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Uno de los críticos más feroces de la fe cristiana, a pesar de que algunos ahora tratan de limpiar su recuerdo, fue Federico Nietzsche. Federico Nietzsche tiene incluso una obra que se llama El anticristo. Y sí, sí, yo conozco que hay explicaciones así un poco retorcidas que dice, "No, él en realidad no quería matar a Dios. Él en realidad estaba simplemente mostrando que hay un orden que termina y hay otro orden que comienza." Mira, yo yo conozco un poquito de filosofía, no tienes que darme esas clases. Gracias.
Eh, lo cierto es que este hombre pues expresaba gran gran desprecio hacia la fe cristiana, profundo desprecio hacia la fe cristiana. Y de hecho, pues él consideraba que la fe cristiana era una especie de platonismo e diluido, rebajado, como cuando al vino se le echa harta agua y casi no sabía vino. Entonces, ese es el cristianismo para para Nietzsche es una especie de platonismo rebajado.
¿Por qué estoy mencionando esto? Porque resulta que la primera lectura de hoy, eh, perdón, el evangelio de hoy, nos presenta Cristo con una enseñanza que creo que hará retorcer a Nietzsche en su tumba. Dice Jesucristo, "Atesoren tesoros en el cielo, donde no hay ladrones, donde no hay polillas." Para Nietzsche la referencia al cielo era la referencia a una fantasía venenosa, perversa. El cielo para Nietzsche es una fantasía, pero una fantasía perversa. Es una estafa, es un engaño. Por eso, en una de sus obras, él pone con mucha claridad esta consigna. Permanezcan fieles a la tierra. No se dejen engañar con cielo. No se no se dejen engañar con recompensas celestiales. Nada de eso. Permanezcan fieles a la tierra. Fieles a la tierra. Esa es la consigna de Nietzsche.
Bien. Y con esa consigna, pues evidentemente el evangelio de hoy parece lo más absurdo y parece incluso perverso, porque estar pensando en el cielo y en acumular bienes en el cielo sería algo así como despreocuparse de la tierra, lo cual ya parece grave. Y sobre todo significa, según este mismo filósofo, que tú estás renunciando a seguir tu propio camino. Estás renunciando a la vitalidad que deberías tener, al camino que deberías seguir para no estar dependiendo de maestros, de pastores, de sacerdotes, de catequistas, que te estén contando cada rato qué es lo que tienes que hacer.
Bueno, toda esta explicación, porque ya alguien dirá que yo no estoy haciendo explicación del evangelio, sino explicación de Nietzsche. Mira, todo esto tiene un sentido. Tenme un poquito de paciencia. Todo esto tiene un sentido. Y el sentido es que cuando nosotros hablamos del cielo, no estamos huyendo de la tierra. Escribe eso que te conviene. Cuando hablamos del cielo, cuando buscamos el cielo, cuando trabajamos por el cielo, no estamos huyendo de la tierra. El cielo no es la huida de la tierra. El cielo no es la negación de la tierra. El cielo no es el escape de la tierra. El cielo no es una droga que nosotros tomamos más o menos como la persona que está así un poco deprimida y entonces se fuma su poquito de marihuana y entonces se va por allá a una estratosfera y se siente superb super bien super bien, pero es mentira. El cielo no es nuestra droga. El cielo no es y la religión tampoco es el opio del pueblo, como dijo otro enemigo de la fe llamado Carlos Marx. El cielo no es eso.
Entonces, ¿qué significa buscar el cielo? ¿Amar el cielo? ¿Trabajar para el cielo? Acumular tesoros en el cielo? Bueno, pues yo te propongo una cosa. Empecemos por lo real. Empecemos por lo claro y real. Y lo claro y real es que en este mundo, en esta, en esta tierra hay injusticia y en esta tierra hay egoísmo. Y en esta tierra hay traición y en esta tierra hay manipulación. En esta tierra, ya que está tan interesado en la tierra el señor Nietzsche y tantos otros como Marx, pues empecemos por esta tierra.
Entonces, por ejemplo, mira la propuesta de Marx. Marx dice, "Cuando los capitalistas poseen los bienes de producción, se genera injusticia." Conclusión, que los bienes sean del pueblo. Ah, eso suena bonito. Los bienes van a ser del pueblo. Los bienes ya no van a ser de unos poquitos. Bien, el pueblo, entonces el pueblo entero, millones de personas, 20 millones, 50 millones, 100 millones de personas son dueñas de los bienes de producción. ¿Okay? Todos dueños. 100 millones de personas dueñas. Muy bien. ¿Cómo va a funcionar eso? Ahí es la pregunta. ¿Cómo va a funcionar eso? Cuando 100 millones de personas o 1000 millones de personas, China tiene más de 1000, son dueñas de los medios de producción. Eso, ¿cómo significa? Eso significa que yo puedo entrar a la fábrica que produce no sé cuántas toneladas de, no sé, de distintos productos y genera millones de dólares y puedo decir, "Denme mi pedazo." Eso es lo que significa. No, no, espérate. Tiene que haber unos administradores y tienen que tienen que haber unos que son los que van a determinar cuáles son las cuotas de producción y entonces eh pues vamos a caer en los planes quinquenales de Stalin. Entonces, vamos a determinar cada país y cada región qué es lo que tiene que producir y cuánto tiene que hacerlo y por qué tiene que hacerlo. Te gusta vivir en ese sistema. Pero lo más chistoso, lo más paradójico, no chistoso, lo más irónico es que tú dices, "El pueblo va a ser dueño, pero como 100 millones de personas no pueden manejar una fábrica, entonces tiene que haber alguien que esté ahí." ¿Y quién va a nombrar a ese alguien? Pues no lo pueden nombrar 100 millones de personas. Entonces tiene que haber alguien que nombre al que va a dirigir la fábrica. Y sabes eso cómo se llama? se llama burocracia del partido. Entonces va a haber una cosa que se llama el partido y ese partido es el que va a manejarlo todo. Esa es la tierra. Eso de de la posesión colectiva de los bienes no se lo cree nadie. Mira las élites en Nicaragua, en Cuba, en Corea del Norte, en China. Mira las élites especialmente del tiempo de la Unión Soviética. Mira cómo vivían y mira cómo vivía el pueblo y dime si el problema se arregló. Yo no estoy defendiendo el capitalismo, no estoy diciendo que la solución colectivista esa sí que es una fantasía.
Entonces, necesitamos hacer algo de acuerdo. Necesitamos hacer algo. Estamos todos de acuerdo. Necesitamos que haya una redistribución. Se puede hablar de redistribución. Tal vez sí, tal vez no. Porque la redistribución también muchas veces significa que vamos a dar subsidios y con los subsidios pues vamos a mantener a la gente dependiente de un aparato estatal que cada vez se hincha y se inflama más y más. Eso es economía básica. No soy ningún especialista, esto es economía super básica.
Entonces, cuando nosotros hablamos del cielo, ¿de qué estamos hablando? Que tu bondad no quede condicionada por la maldad que sabemos que hay en la tierra. Ese es el cielo. Ahí empieza el cielo. Que tu bondad no quede condicionada por la maldad que sabemos que hay en la tierra. Y cuando tu bondad es tan libre que no está condicionada por la maldad de la tierra, cuando tu bondad es superior a esa maldad que sabemos que está en la tierra, entonces tú estás trabajando en otra dimensión. Tú estás trabajando por un motivo superior y ese motivo superior es lo que hace que tú lleves tus tesoros al cielo, porque efectivamente la tierra no lo es todo. No, la tierra no lo es todo. Ni las burocracias lo son todo, ni los partidos políticos lo son todo, ni el capitalismo lo es todo. Hay algo más. Hay algo más. Hay algo que trasciende la muerte. Y por eso cuando tu bondad supera a la maldad que hay en la tierra, tú estás trabajando por algo superior, por eso que es superior, por eso que trasciende. Y eso que trasciende, eso es lo que nosotros llamamos cielo. Porque el universo no se hizo solo, porque la conciencia moral tiene un origen que está más allá de nosotros mismos y más allá de cualquier contrato social. Y por eso nosotros estamos seguros y convencidos de que sí es no solo posible, sino necesario trabajar por algo que va más allá, más allá de las miserias propias de esta tierra. No, no negamos las miserias de la tierra, no las negamos, pero tampoco somos esclavos de ellas. Hemos encontrado en Cristo que es posible la bondad más allá de las maldades, las incoherencias, las traiciones y la suciedad de esta tierra. Eso hemos encontrado y lo seguiremos predicando. Duélale al que le duela.