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Hace varios años, alguien que trabajaba conmigo me dijo que orara. Me dijo, "¿Por qué no oras por mí?" Dice, "Porque mi sueño es tener un traje y yo no me lo puedo comprar."
Acá parece algo trivial, pero en Argentina comprarse un traje uno lo puede hacer si deja un riñón como parte de pago. En ese momento era imposible. Entonces yo le dije, "Bueno, voy a orar para que te puedas comprar un traje."
Pero fue como que si Dios me dijera, "¿Por qué me lo estás pidiendo a mí si vos sos el que tenés un traje extra?" No, yo entonces decidí dejar de orar y actuar y le dije a mi amigo que tenía un traje para regalarle y así me convertí en la respuesta a mi propia oración. ¿Por qué pedirle algo a Dios que está dentro de mis posibilidades de hacerlo yo?
Entonces, hay algunas cosas que tenemos que hacer sin la necesidad de orar. O sea, no necesitamos orar para amar al prójimo. No tenemos que orar para dar con generosidad. Uno ve la pobreza, ve la necesidad de la gente, no dice, "Voy a orar a ver si le doy de comer." No necesitamos orar en cuanto a si debemos bendecir a alguien, si se halla dentro de nuestras posibilidades.
Entonces, Dios ya habló, Dios ya nos dijo, "Lo que necesitamos nosotros ahora es hacer, dejar de orar y comenzar a actuar, llenar la solicitud, hacer la llamada, escribir el cheque, concertar la cita, tener la conversación, si vas a ponerte de novio, ponerte desodorante mínimo." O sea, o sea, nuestra lo que no podemos vivir como, bueno, quiero que se me sigan regalando los 5 cm, ¿no?
Nuestro problema es que no es que no sabemos lo que hay que hacer, lo sabemos perfectamente bien, pero no lo queremos hacer. De modo que Dios no va a hacer por nosotros lo que nosotros tenemos que hacer.
Si los cristianos, los cristianos sabemos que Dios eh habita en el ser humano, ¿por qué no actuamos siempre en consecuencia? ¿Por qué tantas veces apartamos la vista de las viudas, de los pobres, de los necesitados, de los huérfanos esperando que los políticos lo hagan?
Martin Luther King decía, "No me preocupa a mí la gente mala, sino el espantoso silencio de la gente buena, la gente buena que no hace nada. La gente mala va a seguir haciendo maldad y la gente buena."
Entonces, cuando las palabras cristianismo se convierte en un sustantivo, se convierte también en un desencanto.