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Mayo 2015, Suiza. Los directivos de la FIFA duermen en un hotel de cinco estrellas cuando de pronto la policía y el FBI irrumpen para arrestarlos. Para algunos, la vergüenza de salir esposados es tanta que piden que les tapen la cara con sábanas. Y es que durante décadas la FIFA nos hizo creer que la Copa del Mundo era la gran fiesta del fútbol, pero tras bambalinas sus directivos estaban usando el torneo como su propia máquina de dinero, alimentada por sobornos millonarios y una red de corrupción. Para que te des una idea, según investigaciones, el Mundial de Corea Japón 2002 estuvo arreglado. El vicepresidente de la FIFA, Jack Warner, intervino para que los árbitros favorecieran a los equipos que más le convenían al negocio. Además, está el supuesto proyecto Gold de la FIFA que prometía construir canchas en países como Kenya, pero el dinero nunca llegó a donde tenía que llegar, terminó en los bolsillos de los directivos y así se ven esas supuestas instalaciones hoy. Pero esto apenas es la punta del iceberg, porque cuando empiezas a investigar descubres que cada copa del mundo tiene un lado mucho más turbio del que imaginamos. Desde Argentina, 1978, cuando el presidente de la FIFA hizo tratos bajo la mesa con la dictadura militar hasta este mundial de 2026 que nos presenta con una fiesta compartida entre México, Estados Unidos y Canadá, pero cuando sigues el dinero, la verdad empieza a verse muy diferente. Hoy vamos a destapar el lado oscuro de la FIFA y la otra historia que se esconde detrás de la Copa del Mundo.
Para entender cómo llegamos aquí hay que regresar al siglo XIX. En Inglaterra distintas escuelas jugaban versiones diferentes de un mismo deporte. Cuando esos estudiantes llegaban a la universidad surgían conflictos porque cada quien conocía reglas diferentes. Para resolverlo, en 1863 se fundó la Fúball Association y se establecieron las primeras reglas oficiales del fútbol. Con el tiempo, el deporte se expandió por Europa y el resto del mundo gracias al Imperio Británico, pero las diferencias de reglas entre países volvieron a aparecer. Por eso representantes de siete naciones fundaron la Federación Internacional de Fútbol, Asociación, mejor conocida como FIFA. Pero bueno, en ese momento no era la gran cosa. Era más un pequeño grupo de voluntarios cuyo trabajo era dejar claras las reglas del juego y asegurarse de que cada país tuviera una sola federación oficial encargada de aplicarlas. De hecho, en ese punto la FIFA tenía apenas unos 12 empleados y casi no generaba dinero, solo se sostenía con las cuotas modestas que pagaban las federaciones de cada país.
En 1921, el presidente de la FIFA es Jules Remet, un abogado francés con una idea mucho más ambiciosa, un torneo donde cada país manda a sus mejores soldados y así en 1930 se inaugura la primera copa del Mundo en Uruguay. Los europeos deben viajar en barco durante semanas para llegar y no lo hacen por un premio millonario ni por fama mundial. Lo hacen por amor al fútbol y por el orgullo de representar a su país. El torneo resulta un éxito y queda claro que tiene que repetirse. Con los años la Copa del Mundo empieza a celebrarse en distintos países como Francia, Brasil y Suecia y poco a poco se convierte en uno de los eventos deportivos más importantes del mundo. Gran parte de ese crecimiento se debió a dos cosas. Primero a la televisión que a partir del mundial de 1954 permitió que millones de personas vieran los partidos desde sus casas y segundo a figuras como Pele que convirtieron el fútbol en un espectáculo global.
En 1961 llega a la FIFA un nuevo presidente, Sir Stanley Rose, un inglés que antes había sido árbitro. Así que, como te puedes imaginar, para él las reglas y el juego limpio son sagrados. Por eso, aunque el mundial ya es cada vez más popular, Stanley se resiste que la FIFA lo convierta en un negocio y gane dinero por él. porque sí, para este punto el mundial aún no era un negocio. El dinero de los boletos no iba directamente a la FIFA, sino al país anfitrión, que lo usaba para recuperar parte de lo que gastó organizando el torneo. Y los derechos de televisión se vendían tan baratos que casi parecían regalados. ¿Y por qué en este momento era así? Porque Stanley cree que el dinero puede corromper el deporte y con el tiempo quedará claro que tenía razón.
Aunque los miembros de la FIFA están de acuerdo con la visión de Stanley, hay alguien a quien esa filosofía no le conviene nada. Horst Das, el hijo del fundador de Adidas. Verás, Dler ve el mundial como una mina de oro sin explotar. Si Adidas pudiera patrocinar a los jugadores, los uniformes o incluso el balón del torneo, podría vender muchísimo más, pero con Stanley Rose al mando de la FIFA, eso difícilmente va a pasar. Entonces, Dler se cruza con Joao Javelanch, presidente de la Federación Brasileña de Fútbol, quien también ve en la FIFA una oportunidad para enriquecerse. Por eso quiere sacar a Stanley del puesto y convertirse en el siguiente presidente de la FIFA. Así nace una alianza. Dler va a ayudarlo a financiar su campaña para la presidencia y si Javelangech gana, le abrirá a Dler una puerta enorme dentro de la FIFA. Más adelante vas a ver lo que esto significa.
Con esos planes tras bambalinas arranca la campaña por la presidencia de la FIFA. Pero aquí hay algo clave para entender lo que pasará después. Para este momento, la FIFA ya tiene más de 140 países miembros. Hay federaciones de todos los continentes, desde Inglaterra y Francia hasta Egipto, Haití y Japón. Y en las votaciones de la FIFA cada país tiene un voto, lo que significa que el voto de Inglaterra vale lo mismo que el de Haití. Pero en la práctica, Stanley sigue favoreciendo muchísimo a Europa. La prueba está en el mundial. De los 16 lugares disponibles, ocho son para las elecciones europeas. El resto del mundo debe repartirse los otros ocho. Muchas federaciones consideran esto injusto. Javelanch lo sabe y aprovecha exactamente eso. Viaja especialmente por África, prometiendo más cupos mundialistas y más apoyo económico. Además, con dinero proporcionado por Dler, entrega sobornos a varios funcionarios. Con los apoyos asegurados llega el día de la votación y el plan de Dasler funciona. Javelanch consigue más votos y se queda con el puesto. Este es uno de los sucesos más importantes del fútbol porque a partir de ahí cambia para siempre, pues pasa de ser solo un deporte a uno de los negocios más grandes del planeta.
Con Javelan ya en el poder le entrega Das Dler dos cosas muy valiosas, los derechos de imagen del mundial y los derechos de televisión, ambos a un precio muy bajo. Si para algo salió bueno este hombre, fue para hacer negocios. Y rápidamente entendió que si Adidas podía aprovechar todas las miradas puestas en el mundial para vender más productos, otras marcas también van a querer hacer lo mismo y muchas estarían dispuestas a pagar millones por esa exposición. Por eso se acerca a una marca global que sabe que podría estar interesada. Coca-Cola. Dustler le ofrece a Coca-Cola un trato muy atractivo, anuncios alrededor de la cancha en todos los partidos del mundial y la exclusividad para vender sus refrescos durante el torneo. Todo por ,000 dólar. A Coca-Cola le gusta la propuesta, pero no quiere verse solo como un anunciante, quiere presentarse como un socio del fútbol. Por eso, la inversión se disfraza como una aportación al programa de desarrollo juvenil FIFA Coca-Cola, destinado a entregar balones, financiar entrenadores y organizar torneos en países con menos recursos. El acuerdo se cierra y desde ese momento los mundiales se convierten en algunas de las plataformas comerciales más poderosas del planeta.
Ahora bien, el dinero de Coca-Cola sí llegó al programa de desarrollo juvenil, sí, pero no se repartió de manera neutral. Javelanch y Dler dirigieron gran parte de esos recursos a las federaciones que los habían apoyado, especialmente en África, Asia y América Latina. Estos países recibieron canchas, balones, ropa y capacitación para entrenadores. Así cumplieron su promesa de impulsar el fútbol en regiones con menos recursos. Pero también fortalecieron su propia base de apoyo. Obvio que todo era hecho por Adidas, así que fue un negocio redondo, un sistema simple. El dinero entraba por los patrocinadores, se distribuía entre federaciones aliadas y a cambio Javelanch aseguraba los votos necesarios para mantenerse en el poder. Te adelanto que gracias a esta red de apoyos permanecerá 24 años al frente de la FIFA y durante ese tiempo crecerían tanto el negocio como la corrupción.
Ahora todavía falta considerar los derechos de televisión que Dler también maneja. Él va país por país y se los ofrece a distintas televisoras. La cadena que paga más se queda con la transmisión del mundial en su territorio. Así, aunque a él esos derechos le cuestan casi nada, al revenderlos termina ganando millones. ¿Y qué pasa con todo ese dinero? Dler y Javelanch se quedan con una enorme tajada del negocio y otra parte sirve para seguir comprando lealtades dentro de la FIFA. A esto se suma que Adidas obtiene el derecho a fabricar el balón oficial del mundial, lo que le da una visibilidad enorme a la marca. Así con Javelanche en el poder y el negocio de Dler ya montado, el mundo pone los ojos en el siguiente gran evento, el mundial de 1978 en Argentina.
Aquí surge un problema enorme. Aunque Argentina había sido elegida como sede años antes, para entonces el país ya estaba bajo una dictadura militar. Las libertades habían sido suspendidas y miles de personas estaban siendo detenidas, torturadas o desaparecidas. Ante esta situación, varios países piden cambiar la sede, pero Javelanch se niega. Afirma que el fútbol y la política no se mezclan, aunque la realidad era muy distinta. Antes de tomar una decisión había negociado con la junta militar. Javelanche necesitaba estadios modernos y una organización capaz de convertir el mundial en un gran negocio. Y la dictadura vio una oportunidad de utilizar el torneo para mejorar su imagen ante el mundo y desviar la atención de la represión que vivía el país. A esto se le conoce como sports washing, usar un evento deportivo para limpiar la imagen de un gobierno acusado de violencia o abusos. Y por desgracia no será la última vez que la Copa del Mundo se use de esta manera. Con el acuerdo cerrado comienzan las obras. El costo final supera los 500 millones de dólares y la estrategia funciona para ambos lados. La FIFA hace crecer su negocio al hacer un torneo espectacular y la dictadura [música] legitima su imagen, especialmente después de que Argentina se consagra campeona del mundo. Pero cuando termina la celebración quede una enorme deuda que el país tardará [música] décadas en pagar.
Aún así, la FIFA no se detiene. Su siguiente objetivo es llevar el negocio todavía más lejos en el Mundial de España [música] 1982. Para el mundial de 1982, el torneo pasa de 16 a 24 equipos. En teoría, Javelanch está cumpliendo su promesa de darle más espacios a países de África, Asia y América, pero también es evidente que más equipos significan más partidos, más transmisiones y más dinero. De hecho, esa lógica sigue vigente. En 2026, el Mundial se juega con 48 selecciones e incluso ya se ha planteado ampliarlo a 64 en el futuro. El discurso oficial habla de inclusión, pero viendo la historia cuesta creer que esa sea la única razón.
Mientras el mundial sigue creciendo, Dler crea ISL, una empresa encargada de vender los derechos comerciales y de televisión de la Copa del Mundo. Quédate con ese nombre porque será una pieza clave en la caída de la FIFA. A través de ISL, Dler limita a los patrocinadores oficiales a solo 14 marcas, entre ellas Coca-Cola, Adidas y Canon, y les cobra millones de dólares por asociarse al torneo. Además, negocia los derechos de televisión por sumas aún mayores. El negocio genera cientos de millones de dólares, pero parte de ese dinero no termina en la FIFA, sino en los bolsillos de sus dirigentes. Javelanch habría recibido alrededor de 45 millones de dólares actuales por proteger estos acuerdos y también se reportan pagos a otros altos mandos para evitar preguntas. [música] El público no tiene idea de todo lo que sucede tras bambalinas. Para la gente, España 82 es simplemente otro gran mundial con Italia levantando la copa. Y si esta edición salió bien, en la siguiente pueden ganar aún más. Así que la FIFA pone su enfoque en el Mundial de 1986. [música]
Al inicio, Colombia ya está elegida como sede del mundial del 86, pero con el torneo creciendo tan rápido, la FIFA empieza a pedirle cosas prácticamente imposibles. Le exige tener 12 estadios con capacidad para al menos 40,000 personas, nuevos aeropuertos, torres de comunicación gigantes, trenes para mover a los oficionados por el país y como si fuera poco, que las ganancias de la FIFA queden libres de impuestos. Para Colombia eso es demasiado. El país tiene problemas mucho más urgentes, como combatir el narcotráfico y simplemente no tiene cómo cubrir todas las exigencias que la FIFA está poniendo. La FIFA insiste en que ser anfitrión trae beneficios, que el país se queda con parte del dinero de los boletos, que llegan turistas, que hay más consumo y derrama económica. Pero por muy bonito que suene esto, las cuentas no cuadran. Colombia se da cuenta de que organizar el mundial bajo esas exigencias podría dejar el país con una deuda enorme. Entonces, organizar un mundial realmente ayuda al país anfitrión o termina siendo un negocio donde la FIFA gana y el país se queda pagando la cuenta? Eso lo vamos a examinar más adelante. Por ahora, el presidente Colombia, Belizario Betancur, da un discurso histórico. Aquí en el país tenemos muchas cosas que hacer y no hay tiempo para atender las extravagancias de la FIFA y sus socios. El mundial de fútbol debía servir a Colombia y no Colombia al Mundial de fútbol. Por eso se amarra bien sus pantalones y renuncia oficialmente a ser sede de la Copa del Mundo, convirtiéndose en el primer país en hacerlo.
La noticia es un escándalo. La FIFA necesita encontrar una nueva sede rápido y las opciones reales son solo México, Estados Unidos y Canadá. Al final, México logra quedarse con el torneo. El problema es que tiene apenas 3 años para prepararse, cuando lo normal sería tener alrededor de ocho. Por si fuera poco, a solo 8 meses del mundial, el terremoto de 1985 golpea con fuerza la Ciudad de México. Más de 30,000 personas quedan heridas y unas 30,000 casas son destruidas por completo. Además, el daño económico también resulta enorme, alrededor de 4,000 millones de dólares. México atraviesa una fuerte crisis económica, pero la FIFA insiste en que el mundial debe seguir adelante. Por eso el gobierno mexicano termina destinando cerca de 500 millones de dólares a la organización del torneo y otros 170 millones de sus fondos de emergencia para reparar infraestructura y garantizar las transmisiones. Finalmente, en mayo de 1986, el Estadio Azteca inaugura la Copa del Mundo. Para el público, este torneo queda marcado por Maradona, la mano de Dios y Argentina levantando la copa. Pero para la FIFA es histórico por otra razón. Rompe récords de ganancias. Por primera vez el mundial se transmite a color para millones de personas. Además, los horarios se acomodan para que los partidos puedan verse tanto en Europa como en América, aunque eso obliga a muchos jugadores a competir bajo el sol del mediodía. Gracias a esto, ISL, la empresa de Das Dler, se queda con más de 120 millones de dólares limpios del mundial. Mientras tanto, México queda endeudado por años. Muchos damnificados siguen durmiendo en casas improvisadas con láminas, sobre banquetas o en refugios temporales, mientras los hospitales públicos sufren por falta de insumos médicos.
Y justo cuando la FIFA y ISL están ganando más dinero que nunca, Dler muere a los 51 años por un cáncer agresivo. Pero su muerte no detiene el negocio. Para ese momento, la maquinaria ya está andando sola. Y dentro de la FIFA todos están pensando en el siguiente mundial, el de Italia 90. Aunque Italia ha venido de una crisis económica, el mundial de 1990 se convierte en el más caro hasta ese momento. El país gasta alrededor de 4000 millones de dólares para cumplir con las exigencias de la FIFA. Y lo peor es que mucho de ese dinero no se usa de forma inteligente. En vez de aprovechar varios estadios históricos, muchos se demuelen o se construyen desde cero. También se hacen obras absurdamente caras. Pero claro, mientras el país paga la cuenta, muchos políticos, contratistas y aliados de la FIFA se llevan su parte.
Para el mundial de Estados Unidos 94, los beneficios para los directivos de la FIFA ya han escalado muchísimo. Ya no se trata solo de recursos para sus federaciones o sobres de dinero. Ahora también hay chóeres las 24 horas, hoteles de lujo y todos los gastos pagados. Pero en 1997 ocurre un error que casi destapa toda la red de corrupción. Verás, como Javelanch sigue favoreciendo a ISL, la empresa de Dler, con los derechos comerciales y de televisión, la compañía planea enviarle su agradecimiento, en otras palabras, otro pago bajo la mesa, solo que esta vez algo sale mal. En lugar de mandar el dinero a la cuenta secreta de Javelanche, depositan 1.5 millones de francos suizos en una cuenta oficial de la FIFA. Y eso es gravísimo, porque ISL no tiene ninguna razón legítima para depositarle ese dinero al presidente de la FIFA. El pago puede identificarse rápidamente como un soborno y peor todavía, ahora hay un rastro oficial. El contador que se da cuenta del error va de inmediato con el secretario general de la FIFA, un hombre llamado Joseph Blatter.
Para entonces, Blatter ya es uno de los hombres más poderosos de la FIFA. Años atrás, Dzler había ayudado a introducirlo en la organización para tener un aliado dentro del sistema. Y Blatter demostró ser una pieza muy valiosa porque sabía ganarse a la gente, mantener la discreción y ser leal a quienes podían impulsarlo. Javelan lo nombró director de desarrollo, un cargo que oficialmente buscaba impulsar el fútbol [música] en países con menos recursos, pero que también servía para construir alianzas mediante favores, dinero y promesas. Con el tiempo, Blatter ascendió hasta convertirse en secretario general. Por eso, cuando descubre un cheque enviado por error, no lo denuncia. Ordena borrar su rastro y transferir el dinero a una cuenta secreta de Javelanch. El asunto queda enterrado durante años, pero en un futuro será una pieza clave en la investigación del FBI que destapará a las loacas de la FIFA.
Para entonces, Gavelanch supera los 80 años y lleva 24 al frente de la FIFA. Aunque le gustaría continuar, entiende que debe retirarse y comienza a impulsar a su sucesor favorito, Joseph Blatter. Pero la presidencia no se hereda. Blatter necesita ganar votos y para eso requiere un aliado con dinero. Igual que Javelanch lo tuvo con Dustler. Ese aliado aparece en Mohamed Bin Ham, un multimillonario catarí con fuertes vínculos con la familia real. A cambio de apoyar la candidatura de Blatter, él también espera obtener algo, ayudar a que Qatar gane relevancia internacional a través del fútbol. Y si Blatter llega a la presidencia, quizá algún día pueda devolverle el favor llevando un mundial a Qatar. Para impulsar la campaña de Blackter sin que parezca una compra de votos, Binhamam queda al frente del proyecto Gold, un programa de 100 millones de dólares que oficialmente busca desarrollar el fútbol en países con menos recursos. Pero en la práctica el apoyo viene con la condición implícita de que las federaciones beneficiadas deben respaldar [música] a Blatter y ni siquiera todo el dinero llega a su destino. En Kenya, por ejemplo, se asignan $250,000 para construir un centro de fútbol infantil. Sin embargo, gran parte de los recursos terminan en los bolsillos de dirigentes de la FIFA y la obra acaba viéndose así. Así, entre apoyos disfrazados, Bin Hamam empieza a tejer alianzas y pone su avión privado al servicio de la campaña de Blatter. Este viaja de país en país buscando votos. sabe que África puede inclinar la balanza, así que les hace una promesa enorme. Si votan por él, llevará el Mundial del 2006 al continente africano. Esto en realidad terminará siendo una gran traición, solo que aún no llegamos a esa parte. Por ahora, Blatter suma a alguien más a su campaña. Michelle Platini, el legendario futbolista francés. Platini tiene prestigio y una imagen mucho más limpia, así que su apoyo ayuda a que Blatter parezca más confiable. Con todas estas piezas en su lugar, Blatter está listo para enfrentar a su rival por la presidencia de la FIFA, Leonard Johanson. Por otro lado, la campaña de Johansen es muy distinta. En lugar de prometer dinero o favores, promete [música] limpiar la FIFA de corrupción. Pero Johanson parece no conocer del todo a los miembros de la FIFA, pues llega el día de la votación y Joseph Blatter obtiene más votos y gana la presidencia.
Con esto empieza [música] una etapa todavía más oscura para la FIFA y el fútbol. Con Blatter la presidencia llega el Mundial de Francia 98. Y aquí se nota que la ambición de la FIFA ha crecido todavía más. Antes el país anfitrión podía quedarse con el dinero de los boletos vendidos en taquilla. Pero a partir de 1998 la FIFA decide quedarse con ese ingreso. Según la FIFA el mundial trae derrama económica, es decir, llegan turistas, se llenan hoteles, se consume más y la economía se mueve. Pero como dijimos antes, vamos a examinar eso más adelante. Por ahora, lo importante es que Francia 98 deja claro que la FIFA está aprendiendo a exprimir cada parte del negocio, incluso en los propios partidos. Y agárrate porque aquí se vienen las teorías. Nike había firmado un contrato de 160 millones de dólares con la selección de Brasil. El acuerdo era polémico porque le daba cierta influencia sobre partidos amistosos y la participación de algunas estrellas. Entonces, horas antes de la final del Mundial del 98, Ronaldo Nazario sufre un grave episodio médico y llega a ser retirado de la alineación. Sin embargo, poco antes del partido vuelve a aparecer como titular. Hasta hoy no existen pruebas de que Nik obligar a Brasil a ponerlo en la cancha y el propio Ronaldo siempre lo ha negado, pero las sospechas surgieron porque comercialmente era demasiado importante como para perderse la final. Al final Ronaldo juega muy lejos de su mejor nivel y Brasil cae goleado ante Francia, pero bueno, recordemos que estos solo son teorías.
Mientras tanto, Blatterter se estrena como presidente usando dinero de la FIFA para lujos personales y para mantener contentos a otros dirigentes con salarios elevados. Las sospechas de corrupción crecen, así que la FIFA contrata a McKinsey, una de las consultoras empresariales más prestigiosas del mundo, para analizar cómo funciona la organización y proponer mejoras. De cara al público, parece una muestra de transparencia, pero había un detalle muy importante. El proyecto estaba dirigido por Philip Blatter, sobrino del presidente. Así, Blatter podía influir en la información que recibía la consultora y la corrupción más profunda nunca llegaba a salir a la luz. Pero hay algo con lo que Blatter no cuenta. Su propio secretario general, Michelle Sen Rufinen, empieza a reunir información comprometedora sobre lo que ocurre dentro de la FIFA. Entre esos documentos se declara que mientras la FIFA dice que no hay suficiente dinero para capacitar árbitros en países pobres o desarrollar las escuelas de fútbol que había prometido, sus altos mandos gastan en retiros de lujo con cenas caras y excesos. Y con esa información está a punto de convertirse en una amenaza para Blatter.
En medio de todo esto sucede algo que pone a temblar a la FIFA. ISO queda al borde de la quiebra por años de corrupción y malos manejos. Eso representa un peligro para la FIFA porque una investigación sobre la empresa podría exponer años de corrupción. La solución parece ser renovarle los derechos comerciales de los próximos mundiales para mantener la flote. Pero entonces aparece IMG, una poderosa empresa estadounidense con una oferta de 1,000 millones de dólares por el mundial del 2002. Bter queda atrapado. Si acepta iOS puede hundirse y arrastrar la FIFA. Si rechaza la oferta parecerá que está protegiendo a ISO. La salida llega gracias al magnate alemán Leo Kirch, quien inyecta dinero a la empresa. Con ese respaldo, ISL logra superar la oferta de IMG con una propuesta de 1.4,000 millones de dólares. Eso sí, el acuerdo ya no incluye un mundial, sino dos, 2002 y 2006, pero ni siquiera esa jugada logra salvar a ISL. Unos meses después la bomba explota. La empresa se declara con quiebra y deja una deuda enorme de 300 millones.
Entonces pasa justo lo que Blatter temía. Los jueces suizos confiscan los documentos de ISL, revisan sus cuentas y empiezan a seguir el rastro del dinero. Y la primera gran pista los lleva directo a Sudamérica, específicamente Ricardo Teixeira, el yerno de Joao Javelanch. Te explico, años antes, Javelanch había colocado a Teixeira al frente del fútbol brasileño. Desde ahí, Teiseira empezó a manejar la selección de Brasil como si fuera su propio negocio. ¿Recuerdas el contrato millonario entre Brasil y Nike? Pues según las investigaciones, parte de ese dinero no terminó beneficiando tanto a la selección, sino llegando a cuentas ligadas a Teixeira y Javelanche en las Islas Caimán, un paraíso fiscal del Caribe donde es mucho más fácil esconder dinero y eso es apenas una muestra del problema. Teixeira usaba la selección de Brasil, una de las más queridas del mundo, como una máquina privada para hacer negocios. Por eso Blter tiene que actuar rápido, porque si te ir cae puede empezar a hablar y muchas de las mentiras de la FIFA podrían salir a la luz. Sin perder tiempo, Blatter sale ante la prensa y se presenta como un hombre profundamente ofendido por las acusaciones contra Teixeira, pero luego va más lejos. Amenaza al gobierno de Brasil con dejar a su selección fuera del mundial si no detienen la investigación. El miedo es tal que las autoridades terminan congelando la investigación. Una vez más, Blatter gana. Protege Teira y mantiene intacto el secreto de la corrupción dentro de la FIFA.
Pero sin darse cuenta, la caída de ISL y sus amenazas contra Brasil prenden una alarma mucho más peligrosa, la del FBI. Los agentes empiezan a investigar y pronto se topan con aquel cheque de ISL que había llegado por error a una cuenta de la FIFA. ¿Por qué ese dinero terminó ahí? ¿A quién iba dirigido realmente? A partir de esa pregunta, el FBI empieza a seguir el rastro del dinero. Mientras tanto, se acercan las elecciones para elegir al presidente de la FIFA. Pero dentro de la organización, muchos ya están nerviosos. Cada vez hay más rumores de corrupción y algunos empiezan a pensar que Blatter quizás no debería seguir al frente. Entonces, unas semanas antes de la elección, Michel Sen Rufinen, el secretario general de la FIFA, se presenta ante los miembros del Comité Ejecutivo y les entrega un archivo explosivo. Hay documentos, cheques [música] y pruebas que muestran que la corrupción bajo el mando de Blatter llega tan lejos que la FIFA está a punto de quedarse en banca rota. Ahora bien, Sen Rufin no actúa solo por principios. Como secretario general sabe que también podría haberse afectado por los escándalos, así que reunir pruebas es una forma de protegerse. El problema es que muchos dirigentes ya conocen las irregularidades y algunos incluso están involucrados. Por eso, en lugar de apoyar la investigación, atacan a Sen Rufinen. Lo llaman mentiroso y el intento de limpiar la FIFA termina fracasando. Blatter es reelegido por 4 años más. Sen Rufinen es despedido y su informe queda enterrado.
Con todo esto de fondo se acerca el Mundial de Corea, Japón 2002. En este mundial las sospechas de corrupción también llegan a la cancha. Para la FIFA era importante que los anfitriones avanzaran lo más posible, ya que eso mantenía el interés del público y hacía el torneo más rentable. Pero Japón cae en octavos de final, así que toda la presión recae sobre Corea del Sur. El problema es que su siguiente rival es la poderosa Italia de Buffón, Nesta y Pirlo, un equipo claramente dominante. Según reportó el periódico Corrier de los Sport, el vicepresidente de la FIFA, Jack Warner, designó al árbitro ecuatoriano Byron Moreno para favorecer a Corea del Sur y desde los primeros minutos el partido se vuelve extremadamente polémico. Apenas el minuto 4, Corea del Sur recibe un penal. Aún así, Buffón lo detiene y mantiene el cero. La polémica explota en el tiempo extra. Primero Francesco Toti cae dentro del área, pero en lugar de marcar falta a favor de Italia, el árbitro considera que intentó engañarlo y le muestra una segunda tarjeta amarilla. E Italia se queda con 10 jugadores. Después, Italia marca el que habría sido el gol de la victoria bajo la regla del Gol de Oro. Sin embargo, el árbitro lo anula por un fuera de lugar que muchos consideran incorrecto. Con un jugador menos y cada vez más frustrada por las decisiones arbitrales, Italia termina cediendo. Corea del Sur encuentra una última oportunidad y marca el gol que la clasifica la siguiente ronda.
Según el Corrier de los Sport, en cuartos de final la historia vuelve a repetirse. Esta vez Corea del Sur enfrenta a España y Jack Warner designa como árbitro al egipcio Gamal Algandur. Durante el partido contra España, las polémicas vuelven a acumularse. El árbitro anula dos goles españoles, marca varios fueras de lugar muy discutidos, amonesta jugadores por reclamar y hasta termina el encuentro cuando España estaba por cobrar un tiro de esquina. El partido acaba 0 a cer y Corea del Sur avanza en los penales. Algunos lo ven como una hazaña histórica y otros una clasificación muy sospechosa. Aunque Corea no gana el mundial, su recorrido cumple un objetivo importante para la FIFA. mantener el interés del público asiático, impulsar las audiencias televisivas y proteger el negocio del torneo. Y bueno, aquí cabe señalar que este no es el único escándalo ligado a Jack Warner, el vicepresidente de la FIFA. De hecho, con el tiempo Warner se convierte en una de las figuras más señaladas por corrupción. Uno de los casos más famosos ocurre con la selección de Trinidad y Tobago. Cuando el equipo clasifica al Mundial, los jugadores tenían derecho a recibir bonos por ese logro. Pero según las acusaciones, Warner se queda con gran parte de ese dinero en lugar de entregárselo a los futbolistas. También se le acusa de revender boletos VIP del mundial en el mercado negro con ganancias de más de 3 millones de dólares. Pero quizás lo más importante para esta historia es que Warner también representa [música] una nueva forma de corrupción dentro de la FIFA, una donde la sede de la Copa del Mundo empieza a venderse a quien ofrezca más dinero y eso nos lleva al Mundial 2006. [música]
Para entender este escándalo, primero hay que saber cómo se elige la sede de un mundial. En ese momento, la decisión está en manos del comité ejecutivo de la FIFA, conocido como Exco. Son 24 activos y cada uno tiene un voto. Para el mundial 2006, la pelea queda principalmente entre dos candidatos, Sudáfrica y Alemania. Y aquí empieza el problema. Si recuerdas cuando Blatter estaba haciendo campaña para llegar a la presidencia de la FIFA, les había prometido a las federaciones africanas que buscaría llevar el mundial a su continente, pero cuando llega el momento de votar, esa promesa empieza a tambalearse. ¿Por qué? Porque Alemania ofrece algo mucho más tentador para la FIFA, dinero. Grandes patrocinadores como Adidas, McDonald's y Coca-Cola prefieren que el mundial se juegue en Alemania. Los horarios favorecen el mercado europeo, lo que permite vender publicidad, derechos de transmisión y patrocinios a precios más altos. Además, Alemania ya cuenta con gran parte de la infraestructura necesaria y según diversos reportes, la candidatura también habría sido impulsada por un pago de 6 millones de dólares para asegurar apoyos clave. Sudáfrica nota que Blatter y la FIFA podrían echarse para atrás, así que decide jugar su mejor carta. Nelson Mandela. La comitiva sudafricana lo lleva hasta las oficinas de la FIFA para recordarles que África sigue esperando su mundial. También buscan el apoyo de Jack Warner, vicepresidente de la FIFA. Para convencerlo, le prometen organizar partidos amistosos que las empresas de Warner podrían manejar. Así, él podría ganar dinero con las entradas y con los derechos de televisión. Pero eso no es todo. También le hacen una transferencia de ,00ones presentada como apoyo para niños en las Islas del Caribe. El dinero, claro, nunca termina llegando a esos niños. En las votaciones, las dos sedes empatan y el voto decisivo queda en manos de Charles Dempsey, un directivo de Oceanía. Sus propios jefes le habían ordenado por escrito votar por Sudáfrica. Si lo hace, la elección queda empatada y Blatter tendría que desempatar con su voto como presidente de la FIFA. Y eso pone a Blatter en una situación muy peligrosa. Si vota por Sudáfrica, pierde el apoyo de los grandes intereses europeos, pero si vota por Alemania, toda África lo verá como un traidor. Entonces ocurre algo muy extraño. Horas antes de la segunda votación, Demir recibe amenazas. Según cuenta después, le advierten que si vota por Sudáfrica podría terminar muerto. Además, una persona misteriosa llega a su habitación de hotel y le ofrece 250,000 en efectivo para votar por Alemania. Presionado y muerto de miedo, Demsy se levanta de la mesa, se niega a votar y se va del edificio. Después toma el primer avión de regreso a casa y apaga su celular. Como Demy no vota, el marcador queda 12 a 11 y Alemania gana el Mundial de 2006. Blatter finge tristeza frente a Nelson Mandela. lo abraza y le promete que el fútbol le devolverá la alegría a África muy pronto, pero el daño ya está hecho. Así que Blatter se saca otro truco de la manga, crea la regla de rotación obligatoria de continentes. Con esa nueva regla, el siguiente mundial disponible queda prácticamente reservado para África y así años después Sudáfrica termina recibiendo el mundial de 2010. [música]
Pero aquí surge otro problema. Como Sudáfrica no tiene la infraestructura necesaria para organizar un mundial, necesita invertir enormes cantidades de dinero en estadios y obras públicas. Y donde hay grandes proyectos, también hay oportunidades para la corrupción. Algunos directivos de la FIFA pueden aprovechar estas construcciones para pedir dinero a cambio de ayudar a ciertas empresas a obtener los contratos. Uno de los casos más descarados ocurre con Chuck Blazer, la mano derecha de Jack Warner. Cuando se construye un estudio de televisión para el mundial, Blazer decide quedarse con el 10% del dinero del proyecto. Así, en una sola operación se guarda 300,000 en el bolsillo. Y en otros casos, los directivos ni siquiera lo esconden tanto, simplemente usan empresas de amigos, familiares o incluso empresas propias para quedarse con trabajos del mundial. Y la historia se repite para el mundial de Brasil 2014. [música]
Brasil tampoco está listo para recibir una Copa del Mundo de ese tamaño, así que el gobierno termina gastando alrededor de 15,000 millones de dólares de dinero público en estadios, obras y remodelaciones. El problema es que varios de esos estadios se vuelven lo que se conoce como elefantes blancos, un estadio enorme y carísimo que se construye en una ciudad donde no hay suficientes equipos, partidos ni aficionados para mantenerlo vivo. Durante el mundial se ve espectacular, pero cuando el torneo termina se queda vacío. Cuesta muchísimo mantenerlo y nadie sabe qué hacer con él. Y aquí la corrupción vuelve a aparecer, pero los directivos de la FIFA ya no son los únicos que se benefician con los contratos de infraestructura. También entran políticos brasileños, constructoras y empresas con mucho poder. Si una empresa quiere quedarse con una obra, tiene que pagar comisiones por debajo de la mesa. Y si el proyecto cuesta cierta cantidad, se infla que todos puedan sacar su tajada. Así aparecen cobros exagerados por cemento, varillas, materiales y trabajadores. Todo se anota en documentos oficiales para que el gobierno pague mucho más de lo que realmente cuesta la obra. Ese dinero extra termina alimentando un enorme red de sobornos. Mientras tanto, mucha gente en Brasil empieza a enfurecerse. Ven estadios nuevos y carísimos, pero también ven hospitales saturados, escuelas abandonadas y servicios públicos en pésimas condiciones. Por eso, miles de personas salen a protestar a las calles. Acusan al gobierno de obedecer las exigencias de la FIFA mientras las necesidades básicas del país siguen sin resolverse. Una de las pancartas más famosas dice: "Queremos hospitales con calidad FIFA."
Y el siguiente gran ejemplo llega con el Mundial del 2018. Como te comentaba, las sedes del mundial las eligen los 24 miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA, pero para ese momento muchos de ellos ya llevan años dentro del negocio. Algunos están cerca de jubilarse, así que quizá esta sea una de sus últimas oportunidades para votar por una sede mundialista y enriquecerse con los sobornos. Entonces, se les ocurre una idea muy conveniente, elegir dos sedes al mismo tiempo, la del Mundial 2018 y la del Mundial 2022. De esa forma, los directivos tienen dos oportunidades de sacar dinero antes de irse. Aquí vale la pena aclarar que aunque estamos hablando de los mundiales de 2018 y 2022, estas decisiones se toman muchos años antes, a veces 8 o 12 años antes del evento, solo para que lo tengas en mente. Según la regla de rotación de continentes, el mundial de 2018 debe jugarse en Europa, así que varios países levantan la mano para ser [música] sede. Uno de los candidatos más fuertes es Inglaterra. Tiene estadios, carreteras, aeropuertos, hoteles y toda la infraestructura necesaria para recibir a millones de turistas. De hecho, Inglaterra quiere tanto el mundial que el propio príncipe William encabeza la candidatura acompañado por David Beckham, uno de los futbolistas ingleses más famosos del mundo. Pero también aparece otro competidor, la Rusia de Vladimir Putin. A diferencia de Inglaterra, Rusia no tiene todo listo, le faltan estadios, carreteras e infraestructura. Además, su imagen internacional está muy golpeada. El gobierno ruso ya señalado por espionaje, persecución a periodistas, encarcelamiento de opositores y conflictos constantes con sus vecinos, especialmente Ucrania. Pero justo por eso Putin quiere el mundial. Para Rusia, organizar la Copa del Mundo es una oportunidad para limpiar su imagen frente al mundo, mostrando un país lleno de atletas de primer nivel, estadios modernos, ciudades renovadas y turistas felices. Es decir, lo que hablábamos antes, sports washing. Al final, aunque Inglaterra parecía una de las candidatas más fuertes para organizar el mundial 2018, la sede se la queda Rusia. Pero después de la votación ocurre algo bastante sospechoso. Las computadoras que usan los delegados rusos durante la pelea por la sede son destruidas a martillazos antes de que puedan ser investigadas. La explicación que dan los rusos es que estaban en un edificio viejo y que las computadoras se rompieron por accidente. Pero para muchos lo que realmente querían era borrar correos, archivos y posibles pruebas sobre la compra de votos. Y si la elección de Rusia 2018 ya está llena de sospechas, el verdadero escándalo llega con el mundial. del 2022. [música]
Si recuerdas, desde años antes, Mohamed Bin Hamam se había aliado con Blatter con la idea de algún día llevar la Copa del Mundo a Qatar. Pues ahora ese momento parece haber llegado. El problema es que Qatar compite contra candidaturas mucho más fuertes, especialmente la de Estados Unidos, que cuenta con estadios de primer nivel, una gran infraestructura y un enorme potencial comercial. En comparación, Qatar parece una apuesta muy arriesgada. Los propios inspectores de la FIFA lo califican como una sede de alto riesgo. El país es pequeño, alcanza temperaturas cercanas a los 50 gr en verano y ni siquiera cuenta con estadios adecuados para organizar mundial. Por eso, sobre el papel, su candidatura tiene muy pocas posibilidades de ganar. Pero lo que los demás candidatos no saben es que Qatar ya está jugando otro partido. De acuerdo con diversas investigaciones, Bin Hamam y Hassan Altawadi utilizaron recursos respaldados por la familia real Qatarí para ganar apoyos dentro del Comité ejecutivo de la FIFA. En algunos casos, esos apoyos habrían sido comprados directamente mediante pagos millonarios. En otros, la estrategia fue más discreta. Apenas 9 días antes de la votación, Michel Platiní fue invitado a una cena con el primer ministro de Francia y al llegar descubrió que también estaban presentes el emir
Y el primer ministro de Qatar. Los cataríes sabían que Platini pensaba votar por Estados Unidos porque era la opción más lógica y segura para el torneo. Pero si cambiaba su voto por Qatar y convencía a otros miembros europeos de hacer lo mismo, ellos estaban dispuestos a rescatar de la quiebra al club Paris Saint-Germain. La propuesta era difícil de ignorar.
Qatar prometía invertir en el PSG, uno de los clubes más importantes de Francia, y además comprar 50 aviones de guerra al gobierno francés. Según el periodista Andrew Jennings, ambas operaciones formaban parte de un acuerdo valorado en unos 7,000 millones dólares. El resultado, Estados Unidos obtiene ocho votos y Qatar consigue 14. Así que se queda con el Mundial del 2022. Las caras de los delegados estadounidenses son de total incredulidad. El dinero le acaba de ganar a la lógica.
Para resolver el problema del calor, la FIFA toma una decisión sin precedentes: mover el Mundial de Qatar al invierno. Sin embargo, el cambio altera el calendario del fútbol mundial y afecta a ligas, clubes y contratos de televisión en todo el planeta. Pero el golpe más duro viene con las obras. Para organizar el Mundial, Qatar invierte alrededor de 220,000 millones de dólares en estadios, carreteras y nuevas ciudades, unas 15 veces más de lo que costó Rusia 2018.
Para construir todo a tiempo, recurre a cientos de miles de trabajadores extranjeros. El problema es que muchos quedan atrapados bajo el sistema Cafala, que les dificulta cambiar de empleo o abandonar el país. Según numerosas denuncias, esto los expone a largas jornadas, malas condiciones laborales y abusos que muchos comparan con una forma de esclavitud moderna. Medios como The Guardian empiezan a encender las alarmas al denunciar que miles de obreros están muriendo en las obras por las condiciones inhumanas en las que trabajan. De hecho, en el aeropuerto de Katmandú de Nepal, empiezan a llegar ataúdes de madera con los cuerpos de trabajadores muertos por golpes de calor, paros cardíacos o accidentes laborales. Las imágenes inundan las redes, pero la FIFA no dice nada.
Y para el final del Mundial, el sports washing funciona. La atención deja de girar alrededor de los trabajadores muertos, las leyes represivas o los sobornos. La atención del mundo termina poniéndose en la increíble imagen de Lionel Messi levantando por primera vez la Copa del Mundo. Y mientras todos miran esa foto histórica, la FIFA también celebra al terminar el torneo: una fortuna récord de 7,000 millones de dólares gracias a los contratos de televisión y a patrocinadores como Adidas y Coca-Cola. Pero ojo con este dato: Qatar, en cambio, recibe apenas 1,000 millones de dólares por turismo. Después de gastar 220,000,000,000 para tener todo listo, solo recupera 1,000,000,000, un 4%.
Pero resulta que la FIFA ya estaba comenzando a volar demasiado alto. Termina llamando la atención del FBI, quienes comienzan a rastrear el dinero. Y así llegamos a donde comenzó esta historia. Mayo del 2015, en el congreso anual de la FIFA en Suiza. Los jefes del fútbol mundial están dormidos en el hotel cinco estrellas Baur Au Lac. Pero a las 5 de la mañana, la policía, coordinada con el FBI, entra al hotel y empieza a arrestarlos. La escena parece sacada de una película. Para que los medios no les graben la cara, algunos directivos piden salir cubiertos con sábanas y así los sacan del hotel. El escándalo se vuelve conocido como el FIFA Gate.
A partir de ahí caen más y más dirigentes, pero hay algo que llama la atención: Blatter no está entre los arrestados. ¿Por qué? Porque el FBI no puede arrestar a cualquiera en cualquier parte del mundo. Solo puede ir contra directivos cuyos delitos tienen alguna conexión con Estados Unidos. Por ejemplo, si usan bancos estadounidenses o cierran tratos en ese país. Blatter, en cambio, vive en Suiza, tiene nacionalidad suiza y trabaja en Zúrich, donde está la sede de la FIFA. Además, es muy astuto. Desde 2011 evitó viajar a Estados Unidos porque ya sospechaba que el FBI lo estaba investigando. Y aunque los agentes siguen buscando pruebas, al final no logran encontrar un rastro de dinero que conecte directamente [música] esos sobornos con la cuenta personal de Blatter. Por eso, mientras muchos caen, Blatter no termina en prisión, solo recibe una suspensión de 8 años del fútbol, igual que Michel Platini. Chuck Blazer, en cambio, sí es arrestado, pero muere antes de recibir sentencia. En cuanto a Jack Warner, Estados Unidos intenta llevarlo ante la justicia, pero como está en Trinidad y Tobago, el proceso de extradición se llena de trabas. Al final, nunca pisa una prisión estadounidense.
Así, después de años de sobornos y negocios oscuros, muchos de los hombres más poderosos de la FIFA no terminan pagando con cárcel. Lo más increíble es que unos días después de los arrestos masivos, Blatter es reelegido como presidente de la FIFA por quinta vez consecutiva. Pero esta vez la presión ya no se puede esconder. La prensa lo ataca, los patrocinadores se ponen nerviosos y el escándalo crece cada día más. Incluso ocurre un momento que quizás recuerdas: en plena conferencia de la FIFA, el comediante británico Lee Nelson interrumpe y le pone a Sepp Blatter un fajo de billetes enfrente, diciendo que es para apoyar la candidatura de Corea al Mundial del 2026. Y cuando empiezan a sacarlo, lanza más billetes al aire, dejando a Blatter cubierto de dinero falso frente a las cámaras.
Con su imagen cada vez más golpeada, Blatter decide que lo mejor es anunciar que deja la presidencia. En su lugar va a llegar Gianni Infantino. Infantino promete limpiar la FIFA y evitar que la elección de un Mundial vuelva a decidirse en secreto. Por eso ordena que la sede ya no la elijan 24 miembros del Comité Ejecutivo a puerta cerrada. Ahora votan más de 200 países miembros en un congreso abierto. También disuelve el viejo ExCo y crea un nuevo consejo con más integrantes. En el papel suena como una renovación, pero en la práctica el poder sigue dentro del mismo círculo. Y aquí está el detalle: se supone que el nuevo sistema evita que alguien vuelva a repartir maletas de dinero en hoteles, pero la FIFA encuentra otra forma de mantener contentos a sus dirigentes. Ahora, muchos pagos ya no se dan como sobornos, sino como sueldos y bonos aprobados por la propia FIFA. Algunos dirigentes reciben más de $250,000 al año solo por asistir a unas cuantas juntas en Suiza. Y no solo eso: la FIFA ahora también obliga a los gobiernos anfitriones de la Copa del Mundo a firmar por escrito que las ganancias del torneo quedarán libres de impuestos. Así que, de cara al público, la corrupción se acaba, pero el negocio sigue vivo.
Aún así, después de tantos escándalos, queda una gran pregunta: ¿Quién va a organizar el Mundial del 2026? [música] Después de darle a Qatar el Mundial del 2022 y dejar fuera a Estados Unidos, muchos sienten que la FIFA ahora le debe una. El problema es que la elección del Mundial 2026 ocurre en 2018, cuando Donald Trump está en la presidencia y Trump se la vive amenazando a otros países, atacando gobiernos y prometiendo políticas duras contra migrantes. Para una FIFA que quiere verse limpia, darle el Mundial solo a Estados Unidos no parece la mejor idea. Entonces aparece una solución perfecta: una candidatura conjunta de Norteamérica con Estados Unidos, Canadá y México. Así, la FIFA vende la candidatura como un mensaje de unión, pero también asegura un negocio gigantesco. Según sus propios cálculos, el Mundial 2026 puede generar más de 11,000 millones de dólares. La jugada funciona. México y Canadá ayudan a suavizar la imagen de Estados Unidos y la candidatura de Norteamérica gana.
Pero hay un detalle que suele pasar desapercibido: los beneficios del Mundial no se reparten de forma equitativa. De los 104 partidos del torneo, Estados Unidos alberga 78, mientras que México y Canadá reciben solo 13 cada uno. En la práctica, la mayor parte del negocio se queda en territorio estadounidense. Además, aunque México espera una derrama económica cercana a los 3,000 millones de dólares y la creación de miles de empleos, también ha invertido alrededor de 12,000 millones de dólares para preparar el evento, es decir, cuatro veces más de lo que espera recuperar directamente. Y seamos realistas, no todo el dinero que generan los turistas permanece en el país. Una parte termina en cadenas hoteleras internacionales y otras empresas extranjeras. Por si fuera poco, alrededor de los estadios, la FIFA establece zonas comerciales controladas donde solo pueden operar sus patrocinadores oficiales. Esto limita la participación de muchos comercios locales justo durante el evento más importante del fútbol. Así que, en teoría, el Mundial trae turismo y actividad económica, pero en la práctica no siempre está claro quiénes terminan siendo los principales beneficiados.
A esto se suma otra cosa muy importante: como te contaba, los boletos de Mundial ya no se quedan en manos del país anfitrión. Ese dinero va para la FIFA y este año los precios se han vuelto absurdos. Para un partido normal de fase de grupos, un boleto puede costar alrededor de $500 y para un partido más avanzado, como una semifinal, incluso un asiento hasta arriba, casi pegado al techo, puede rondar los $3,000. Además, por primera vez, la FIFA también controla la reventa oficial de [música] boletos. No solo gana cuando vende el boleto por primera vez, si después una persona lo revende, la FIFA se queda con una comisión que puede llegar al 30% de la transacción. En otras palabras, encuentra la forma de ganar dos veces con el mismo asiento.
Pero a ver, a ver, un momento. Tal vez te estás preguntando: si la FIFA es una organización privada, ¿por qué todo terminó en arrestos, investigaciones del FBI y acusaciones de corrupción? Bueno, porque la respuesta es que la FIFA no funciona exactamente como una empresa tradicional. Y si queremos entender la problemática completa, tenemos que entender lo siguiente: una empresa tiene dueños o accionistas. Si un directivo empieza a aceptar sobornos y perjudica la compañía, los dueños pueden demandarlo porque está dañando un negocio que les pertenece. Pero la FIFA es diferente legalmente. Es una asociación privada sin fines de lucro. No tiene accionistas esperando dividendos ni un dueño. En teoría, todo el dinero que genera debería reinvertirse en el desarrollo del fútbol. Entonces, ¿dónde estuvo el problema? Que muchos dirigentes comenzaron a usar sus cargos para beneficiarse personalmente. Cuando un miembro de la FIFA aceptaba dinero para votar por cierta sede, ese dinero no llegaba a la organización, llegaba a su bolsillo y eso sí es ilegal: usar una posición de confianza para obtener beneficios personales por debajo del agua.
¿Y por qué terminó entrando el FBI de Estados Unidos? Porque muchos de los sobornos pasaban por bancos estadounidenses. Al seguir el dinero, los investigadores descubrieron una red internacional de corrupción. El FBI no investigó a la FIFA por el fútbol, sino por cómo se movía el dinero. Ahora bien, hasta aquí podríamos pensar que todo esto es un problema interno de la FIFA. Después de todo, el fútbol no le pertenece a la FIFA. El fútbol simplemente es un deporte que cualquiera puede jugar y, en teoría, cualquier organización podría intentar crear su propia Copa del Mundo o incluso una empresa privada. Si dentro de la FIFA hay luchas de poder, corrupción o sobornos, parecería que los únicos perjudicados son ellos mismos, ¿verdad?
Pues no, porque una cosa es lo que ocurre dentro de las oficinas de la FIFA y otra muy distinta es quién termina pagando las consecuencias. A lo largo de este video vimos países gastando cientos, miles o incluso cientos de miles de millones de dólares para organizar una Copa del Mundo. Vimos gobiernos construyendo estadios, remodelando ciudades, ampliando aeropuertos, cerrando calles y destinando enormes cantidades de dinero público para cumplir con las exigencias del torneo. Y la mayoría de ese dinero, recordemos, no sale de los bolsillos de la FIFA, sale de impuestos, de presupuestos públicos, recursos que podrían haberse utilizado para otras prioridades y del trabajo de todos los ciudadanos de las sedes.
Y tal vez por todo lo que vimos podríamos pensar que el problema es que el deporte se ha vuelto un negocio, pero no creo que esto sea algo necesariamente malo. Piensa en todos los grandes torneos: la NBA, la NFL, la Fórmula 1 o los Grand Slams de tenis. Todos son negocios que generan millones para los organizadores, para los competidores, le dan una gran experiencia al consumidor y prácticamente no le piden ni un peso al lugar donde se organiza. En esos casos, quienes se llevan las ganancias normalmente también asumen buena parte de los riesgos y los costos. Si un equipo quiere construir un estadio o hacer una gran inversión, sus propietarios tienen mucho que ganar si sale bien, pero también mucho que perder si sale mal. Al final, funcionan prácticamente como empresas. Y creo que justo ahí está el problema: que la FIFA no. La FIFA se queda con los derechos de televisión, con los patrocinios, con las licencias, con gran parte de los ingresos comerciales del torneo, pero los estadios los construyen los países, la infraestructura la pagan los países, la seguridad la pagan los países y si algo sale mal, la deuda también se queda en los países.
Es un gobierno, así que no está sometida a muchos de los controles públicos que enfrentan los gobiernos, pero tampoco funciona como una empresa tradicional que asume directamente los costos y riesgos de sus propios proyectos. Así que durante décadas logró quedarse con lo mejor de ambos mundos. Y sí, está la idea de la derrama económica, pero ya vimos que ni las cuentas cuadran y mucho del dinero no llega a la base de la pirámide o directamente no se queda en el país. Esto sumado a que los precios son una locura. A veces me da la impresión de que el país se depuso su casa para una fiesta, pagó la fiesta y luego ni siquiera pudo disfrutarla en las mismas condiciones que quienes se tomaron el alcohol gratis, rompieron el lavabo y después se fueron. Y para colmo, terminó pagando los platos rotos durante años.
Y a ver, tampoco quiero ser aguafiestas. Claro que me parece un evento precioso. Claro que es emocionante ver a tu país competir por algo grande. Claro que me llena de alegría ver a los nuestros salir a las calles a celebrar, las reuniones familiares, las convivencias con amigos, gritar los goles y compartir esa emoción colectiva. Y claro que también es bonito ver cómo arreglan tu ciudad. Solo pienso que tal vez existan formas más eficientes de organizarlo en donde uno, la avaricia desmedida, no mine la posibilidad de que más gente pueda disfrutar de estos eventos. Y dos, que los tratos sean más justos también. Si se vende la idea de que hacer el Mundial en tu país va a tener muchos beneficios y derramas económicas, que realmente lo sea. Al final de cuentas, son los propios países los que corren con la mayor parte de la inversión.
Pero bueno, después de ver todo esto, me encantaría saber tu opinión. ¿Estás de acuerdo con que tu país sea la sede porque los arreglos que el gobierno hace y la derrama económica justifican los gastos? ¿O ese dinero se podría invertir mejor? O por otro lado, ¿crees que se deberían de designar algunas cuantas [música] sedes permanentes para evitar todo esto? Por mi parte, le deseo el mejor de los éxitos a mi selección México y si no, al menos que alguna de Latinoamérica levante la copa. Estaré leyendo opiniones en los comentarios y recuerda que nos vemos en el próximo.