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Queridos hermanos, y nosotros vamos al diccionario y buscamos la palabra sacerdote. Esa palabra nos llevará a dos palabras que son mediador y sacrificio. Todo sacerdote hace de mediador entre lo divino y lo humano, y esa mediación la hace a través de un sacrificio. Y en todas las culturas han existido sacerdotes, forma parte del ser religioso del hombre. Los Incas tenían sus sacerdotes, los Aztecas tenían sus sacerdotes, en el Antiguo Testamento tenemos la institución sacerdotal.
Pero el sacerdote con mayúsculas, ¿quién es? Jesucristo. Jesucristo es el sacerdote. Él es sumo y eterno sacerdote. Jesús es el sacerdote porque es el único mediador entre Dios y los hombres, y es el único que ha realizado el único sacrificio que salva, el sacrificio de la Cruz. Solo hay un Salvador, ¿quién es? Jesús.
Hoy hemos escuchado en la primera lectura un pasaje de la carta a los Hebreos. Ahí se nos dice con claridad que los sacrificios que se hacían no quitaban los pecados. El sacrificio de Cristo es el que quita los pecados. Y toda la vida de Jesús va a ser sacrificial, porque como hemos escuchado hoy en el evangelio, Jesús no ha venido a hacer su voluntad, sino la voluntad de Él Padre. En Getsemaní, Jesús le dice a su Padre: "Padre, aparta de mí este cáliz, pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres". Jesús va a la Cruz obedeciendo al Padre, y así cumple su misión sacerdotal.
Estamos celebrando hoy la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Y es bueno saber o recordar que la Iglesia que fundó Cristo, que es la Iglesia Católica, es un pueblo sacerdotal. Hermanos, yo les pregunto: ¿ustedes son sacerdotes? ¿Sí o no? Sí. Todo bautizado es sacerdote, profeta y rey.
Conviene saber o recordar, si fuese el caso, que la Iglesia es un pueblo sacerdotal, un pueblo que participa del sacerdocio de Cristo. Pero también hay que decir que hay dos formas de participar del sacerdocio de Cristo. Tenemos el sacerdocio común, que es el de ustedes, que son laicos, y el sacerdocio ministerial, que es el que yo tengo. Yo he recibido el Sacramento del Orden.
Los laicos, ¿qué sacerdocio tienen? El sacerdocio común. Ustedes están llamados a cumplir su misión sacerdotal siendo ofrendas agradables a Dios por medio de Jesucristo y con la fuerza del Espíritu Santo. Vivan su misión sacerdotal.
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Tu altar es tu trabajo, lo que haces todos los días. Hazlo bien y de esa manera estás cumpliendo tu misión sacerdotal. En Romanos doce, uno, San Pablo dice que tenemos que ser hostias vivas, hostias santas, hostias agradables a Dios. Sé una hostia viva durante todo el día, sé una ofrenda agradable a Dios, y así estarás cumpliendo tu misión sacerdotal. Y para hacer una ofrenda agradable a Dios, hay que vivir en gracia o en pecado. En gracia. Vive en gracia, y entonces todo lo que haces es una ofrenda agradable a Dios, hasta recoger un papel.
Hoy rezamos de manera especial por aquellos que tienen el sacerdocio ministerial, como es mi caso. Tenemos que rezar mucho por los sacerdotes. Quienes tienen el sacerdocio ministerial se llama simplemente sacerdotes, padrecitos, curitas, etcétera, etcétera. Queridos hermanos, no dejen de rezar por los sacerdotes. Hay que rezar por el aumento de vocaciones a la vida sacerdotal. Cada vez va bajando más el número de seminaristas. San Juan Pablo Segundo decía: "La tristeza de la Iglesia es la falta de sacerdotes", y es verdad.
Hoy también rezamos por la fidelidad y santidad de todos los sacerdotes. Recen para que los sacerdotes sean santos. La dignidad del sacerdote es muy grande, decía San Agustín. Benditas manos del sacerdote, donde se encarna el Hijo de Dios, como se encarnó en el seno purísimo de María. Benditas manos del sacerdote, manos ungidas, manos que bendicen, manos que absuelven, manos que consagran. Benditas manos del sacerdote.
Y el sacerdote tiene que ser consciente de lo recibido y esforzarse por su santidad. La Iglesia necesita sacerdotes santos. Decía San Juan María Vianney lo siguiente: "Cuando el sacerdote es malo, el pueblo está pervertido. Cuando el sacerdote es regular, el pueblo es malo. Cuando el sacerdote es bueno, el pueblo es regular. Pero cuando el sacerdote es santo, el pueblo es bueno". Con esas palabras, San Juan María Vianney ponía la varilla muy alta para los sacerdotes.
Hoy les pido que recen por la santidad de los sacerdotes, para que los sacerdotes sean fieles hasta la muerte, para que reflejen todos los días a Cristo, sumo y eterno sacerdote. Pidámosle hoy a María Santísima, nuestra Madre, por la Iglesia, pueblo sacerdotal, para que todos cumplamos nuestra misión sacerdotal, ser ofrendas agradables a Dios Padre, por Jesucristo, con la fuerza del Espíritu Santo. Que así sea.