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El pobre es pobre porque quiere. Cuántas veces no hemos escuchado esta frase, y es que muchas personas piensan que cuando mencionan esta frase, pues viene de un lugar de sabiduría, mientras que es más una vagancia mental disfrazada de disciplina.
Hoy vamos a darle un vistazo a esta frase, a lo que dice la ciencia, no mi opinión, lo que nos dice la ciencia, porque esta frase está mal redactada desde su raíz. Así que si el contenido de este video te gusta y quieres seguir viendo más análisis como este, mire, es bien fácil apoyar este canal. Solamente tienes que darle like a este video, te suscribes al canal y le das a la campanita, y ya está. Con eso dicho, vamos al tema de hoy.
Miren, la pobreza no es solamente no tener dinero, es vivir preguntándose todos los días si vas a poder pagar la renta, si se te va a ir la luz, si vas a poder comer bien, si el plan médico cubre el tratamiento, si te van a atender con dignidad en una oficina de gobierno, todo eso. Eso no es falta de actitud, eso es vivir en un estado constante de incertidumbre, y ese estado tiene un nombre en la ciencia. Se le llama el estrés crónico relacionado a la pobreza. No, no me inviertan el concepto, hay toda una línea de investigación detrás de él.
Miren, un análisis del Urban Institute encontró que la pobreza impone una carga psicológica tan grande que deja a las personas con poco margen mental para realizar tareas cotidianas. Tanto la ansiedad como el estrés constante de vivir en estas condiciones, aunque usted no lo crea, consume recursos cognitivos que otras personas ni siquiera notan que se están gastando. Y no es solo estrés emocional, esto también tiene un efecto físico que es medible. La ciencia lo llama la carga alostática, que es el desgaste que le hace el estrés crónico al cuerpo cuando se acumula año tras año.
Un estudio publicado en, y me van a tener que perdonar porque lo más probable, I'm gonna butcher este nombre, *Psychoneuroendo*, encontró que la pobreza en la niñez está asociada de forma prospectiva con una carga alostática más alta durante la adolescencia. Es decir, que el cuerpo de un niño pobre empieza a pagar factura del estrés mucho antes de que ni tan siquiera entienda lo que es el concepto, de que ni tan siquiera entienda lo que es la pobreza.
Y esto no se queda en el cuerpo. Un estudio publicado en la revista *Apenas* usó resonancia magnética para comparar el cerebro de personas que están creciendo en la pobreza y encontraron que la pobreza en la niñez tiene consecuencias físicas y psicológicas negativas que persisten hasta la adultez. Y la exposición al estrés crónico puede ser uno de estos mecanismos detrás de esa relación entre la pobreza y la salud, al influir en los sistemas cerebrales que regulan las emociones.
Así que cuando alguien te dice, "Si yo pude, cualquiera puede." Claramente esta persona no está muy consciente de todo este concepto. No es que venga de un mal lugar, pero sinceramente no está educado.
Mire, y esto no es un problema de otro país, esto es aquí en Puerto Rico. Según el Instituto del Desarrollo de la Juventud, sobre 72,000 familias trabajadoras con menores en Puerto Rico viven en pobreza. Eso es un 36% de las familias con menores y están empleadas trabajando. Y no es que no quieran trabajar, es que trabajar no siempre alcanza.
La cosa se pone aún peor cuando tú miras los hogares que están encabezados por mujeres. 72% de los menores que viven en esos hogares están bajo el nivel de pobreza. A pesar de que esa madre está trabajando, está empleada con un ingreso anual promedio de apenas $1,000. Y a nivel de toda la isla, el instituto reporta que durante los últimos 20 años la medida federal de pobreza ha mostrado que cinco de cada 10 niños, niñas y jóvenes en Puerto Rico, viven en la pobreza, la mitad de todos los nenes en Puerto Rico.
Y hay pueblos donde el panorama es todavía aún más crudo. Según datos del censo analizado por el Instituto de Estadística, 36 de los 78 municipios en Puerto Rico tienen el 50% o más de su población en situaciones de pobreza. Eso es casi la mitad de todos los pueblos en Puerto Rico. Con esos números en la mesa, entonces dime tú, ¿todo eso es porque quieren?
Ahora, para ser justos con el tema, porque alguien te puede decir, bueno, entonces dale dinero. Y ellos salen de la pobreza y ya. Y la evidencia sí sugiere que dar dinero sí ayuda, pero no de forma mágica, ni tampoco completa. Y es que hay un estudio en Kenya que encontró que un programa de transferencia de dinero sin condiciones redujo en un 24% las probabilidades de síntomas depresivos entre los jóvenes en hogares que recibieron este beneficio. En Sudamérica, otro estudio sobre el programa de ayuda infantil encontró que recibir esta transferencia pues mejoró la salud mental de los adultos pobres de forma medible. Y en Estados Unidos, un análisis del crédito tributario por hijos de 2021 encontró que transferencias más generosas se asociaron con una reducción en la cantidad de días de mal estado reportado por los padres.
Bien, pero aquí está el pero. La misma literatura científica advierte que el dinero solo, sin acceso a la salud, sin escuelas de calidad, sin seguridad alimentaria, no puede reparar una estructura que está rota. Un estudio revisó investigaciones en Latinoamérica y encontró que los programas de transferencia condicionada a la asistencia escolar mostraron evidencia limitada de efecto en la salud mental materna. En otras palabras, el dinero es solamente una pieza dentro de todo este rompecabezas.
Y aquí viene una parte bien interesante. ¿Por qué entonces la gente sigue repitiendo que el pobre es pobre porque quiere a pesar de todos estos estudios, de toda esta evidencia? Y es que la psicología tiene una respuesta a esto desde los 60. El psicólogo Melvin Learner, mientras entrenaba como clínico, notó que colegas suyos, gente educada y de buen corazón, culpaban a los pacientes por su propio sufrimiento y también escuchaba a sus estudiantes menospreciar a los pobres, aparentemente sin notar las fuerzas estructurales detrás de la pobreza. Eso lo llevó a formular lo que hoy se conoce como la hipótesis del mundo justo.
La idea básicamente es esta. Para que el mundo se sienta controlable y predecible, la mente humana prefiere creer que la gente recibe lo que se merece, que las cosas buenas le pasan a las personas buenas y las malas a las malas. Karma is shit. Y ese mecanismo mental, según otro análisis del fenómeno, correlaciona. Entre más una persona cree que el mundo es justo, peor era su actitud a los pobres, a los discriminados o quienes sufren algún tipo de injusticia social. Y no es que estas personas sean malvadas, es que es un atajo mental para no tener que aceptar que el mundo muchas veces no es justo y que a ti también te pudiese tocar.
Y aquí es donde todo esto se sale de la psicología y se convierte en algo que te debería importar como ciudadano, porque ese mismo sesgo, el pobre pobre porque quiere, no se queda en las conversaciones de pasillo de por ahí relajándonos. Ese mismo pensamiento es el que muchas veces justifica recorte a asistencias nutricionales, a vivienda pública, a servicios de salud mental, bajo la premisa de que hay que "enseñarlos a no depender". Y la ciencia que acabamos de repasar dice lo contrario, que sin esos servicios la estructura no se arregla sola.
Así que la próxima vez que tú escuchas a alguien decir, "El pobre es pobre porque quiere." La pregunta no es si esa persona tiene un mal corazón, sino quién se beneficia de que tú sigas creyendo esto? ¿Cuáles son las políticas públicas que lo sostienen? Gracias a que tú te quedas callado y lo crees.
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