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[Música] Fue un golpe descubrir que tenía diabetes. Cada tarde tenía que inyectarme yo mismo la insulina en la barriga. El diagnóstico cambió mi vida por completo. Tengo 29 años y tal vez nunca tenga hijos. Por razones económicas y de salud, calculamos que hoy unos 400 millones de personas sufren de diabetes. Es un desastre global que se nos viene encima. La pérdida de productividad sumada a los costos sanitarios simétricos arrojan una cifra astronómica. Y la industria farmacéutica gana mucho dinero con la diabetes. Para esas empresas, la enfermedad es una bendición.
[Música] Ah.
[Música] Nací en 1963 y en febrero de 1975 llegué a casa de un concierto totalmente agotado. Me pasé toda la noche bebiendo agua y orinando. Al día siguiente fui al médico y me dijo que tenía diabetes tipo 1.
[Música] La diabetes tipo 1 aparece sin previo aviso. Hace 45 años, el páncreas del músico Bertrand Burgalat dejó de producir insulina. La medicina no puede explicar ni curar este fenómeno. Es una enfermedad insidiosa que limita mucho la vida de los afectados. Lo mires otra vez. Si antes tenía 81, pero siempre hay un retraso. Cuando pienso en un concierto, lo único que se me ocurre es que si el azúcar está muy alto, después estoy agotado. Pero un nivel demasiado bajo tampoco es bueno. Llévate algo dulce al escenario. Y la diabetes tipo 1 causa muchas molestias. Inyectarse es casi el mal menor. Es más estresante es que a menudo te inyectas 10 veces al día para asegurarte de que no pasa nada. Y siempre estás pensando en si tienes demasiada o poca insulina en la sangre. Hay que calcular y planificar constantemente porque la insulina inyectada reacciona mucho más lentamente que la insulina propia del páncreas. Siempre hay que tenerlo presente. Y esos pensamientos son mucho más inquietantes que las inyecciones en sí.
[Música] Nuestro cuerpo necesita una determinada cantidad de azúcar para sus tareas diarias. Cualquier esfuerzo, por pequeño que sea, requiere energía. Nuestro sistema circulatorio la toma de las reservas de azúcar en la sangre. Si hay una concentración baja de azúcar en la sangre, se produce una hipoglucemia. Si los niveles de azúcar en la sangre son elevados, se produce una hiperglucemia. En las personas sanas, el nivel de azúcar está regulado por el páncreas, que produce la insulina, una hormona vital. Si este proceso se altera, se produce la denominada diabetes tipo 1.
[Música] Cuando falta el neurotransmisor insulina, el azúcar se acumula en la sangre. Los órganos dejan de funcionar correctamente. La persona entra en coma y finalmente muere. Para evitarlo, los afectados tienen que inyectarse insulina sintética varias veces al día para regular sus niveles de azúcar en sangre.
[Música] En los años 60, con el surgimiento de la sociedad de consumo, se dispara la segunda forma de la enfermedad, la diabetes tipo 2. El estilo de vida y los hábitos alimenticios cambian.
A Obama. Las personas comen más grasas, más azúcar y se mueven menos. Para compensar el exceso de glucosa, el páncreas produce cada vez más insulina y en algún momento llega al límite. En el siglo XX, nuestra alimentación contiene cada vez más azúcar: platos precocinados, refrescos y también alimentos ricos en carbohidratos que se consumen en grandes cantidades. El número de enfermos de diabetes aumenta vertiginosamente en pocas décadas, pasando de 50 a 430 millones en todo el mundo. El 90% de ellos padece diabetes tipo 2. La enfermedad comenzó en los países occidentales, en Europa y Estados Unidos, y se ha extendido por todo el mundo. En China, la diabetes prácticamente no se conocía hace 30 años. Hoy la sufre uno de cada diez adultos. Esta enfermedad crónica se ha propagado también en África. Para 2050 se espera allí un aumento del 150%. La diabetes tipo 2 es la típica enfermedad de la civilización. En los años 60, en Alemania, había menos de un 1% de casos de diabetes. Hoy suponemos que entre el 9 y el 11% de la población tiene diabetes. Es una enfermedad sigilosa que no se anuncia hasta que de repente causa serios problemas.
"Buenos días, señor Guzmán. Vamos a tomar una muestra de sangre. Acompáñeme."
Los niveles elevados de glucosa en sangre conllevan un riesgo de complicaciones. Pueden aparecer muchas otras enfermedades. Si se trata de los vasos sanguíneos pequeños, pasan a primer plano los ojos y los riñones. Pero los pequeños vasos sanguíneos también pueden dañar los nervios. En cuanto a los vasos sanguíneos grandes, son los vasos del cuello y los del corazón. Así que las personas con diabetes son estadísticamente más propensas a sufrir un infarto que las personas que ya han tenido un infarto pero no tienen diabetes. Una de las complicaciones más temidas es, por supuesto, el pie diabético. Cuando las funciones nerviosas disminuyen, los pies pueden perder sensibilidad. Las personas se lesionan las piernas y no se dan cuenta. Las lesiones se infectan y surgen problemas considerables que pueden desembocar en una amputación.
"Le duele."
En Europa y Estados Unidos, la diabetes es responsable de la mayoría de las amputaciones. La enfermedad también puede afectar a los riñones, por lo que es una de las principales causas de tratamientos de diálisis y trasplantes de riñón. El aumento vertiginoso de la diabetes tipo 2 atrae a la industria farmacéutica. Sí, en los años 80 se promocionan muchos tratamientos nuevos que prometen una vida normal y agradable. Los pacientes disponen de una amplia gama de comprimidos para disminuir el nivel de azúcar en sangre, los denominados antidiabéticos orales.
[Música] Por lo general, los medicamentos pueden controlar la enfermedad, pero no la curan. Los pacientes deben tomarlos de por vida y el precio aumenta sin cesar. La comunidad internacional da la señal de alarma: la diabetes se está volviendo demasiado cara en los sistemas de asistencia sanitaria. Los costos rondan los 760 mil millones de dólares al año en todo el mundo. La ONU redactó una declaración en 2006 debido a que la diabetes provoca altos costos y, por tanto, supone una pesada carga para los sistemas sanitarios. También afecta a la productividad de un país cuando muchas personas necesitan tratamiento médico y no pueden trabajar debido a los síntomas que acompañan a la enfermedad. Aparte del SIDA, la diabetes es la única enfermedad sobre la que la ONU ha redactado una resolución propia.
[Música] ¿Cómo hemos llegado a esto? Después de todo, los comienzos del tratamiento contra la diabetes fueron muy prometedores. En 1921, los médicos canadienses Frederick Banting y Charles Best descubrieron la insulina e hicieron posible su producción industrial. Una revolución que salvó miles de vidas. En el caso de niños desahuciados, se lograron éxitos espectaculares. Los investigadores canadienses venden su patente por el precio simbólico de 1 dólar a la empresa farmacéutica estadounidense Lily. Es el comienzo de la producción industrial de insulina.
"E field news is veneno week ese soy yo."
Playstation 3.
[Música] La producción se perfecciona con el paso de las décadas. En la actualidad, tres empresas se disputan las nuevas patentes: la estadounidense Lily, la danesa Novo Nordisk y la francesa Sanofi. A la insulina animal le sigue la insulina humana, que se elabora en base al gen de la insulina humana. Por primera vez suben los precios. En algunos países, la insulina humana es de 3 a 10 veces más cara que la insulina animal. Ahora era posible abrir el genoma humano y extraer el cromosoma responsable de la producción de insulina. Este se inserta en un microorganismo, por ejemplo, un hongo de la levadura, y este produce una insulina equivalente a la del propio cuerpo. Es gracias a este proceso se podía abastecer de insulina a todo el mundo y cuando aumentaba la demanda, simplemente se construía una nueva fábrica. En el año 2000, la empresa farmacéutica francesa Sanofi anuncia el desarrollo de un preparado de insulina nuevo, mejor e incluso revolucionario: Lantus. Es un análogo de la insulina en el que se ha modificado un gen para prolongar el efecto. Sanofi cobra caro por esa idea. Cuando se lanzó al mercado, una dosis del Lantus costaba en Francia 46 euros. Una dosis de insulina humana, 18.
[Música] El análogo de la insulina disminuye la cantidad de inyecciones diarias. Solo se necesita una cada 24 horas y también evita la hipoglucemia nocturna. Para Pierre Chance, el responsable del lanzamiento al mercado, fue un gran avance. La insulina Lantus fue una revolución, sobre todo les cambió la vida totalmente a los pacientes de diabetes de tipo 1. Algunos se inyectaban por última vez a las 10 de la noche y a las 5 de la mañana tenían que inyectarse de nuevo. Vivían con el miedo permanente de la hipoglucemia nocturna, que puede hacer que no despierten más. Por medio del marketing sutil, les hicieron creer a los pacientes que su medicamento tiene un efecto más prolongado que los otros. Sin embargo, ya en 1975, yo me inyectaba solo una vez al día. Siempre ha habido insulina de acción prolongada. Y Sanofi quiere que también los pacientes de diabetes tipo 2 se beneficien del medicamento, al parecer milagroso. Hasta ahora, solo se le prescribían inyecciones cuando los antidiabéticos orales dejaban de tener efecto. Por entonces, los pacientes de diabetes tipo 2 pasaban a las inyecciones de insulina cuando se preveía un desenlace fatal de la enfermedad. Pero como Lantus es fácil de usar, muchos perdieron el miedo a las inyecciones de insulina y las utilizaron en una fase temprana de la enfermedad. Así que estos pacientes también podían beneficiarse del fármaco de inyección.
La concentración de glucosa en sangre, es decir, la glucemia, se determina mediante análisis cuyos resultados son muy complejos para los profanos. Por eso Sanofi introdujo un marcador fácil de comprender: el nivel de glucosa a largo plazo, HBA1c. La empresa comienza una campaña de prevención a gran escala con un mensaje sencillo que cualquiera puede recordar: si el nivel de glucosa a largo plazo está por debajo de 7, no hay problema. Si está por encima de 7, es peligroso. Una brillante jugada de marketing. En pocos años, Lantus se convierte en un éxito de ventas de la industria farmacéutica. En 2015, el año de mayores ventas y poco antes de que venza la patente, el medicamento alcanza el 20% de la facturación de Sanofi: más de 6 mil millones de euros. Pero un médico de Alemania le pone pegas al triunfo de Lantus. Por entonces, Peter Sawicki, que es director del Instituto para la Calidad y Eficiencia de la Asistencia Sanitaria, en el año 2004, el Comité Federal Conjunto, el más alto comité de salud de Alemania, le encomendó al instituto que evaluara esta insulina, es decir, Lantus, Glarine, en relación con un posible beneficio adicional, para determinar si los costos adicionales también reflejan el beneficio adicional. Porque le costó mucho dinero al sistema de salud y querían saber si esos costos adicionales, que en última instancia no corren a cargo de las cajas de enfermedad, sino de la población, estaban justificados. Y el resultado fue que no hay diferencias significativas entre estas insulinas. Lantus no es superior desde el punto de vista médico. La insulina análoga no es más efectiva que otros preparados.
El representante del sector no lo ve así. "Esa conclusión es cuestionable. Dígale a un paciente que toma un análogo de la insulina que vuelva a su antiguo preparado y que no tendrá ningún problema, y le perjudicará. No creo que convenza a muchos."
No está justificada esta declaración. Parece, como poco, sorprendente. El director de Sanofi Alemania me invitó en ese momento a visitar la empresa en Frankfurt y hablar sobre los resultados del estudio. Fui con mucho gusto, pero al principio de la visita, lo primero que me mostraron fueron los bloques de apartamentos. Un blog. Cuántas personas dependían de ellos. El sustento de cuántas familias estaría en peligro si la evaluación de nuestro instituto se mantuviera igual y los empleados de Sanofi perdieran sus empleos. Les presionaron. Lo intentaron. "No quiero que la gente pierda su trabajo, pero de todos modos necesitamos una evaluación objetiva de los medicamentos, no solo de la insulina, y no la tenemos en ningún país de Europa."
Las autoridades alemanas no ceden. Los pacientes con diabetes tipo 2 reciben de Lantus solo el reembolso del precio correspondiente a la insulina humana. No obstante, el medicamento de Sanofi se impuso. Las ventas siguen siendo elevadas y los pacientes se han acostumbrado. Otros países, como Francia, también cuestionaron la mayor eficacia del Lantus sin consecuencias. El éxito de ventas de Sanofi sigue siendo la insulina más vendida del mundo. Desde 2015, los competidores de Sanofi, Novo Nordisk y Lily, también ofrecen análogos de la insulina de acción prolongada y también justifican el elevado precio con promesas jactanciosas. Según la empresa, los mayores costos de producción también contribuyen a que los análogos de la insulina sean tan caros en comparación con la insulina humana.
Investigadores de la Universidad de Ginebra refutaron este argumento. Su estudio analizó por qué uno de cada dos pacientes de diabetes en el mundo no tiene acceso a la insulina. Siempre se dijo que la producción de análogos de la insulina es mucho más compleja que la de la insulina humana. Así que examinamos los costos de producción. Junto con nuestros colegas, analizamos cada uno de los elementos de la cadena de producción. Comienza con los materiales básicos, es decir, todo lo necesario para elaborar la insulina. A eso se le suman los costos de regulación, que son bastante elevados. Todos son costos necesarios para introducirla en el mercado, para los ensayos clínicos y los procedimientos de garantía de calidad. Luego incluimos los márgenes de beneficio y los costos de inversión en infraestructuras. El resultado: los costos de producción de la insulina humana se sitúan entre 2 y 3,50 dólares por dosis. Y en el caso de muchos análogos de la insulina, son igual de altos. El precio de venta de una ampolla de insulina humana ronda los 13 euros en Francia. La misma cantidad de un análogo de la insulina, como por ejemplo Lantus, cuesta casi el doble: unos 25 euros. Y eso se deduce: primero, que los costos de producción no justifican el precio para el paciente ni para el sistema sanitario. Segundo, para el consumidor final, las pequeñas diferencias en los costos de producción no justifican la gran diferencia de precio entre la insulina humana y el análogo de la insulina. Y tercero, y para la industria farmacéutica, los márgenes de beneficio de muchos de estos preparados de insulina son enormes.
En Estados Unidos, la supremacía de los gigantes farmacéuticos adquirió rasgos grotescos y trágicos a la vez. El precio de la insulina se ha multiplicado por 10 en 10 años. Y una décima parte de la población padece diabetes. Muchos pacientes ya no pueden permitirse esta hormona vital.
"A pesar de tener seguros privados, pago por mi seguro médico 260 dólares al mes, solo para decir que tengo la cobertura. En mi franquicia es de 14.000 dólares, es decir, que hasta esa suma debo pagarlo todo de mi bolsillo: la insulina, los tratamientos y el material sanitario. Y solo cuando alcanzo el límite, el seguro médico cubre los gastos. En una familia, nadie puede ganar 14.000 dólares más al año. Para mi marido y para mí es casi imposible. Es más, nada. Por el momento, mi insulina me la da mi médico y amigos de mi madre que tienen diabetes tipo 2 le sobraba un poco de insulina que me regalaron generosamente. Y hace poco fallecieron pacientes de mi médico y él me dio su ración anual. Y de momento, por suerte, no me cuesta nada. Sería un desastre si tuviera que pagar la insulina de mi bolsillo cada mes. Y cuando no consiga más insulina gratis, no lo sé. Hasta ahora nunca me ha pasado, por suerte, pero ese pensamiento siempre ronda en mi cabeza."
Mi nombre es Elizabeth y soy la fundadora de Insulin4All International, una organización de protección para los diabéticos que no acepta fondos de la industria farmacéutica. Y queremos que todas las personas con diabetes tipo 1 tengan acceso a lo que necesitan para sobrevivir. La empresa frente a la que me encuentro aumentó más del mil por ciento el precio de la insulina.
Y nosotros decimos que el acceso a la insulina es un derecho humano. Es un problema global. La gente se muere en todo el mundo, también aquí en los Estados Unidos de América. Y el país, supuestamente más rico del mundo, con el mejor sistema de asistencia sanitaria del mundo, no puede ser.
"Corinth, esta empresa antepone el beneficio a las personas. Esto no está bien y hay que hacer algo."
"Mercedes por Pipó. Estamos en crisis y muchas personas tienen que racionar su insulina. Toman menos de lo que deberían, dejan de tomarla o intentan regularlo todo a través de la dieta, pero esto puede ser fatal. Muchas personas pierden años de su vida por no poder pagar la insulina."
"Más, a mi marido y yo nunca compraremos una casa. No podemos permitírnoslo. Tampoco podremos permitirnos tener hijos. Ese es el mayor sacrificio que tengo que hacer, pues no tendré una vida familiar tradicional."
"En SInga, no sabemos si será posible. Este área desde hace ocho años. Nuestra vida ha sido todo menos normal. Somos felices juntos y también hemos pasado por momentos muy difíciles. Nuestra vida no es como la de otras personas de nuestra edad."
"Espera, ahora vamos a distribuir estos frasquitos de insulina. Les quitamos las etiquetas y metimos pequeñas notas. Pone las cosas que tenemos que sacrificar porque la insulina es muy cara."
Nicole usó parte de las cenizas de Alex en uno de los frasquitos. Alex tuvo que sacrificar su vida porque no podía seguir pagando la insulina.
[Aplausos]
[Música] Alex tenía que pagar 1.300 dólares al mes por la insulina y el material sanitario. Trabajaba como gerente en un pequeño restaurante y los propietarios no le pagaban el seguro médico. Le ganaba mucho, de modo que no tenía derecho a ninguna ayuda ni de los fabricantes de insulina ni del estado ni del gobierno. Sin que nadie lo supiera, empezó a racionar sus dosis porque ya no podía pagar los 1.300 dólares. Alex cambió su dieta y tomaba menos insulina de la que su cuerpo necesitaba para aguantar hasta el siguiente día de pago. Encontraron su cuerpo tres días antes de recibir su salario. Murió de cetoacidosis diabética causada por la falta de insulina.
[Música] A principios de 2019, el Congreso exigió a las empresas que justificaran los enormes aumentos de precios. Los tres principales fabricantes de insulina culparon al sistema de asistencia sanitaria estadounidense y a los numerosos intermediarios.
"Ustedes puedes incluso en sus países. Walsh Amberes making of its Amberes getting lesión debe activar pensiones con esta lengua from now. Bernardes coherentes y en de supply chain es parte del fútbol y en exceso en su profesión para Nisman y fórmulas me quieren mantener es rico y más tiempo en repetirse. Existen programas, wells. Existen propios mexicana profit en una colonia. Nos vuelve de las smart protection network y otro profeta fuera del campo ni sencillo. Nos vengan a ver mente robar por profesión contable de Louis table sencillo. Que vengan a empezar a servir se despejasen cuestión."
Después de la audiencia, las tres multinacionales se comprometen a bajar los precios para los más pobres. Una medida para cuidar la imagen. Pero como los pacientes estadounidenses, al contrario que los europeos, no se benefician de un generoso sistema de reembolso, la insulina sigue siendo un bien de lujo para la mayoría.
El precio de la hormona de producción sintética es solo uno de los problemas del tratamiento de la diabetes. Otro puede incluso tener consecuencias fatales para los pacientes. Para mantener su nivel de azúcar en sangre por debajo del famoso límite del 7%, muchos diabéticos tipo 2 toman mucha medicación y ponen su vida en peligro.
"Me enteré por la médica de cabecera que por entonces tenía su consulta aquí cerca. Me hizo el examen anual y dijo que mi nivel de azúcar en sangre a largo plazo, el HBA1c, era demasiado alto y que tenía que tomar medicamentos. Médicamente, así viví durante muchos años. Y en esa época, el nivel de azúcar en sangre subió con los años hasta un 11%. Ese fue el valor máximo y mi peso máximo era de 114, 115 kilos. Siempre eran comprimidos, aunque cada vez eran más. Me inyecté insulina durante unos siete años. Después de la primera experiencia, cuando noté que me temblaba el cuerpo y la presión sanguínea no era la adecuada, me medí el nivel de azúcar en sangre y comprobé que estaba por debajo de 60 en mi medidor, es decir, que el medidor parpadeaba en rojo y decía que no se podía medir, que estaba por debajo de 60. A finales de agosto tuve un incidente y casi entré en coma diabético."
Una hipoglucemia grave casi le cuesta la vida al paciente como resultado de un intento obsesivo de mantener el nivel de azúcar en sangre por debajo del 7%. En 2008, un estudio hace tambalearse al tratamiento consolidado hasta entonces. Demuestra que cuanto mayor es el consumo de medicamentos para mantener bajo el nivel de azúcar en sangre, mayor es el riesgo para los pacientes. El uso periódico de medicamentos para reducir el nivel de HBA1c aumenta el riesgo de hipoglucemia y de enfermedades cardiovasculares. En ese estudio se trató a esas personas con muchos medicamentos, cuatro o cinco fármacos, y el estudio nos demostró que probablemente era el camino equivocado, porque mediante esa reducción extrema del azúcar en sangre pudimos reducir los cambios en los ojos, los riñones y los nervios, pero lo que en realidad se quería reducir también era el infarto cardíaco y el derrame cerebral, y eso no se logró. Por eso, el nuevo enfoque o el enfoque que realmente tenemos que abordar con la gente no es solo fijarnos en el azúcar, en la azúcar-logía, sino en la diabetología, tratar el síndrome cardiometabólico completo con todos los factores de riesgo, y así tenemos éxito.
La hiperglucemia es tóxica, está demostrado. Cuanto más alto es el nivel de azúcar en sangre, mayor es el riesgo para los vasos sanguíneos. Pero a la inversa, no es cierto que la disminución del nivel de azúcar en sangre reduzca también ese riesgo. Con ese marcador de riesgo, cuanto más sube, mayor es el riesgo. Y sin embargo, no es cierto que cuando baja, también disminuye el riesgo. Al contrario, cuanto más intensivas son las terapias para reducir el nivel de glucosa en sangre, mayor es el riesgo para los vasos sanguíneos. Esto suena paradójico, pero está demostrado. Cuando los pacientes reciben una medicación para reducir el nivel de azúcar en sangre hasta acercarse lo máximo posible a nivel de los no diabéticos, se podría pensar que estarían también como una persona sana, pero el hecho es que están peor con este nivel bajo de glucosa en sangre que si lo dejan a un nivel más alto. Muchos pacientes deben ser hospitalizados porque sufren una hipoglucemia grave provocada por un tratamiento que puede ser mortal.
"Tuve una experiencia casi de coma y dije que no quería volver a pasar por eso."
"Señor Stringer, venga conmigo."
Bill Frist Stranger ya no toma medicamentos y los análisis de sangre demuestran que después de 30 años de diabetes tipo 2 se ha producido una remisión. Su médico le había sugerido un método radical: una dieta estricta desarrollada por un equipo de investigadores británicos. Durante tres semanas, el paciente tomó una bebida baja en calorías a base de soja y renunció a los carbohidratos y, por tanto, al azúcar.
La remisión de la diabetes tipo 2 requiere inevitablemente una fuerte pérdida de peso. En el caso de la diabetes tipo 2, durante mucho tiempo se creyó que era para siempre, hasta que un grupo de investigación británico presentó unos estudios sensacionales. Tomaron a personas que padecían diabetes desde hacía unos años y las sometieron a un programa de pérdida de peso radical. Demostraron que en casi entre el 50 y el 80%, según cuánto peso perdieran, lograron esas remisiones clínicas sin tener que someterse a una operación, solo a través de la pérdida de peso radical. Sabemos por estudios detallados con resonancia magnética que si el páncreas es graso, la producción de insulina disminuye. La producción de insulina no está dañada, sino que las células ya no pueden producirla. Cuando el páncreas pierde grasa, las células productoras de insulina recuperan la capacidad de producir más insulina y entonces los niveles de azúcar en sangre bajan. Hicimos experimentos similares y tuvimos experiencias parecidas en Düsseldorf. Logramos que personas que se trataban con insulina volvieran a tomar solo medicación o que pasaran a una remisión clínica total. Y creo que ese será el rumbo del futuro. Con la pérdida de peso se puede dejar la medicación para la diabetes, se puede dejar de tomar la medicación para la presión arterial, tal vez se puede evitar una operación de rodilla. Así que en el estilo de vida tenemos una panacea que ataca áreas muy diferentes. Si se sumaran todas esas enfermedades, se ahorraría mucho dinero que se podría invertir en este ámbito. Pero la opinión general es que si no sirve de nada, no vale la pena hacerlo. Y ese problema lo debe abordar la política, pero los grupos de interés de la industria farmacéutica y de las universidades son totalmente diferentes, así que a nadie le interesa eso. Siempre me desconcierta, me entristece.
Varios miles de pacientes de Europa y Estados Unidos ya han probado este método. Requiere una disciplina férrea y mucha motivación, y solo un tercio de los pacientes de diabetes tipo 2 puede curarse de esta manera. La mayoría tendrá que seguir tomando medicación.
Creo que ganaremos a largo plazo, pero ¿cuándo? Con todo lo que exigimos ahora, se dará por sentado dentro de unos años. Pero hasta entonces, muchos diabéticos tendrán una muerte absurda. Sueño es una mota. Recibirán malos tratamientos con medicamentos sobrevalorados, pero este sistema industrial de la diabetes se derrumbará.
Diabético industrial y amarillo. La diabetes es algo más que una cuestión de azúcar en sangre. La enfermedad con el descubierto las irregularidades de las industrias alimentaria y farmacéutica. Y mientras ningún gobierno haga algo en contra, la enfermedad seguirá extendiéndose.
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