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Llevaba la mano de 1910 a 1945. La península de Corea estuvo bajo el férreo control del Imperio Nipón. Tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, Corea fue ocupada por las potencias vencedoras. El norte estuvo controlado por la Unión Soviética y por el sur entraron los Estados Unidos. La nación quedó dividida por el paralelo 38. Tras una larga guerra y sin la firma de un tratado de paz, dicha división continúa hasta nuestros días.
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El 9 de septiembre de 1948 quedó proclamada la República Popular Democrática de Corea, Corea del Norte. Kim Il-sung asumió el poder, apoyado por la URSS. En ese mismo año, en el sur, el nacionalista Syngman Rhee se convirtió en el primer presidente de la República de Corea con el apoyo de Estados Unidos. Los intentos para una reunificación de la península coreana fracasaron estrepitosamente. Las profundas diferencias ideológicas entre los dos territorios cristalizaron el 25 de junio de 1950.
En dicha fecha, el dirigente de Corea del Norte, Kim Il-sung, invadió el sur, dando comienzo a la Guerra de Corea de 1950-1953. Dicho enfrentamiento se considera uno de los episodios más tempranos de la Guerra Fría. En tan solo dos meses, las fuerzas del sur fueron perdiendo terreno hasta quedar arrinconadas en el perímetro de Pusan. Estados Unidos decidió intervenir en el conflicto, junto con el apoyo de otros 15 miembros de la ONU, al mando del general Douglas MacArthur. Con el objetivo de disminuir la presión sobre las fuerzas acantonadas, el general MacArthur ordenó un desembarco en Incheon, en una operación sumamente arriesgada.
Las tropas de las Naciones Unidas encontraron escasa resistencia y avanzaron rápidamente hasta Seúl. Ante este contraataque, el ejército de Kim Il-sung se vio obligado a replegarse en las montañas del norte. Las tropas de Pusan pudieron avanzar hasta enlazar con las tropas de las Naciones Unidas. El objetivo de salvar a Corea del Sur había funcionado. Con la perspectiva de unificar a toda Corea bajo un único gobierno al mando de Syngman Rhee, Estados Unidos siguió avanzando hacia el norte.
Ante esta respuesta, la República Popular China amenazó con una intervención militar si se sobrepasaba el río Yalu, la frontera natural entre China y Corea del Norte. El dirigente chino Mao Zedong buscó el apoyo de la URSS, ya que temía una guerra abierta contra Estados Unidos si lograba ocupar toda la península coreana. No obstante, la Unión Soviética no quiso intervenir en el conflicto y tan solo prestó apoyo logístico. El 19 de octubre de 1950 tuvo lugar el asalto de la República Popular China con tropas del Ejército Popular de Liberación al mando del general Peng Dehuai. Este contingente frenó al ejército de la ONU, que hubo de retroceder de nuevo hasta el paralelo 38.
El 4 de enero de 1951, fuerzas chinas y norcoreanas capturaron Seúl, que fue de nuevo reconquistada por las fuerzas de la ONU el 14 de marzo de ese mismo año. El general MacArthur fue relevado por Matthew Ridgway. ¿Pero por qué fue destituido? La decisión fue muy polémica. MacArthur había cuestionado públicamente las políticas de la administración y Truman no perdonó el gesto. El general fue fulminado, regresando a Estados Unidos como un héroe, mientras la popularidad del presidente cayó en picado.
La guerra estaba en punto muerto. Ante el empate técnico militar, se llevaron a cabo negociaciones que concluyeron con la firma del armisticio en julio de 1953, quedando ambas zonas separadas. Se acordó crear una zona desmilitarizada en común en torno a dicho paralelo. Sin embargo, nunca se llegaría a firmar un tratado de paz. El final de la Guerra de Corea volvió a dejar la península prácticamente igual que en el punto de partida: dividida en dos mitades a ambos lados del paralelo 38.
Corea del Sur y sus aliados tuvieron cerca de 800.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, y los Estados Unidos perdieron 54.000 hombres entre muertos y heridos. Por otro lado, Corea del Norte tuvo entre un millón doscientos mil y un millón y medio de bajas. El ejército estadounidense bombardeó la República Popular Democrática de Corea durante tres años, quedando muchas ciudades destruidas y algunas completamente demolidas, dejando millones de personas sin hogar. La República Popular China tuvo cerca de medio millón de bajas. Un dato importante es que cerca de 28.500 soldados estadounidenses siguen resguardando la frontera de Corea del Sur en la actualidad.
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En la República Popular Democrática de Corea, el líder Kim Il-sung dirigió el país con mano de hierro desde 1948 hasta su fallecimiento en 1994. Su organización política es oficialmente una república socialista de ideología Juche. Sus principios se basan en la independencia económica y política frente a potencias extranjeras, el ejército como pilar fundamental del estado, el voluntarismo, la exaltación de los símbolos nacionales, un fuerte culto a la personalidad de sus líderes y el respeto a la cultura tradicional coreana. Corea del Norte está considerado como uno de los últimos bastiones del comunismo.
En los años 70 se crearon los primeros gulags para disidentes políticos. Kim Il-sung fue nombrado presidente eterno de la república. Tras su muerte, Kim Jong-il, hijo de Kim Il-sung, fue elegido secretario general del Partido del Trabajo y presidente de la Comisión Nacional de Defensa. Anteriormente, tras el colapso de la URSS en 1991, el país había entrado en una crisis económica. Entre 1995 y 1998, Corea del Norte transitó la llamada "Ardua Marcha". Durante este periodo, la mayor parte de la población sufrió hambruna crónica. Se estima que perecieron entre medio millón y tres millones de personas.
En el plano político, se acercaron posiciones con la República Popular China. Este país se convertiría en el principal aliado de Corea del Norte tras la disolución de la URSS. En junio del año 2000 tuvo lugar el primer contacto político entre las dos Coreas, poniendo en marcha la apertura del polígono industrial de Kaesong con capital privado surcoreano. En dicho parque operaban pequeñas y medianas empresas del sur que tenían contratados a miles de empleados norcoreanos. A pesar de la iniciativa, el presidente estadounidense George W. Bush incluyó a la República Popular Democrática de Corea dentro del "eje del mal" en 2002.
En julio de 2006, la República Popular Democrática de Corea fue duramente sancionada por el desarrollo de su programa nuclear. Los norcoreanos alegaron motivos de autodefensa frente a un posible ataque de Estados Unidos o de otras potencias extranjeras. En diciembre de 2011, Kim Jong-il falleció y su hijo, el joven Kim Jong-un, asumió el poder. Kim Jong-un realizó numerosas purgas en el ejército y en el partido con el fin de consolidar su poder. A partir de 2018, el líder norcoreano inició una nueva política conciliadora con Seúl. Actualmente, la República Popular Democrática de Corea busca relanzar su imagen en el exterior para afrontar las duras sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, por medio de cumbres internacionales como la de Singapur en 2018 o la de Hanói en 2019.
Entre 1953 y 1960, Syngman Rhee estableció una dictadura militar en Corea del Sur. Le sucedería un golpe de estado. Posteriormente, Park Chung-hee, tras un golpe de estado, se hizo con el poder. Luego ganó las elecciones de 1963, 1967 y 1971 mediante técnicas fraudulentas. En 1979, el jefe de inteligencia Kim Jae-gyu asesinó al dictador Park Chung-hee en circunstancias nunca aclaradas. Tras un breve período de mandato de Choi Kyu-hah, el militar Chun Doo-hwan controlaría el poder de manera autoritaria en la década de los 80. Durante este período se llevaron a cabo persecuciones contra la oposición política.
En 1988, Roh Tae-woo alcanzaría la presidencia tras unas elecciones. Ese mismo año tuvieron lugar los Juegos Olímpicos de Seúl. Dichos juegos fueron considerados como el gran impulso que necesitaba el país. El presidente Roh Tae-woo empezó a construir una democracia real. En 1992, Kim Young-sam ganó las elecciones y en 1997, Kim Dae-jung ganó las siguientes. La llegada al poder del presidente Kim Dae-jung supuso un cambio en las relaciones con la República Popular Democrática de Corea, iniciando la llamada "Sunshine Policy" con el objetivo de reducir las tensiones y establecer un diálogo efectivo entre las dos Coreas. Esta política daría como resultado la primera cumbre intercoreana celebrada en el año 2000.
Su sucesor en el cargo, Roh Moo-hyun, impulsó la segunda cumbre intercoreana en el año 2007. El presidente Lee Myung-bak inició una política de contención y reunificación a través del "Gran Parque o Visión 3000". Mediante dicha política se promovía la cooperación económica para triplicar la renta per cápita norcoreana hasta los 3.000 dólares a cambio de renunciar a su programa nuclear, llevando a cabo una apertura paulatina. El régimen, sin embargo, rechazó esta política al considerarla una violación de los acuerdos alcanzados en las anteriores cumbres de 2000 y 2007.
En 2010 tuvo lugar el trágico incidente de la fragata Cheonan. Ese mismo año, Corea del Norte atacó la isla surcoreana de Yeonpyeong, causando algunas muertes y desatando un grave conflicto diplomático. La siguiente presidenta, Park Geun-hye, mantuvo al principio una política orientada a la creación de vínculos de confianza con la República Popular Democrática de Corea, impulsando la ayuda humanitaria pero sin ceder ante las provocaciones del régimen norcoreano. Tras la llegada de Kim Jong-un al poder y debido al tercer ensayo nuclear norcoreano en 2013, se procedió a la suspensión del complejo industrial de Kaesong. Dicho polígono constituía el mayor símbolo de la cooperación norte-sur.
La aceleración del programa balístico y nuclear de la República Popular Democrática de Corea en 2015 y 2016 llevó a la interrupción definitiva de la cooperación entre el norte y el sur. Tras la llegada al poder de Moon Jae-in en 2017, se impulsó una doble vía hacia la República Popular Democrática de Corea por medio del diálogo pero a la vez firmeza en la aplicación de las sanciones bilaterales y multilaterales, con un refuerzo del despliegue de seguridad. En julio de 2017 tuvo lugar la llamada "Iniciativa de Berlín", que incluía la firma de un tratado de paz, la creación de una relación económica entre norte y sur y una mayor cooperación en asuntos relacionados con la sociedad civil, como eventos deportivos, culturales o académicos.
En las legislativas de abril de 2020, el partido de Moon Jae-in fue respaldado gracias a su buena gestión del COVID-19. Actualmente, Corea del Sur se enfrenta a graves problemas de corrupción política, con varios antiguos presidentes condenados a grandes penas de cárcel. Otros desafíos son el envejecimiento alarmante de su población y una alta tasa de suicidios.
Hasta 1973, las dos economías estaban bastante igualadas en términos de riqueza. Sin embargo, en la década de los 80, la economía norcoreana se mantuvo estancada debido al férreo control de su sistema estatal. En cambio, la economía surcoreana se convirtió en uno de los principales productores industriales y tecnológicos del mundo, con empresas como Samsung o Hyundai. A principios de los 90, la frágil e ineficiente economía norcoreana entró en colapso debido a la caída de la Unión Soviética, su principal socio político y comercial hasta el momento. Desde entonces, la brecha económica y social entre ambos estados no ha hecho más que distanciarse irremediablemente hasta convertirse en dos mundos completamente antagónicos.
El Ministerio de Unificación surcoreano sigue trabajando para algún día conseguir la unión política y económica de las dos Coreas. Desde el año 2000 han tenido lugar algunos encuentros entre familias coreanas que quedaron divididas tras el fin de la Guerra de Corea. En 1953, más de 130.000 surcoreanos se inscribieron con la espera de volver a reencontrarse algún día con familiares del norte. Desafortunadamente, tan solo una pequeña parte lo ha logrado. En la veintena de actos que se han ido desarrollando a lo largo de tres décadas, los ancianos surcoreanos todavía añoran los tiempos en los que toda Corea estaba unida, ajena a injerencias extranjeras. Sin embargo, la población joven muestra cada vez un menor interés en conseguir este objetivo.
El futuro de Corea está todavía por escribir. Mientras tanto, el paralelo 38 sigue considerándose como la última frontera de la Guerra Fría.
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