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La Gran Colombia fue la república creada por el Congreso de Angostura de 1819, que unió a la Capitanía General de Venezuela, la Nueva Granada, Panamá y la Real Audiencia de Quito en una sola nación. Se utiliza el adjetivo “Gran” para diferenciarla de la actual Colombia, la cual recibió este nombre a partir de 1863.
Sus orígenes como proyecto político se remontan a Francisco de Miranda, conocido como el Americano más universal, cuya participación en la guerra de independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa, lo convirtieron en un respetado militar y en el único americano en tener su nombre en el Arco del Triunfo. Su involucramiento con los eventos más importantes de la época, que se inspiraron en los nuevos ideales de libertad, lo llevaron a visionar un gran imperio independiente que agrupara a todos los territorios que estaban en poder español desde el margen derecho del río Misisipi, en el norte, hasta la Tierra del Fuego en el extremo sur del continente. Dicho país debería ser gobernado por un emperador hereditario llamado Inca para apaciguar a las etnias indígenas y tendría una legislatura bicameral. El nombre que concibió para este Estado fue Colombia, inspirándose en el apellido italiano de Cristóbal Colón.
Tras fallar en un intento de invasión a Venezuela en 1806 para instaurar su proyecto, Miranda regresó a Europa. En 1810, conoció en Londres a Simón Bolívar, quien había sido enviado por el gobierno provisional de su país a buscar reconocimiento extranjero tras expulsar a Vicente Emparan, el capitán general. Al versarse el Libertador de las ideas de Miranda, y al darse cuenta de sus habilidades militares, junto con Andrés Bello, lo convencieron de regresar a su patria y comandar al ejército venezolano contra las tropas realistas. Allí, en 1811, el precursor, junto con Lino de Clemente y José Sata y Bussy, presentaron la bandera amarilla, azul y roja al Congreso de Venezuela para que se adoptara como insignia nacional. Esta se convertiría en el estandarte de la Gran Colombia y en la base de las banderas de sus países sucesores. Se cuenta que Miranda se inspiró en la bandera rusa y en la zarina Catalina la Grande para su creación, ya que durante su estadía en su imperio, entabló una gran relación con ella. Por eso, decidió usar el amarillo por sus rubios cabellos, el azul, por sus ojos azules y el rojo por sus labios. Sin embargo, esta historia no está totalmente confirmada.
Al fracasar la Primera República de Venezuela y al ser Miranda entregado a los realistas por el mismísimo Bolívar en 1812, los ideales del precursor fueron olvidados. El Libertador, por su parte, se retiró a Nueva Granada en donde se ganó un nombre, formó un ejército y volvió a entrar en su patria para crear, junto con Santiago Mariño, la Segunda República de Venezuela. Debido al fiero contrataque de José Tomás Boves, esta tuvo una existencia efímera y Bolívar se vio obligado a regresar a Nueva Granada, en donde, a pesar de poner a Santa Fe bajo el mandato de las Provincias Unidas, fracasó en su intento por tomar Santa Marta debido a su enemistad con Manuel del Castillo y Rada, otro caudillo independentista. La decepción por las pugnas internas de los militares patriotas, hizo que se exiliara en Jamaica, en donde, en 1815, redactó su famosa carta en la cual reflexionó sobre el fracaso de la Segunda República y presentó las ideas de Francisco de Miranda de consolidar una gran nación uniendo a los territorios de las excolonias.
Las principales conclusiones a las que llegó en este periodo fueron que, primeramente, para lograr la independencia definitiva, era necesario un comando único que uniera a todas las fuerzas patriotas y se impusiera a los diversos intereses de sus caudillos. Segundo, que cualquier república independiente se vería amenazada mientras no se expulsara al último español del continente, por lo que las campañas libertarias no debían detenerse hasta lograr este objetivo. Y tercero, que era necesaria la creación de una nación grande y fuerte que disuadiera cualquier intento de reconquista por parte cualquier potencia imperial. De este modo, con las ideas claras y tras conseguir armas y refuerzos en Haití, Bolívar regresó a su patria y logró erigirse como jefe de los ejércitos independentistas, estableciendo su fortín en el oriente venezolano. Al estar el ejército español desgastado por luchar en varios frentes y no recibir ni refuerzos ni suministros, el ambiente fue propicio para pensar en el establecimiento del nuevo estado.
Es así que en febrero de 1819, Bolívar llamó a los principales líderes independentistas al Congreso de Angostura para definir las bases de la futura nación. Sin embargo, consciente de que era tiempo de atacar, después de instalar la asamblea, el Libertador partió hacia los llanos para reunirse con las tropas guerrilleras de Santander y Páez con la finalidad comenzar la campaña de liberación de la Nueva Granada. Tras cruzar los Andes y sorprender al ejército español al mando de José María Barreiro, los patriotas obtuvieron victorias claves en la Batalla del Pantano de Vargas y la Batalla del Puente de Boyacá, con la cual se liberó definitivamente al virreinato. Inmediatamente, el 17 de diciembre de 1819, los diputados del Congreso de Angostura declararon la creación de la República de Colombia y redactaron la ley fundamental que sería la base para el orden político que desplazaría la influencia española. En esta declararon a Bolívar como presidente y padre de la patria y a Santander como vicepresidente; también, establecieron que la república estaría compuesta por el virreinato de Nueva Granada y la Capitanía General de Venezuela, dados los esfuerzos conjuntos de ambos territorios por la causa revolucionaria. Al final de las sesiones, finalmente se acordó que los miembros se reunirían nuevamente en Cúcuta, en 1821, para expedir una nueva y definitiva constitución.
Durante este tiempo, Santander fue designado por Bolívar como presidente interino y se encargó del gobierno y de la consolidación del Estado colombiano; mientras tanto, el Libertador continuó con sus campañas militares para liberar Venezuela y arrebatar a los españoles el puerto de entrada a Sudamérica. Es así que, mientras el Congreso de Cúcuta se reunía el 6 de mayo de 1821 bajo la presidencia de Antonio Nariño, Bolívar lideraba el proceso de emancipación venezolano que culminaría el 24 de junio en la Batalla de Carabobo. Luego de la liberación de Caracas, Cartagena, Popayán y Santa Marta se tomó con más ímpetu la redacción de la nueva constitución, que se expediría el 30 de agosto del mismo año, para incluir a estas regiones en la República de Colombia. En esta, Bolívar recibiría nuevamente el cargo de presidente y le serían otorgados poderes extraordinarios para dirigir la guerra en el sur.
El 28 de noviembre 1821, Panamá logró su propia independencia y solicitó su adhesión a Colombia, ya que el país se comenzaba a perfilar como una nueva potencia global. Para el 24 de mayo de 1822, tras la batalla de Pichincha, Quito, la Provincia Libre de Guayaquil y Cuenca se unían también a la república. En un principio, la combinación de las personalidades de Bolívar y Santander tuvo un éxito rotundo, pues este último maniobró políticamente para enviar los pocos recursos y tropas de Colombia para las campañas del sur, mientras que Bolívar, gracias a estos, pero no sin pasar austeridades, logró expulsar al último ejército español en Sudamérica y liberar Perú y la futura Bolivia.
Sin embargo, la extralimitación de las campañas bolivarianas tuvo un importante costo político que empezaría marcar las diferencias entre ambos. En efecto, el vicepresidente tuvo que destinar la mayor parte del presupuesto del país a la guerra, y, al no ser esto suficiente, tuvo que acuñar monedas con menos plata para enviar dinero a la campaña. La falta de recursos también lo forzó a enviar a Manuel Antonio Arrubla y Francisco Montoya a Inglaterra a negociar con la B. A. Goldschmidt & Co un empréstito con intereses prácticamente impagables, el cual no cambió en nada la situación. Adicionalmente, comenzaron a darse en la nueva república choques entre las autoridades civiles y militares, ya que una gran cantidad de posiciones en el ejército habían sido ocupadas por venezolanos y los cargos judiciales y administrativos estuvieron en manos de una mayoría de abogados neogranadinos. Como un republicano, Santander estaba consciente de que para formar una nación próspera, se debía posicionar en los cargos de poder a civiles educados y debilitar a los caudillos militares que obraban autoritariamente. Esto lo puso en colisión directa con otros jefes de la independencia que buscaban el poder, y que se refugiaron en Bolívar.
Las tensiones incrementaron aún más por tres razones. La primera fue porque Bolívar, al aceptar el cargo de dictador del Perú y al no poder conseguir fondos en el país, pidió más dinero a Colombia. No obstante, al tener otras prioridades gubernativas, Santander puso en consideración del Congreso la destitución del Libertador como presidente, ya que su nuevo cargo como gobernante en un país extranjero no era compatible con su cargo en Colombia. Esto creó desconfianza entre ambos. La segunda fue la promulgación de la Constitución de la República de Bolivia de 1826, redactada por el mismo Bolívar, que fue recibida con temor por parte de los sectores que buscaban automonía provincial en Colombia, al sospechar que se podría imponer una carta magna similar. En esta, la figura del presidente no solo era vitalicia, sino que tenía el poder de posicionar en cargos públicos y hereditarios a quien eligiera, por lo que podría favorecer a sus aliados militares que cometían ya abusos en el país. Esto motivó a que las facciones federalistas se aglutinaran alrededor de Santander. La tercera se dio cuando el vicepresidente entró en conflicto con José Antonio Páez, comandante general del departamento de Venezuela, en un episodio conocido como la Cosiata. Este se dio por las sospechas de que, en 1824, Francia y España (Santa Alianza) preparaban un poderoso ejército para reconquistar América, por lo que Santander solicitó a Páez reclutar a 50 000 hombres y enviarlos a Bogotá. Temeroso de un motín general, el comandante se negó a obedecer tanto por lo irreal de la petición como para mostrar desagrado ante las decisiones del gobierno. Tras un año retrasando la ejecución de la orden, finalmente cedió ante las presiones, pero solo pudo reunir a 800 hombres, cometiendo excesos para reclutar más soldados y desencadenando sangrientos disturbios. Ante los hechos, el Congreso de Colombia destituyó a Páez y lo llamó a Bogotá para enfrentar un juicio, pero este se negó a acatar la resolución y se declaró en rebeldía.
Para 1826, la engrandecida figura de Bolívar hizo que, a pesar de las diferencias, tanto él y Santander fueran reelegidos para un nuevo periodo. Consciente de que el conflicto con Páez amenazaba la unión, dejó el Perú y se dirigió a Venezuela para reunirse con él. Tras el encuentro, y bajo el disgusto de Santander, le otorgó una amnistía general y lo ratificó como jefe civil y militar del departamento. No obstante, este intento de conciliación fue en vano, ya que la inmensidad del territorio, la crisis económica tras más de 10 años de guerra, las rivalidades regionales y entre caudillos militares y las difíciles comunicaciones, demandaban tomas de decisiones rápidas y, por ende, locales, por lo que para finales 1827, Quito y Venezuela ejercían ya una gran autonomía política en respuesta a la ineficiencia de centralizar todo en Bogotá.
La demora en las reformas federalistas a la constitución de Cúcuta no hizo más que exacerbar los ánimos y finalmente, el 9 de abril de 1828, se decidió llamar a la convención de Ocaña para reformarla. El presidencialismo casi monárquico propuesto por los seguidores de Bolívar se vio contrapuesto por Santander y los federalistas quienes buscaron reformas para limitar el absolutismo y los abusos por parte de los militares. Tras ser rechazada la propuesta bolivariana, sus defensores decidieron abandonar la convención, dejándola sin quorum y sin una de las últimas oportunidades de conservar la unión. Ansioso por ver un Estado fuerte, finalmente, el 27 de agosto de 1828, Bolívar usó sus poderes presidenciales para imponer su voluntad y, como último recurso, se declaró dictador, imponiendo una constitución redactada por él mismo con un fuerte gobierno central y una presidencia de por vida, con la facultad de nombrar a un sucesor. Al hacer esto, el Libertador, tras erigirse como padre de la patria, también se convirtió en destructor de la misma.
Bolívar gobernó en un ambiente conflictivo que se acentuó con el estallido del conflicto con el Perú ese mismo año. En este, Colombia declaró la guerra alegando que el Perú había fomentado en Bolivia la rebelión contra Sucre y las fuerzas colombianas, y exigiendo el pago de 7.5 millones de pesos como deuda por la guerra de independencia. De igual manera, reclamó la soberanía sobre los territorios de Tumbes, Jaén y Maynas. Al reclamar Perú soberanía sobre Guayaquil, los ejércitos del presidente La Mar avanzaron hacia el norte y fueron derrotados en la batalla del Portete de Tarqui por el mariscal Sucre. Quedándose la campaña naval sin un claro vencedor, las tropas peruanas todavía podían dar batalla, sin embargo, al enterarse el presidente de un golpe de estado en Lima, este tuvo que retirarse, dejando el conflicto limítrofe sin resolver.
El desgaste y los gastos de guerra, así como la actitud autoritaria de Bolívar, provocaron que los seguidores de Santander conspiraran para asesinarlo el 25 de septiembre de 1828. No obstante, debido a la actuación de Manuelita Sáenz este logró escapar. Al reintegrarse a sus funciones, condenó a muerte a todos los conspiradores incluyendo a Santander, incluso sin haberse probado su participación. A último minuto, perdonó a su compañero de armas y lo envió al exilio, sin embargo, el tratamiento que le dio y el espectáculo público de las ejecuciones, provocó rechazo en el pueblo hacia su figura. En referencia a su actuación, en sus últimos días, reconoció que el fracaso de la República fue el no haber arreglado las cosas con Santander.
Con una crisis institucional emergente, el Libertador convocó al Congreso Admirable el 20 de enero de 1830 para redactar una nueva constitución como posible solución, pero los esfuerzos separatistas de Páez, quien también era favorable al federalismo y veía con desconfianza a la centralización del poder en Bogotá, eran irreversibles. Fue así que durante la convención llegó la noticia de la separación de Venezuela de Colombia, y del destierro de Bolívar de su propia patria, no sin asignarle antes una pequeña pensión vitalicia. Ante su fracaso y decaído de salud, el Libertador presentó su renuncia, la cual fue aceptada el 4 de mayo de 1830, recayendo la presidencia del país en Domingo Caycedo.
Tras este evento, poco después de que Bolívar partiera al exilio, siguiendo el ejemplo de Venezuela, y al estar el departamento de Quito olvidado por Bogotá, Juan José Flores, tras aglutinar a las élites sureñas bajo su liderazgo, el 13 de mayo declaró la creación de la República del Ecuador, que estaría separada de Colombia. Ante la inminente desintegración, y tras la muerte del libertador y los efímeros gobiernos de Urdaneta, Mosquera y nuevamente Caycedo, los grupos liberales y los militares descontentos, el 20 de octubre de 1831, celebraron una convención de los departamentos centrales en la que se creó la República de Nueva Granada, de la cual Francisco de Paula Santander fue su primer presidente. Así, culminó el ideal de Miranda y la incansable lucha de unidad de Bolívar, que si bien fue efímera, dejó uno de los legados políticos más importantes del continente americano.