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Eh, dedicatoria. Este libro está amorosamente dedicado a la gloria de mi Señor Jesucristo, quien me ha bendecido más allá de todo lo que jamás pude imaginar y quien me ha amado más allá de lo que puedo comprender.
A Wendy, mi amada esposa, cuyo apoyo y amor por mà nunca dejan de levantarme por encima de las alnubes de la derrota y la mediocridad.
¿Quién hallará una mujer virtuosa? Yo la encontré a Jessica, mi preciosa y amada hija, cuya vida, aunque aún joven, ha mostrado maravillosas expresiones de gracia que han impactado a multitudes. Cuando ella está en los brazos de su papá, él es el hombre más rico de todo el mundo.
Y a la amorosa comunidad de New Creation Church, cuyo apoyo inquebrantable y lealtad hacia su pastor están definitivamente escritos en los anales del libro de memoria del cielo. Ellos son una alegrÃa bendecida para su pastor.
Prólogo.
Todo comenzó en el año de 1997, cuando estaba de vacaciones con mi esposa Wendy. Ella dormÃa en el asiento del copiloto, respirando suavemente a mi lado mientras yo conducÃa por los paisajes majestuosos de los Alpes suizos. Entonces escuché claramente la voz del Señor en mi interior. No fue solo un testimonio del espÃritu, fue una voz y oà a Dios decirme con claridad, "Hijo, ¿no estás predicando la gracia?" Le respondÃ, "Como dices, Señor, eso duele, es un golpeo bajo. Yo soy un predicador de la gracia. He sido predicador de la gracia por años y como la mayorÃa de predicadores enseño que somos salvos por gracia." Él replicó, "No. Cada vez que predicas gracia lo haces con una mezcla de ley. Intentas equilibrar la gracia con la ley, como hacen muchos otros predicadores. Pero en el momento en que balanceas la gracia, la neutralizas. No puedes poner vino en odres viejos. No puedes mezclar gracia y ley."
Luego continuó, "hijo, muchos predicadores no están predicando la gracia como el apóstol Pablo predicaba la gracia. Y termino con esta declaración enfática que revolucionó mi ministerio. Si no predicas la gracia radicalmente, la vida de las personas nunca será radicalmente bendecida ni radicalmente transformada."
Esta poderosa palabra del Señor me estremeció. Me di cuenta por primera vez que, en efecto, habÃa estado predicando un mensaje de gracia mezclado con la ley. Regresé a mi iglesia con un fuerte mandato del Señor y comencé a predicar la gracia de manera radical. En ese momento, nuestra congregación habÃa llegado a un torpe de alrededor eh 2,000 personas. Sin embargo, poco después de mi encuentro con el Señor en los Alpes Suizos, empezamos a experimentar un crecimiento explosivo en la iglesia año tras año. Y por la gracia de nuestro Señor, más de 15,000 personas asistieron a nuestros servicios el primer domingo de 2007. El Señor confirmó su palabra no solo con el crecimiento de la congregación, sino con la asombrosa transformación de miles de vidas preciosas que fueron expuestas a la predicación radical de la gracia.
Con los años he tenido el privilegio de ver matrimonios restaurados, deudas canceladas sobrenaturalmente, sanidades milagrosas y la alegrÃa de ver a hijos de Dios libres de adicciones destructivas. En los últimos años, el Señor también abrió puertas para predicar el evangelio de la gracia en Noruega, Holanda, Londres, Canadá, Australia, Tailandia e Indonesia. Además, hemos comenzado a transmitir en Estados Unidos, Canadá, Australia y Uganda. La respuesta a lo que yo llamo la revolución del evangelio ha sido tremenda. He recibido testimonio tras testimonio de personas que han sido liberadas de la esclavitud de la ley y que hoy viven y disfrutan las verdades y promesas del nuevo pacto que Jesús compró con su propia sangre.
¿Puedes imaginar como este libro ha estado formándose en mi corazón durante muchos años? Si hay un libro que yo querÃa escribir en esta vida es este y me alegra tanto que ahora lo puedas oÃr. Creo que creo firmemente que este libro te tocará y transformará lo que el Señor me dijo hace unos 10 años, que sin la predicación radical de la gracia, las vidas nunca serán radicalmente bendecidas ni transformadas. Sigue resonando con fuerza en mi corazón. Por eso este libro trata de ser radicalmente transformado por su gracia y solo por su gracia.
En este libro descubrirás el secreto de cómo Dios quiere que reine sin esfuerzo en la vida. El hombre ha desarrollado muchas estrategias, metodologÃas, técnicas y tácticas para alcanzar el éxito personal. Solo basta con mirar las librerÃas el dÃa de hoy. De hecho, quizá estás ahora mismo en una. Si es asÃ, mira a tu alrededor. Probablemente encuentres una gran sección de libros de autoayuda, pero quiero declararte que existe un camino más alto que depender de tus propios esfuerzos para alcanzar el éxito en la vida. La Biblia dice en el primer versÃculo del salmo 1, bienaventurado el varón que no anda en consejo de malos. Asà que aunque pueda haber cierto consejo en estos recursos humanos, hay un camino más alto para el creyente. ¿Por qué depender de la autoayuda cuando puedes tener acceso directo a la ayuda de Dios?
El nombre de Jesús en hebreo, Yahhua, significa salvador. Clamemos a él para que nos salve en lugar de depender de nuestra propia capacidad para salvarnos. Lamentablemente hay creyentes hoy que no claman a su Salvador porque creen en la mentira de que no tienen derecho a hacerlo. Piensan que sus errores los han descalificado para llamar a Dios. Algunos incluso creen que no merecen la ayuda del Señor porque no han asistido lo suficiente a la iglesia, leÃdo bastante Biblia, orado lo suficiente. Mi amigo, cuando alguien se está ahogando, no necesita un maestro que le dé instrucciones sobre cómo nadar y salvarse. No necesita una lista de haz esto y no hagas aquello. Necesita un salvador que esté dispuesto a lanzarse al agua sin temor para rescatarlo, sin importar lo que sepa o no sepa, lo que haya hecho o no haya hecho. No puedes ganarte con tus obras el deseo de Dios de salvarte. Es por su gracia. Reconozcamos que por nosotros mismos no podemos salvarnos ni tenemos los recursos para hacerlo. En esencia, tenÃamos una deuda que no podÃamos pagar, pero Jesús en la cruz pagó con su propia vida una deuda que él no debÃa. Fue totalmente su esfuerzo, su obra. Nuestra parte es creer en él y recibir todo lo que ya logró a nuestro favor. Suena ridÃculamente simple, unilateral, eh, injusto. Pues, amigo mÃo, eso es exactamente lo que hace que la gracia sea gracia. La gracia solo es gracia cuando es inmerecida, no ganada, no merecida.
¿Estás listo para ser tremendamente bendecido y transformado por su gracia y para renunciar a tus propios esfuerzos por alcanzar el éxito, la plenitud y una vida victoriosa? Creo que en cuanto comiences este viaje de descubrir su gracia radical, tu vida nunca volverá a ser la misma. Mi querido amigo, tú estás destinado a reinar.
CapÃtulo 1. Destinado a reinar.
Estás destinado a reinar en la vida. El Señor te ha llamado a tener éxito, a disfrutar de prosperidad, a disfrutar de salud y a vivir una vida de victoria. No es el deseo del Señor que vivas en derrota, en pobreza o en fracaso. Él te ha llamado a ser cabeza y no cola. Si eres un empresario, Dios quiere que tengas un negocio próspero. Si eres una ama de casa, estás ungida para criar hijos maravillosos en el Señor. Si eres estudiante, Dios quiere que sobresalgas en tus exámenes. Y si estás confiando en el Señor por una nueva carrera, él no solo quiere que tengas un empleo, sino que tengas una posición de influencia para que seas una bendición y un recurso valioso en tu organización. Sea cual sea tu vocación, estás destinado a reinar en la vida porque Jesús es el Señor de tu vida.
Cuando reinas en la vida, reina sobre el pecado, sobre las tinieblas, sobre la depresión, sobre la pobreza, sobre toda maldición, sobre toda enfermedad y dolencia. Reina sobre el y todas sus artimañas. El poder de reinar no depende de tu transfondo familiar, de tus tÃtulos académicos, de tu apariencia o de cuánto dinero tengas en el banco. El poder de reinar depende totalmente de Jesús y solo de él. Amigo mÃo, esto no es un cliché de algún libro de autoayuda sobre pensamiento positivo. La declaración de que reinarás está basada en una promesa registrada por toda la eternidad. en la palabra de Dios. Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, cuánto más reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo, los que reciben de la abundancia de la gracia y el don de la justicia. Romanos, capÃtulo 5, verso 17.
La palabra reinar usada en Romanos 5:17 proviene del griego basileuo, de donde viene la palabra basÃlica. En la antigua Roma, las basÃlicas eran usadas como tribunales, asà que se refiere a un gobierno real, judicial. En otras palabras, reinar aquà es reinar en la vida como un rey, ejercer autoridad real y poseer dominio o regio. El secreto para reinar en la vida está en recibir todo lo que Jesús logró para nosotros en la cruz. Si estás viviendo en la derrota, vencido por el pecado, por la culpa y la condenación constantes, por enfermedades, ansiedad, por escasez financiera y por relaciones rotas, no estás viviendo la vida que Dios quiso para ti. Con la autoridad de la palabra de Dios estás destinado a reinar en vida como un rey, a tener dominio sobre todos tus desafÃos y circunstancias. Estás llamado a estar por encima de todo eso y no a ser aplastado por ello. Es hora de dejar de abdicar tu derecho a reinar en la vida.
Hoy, en lugar de vernos reinando en la vida, vemos más evidencia de la muerte reinando en el mundo. La Biblia nos dice que fue por la ofensa de un solo hombre. El pecado de Adán en el huerto de Edén, que la muerte comenzó a reinar. Es importante comprender que nuestras vidas están ligadas a las de nuestros antepasados. No existirÃa si no hubiera existido tu abuelo. Por eso somos pecadores, no porque pequemos, sino por el pecado de Adán. Muchos creyentes aún piensan que se convirtieron en pecadores porque pecaron. Pero eso no es lo que dice la palabra de Dios. Lo que dice es que somos pecadores por el pecado de Adán. De la misma manera, en el nuevo pacto somos hechos justos, no porque hagamos buenas obras, no porque hagamos obras justas, sino por la obediencia de un solo hombre, Jesús, en la cruz.
Por eso, el secreto de reinar en la vida está en recibir todo lo que Jesús logró en la cruz. Sin embargo, este no es el camino de Dios. Su manera no se trata de lograr, sino de recibir. Él prometió que cuando recibimos la abundancia de la gracia y el don de la justicia, reinaremos en vida. Él lo dijo, que cuando logremos alcanzar la gracia y nuestra propia justicia reinaremos en vida. No. Pero por alguna razón cristianos siguen viviendo según sistema avanzado en el logro.
Pero pastor Prince, si de verdad es tan sencillo, ¿por qué no más cristianos reinan en la vida? Me alegra mucho que hagas esta pregunta, pero primero permÃteme que yo te haga una. ¿Te das cuenta que la mayorÃa de las personas creen que uno necesita trabajar duro para tener éxito en la vida? El sistema del mundo para alcanzar éxito está construido sobre dos pilares, el esfuerzo propio y la diligencia. Siempre hay ciertas leyes que debes cumplir, ciertos métodos y técnicas que tienes que seguir practicando una y otra vez para obtener resultados. Y la mayorÃa de las veces cualquier resultado que logres empieza a desvanecerse en cuanto dejas de aplicar los pasos prescritos. Se nos ha enseñado a enfocarnos en hacer, lograr y depender de nuestro propio esfuerzo. Estamos impulsados en un constante as, olvidando que el cristianismo en realidad es hecho, hecho, hecho.
El mundo te dice que entre más hagas, más duro trabajes y más horas inviertas, más éxito obtendrás. La manera del mundo es presionarte para que trabajes más. Olvides ir a la iglesia los domingos, pases menos tiempo con tu esposa e hijos y dediques más horas en la oficina, incluso noches, fines de semana y festigos. Seguro que has escuchado frases como, "Uy, es que hay que pagar el precio o sin dolor no hay ganancia, ¿verdad?" Lo que muchos creyentes hacen es tomar este sistema del mundo y aplicarlo a su vida cristiana. En lugar de depender de la gracia de Dios para que su favor y sus bendiciones fluyan, dependen de sus propios esfuerzos para intentar merecerlas. Pero el camino de Dios no es que seamos bendecidos por nuestro propio rendimiento. No puedes ganarte las bendiciones de Dios por tu desempeño. Sus bendiciones se basan eternamente en su gracia. Sus bendiciones sobre tu vida son inmerecidas y no ganadas. no merecidas. En otras palabras, no hay nada que puedas hacer para merecerlas, porque se basan totalmente en recibir a Jesús y por su obra consumada, la abundancia de la gracia y el don de la justicia.
Dios quiere que dejemos de intentar lograr y que comencemos a recibir el favor, las bendiciones y la sanidad que Jesús ya consiguió en la cruz cuando él colgaba allà hace unos 2000 años. gritó con una fuerte voz, "Consumado es." Todo lo que tú y yo necesitamos para reinar en la vida fue cumplido en el Calvario a nuestro favor. Por eso llamamos a lo que Jesús hizo en la cruz su obra consumada. Él lo terminó, lo completó, ya está hecho. La única obra que funciona es la obra terminada. Asà que deja de hacer lo que ya está hecho. Deja de hacer y comienza a recibir lo que Jesús ya hizo. La obra terminada. Siéntate.
Hace poco compartÃa con mi querido amigo Brian Houston y me contó que lo que menos le gusta de algunos cantos de adoración es que intentan suplicar por cosas que Jesús ya cumplió en la cruz. Y estoy totalmente de acuerdo con él. Y creo que todos podemos reconocer que Brian sabe de lo que habla cuando se trata de canciones de adoración. A ver, es que Brian es el pastor principal de Hilson Church y Dios ha ungido de manera especial a su iglesia para escribir hermosos cantos de alabanza y adoración que han impactado a toda una generación de adoradores en estos últimos tiempos. De hecho, algunos de mis cantos favoritos son de Hilsong.
En mis momentos Ãntimos con el Señor, cuando le doy gracias por haber pagado el precio completo en la cruz, por todos mis pecados, enfermedades y pobreza, mi corazón se desborda en gratitud y lo adoro. Oh, Señor, eres magnÃfico, eternamente maravilloso, glorioso, Jesús. Nadie jamás se comparará contigo, oh Jesús. Cómo amo cuando el Señor responde llenando todo mi estudio con su presencia tangible y mi corazón comienza a arder en la presencia de mi amado. Siempre recuerdo a mi iglesia que no tenemos que sentir siempre su presencia tangible, pero hoy no vivimos por sentimientos. Pero cuando sà la sientes, especialmente en tiempos de adoración Ãntima, disfrútala. Saborea su amor y permite que su abrazo te cubra. Gózate en esos momentos de su presencia donde él te refresca, restaura y sana.
No tienes que esperar el domingo para adorar al Señor. No necesitas una banda decom músicos ni un lÃder de alabanza para adorar a tu salvador. Allà en donde estás, sin instrumentos, puedes levantar tus manos, tu voz y tu corazón, adorarlo y darle gracias por su obra consumada y por su gracia en tu vida. Aleluya. Es que él es tan hermoso. Me encantan los cantos de adoración que exaltan a Jesús y su obra terminada. En mi iglesia he encargado a mi director de músicas que se asegure de que los cantos que usamos en nuestros servicios testifiquen de lo que Jesús ya hizo. Por ejemplo, bajo el nuevo pacto no necesitamos seguir pidiendo perdón en nuestros cantos. Porque es que él ya nos perdonó. Quiero que declares en voz alta conmigo. Vamos. Ya soy perdonado.
La sangre de Jesús nos ha limpiado de una vez y para siempre. La palabra de Dios declara esto acerca de la obra consumada de Jesús en la cruz. SÃgueme. Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez y para siempre un solo sacrificio por los pecados, se sentada la diestra de Dios, porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Hebreos capÃtulo 10 del verso 12 al 14. Su obra en la cruz fue solo un sacrificio para siempre. Y cuando recibiste a Jesucristo en tu vida, fuiste perfeccionado para siempre. ¿Y cuánto dura para siempre? Revisé la palabra griega original en este pasaje y adivina que para siempre significa para siempre. Ha sido perfeccionado para siempre por la sangre limpiadora de Jesús, no por la sangre de animales que jamás podÃan quitar los pecados.
Quizá te sorprenda saber que muchos creyentes hoy no creen que ya fueron perfeccionados para siempre por la obra consumada de Jesucristo. TodavÃa dependen de sus propios esfuerzos para intentar carificarse. Tal vez tú mismo te has preguntado, ¿cómo puedo estar totalmente seguro de que todos mis pecados ya fueron perdonados? Mi querido, qué buena pregunta. FÃjate que después de que Jesús ofreció su vida como sacrificio y pago por todos nuestros pecados, él se sentó. Se sentó a la diastra del Padre. ¿Te das cuenta de que bajo el antiguo pacto todo sacerdote estaba de pie ministrando cada dÃa y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los pecados? Pero la Biblia declara que Jesús, habiendo ofrecido una vez y para siempre un solo sacrificio por los pecados, se sentó. Jesús se sentó para demostrarnos que su obra está de verdad terminada.
Bajo el Antiguo Pacto, el sacerdote que servÃa en el tabernáculo de Moisés nunca se sentaba, sino que permanecÃa de pie, ministrando cada dÃa, porque su obra nunca se terminaba. La sangre de todos los machos cabrÃos nunca podÃa quitar los pecados. De hecho, ¿has notado que en el lugar santo del tabernáculo de Moisés no habÃa ni un solo mueble para sentarse. Encontrarás el altar del incienso, el candelabro y hasta la mesa de los panes de la proposición. Pero curiosamente no habÃa sillas. ¿Por qué? Porque la obra del sacerdote nunca terminaba. Es que solo la obra de Jesús es una obra consumada. Y no solo él se sentó a la diestra del Padre, sino que también nos hizo sentar con él. Pero Dios, que es rico en misericordia por su gran amor con que nos amó, aún estando muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo y juntamente con él nos resucitó. Y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Efesios capÃtulo 2 del verso 4 al 6.
Tal vez estés preguntando, ¿qué significa todo este asunto de las sillas y de sentarse? Pues bien, mi amigo, en la Biblia sentarse es una imagen del creyente descansando en la obra terminada y completa de Jesús. Él ya terminó toda la obra en la cruz en tu lugar y ahora está sentado a la diestra de Dios. Como todo fue cumplido a tu favor, esto significa que tú puedes dejar de depender de tus propios esfuerzos para ganarte y calificarte para las bendiciones de Dios en tu vida. Puedes sentarte con Jesús a la diestra del Padre. Deja de depender de tus propios esfuerzos para ganarte y calificarte para las bendiciones de Dios en tu vida.
Ahora, escucha con atención lo que digo. No estoy promoviendo una vida de pasividad o pereza. Claro que puedes tomar cursos, leer libros, trabaja con diligencia y todo eso está muy bien, pero tu confianza no debe estar en esas cosas, sino en lo que Jesús ya hizo por ti. Asà que si eres un estudiante, por ejemplo, estudia con empeño, saca las mejores notas para la gloria de Dios, pero no pongas tu confianza en tu inteligencia ni en tus tÃtulos para recibir las bendiciones de Dios. La gracia de Dios no te hace flojo ni improductivo, al contrario, te hace trabajar con más abundancia para su gloria. El apóstol Pablo, quien predicaba la gracia de Dios y la obra consumada de Jesús, dijo que él trabajó más que todos. Vea, Primera de Corintios, capÃtulo 15, verso 10. en el nuevo pacto. La manera de Dios es bendecirte primero y el conocimiento de esa bendición es lo que te da el poder para trabajar más abundantemente. En otras palabras, no trabajamos para ser bendecidos, sino que tenemos poder para trabajar porque es que ya somos bendecidos. ¿Ves la diferencia en la base del esfuerzo bajo el nuevo pacto?
Muchos creyentes hoy viven en derrota porque luchan por calificarse para recibir las bendiciones de Dios mediante sus propias obras. El esfuerzo te roba de reinar en vida por su gracia. No puedes ganarte la salvación, la sanidad o la provisión financiera con tus propios méritos. Si el milagro más grande, que es ser salvado del infierno, viene por gracia mede ante la ley y no por tus esfuerzos, es decir, por tus obras, cuánto más los milagros menores como la sanidad, la prosperidad y los matrimonios restaurados. Amigo, Jesús ya lo cumplió todo en la cruz. Nuestra parte es confiar en su obra perfecta, recibir con los brazos abiertos la abundancia de la gracia y el regalo de la justicia y comenzar a reinar en vida por medio de uno solo, Jesucristo. Hoy que tu oración sea dejar de intentar ganarte la gracia y la justicia de Dios. Permite que el EspÃritu Santo te enseñe a depender de la obra terminada de Jesús y a recibir por su gracia. Este es el camino sin esfuerzo de Dios hacia el éxito, la plenitud y una vida victoriosa. Ah.