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¿Sabías que tienes un enemigo viviendo dentro de ti y que se llama carne? Y que Romanos 8:13 contiene el proceso exacto que Dios diseñó para matarla y dejar que el Espíritu Santo tome el control total de tu vida.
Pero la mayoría de los creyentes lleva años con ese versículo memorizado y sigue cayendo en lo mismo. Cuántas veces prometiste cambiar, cuántas veces lloraste en oración y a los tres días estabas igual. No es que no ames a Dios, es que nadie te enseñó cómo se mata la carne de verdad y eso termina hoy.
Pero, ¿y si te dijera que Pablo no escribió Romanos 8:13 como una sugerencia para los más espirituales? "Más si por el espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis." Eso no es una invitación, es una ley. Opera en tu vida, lo entiendas o no, y cuando la aplicas correctamente, la carne no se reduce. Muere y el Espíritu Santo despierta en ti con un poder que nunca antes habías experimentado.
Hay algo dentro de ti que está harto de caer en lo mismo, que quiere levantarse sin culpa, sin vergüenza, sin tener que pedirle perdón a Dios por lo mismo de siempre. Ese cansancio que sientes no es debilidad. Es el Espíritu Santo tocando la puerta de tu voluntad, diciéndote, "Ya es hora. Suéltame, déjame tomar el control."
¿Y lo que sientes tú hoy? Alguien en la Biblia lo sintió antes que tú. Era un hombre ungido, escogido, amado por Dios desde joven. Había matado gigantes, había adorado en el desierto, había sobrevivido la persecución de un rey. Nadie cuestionaba su amor por Dios, pero tenía una parte de él que nunca terminó de rendir. Una tarde, desde la terraza de su palacio, vio lo que no debía ver. No apartó los ojos, los dejó fijos y lo que comenzó como una mirada se convirtió en deseo. El deseo en decisión, la decisión en adulterio, el adulterio en asesinato. Ese hombre era David, el varón conforme al corazón de Dios. Y su caída no comenzó en la cama de Betsabé. Comenzó en el momento en que alimentó lo que debió matar. La lección es clara. No importa cuánto ames a Dios, si no aprendes a matar la carne, la carne te va a destruir a ti.
Antes de continuar, si este mensaje ya empezó a hablarte, suscríbete a este canal y activa la campanita. Y escribe ahora en los comentarios esta frase, "Espíritu Santo, hoy te doy el control." Escríbela como una declaración, como una rendición voluntaria ante Dios, porque lo que viene en este mensaje no es información. Es una revelación que va a cambiar la manera en que peleas esta batalla para siempre. Quédate hasta el final porque ahí puede estar la clave para desbloquear una libertad que llevas años buscando. Prepárate porque Dios va a mostrarte hoy lo que ningún esfuerzo humano pudo darte.
Uno. La carne no es lo que crees que es. Antes de que puedas matar algo, tienes que saber exactamente qué es. Y aquí está el primer error que comete la mayoría de los creyentes. Creen que la carne es simplemente el cuerpo físico, los deseos sexuales, los vicios visibles y por eso se enfocan en controlar lo que se ve mientras la raíz sigue viva debajo de la tierra.
La carne es mucho más profunda que eso. Cuando Pablo usa la palabra carne en Romanos 8, está hablando de algo que en el griego original se llama sars. Y sars no describe solamente los deseos del cuerpo. Describe el sistema completo de vida independiente de Dios que opera en el ser humano desde la caída de Adán. Es la inclinación profunda, sistemática y arraigada del ser humano a vivir desde sus propios recursos, desde su propia sabiduría, desde sus propios deseos, sin necesitar a Dios para absolutamente nada.
¿Entiendes lo que eso significa? La carne no solo opera cuando caes en inmoralidad sexual. La carne opera cuando te llenas de orgullo porque ayunaste tres días y nadie más lo hizo. La carne opera cuando buscas el aplauso de los hombres por tu servicio en la iglesia. La carne opera cuando intentas ganar la aprobación de Dios a través de tu propio esfuerzo religioso, en lugar de descansar en lo que Cristo ya hizo en la cruz. La carne opera en el chisme disfrazado de oración, en la competencia disfrazada de celo espiritual, en la amargura disfrazada de justicia, en el control disfrazado de liderazgo.
La carne es más sofisticada de lo que la mayoría imagina. Y es precisamente esa sofisticación la que la hace tan peligrosa, porque cuando la carne se disfraza de espiritualidad, es casi imposible verla con ojos humanos. Necesito que te detengas aquí un momento. Necesito que te hagas una pregunta honesta. ¿En qué áreas de tu vida estás operando con tus propias fuerzas, creyendo que es fe? ¿En qué momentos estás tomando decisiones desde tu ego, creyendo que es dirección divina? ¿En qué relaciones estás imponiendo tu voluntad, creyendo que estás sirviendo a Dios? Esas son las zonas donde la carne opera con más libertad, las zonas donde nunca la has confrontado porque nunca la has visto.
La Biblia dice en Jeremías 17:9, "Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso. ¿Quién lo conocerá?" Dios mismo advierte que el corazón humano tiene una capacidad extraordinaria para engañarse a sí mismo, para justificar lo que debería confesar, para llamar espiritual lo que en realidad es carnal. Y aquí está algo que quiero que escuches con toda la atención que puedas. Hay creyentes que llevan 20 años en la fe y la carne nunca ha sido confrontada en serio. No porque no la hayan visto, sino porque duele verla. Porque reconocer que esa área de tu vida todavía está siendo gobernada por la carne significa tener que rendirla. Y rendirla duele. Pero escúchame, el dolor de la rendición siempre será menor que el dolor de la derrota.
David no cayó en un día. La carne de David fue alimentada por años de pequeñas concesiones, años de miradas que no apartó a tiempo, años de deseos que no crucificó en el momento correcto. Y cuando llegó la noche en la terraza, la carne ya estaba tan fuerte que la voz del espíritu apenas se escuchaba. Así funciona. La carne no te derrota de golpe, te derrota por acumulación. Cada vez que le das un poco más de espacio, cada vez que negocias un centímetro, cada vez que dices "esto no es tan grave", la carne crece y el espíritu se apaga.
Quiero que escribas en los comentarios algo muy honesto, solo una palabra. El área de tu vida donde sientes que la carne tiene más fuerza hoy. No tienes que dar detalles, solo una palabra, porque al nombrarlo ya estás comenzando a confrontarlo. Y Dios está viendo cada comentario que escribes en este momento.
Ahora escucha esto, porque lo que viene es fundamental. Hay una diferencia que muy pocos creyentes entienden y que lo cambia absolutamente todo. La diferencia entre suprimir la carne y matarla. Suprimir la carne es empujar el deseo hacia abajo con fuerza de voluntad. Es como intentar sostener una pelota inflada debajo del agua. Puedes hacerlo un tiempo, pero en el momento en que te cansas, la pelota sube con más fuerza que antes. Eso explica por qué muchos creyentes, después de un retiro espiritual, después de un ayuno poderoso, después de una experiencia profunda con Dios, caen más fuerte que antes. No es hipocresía. Es supresión. La presión acumulada encontró salida.
Matar la carne es completamente diferente. Es cortar el suministro de vida que la mantiene activa. Es dejar de darle lo que necesita para seguir operando. No es empujar el deseo hacia abajo. Es arrancar la raíz desde adentro. Y ese proceso solo puede ocurrir por el poder del Espíritu Santo, no por tu fuerza, no por tu determinación, no por cuántas veces vayas al altar, solo por el espíritu. Pablo lo dice con una claridad que no deja espacio para malinterpretaciones en Gálatas 5:24. "Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos." Nótalo. Han crucificado. Tiempo pasado. Acción completada. No están en proceso de negociar con la carne. No están intentando administrarla. La crucificaron. La pusieron en la cruz con Cristo y ahí la dejaron morir. Esa es la diferencia entre el creyente que experimenta victoria real y el creyente que vive en un ciclo eterno de caída, arrepentimiento, promesa y caída. Otra vez. ¿En cuál de los dos ciclos estás tú hoy? Sé honesto. Nadie más te está escuchando en este momento, solo tú y Dios. Porque si estás en el ciclo, la solución no es más esfuerzo, es más rendición. Y eso es exactamente lo que vamos a ver ahora.
Dos. Lo que el Espíritu Santo hace en ti cuando le das el control. Hay una pregunta que mucha gente nunca se hace. No es, "¿cómo mato la carne?" Esa es la pregunta correcta, pero hay una pregunta previa. ¿Qué pasa exactamente cuando el Espíritu Santo toma el control? Porque si no sabes a dónde vas, no sabes por qué vale la pena el proceso.
Y quiero hablarte de algo que ocurrió en un cuarto cerrado con miedo afuera, con incertidumbre adentro, con un grupo de personas que amaban a Dios, pero que todavía no entendían completamente lo que Dios quería hacer en ellos. Era el día de Pentecostés. Los discípulos estaban reunidos. La Biblia dice que estaban todos juntos en un mismo lugar. No estaban predicando, no estaban sirviendo, estaban esperando. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio. Lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos y fueron todos llenos del Espíritu Santo.
Ahora presta atención a lo que ocurrió después. Pedro. El mismo Pedro que semanas antes había negado a Jesús tres veces frente a una sirvienta. El mismo Pedro que había huido cuando llegaron los soldados. El mismo Pedro controlado por el miedo, por la inseguridad, por la carne del hombre que quería sobrevivir a cualquier costo. Ese mismo Pedro se levantó delante de miles de personas y predicó con una autoridad que hizo temblar a Jerusalén. 3,000 personas se convirtieron ese día. ¿Qué cambió? Una sola cosa. El espíritu tomó el control. La misma persona, el mismo Pedro, pero con una fuente completamente diferente operando en él.
Y eso es exactamente lo que Dios quiere hacer en ti. No quiere darte una versión mejorada de ti mismo. No quiere ayudarte a ser un poco mejor. Quiere tomar el control. Quiere ser la fuente desde la cual vives, decides, hablas y actúas. Quiere que lo que la gente vea en ti ya no sea el resultado de tu esfuerzo, sino la evidencia de su presencia.
Pero aquí está lo que necesitas entender. El Espíritu Santo no toma el control a la fuerza, no entra donde no es invitado, no ocupa el espacio que la carne todavía está reclamando. El Espíritu Santo opera en proporción directa al espacio que le das. Mientras más matas la carne, más espacio tiene el espíritu. Mientras más alimentas la carne, menos puede operar el espíritu. No porque el espíritu sea débil, sino porque él respeta tu voluntad, respeta tu decisión. Espera a que tú le digas, "Aquí está este territorio. Tómalo."
Y esto es donde muchos creyentes se equivocan gravemente. Creen que recibir el Espíritu Santo en el momento de la conversión es suficiente, que ya con eso la carne automáticamente pierde su poder. Pero la Biblia no enseña eso. La Biblia enseña que ser lleno del Espíritu es un proceso continuo, una entrega diaria, una rendición constante. En Efesios 5:18, Pablo no dice, "Sean llenos del Espíritu Santo una vez y listo." Dice, "Sed llenos del Espíritu." En el original griego, ese verbo está en tiempo presente continuo. Significa sigan siendo llenados una y otra vez, día tras día, decisión tras decisión.
Cada mañana cuando te levantas tienes que tomar una decisión. ¿Quién va a gobernar este día? ¿La carne o el espíritu? No es una decisión que se toma una vez para siempre. Es una decisión que se toma cada mañana, cada tarde, cada vez que aparece la tentación, cada vez que la carne levanta la voz.
Y quiero contarte algo personal. Hubo un tiempo en mi vida en que yo creía que amando a Dios era suficiente. Oraba, servía, predicaba. Pero había áreas en mi carácter que seguían siendo gobernadas por mí mismo, por mi orgullo, por mi necesidad de control, por mi miedo al rechazo. Y Dios me llevó a un proceso doloroso, pero necesario, donde me mostró que no era suficiente con amarlo. Tenía que rendirle esas áreas específicas. Tenía que dejar de administrarlas yo mismo y entregarle el control a él. Y cuando lo hice, algo cambió que ningún esfuerzo previo había podido cambiar.
Eso es lo que el Espíritu Santo hace cuando realmente le das el control. No te hace perfecto de la noche a la mañana, pero empieza a transformar desde adentro lo que tú nunca pudiste cambiar desde afuera. Ahora escucha esto con atención, porque hay algo que el Espíritu produce en ti, que es la señal más clara de que está tomando el control. Se llama el fruto del espíritu. Y Pablo lo describe en Gálatas 5:22. "Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza."
Nótalo bien. No dice los dones del Espíritu, dice el fruto. Y hay una diferencia enorme entre un don y un fruto. Un don se recibe, un fruto se produce, un fruto requiere tiempo, requiere raíz, requiere que el árbol esté sano desde adentro. Y cuando el Espíritu Santo está tomando el control real de tu vida, el fruto aparece naturalmente. No tienes que esforzarte para ser paciente. La paciencia fluye, no tienes que forzar el amor. El amor sale. No tienes que fingir paz. La paz está ahí, incluso en medio de la tormenta. Esa es la evidencia más poderosa de que la carne está muriendo y el espíritu está reinando.
¿Estás viendo ese fruto en tu vida? Sé honesto, no en tus momentos buenos, en tus momentos de presión, porque el fruto real se ve cuando la vida aprieta, cuando la situación es difícil, cuando la persona que te hirió aparece de nuevo, cuando la tentación golpea con más fuerza. Ahí es donde se ve quién está realmente en control. Si en esos momentos sigue ganando la carne, es porque todavía no le has dado el control total al espíritu. Y el mensaje de hoy es una invitación a hacerlo.
Comparte este video con alguien que tú sabes que está luchando en silencio con su carne. Esa persona que amas y que llevas tiempo viendo batallar. Dale este mensaje porque a veces la palabra que alguien necesita escuchar llega a través de ti.
Tres. El proceso exacto para matar la carne cada día. Llegamos al punto que más necesitas escuchar, no la teoría, el proceso, los pasos reales, lo que se hace concretamente para que la carne muera y el espíritu tome el control. Porque la fe sin práctica es intención sin resultado. Pablo no solo enseñó el principio, vivió el proceso. Y en Romanos 8 nos deja ver exactamente cómo funciona. Vamos paso a paso.
Primero, identifica. No lo que haces, lo que piensas. Romanos 8:5 dice que "los que viven según la carne piensan en las cosas de la carne y los que viven según el espíritu piensan en las cosas del espíritu." La batalla no comienza en tus acciones, comienza en tu mente, en lo que tu mente está fijada habitualmente, en lo que piensas cuando no estás siendo consciente de lo que piensas. Tienes que aprender a observar tu mente. ¿A dónde va tu pensamiento cuando no lo estás dirigiendo? ¿Qué imágenes aparecen solas? ¿Qué conversaciones repites en tu cabeza? ¿Qué deseos regresa tu mente naturalmente cuando estás solo? Eso te dice dónde está fijada tu mente. Y dónde está tu mente, ahí está tu vida. Si tu mente está fijada en las heridas del pasado, tu vida estará gobernada por la amargura. Si tu mente está fijada en los deseos de la carne, tu vida estará gobernada por la carne. Si tu mente está fijada en las cosas del espíritu, tu vida comenzará a ser gobernada por el espíritu. Por eso, Romanos 12:2 dice, "Transforma por medio de la renovación de vuestro entendimiento." La transformación empieza en la mente, no en la conducta. La conducta cambia cuando la mente cambia y la mente cambia cuando deliberadamente la reorientas hacia las cosas de Dios.
Segundo, no negocies con la carne, córtala. Aquí es donde la mayoría falla. Cuando aparece la tentación, negocian, dicen, "Voy a ver solo un poco. Voy a responder solo esta vez. Voy a dejar que este pensamiento se quede solo un momento." Y ese momento se convierte en una hora y esa hora en una caída. Pablo en Primera Corintios 6:18 no dice, "Administra la inmoralidad, dice, huid de la fornicación. Huir, no gestionar, no controlar, huir." Rompe el contacto, sal de la situación, apaga la pantalla, cierra la conversación, cambia el ambiente. La carne necesita oxígeno para vivir. Cuando le cortas el oxígeno, muere. Cada vez que niegas a la carne lo que pide, la debilitas. Cada vez que le das lo que pide, la fortaleces. Así de simple, así de claro.
Tercero, llena el espacio que la carne dejó. Aquí está un error que comete mucha gente. Matan la carne en un área y dejan ese espacio vacío y la carne vuelve con más fuerza. Jesús mismo lo advirtió en Mateo 12:44. "Cuando un espíritu inmundo sale de una persona y vuelve a encontrar la casa vacía, barrida y adornada, vuelve con siete espíritus peores." El espacio que dejó la carne tiene que ser llenado por el espíritu inmediatamente con la palabra, con la oración, con adoración, con comunidad genuina, con servicio, con propósito. No basta con dejar de hacer lo malo, tienes que empezar a hacer lo bueno. No basta con apagar la televisión. Tienes que abrir la Biblia. No basta con salir de la relación que te destruye. Tienes que entrar en relaciones que te edifican. El vacío espiritual siempre es peligroso. Llénalo a propósito.
Cuarto, vive en rendición diaria. Esto no es un proceso que se hace una vez, es una práctica diaria. Cada mañana, antes de levantarte de la cama, antes de tocar el teléfono, antes de comenzar el día, 5 minutos, solo tú y Dios. Y una declaración simple, "Señor, hoy no vivo yo. Que viva Cristo en mí." Eso es lo que Pablo describe en Gálatas 2:20. "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí." No es una experiencia mística inalcanzable. Es una decisión diaria de rendición, de decirle a Dios, "Hoy tomo el control, yo no. Hoy lo tomas tú."
Quinto, rodéate de lo que alimenta el espíritu. No puedes matar la carne si sigues rodeado de todo lo que la alimenta. Las amistades que te empujan hacia la carne, el contenido que consumes que despierta los deseos carnales, los ambientes que debilitan tu espíritu. Todo eso tiene que ser evaluado sin misericordia. No estoy hablando de aislarte del mundo, estoy hablando de ser intencional con lo que entra en tu mente y en tu corazón. Porque lo que entra eventualmente gobierna, lo que ves, lo que escuchas, lo que permites en tu ambiente. Todo eso está formando o deformando tu vida espiritual. Primera Corintios 15:33 dice, "Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres." No es broma, no es exageración, es una ley espiritual. Tu ambiente te está formando o deformando. Tú decides cuál.
Escribe en los comentarios tu ciudad y tu país. Quiero saber desde dónde me estás escuchando hoy porque este mensaje está llegando a personas en toda Latinoamérica y quiero orar específicamente por cada región. Escribe tu ciudad ahora.
Cuatro. El día que el Espíritu Santo toma el control total. Hay un momento en la vida de un creyente que lo cambia todo. No es la conversión, no es el bautismo, no es el primer servicio en la iglesia, es el momento en que deja de pelear con sus propias fuerzas y se rinde completamente al Espíritu Santo. Ese momento no llega solo, no llega por el paso del tiempo, llega cuando tomas una decisión radical, cuando te cansas de verdad de caer, cuando el dolor de seguir igual se vuelve más grande que el miedo a cambiar.
Y quiero hablarte de un hombre que conoció ese momento de una manera que sacudió el mundo entero. Era un fariseo educado en la mejor escuela teológica de su tiempo. Conocía la ley de memoria. Guardaba los mandamientos con precisión quirúrgica. Desde afuera era el ejemplo perfecto de devoción religiosa, pero por dentro estaba operando completamente en la carne, tan convencido de que su religión era correcta, que perseguía y mataba a los seguidores de Jesús, creyendo que le hacía un favor a Dios.
Ese hombre iba camino a Damasco para arrestar más creyentes, cuando de repente una luz del cielo lo derribó y escuchó una voz que decía, "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" En ese momento, todo lo que Saulo creía que era correcto se derrumbó. Todo su sistema de vida basado en sus propias fuerzas, su propia sabiduría y su propia justicia religiosa, murió en ese camino. Y de ese encuentro nació Pablo, el apóstol, que escribiría Romanos 8:13. ¿Ves la ironía poderosa? El hombre que nos enseña a matar la carne tuvo que pasar por la muerte de su propia carne religiosa para poder escribir esas palabras.
Y aquí está la enseñanza que quiero que te lleves grabada en el corazón. La carne religiosa es la más peligrosa de todas porque es la más difícil de ver. Cuando alguien cae en inmoralidad obvia, la ve, la siente, la confronta. Pero cuando alguien cae en orgullo espiritual, en autosuficiencia religiosa, en la confianza de sus propios méritos espirituales, puede pasar años sin verlo, sin sentirlo, sin confrontarlo. Y Dios a veces tiene que derribarte en el camino para que lo veas, no porque te odie, sino porque te ama demasiado para dejarte vivir en una versión carnal de espiritualidad cuando él tiene algo completamente diferente para ti.
Hay algo en tu vida espiritual que en realidad está siendo gobernado por tu ego y no por el espíritu. Hay un área donde crees estar sirviendo a Dios, pero en realidad te estás sirviendo a ti mismo. Hay una posición, un ministerio, un reconocimiento que en tu corazón todavía es tuyo y no de él. Ese es el territorio que Dios está esperando que le rindas.
Porque el día que el Espíritu Santo toma el control total, no es el día en que te vuelves perfecto, es el día en que dejas de pretender que puedes hacerlo solo. Es el día en que abres las manos, las vacías y le dices a Dios, "Ya no peleo más con mis fuerzas. Ya no administro más mis pecados. Ya no negocio más con mi carne, tómalo todo. Toma el control." Ese día todo cambia, no porque tú hayas cambiado por fin, sino porque el que siempre quiso cambiarte, por fin tiene el espacio para hacerlo.
La Biblia dice en Filipenses 1:6, "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo." Dios no comenzó una obra en ti para abandonarla. Él la va a completar, pero necesita que tú dejes de interferir con tu propia carne. Y hoy es ese día para ti. Hoy mismo toma la decisión más importante que puedes tomar en tu vida espiritual. No mañana, no después del próximo retiro, no cuando te sientas más listo. Hoy escribe en los comentarios esta frase ahora mismo. "Hoy decido, Espíritu Santo de Dios, que seas tú quien tome el control de mi vida." No lo escribas porque te lo pedí. Escríbelo porque lo necesitas. Porque tu alma está sedienta de esa rendición. Porque llevas demasiado tiempo peleando solo una guerra que nunca fue tuya pelear así.
Quiero hablarte de algo que me preocupa profundamente. YouTube está limitando los videos de fe. Los algoritmos están reduciendo el alcance de los mensajes como este. Mensajes que no venden nada, que no entretienen con frivolidades, que llegan al corazón y confrontan la vida de verdad. Y yo me pregunto, ¿vamos a quedarnos callados? ¿Vamos a permitir que la palabra de Dios sea silenciada por un algoritmo?
Piénsalo así. Cuando una vela está encendida en una habitación oscura, no puedes ignorarla. Su luz llega a todos los rincones, pero si la metes debajo de un cajón, no alumbra nada. Eso es lo que hace el algoritmo con estos videos cuando nadie los comparte. Los mete debajo de un cajón. Tú tienes el poder de sacarlos a la luz. Un like, un compartir, una suscripción. No es un gesto pequeño, es tu voto por la palabra de Dios en un mundo que la está silenciando. Es tu declaración de que la fe no se va a apagar mientras tú tengas una pantalla en la mano.
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Señor Dios, en este momento oro por cada persona que llegó hasta aquí, por cada alma que escuchó este mensaje con el corazón abierto. Que lo que fue plantado hoy no caiga en tierra dura, que caiga en tierra fértil, que produzca fruto, que la carne pierda su dominio. Que el Espíritu Santo tome el control, que desde hoy cada uno de ellos viva diferente en el nombre de Jesús. Amén.
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del espíritu es vida y paz. Romanos 8:6. Te espero en el siguiente video.