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Les pido por favor que abran sus Biblias en Romanos. Romanos capítulo 2 y vamos a leer los versículos 1 al 5. Romanos capítulo 2, versículos 1 al 5.
Antes de leer, vamos a orar y de paso orar también por Salvador, que esta tarde a las 6 tiene la encomienda de seguir con la serie de Apocalipsis. Están todos invitados. Esta noche nuestro hermano estará predicando de Apocalipsis 17. Miss Babilonia y el poder de su seducción.
Vamos a orar por nosotros aquí ahora. Vamos a orar por Salvador en esta tarde.
Padre, nosotros queremos darte gracias por habernos permitido cantar, cantar el evangelio, cantar acerca de las glorias de nuestro Salvador, proclamar que nuestra esperanza se encuentra únicamente en él y en la bendita sangre que él derramó en la cruz del Calvario. Nosotros queremos rogarte, Señor, que ahora nos permitas seguir proclamando ese mismo evangelio a través de la predicación de tu palabra y a la vez te rogamos también porque Salvador en esta tarde haga exactamente lo mismo predicando de Apocalipsis 17. Oh, prepara nuestros corazones, Señor, para recibir tu bendita palabra que es viva y eficaz, porque te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
Romanos capítulo 2.
Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas. Pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas, porque tú que juzgas practicas las mismas cosas. Y sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas.
Y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás al juicio de Dios. O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento. Por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.
Hay algunas personas que creen que si algo bueno tiene la fe cristiana y y algunos de ellos adversan el cristianismo, pero piensan: "Pero si algo bueno tiene la fe cristiana es que indudablemente promueve un elevado estándar moral. Es bueno, dicen ellos, que se propague el evangelio después de todo, porque eso trae como resultado un aumento en los niveles de decencia. Y eso es algo que nuestra sociedad necesita urgentemente."
Irónicamente, es por esa misma razón, por pensar así, que muchos no sienten ninguna necesidad del evangelio, porque ellos presuponen haber alcanzado un nivel bastante aceptable moralmente hablando. Debemos llevar el evangelio a a los delincuentes, a los criminales, a los drogadictos, a las prostitutas, porque es evidente que ellos sí necesitan lo que el evangelio ofrece, pero hay un sector de la sociedad lo suficientemente bueno como para que perdamos el tiempo tratando de evangelizarlos. Es es como como llevar un operativo médico en medio de un grupo de personas que goza de un excelente estado de salud.
Sin embargo, lo que Pablo nos demuestra en la carta a los Romanos, que comenzamos a estudiar hace unas semanas atrás, es que no hay un solo ser humano en todo el planeta Tierra que no necesite evangelio, porque todos nos quedamos muy cortos de alcanzar el estándar de la justicia de Dios, porque él es un Dios perfectamente justo. Está nuestra condición frente a la justicia de Dios por causa de nuestros pecados, que la única manera de salvarse es aceptando como un regalo la justicia que el mismo Dios ofrece en el evangelio por medio de la fe en Jesucristo.
En palabras más sencillas, la justicia, el grado de justicia que tú y yo necesitamos para poder llegar al cielo es nada más y nada menos que la justicia de Dios. Así que si tú te quieres salvar, tú necesitas que Dios te dé esa justicia. Eso es básicamente lo que Pablo nos dice en uno de los textos claves de la carta a los Romanos, capítulo 1, versículo 16.
Pablo dice: "Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios, la justicia que Dios ofrece como un regalo por fe y para fe." En el evangelio se revela la justicia de Dios por fe y para fe, como está escrito: "Más el justo por sus buenas obras vivirá." No, no, eso no es lo que el texto dice. "Más el justo por su fe vivirá."
Esa es la buena noticia del evangelio, que Dios ha provisto en Cristo la justicia que tú y yo necesitamos y de la cual podemos apropiarnos únicamente por medio de la fe. Fuera de esa justicia, dice Pablo, todos estamos bajo la ira de Dios por causa de nuestros pecados.
Noten el versículo 18. Ahí mismo, después de decir que en el evangelio se revela la justicia de Dios, ahora Pablo va a explicarnos por qué necesitamos esa justicia. Versículo 18.
"Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia restringen la verdad." ¿Cuál verdad? Porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos. Pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad se han visto con claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de modo que no tienen excusa."
La creación es como un libro abierto, disponible para todo el mundo por igual y cuyo tema es la gloria de Dios. Como dice el salmista en el salmo 19: "Los cielos cuentan la gloria de Dios y proclaman." Los cielos cuentan la gloria de Dios y anuncian y proclaman la obra de sus manos.
Dios no solo ha hecho un universo maravilloso en el que nos revela claramente su poder y su sabiduría, dice Pablo, sino que también ha dado al hombre la capacidad de entender esa revelación. La evidencia está ahí a los ojos de todo el mundo y tenemos la capacidad de entender esa evidencia. Pero dice Pablo, el hombre ha decidido detener en su injusticia lo que esa creación nos revela acerca de Dios para no tener que reconocerle como a Dios ni darle gracias.
Vean el versículo 21. "Pues aunque conocían a Dios, ven, conocían a Dios, no le honraron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron, se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido."
El hombre, el hombre ha decidido detener con injusticia la verdad de Dios. Esa es la acusación de Dios contra toda la raza humana. El hombre prefiere adorar a las criaturas antes que al creador, va a decir Pablo más adelante. Y por eso Dios los entregó a seguir los impulsos depravados de su propio corazón.
Versículo 24. "Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del creador, quien es bendito por los siglos."
Eso es básicamente lo que vimos el domingo pasado. Pero al llegar al capítulo 2, Pablo inicia una discusión con un oponente imaginario que no está de acuerdo con el alcance del veredicto que Pablo acaba de pronunciar. Pablo, estoy de acuerdo contigo en que todos esos paganos que practican esos vicios tan degradantes merecen la ira de Dios. Pero, ¿qué de nosotros que no vivimos de esa manera? En el mundo hay mucha gente moral que se horroriza ante el cuadro que tú acabas de describir, ¿o no es así?
Aún en la sociedad pagana de aquellos días había hombres como Séneca. Séneca fue un filósofo estoico, contemporáneo del apóstol Pablo, tutor de Nerón, que condenaba enérgicamente ese tipo de conducta entre los paganos, entre los cuales él vivía. Séneca era un moralista. Y por el otro lado estaban los judíos. Y ustedes pueden estar seguros que cuando Pablo comenzó a condenar los pecados de de los gentiles, los judíos que estaban allí, decían: "Amén, amén. Esas personas merecen la condenación. Esas personas realmente merecen la ira de Dios por causa de su idolatría, por causa de su inmoralidad."
Pero, ¿qué de todas esas personas decentes, todas esas personas moralistas que hay en el mundo? Algunos de los cuales probablemente están aquí hoy en la mañana. Personas reconocidas en la sociedad por su alto nivel de decencia, pertenecen a clubes caritativos, son la crema y nata de la sociedad. ¿Qué de ellos? ¿Están ellos también bajo la ira y la condenación de Dios?
Bueno, ese es el tema que Pablo va a abordar ahora en el capítulo 2 para mostrar al hombre moralista. Y yo espero que cualquier moralista que haya en esta mañana reciba esta palabra como si fuera para él, porque es para ti. Pablo quiere mostrar a este hombre moralista que él no está exento de la ira de Dios por causa de sus pecados. Y hay al menos cuatro cosas que Pablo nos dice aquí acerca de este moralista en los versículos que acabamos de leer.
La primera es que él se condena a sí mismo en el mismo momento en que él se erige como juez para condenar a los demás. Vean el versículo 1 otra vez.
"Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quien quiera que sea, tú que juzgas. Pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas." ¿Sabes por qué? Porque tú que juzgas practicas las mismas cosas.
Miren, mis hermanos y personas que nos visitan en esta mañana, cuando nosotros predicamos, eh, hay hay personas que están distraídas mirando para otro lado, pero pero hay otros que están mirando al predicador y están asintiendo vehementemente a todo lo que el predicador está diciendo. Uno casi casi desde aquí puede escuchar el el amén que brota de sus corazones. Lo que Pablo nos está diciendo aquí es que el hecho de que asintamos con vehemencia a todo lo que el predicador está diciendo desde el púlpito, no quiere decir necesariamente que estemos poniendo en práctica lo que él está predicando. Y es el caso aquí. Pablo sabía que estos moralistas que asentían a su predicación, que condenaban los mismos pecados que Pablo estaba condenando en el capítulo anterior, ellos no estaban entendiendo las implicaciones de la denuncia que Pablo acaba de hacer y por eso se sentían excluidos.
"Eso es para otros." Yo recuerdo cuando estaba estudiando en el seminario en la ciudad de Guatemala, unos misioneros fueron de visita y nos estaban explicando las dificultades que tienen las personas que traducen la Biblia a otros dialectos. Y si yo no recuerdo mal, en Guatemala hay por lo menos 24 dialectos diferentes aparte del español. Y él nos contaba la historia de unos misioneros que fueron a una tribu y estaban predicando el evangelio y decían: "Porque todos nosotros somos pecadores." Y los indígenas hacían, amén, porque todos nosotros estamos bajo la ira de Dios. Amén.
Cuando él terminó de predicar, fue que se dio cuenta que en esa tribu hay dos "nosotros". Hay un "nosotros" que nos incluye a todos, pero hay un "nosotros" que incluye únicamente a los que llegaron desde afuera. Y ese era el "nosotros" que el predicador estaba usando. Así que cuando ellos decían: "Nosotros somos pecadores", los indígenas decían: "Nosotros sabíamos eso hace muchísimo tiempo, que ustedes los blancos eran unos perversos." Ellos no se sentían aludidos.
Y eso es exactamente lo que está pasando aquí con estos moralistas. Así que Pablo, Pablo se ve en la necesidad de despertar sus conciencias mostrándoles la realidad de su condición delante de Dios. Alguien decía que es como si Pablo estuviera mirando a ese hombre sentado en la iglesia diciendo amén a su predicación y y de repente Pablo se volteara hacia ese hombre y y le dijera directamente: "Eh, tú, sí, sí, sí, tú mismo. El que está sentado en la cuarta fila, en el asiento cuarto de la derecha hacia la izquierda. Tú mismo. No pienses que el hecho de asentir a mi predicación te va a librar del juicio de Dios, porque tú tampoco tienes excusa."
Eso es lo que Pablo le está diciendo. Y de hecho, noten que usa la misma palabra que usó en el capítulo anterior cuando dice en el versículo 20 que aquellos que no se postran delante de Dios, a pesar de la evidencia de la creación, no tienen excusa. Es la misma palabra.
"Por lo cual no tienes excusa, oh hombre." Sí, tú mismo. Si a ti se de la cuarta fila. No tienes excusa. El hecho en sí de criticar tales pecados no te justifica en la presencia de Dios, sino que hace más severa tu condenación. No por el hecho de pasar juicio en sí, sino porque al pasar juicio sobre los demás estás reconociendo el hecho de que esos pecados son condenables. Estás reconociendo el hecho de que esos pecados merecen la ira de Dios. Y sin embargo, tú haces lo mismo. Tú haces lo mismo.
Los moralistas se creen mejores que los demás, no porque sean mejores, sino porque no tienen un entendimiento apropiado de sus propios pecados. Más adelante Pablo se va a dirigir directamente a los judíos en el versículo 17. Y por eso nosotros sabemos que en Romanos capítulo 2, Pablo tiene en mente a los judíos. Dice en el versículo 17: "Pero si tú que llevas el nombre de judío y te apoyas en la ley, que te glorias en Dios y conoces su voluntad, que apruebas las cosas que son esenciales porque fuiste instruido en la ley."
Versículo 21: "Tú que dices, versículo 21, tú pues que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se debe robar, ¿robas? Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que abominas los ídolos, ¿saqueas templos?"
Nos sentimos muy orgullosos de nuestra conducta porque no cometemos los pecados groseros que otros cometen. Pero déjame hacerte una pregunta. ¿De verdad tú nunca has cometido adulterio? No, no, pastor, no, no. Mire, yo he sido fiel a mi esposa toda la vida. O sea, tú nunca has mirado a otra mujer que no sea la tuya para codiciarla. Nunca has tenido problemas con la lujuria. Porque si es así, dice el Señor Jesucristo en Mateo capítulo 5, que tú eres un adúltero.
¿De verdad tú nunca has matado a nadie? Oh, pastor, eso sí que no. De verdad, porque Cristo dice en Mateo capítulo 5 que cualquiera que se enoja contra su hermano, cualquiera que le dice "racá" en arameo a su hermano, que significa imbécil, estúpido, cabeza hueca, bueno para nada, ya es culpable de homicidio. ¿Hay alguno libre aquí?
Pablo dice: "Tú, tú que juzgas a los demás, practicas las mismas cosas." ¿Cuáles cosas? Vean el versículo 29 del capítulo anterior. Porque Pablo está conectando una cosa con la otra. Dice: "Estando lleno de toda injusticia, maldad, avaricia, malicia, colmados de envidia, ¿nunca has envidiado a nadie? Homicidios. Ya vimos qué tipo de homicidios. Pleitos. ¿Nunca ha tenido un pleito con nadie? Engaño, malignidad, chismoso. ¿Nunca, nunca tú has chismeado? Tú nunca has hablado mal de nadie a sus espaldas. De verdad, de verdad, detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, ¿nunca tú te has jactado? Inventores de lo malo, desobedientes a los padres, sin entendimiento, indignos de confianza, sin amor. Sin amor. O sea, toda tu vida tú has amado al prójimo como a ti mismo. De verdad, de verdad."
Mira, si nosotros tuviéramos una entrada de USB en el cerebro y y te conectáramos con esa pantalla y todo lo que tú has pensado en las últimas 24 horas se proyectara ahí, tú no pasarías ni 5 minutos en este edificio, ¿o no es así? Si lo que ha pasado en tu vida, óyeme bien, en las últimas 24 horas, todo lo que tú has hecho en secreto, todo lo que tú has pensado se proyectara en esa pantalla, tú no permanecerías en este edificio ni 5 minutos. Yo te lo aseguro.
La razón por la que te crees superior a los demás no es porque realmente eres superior, sino porque no te conoces a ti mismo como debieras conocerte. Tú no ves el pecado como Dios lo ve. Puede ser que tus pecados sean más honorables y respetables que los de muchos que viven en un lodazal abierto de maldad. Pero, ¿sabes qué, mi amigo? En el día del juicio no serás juzgado por tu fachada de decencia. En el día del juicio, serás juzgado por lo que hay en tu corazón. Esas pantallas estarán en el día del juicio.
Mira lo que dice Pablo en el versículo 2. "Y sabemos, sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas." La Biblia, la versión Reina Valera, lo traduce más literalmente cuando dice: "Más sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad." Eso es lo que dice el texto, literalmente. Ese juicio es conforme a la realidad. Tus obras serán expuestas algún día en el tribunal de Dios.
Pablo dice en Romanos capítulo 2, versículo 16 que en ese día, oye bien, "Dios juzgará los secretos de los hombres mediante Cristo Jesús." Piensa allí sentado en ese secretito que tú no quieres que nadie conozca de ti, porque en ese día ese secretito será expuesto. Pablo dice, perdón, el autor de la carta a los Hebreos nos dice en Hebreos capítulo 4, versículo 13, que "todas las cosas, todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta." Tu vida es un libro abierto delante de Dios. Es por eso que Pablo dice en nuestro texto de Romanos que el juicio de Dios es según verdad. En otras palabras, cuando Dios pase juicio contra el pecado del hombre, será en plena conformidad de los hechos. Nadie, absolutamente nadie podrá decir nada en su defensa, porque nuestro Dios es omnisciente. Él ve lo que nadie ve. Él conoce tus pensamientos. Él conoce tus motivaciones. Él conoce las cosas que haces en secreto. Él conoce aún lo que debiste haber hecho y no hiciste. Dios lo conoce y lo juzgará. Por eso dice Pablo: "No tienes excusa." Y y la palabra allí es "apología". No tendrás argumento en el tribunal de Dios. Estarás allí de pie delante del juez sin ninguna excusa.
Ahora, déjenme aclarar y eso es importante antes de pasar al próximo punto, que es evidente que Pablo no está condenando a los moralistas porque tengan el discernimiento de pasar juicio en contra del pecado, porque eso es precisamente lo que Pablo está haciendo en este pasaje. O sea, no no es el hecho de que tú puedas ver un pecado y juzgarlo como un pecado lo que te hace pecador delante de Dios. No. Lo que él está condenando del moralista es que este hombre sea incapaz de ver su propio pecado en la misma dimensión en que él ve los pecados de los demás.
Y saben qué, mis hermanos, y hablo ahora a los miembros de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Es lamentable que muchos que profesan ser cristianos caen en esa misma trampa y por eso son tan hipercríticos. Hay cristianos que son hipercríticos, viven juzgando a todo el mundo. Mira, cuando una persona es hipercítica, no crítica, hipercítica, esa persona puede que esté revelando una de dos cosas: o que necesita crecer en su entendimiento del evangelio. Hay aspectos del evangelio que este creyente no ve. O puede ser que sea un moralista inconverso, necesitado de salvación, que cree que es cristiano, pero que no lo es.
Miren, mis hermanos, en la misma medida en que crecemos en nuestro entendimiento de lo odioso que es el pecado, cada pecado a los ojos de un Dios perfectamente santo, en esa misma medida crece nuestro aprecio por la gracia del evangelio y eso nos mueve a ser más compasivos con las faltas y pecados de los demás. Si tú estás creciendo en el evangelio, necesariamente deberías estar creciendo en humildad, deberías estar creciendo en tener un espíritu compasivo para con aquellos que caen.
El Señor no nos dice en su palabra que debemos anular nuestro discernimiento de tal manera que no seamos capaces de percibir el pecado en los demás. No, no, no. Cuidado. Pero un verdadero creyente no debería sentirse superior a nadie porque él conoce su propio corazón. Él conoce su propio, Él conoce maldades que nadie ve. A ti nunca te ha pasado que te miras en el espejo y no te soportas. Él sabe que si alguna virtud se ha podido desarrollar en su vida cristiana, es únicamente por la gracia bendita de Dios. Eso es lo que hace el evangelio. Es como dice Pablo en Primera de los Corintios, capítulo 4, versículo 7: "¿Quién te distingue o o qué tienes que tú no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?"
Estos moralistas hipercríticos se estaban condenando a sí mismos. Pero Pablo señala otro problema del moralista en este pasaje y y es el hecho de que este hombre alberga en su corazón la idea de que él va a poder escapar del juicio de Dios. Noten lo que dice el versículo 3.
"Y piensas esto, oh hombre, otra vez sí tú el de la fila cuatro. Por favor, si no sé la fila cuatro, no sé cuál es, pero no te sientas aludido. Es simplemente una ilustración. Okay, pero si tú mismo y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás al juicio de Dios."
Es muy probable que Pablo estuviera pensando aquí, primaria, no únicamente, pero primariamente en los judíos. Como vimos ya más adelante, Pablo va a identificar a los judíos en el capítulo 2, porque los judíos pensaban, muchos de ellos, que estaban bien con Dios por el mero hecho de ser judíos. "Nosotros somos los escogidos, la nación del pacto." Es por eso que Juan el Bautista, cuando vio a unos fariseos que venían a bautizarse, le dijo: "Generación de víboras." Eso me recuerda una vez que Wesley estaba predicando e en un lugar donde estaba lleno de gente noble de Inglaterra y el texto que escogió fue ese: "Oh, generación de víboras, ¿quién nos enseñó a huir de la ira venidera?" Y una señora al final se le acercó y le dijo: "Señor Wesley, usted debió haber predicado ese texto en los barrios bajos de Londres, pero no aquí." Y Wesley le dijo: "Señora, si yo hubiera estado predicando en los barrios bajos de Londres, habría escogido el texto: 'Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados.' Pero ustedes necesitan escuchar del evangelio que son una generación de víboras."
"Haced pues frutos dignos de arrepentimiento", le dice Juan. Y Juan conocía la mentalidad. "No penséis decir dentro de vosotros mismos: a Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantarle hijos a Abraham a una de esas piedras." Ellos creían que por el mero hecho de pertenecer a la nación que descendió físicamente de Abraham, eso era una especie de póliza de seguro contra la ira de Dios. El Señor hizo un pacto con Abraham y nosotros somos sus descendientes, así que no hay de qué preocuparse, ¿no?
Le dice Pablo: "Ustedes tienen toda la razón del mundo para preocuparse, porque en el día del juicio nadie, nadie escapará del juicio de Dios sin importar cuál sea su raza o cuál sea su nacionalidad." Vean lo que dice Pablo en Romanos capítulo 3, versículo 9.
"Entonces, ¿qué somos nosotros mejores que ellos? ¿Los judíos somos mejores que los gentiles?" De ninguna manera, dice Pablo, porque ya hemos denunciado que tanto judíos como griegos están todos bajo pecado. "Como está escrito: No hay justo ni aún uno. No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se han desviado. A una se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno. No hay ni siquiera uno."
Y luego en el versículo 20 dice Pablo: "Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado." Ningún ser humano. Ningún ser humano.
Mira, mi amigo, no pienses que por el hecho de que tus padres sean cristianos, niños, niños, escúchenme bien, no piensen ni por un momento que por el hecho de que sus padres sean cristianos, ustedes se van a librar. Esposos, esposas, no piensen que porque sus cónyuges son cristianos en el día del juicio, se van a librar. De hecho, déjenme llegar más lejos, mis queridos hermanos de IBCJ, que ni siquiera te pase por la cabeza la idea que el mero hecho de ser miembro de una iglesia cristiana te va a librar en el día del juicio a menos que te arrepientas de tus pecados.
Miren, el Señor Jesucristo fue muy fuerte cuando dijo en Mateo capítulo 7, versículo 21: "No todo el que me dice, 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, en tu nombre no echamos fuera demonios, en tu nombre no profetizamos. En tu nombre hicimos milagros.' Y entonces les declararé yo: 'Nunca os conocí. Apartaos de mí, hacedores de maldad.'" Personas que estaban sentados en una iglesia evangélica haciendo cosas sorprendentes en el nombre del Señor.
No es la membresía de una iglesia lo que va a ser la diferencia en el día del juicio. Lo que va a hacer la diferencia es la fe en Jesucristo, la verdadera fe. Y esa verdadera fe se hace evidente por medio de las obras. Nosotros sabemos que no son las obras las que salvan, es la fe. Pero la fe que salva produce obras y un sincero deseo de obedecer a Dios. Es es por eso que un verdadero creyente vive en pie de guerra en contra del pecado. Y cuando es vencido por la tentación, porque eso va a pasar, se vuelve a Cristo una vez más en arrepentimiento y fe. La vida del cristiano es una vida de arrepentimiento y de fe. Avergonzado de haber pecado contra él, deseando sinceramente, sinceramente, no volver a cometer ese pecado nunca más. El que encubre su pecado no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
El el problema del moralista es que él se siente satisfecho siempre y cuando él pueda mantener una fachada de decencia delante de los demás. Pero Pablo nos dice también en nuestro texto un tercer problema, que el moralista malinterpreta la bondad y la paciencia de Dios. Versículo 4.
"O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia." Las riquezas, esa palabra cualifica las tres que siguen: las riquezas de su bondad, las riquezas de su tolerancia, las riquezas de su paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento.
Muchas personas creen que no tendrán ningún problema con la ira de Dios en el futuro porque no lo tienen en el presente. Es decir, eh eh ellos están recibiendo muchas muestras de la bondad de Dios ahora mismo. Dicen: "Tú me estás diciendo que que yo voy a a ir al juicio de Dios y que Dios me va a mandar al infierno." Pero, pero es que tú no te das cuenta que yo soy un favorito de Dios. Dios bendice mi vida. Él es un Dios. Él Mi amor. Mi Dios es un Dios de bondad. Él no va a mandarme al infierno. De hecho, mira, si tú me conocieras personalmente, te darías cuenta que Dios ha bendecido mi vida mucho más abundantemente de lo que yo pude haber soñado. Dios me ha prosperado con una buena posición económica. Mis hijos estudian en buenos colegios. Vivo en una buena casa. Yo soy un privilegiado de Dios."
Pero Pablo quiere hacerle ver que todas esas bondades de parte de Dios, en vez de llevarlo a ser un presuntuoso, en vez de llevarlo a pensar que él puede seguir viviendo como le dé la gana, más bien debiera moverlo al arrepentimiento. Alguien ha dicho: "El propósito de la bondad de Dios no es disculpar el pecado, es estimular el arrepentimiento. Ese es el propósito de la verdad de Dios."
Y déjenme decirles algo, porque ahorita hablé de un hombre, ¿verdad?, eh, hipotético que vive bien, es tiene una buena posición económica, no, no hay que ser rico para recibir las manifestaciones de la bondad de Dios. No, no hay que ser rico. Tú la recibes todos los días. Predicando el evangelio a un grupo de paganos en la ciudad de Listra, Pablo les dijo en Hechos capítulo 14, versículo 17, que Dios ha dejado un testimonio de sí mismo en todas las naciones, aún aquellas que nunca han oído del evangelio. Dice Pablo: "haciendo bien y dándonos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría."
Cada vez que tú recibes algo que legítimamente llena tu corazón de alegría, eso es una muestra de la bondad de Dios. Él hace salir su sol sobre malos y buenos, dice Jesús. Él hace llover sobre justos e injustos. Dios no nos da lo que nosotros merecemos. Nosotros mereceríamos que haya una lluvia de ácido de batería todos los días. Pero eso no es lo que hace Dios. Eso no es lo Dios debería meternos en un microondas a todos nosotros, pero eso no es lo que hace Dios. Él llena de sustento y alegría nuestros corazones.
Mi amigo, la razón por la que Dios no te ha juzgado todavía y no te ha enviado aún al infierno, es porque él ha decidido seguir brindándote la oportunidad de que vengas a él en arrepentimiento y fe. Oh, no interpretes mal la bondad de Dios, porque déjame decirte que esa oportunidad no siempre estará disponible para ti. Esa paciencia divina tiene fecha de vencimiento y esa fecha de vencimiento solo la conoce Dios. No sigas menospreciando la bondad de Dios, porque él te está brindando otra oportunidad para que te arrepientas.
Y debo aclarar que cuando Pablo habla de arrepentimiento, esta palabra es importante aquí, él no se está refiriendo a esos momentos aislados de remordimiento que sentimos a veces cuando hacemos algo malo, ¿no? Él está hablando de una disposición radical a divorciarte de tu vida de pecado para hacer la voluntad de Dios. Amén. Eso es arrepentimiento para vivir para su gloria.
Mira, déjame decírtelo de la manera más clara de la que yo soy capaz. Si nunca te has visto a ti mismo como un pecador que merece la condenación del infierno y nunca has venido a Cristo avergonzado por tu pecado, suplicándole que te perdone, suplicándole que te libere de esa esclavitud para que tú puedas vivir enteramente para él, te estás engañando a ti mismo. Si tú crees que eres cristiano y vas camino al cielo, te estás engañando a ti mismo.
Mire una vez más el versículo 4. "O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando," esa palabra es importante aquí, "ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento." Es lo que caracteriza a este hombre, dice Pablo, es el hecho de que él ignora que la bondad y la paciencia que Dios ha tenido con él debería guiarlo al arrepentimiento. Así que si nunca te has visto a ti mismo como un ser humano pecador que necesita arrepentirse delante de Dios, es de ti que está hablando Pablo. Tú eres uno de esos que ignoras que la bondad que Dios ha tenido contigo debería guiarte al arrepentimiento.
Pero hay un problema más, versículo 5. Y es el hecho de que el moralista está atesorando ira para el día de la ira. Debido a su actitud impenitente, o sea, por no arrepentirse. Este hombre moralista que que piensa que todo está bien, está atesorando ira.
Versículo 5. "Mas por causa de tu terquedad. Y cómo se ve esa terquedad, y de tu corazón no arrepentido. Más por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios."
Ven, Pablo está señalando una vez más cuál es el problema del moralista. Él se ve a sí mismo tan bueno, tan decente, él es mejor que su vecino, que él no necesita arrepentimiento, él no tiene nada de qué arrepentirse. Este hombre da por sentado la bondad de Dios en vez de venir al arrepentimiento y por eso está acumulando ira. El el texto dice literalmente está atesorando ira como en una cuenta bancaria. Es es ustedes han visto esas madres, esas madres que se desviven por sus hijos y sobre todo por uno en particular. Lo cuida, lo mima, le da todo lo que necesita, pero ese hijo es un ingrato, no se preocupa por su mamá, les roba. ¿Han visto esos casos? Y la mamá, mamá al fin, sigue tratando bondadosamente este hijo. Ella puede estar enferma y ella ni y él ni la visita. Y esta mujer sigue haciéndole bien y uno ve esos casos y uno dice: "Oye, pero este hombre tiene una madre tan buena, ¿debería arrepentirse?" O si tú eres capaz de ver eso, sobre todo si lo estás sufriendo en tu propia carne, pero tú no eres capaz de ver lo que tú estás haciendo con la bondad de Dios. Y por esa terquedad y por tu corazón no arrepentido, tú estás atesorando ira, tú estás acumulando ira.
Mi amigo, el hecho de continuar en impenitencia, sin arrepentirte, a pesar de la bondad que Dios ha tenido para contigo, te está llevando a acumular más ira cada vez. La bondad de Dios, la paciencia de Dios es como una represa que por el momento está impidiendo que caiga sobre ti todo el torrente de la ira de Dios. La represa todavía está ahí, pero no olvides, mi amigo, que detrás de esa pared, el agua se sigue acumulando día tras día, día tras día, por causa de tus pecados y que el día llegará cuando esa pared será removida y ese diluvio de la justicia de Dios caerá caerá sobre ti si no te acoges a su misericordia en Cristo cuando todavía hay tiempo para arrepentirse. Amén. Esto es serio. Estás acumulando ira.
A final de cuentas, todo lo que Pablo está diciendo en este pasaje acerca del moralista, se lo está diciendo con el propósito de que él pueda verse como Dios lo ve. Ven, es un propósito bueno. Mi propósito en esta mañana no es molestarte, no. Mi mi propósito es que tú puedas verte a la luz de la palabra de Dios para que vengas a Cristo cuando todavía hay tiempo. Cuando todavía hay tiempo, antes de que sea demasiado tarde.
Y yo creo que Pablo probablemente escribiendo este pasaje, y esto es una, estoy aquí especulando, pero probablemente estaba pensando en su propia historia, porque Pablo fue uno de estos moralistas que finalmente tuvo que ver su propia condición en la presencia de Dios. ¿Recuerdan el texto que que se leyó al principio de este servicio de adoración? Pablo decía: "Mira, si hay alguien aquí que tiene de qué confiar en la carne, si hay alguien aquí que tenía algo de que confiar en mérito propios, era yo." De hecho, Pablo llega a decir en ese pasaje que en cuanto a la justicia que es en la ley, él era irreprensible.
"Pero cuántas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo." ¿Qué es lo que Pablo ha perdido? Todo ese pedigrí de decencia en en el cual él se gloria. "Lo he perdido todo y lo tengo por basura, por amor de Cristo, por la excelencia del conocimiento de cruz de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura para ganarlo a él y ser hallado en él."
Ven, ven. Ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe. Oh, mis hermanos, cuánto deberíamos gozarnos en el evangelio porque hablamos de esta pared, esta represa de ira que tú y yo estábamos acumulando por causa de nuestros pecados a lo largo de toda nuestra vida. ¿Sabes por qué nosotros podemos presentarnos delante de la presencia de Dios sin temor? Porque todo ese diluvio de ira que tú y yo merecíamos, todo ese diluvio de ira, Cristo lo pagó. Ese torrente de ira cayó sobre Jesús en la cruz del Calvario para que nosotros hoy podamos ser salvos, para que hoy podamos tener en nuestra cuenta no un cúmulo de ira, sino que podamos atesorar esa justicia perfecta de Jesús por medio de la fe.
Mi amigo, yo espero que la experiencia de Pablo sea tu experiencia hoy. Que viéndote como Dios te ve, tú decidas ahora mismo abandonar los trapos sucios de tu propia justicia, que dice la Biblia que son como trapos de inmundicia delante de Dios, y decidas vestirte por la fe de la justicia perfecta de nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo. No importa si has vivido en un lodazal de pecado o si eres un moralista decente y hasta religioso. Tú necesitas venir a Cristo en arrepentimiento y fe, porque no hay otro nombre, oye bien, no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos. Amén.