que no sirve. Por eso, maravilloso este viento del Espíritu Santo que viene a quitar esta paja, llevársela para que quede el grano, para que sea molido el grano. Tú y yo estamos llamados a ser cristianos, a ser otros Cristos. No podemos ser cristianos, hermanos, sin la cruz, sin sin ser Cristo en todo. Sin ser Cristo en todo y en todo me refiero hasta dar la vida. dar la vida por el otro, dejarte triturar como el grano. El grano, cuando ya se tiene listo el grano, ¿qué se hace? Se muele. Se tritura en un molino y se mezcla con agua y se hace pan. Eso se hace con el trigo. Podemos pensar lo mismo en el maíz. Se tritura y se hace una arepa, ¿no? Que sea para ser comido. Estás llamado a ser pan. Acordaros cuando dice, "Yo soy el pan de vida. Quien coma de este pan vivirá para siempre. Quien no coma de este pan, no vivirá." Y entonces, ¿cómo el cristiano lleva la salvación al mundo entero? siendo él el pan de vida y dejándose comer por los demás, siendo un cordero, siendo un cabrito, siendo esos animalitos que ponía el profeta Isaías. Muchas veces, hermanos, el león y el buey conviven o el leopardo con el cabrito porque el cabrito se deja comer. Esa es la misión también nuestra. Ese es el verdadero fruto, el fruto del amor. Y a eso nos llama también el Señor. Cristo ha nacido en un pesebre, no se nos olvide nunca, para dar la vida por nosotros, para nada más. para nada más, para dar la vida. Y tú has sido creado también para dar la vida por los demás. El Señor te ha puesto las personas por las cuales estás llamado a dar la vida. Ojalá nos muramos dando la vida por el otro. Ojalá nos muramos siendo santos. Sería sería, hermanos, un desastre. Un desastre. Sería lo peor que nos puede pasar. Morirnos amándonos a nosotros mismos, morirnos sin dar la vida, guardando nuestra vida para nosotros. Que el Señor nos ayude.