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El Origen de la Conducta Ética - Dr. Rodrigo Ramos Zúñiga - Temas de Bioética 32

COLEGIO DE BIOÉTICA Y TERAPIA DE JALISCO20:38

Transcription

[Música] Saludo a todas las personas que nos ven y nos escuchan en YouTube por el canal del Colegio de Terapia del Estado de Jalisco AC y por las televisoras que nos permiten. Mi nombre es Omar Becerra, soy belicista y estaré en este espacio compartiendo con ustedes información relevante, fortuita y veraz con un enfoque bioético para que, desde la comunidad de donde usted se encuentre, podamos conversar sobre temas de interés para toda nuestra audiencia. Saludo a mis compañeros Marc y Mende y Gloria. ¿Cómo estaban?

Hola, ¿qué tal, Omar? Muy bien, bienvenidos nuevamente a un programa más de este programa, Temas de Bioética. Bienvenido, Marc. Bienvenida, Gloria.

Hola, ¿qué tal? Buenas tardes. Un saludo a toda nuestra audiencia. Los saludo desde el paradisíaco desierto de la ciudad de Hermosillo, Sonora. Y agradecemos la oportunidad de este espacio. Esperamos que todas las personas que nos ven y nos escuchan puedan participar activamente mediante nuestra página de Facebook, Temas de Bioética, y claro que sí, que se suscriban al canal de YouTube del Colegio de Bioética y Terapias del Estado de Jalisco.

Así es, Gloria. La conducta humana es todo lo que el ser humano hace, piensa y siente. A través de ella, la persona se relaciona con los demás e influye en ellos, de la misma manera que los demás influyen en el crecimiento personal de esa persona. Muchas son las formas en que se producen dichas influencias y, a su vez, la ética estudia la conducta humana, sus normas, los deberes y derechos relacionados con la sociedad en que ocurre, e indica lo que debe o no debe de hacerse en una sociedad determinada. Para hablar sobre la conducta ética se encuentra con nosotros un experto en el tema, el doctor Rodrigo Ramos Zúñiga. Él es un médico neurocirujano, doctor en neurociencias, profesor e investigador del Instituto de Neurociencias Trasnacionales de la Universidad de Guadalajara. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, tiene el perfil PRO del Premio Jalisco a Ciencias en el 2014, es el COMITÉ de la Comisión Estatal de Bioética de Jalisco. Cuenta con publicaciones de artículos muy interesantes como "La pertinencia ética de las alertas sanitarias", "La perspectiva social de la protección al personal sanitario en la pandemia por COVID-19", entre otros. Doctor Rodrigo Ramos Zúñiga, bienvenido a su programa de Temas de Bioética.

Doctor, ¿cómo podría usted describir la conducta ética del ser humano?

Muchas gracias por la invitación. También envío un saludo a toda la audiencia y agradezco la gentileza de hacerme partícipe de este círculo académico que ustedes han llevado para la divulgación sobre temas en ética y bioética para la sociedad. La conducta ética tiene precedentes desde la historia filogenética, es decir, si hablamos de la historia evolutiva en lo que es la evolución de las especies, y se ha contrastado con los procesos de aprendizaje en una sociedad. De tal manera que es un agregado, pudiéramos decir, entre los elementos biológicos más básicos con los elementos sociales que caracterizan la convivencia y la interacción del individuo con el resto de las personas en comunidades.

Un ejemplo, a propósito de la relevancia que tienen los aspectos neurobiológicos, es el ejemplo de la materialización cerebral de cómo en los grupos de mamíferos la madre gestante busca un nido, procura un espacio limpio y libre de depredadores, y piensa en otro. Es probablemente un primer momento en donde el cerebro de este ente no piense en su propia subsistencia, sino que está pensando en sus crías. Probablemente este sea como un primer ejemplo en donde este cambio de transformación bioquímica a nivel cerebral establece la primera vinculación para pensar en los otros, que es en donde surge el interés en la interacción con otros, acaso sus crías, para su protección. En la medida en que afinamos estos elementos propios de la evolución que tienen precedentes neurobiológicos muy claros, que son los que sustentan lo que denominamos las emociones morales complejas, y en el caso del Homo sapiens es cuando podemos entender la relevancia que tiene la solidaridad, el altruismo, la cooperación, la expectativa en los otros que traducimos en la esperanza, la resiliencia. Muchos elementos que hoy conocemos como parte de los grupos sociales más civilizados tienen elementos muy claros que se han fundamentado desde la neurobiología.

Hay estudios en la primatología y otro tipo de estudios más amplios que nos llevan a entender dos conceptos fundamentales que los aplicamos ahora para el Homo sapiens. Uno de ellos es la empatía emocional y el segundo es la empatía cognitiva. El primero se refiere a qué es lo que sienten los otros, a ponernos en los zapatos de los otros, como decimos coloquialmente en nuestras comunidades. Y el segundo elemento se relaciona con procurar entender qué es lo que está pasando con lo que sienten los otros. Estos dos elementos son fundamentales para entender entonces la conducta ética a partir de la empatía y la sincronización cerebral como un mecanismo de conexión del cerebro social, como lo denominamos. Es cómo podemos entender lo que ocurre con los otros, lo que sienten los otros y procurar entonces sensibilizarnos al respecto. Si además le agregamos el aspecto cognitivo, podremos entonces completar todo el proceso para poder entonces vincularnos con una acción que denominamos la conducta prosocial.

Esto significa que podemos dividirlo en dos elementos: una conducta egoísta que solamente ve por sí mismo y una conducta prosocial que es derivada de la interacción con los demás y que procura entonces el bienestar y el equilibrio con los otros. Con estos dos elementos podemos definir en conclusión que la conducta ética se sustenta con precedentes neurobiológicos que ahora conocemos muy claramente y que nos vinculan con las emociones morales complejas, que ahora sabemos mucha información sobre el don de residente, pero que se van a complementar con nuestra interacción en la sociedad con los otros, en donde procuramos una visión de respeto bajo principios, bajo valores, y que estos son los que finalmente establecen nuestros códigos deontológicos a propósito del deber ser, que están fundamentados en patrones de conducta que aceptamos como moralmente viables en una sociedad y en un contexto sociocultural determinado.

Doctor Rodrigo, ¿qué piensa usted, según su experiencia, que se necesita para poder formar ciudadanos responsables con conductas éticas?

Me parece que el punto fundamental a esta pregunta es la educación y seguirá siendo la educación. No solamente es a nivel de información, sino es a nivel de que se complemente con un proceso donde se adquieren valores y se constituye una estrategia educativa de lo que hoy en día denominamos los liderazgos productivos. Esto ha ocurrido con grandes cambios en todos los escenarios de educación, en donde ya no solamente hablamos de recursos humanos, sino hablamos de gestión del capital humano. Lo que significa que por mucho tiempo en las instituciones educativas pensamos que informar era suficiente. Después vimos que era importante agregar valores y agregamos el concepto de formar. Y finalmente estamos en la ruta de transformar, es decir, de constituir líderes que puedan ser capaces de transformar su entorno dentro de los escenarios en los cuales desarrollen su actividad futura y, en este caso, en los escenarios sociales.

Esto no solamente completa aspectos técnicos, actor temático, disciplinario, profesional, sino que también deben estar fundamentados en códigos conductuales que permitan la convivencia de una forma ordenada y respetuosa. Por ello concluyo en que hemos transitado de la práctica informal activa de la educación a la parte formativa de la educación, que es la de valores, y vamos a la parte transformativa de la educación, que me parece que esto, más allá de ser datos sobre construcciones teóricas, en el caso de la bioética, se trata entonces de procesos formativos y transformativos que generen entonces que los individuos se denuncian como ciudadanos del mundo y que permita, a partir de ellos, aplicar los principios, las teorías, los elementos más importantes del respeto a la convivencia en una sociedad.

Para hablar entonces de que tenemos una sociedad civilizada, no hay que olvidar una propuesta que ya había hecho el profesor Noam Chomsky a propósito de cómo podemos tipificar una sociedad civilizada: uno, que tiene la capacidad de cuestionar; y dos, que tenga la capacidad de crear. Y con ello lo estamos orientando a los aspectos fundamentales en el desarrollo del proceso neurocognitivo, que es lo que denominamos el pensamiento reflexivo y el pensamiento crítico. La ética y la bioética justamente favorecen a ello, a la reflexión, al análisis, a la postulación de este tipo de valores que nos permitan vivir de una manera más ordenada y respetuosa en una sociedad.

Doctor, ¿cuál es su opinión con respecto a la objeción de conciencia?

Este es un tema que ha sido muy álgido en el análisis desde las perspectivas en las que se ha postulado, sobre todo en las áreas biomédicas. Tiene precedentes fundamentales desde la filosofía más básica, en donde se trataba de la negación o de la objeción ante determinadas circunstancias. En cierto modo, se trata de una gran negación a realizar una acción, un procedimiento, bajo la premisa de que esto puede estar sustentado en que el realizar ese tipo de procesos se contrapone con sus principios y valores, cualquiera que estos sean, en el ámbito moral, en el ámbito legal, en el ámbito religioso, en el ámbito de sus preceptos.

Habría que entender lo que está muy cercano desde el punto de vista de su origen social a lo que es el principio en donde había la desobediencia civil. La desobediencia civil, por un lado, sin embargo, estaba orientada a una situación de carácter sociopolítico y pretendía un objetivo de carácter social. La objeción de conciencia es algo más intrapersonal, que se sustenta en la escala de valores del sujeto y que entonces ejerce su derecho a realizar o a no realizar cierta acción cuando considere que está contraviniendo o se contrapone a sus principios fundamentales.

El ángulo, no obstante que habrá que verlo, es en el contexto específico en el cual se desarrolla, porque si bien en algunos casos es muy obvio que la objeción de conciencia se encuentra debidamente fundamentada, en el caso de las implicaciones en las áreas sanitarias tiene mucha relación con lo que es la objeción ante un evento que ya ha sido tipificado como parte de lo que denominamos *lex artis*, es decir, lo que ya está establecido como guías y estrategias validadas legalmente o validadas disciplinariamente en este código, que es el arte o el estándar de lo que normalmente se hace. Esto implicaría el riesgo de que, si bien alguien puede y está en su derecho de ejercerla, bien la objeción de conciencia, si es en función a un procedimiento que está tipificado en el *lex artis*, puede tener implicaciones legales y de carácter.

Por ello, si bien la objeción de conciencia sigue vigente, es importante advertir oportunamente al objetor la persona en que lo sustenta y estar atento a que esa objeción de conciencia no conlleve entonces a situaciones que puedan generar no solo un dilema ético, sino un conflicto de carácter legal, en donde pueda ser tipificado como una omisión que tiene implicaciones de tipo jurídico. De manera que la objeción de conciencia no solamente es la intención, es el contexto en el cual se desarrolla y que es importante ubicar ahora bajo esta perspectiva para que en situaciones en donde ya existe un estándar establecido sobre determinados procedimientos, pues entonces el objetor tome sus providencias para que no incurra en una falta jurídica.

Doctor, en esta pandemia, la verdad es que pues nos ha traído muchas enseñanzas en todo el proceso. Una de ellas es que, a través de la conducta en algunos países, se pudo controlar el contagio. ¿Cuál es su opinión respecto a esto?

Esto, de nueva cuenta, Mari, nos resume lo que habíamos comentado. El factor más importante probablemente no sea el factor tecnológico por los recursos, sino la conciencia de lo que está ocurriendo sobre un evento que hoy denominamos las emergencias globales y dentro de ellas están las emergencias sanitarias, en donde el punto número uno es tener la información apropiada. Con ello hablo de también de todo el proceso que hoy denominamos infodemia, que fue una gran cantidad de información inapropiada, errónea y eventualmente deliberadamente como facciosa. Entonces, el punto número uno es tener la información apropiada, justamente para que la sociedad pueda tomar sus decisiones con responsabilidad. Y es ahí donde entra la conducta, porque una vez que se trata de una sociedad debidamente informada, que tiene acceso a los medios de información apropiados de carácter científico y con la seriedad y el respaldo también de lo que son los valores, esta sociedad, en particular, toma en cuenta, pues eso es lo que va a permitir que tomen conciencia y que sean empáticos con el proceso.

Por ejemplo, algo tan elemental como el usar el cubrebocas, que era una práctica validada por la Organización Mundial de la Salud y que hoy ha tenido algunos cambios, pero fue una herramienta. A la distancia, lo que se adelantó, Marqués, e insisto, no era un proceso de distanciamiento social, es un distanciamiento físico, pero por el contrario, teníamos una enorme necesidad de cercanía social a través de los mecanismos apropiados. Entonces, la conducta y la educación fueron fundamentales. Por ello, no es raro identificar que los países que tuvieron mayor capacidad de contención en la pandemia por los que estaban más conscientes del proceso, más sensibilizados de lo que estaba ocurriendo, y los que tienen la información correcta. De esta forma, los sitios en donde hay eso salió publicado en *The Lancet*, a propósito de que los países que tuvieron más dificultades para controlar la pandemia es donde había más desinformación, donde los líderes promovieron desinformación, donde había una información también incorrecta.

Entonces, creo que la sociedad puede responder en sus códigos de conducta, que son los más importantes, a través del respeto. Y justamente el regreso al tema de lo del cubrebocas, porque el cubrebocas no solamente es una protección personal, es una expresión de respeto hacia los demás y aparte de que está sustentada en una norma sanitaria. Entonces, es tan solo ese ejemplo tipifica a las personas que no lo usaban deliberadamente por una serie de razones o argumentos y quienes sí asumieron la responsabilidad civil, sanitaria, incluso moral de usarlo como una medida de respeto a los demás, además de una medida en seguridad sanitaria.

Excelente, doctor. ¿Y qué le gustaría para concluir sobre este tema?

Me parece que sigue siendo vigente que la comunidad tenga acceso a lo que hoy denominamos la cultura bioética. Es fundamental que en muchas circunstancias, aún cuando no tenemos la absoluta certeza científica, y ese es el ejemplo de la pandemia, en donde en un principio pues no sabíamos cuál era el virus, sus características, no había vacunas, no había un tratamiento formal, es decir, había todavía un mundo de incertidumbre en el área científica. Lo único que hizo que la sociedad avanzara en su conjunto fue justamente la cooperación, la solidaridad, la conducta justamente sustentada en principios éticos y en valores. Es lo que nos permitió en situaciones críticas salir adelante y esto sigue prevaleciendo en términos de generar certidumbre para las comunidades.

Hoy por hoy, siempre postulando que en aquellos escenarios de emergencia o incluso en casos muy particulares en el área sanitaria, aún cuando no tengamos la certeza científica, al menos debemos de tener la certeza moral de que lo que estamos haciendo es lo correcto en beneficio de las personas. Y esto es lo único que la sociedad puede puede sentir como un voto de confianza hacia las decisiones que se estén tomando en estos escenarios. Insisto, aun cuando no haya mucha claridad en lo que es la expectativa del desarrollo de la ciencia sobre el tema, es importante también mencionar que la observancia de las normas éticas es una responsabilidad personal de conciencia y de voluntad para estar en paz consigo mismo. Por lo tanto, el profesionista se adhiere a un código de ética por el valor intrínseco que tiene el deber de ser y en razón del valor que el mismo grupo de profesionistas le otorgue.

Así es, Gloria. Y en el ejercicio de los servidores públicos existen códigos de ética que recalcan lo imprescindibles que son algunas conductas como la libertad, la transparencia, la prudencia, la ecuanimidad, la tenacidad, la solidaridad, el respeto, la justicia, la honradez y la honestidad, la tolerancia y la responsabilidad. Los trabajadores al servicio de la salud también cuentan con estos códigos de ética.

Muy bien, pues le agradecemos al experto, el doctor Rodrigo Ramos Zúñiga, su intervención y los esperamos en nuestra siguiente emisión. Estén muy pendientes del siguiente tema. ¿Cuál es el siguiente tema?

El siguiente tema vamos a hablar sobre la psiquiatría y la bioética. Nos acompañará la doctora María Antonia López Moraila, especialista en psiquiatría de la Universidad Autónoma de Guadalajara y bioeticista. También les recordamos que nos pueden contactar por medio de nuestra página de Facebook, Temas de Bioética.

Muchas gracias, Mari. Gracias, Omar. A toda nuestra audiencia y, por supuesto, gracias a nuestro invitado, el doctor Rodrigo Ramos Zúñiga, por habernos acompañado.

Muchas gracias a ustedes por la gentileza. [Música] Ha sido un placer estar en este espacio. Los esperamos por nuestro canal de YouTube del Colegio de Bioética y Terapia del Estado de Jalisco. ¡Hasta la próxima! [Música]