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Literatura Argentina- Olga López

Profe Olga26:46

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Literatura argentina. El Romanticismo en el Río de la Plata durante la primera mitad del siglo XIX. En nuestro territorio, que configurarían las Provincias Unidas del Río de la Plata, se nos daban los significados fundamentales que luego establecerían los modos de entender y de llevar a cabo la política y la cultura argentina.

La lucha por la hegemonía nacional entre unitarios y federales imponía la práctica de la violencia política y del exilio forzoso como notas distintivas nacionales. El país que imaginaban los escritores como Echeverría, Alberdi, Sarmiento, Mármol, encontraba su origen en los viajes que ellos realizaban en Europa, lugar en el que se nutrían de los principios del Romanticismo. Así, siempre en Europa, pronto se enfrentarían con el desierto argentino, habitado por el "salvaje" (entre comillas, digamos).

La ilustración que estos escritores fueron adquiriendo en Europa fundaría una oposición vigente durante más de 150 años, que formularía Sarmiento con el paradigma tan nombrado: civilización y barbarie. La literatura, es decir, al mundo de la ficción, surgió en medio de la vida nacional, signada por la violencia política. Será el sistema estético con el que se representaría así a los otros diferentes, es decir, federales, indios y gauchos, primero; inmigrantes y cabecitas negras, después. En un escenario en el que, por primera vez, se tematizaría la tortura estatal, que impondría al exilio como castigo para el opositor.

El Romanticismo en el Río de la Plata subordinó entonces lo estético a lo ideológico. Hechos que ocurrieron desde 1810 a 1852. En 1810 tendremos la Revolución de Mayo, la Primera Junta. En 1816, la Declaración de la Independencia. De 1814 a 1820, la aparición de caudillos como Quiroga, Peñalosa, López. La lucha entre unitarios y federales. En 1826, la presidencia de Rivadavia. En 1829, el primer gobierno de Rosas. En 1834, el asesinato de Quiroga. Entre 1835 a 1852 es el segundo gobierno de Rosas. Estos serían los hechos desde 1810 a 1852.

Obras que se escribieron en esa época. Podríamos nombrar, no en la Argentina, el Fausto de Goethe en 1808, la obra poética de Byron en 1812, de Chateaubriand, de Víctor Hugo en 1827. Luego tendríamos ya un escritor argentino, Echeverría, que publicó "La Cautiva", también "El Matadero". Luego Alberdi escribe "El Gigante Amapolas" y Sarmiento publica "Facundo".

Unitarios y federales. Las provincias desafiaron la hegemonía porteña a través de la figura de los caudillos. Estos encarnaban la herencia cultural y social de raíz hispana, con una estructura terrateniente y preservaban la religión católica, superando en la instalación sucesiva de gobiernos producida en la década, perdón, de 1820. Tanto Buenos Aires como en el interior reconocieron la necesidad de establecer un gobierno nacional. Sin embargo, la discusión se centró en determinar la forma específica que tendría ese gobierno. Debía decidirse entre uno centralizado, o sea, la doctrina unitaria, y una unión de provincias autónomas reunidas por un gobierno nacional, que trabajaría la doctrina federal.

Rosas y la suma del poder público. Frente al desorden institucional de la década de 1820 e inspirada por la hegemonía nacional porteña, en 1829 la legislatura de la provincia de Buenos Aires designó gobernador a Juan Manuel de Rosas y le otorgó facultades extraordinarias. Como en 1832-1835, entre esos años los gobiernos que le sucedieron a él sufrieron serios conflictos. Entonces fue designado nuevamente gobernador con la suma del poder público. Un plebiscito avaló esta amplia concentración de poder. Rosas se mantuvo en el cargo hasta 1852.

Buenos Aires como provincia hegemónica. La renta aduanera y la negación del establecimiento de otros puertos provinciales fueron la estrategia fundamental para la hegemonía porteña sobre el resto de las provincias. La oposición entre las provincias del interior y Buenos Aires se instaló en la vida política argentina a partir de 1810. En efecto, el monopolio comercial que había impuesto la monarquía española se vio desplazado por el interés económico que despertaba en las élites porteñas el comercio con Inglaterra. Esta ambición negociadora pronto aceleró el proceso de ruptura con España. Era necesario un marco político que posibilitara la libertad de comercio.

El Romanticismo en el Río de la Plata coincidió con el origen de una literatura con un perfil nacional y estuvo marcada por el desprendimiento reciente del dominio español. El Romanticismo, en una primera etapa, se identificó con la expresión de la subjetividad de los sentimientos. Por este motivo, las obras literarias describían paisajes solitarios en los que el individuo proyectaba melancolía, angustia, desesperación, sin el control de la razón. Ellos pensaban en un espacio amplio, quizá desértico. Ellos iban de la ciudad, en este caso, al campo, a ese lugar totalmente solitario que los dejaba en ese pensamiento y ese sentimiento de melancolía. Posteriormente, con la influencia francesa, el Romanticismo adquiere un carácter social y la literatura se convirtió en una vía de difusión de ideales políticos. Por eso, aquí en Argentina, en América, el Romanticismo va a brotar con mucha más fuerza y con ese carácter social.

El Salón Literario. En 1837 se creó el Salón Literario en la librería de Marcos Sastre. Allí se nucleaba nombres que deseaban retomar esos ideales de la Revolución de Mayo. Pronto se convirtieron en la tribuna opositora al gobierno de Rosas. Este grupo de intelectuales, Mármol, Echeverría, Alberdi, Sarmiento y Gutiérrez, formaron parte de la llamada Generación de 1837. Compartían la lectura de los liberales románticos europeos, defendieron la libertad en el empleo de la lengua, aceptando todas las variantes americanas, y propulsaron la independencia de los modelos españoles. Durante sus reuniones compartían lecturas y análisis de las ideas que posteriormente, en 1853, se convertirían en la base organizativa del país y que se mantuvieron más de un siglo. Perdón, a partir de 1838, Rosas, pero el Salón Literario y sus miembros tuvieron que exiliarse en Uruguay y Chile.

Fundamentos del Romanticismo. El Romanticismo fue el primer movimiento estético que vinculó la estructura social con la labor creadora. Por ese motivo, se lo puede considerar como la primera vanguardia artística. En efecto, para el Romanticismo, toda actividad humana estaba gobernada por leyes de crecimiento orgánico que estaban presentes tanto en la transformación de las estructuras sociales como en la configuración de la obra poética. Desde ese punto de vista, la creación y la bella dinámica y su estructura provocaba nuevas sensaciones para conocer orgánicamente la realidad social. Este mismo proceso de estructuración generó la poesía. Así, la tarea creativa no quedaba sometida a regulaciones abstractas. Por el contrario, se desarrollaba de acuerdo con el dinamismo interno que se ordenaba para su elaboración.

Esteban Echeverría escribió "El Matadero" entre 1838 y 1840, pero recién se publicaría en 1871 en la "Revista del Río de la Plata". Fue un producto de la mentalidad romántica y un relato de las costumbres al estilo de los "Artículos de Costumbre" de Mariano José de Larra. El único español en el que se identifica, además de un relato de costumbres, "El Matadero" expresa una denuncia política al gobierno de Rosas. En él podemos encontrar elementos realistas, pero incluidos en un planteo más innovador, que es romántico. La descripción que se propone sobre "El Matadero" encuadra en los dos extremos de una mentalidad romántica: civilización/barbarie, materialistas/peri-espiritualistas, feroces/delicados, etcétera. "El Matadero" es un texto programático de la literatura argentina, al igual que "El Facundo" de Sarmiento.

En realidad, de acuerdo con Ricardo Piglia, un escritor y crítico argentino contemporáneo, los dos textos narran la misma escena de violencia. En el primer caso, en "El Matadero", el unitario se acerca al matadero y es torturado por los federales que trabajan allí. Esta violencia es también extensiva al lenguaje. El enfrentamiento no solo se produce entre cuerpos, sino entre las palabras que expresan ambos opositores: una lengua común, "pulgar baja", frente a otra, delicadísima, cuidada y casi incomprensible para los que allí se encontraban. En "El Facundo" aparece la violencia en dos niveles: en el cuerpo y en el lenguaje. La escena de "El Facundo" comienza con el relato de Sarmiento sobre el ataque que sufrió por parte de la Mazorca en el camino a su exilio en Chile. Este episodio se manifiesta la violencia sobre el cuerpo. En esa ocasión, Sarmiento escribió sobre un muro la célebre frase que haya sido traducida a una célebre frase, no que ha sido traducida históricamente como "las ideas no se matan". Precisamente, "bárbaros", las ideas no se matan. En esta frase se manifiesta la violencia en el lenguaje. Podríamos preguntarnos quiénes de esos bárbaros conocía el francés para poder entender su significado, porque tenemos que decir que Sarmiento, cuando la publica, esa frase, cuando la escribe sobre el muro, la hace en francés.

Desde el vientre de mi madre. Suele decirse que no hay nada más típicamente nacional que el "Martín Fierro", y así funciona en nuestras prácticas simbólicas. En la escuela se nos suele regalar como premio al esfuerzo, a los turistas como recuerdos de la Argentina, y hasta se ha instituido una estatuilla con este nombre para premiar al espectáculo nacional. Críticamente, esa afirmación supone, al menos, una serie de interrogantes que es necesario formular. ¿Hay algo específicamente argentino? Es decir, ¿existiría una argentinidad que existe y la determina? ¿Cómo existe? ¿Por qué y con qué objetivos? Ante todo, algo seguro: otra vez la literatura representa al otro distinto. Esta vez, al gaucho. Salimos de esa civilización y barbarie que veíamos en la época del Romanticismo de Echeverría y llegamos a Hernández con el "Martín Fierro", con esta literatura que representa al otro distinto que, en este caso, es el gaucho. Y algo curioso: ¿por qué razón un tipo social como el gaucho se ha convertido en paradigma de lo nacional, si ha sido progresivamente desplazado de sus ámbitos naturales y enviado a una muerte cruenta en la lucha contra el indio en la frontera? Propone un estudio, podríamos decir, de "Martín Fierro". Además de una experiencia literaria placentera, supone otras cuestiones. Como planteamos, como país, ¿qué tenemos rasgos fundamentales que nos identifican? Es fundamental, por lo tanto, considerar tres aspectos: en primer término, el cambio de la perspectiva de "Martín Fierro" con respecto a los textos anteriores que incorporaron la cuestión del gaucho. En segundo lugar, advertir esa variación. Lo podemos pensar en "La Cautiva" o, por ejemplo, en "El Facundo". Y en "La Cautiva", cuando son elementos, están allí, pero no hay un trabajo sobre el gaucho en sí. En este aspecto, nosotros podemos decir que otros textos anteriores ya lo trataban de otra manera. En segundo lugar, también tenemos que decir que es una variación y, en tercer lugar, que hay que evaluar las sucesivas lecturas que se han realizado sobre el poema con el fin de establecer con qué objetivo se realizó cada una. Es decir, muchos estudiosos han escrito, analizado el "Martín Fierro". Bueno, es lógico, porque es nuestro poema nacional, como ha sido el "Cid" en España. Aquí tenemos el "Martín Fierro".

Hechos que se produjeron entre 1852 y 1878. En el país, en 1852, Rosas es derrotado en Caseros. Hay un Acuerdo de San Nicolás. En 1853 se sanciona la Constitución Nacional. Entre 1854 y 1868 está la presidencia de Urquiza. La Guerra contra el Paraguay, que es de 1865. En 1868 está la presidencia de Sarmiento. El asesinato de Urquiza en 1870. De 1874 a 1878 es la presidencia de Avellaneda. La presidencia de Roca y la Campaña del Desierto.

¿Qué obras se escriben en esas épocas? Y tenemos de Alberdi "Las Bases", "Cancionero General", "Diario". Ascásubi, "Santos Vega". De Estanislao del Campo, "Fausto" en 1866. También tenemos la publicación del que veníamos hablando, "El Gaucho Martín Fierro" de 1872. Publicación de "La Vuelta de Martín Fierro" en 1879. Es decir, el "Martín Fierro" vamos a tener dos partes: la primera y la segunda, que es "La Vuelta".

El gaucho, de la Revolución a la Independencia. El gaucho, conformado por la fusión étnica de lo indígena y lo español, tuvo el campo como ámbito exclusivo de pertenencia, alejado de las estancias y poblaciones, pidiendo en tierras prestadas o fiscales. Se dedicaba a la cría de pequeños rebaños y a la jineteada, habilidad que manejaba a la perfección. Participó activamente en los procesos de la Independencia nacional. Integró las milicias que resistieron durante las Invasiones Inglesas. Defendió en 1810 al primer gobierno nacional, sofocando los intentos contrarrevolucionarios en el interior, bajo el mando del General Güemes. En 1816 defendió la frontera norte, que permitió a San Martín, quien lo incluyó en el Ejército de los Andes, llevar a cabo la campaña por la independencia continental.

¿Qué relación tuvieron los gauchos y la política? Los gauchos fueron la base social del modelo político federal. Los que Echeverría describe despectivamente en "El Matadero". Los caudillos defendieron al gaucho en sus libertades frente a toda forma de dominación. Ramírez, López y especialmente Rosas lo incorporaron en su lucha contra los unitarios. Asimismo, Rosas se apoyó en ellos para enfrentar a sus adversarios internos y externos. A partir de 1853, el gaucho vivió su marginación definitiva. El modelo económico de base liberal impulsó la implementación de nuevos métodos de trabajo rural y el ingreso de inmigrantes especializados. Se alambró para delimitar las grandes propiedades y se consideró prioritaria la incorporación de nuevas áreas para cultivo y cría de animales. Como resultado, se organizó la Conquista del Desierto y el gaucho fue reclutado para esa dura guerra contra el indio. Muchos gauchos murieron en el desierto o descendiendo fortines. Otros perdieron sus escasas tierras y la mayoría terminó en la pobreza absoluta. Las tierras conquistadas aumentaron las propiedades de las familias latifundistas.

La gauchesca, una alianza de voces. El mundo de la barbarie causó fascinación en los intelectuales, quienes me dieron ese nombre para expresar su desacuerdo con la manera de interpretar y de expresarse. La oposición que creó Sarmiento para explicar la situación sociopolítica cultural de la Argentina simplifica una realidad compleja, porque a pesar de criticar las producciones culturales de los grupos que despreciaban, estos mismos intelectuales se hicieron circular entre las letras las voces y letras. La decía la llamada poesía gauchesca. En efecto, no es más que la absorción del estilo y de los temas de la poesía oral de los gauchos, cuya lengua se elaboraron con fines estéticos. La lengua resultante es, por lo tanto, literaria o artificial.

José Hernández, el autor de "Martín Fierro", nació en Buenos Aires en 1834, época marcada por las luchas entre unitarios y federales. El ámbito rural y su habitante, el gaucho, tienen como presencia fundamental en su biografía. En efecto, en la campaña, Hernández comprende, por un lado, que el coraje es un atributo exigido tanto para el patrón como para el peón. Y por otro lado, que gauchos y mayordomos pasaban de las faenas ganaderas a la defensa del territorio frente al indio o a la participación en las revueltas políticas de la época. En los enfrentamientos en Buenos Aires con el interior, Hernández manifestó posturas políticas contradictorias. Se dedicó al periodismo, a la actividad militar, a la política. Fue diputado y senador. Murió en 1886. Entre sus obras se destacan "El Chacho", "Instrucción de Estanciero" y "Martín Fierro".

La voz auténtica a la que se le dio voz. La poesía gauchesca, producción cultural auténtica de los grupos no letrados, se expresó en forma anónima y era cantada con acompañamiento de guitarra. Alejada de la ciudad, la gauchesca hispanoamericana permaneció unida a los temas de la tradición española en el uso del verso octosílabo y así de ocho sílabas en cada verso, y en los temas de romance, lo típico de los temas que tomaba el romancero de España, a los que agregaron otros originales relacionados con el ámbito rural. El primer testimonio conocido en la literatura oral del gaucho es el sainete "El Amor de la Estanciera", autor anónimo. La obra se estrenó en Buenos Aires alrededor de 1790. En esta obra se manifestó una valoración hacia la figura del gaucho y se reproduce el habla regional y las tareas realizadas habitualmente por el gaucho en su ámbito rural.

Tradicionalmente se ha propuesto una descripción de la gauchesca en la que "Martín Fierro" aparece como la culminación más perfecta de las posibilidades de este género. Así, y de acuerdo con ese esquema organizativo, habría tres momentos diferenciados: los orígenes hasta 1830, su exponente más representativo es Bartolomé Hidalgo con sus "Cielitos", denominación que surge del estribillo de estos poemas que repite esa palabra con variantes y cuyos temas testimonian el proceso independentista y diálogos patrióticos. Que reproduce un diálogo moralizante entre dos gauchos. Les voy a leer un "cielito" escrito por Bartolomé Hidalgo:

"Cielito, cielo, que sí,

cielito loco, están ellos,

vienen reventando, quién sabe si volverán.

Dicen que vienen erguidos

y muy llenos de confianza.

Veremos en esta danza

quiénes son los divertidos.

Cielito, cielo, que sí,

cielito hermoso y halagüeño,

siempre ha sido el portugués

enemigo muy pequeño."

Siguiendo con esta idea de que había tres momentos diferenciados dentro de esta gauchesca, dijimos que los primeros eran los "cielitos". Luego tenemos el desarrollo, es a partir de 1830, expresados por la poesía de Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo. Luego, la tercera sería la culminación, donde estaría José Hernández con su poema "El Gaucho Martín Fierro". Y de acuerdo con este esquema, las obras posteriores como "Don Segundo Sombra" de Ricardo Güiraldes, por ejemplo, marcaría la etapa de la finalización del género.