📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Homilía 12/03/23 - Juan 4, 5-42 - Jesús entre los samaritanos. Jesús en Galilea.

Cooperadores de la Verdad (Católico)21:21

Transcription

El Señor esté con ustedes.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan.

[Música]

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado el camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era alrededor del mediodía.

Llegó una mujer de esa Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: "Dame de beber". Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Porque los judíos no tienen trato con los samaritanos".

Jesús le contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva". La mujer le dice: "Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo. ¿De dónde vas a sacar esa agua viva? ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y del bebieron él y sus hijos y su ganado?".

Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que viva del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed. El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial que brota hasta la vida eterna".

La mujer le dice: "Señor, dame esa agua, así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla". Él le dice: "Anda, llama a tu marido y vuelve". La mujer le contesta: "No tengo marido". Jesús le dice: "Tienes razón de que no tienes marido; has tenido ya cinco maridos y el que ahora tienes no es tu marido. En eso has dicho la verdad".

La mujer le dice: "Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto a Dios en este monte, pero ustedes los judíos dicen que el lugar donde se debe dar culto está en Jerusalén". Jesús le dice: "Créeme, mujer, se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén darán ustedes culto al Padre. Ustedes dan culto a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad".

La mujer le dice: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo". Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo".

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?". La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿Será este el Mesías?". Salieron del pueblo y se pusieron en camino donde estaba él.

Mientras tanto, sus discípulos le insistían: "Maestro, come". Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen". Los discípulos comentaban entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?". Jesús le dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No dicen ustedes que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo les digo esto: levanten los ojos y contemplen los campos, que están maduros para la cosecha. El que trabaja en la cosecha ya está recibiendo su salario y almacenando fruto para la vida eterna, de modo que el que siembra y el que cosecha se alegran con todo. Tiene razón el proverbio: uno siembra y otro cosecha. Yo los envié a cosechar lo que no les costó ningún trabajo; otros fueron los que trabajaron y ustedes son los que se han beneficiado del trabajo de ellos".

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que hice". Así, cuando llegaron a ver los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos y se quedó allí los días. Todavía creyeron mucho más por su predicación y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo".

Palabra del Señor.

Jesús.

[Música]

Voy a hacer una pregunta con premio. Voy a regalarle un kilo de bacalao de hace 30 años a quien responda esta pregunta.

[Música]

¿En qué pueblo se encontraba Jesús, según el evangelio de hoy?

Samaria es la región. ¿En qué pueblo se encontraba Jesús?

Región de Samaria.

Cómo no conmovernos al contemplar el diálogo entre Jesús y la samaritana. Jesús viene a romper muros entre los judíos y los samaritanos. Había una gran enemistad, una relación tensa. Para que me entiendan, la relación entre los judíos y los samaritanos era más o menos como la relación entre las barras bravas de la U y las barras bravas de la Alianza. Pero Jesús viene a dinamitar los. Un diálogo con esta mujer samaritana. Vamos a fijarnos en este diálogo y vamos a identificarnos con la samaritana. Voy a remarcar cuatro puntos.

Primer punto: Jesús tiene sed de mí. Hermanos, la sed forma parte de la condición humana. En la primera lectura de hoy aparece la sed del pueblo de Israel. Están en el desierto, tienen sed. Dios se apiada de su pueblo y les da agua en el desierto. Jesús, como verdadero hombre, tenía sed. En el evangelio de Jesús aparece cansado, con sed. Por eso va al pozo de Sicar y por eso le pide agua a la samaritana. Y la samaritana está a la defensiva: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí, que soy samaritana, agua?". Es como decirle a Jesús: "Ubícate".

Queridos hermanos, Jesús tiene sed de nosotros. Decía San Agustín que Dios tiene sed de nuestra sed. Jesús tiene sed de tu amor, sed de tu confianza, sed de tu correspondencia. La pregunta es: ¿Yo tengo sed de Jesús? Yo les pregunto a ustedes: ¿Tienen sed de Jesús? Pues le felicito, porque hay gente que no tiene sed de Jesús, por eso no vienen a misa los domingos, por eso no rezan todos los días. Queridos hermanos, Jesús tiene sed de ti. Hay que corresponder.

[Música]

Segundo punto: Jesús me ofrece el agua viva. En este diálogo tan bonito entre Jesús y la samaritana, Jesús le dice a la samaritana: "Si conocieras el don de Dios y quién te está pidiendo agua, tú le pedirías a él agua y él te daría agua viva". Les pregunto: ¿El agua viva es imagen de Espíritu Santo? En la Biblia tenemos muchas imágenes del Espíritu Santo, por ejemplo, el fuego, el viento, la paloma, y también el agua viva. Jesús me da el agua viva, me da el Espíritu Santo. ¿Cuántas veces les he dicho que necesitamos invocar todos los días al Espíritu Santo? El Espíritu Santo es como el agua, porque el agua purifica y riega el alma. Qué bonito lo que nos ha dicho San Pablo hoy: "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado". Jesús te da el Espíritu Santo y gracias al Espíritu Santo puedes amar de verdad, amar a Dios y al prójimo. Les pregunto: ¿Tienen sed del Espíritu Santo? Le felicito, porque hay gente que no tiene sed del Espíritu Santo, por eso buscan espiritualidades.

Tercer punto: Jesús me hace ver mi verdad. Sigamos con este diálogo tan conmovedor entre Jesús y la samaritana. Vamos a la parte más dura del diálogo. Jesús le dice a la samaritana: "Trae a tu marido". Y la samaritana le responde: "No tengo marido". Y Jesús, que es Dios y lo sabe todo y a Dios no se le engaña, le dice: "Tienes razón, porque has tenido cinco maridos y con quien vives no es tu marido". Son palabras fuertes de Jesús. Jesús le hace ver a esta mujer su verdad, sus desórdenes, sus pecados. Queridos hermanos, nos hace bien que Jesús nos haga ver nuestras miserias. La samaritana tenía sus desórdenes. Yo, el padre Carlos Rosell de Almeida, tengo mis desórdenes. Tú tienes los tuyos. Jesús me hace ver mi verdad. Tenemos que ver nuestro corazón a la luz del Espíritu Santo, teniendo como referente a Jesús.

[Música]

Qué importante es ver nuestra verdad. Muchas veces somos especialistas en ponernos telescopios y microscopios para ver la verdad del otro, cuando tengo que ver mi verdad. Estamos en Cuaresma, hermanos, y la conversión implica ver mi corazón. Y Jesús me hace ver mi corazón. Y para eso hay que ser humildes. Había un señor que era muy soberbio, que un día con su hijo fue a visitar un museo y estaban viendo las pinturas que había en el museo. Y de repente, este señor soberbio se fijó en una pintura y le decía a su hijo: "Hijito, fíjate qué rostro tan feo es ese, qué feo es ese señor, qué horrible cuadro". Y el niño le dice a su papá: "Papá, es un espejo". Que Dios, hermanos, nos hace bien tener un espejo para nuestra alma. Qué importante es dejar que Jesús nos ilumine para ver nuestra verdad, nuestros desórdenes, nuestras miserias, nuestras fragilidades. Y no para deprimirnos, sino para hacer una buena confesión. La samaritana no se enojó con Jesús, no mandó rodar a Jesús. Al contrario, le dice: "Veo que eres un profeta".

Y vamos con el cuarto y último punto: Jesús me hace evangelizador. La samaritana se ha dado cuenta que estaba ante un profeta. Más aún, Jesús le dice que él es el Mesías. La samaritana está sorprendida ante la presencia de Jesús, porque Jesús le ha hecho ver su verdad, le ha quitado un peso de encima. Y ¿qué hace la samaritana? Dice el evangelio: "Dejó su cántaro y fue a buscar a sus paisanos". ¿Para qué?

[Música]

Para compartir con ellos lo que Jesús había hecho con ella. Es decir, dio testimonio. Se volvió ya, es otra mujer. Dice el evangelio que muchos samaritanos creyeron por el testimonio de esta mujer. Hermanos, hay que evangelizar. Y nosotros vamos a evangelizar cuando tenemos un encuentro profundo con Jesús, qué es lo que le pasó a la samaritana. Si tú tienes un profundo encuentro con Jesús, vas a hablar de Jesús a los demás, vas a ser evangelizador. Nos quejamos de que la sociedad se está descristianizando, y es por nuestra culpa, porque no estamos evangelizando, no hablamos de Jesús a los demás. Y evangelizar, quiero aclarar también, implica defender la dignidad de la persona humana, defender la vida en todas sus etapas, porque la vida es sagrada. Por eso, quien sigue a Jesús nunca va a aceptar leyes que favorecen el aborto. Evangelizar significa mostrar la belleza del matrimonio, que es entre varón y mujer, y la belleza de la familia, que es un reflejo de Dios, porque Dios es familia, comunión de personas. Evangelizar significa defender los derechos de los trabajadores y no permitir las injusticias, la explotación. Todo eso es evangelizar. Hermanos, si cada uno de nosotros, como la samaritana, anuncia con la alegría y gozo que Jesús es el Mesías, cuántas cosas cambiarían.

Vamos a pedirle hoy a María Santísima, nuestra Madre, que nos ayude para que, como pasó con la samaritana, tengamos un profundo encuentro con Jesús. Que nunca se nos olvide: Jesús tiene sed de nosotros. Que así sea. Amén.

[Música]

El evangelio que hemos proclamado es largo. El próximo domingo también va a ser largo, y así hasta Cuaresma vienen evangelios largos. Hemos escuchado el diálogo entre Jesús y la samaritana. Cuatro puntos. Vamos a identificarnos con la samaritana.

Número uno: Jesús tiene sed de mí. Sed de mi amor, de mi correspondencia, de mi cariño, de mi fe, de mi confianza. Jesús le dijo a Santa Faustina Kowalska que lo que más le duele es que desconfiemos de Él. Así que a tener mucha confianza en Jesús. Jesús tiene sed de nuestra confianza.

Número dos: Jesús me ofrece el agua viva. El agua viva, esa imagen del Espíritu Santo. Llega a mi corazón y me transforma. Puedo amar a Dios y a los demás como Dios quiere que le amemos a él y al prójimo. Gracias al Espíritu Santo podemos amar de verdad.

Número tres: Jesús me enseña mi verdad. "Anda, trae a tu marido". "No tengo marido". "Dices la verdad: has tenido cinco maridos y con quien vives no es tu marido". Fuerte, ¿no? Bien fuerte. Ah, y la samaritana se enojó. No, no se enojó. "Veo que eres un profeta, me has dicho mi verdad". Hermanos, deja que Jesús te haga ver tu verdad, tus miserias, tus desórdenes. Acércate a la confesión, luego de haber hecho un buen examen de conciencia, y vas a sentir una paz impresionante.

Y número cuatro: Jesús me hace evangelizar. ¿Qué hace la samaritana tras su encuentro con Jesús? ¿Se queda ahí tranquilita? No. Dejó el cántaro y se fue a comunicar a sus paisanos lo que Jesús había hecho con ella. Hay que evangelizar, hermanos. Nos quejamos de que el mundo está mal. Hay que evangelizar. Anunciar que no hay nada más bonito que vivir con Jesús. Anunciar la belleza de la vida, la belleza de la familia, del verdadero amor. Ser honestos, ser transparentes, ser solidarios. Todo eso es evangelización.

Vamos a pedirle a la Virgen que nos ayude a tener un profundo encuentro con Jesús, que fue lo que tuvo la samaritana.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Jesús.

[Música]

En ti confío. Dulce Corazón de María, San José, ruega por nosotros. Santa Faustina Kowalska, ruega por nosotros.