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Homilía Primeras Comuniones Instituto Cumbres Morelia

SPES - La Frescura del Evangelio16:02

Transcription

Cuando fui ordenado sacerdote hace 15 años, en mis primeras misas tenía un gran dilema, y es que al llegar al momento de la consagración, no sabía en qué concentrar mi atención. Podían centrarla en muchas cosas, y cada una era increíble.

Podría concentrarme en pensar: "Tengo a Dios en mis manos y frente a mis ojos. ¡Ya es hora!".

Pero también podía pensar que este pan, que este que teniendo el pan, era el mismo Jesús de carne y hueso que caminó hace 2000 años en Galilea, ¡el mismísimo!

Podría también pensar: "En este momento estoy haciendo un milagro, no por mi poder, sino por el poder del Espíritu Santo. Estoy llevando a cabo el milagro de la transformación del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo".

También podía pensar: "En este momento yo soy otro Cristo de carne y hueso". Porque en la consagración, el sacerdote no dice: "Esto es el cuerpo de Cristo". Y esto es mi cuerpo. El sacerdote le presta su voz, sus manos, su persona a Cristo para que Él actúe. Yo, Sergio Rossi, no puedo, no tendría ninguna autoridad ni poder para hacer eso. Pero es Cristo el que se posesiona del sacerdote.

También podía pensar: "Aquí se rompen las barreras del tiempo y del espacio. Estoy en el Calvario. Aunque ya sucedió hace 2000 años, el Calvario se hace presente aquí, en este altar, el día de hoy".

También podría pensar, o pensaba: "Este lugar es el centro de todo el universo, de todo el universo, porque aquí se está llevando a cabo la redención. Aquí Dios está viniendo una vez más a la Tierra".

Y algunos de ustedes, por la cara que les veo, pensarán: "Padre, ¿estaba alucinando barato?". Pues sí, quizás sí. Pero prefiero alucinar y disfrutar ese milagro que quedarme en la trampa de la red de las leyes de la física. Era algo simplemente sobrecogedor, era algo que la mente y el corazón no daban más.

Y al final, lo que decidí hacer fue silencio, porque cualquier palabra, cualquier pensamiento, pues era muy, muy pobre.

Y en estos días pasados, mis queridos niños y papás y padrinos y resto del mundo, en estos días en que pensaba: "Hoy, decía, ¿qué les puedo decir en ese día tan grande?", me pasaba algo semejante. No sé en qué aspecto me detengo de la Eucaristía.

Y se me vino una imagen. Seguramente todos ustedes conocen la teoría del Big Bang. ¿Sí la conocen? Los niños, ¿sí? Francis, muy bien. ¿Dónde estudian ustedes? Que están también preparado. Bueno, pues hace un siglo más o menos, esto lo sabe poca gente, un sacerdote belga llamado Georges Lemaître fue el que postuló la teoría del Big Bang. Porque el astrónomo, y el observando el universo, vio que las galaxias estaban en movimiento y tendían a separarse, a alejarse. Entonces, él intentando comprender cómo había comenzado el universo, dijo: "Si se están separando, entonces en algún momento estuvieron juntas". Y dijo: "Tuvo que haber al inicio del universo, hace 13.800 millones de años, una gran explosión, un Big Bang, del cual hasta el día de hoy, o sea, 14 mil millones de años después, seguimos viendo los efectos".

Y él dijo: "No sé cómo llegó esta idea", pero bueno, no es clase esto tampoco. Dijo: "Toda esa materia del universo y toda esa energía del universo seguramente estaban concentrados en algo pequeñísimo, vamos a decir, para entendernos, del tamaño de un frijol". Imagínate qué cantidad de materia, qué cantidad de energía, qué cantidad de luz había en ese frijol para que al explotar se creara todo el universo que ni siquiera hemos llegado a conocer en su totalidad, y para que siga el efecto, para que siga moviéndose después de 14 mil millones de años. Como que la mente no alcanza a imaginarse tanto.

Bien, pues eso del Big Bang no es nada comparado con la Eucaristía. La Eucaristía es algo mucho más grandioso que ese frijol. Contiene al Creador y contiene al diseñador del Big Bang. La Eucaristía lo es todo. Es Dios mismo. Es poder infinito, es vida eterna infinita, es sabiduría infinita, es amor infinito. Todos los amores del mundo, todos. El amor que tienes por tu hijo, el amor que tienes por tu esposa, esposo, por tu novia, por tu audio. Y ese amor sale de la Eucaristía.

La Eucaristía no solamente es Jesús, como si eso fuera poco. La Eucaristía es todo Jesús bebé, es un nacimiento, es lo que Jesús dijo, son los milagros de Jesús, es la Pasión de Jesús, es la muerte, es la Resurrección de Cristo. La Eucaristía es el Cielo. La Eucaristía es la fuente de donde han salido todos los santos. Hoy celebramos la fiesta de 25 mártires mexicanos y aquí en frente tenemos uno con una reliquia, José Sánchez del Río. De la Eucaristía han salido todos.

Si se fijan en las palabras que dice el sacerdote, es la alianza que Dios hace con nosotros para decirnos: "Yo te quiero y te voy a ser fiel". El otro día estaba viendo una película y estaban dos novios así, super cursis, jurándose amor eterno y de repente dijeron: "Vamos a sellar nuestro amor eterno" y sacaron la navaja y se cortaron y juntaron su sangre, porque que la sangre, así como estoy dispuesto a derramar la sangre antes que fallarte. Antes, seguramente muchos de los papás que tenemos así, eran igual de ridículos con don de amante. No, Dios, pero tiene un gran significado sellar la alianza con la sangre. Pues Jesús lo confirma, es esa alianza.

La Eucaristía contiene toda la historia: pasado, presente, futuro. La Eucaristía es tu historia, tu origen, tu camino, tu destino. ¿Si saben quién es Tolkien, niños? O si se enfrentan con todo y ese sí. ¿Si saben quién es él? Y no, no, no. Hasta luego. Tolkien es un gran autor que escribió, entre otros libros, "El Señor de los Anillos". Eso sí lo conocen.

Y Tolkien tiene una frase preciosa. Él era un gran católico y dice: "Ve al Santísimo Sacramento, a la Eucaristía. Ahí encontrarás romance, gloria, honor, fidelidad y el verdadero camino de todos los amores aquí en la Tierra". Eso dice Tolkien, que escribe "El Señor de los Anillos". Y podría asegurar, seguir alucinando, pero bueno, vamos a seguir alucinando.

Niños, y no solamente niños, ustedes de manera especial, pero todos los que comulguen hoy, todos van a recibir este pan que es mucho más grande que el frijol que decíamos. Van a recibir la Eucaristía. Ustedes, niños, en línea, por primera vez, ¿quieren niños? ¿Quieren decir chavos también? Porque tenemos de secundaria. ¿Quieren llevar una vida plena? Comulguen y visiten a Jesús. ¿Quieren ser sabios? Comulguen y visiten a Jesús. ¿Quieren ser alegres, pero alegres en serio? Comulguen y visiten a Jesús. ¿Quieren que su vida tenga sentido, que no les falle en la vida? Comulguen y visiten a Jesús. ¿Quieren garantizar un buen camino a su vida? ¿Quieren que su vida el bien? Pensar mal, querer sanar las heridas, querer educar tu carácter, formar virtudes. Para el pico de las señoras, es que me cuesta no criticar, padre. Comulgar y visitar. Padre, la paciencia con mi esposa. Comulgar y visitar a Jesús. Gonzalo, por favor, no voltees. Ser fuerte cuando la vida duela. Comulgar y visitar a Jesús. Ser un buen hijo, o ser un buen novio, o ser una buena esposa, ser un buen padre, ser un buen abuelo. Tenemos varios abuelos aquí. Y ser un buen abuelo. Comulguen y visiten a Jesús. ¿Quieren vivir la vida al máximo? Jesús quiere resucitar cuando mueras. Comulga y visita a Jesús.

La Eucaristía tendrá mucho más de mil libros y mil cursos. Cada vez que comulgamos, Jesús nos va transformando más en Él. Hay un dicho de los antiguos romanos que decían que la amistad o los encuentra iguales o los hace iguales. Cuando tienes un amigo y convives con él, o son muy parecidos, o por esa convivencia se va pareciendo cada vez más entre ellos. O sea, cuando tienes un amigo con el que convives, se te va pegando más algo de él. Pues cuando convives con Jesús, se te va pegando más la forma de ser de Jesús.

La Eucaristía contiene todo lo que nuestro corazón anhela, como dice el salmo que leímos: "Sedienta está mi alma de la vida eterna".

Termino con una reflexión del Evangelio que escuchamos hoy, del Evangelio de los discípulos de Emaús, que el día de la Resurrección no creyeron que se había resucitado y se fueron a un pueblo, aldea llamada Emaús, en la tarde. Iban por el camino enfadados, a paso lento, los pies pesados, desilusionados, discutiendo entre ellos, tratando de explicar lo que había pasado, como que se desanimando uno a otro, triste por fuera, heladería, había luz, pero su corazón iba en la noche. Ese es un momento. Pero hay otro momento. Iba caminando incluso Jesús, se les junta y ni cuenta se daban que tenían a Jesús. Por la labor, pero el Evangelio, dos frases preciosas. Ya cuando llegaron, Jesús hizo como que iba de largo, porque Jesús no obliga a nadie. Y ellos le dicen: "Quédate con nosotros". Y dice el Evangelio: "Y Jesús entró para quedarse con ellos". Y lo reconocieron cuatro. Jesús partió el pan y en ese momento desapareció.

Y qué pasa, que los discípulos de Emaús, de por supuesto que comieron ese pan, aunque la noche, aunque estaban cansados, aunque el día no tenía lógica, decidieron regresar corriendo a Jerusalén. Era de noche, pero en su corazón llevaban un fuego, una luz que les iluminaba. Hay dos formas de ir por la vida, de Jerusalén a Emaús: Jesús por tu lado y tú ni en cuenta, o dejamos a Jerusalén saliendo con Jesús dentro de ti, con Jesús que hace arder tu corazón, con los pies ligeros.

Mis queridos niños, no se pierdan ninguna comunión, empezando por mañana. Y mañana tiene que ir a Misa. Ya se voltea una vez más. Si te volteas, de haber un mal asunto.

El padre Ángel Espinosa cuenta que muchas veces así, el sábado a mediodía, a Misa, como que se echan un volado entre algunos amigos para ir a preguntarle al padre: "Oiga, padre, ¿esta Misa vale para mañana?". Mañana ve a comulgar. No te pierdas tu Misa dominical. No te pierdas la Eucaristía. No te pierdas el pasar por la capilla de largo, por lo menos hasta la cabeza y tirar un beso a Jesús y dile: "Eres lo máximo, vales mil, tú sí eres mi espejo". Y todas esas cosas que dicen las niñas, díselo con todo el corazón. Cada día de la semana, cada domingo, despiértate con las palabras del salmo que escuchamos hoy: "Me acercaré al altar de Dios, al Dios que es mi alegría".