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¿Por qué volvió el terraplanismo?

CuriosaMente10:49

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Ya sabemos que los ratones no nacen por generación espontánea a partir de trapos viejos y granos de trigo, y que el sentido de la vista no se debe a que nuestros ojos emitan rayos de visión. Hay ideas tan desacreditadas que podríamos pensar que deberían haber desaparecido hace mucho tiempo; pero algunas nociones que parecían extintas no solo se niegan a desaparecer, sino que han resurgido con fuerza renovada. ¿Por qué?

Volvió el terraplanismo. La idea de que la Tierra es plana es muy, pero muy antigua. En Mesopotamia y el Antiguo Egipto, el mundo se representaba como un disco en medio del océano; y los griegos de la época de la *Odisea* lo imaginaban similar, excepto el filósofo Arquelao, muy abusado, quien notaba que el sol no se ponía al mismo tiempo en todos lados, y pensó que el mundo era cóncavo como un plato. Para los chinos del pasado, la Tierra era un cuadrado plano, y para explicar las diferencias en la posición del sol al mismo tiempo en lugares diferentes, calcularon que el astro debía estar muy cerca. Pero ya desde el siglo VI y V antes de nuestra era, Pitágoras y Parménides argumentaban que el mundo era similar a una esfera, y Aristóteles lo sostuvo e incluso calculó su posible diámetro. Unos años después, cuando Eratóstenes hizo el primer cálculo conocido de su circunferencia, y llegó a una cifra bastante aproximada. Como la idea de la Tierra redonda se ajustaba a todas las observaciones, se difundió por toda Europa y se convirtió en el modelo dominante para la Edad Media. Ya prácticamente toda la gente educada sabía que el mundo era esférico, y así se enseñaba en las universidades. Lo malo es que no tenemos registro de qué pensaba la mayor parte de la población que no estaba instruida.

Al llegar la era de la exploración, ya no cabía duda. Los largos viajes eran consistentes con un mundo redondo. Por ejemplo, los navegantes portugueses notaban que al acercarse al Ecuador, el sol del mediodía se aproximaba cada vez más al cenit. La demostración definitiva fue cuando la expedición de Fernando de Magallanes completó la primera circunnavegación global en 1521. Antonio Pigafetta, uno de los supervivientes del viaje, registró la pérdida de un día en el transcurso del viaje, dando evidencia de la curvatura este-oeste. Actualmente sabemos que la Tierra es un geoide, prácticamente una esfera, pero un poquito achatada en los polos y con ciertas irregularidades.

Entonces, ¿qué pasó? ¿Cómo volvió la creencia en la Tierra plana? Primero hay que notar que esa idea no había muerto por completo. Aunque de manera residual, seguía habiendo personas que, por razones religiosas o por falta de conocimiento, seguían pensando que la Tierra era plana. Pero fue hasta el siglo XIX cuando apareció un panfleto llamado *Astronomía cética: la Tierra no es un globo*, de un autor que firmaba como Parallax. Se trataba del inventor y utopista inglés Samuel Rowbotham, quien se consideraba un escéptico radical. Los términos “escéptico” y “céptico” provienen de la misma raíz griega que significa “buscar”, “indagar”. Al parecer, un día se despertó con la pregunta: “¿Y si la Tierra fuera plana como lo pensaban los antiguos? ¿Cómo podría demostrarlo?” Ideó el siguiente experimento: ir al Canal de Bedford, que medía 10 km de largo. En un extremo estaría un bote con un poste de 91 cm de altura, y en el otro extremo, otro bote con él y un telescopio a 20 cm de altura. Si la Tierra era redonda, el poste quedaría oculto; y si era plana, se podría ver. ¿Y qué crees que pasó? Que el poste sí se veía. Para Rowbotham, esto demostraba, más allá de cualquier duda, que el mundo era completamente llano. Entonces publicó su panfleto, al que luego convirtió en libro, y empezó a ganar seguidores.

Por su parte, un naturalista llamado Alfred Russel Wallace, el mismo que desarrolló la teoría de la evolución por selección natural de manera paralela a Darwin, se mostró escéptico del experimento del Canal de Bedford. Para él, el poste de Rowbotham se había hecho visible porque las condiciones atmosféricas habían refractado la luz. Repitió el experimento, esta vez usando postes mucho más altos para evitar el fenómeno; midió cuánto se hundía el poste lejano en el horizonte, y para sorpresa de nadie, demostró la curvatura de la Tierra. Incluso añadió un poste más que mostraba con claridad la joroba. Debido a que muchos seguidores de Rowbotham seguían alegando, en 1901 el geógrafo Henry Yule Oldham repitió el experimento, esta vez usando un teodolito para mayor precisión y una cámara fotográfica. El poste de en medio estaba 1.8 m por encima de la línea recta. Esto convenció a la mayoría, pero el daño ya estaba hecho. Los seguidores de Rowbotham se negaron a cambiar de opinión, y gracias a Lady Elizabeth Blount, fundaron la Sociedad Cética Universal.

Pero hubo un cambio interesante. Mientras que Rowbotham parecía estar motivado por mera rebeldía intelectual, los miembros de esta nueva organización se habían enamorado de la hipótesis de la Tierra plana porque coincidía con la manera en la que entendían la Biblia. El interés en esta sociedad fue decayendo, pero en 1956 revivió como la Sociedad para la Investigación de la Tierra Plana, y luego simplemente la Sociedad de la Tierra Plana. La verdad es que su presencia se mantuvo bastante discreta por muchos años, pero algo imprevisto pasó a principios del siglo XXI: se fundó YouTube, y en 2015 se publicó el video “200 pruebas de que la Tierra no es una bola que gira”. Este video llamó la atención de muchas personas: algunas que quizá ya tenían esta idea, otras que se sintieron ligadas por la hipótesis, y otras más que vieron en ella una reivindicación de su interpretación literal de las escrituras. El caso es que, gracias al internet, el interés por este modo de pensar creció; se multiplicaron los videos terraplanistas, y la Sociedad de la Tierra Plana creció. Actualmente se calcula que dos de cada 100 personas en el mundo creen firmemente que el mundo no es una esfera; rechazan las fotografías tomadas desde el espacio como falsas, y descartan las explicaciones matemáticas y científicas.

Pero ¿por qué las personas que creen en la Tierra plana no creen todos lo mismo? Por ejemplo, algunos piensan que el mundo es un disco flotando en el espacio; otros piensan que es un plano de hielo que se extiende hasta el infinito; y otros dicen que quién sabe. Asimismo, tampoco tienen las mismas motivaciones. Unos sienten que las teorías científicas, como la de la evolución y el modelo heliocéntrico, han minado la importancia y centralidad del ser humano como una criatura especial, predilecta por Dios, y les parece que afirmar que la Tierra es plana está más de acuerdo con sus creencias religiosas. Otra causa es una justificada desconfianza en las instituciones. Sabemos que los gobiernos nos han mentido, y que las organizaciones científicas son capaces de ajustar ciertos descubrimientos a los intereses económicos. Por lo tanto, como personas racionales, prefieren ajustarse al principio: “Cree lo que veas, no lo que te digan”.

Y es que hay que dejar claro que quienes defienden la postura de la Tierra plana son personas inteligentes que incluso parten de un principio científico: la duda radical. Y está muy bien no aceptar como verdadero algo solo porque es el conocimiento convencional que nos han inculcado. Pero la idea de confiar solo en lo que puedes ver y tocar tiene un problema: la ciencia no se basa únicamente en la observación directa, sino también en el razonamiento lógico. Las teorías científicas más sólidas se basan en modelos que explican una amplia gama de fenómenos, incluso aquellos que no podemos observar directamente. Descartar estas teorías solo porque no podemos verlas con nuestros ojos es como negar la existencia de los átomos o de las bacterias, que son demasiado pequeños para ser percibidos a simple vista. Desde la perspectiva humana, el mundo parece plano, pero este modelo no puede explicar simultáneamente fenómenos como el movimiento de los astros en diferentes puntos de la Tierra, las estaciones del año, los viajes intercontinentales o incluso el día y la noche, sin caer en enmarañadas conjeturas y contradicciones. Mientras que el modelo de la Tierra como un geoide que gira alrededor del sol lo explica todo de manera consistente y sin enredos.

Para muchos, el terraplanismo es atractivo porque creer en una Tierra plana es una forma de rebelarse contra la autoridad, de sentirse parte de un grupo selecto que posee un conocimiento secreto que el resto del mundo ignora. Es una forma de dar sentido a un entorno que a menudo parece caótico e incomprensible. Pero es importante ir más allá de simplemente negar el conocimiento convencional; hay que aplicar el pensamiento crítico a nuestras propias creencias. Imagina que cuando hace viento y ves a los árboles moverse, te creas la idea de que son los árboles los que producen el viento. Podrías aferrarte a esta creencia y dar rebuscadas explicaciones sobre cómo deciden empezar a moverse los árboles y por qué hay viento también donde no hay árboles. O podrías poner en duda tu creencia y preguntarte: “¿Y si es el viento el que mueve a los árboles?”

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